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.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


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Recording 002.

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Clavó los colmillos en la madera tierna del lápiz que sostenía entre sus labios. Sus dedos danzaban en el teclado del ordenador, componiendo en sincronía con su cerebro, un ensayo académico sobre los alcances y el papel de la ONU en el mundo contemporáneo. Un ensayo que entregaría en su clase de las seis de la tarde; el reloj de la laptop marcaba las 02:10 pm.

Los murmullos que se adueñaron del salón de clases como en un festival de verano, de a poco comenzaron a morirse entre las manos del silencio, y que alcanzó su cúspide con la entrada del Dr. Stavenhagen al aula. La clase de Desarrollo Humano era una de sus favoritas, lo que la obligó a abandonar el escrito en el ordenador y dedicarle toda su atención, ya podría sacrificar sus escasos minutos libres para terminarlo en vez de comer. En esos momentos le pareció tan sensata la idea de alimentarse por sonda o que algún genio inventara de una vez la píldora de la ingesta diaria; se ahorraría tanto tiempo…

Y es que bien podría haber terminado ese ensayo si las horas libres que tenía entre la clase de las 4 y las 6 estuvieran disponibles, pero no, tenía una cita.

Pese a todo pronóstico que vaticinara durante esos días, la llamada inesperada llegó. Lantis la había contactado. Y no era como que albergara muchas expectativas al respecto, probablemente la agencia de entretenimiento estuviera interesada en alguna colaboración de producción o en un par de letras para un single debut, nada extraordinario, lo usual, lo de siempre. La habían citado a las cuatro treinta, tiempo suficiente para ir y regresar a la Facultad sin ningún problema.

Rei suspiró cansada.

No sabía lo que haría si la situación continuaba de la misma manera. El hecho de no avanzar la frustraba enormemente y las opciones se le reducían a nada, a poco más de cuatro años que se embarcara en la travesía de abrirse paso en el medio de producción musical, los resultados no eran lo suficientemente satisfactorios para sus expectativas; claro, en su obsesión casi psicótica por la perfección y las ambiciones cumplidas. No era una cuestión de índole económico, de serlo, bastaba con asirse a su legado familiar y voilá, sería la nueva Paris Hilton japonesa; era más una cuestión de desarrollo personal, de autosuficiencia, una deuda consigo misma para demostrarse que podía bien arreglárselas sola sin ayuda de ningún apellido ni rango.

Tal parecía que todo se estaba yendo al carajo.

Trabajitos por aquí, trabajitos por allá. Nada concreto, nada que le otorgara solidez, mucho menos un currículum decente que le elevara las alas para aspirar a más. ¿Habría que considerar la propuesta de su padre?

—Haz lo que quieras, pero tienes hasta concluir la carrera para conseguir algo y demostrarme que es mejor de lo que yo te ofrezco –había dicho Takashi Hino el día en que Rei le comunicara que quería incursionar en la producción musical profesionalmente-. Tu madre murió hace mucho, tu abuelo recientemente, no tienes hermanos ni familiares cercanos para apoyarte. Yo no te duraré para siempre, Reiko.

—Lo sé.

Y era cierto, lo sabía. Sabía que en ese momento estaba saltando a un barranco sin saber si llegaría al otro lado, estaba arriesgando una parte importante de su futuro y de su salud mental también, pero esa necesidad férrea sacudía sus entrañas, esa que le pedía a gritos abandonarse al azar del destino, lanzarse al vacío de la incertidumbre con la única certeza de una posible y brillante felicidad.

La necesidad imperiosa de dejarse soñar.

—Cuatro años, Reiko. Entrarás al Servicio Consular si no hay resultados al término de ese plazo. En tus manos está darle muerte o continuación a las raíces políticas de la familia Hino.

Hasta cierto punto, su padre había sido comprensivo. De ser su abuelo paterno, le habría impuesto la vida sin rechistar, ni dar opción a elegir. Pero no. Todo lo dejaba en ella, y si la condicionaba, era en cierto modo para asegurar su bienestar futuro. Y todo parecía alinearse en una sola dirección: otorgar longevidad a la tradición familiar de desenvolverse en la esfera política. No fue broma del todo, aquello de conseguir un puesto nada despreciable en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

—¿Rei Hino?

La luz violácea de sus ojos se entornó al llamado, reconociendo al profesor adjunto del Dr. Stavenhagen: Kiriya Etou.

No hacía mucho que el último semestre había comenzado, y para esas alturas, el honorable investigador había ya removido a tres ayudantes de profesorado, estudiantes de la carrera en proceso de titulación o egresados en busca de méritos de investigación. Para el promedio de duración de los otros tres, éste parecía poseer el admirable logro de cumplir su tercera semana en el cargo sin sacar de quicio al titular. La clase fue interrumpida por algunos minutos en que el Dr. Stavenhagen salió al pasillo a responder una importante llamada. No era cosa rara, de hecho parecía ser una regla de sus clases salir al menos una vez durante la sesión, y claro que esa constituía la desventaja de inscribirse con ese tipo de celebridades de la academia, que son recurrentemente solicitados por personalidades no menos importantes del país o del mundo, quien sabe, quizá era su esposa urgiendo una transacción bancaria, pero el hecho era que salía y regresaba después de alrededor de diez minutos en que la clase tomaba un respiro antes de continuar con los temas de Desarrollo Humano.

—Sí. –respondió Hino, observando al muchacho extenderle una baraja maltrecha de hojas.

—Tu ensayo de la clase pasada –informó-. No está nada mal considerando que el Doctor no pone nueves. Eso es interesante.

Rei pestañeó contrariada, creyó leer una nota de sarcasmo en su barítona voz.

—Supongo. –respondió Hino, tomando el trabajo con desenfado. Frunció el ceño al observar tinta azul fulgurando en un círculo alrededor de su nombre.

—Oh, te hice un par de observaciones, una en la referencia bibliográfica de Derecho Internacional y otra en tu nombre, no es muy importante, pero sería bueno que lo tomaras en cuenta.

Remarcó la línea de su entrecejo y revisó la cita tomada de la Analytical Guide to the Work of the International Law Commission, misma que requería de una fecha fiel que fue omitida por la sacerdotisa. No quiso agregar más en ese aspecto.

—No entiendo lo del nombre. –declaró la pelinegra.

—Oh, eso mismo me pregunto yo. –dijo Kiriya, sonriéndose al mirarla enfurruñada por los señalamientos, a leguas se notaba que la señorita Hino era de esas personas que odiaban ser corregidas.

Rei lo miró con atención, esta vez deteniéndose en el tibio color rubí de sus pupilas. Alzó una ceja, dándole a entender que si estaba intentando de bromear o socializar con ella era cosa inútil porque en ese momento se encontraba bastante indispuesta y que mejor le valía ir al grano de una vez.

—En la relación de alumnos de esta clase no existe ninguna Rei Hino registrada. Existe una Reiko Hino, y quiero pensar que estoy hablando con la misma persona. ¿O me equivoco?

—¿Es en serio? –bufó la chica, encontrando el absurdo de toda esa "tertulia".

—No me interesa saber realmente los motivos que te llevan a reducir tu nombre, pero la legislación universitaria claramente contempla que los datos otorgados por los estudiantes deben ser fidedignos en todo proceso administrativo, por lo que, si se da el caso de una Jennifer Anderson que realiza sus registros como Jenny Anderson sólo porque no le gusta su nombre, será legítimo ante toda autoridad la disolución de los mismos si se requiere o denuncia.

Touché.

¿Me vas a denunciar?

El toque de ironía que escuchó tildar de los labios brillantes de la muchacha, le hizo gracia a Etou, haciéndole imposible suprimir una ligera risa.

—Es una observación, señorita Hino.

—Lo tengo. Gracias.

En ese instante Hino retiró el desafío de sus ojos del joven profesor, centrándose en la pantalla de su laptop para continuar tecleando su ensayo de Cooperación Internacional. Etou comprendió que esa era su forma de dar por terminada la conversación y, echando un último vistazo al color ébano de su largo cabello suelto, se alejó del pupitre. Rei lo observó entregar algunos de los trabajos revisados, antes de que el Dr. Stavenhagen entrara al aula a concluir la sesión.

"Lo que me faltaba", pensó Hino al escuchar al investigador solicitar un nuevo ensayo para la próxima clase y mirar a su adjunto realizar anotaciones en una libreta en un forro gris oxford. "Un lindo cerebrito jodiendome la existencia"

Y es que había que aceptarlo, el muchacho era bastante apuesto: alto, rasgos finos, piel apiñonada, ojos color grana, porte elegante, dueño de un aura de misterio que lo rodeaba, y al parecer, era listillo también. Quizá si no la hubiese abordado con clara ofensa disimulada, habría sido más amable o estado un poco más dispuesta a establecer relaciones sociales; nunca se sabe cuándo se necesitará aliados en la academia, nunca está de más ser amiga de los profesores adjuntos o en algunos casos hasta de los titulares. Reglas básicas de diplomacia. Oh si, cuanto alegraría a su padre saber que había hecho un gran trabajo con ella en ese aspecto.

La clase finalizó e Hino consultó su reloj de mano. 16:05 hrs. Se apresuró a cerrar su notebook e introducirla en el maletín junto a la carpeta de notas y el bolígrafo fuente que le regalara su padre en su cumpleaños veinticuatro, andaba justa de tiempo para llegar a Lantis. Al enfilarse a la salida, se le ocurrió mirar al escritorio en que Kiriya recogía algunos documentos del Dr. Stavenhagen. Se halló distraído. O al menos eso creyó Rei antes de escuchar la voz a su espalda.

—Hasta luego, señorita Hino.

Y más que enfadarse por la cordialidad fingida, cuyo objetivo principal era seguramente fastidiarla, la sacerdotisa no fue capaz de reprimir la sonrisa que arribó a sus labios al darse cuenta que Etou notaba su retirada incluso sin dedicarle una mirada.

"Qué tipo tan raro", fue todo lo que enarboló antes de salir del salón y dirigirse al estacionamiento. A la distancia quitó los seguros. Abrió la puerta trasera y aventó el maletín junto a la chaqueta negra blueberry de la que se deshizo rápidamente. Dando un portazo tomó el asiento piloto y se colocó el cinturón de seguridad. El 'click' a sus oídos le dio paso a echar a andar el auto.

Encendió el equipo de sonido y ajustó el espejo retrovisor. Echó reversa y se encaminó a la caseta. Esperando a que la plumilla se elevara, torció los labios al reconocer la melodía que sonaba en la radio: "Love a station apart in the galaxy". ¿Así o más obvio? Seiya Kou declarando públicamente su amor una vez más en el viejo sólo del último disco.

LOL

Rei se acordó de la expresión de Serena y Amy al escuchar la canción, estuvieron pálidas al enterarse de que los Three Lights habían vuelto, o cómo Minako se puso a despotricar cuando fue consciente de que para ellos, la scouts eran peor que una plaga de cólera en pleno verano.

—Ni quién quisiera hablarles de todos modos. –desdeñó la rubia una vez en que roja del coraje, los viera aparecer en el artículo de una revista.

De la guantera, Hino extrajo un dispositivo de música y lo conectó al equipo, silenciando así las notas bemoles del mediano de los Kou, y sustituyéndolas por los inquietos y juguetones acordes de "Lovecats".

Condujo por la avenida central en dirección al eje periférico, había prevenido las salidas desde el día anterior con el objetivo de eludir el tráfico lo más posible a esa hora de la tarde y al cabo de treinta minutos, arribó a Lantis. Entró al primer sótano del estacionamiento y dejó allí su vehículo, un coqueto mini cooper blanco. Ingresó al elevador y solicitó el piso de la recepción, allí preguntó por Taniyama Kai, CEO de la compañía.

Corroborando la cita previa, la recepcionista la mandó al octavo piso. Rei tomó el elevador una vez más y señaló la casilla con el número 8. Nada la preparó para lo que siguió a continuación.

Impidiendo el cierre de puertas, el brazo de Taiki Kou se extendió para ser identificado por el sensor, que inmediatamente replegó sus cortinas de acero y le dio paso. Tampoco él esperó aquel encuentro con la mirada violácea e inconfundible de la sacerdotisa del templo Hikawa.

—Buenas tardes.

El tono impersonal y completamente acartonado de su cordialidad, le dio a Hino la pista perfecta para saber que tal casualidad no cambiaría en nada su trato hacia ella.

—Buenas tardes. –concedió Rei, inclinando la cabeza con elegancia, una práctica muy arraigada de sus modales sacerdotales.

Fueron en silencio, y la pelinegra notó que al no oprimir ninguna casilla, probablemente iban al mismo nivel, afortunadamente su sospecha fue rota cuando en el piso cuatro, Taiki oprimió el botón con el número 5.

Las puertas se abrieron a su solicitud y Rei lo observó desaparecer por el pasillo, siendo la imagen de su amplia espalda acorazada por un saco azul marino la última estela de su presencia.

Hino suspiró aliviada.

Qué incómodo encuentro había sido aquel, tan directo y asfixiante. Podría decir que era inverosímil y que la estúpida mala suerte andaba de su lado; sin embargo, pronto llegó a la conclusión de que era comprensible que un idol merodeara por una agencia productora. Se sintió torpe al recordar que el sello discográfico de Lantis tenía entre sus filas a Three Lights.

"Qué idiota soy"

Era obvio que la probabilidad de toparse con uno de ellos fuera tan normal como andar en el mercado y encontrarte al vecino. ¡Genial! Lo que le faltaba.

El timbre del elevador anunció su arribo al octavo piso y Rei dejó de pensar. Salió al pasillo y se dirigió a la amplia puerta de cristal nublado al final del corredor. Inhaló profundo y llamó a la puerta, una voz lejana y aterciopelada la aprobó a entrar.

Hino esperaba encontrarse con la decoración sobria y elegante de una oficina ejecutiva, digna del presidente de una compañía discográfica; no obstante, le asombró atisbar un estilo vibrante y modernista en su diseño: un escritorio transparente y largo custodiado por una amplia y cómoda sala de estar; al fondo, una barra de café muy al estilo clásico europeo, haciendo un irónico pero armonioso contraste con la totalidad del conjunto. Rei jamás había visto una oficina así, incluso memorando los despachos de las otras agencias en que temporalmente trabajara. Ya se daba cuenta del por qué se decía que Lantis poseía una dinámica única y particular en el medio.

—Le esperaba, señorita Hino. Es un placer conocerla.

El cálido recibimiento descolocó un poco a Hino, que ingresando de lleno al salón, vio cómo el hombre –que sorpresivamente parecía no exceder los treinta y cinco años-, se aproximaba a ella y le extendía amigablemente la mano. Rei por supuesto la estrechó de vuelta y sonrió afable, aunque la situación seguía siéndole muy extraña, era fácil tomar confianza con tales tratos.

—Mi nombre es Kai Taniyama y soy CEO de esta compañía, pero creo que eso ya lo sabes –habló el hombre-. Me alegra que hayas tomado mi invitación a venir, toma asiento por favor. ¿Puedo ofrecerte algo de tomar? Te recomiendo el café, se me da bien el americano.

Hino pestañeó mirándolo caminar a la barra y buscar en los muebles de fina madera, un par de tazas y vasos también.

—Café está bien, gracias.

—Excelente elección –dijo el hombre de cabellos oscuros, encendiendo la cafetera-. Hacía ya un tiempo que he querido conocerla, varios colegas me han hablado de su trabajo y debo aceptar que no fue hasta que me senté a escucharlo, que en serio me interesé por su persona. Ya sabe, no es raro recibir recomendaciones de productores y letristas que "prometen mucho" en el sector.

Rei asintió, atendiendo a sus palabras sin desvanecerse el desconcierto de estar allí con el presidente de la agencia hablándole como si fuese su profesor de Geopolítica. Si no fuera por el claro aroma a café que inundó sus sentidos, bien hubiera jurado que estaba imaginándose todo aquello.

—Gracias –dijo Hino, cuando el hombre le ofreció una de las dos tazas que llevó a la estancia-. Y para ser sincera, me extrañó su llamada, pensé que mi propuesta no había sido admitida.

No estaba en el temple de la sacerdotisa hablar con rodeos, prefería ser directa y asertiva a la hora de hablar de negocios; además de que los nervios y la ansiedad por saber a dónde conducía esa entrevista tan poco común le incitaban a ir grano.

—Oh, lamento eso. Últimamente hemos estado ocupados con la promoción de varios artistas que han regresado al mercado y algunos debut pendientes. Pero espero retribuir la espera.

Hino pestañeó. Taniyama sonrió con enigma.

—Como le comenté antes señorita Hino, escuché su trabajo. Claro, también leí sus propuestas y me parecieron bastante interesantes; pero mi concepto siempre ha sido "escuchar para creer", y no fue hasta que me sumergí en sus creaciones que mi opinión sobre usted pudo forjarse.

—Lo siento, señor, no comprendo.

—La quiero en mi compañía.

La aserción la dejó perpleja. Un gesto de satisfacción surcó la expresión del perspicaz CEO.

—Sin ánimo de alardear, Lantis no es cualquier agencia. Tanto nuestros músicos como productores son elegidos por cualidades poco comunes, no basta con tener un buen currículum o una recomendación, deben tener algo que los haga únicos, algo que no se encuentre en cualquier parte. Y usted lo tiene, señorita Hino. Originalidad.

—¿De verdad? –articuló Rei, sintiendo burbujas extenderse por su sangre.

—Por supuesto, ¿duda de mi buen ojo?

Hino negó rápidamente, dejando a sus labios curvearse en una feliz sonrisa.

—Tenemos planeado un comeback a mediados de este año, con un álbum nuevo y promociones internacionales –informó Taniyama-. Queremos algo grande, algo diferente y original. Pienso que usted es perfecta para producirlo.

—¿Producirlo… yo sola?

El titubeo de la muchacha de ojos grandes le causó al CEO una gracia paternal, cuando valoró su trabajo no se imaginó que la creadora fuera una jovencita como ella, él esperó ver entrar por esa puerta a alguien un poco mayor y más experimentada.

—¿No te sientes capaz? –punzó el hombre.

—Claro que sí –contestó con seguridad-. Es sólo que es la primera vez que me dan esa libertad.

A Taniyama le gustó su respuesta.

—Con mayor razón confiaré en que harás un buen trabajo, no puedes dejarme perder los millones que haré en esta inversión. Tengo expectativas altas de resultados. –presionó juguetonamente.

—¿Cuál es el grupo? –inquirió Rei altanera, haciéndole saber que sus provocaciones acerca de su capacidad sólo avivaban su confianza.

El presidente de Lantis sonrió al cruzarse de brazos. No se estaba equivocando, esa niña era la indicada para el puesto.

—Three Lights.

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¡OMG! :B

A que no se lo esperaban xD Ja, ja, ja obligados a converger.

¿Aceptará Rei la propuesta? Producir el comeback de Three Lights no será cosa fácil dada su situación, ¿se arriesgará a tomar el puesto sin importar nada? Amé al CEO y a Kiriya Etou, ¿qué tal la aparición de tal personaje de la corda d' oro? Quizá deba hacerle competencia a nuestro Kou favorito... quien sabe xD

Espero hayan disfrutado la lectura, como siempre les quedo infinitamente agradecida, en especial a: Usagi brouillard, Hana Echizen, bermellon, Jenny Anderson y Lexie. Por su cálida compañía y recibimiento.

Gracias infinitas por leer.

Welcome to my imagination.

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*::Sol::*