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.::. She kills my EGO .::.
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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.
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Recording 006
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—Rei… Reiko…
La voz menuda y amodorrada que escuchó a lo lejos apenas y la perturbó.
—¡Hino, si no apagas esa maldita alarma iré y la callaré de una patada!
Esta vez el grito lejano pero no por eso menos fastidioso de Mina, logró despertarla. Entornó los ojos a la ventana de su habitación y encontró una franja de luz azulina anunciando el amanecer, debían ser ya alrededor de la siete.
Tanteó el mueble al lado de su cama en busca del reloj despertador y lo apagó en cuanto dio con él. Estuvo tentada a cerrar los ojos una vez más para regalarse cinco o diez minutos más para dormir, pero tuvo un mal presentimiento de las consecuencias que eso traería como por ejemplo, que cinco minutos se convirtieran en una hora. El rechazo ante esa posibilidad, la alentó para sentarse en la cama y tallarse los ojos hasta que le dejaron de cosquillear.
Un poco aturdida caminó hasta su closet, tomó una toalla y su bata de baño. Se metió a la ducha y la agradable sensación del agua caliente deslizándose en su cuerpo la revitalizó, haciéndole desaparecer el sueño. Recargada de energía, salió de la regadera y se colocó una toalla en la cabeza. Con la bata cubriendo su cuerpo, se enfrentó a su primer dilema del día: ¿Qué ponerse?
Se rehusó a pensar demasiado y eligió un conjunto Adidas que consistía en una hoodie negra sin mangas y un jogger ¾ a juego. Se calzó unas sandalias oscuras de tiras y arregló sus pestañas con algo de rímel, terminó con una pincelada breve de rubor en las mejillas y una pasada de lipstick brillante en los labios.
Soltó su melena y comprobó que estaba todavía húmeda. Usar la secadora no era opción, a riesgo de ver a Minako atravesar su puerta con un revolver en mano. Decidió ponerse un holgado gorro tejido de punto, en el mismo tono que se indumentaria.
—Tienes unas ojeras terribles, Reiko –se dijo, mirándose por última vez en el espejo-. Y tan sólo es el comienzo…
Se plantó unas gafas oscuras, esas que le cubrían casi medio rostro, y se enfiló hacia afuera del templo.
—¡Me voy! –gritó a sus amigas, consciente de que no le contestarían. Nunca lo hacían.
Con su bolso al hombro, bajó presurosa las escalinatas. Llegó hasta donde estacionaba su Mini Cooper y se adentró en él, aventando sus cosas en el asiento del copiloto como era su costumbre. Conectó el Ipad en el tablero y encendió el equipo de sonido. Cualquiera encontraría común este ritual, sin embargo, no era sólo por placer de amenizar su trayecto con música que Rei hacía esto, sino por algo más. Cada vez que manejaba, Hino convertía su auto en un estudio móvil, un pequeño laboratorio de experimento musical. Allí hacía notas de grabación con un dispositivo manos libres, usaba programas especiales para afinar y agudizar el audio, tomaba ideas y creaba otras tantas en función de las melodías que desfilaban en el estrecho espacio del coche.
El aleatorio quiso darle los buenos días con "Night of the Scarecrow".
En compañía de violas y violines, no tardó mucho tiempo en incorporarse a las vías centrales y tomar el camino directo a Lantis; no había mucho tránsito y esa definitivamente era una ventaja que se aprovechaba muy bien un miércoles por la mañana. A dos calles de arribar a la agencia, divisó la sucursal de un Starbucks y se detuvo en la acera de enfrente. Consultó su reloj.
8:10 a.m.
Pidió una charola con cuatro cafés: dos latte, un americano y un mocha blanco. Sonrióse ante la efusividad que Seiya mostraría cuando le llevara su petición especial; y Rei sabía que la tendría bien merecida, ese día los iba a traer como locos. Era la primera vez que trabajaban con grabaciones y, aunque ellos ya estaban acostumbrados a ese proceso, se conocía muy bien esa manía suya casi obsesiva por la perfección en sus creaciones y, mucho se equivocaba, o ellos terminarían odiándola –¿más?- al final de la jornada.
Llevó el portavasos al auto y acomodándolo cuidadosamente, volvió subir al coche. Entró a la agencia y aparcó en la planta baja del estacionamiento. Tomó el elevador casi desierto, sólo dos jovencitas que Hino logró identificar como bailarinas de Lantis iban con ella. Las saludó cortés, y pronto en el tercer piso se quedó sola en su trayecto al estudio de grabaciones ubicado en el quinto piso.
Salió del ascensor al pasillo y anduvo hasta llegar al último salón. Le causó extrañeza hallarlo demasiado silencioso. La explicación enseguida se mostró a sus ojos con la falta de iluminación y la ausencia de ser humano en su interior. El estudio se encontraba vacío, nadie había llegado todavía a excepción de ella.
Era comprensible, faltaba media hora para la cita que pactaran la noche anterior; sin embargo, ilusamente debía aceptar que esperó ver a sus estrellas sorprenderla con un inusitado estado de ánimo y expectación por comenzar con los trabajos, que sintieran al menos un ápice de la excitación que ella sentía. Le vibraba el cuerpo y le cosquilleaban las venas por empezar a jugar con su gran amor, la música.
Respiró hondo y entró de lleno, encendiendo el interruptor antes de dejar la charola de cafés en la ya conocida mesa que era custodiada por los sillones de negra piel. Su bolso y chaqueta fueron a terminar en el perchero de la esquina, y se dispuso entonces a encender el equipo.
Las tres pantallas LCD dejaron ver su luminiscencia, mientras que la MAC principal comenzaba su reinicio. Fue a la cabina de grabación y revisó que todo estuviese en condiciones. Se propuso examinar el funcionamiento del DAW y, una vez que el computador estuvo listo, decidió hacer algunas pruebas con el host, la interfaz de sonido y el software. Pronto, un sampling se adueñó del salón y Rei elevó el volumen considerablemente para comprobar el audio de las bocinas que latieron y retumbaron al vaivén de los sonidos que fue tejiendo con sus dedos al azar en el keyboard.
Sonrió satisfecha al darse cuenta que el muestreo de sonidos improvisado no se escuchaba nada mal, y que bien podía ser utilizado para alguna de las canciones. Se acordó entonces de sus notas auditivas, y reparó en una que había grabado no hacía mucho tiempo en casa, con motivo de la ocurrencia que le dio por demostrar que la habitación ubicada junto a la sala de oraciones del templo tenía una acústica que impregnaba un efecto muy particular a los sonidos que allí se producían. Así que puso a Minako a cantar su canción favorita de turno, "Special", de la coreana Lee Hi. La rubia no tuvo reparos en hacerlo, pues aunque era ya actriz, ese gusto que le producía el cantar no era algo que hubiere desaparecido.
Rebuscó en su bolso colgado en el perchero y encontró el dispositivo. Lo conectó en el Workstation y trasladó los archivos a una carpeta con su nombre. Y tal como su intuición le indicó, al echar a andar la pista descubrió que el sonido era distinto, con una serie de matices que sólo se pueden producir en un lugar con acústica perfecta. Los ecos, la finura del sonido, la limpieza en la voz, el equilibrio en la resonancia.
Se inclinó a la altura del keyboard y la pantalla e hizo varios cortes en la melodía para reproducirlos por separado. La voz de Mina siempre le pareció hermosa, muy afinada y armónica. Creía de verdad, que si no fuera porque la actuación era su pasión primordial, ya la habría sonsacado para incursionar en la música.
Se detuvo en dos de los muestreos que especialmente le causaron fascinación. Acopló el sampling que primeramente experimentara e intercaló en secuencias de tiempo las líneas elegidas con la voz de Minako. Así, creo provisionalmente una pista templada con aires de Soul y R&B.
"Heartbeat, beat, beat. Uh uh. Uh uh.
Heartbeat, beat, beat. Uh uh. Uh uh."
La sucesión era exquisita, y Reiko siguió la pieza armada con sólo ese par de líneas, compenetrándose con ella, dejando a su instinto creativo hacer lo suyo.
"You are, you are, you a- are,
You are, you are, you a- are so special… to me"
Cuando sus labios se movieron solos para balbucir algunas frases que se le vinieron a la mente, supo que había compaginado la melodía con una de las letras originales de su portafolio profesional. La buscó de inmediato en el Ipad y al encontrarla reparó en la hora. Ya pasaban algunos minutos de las nueve y ese trio de hombres no aparecía. Se mordió los labios y se asomó al pasillo.
No había ni un alma.
Suspiró para espantarse la frustración y volvió a encerrarse en el estudio. No iba a dejar que aquello le quitara la imaginación y creatividad que en ese momento estaba teniendo como una epifanía. Se le ocurrió entonces, después de agregarle una secuencia de beats en segundo plano, que sería buena idea terminar de probar el DAW realizando la primera grabación del día.
Con algunos ajustes, Hino programó la liberación de la pista y preparó la cabina, haciendo aparecer en la pantalla auxiliar la letra de la canción todavía intitulada que podría dar vida a la música recién concebida. Dio un sorbo grande a su americano y realizó un par de pruebas a capella, intentando encontrar los tonos más adecuados en que debía conjugarlas.
A diferencia de Mina, su voz era mezzo y ligeramente áspera, lo que significaba un contraste bastante conveniente al género y, si el experimento funcionaba, ya encontraría quien sustituyera y ocupara su voz provisional en esa nueva pieza. Determinadamente, Three Lights estaba fuera de las opciones ya que no querían saber nada de sus amigas, el siquiera proponerlo constituiría toda una blasfemia.
No pudo evitar soltar una risa ante ese pensamiento.
Pulsó start a la programación y se enfiló a la cabina. Movió levemente su gorro para acomodarse los audífonos y ensayó un par de notas complejas de la estrofa inicial que parpadeaba en la pantalla analógica. A los dos minutos, la melodía fue liberada.
"Heartbeat, beat, beat. Uh uh. Uh uh.
Heartbeat, beat, beat. Uh uh. Uh uh."
Segura de sí, como si esa canción no fuere un experimento, Rei comenzó a cantar, hilando las frases de las primeras estrofas con la mayor armonía y limpieza posible, la misma que ella exigía a los artistas con los que trabajaba.
Respetando las pausas del sampleo e improvisando bastante en los tonos que le impregnaba a la letra, Rei fue abstrayéndose de su entorno, existiendo sólo en la música que palpitaba en el estudio y encontraba su cauce en el DAW que la iba capturando en el equipo.
También encontró cauce en los oídos de los hermanos Kou.
Seiya, Taiki y Yaten entraron al salón de grabaciones apenas transcurrió el primer minuto de la pista. Como en otras ocasiones, el percibir ruido en el estudio no les causó desconcierto, de hecho lo esperaban dado el retraso que habían tenido por culpa de Seiya y su llamada telefónica con cierta persona etiquetada como no grata por el menor y como la señorita indecisión por el mayor.
No esperaron que lo que creyeron fuera una canción pre-grabada cualquiera, resultara ser una grabación en tiempo real, y que además la fuente de aquella voz con tintes bemoles fuera precisamente Rei Hino.
En cuanto cruzaron el umbral, los tres se quedaron allí por algunos segundos sin moverse, identificando la femenina figura de la guardiana de Marte dentro del cuarto de grabaciones, entregando su voz al sampleo melódico que latía con potencia en las bocinas de audio.
Seiya fue el primero en salir de su perplejidad y acercarse al panel que daba vista clara de la cabina; desde allí pudo apreciar con mayor detalle a la que era su productora, y ser testigo de cómo iba tejiendo sonidos con esa particular voz que no imaginó que tendría Y quizá más que su color, lo que más hizo eco en él fue esa efusividad e ímpetu que envolvía su voz, la manera en que ella parecía jugar con las notas y resonancias ensamblándolas con la base instrumental en un modo preciso y armónico.
Taiki no atinó más que a sonreír inevitablemente. Esa jovencita Hino estaba destinada a darle unas cuantas lecciones y enseñanzas. Si creía que no había más que aprender en el medio musical, esa niña le estaba mostrando lo contrario. Era la señal que necesitaba. Desde que habitara en la tierra por tiempo indefinido, Taiki siempre tuvo claro que si tenía que hacer alguna cosa, tenía que hacerla bien y con la mayor cercanía a la perfección, de otra manera mejor sería no hacerla. Y si ellos decidieron continuar haciendo música, debían hacer la mejor música posible. Le estaba quedando claro que esa muchachita era pieza clave para poder realizar esa meta personal. Y se lo estaba demostrando con hechos.
El que sí se encontraba realmente confundido con todo aquello, era Yaten.
Se halló sorprendido de descubrirla en la cabina grabando una canción como esa, tan limpia y bellamente armada. Su voz –bastante bonita y colorida-, reflejaba una pasión y entusiasmo que pocas veces había escuchado; y estaba seguro que de quererlo así, ella bien podía competir con ellos como artista, no detrás de la sombra anónima de la producción.
¿Por qué si poseía ese don, no lo aprovechaba? ¿Cuál era realmente el objetivo de estar allí con ellos, lidiando con asuntos que no eran de su incumbencia y que le aportaban tan escasos beneficios?
"You are, you are, you a- are,
You are, you are, you a- are so special… to me"
Observaba su menudo cuerpo responder a los beats que daban vida al estudio, sus cabellos balancearse debajo de esos audífonos a los que aferraba sus manos para mantenerse en su burbuja personal. Avanzó hasta la sala y se deshizo de su chaqueta, pero sin dejar de despegar sus ojos verdes de la silueta femenina. Buscaba dilucidarla, interpretarla, encontrar respuestas a sus interrogantes.
Escuchando su timbre oscilar entre las estrofas, a su mente acudió esa soltura con la que ella hablaba, actuaba y se conducía en todo lo relacionado con el ámbito musical; esa entrega que no pensó pudiera tener una guerrera fuera de la seguridad de su princesa y su planeta.
¿Sería verdad eso que decía Taiki, eso de poder separar tu vida en dos y a la vez vivirlas a la vez sin que una perjudique a la otra? ¿Sería posible llevar una vida normal olvidándose de su deber como guerrera, del peso abrumador de un secreto como el de ser una Sailor Scout?
Sus dudas y preguntas agonizaron en el aire y murieron con la melodía que pronto dejó de palpitar en la habitación.
Rei, ajena a la presencia como a los pensamientos de sus compañeros, se deshizo de los audífonos y los colgó en la percha. Se acomodó el gorro que cubría sus todavía húmedos cabellos y salió de la cabina. Parpadeó sorprendida cuando la primera visión que obtuvo fue un sonriente Seiya recibiéndola en la puerta.
—¡Rei-chan! –saludó el pelinegro-.¡Eso fue sorprendente!
Hino elevó una ceja, necesitando más pistas.
—La canción –precisó Seiya, regresando con ella a la estancia donde sus hermanos se encontraban-, fue grandiosa. ¿De dónde la sacaste?
—Oh, eso… Estaba probando un ensamble. Un experimento tan sólo. –dijo Hino, restándole importancia. Al ampliarse su visión, se encontró con la mirada de Taiki, que la saludó con una sonrisa y un asentimiento de cabeza. Rei le devolvió la sonrisa. Sus ojos entonces buscaron al menor de los Kou, hallándole en el sillón largo de piel, aparentemente entretenido con una de las revistas del compartimento inferior de la mesita de centro. Ni siquiera se molestó en alzar sus ojos para mirarla, ni despegar sus labios para darle algún saludo. Hino no se ofendió, tenía claro que esas pequeñas acciones eran su forma de retarla y rebelarse a ella.
E insanamente, eso le divertía.
—Oye, Rei-chan –captó Seiya nuevamente su atención-, ¿Quién es la de los estribillos? Tengo la sensación de haber escuchado ese tono antes.
Rei sonrió. No podía decirles que era su queridísima amiga Minako, ¿verdad?
—Alguien. –respondió escuetamente la sacerdotisa.
—¡Dime! –insistió Seiya siguiéndola.
—Algún día te lo diré –dio Hino por toda respuesta-. ¿Por qué tan tarde?
—Seiya. –respondió Yaten en automático, como si sus labios hubieren estado programados para reaccionar ante ese cuestionamiento. Como resultado, el peliplata contempló con regocijo cómo la chica le lanzaba una mirada molesta al culpable.
—Yo no…
—Tu amiga lo llamó. –irrumpió Taiki en la balbuceante explicación de su hermano, tenía curiosidad por la reacción de Hino.
Reiko le clavó los ojos, entendiendo su intención. Era consciente que se refería a Serena, y que ese no era un tema grato para ninguno de los presentes. Para ella no era nada agradable saber que su princesa era el motivo por el que ellos se encontraban en la tierra y, que era la indecisión de ésta la que los mantenía allí con o en contra de su voluntad. Por otro lado, aceptaba estar desarrollando sentimientos de simpatía hacia Seiya, y el hecho de saberlo enamorado de una mujer que desafortunadamente tenía un lío en la cabeza, le causaba cierta compasión. Ambos pares de pupilas amatistas se engarzaron por algunos segundos, hasta que fue ella quien rompió el desafío.
—No importa. Es mejor comenzar ya –apuntó la pelinegra, tomando de la charola dos de los cafés-. Pero es la última vez que llegan tarde. –advirtió entregándoselos con una sonrisa que de cordial no tuvo nada. Seiya tragó saliva, su expresión le había dado escalofríos.
—De acuerdo. –atinó a decir Taiki, sorbiendo un trago al latte que le había obsequiado su productora.
—Excelente. –aprobó Rei, tomando el último de los cafés y dejándolo en la mesilla frente a Yaten, justo como él hiciera con la botella de agua vitaminada en la primera reunión que habían tenido con el CEO en esa misma habitación.
El peliplata entendió con ese gesto que el latte era para él y, como en un acto de recíproco y mudo entendimiento, lo tomó y bebió del vaso. Rei observó aquello de reojo y sonrió. Los estaba conociendo más de lo que creía y también más de lo que querría.
—Muy bien, comencemos –dictó Rei, posicionándose en el sillón reclinatorio frente al DAW. Tecleó unos cuantos caracteres y desplegó algunas carpetas. Eligió un par de archivos y los introdujo en la interfaz de sonido. Las bocinas empezaron a emitir una base musical.
—Hey, esa es la pista en la que jugábamos la semana pasada. –dijo Seiya, reconociendo los sonidos.
—En realidad estábamos trabajando en ello, pero me alegra que lo veas de ese modo, ya que esa es mi concepción de lo que yo veo como trabajar en música. Jugar con ella.
—¿Y qué haremos con esta pista? –preguntó Taiki, acercándose a la pantalla digital para obtener más datos.
—Estuve probando algunas de las letras que tenemos en la reserva –así habían nombrado a la carpeta que contenía todas las letras originales aportadas por ella y los tres hermanos Kou (algunas terminadas, otras inconclusas)-, y encontré una que podría ser potencial candidata para nuestro primer tema en el álbum. ¿Recuerdas "Everything"?
Taiki alzó las cejas.
—Es una de mis composiciones. –corroboró.
Rei dejó ver su aperlada sonrisa.
—Ajusta perfectamente.
Acto seguido, examinó la reserva y abrió el documento. Los muchachos se mostraron interesados, e incluso Yaten abandonó su lugar en la sala y se acercó a la pantalla digital.
—La letra originalmente está catalogada para ser una balada, pero si le agregamos la base que Seiya y yo anduvimos toqueteando, puede resultar un perfecto Soul con toques de Jazz. Digo, si al autor no le molesta.
—Muéstrame y yo juzgaré eso. –retó Taiki, dándole bandera blanca a Hino. Esta sonrió y reinició la base, pero esta vez agregó una pista en silencio que había preparado con su voz entonando la letra. La fusión de ambas produjo el sonido de una naciente canción.
—Obviamente mis tonos son horrendos y poco cercanos a sus voces –admitió-, pero fue pensando en ellas que elegí esas las escalas y modulaciones. Si mi intuición y oído no me fallan, debería resultar más armónica cuando sean ustedes los que graben.
Envió cuatro copias a la impresora, y las repartió una por cada uno. Los chicos analizaron el documento y nada extrañó a sus ojos, no era algo que no hubieran visto antes: divisiones, acotaciones, notas, señalamientos y distribuciones identificadas con sus nombres.
—¿Qué es esto? –preguntó Yaten, reparando en una línea del tercer párrafo. Seiya se inclinó para enterarse. Enseguida comenzó a reír.
—¿Un falsetto? –vaciló Rei no entendiendo muy bien a que iba la pregunta.
—Sé que es un falsetto –rodó los ojos el ojiverde-. Lo que no entiendo es por qué mi nombre está allí.
—Yaten no sirve para el falsete. –aportó Seiya, esclareciendo el "misterio".
—Gracias, Seiya. –apuntó Yaten con sarcasmo.
Hino enarcó una ceja.
—¿Quién dice que no sirve?
—Las grabaciones –intervino Taiki-. El productor anterior lo intento una vez y desechó la idea después de darse cuenta que no daba los tonos. Tuvimos que cambiar esa parte por la voz de Seiya.
—Soy el rey del falsetto –se vanaglorió el pelinegro, plasmando una sonrisa grande y vanidosa-. Yaten no.
El aludido bufó exasperado al ser el centro de entretenimiento general.
—Sí, sí, lo que digan –desdeñó a sus hermanos y se dirigió a Hino, extendiéndole la hoja de regreso-. Modifícalo, no voy a hacer esa parte.
—No lo voy a cambiar –anunció ella sin recibir la hoja que permaneció extendida-. No hasta que escuche este esquema por mí misma. Las modificaciones se irán dando en función de las grabaciones, no de sus prejuicios.
Yaten apretó los dientes. La insolencia en su voz le enervaba.
—Y sólo por apuntar, Seiya sería incapaz de hacer ese falsete. Apuesto una comida, a que no alcanza la modulación requerida.
Los tres chicos se extrañaron con esa observación, no creyéndole, pero a la vez, curiosos de saber cómo el mediano que podía sobrellevar notas altas con facilidad podría ser incapaz de producir un sonido que según Hino, el menor podía sacar, incluso si los agudos no fueran su fuerte.
—Estás bromeándome, Hino-chan. –tanteó el pelinegro, tratando de sonsacarla con una de sus seductoras sonrisas.
—Prueba y verás. –desafió la chica, colgándose los headphones de la interfaz en el cuello, dándole a entender que era hora de grabar.
Seiya se mordió los labios aceptando el reto y, deshaciéndose de la sudadera que portara, dio un trago grande a su café y entró a la cabina de audio.
—Dame la tercera estrofa sin música como lo indican los intervalos, dejando de lado el falsete. –indicó Hino, mientras el de ojos zafiros se colocaba los audífonos frente a la paleta del micro.
Tras una señal de la pelinegra, el mediano de los Kou comenzó a entonar las líneas indicadas.
—No suena mal. –opinó Taiki, observando las ondas de modulación que se coloreaban en la pantalla de la MAC.
—No, no suena mal. –afirmó Rei con una sonrisa enigmática. "Pero no es suficiente", complementó en su cabeza.
—¿Qué tal? ¿Lo hice bien? –preguntó Seiya al detenerse en el punto indicado.
—Sí, está bien, pero hagámoslo de nuevo. Esta vez intenta apoyar más en el canal nasal y disminuir un tono de la octava, eso te dará el impulso para entrar al falsete.
Seiya y Yaten arrugaron el ceño, para ambos a grabación había sonado bastante bien.
—E-está bien. –concedió el pelinegro algo confundido.
Rei dejó ir la pista, y Seiya cantó haciendo caso de la solicitud de su productora.
—Excelente. –celebró Rei, al capturar la grabación. Taiki debía aceptar que se escuchaba muchísimo mejor que la anterior, aunque todavía no entendía bien porqué Hino rechazaba la idea de Seiya realizando esa parte.
El mediano de los Kou por supuesto que se sintió satisfecho y le dedicó un gesto de presunción a Reiko, echando en tierra su suposición primera.
Hino sonrió aún más.
—Ahora vuelve a hacerlo y esta vez de corrido, incluyendo el falsete. Debes mantener las escalas de tono y realizar el cambio en los intervalos que están marcados. ¿Lo has entendido?
Seiya se lo estaba tomando personal.
—¿Con quién crees que estás hablando? –dijo colocándose de nuevo los audífonos.
"Es lo mismo que te pregunto yo, pequeño", meditó la sacerdotisa, liberando la pista otra vez antes de dejarse caer en el respaldo del sillón giratorio.
No pudo.
Irrisoriamente, Seiya se vio imposibilitado a dar el cambio en el registro de voz. Todo le iba de maravilla hasta el momento en que debía elevar el tono para alcanzar el famoso falsete. Los tiempos en la transición eran demasiado cerrados. Desafinaba en el último estribillo.
—¿Es en serio? –habló Taiki en voz alta, incrédulo al comprobar el punto de Hino. Seiya no podía hacerlo, incluso si ya lo había intentado cinco veces seguidas.
—¿Cómo es que…? –enarboló Yaten lo que Taiki tenía en la punta de la lengua.
—Simple. El registro pensado para esa estrofa no es el suyo, es el tuyo –indicó Hino mirándole fugazmente a los ojos-. Su timbre es central y el tuyo no, tu voz tiene una tesitura diferente y muy particular, una que es del tipo nasal y que puede crear fácilmente notas aspiradas. Por eso tú podrías realizar ese falsete y él no.
—Por eso no puedes cambiarla. –deliberó Taiki, pareciendo comprender todo.
—Exacto, no puedo cambiarla porque entonces toda la armonía que armé en mi cabeza se iría al traste. Y entonces para qué me querrían aquí si ustedes harán lo que se les de la real gana.
No se habló más. Ella tenía razón.
—Se me antoja pizza para la comida –informó Reiko al notar entrar a Seiya al salón, derrotado en su intento vocal y evidenciando así su triunfo en la apuesta sobre el falsetto-. Ahora, reiniciemos desde el principio. Taiki es el que entra primero con "Día a día, cada minuto, en cada espacio…"
Yaten no evitó reír por lo bajo. Acababa de ser testigo de cómo esa niña había knockeado el ego de Seiya y sin esfuerzo; por otra parte, le resultó interesante comprobar esa capacidad auditiva que poseía para especular con sus voces y tener la seguridad de diseñar un ensamble melódico ad hoc a cada uno de ellos. No obstante para ser franco, continuaba dudando de la idea de ese estúpido falsete.
Durante toda la mañana y hasta que dieron las dos de la tarde, se la pasaron haciendo múltiples grabaciones de "Everything"; primero en orden de esquema, luego desfasadas haciendo modificaciones en el orden y en ocasiones en las voces, sustituyendo estribillos y notas conforme se iban ensamblando en conjunto. Tal como Reiko había dicho, las modificaciones se iban dando en función de las muestras y sobre la marcha, no antes de siquiera comenzar.
—Una vez más, Yaten. Relaja tu laringe y alarga la última sílaba. "… y mi mente no para, me lleva conti-go" –cantó Reiko la línea, mostrándole el registro cercano al que pretendía conseguir.
El platinado bufó, era la sexta vez que repetían el estúpido falsetto. ¿Qué rayos era lo que quería esa mujer? No podía alcanzarlo y su paciencia se agotaba. Si bien no le estaba saliendo tan mal como pensó, no quedaba como ella quería. ¿Por qué no iba y lo hacía por su cuenta?
Tsk.
Calmando su desespero, intentó de nuevo.
—Una vez más. –pidió por el altavoz, inmersa en la pantalla del ordenador. Yaten llegaba a dudar que siquiera estuviera prestándole atención.
Repitió la estrofa.
—Otra vez, por favor.
Lo hizo.
—Casi, una vez más.
Iba a estallar.
—No.
Reiko alzó los ojos de la MAC cuando escuchó su negativa y le encontró quitándose los audífonos. Alzó una ceja, esperando su tan retardada cháchara. Taiki estaba a su lado, observando y siendo activo partícipe en el proceso. Seiya había bajado al salón de ensayos a practicar un poco con el piano hasta que se le requiriese de nuevo.
—No me sale, no puedo. Los falsetes no son lo mío. Te lo dije.
La última frase que apuntó el menor de los Kou, fue lo que la encendió. De mala manera, I mean.
—Si no eres capaz de darme la modulación es porque no has entrenado tu voz, no porque no puedas –alegó Rei-. Y créeme Yaten, no estaría perdiendo el tiempo con esto si no supiera que eres lo que quiero.
Yaten se turbó. Un segundo solamente, pero lo hizo. Esas palabras junto a esa mirada violácea chispeando en seguridad se le antojaron bastante peligrosas. Mordió su labio interno y respiró hondo. Tensando su mandíbula, volvió a acomodarse los headphones, decidido a demostrarle a esa niña que no tenía derecho a dirigirse a él de aquella manera. Liberada la pista, intentó una vez más.
Y habría sido quizá por esa determinación de hacerle tragar sus palabras, que esta vez logró redondear los registros y conseguir el falsetto, algo forzado, pero lo había logrado enganchar. Sonrió satisfecho y miró altanero hacia el exterior de la cabina.
Su sonrisa se borró.
Ella no estaba.
—Bien, Yaten. Lo conseguiste. –felicitó Taiki, guardando la muestra en el DAW.
—¿Dónde está? –fue lo primero que salió de sus labios.
—Se fue –informó divertido-. Tenía clase a las tres. Me dejó a cargo hasta que regrese.
Yaten masculló algo ininteligible a su hermano mayor y salió de la cabina de audio. También salió del estudio. Necesitaba un poco de aire para enfriar su cabeza. Hino le había avasallado una vez más.
Y como lo prometió, cuando el reloj marcó las seis de la tarde la sacerdotisa estuvo de vuelta. Grabaron un poco más, alrededor de dos horas, y entonces ella les recomendó irse para que descansaran la voz hasta el día siguiente en que continuarían con los trabajos. "Everything", la primera canción del álbum parecía ir por buen camino y en un par de días podría quedar lista a detalle. Los chicos no objetaron y se dispusieron a irse.
—Necesito otro mocha blanco para mañana, Hino-chan –demandó Seiya revolviéndole el cabello en desquite-. Hoy me dejaste muy agotado.
Reiko rio mirándolos dirigirse a la puerta.
—Y tú me debes una pizza.
No recibió más respuesta del pelinegro que una risa brotando desde el pasillo, y entonces se vio sola en el amplio y silencioso estudio. Suspiró y se dispuso a ordenar y hacer selección de las grabaciones recopiladas de ese día.
Pero sucedió, que Yaten después de abandonar el edificio en compañía de sus hermanos, se vio en la necesidad de regresar a Lantis horas más tarde al darse cuenta que había olvidado su portafolio con el contenido personalizado del álbum en el salón de instrumentos del quinto piso, justo a un lado de la guitarra acústica con la que se entretuvo en uno de sus ratos libres con la esperanza de que en una de sus improvisaciones, le arrojara alguna pista para su solo. Cosa que no sucedió por supuesto, y en su frustración, se olvidó de la carpeta. Así que tuvo que volver por ella para repasar y memorizar las letras antes de las grabaciones que tendrían por la mañana.
Su idea era entrar al edificio, subir hasta el nivel cinco, entrar al salón y regresar sobre sus pasos en cuestión de minutos; no obstante, le extrañó ver la luz encendida al final del corredor, proveniente del estudio de grabaciones. No era posible… ¿o sí?
Se acercó silencioso y llegó hasta la puerta. Desde el cristal, pudo corroborar lo que de inicio intuyó.
Con un gesto dubitativo y serio, Rei Hino se encontraba absorta en el monitor de la computadora, 'clickeando' de vez en vez para abrir y cerrar archivos, los cuales avivaban o silenciaban el sonido que latía en las bocinas del salón de grabaciones. Se encontraba de espaldas a él, y sólo pudo observar su fino perfil cuando movió un poco su cuerpo en la silla giratoria, uno de los estragos de permanecer sentada por un largo periodo de tiempo. La notó abrir y cerrar la palma para desadormecer sus dedos, también girar la muñeca un trío de veces, seguramente resentida por la manipulación del mouse y el teclado.
Yaten no lo terminaba de comprender.
Estuvo por girar el picaporte, pero mantuvo su mano en la manija sin moverla.
Pensó que para esa niña todo aquello era un juego, un fugaz pasatiempo al que no le daba la importancia merecida. La vida de Three Lights, sus vidas humanas se encontraban en sus manos y eso no le gustaba. No le gustaba porque eso los suponía vulnerables frente a ella, vulnerables frente al mundo. Pero todo apuntaba a que sus conjeturas estaban equivocadas y su desconfianza sin justificación; sus acciones lo ponían de manifiesto.
Decidió dejarla trabajar e ir por lo que había regresado. No le tomó más de diez minutos y, cuando volvió al pasillo, notó que la luz del estudio era ya inexistente. Una inusual curiosidad le hizo ir a echar un vistazo.
Ella ya no estaba y el salón se hallaba vacío y en penumbras.
—Se ha ido. –murmuró de la nada, no pudiendo evitar consultar su reloj de mano.
10:45 p.m.
Regresó sobre sus pasos y se adentró al elevador. Se enfiló al estacionamiento en el segundo sótano y llegó hasta su auto, un Audi convertible en un precioso y brillante azul índigo.
Maniobró con cautela y fue bajando por el desnivel. Los cajones se hallaban vacíos en su mayoría, quizá con la excepción de algún miembro del personal de finanzas o relaciones públicas, pero no eran muchos, si acaso dos o tres automóviles aparcados. Confió en dejar aumentar un poco la velocidad en la vuelta del último desnivel y, sin saber de dónde ni cómo, un coche se puso repentinamente en su camino. La única reacción de supervivencia que tuvo fue ejecutar un giro rápido en el volante para desviar su trayectoria y no estamparse con él.
Un golpe seco y brusco lo arremetió. El coche fue a pegar con una de las columnas de los cajones, justo en una esquina del parachoques y la llanta derecha.
—¿Qué diablos? –maldijo alterado por el susto, gracias a los amortiguadores del auto no le había ocurrido ningún daño físico.
Se deshizo del cinturón de seguridad y salió de su amado Audi como alma que lleva el diablo. Sin siquiera reparar en nada ni nadie más, se aproximó al insensato que le había salido al paso y causado casi un accidente.
—¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Acaso no ves por donde vas?!
Unos ojos confundidos parpadearon asimilando la situación, y Yaten no atinó a hacer otra cosa que pasarse la mano por los cabellos. El culpable y dueño de ese horrible Mini Cooper blanco, no era más y nada menos que Rei Hino, su agradable productora.
—¿Ups? –emitió la chica mordiéndose el labio inferior, mirando los daños provocados al precioso auto y el enojo palpable de su dueño.
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¡A-Yo! (^o^)/
Otro capítulo kilométrico xD
Pero les diré que no podía parar, quería decir todo lo que plasmé, detenerme en todos esos detalles, usar todo ese tecnicismo que me da la fidelidad de lo que estoy hablando, de lo que me hace imaginarme a los personajes en cabalidad, en toda su esencia. Yo quiero ver a Rei en su plenitud, con esa pasión y seguridad que desborda en su ámbito profesional aunque no en otras cosas como al manejar por ejemplo LOL Adoro leer a los chicos interactua con ella, relacionandose a su manera, y Yaten, parece que lo está haciendo tambien a su propio ritmo aunque, lo último... hahaha, pobre Yaten asdasdasa.
Esta vez no apareció Kiriya ni Kai Taniyama, hombres a los que amo *w* pero espero hagan su aparición pronto, espero no demorar con la proxima actualización, me siento muy inspirada y creativa ultimamente ^o^ Aprovecho para extenderles la invitación a que si gustan, pasen a leer mis otras historias en mi profile.
Como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Jenny Anderson, Shadow of Mars, Lexie y Cherryhino.
Gracias infinitas por leer.
Welcome to my imagination.
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¿Animos para esta escritora de oficio?
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*::Sol::*
