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.::. She kills my EGO .::.
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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.
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Recording 007
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—Le choqué el carro.
Textualmente, esa fue la respuesta de Reiko a la pregunta casual de Mina: "¿Y qué tal te va con los tipitos esos?"
—Que chocaste, ¿qué?
Lita dejó de garabatear anotaciones de una receta en el block que tenía en la mesilla de té y la miró con los ojos bien abiertos. Mina, que también se hallaba en la mesita saboreando un postre que la aspirante a Chef preparara para degustación, abandonó la cucharilla y la miró con igual expresión que su compañera.
—Su carro, le choqué el carro.
—Oh, my God… ¿A quién? –indagó la de ojos azules cruzándose de piernas y echando su cuerpo hacia adelante para escuchar mejor.
—A Yaten.
Mina se tiró a la duela y estalló a carcajadas imaginándose la expresión desfigurada y dulcemente desencajada del menor de los Kou. "Karma is a bitch", recitó en su cabeza, no creyendo el éxtasis de tal satisfacción. Tarde o temprano ese idol tendría que tragarse sus palabras. Oh, sí, la venganza era dulce. ¿Quién era la fastidiosa ahora?
—Sí, por cierto, yo estoy bien gracias. Un jalón en el cuello solamente. –satirizó Hino por la gran preocupación de su amiga rubia.
—¿De veras estás bien? –preguntó Lita, mostrándose como la única preocupada en la estancia. Minako continuaba muriéndose de risa, abrazándose el estómago por el esfuerzo.
—Sí, un poco adolorida del cuello pero nada de cuidado y que unas buenas horas de reposo no alivien. –tranquilizó a su amiga.
—¿Y cómo sucedió? ¿Cuándo? ¿Él está bien? –reparó la Kino en la otra víctima del siniestro.
—¡Por supuesto que está bien! –aseguró Minako sin dudar-. Si algo le hubiera pasado ya habría salido en la noticias como un asunto de seguridad nacional. Incluso si se hubiera roto la uña, ya estarían locos en las televisoras y periódicos. Ya lo imagino: "El famoso cantante Yaten Kou, ha sido blanco de un atentando por nada más y nada menos que Rei Hino, la hija del respetable senador Takashi Hino". –dramatizó abriendo sus palmas en el aire, como enmarcando un espectacular.
—Cállate, eso suena tan escalofriante. –dijo Hino con desagrado, figurándose la reacción de su padre si aquello salía a la luz. Adiós carrera musical, hola exilio en alguna embajada en Norteamérica.
—No seas exagerada, Mina. –acordó Lita con esa sonrisa indulgente de la que era dueña.
—No exagero, es la verdad. ¿Crees que si le hubiera pasado algo no habría hecho el drama de la vida? Seguro tendríamos a su séquito de abogados acosándonos en casa ahora mismo. –discernió la guardiana de Venus, haciendo un rizo con el mechón de pelo que le caía por el hombro.
—No le pasó nada a él –confirmó Rei las suposiciones de la rubia-, pero no puedo decir lo mismo de su coche. Quedó bastante mal, y cuando digo bastante mal…
—¿Lo cubre tu seguro? –inquirió Lita imaginándose la magnitud del golpe.
—Una parte, sí… pero ese no es el problema, lo peor es que la compostura tardará varios días. Lo dejaré sin auto por dos semanas. Ya sabrán que la noticia no le cayó nadita bien.
Minako soltó una nueva carcajada a pesar de los esfuerzos que hizo por contenerse.
—Lo siento, no lo puedo evitar. Es demasiado hilarante, no puedes negarlo. –se justificó limpiando las lágrimas que habían asomado en sus ojos por la risa.
Y mirado a la distancia –ni tanta porque el incidente había ocurrido apenas tres días atrás-, Rei aceptaba que el suceso tenía algo de gracioso por no decir irónico; sin embargo, al rememorar aquel momento en que Yaten la miró furioso como si quisiera atravesarla como un puñal, no le resultó nada divertido.
—¿Ups? ¿Es lo único que piensas decir? –le había dicho con una expresión desencajada que resaltó a medida que se acercó peligrosamente a ella. Rei había instintivamente retrocedido dos pasos como si en serio él la pudiera agredir. Sus pestañas aletearon intermitentemente como indicio de sus nervios aflorando.
—¿Un "lo siento" te sirve? –había intentado bromear sin éxito. Yaten siguió con ese gesto terrorífico.
—¿Qué estás ciega? ¿Cómo pudiste salir de la nada? –estalló el menor de los Kou en reclamos, dando un paso hacia el frente cada vez que Rei dio uno hacia atrás.
—No pensé que hubiera alguien en el edificio, me distraje un momento. ¿Yo qué iba a saber que bajarías del nivel? ¿Qué no se supone que desde hace horas te habías ido?
Yaten pintó un gesto de total incredulidad. ¿Ahora ella era la que estaba gritándole a él?
—Eso no te importa y no tiene nada que ver. Tienes que estar atenta cuando manejas, es una regla general y de sentido común. –echó por tierra su estúpida excusa.
—¿Estás insinuando que carezco de sentido común?
—Qué lista, Hino –punzó el platinado con irónica sonrisa-. Es mejor que llames a tu seguro.
Rei bufó pero lo hizo, marcó a su agencia de seguros al igual que Yaten.
Por alrededor de una hora estuvieron en silencio esperando a que llegaran los respectivos agentes. No se hablaron. Con los brazos cruzados, se mantuvieron recargados en sus autos con la mirada fija en quién sabe dónde y en consulta simultánea del reloj. El transcurrir de los minutos a Hino le pareció eterno.
Verdaderamente le odiaba. Tal parecía que a Yaten, su sola presencia parecía irritarle y estuvo curiosa del por qué. Es decir, sí, sabía que le incomodaba que ella fuera una Sailor Scout y que antes de convertirse en la productora de Three Lights compartieron un pasado juntos, uno no muy agradable a la memoria. Sin embargo, constantemente se preguntaba si era eso justificación suficiente para que la detestara a tal grado. Taiki y Seiya se lo habían tomado bastante bien. ¿Por qué él no?
—Yaten, ¿puedo hacerte una pregunta?
El aludido atendió a su llamado y le resultó extraña la súbita ruptura de su muda interacción. No enunció palabras, pero el que le mirara fijo sin virarse habría significado que sí, o eso dedujo la sacerdotisa.
—¿Por qué me odias tanto? Que yo recuerde, no te he hecho nada que te perjudicara alguna vez.
Yaten resopló con burla.
—¿Es broma, no? –despegó los labios al fin.
La pelinegra se encogió de hombros y le miró interrogante, no entendiendo la incredulidad alevosa que impregnó en su respuesta. El idol pareció entender y con sus verdes ojos señaló el golpe en el parachoques de su carro. Hino siguió su mirada y esbozó un gesto de desagrado al detallar el metal azulino mezclarse con pliegues plata y arremolinarse en una muy fea "armonía". Yaten notó su expresión y supo que había entendido el punto.
—Pero eso acaba de suceder recién, antes de ayer me seguías odiando al igual que hoy, así que no cuenta.
Sin reparar siquiera en el hecho, el menor de los Kou sonrió levísimamente ante su certera sentencia, y le hubiese dado toda la razón, si el concepto que de ella tenía no hubiese sufrido ya ligeras modificaciones antes del choque.
—No te odio, Hino –confesó, y la chica lo miró con sus violáceos ojos destellando asombro-. No me fio de ti, que es distinto.
—Podrías fiarte de mí si lo quisieras. Al menos puedo asegurarte que lealtad si tengo. –dijo Rei, mirando una ligera esperanza de entablar un hilo de buena relación con él.
—No lo sé, Hino. Después de lo que le has hecho a mí auto, no esperarás que mi percepción sobre ti cambie, ¿o sí?
—¡Pero si fue un accidente! –alegó Hino.
—¿Y quién lo provocó? –apuntó Yaten con una molesta obviedad.
La sacerdotisa estuvo por gritarle unas cuantas verdades acerca de sus malas maneras y su actitud arrogante pero se vio interrumpida por la llegada de uno de los agentes, el de Yaten. A los cinco minutos, el otro arribó. Por ahí de los veinte minutos después de la medianoche, todo quedó zanjado y se dispusieron a seguir sus caminos.
—¿Quieres que te lleve? –ofreció Hino abriendo la portezuela de su Mini Cooper. Si lo había dejado sin auto, al menos por cordialidad eso podía hacer por él.
—No, gracias. Valoro bastante mi vida como para aceptar tan arriesgada propuesta –apuntó el menor de los Kou, tecleando en la pantalla de su celular-. Pediré un taxi.
Reiko rodó los ojos tediosamente. No iba a desgastarse con la diva de los Three Lights portándose amablemente, si él quería seguir odiándola –aunque él había negado el término-, pues que continuara haciéndolo todo lo que quisiera. Lo importante en ese momento era llegar a casa y dormir; a las 9:00 a.m. tenían grabaciones otra vez.
Se internó en su auto y arrancó, pasando al lado de Yaten que se quedó con el teléfono pegado al oído. Supuso que el asunto de su taxi había salido de las mil maravillas cuando, a la mañana siguiente lo miró entrar en el estudio con sus dos hermanos, así como si nada. Se sorprendió al notar que no aludió palabra alguna al suceso en todo el día en que grabaron.
Sin embargo, a los dos días lo encontró más malhumorado e indispuesto de lo normal. Riñeron un trió de veces por la modulación de un par de estrofas y la grabación de los coros secundarios que se acompañaban en la melodía. Y, aunque no lo dijo de modo directo, Rei intuyó que mucho tuvo que ver la incomodidad e inconvenientes que había tenido con la falta de su automóvil.
—¿Y por qué no se consigue uno? –inquirió Lita al desahogo de su amiga Hino, volviendo su atención a la receta que se desplegaba en la pantalla de su notebook.
—No me preguntes. Sabes que es raro el tipo. –respondió Hino, haciendo un ademán con la mano que indicó que no esperara que le respondiera aquello.
—Ya, ya, cambiando de tema. ¿Por qué no mejor salimos mañana en la noche y celebramos que tu cabeza se halla en su lugar y de paso que le destrozaste el auto a la diva? –intervino la rubia, dando una vuelta en el piso para mirar al techo sonriendo ladina.
Rei movió la cabeza en desaprobación, Mina no tenía remedio.
Decidió irse a dormir. Aquel día había sido demasiado largo aunque provechosamente productivo, "Everything" había sido pulida con los detalles que le hacían falta y concluida en cabalidad. Oficialmente tenían lista la primera melodía del álbum y no podía sentirse menos contenta y satisfecha a pesar de los inconvenientes y encontronazos con el menor de los hermanos Kou.
Apenas asomó el sol, Rei abrió sus ojos persuadida por el despertador. No sentía ganas de levantarse. Al parecer la acumulación de las horas no dormidas comenzaba a pasarle factura. No obstante, fue el pensamiento puesto en la confianza de Taniyama Kai, el que finalmente la llevó a poner ambos pies en el suelo. Se duchó, alistó sus cosas y salió rumbo a la agencia. Casi se olvida del engargolado que debía revisar para realizar uno de los ensayos que le quedaron pendientes para la clase de Tratados Internacionales.
Arribó a la agencia veinte minutos pasados de las nueve y, para su buena o mala suerte –dependiendo del punto de vista-, los chicos se hallaban ya esperándola. Taiki revisando algunos archivos en la MAC, Seiya consultando letras en su Ipad, Yaten garabateando alguna cosa en una libreta de hojas blancas.
—Llegas tarde, Hino-chan. –saludó el pelinegro con jovialidad, despegando su atención de la pantalla y dedicándosela toda a ella.
—Y eras la que reclamaba puntualidad. –siseó Yaten sin mirarla, cambiando la hoja para continuar garabateando.
—Los contratiempos suelen ocurrir, Yaten. –intervino Taiki parando la provocación de su hermano. Rei, que estuvo por sucumbir a ella, calló ante la sensatez del mayor de los Kou.
—Taniyama-san me envió un mensaje avisándome que en el transcurso del día vendrá a escuchar "Everything" –informó Hino, cambiando el tema-. En tanto que eso sucede, podemos trabajar en el siguiente tema. ¿Alguna sugerencia?
—¡Yo tengo una! –exclamó Seiya, levantando su mano bien alto, cual niño aplicado en clase.
La sacerdotisa alzó las cejas por su entusiasmada iniciativa y le miró con interés para que hablara.
—Look at the sky.
Yaten y Taiki intercambiaron una mirada entendida y cómplice que a Hino no pasó desapercibida. Inconscientemente desvió su mirada al panorama en la ventana que ofrecía un cielo bastante despejado con pinceladas de nubes cimarrones.
—No capto. –dijo, regresando sus orbes a los chicos y cruzándose de brazos al recargarse en la consola del DAW.
Taiki se explicó con claridad.
—"Look at the sky", era la melodía que originalmente iba a ser nuestro single de lanzamiento. La letra fue una mezcla de estrofas que escribimos entre los tres, y los arreglos los hizo nuestro antiguo productor. Grabamos y supuestamente había quedado terminada, pero al final no se convenció. Por esos días un compositor le presentó una propuesta que resultó ser "Search for your love", so…
—Según él, Look at the sky era demasiado "optimista" –recalcó Seiya con un movimiento de dedos-. Dijo que para una agrupación joven como Three Lights, le iba más una canción de amor para lanzarnos a la cima de los rankings.
—Igual, no se escuchaba tan bien. Sonaba raro… -opinó Yaten.
—Pero la letra era bonita –contrarió Seiya de vuelta-. Quizá los arreglos no fueron los más adecuados, pero la composición en sí tenía potencial.
Rei parpadeaba escuchándolos argumentar.
—Creo que sería más práctico si Hino la pudiera escuchar. –apuntó Taiki, notando su confusión al no tener claro de lo que se hablaba allí.
—Pero nadie se quedó con una copia. –respondió Yaten, zanjando el asunto de una buena vez.
—Yo sí –anunció Seiya-. Esa canción me gustaba, y anoche que puse el aleatorio en mi reproductor, salió a relucir. Si no me equivoco, en la carpeta de mis archivos tengo el track. –dijo adueñándose del ordenador y clickeando en la ruta etiquetada con su nombre. Tras rebuscar en un par de subcarpetas, la encontró bajo el nombre de "Sky".
La echó a andar.
Reiko le dio la razón a Yaten cuando dijo que sonaba raro. Era cierto, los sonidos eran viejos; y no en el sentido de clásicos, sino de desgastados, repetitivos y hasta en cierto modo una especie de cliché musical. El productor parecía haber querido salvar la pieza agregando unos toques de 'Groove' que la hicieron sonar muy desfasada con el estilo de tres jóvenes brillantes que irradiaban frescura y pasión en sus voces. Tomó una decisión acertada al lanzarlos con "Search for your love".
Sin embargo, también le otorgaba la razón a Seiya cuando decía que la letra era bonita, de hecho era hermosa. El mensaje constituía una clara oda a la vida, a la alegría por vivir, por despertar y mirar no sólo el cielo, sino todo el esplendor de la tierra. Una verdadera lástima enterrar tan bella melodía.
—Me gusta –habló Hino al finalizar la pista-. Sería una grandiosa canción para el álbum tomando en cuenta que se trata de mostrar la versatilidad de Three Lights y dejar atrás la imagen de cursi-idol.
Los tres chicos no evitaron una sonrisa irónica.
—Y Yaten tiene razón, los arreglos son un espanto. Creo que si trabajamos en la música y con la modulación de sus voces, puede salir algo muy muy bueno. La letra es fantástica.
El ojiverde se regocijó por el tino de su juicio y el que esa niña se lo reconociera, Seiya y Taiki por su parte se sintieron satisfechos por la flexibilidad de ella y la bienvenida de la propuesta del mediano de los Kou. Si todo salía bien, en menos de medio mes tendrían dos canciones del álbum completamente listas. Y contrario a sus reticencias iniciales, no estaba siendo tan difícil como imaginaron. Las ideas fluían y fluían encontrando un sensato cauce que era Rei Hino, ahora comenzaban a comprender realmente cuál era su tarea como productora de la agrupación.
—Sabía que te gustaría –apuntó un Seiya emocionado-. ¿Con qué empezamos?
—Me agrada tu entusiasmo, si esto fuera un salón de clases te pegaría una estrella en la frente –jugó la sacerdotisa, sonriendo con ganas. Luego reemplazó a Seiya en la MAC para realizar una copia de la pista en la carpeta de sus trabajos con ellos-. Deberían ir a traerme un café de la máquina que está en el piso tres en lo que transcribo la letra a un archivo nuevo.
Seiya y Taiki decidieron cumplirle el capricho por cafeína y espacio. Yaten por supuesto que no fue a ningún lado y se quedó allí, revisando sus redes sociales en el Ipad que Seiya había dejado en la ya tan recurrida mesa de centro. Twitteó un mensaje y notó cómo sus seguidoras se volvían locas y lo atiborraban de menciones de las que apenas y leyó como diez.
—¿No has tenido noticias de mi auto? Ya estoy harto de las agencias ineficientes de taxis.
La pregunta flotó en el aire y no tuvo respuesta, aunque Yaten estuvo seguro de que la chica lo había escuchado.
—Hino… -insistió en advertencia.
—Dijeron que estaría en reparación dos semanas, Yaten. Sólo han pasado cuatro días. –contestó sin despegar los ojos de la pantalla, ni los dedos del teclado. Su tono destiló hastío.
—Cuatro días son suficientes, créeme.
—Te ofrecí mi coche y no quisiste tomarlo. En mi opinión, sufres porque quieres.
El menor de los Kou torció los labios.
—Ese cochecito es de niñas. Por supuesto que Yaten Kou no manejará una cosa de esas. –alegó mordaz.
—Pues entonces confórmate con la ineficiencia de las agencias de taxis. –asestó Hino antes de ver a Taiki y Seiya cruzar el umbral, atorando en la garganta del platinado la serie de improperios y quejas que estuvieron por salir de sus delgados labios.
La sacerdotisa agradeció eso. No tenía la mínima intención ni el humor de escucharle.
—Un Americano con chocolate, mademoiselle. –anunció Seiya con galantería, extendiéndole uno de los vasos que traía en las manos.
—Gracias, muchachos, son muy amables.
—Y aquí está el tuyo, enano. Mira que me acordé de ti. –dijo el pelinegro a Yaten.
—Cállate, idiota. Yo no te pedí nada. –se limitó a decir, ignorándolo para volver su atención al Ipad y olvidar en el proceso, la insolencia de la guardiana de Marte.
—Veo que has completado la transcripción. –señaló Taiki, observando el documento en la pantalla del ordenador.
—Sí, lo transcribí guiándome por las líneas y no por los versos, así no sonará rígido y como si estuvieran cantando "La Marsellesa" en japonés.
El castaño, que fue el único que entendió la broma de la chica, rio por lo bajo.
—Es interesante que notes esos detalles, incluso sin tener idea de las modificaciones que sufrirán los arreglos. Eso denota mucha percepción e intuición.
A Hino aquel cumplido le supo dulce.
—Agradezco que lo digas –admitió-, y en realidad, mientras hacía la transcripción se me ocurrió algo que le iría bastante bien a esta letra.
—¿Qué es? –inquirió Seiya interesado.
—Instrumentos. Sería genial si en vez de usar una base predeterminada, fueran ustedes los que tocaran la música. Grabaríamos en vivo una vez que tengamos los arreglos listos.
—¿Podremos hacer eso? –inquirió Taiki con la duda palpitándole en la lengua.
—Podemos hacer muchas cosas, ya hemos hecho bastante hasta ahora, ¿no?
—A mí me agrada esa idea –compartió Seiya-. Amo cantar, pero no se compara a la sensación de rasgar una guitarra. Eso es muy tentador.
—¿Qué opinas tú, Yaten? –consultó Taiki a su hermano menor.
—Por mí está bien. –respondió plano, y con eso el mayor tuvo suficiente para saber que no le desagradaba en nada la idea.
—Bien, entonces comencemos re-grabando la letra en rústico, en primer plano y sin sonidos, así podemos trabajar con la composición musical. Cuando la tengamos, entonces pasaremos a grabar una vez más, haciendo los ajustes modulares y probablemente cambios en las voces dependiendo de cómo vaya quedando, semejante a lo que hicimos con "Everything".
Los tres muchachos estuvieron de acuerdo y, tras imprimir cuatro copias de la melodía, Rei se acercó a explicarles brevemente sus intervenciones en cada estrofa. El primero en entrar a la cabina fue Yaten, no sin antes, vocalizar unos minutos dentro. Hino comenzó a hacer su magia en el DAW, y cuando ambos estuvieron listos, empezó la grabación de las muestras a cargo del platinado.
—Oye, Rei-chan…
La voz de Seiya llegó a sus oídos como una exhalación. Había tomado asiento a su lado y ella supuso que por la curiosidad que le despertaba el trabajo de producción; y su conclusión no era del todo errada, pero el pelinegro tenía una razón más.
La sacerdotisa emitió un sonido ronco haciéndole saber que le escuchaba, pero sin despegar los violáceos ojos de las vibraciones que se pintaban de color al sonar de la voz del menor de los Kou.
—¿Crees que alguna vez podrías traerla?
—¿Qué? ¿A quién? –indagó sin entender la petición.
El pelinegro guardó silencio y no respondió. Al notarlo, Hino desvió por fin la mirada de la pantalla y la centró en el joven pelinegro a su lado, extrañada de no recibir contestación. Se encontró con una expresión dudosa y suplicante, acompañada de un ligerísimo rubor carmín en sus mejillas.
A Rei en ese momento le pareció adorable. Supo a qué se refería.
Serena Tsukino.
—Trataré, pero no prometo nada –dijo retornando sus pupilas a las gráficas de sonido que se coloreaban en la MAC-. Quizá no sea algo muy conveniente, pero veré qué puedo hacer.
—¡Rei-chan! ¡Eres la mejor! –exclamó el pelinegro, abrazándola por sorpresa, cosa que evidentemente ni ella ni Taiki se esperaron. Incluso Yaten desde la cabina frunció el entrecejo por presenciar tal acción. ¿Qué tenía esa chica de extraordinario para que sus hermanos le tuvieran tal estima?
—Ahórrate lo halagos y mejor dame esas estrofas como las quiero. –advirtió la sacerdotisa, removiéndose entre el empalagoso gesto del de ojos zafiro, aunque por dentro su reacción provenía de una timidez y vergüenza que la asaltó por tal muestra de afecto.
Seiya sonrió notando un brillo rosado instalarse en sus mejillas. Su joven productora lucía inocentemente apenada y él sólo pudo pensar: "She is so cute".
Continuaron con los trabajos hasta que Rei fue consciente del reloj en la pared marcando las seis de la tarde. Habían estado grabando cuatro horas seguidas y después de un breve descanso en que bajaron a comer a la cafetería del edificio, dedicaron otras cuatro a trabajar en la musicalización.
—Creo que es hora de que vayan a descansar, mañana se me ocurre que podemos comenzar a experimentar con los instrumentos en la sala de ensayos, allí podremos componer libremente y con mayor comodidad. Pero de nada me servirá si no los tengo con la pila recargada. Vayan a descansar.
—¿Y tú? Tampoco nos sirves si te duermes en las grabaciones. –acusó Seiya.
—Yo no me duermo en las grabaciones. –protestó la chica.
—No, pero podría pasar si no descansas.
A Rei le ganó una sonrisa.
—Ok, sólo guardaré las muestras, mandaré un par de correos y me voy a casa. Adelántense, ya yo los alcanzo.
Los chicos asintieron y recogiendo lo necesario, salieron del estudio. La sacerdotisa quiso hacerles caso e irse a descansar un poco pero lo vislumbró imposible al consultar en su teléfono una notificación más. Y no tanto por los pendientes de trabajo que la demandaban en la MAC, sino por la insistencia de Minako para acosarla por Line, Twitter y mensajes varios al celular.
No estaba mucho de humor para salir, en especial cuando anhelaba algunas horas de buen sueño. No obstante, no pudo más que sucumbir a la propuesta de su amiga al notarla tan emocionada con la idea. No quería aceptarlo, pero la joven Aino ejercía un hilo de influencia sobre su ánimo.
Suspirando, guardó los archivos y apagó el equipo. Tomó sus cosas y se enfiló al estacionamiento. A unos metros, botó los seguros. Abrió la puerta de los asientos posteriores y aventó como era su costumbre, su chaqueta, su bolso y un par de carpetas gruesas. El sonido de la puerta del copiloto abrirse y luego cerrarse la alertó y se incorporó asustada.
—¿Qué haces aquí? ¡Me asustaste! –reclamó la pelinegra llevándose la mano al pecho y respirando con alivio al reconocer al intruso.
Yaten rio por su travesura, podría eso contarse como una pequeña y efectiva venganza.
—Necesito que me lleves.
—¿Qué? ¿A dónde? –inquirió confusa, recuperándose del sobresalto.
—A mi departamento, ¿a dónde más? –respondió el ojiverde como si constituyera una tonta obviedad.
La guardiana de Marte parpadeó incrédula.
—No –reaccionó-. Voy a otro lugar, lo siento.
—No es opcional, Hino. Te lo dije, las agencias de taxis son un horror. –ignoró sus argumentos.
—Y yo te digo que no puedo, tengo un compromiso con alguien. No puedo llevarte.
—Hino, entra al maldito auto y…
—¡Bájate! –gritó la sacerdotisa desesperada por su caprichosa necedad.
—No. Me llevarás a casa.
Yaten ni se inmutó al saberla alterada.
—No soy tu chofer. ¡Bájate!
—No.
La sacerdotisa adentró una bocanada de aire a sus pulmones.
—Yaten, por favor. ¿Por qué no simplemente le pides a tu manager que te alquile uno?
—¿Por qué habría de hacer eso? ¿Quién fue la culpable de que mi coche esté en el taller de todos modos?
Rei rodó los ojos.
—¡Argg!
Se rindió. Dando un sonoro portazo a su lado del auto, se puso el cinturón de seguridad y ajustó el retrovisor a un ángulo que la satisfizo. No ganaría nada con negarse al capricho del menor de los Kou, más que un dolor de cabeza severo y una Mina ansiosa marcándole al móvil cada tres minutos. Abrió un compartimiento y levantó un marco portátil en que colocó la pantalla de su Ipad que brillaba listo para la acción. Un par de movimientos, y el equipo de sonido que revestía el Mini Cooper hizo notar su acústica presencia.
Yaten por un instante se sintió como si estuviera dentro del estudio de Lantis.
—Bienvenido a mi pequeño laboratorio. –dijo ella, descifrando la extrañeza destilar en la mirada esmeralda del idol.
Introdujo la llave y arrancó.
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¡A-Yo! (^o^)/
He aquí de los hechos suscitados en el siniestro entre el idol y la productora xD Amé a Mina teniendo su venganza personal, su dosis de dramatismo su espíritu para sonsacar a sus amigas a divertirse. Lita es amor, amor de caramelo *w*
Pero Seiya... Oh, Seiya, ¡mi idol adoreibol! Es tan cute y lindo y amable y *asdfghjklñ* ¡Me lo como con miel y galletas! Taiki es un pan de Dios tambien, me agrada el tipo xD
Yaten, bueno es mi sexy amargado, ¿qué le puedo hacer? Veremos cómo van las cosas entre este par, que al menos, ya dieron muestra de chispas entre ellos, aunque para matarse, pero ya las hay. El siguiente capítulo, Kiriya vuelve, y las cosas iran avanzando más a la vez. Espero sigan acompañandome y disfrutando de esta historia conmigo.
Como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Jenny Anderson (para que ames más a Seiya xP), Shadow of Mars (Dear, thank you, really thank you so much), Manzana Higurashi Brief (Muchas gracias, linda, es un placer y un honor las palabras que me dedicas y la atención que me has prestado :D) y Lexie (Eternamente agradecida contigo por tu apoyo, y verás que lo que dijo Yaten no fue tan errado xD).
Gracias infinitas por leer.
Welcome to my imagination.
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*::Sol::*
