.

.::. She kills my EGO .::.

.


Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


.

Recording 008

.

La noche en que Minako tanto insistió en salir a despejarse a algún lugar, Rei Hino se encontró con dos grandes sorpresas para memorar. Una, que un Yaten callado era un Yaten tolerable; y dos, que el apuesto y afable profesor adjunto del Dr. Stavenhagen, era no sólo un estudiante de posgrado, sino también un músico consagrado y anónimo. Oh, sí, un gran y particular contraste.

Referente a su primer descubrimiento, después de que el idol-diva de los Three Lights técnicamente la secuestrara en su propio auto y la obligara a ser expresamente su chofer, Hino no quiso desgastarse en una discusión interminable sobre por qué no lo haría, así que por única ocasión -o al menos así se lo dijo a sí misma- condujo en dirección al departamento de Yaten Kou.

Para su sorpresa –una bastante agradable por cierto-, en cuanto encendió su equipo de sonido y puso a andar su pequeño laboratorio como ella le llamaba, el peliplata guardó un prolongado silencio y se dedicó simplemente a observar con disimulo y fingido desinterés. Lo cierto fue que Yaten se halló demasiado asombrado y curioso con el ritual de la pelinegra como para querer molestarla o siquiera mantener una conversación medianamente civilizada.

La observó hacer notas con una grabadora a manos libres conectada al Ipad y que brillaba en medio del panel, notas como una especie de recordatorios y palabras en clave que el peliplata no supo comprender en su correcto contexto. Al ponerse en marcha, ella simplemente se había sumergido en ese mundo musical artificialmente creado en el interior de su Mini Cooper, su cuerpo respondiendo a los vaivenes de las melodías que flotaban en el espacio y sus labios entonando las canciones como si la existencia del menor de los Kou fuese un llano elemento de decoración. Tan sólo le dirigió la palabra para que le disipará la duda respecto a dos vueltas que no estuvo segura de dar en dirección al complejo departamental en que residían los Three Lights; de allí en fuera, ni un reclamo, ni una queja, ninguna alusión personal.

—Nos vemos mañana, descansa que lo necesitarás.

Aquello fue lo único que la sacerdotisa dijo al dejarle en la entrada de la residencia, y Yaten no supo bien a bien si fue un deseo sincero o una declarada advertencia de lo que sería su pronta venganza.

No obstante, a la mañana siguiente y durante la semana que le acompañó, Rei no sólo no hizo alusión al asunto, sino que se halló tan sumida en el trabajo de producción y arreglos, que apenas y cruzaron un par de palabras fuera del ámbito laboral. Incluso cuando Yaten tuvo el atrevimiento de volver a sorprenderla en su auto para obligarle a llevarlo a casa, ella ni siquiera objetó demasiado. Sencillamente rodó los ojos y le llevó a la residencia. El menor de los Kou se encontró bastante confundido y, por primera vez desde que Hino había comenzado a trabajar con la agrupación hacía alrededor de dos meses, resintió esa ligera aura distante con la que por esos días adornó su trato.

Por supuesto, que lo que Yaten aludía probablemente a una cuestión personal entre ambos, no podía estar más alejado de lo que realmente pasaba por la mente de Rei Hino.

El trabajo en la producción de Three Lights verdaderamente la estaba sobrepasando, y no precisamente por falta de capacidades, sino de tiempo. Comenzaba a pesarle la doble vida que decidió llevar cuando aceptó tomar en sus manos el "comeback" de una de las agrupaciones estrella del medio musical japonés, y a la vez el ambicionar con mantener su status y responsabilidad en el medio académico como su padre le exigía en ausencia de no ver un proyecto claro de lo que sería su vida en un futuro.

Quería preservar ambas, al menos hasta estar segura de poder dejar alguna de las dos. Sin embargo, el escenario no se le presentaba precisamente fácil ni muy razonable que digamos.

Apenas dos días atrás, el ultimátum de Takashi Hino llegó a su término cuando con su franca y clara voz, le extendió una invitación a acompañarlo a un evento de beneficencia organizado por la sede de la ONU en Japón. Rei no necesitó explicaciones para saber lo que aquella solicitud significaba. Su padre estaba resuelto a presentarla al medio. Al político, al de la prensa, al de la sociedad del capital japonés.

La prórroga se había acabado.

El estar a unas cuantas semanas de la afamada recepción a la que asistirían personalidades de todos los campos y medios, definitivamente no ayudaban a su ánimo y no la tenían tampoco muy tranquila. Estaba trabajando contra reloj y esa presión externa hizo que se enfocara en los trabajos de producción y arreglos con mayor ahínco, con el deseo de avanzar y avanzar.

No se dio cuenta que esas pequeñas guerras internas causaron estragos en su habitual comportamiento.

Comenzó a trabajar de noche en el estudio y por consiguiente, a dormir en él cuándo la madrugada le alcanzaba ya muy cerca del amanecer; entonces volvía al templo y, después de darse una ducha renovadora y hacer acto de presencia ante Minako y Lita, volvía al estudio a continuar con las grabaciones con los chicos, tomarse unas horas para ir a la Universidad y regresar para pulir los avances del día.

En un principio, nadie se percató de aquella agotadora rutina hasta que después de varios días en que el primer cuadro que Three Lights veía al llegar al estudio era a la joven productora, y el último cuadro que miraban antes de irse, Taiki no evitó preguntar:

—¿Cuánto has dormido este último mes?

Hino dejó de corregir la partitura de la tercera canción para el álbum y alzó sus ojos que a la luz de la mampara parecieron más profundos, posándolos en Taiki con quien hacía tales correcciones. Se asombró por su pregunta y, tanto Seiya como Yaten, centraron su atención absoluta en el cuestionamiento de su hermano, curiosos en saber la respuesta. Cada uno a su manera, se había forjado una idea de la situación.

—Lo suficiente. –respondió la pelinegra, recuperándose de la sorpresa con un parpadeo y tratando de restarle importancia fijando sus pupilas nuevamente en las partituras.

—Reiko-chan…

—Estoy perfectamente, Seiya. No es la primera vez que trasnocho un par de días.

—El problema es que sea más de un par. –punzó Yaten deseando provocarla, esperando que le siguiera el juego y se engarzara con él en una de esas riñas que no eran ya raras entre ellos.

Hino no cayó en la trampa.

—Estoy bien, muchachos. No es nada –aseguró sonriendo despreocupada, levantándose del sillón en que trabajaba junto al mayor de los Kou-. La letra está lista, podemos comenzar a grabar las primeras muestras. Si "Look at the sky" quedó perfecta con la interpretación en vivo, esta será una maravilla con el estilo totalmente 'night club'. Todos esos ecos, sintetizadores y funky-beats… Será un éxito y uno de los potenciales sencillos del álbum.

Los jóvenes comprendieron que su productora no tenía la menor intención de tocar el tema de su sobre esfuerzo y se conformaron con la contestación y cambio de tópico. Y aunque Seiya sentía una espina de preocupación por Rei, debido a que de los tres era más convivía con ella, y el que de alguna manera se mantenía cerca –literalmente-, no ahondó más en el asunto. Ya tomaría cartas en el asunto si esas líneas oscuras bajo sus ojos comenzaban a acentuarse.

—¿Y cómo se llamará? –preguntó con el propósito de ayudarla a desvanecer la seriedad. Se acercó y descansó su cabeza en el hombro de ella para poder alcanzar a ver las anotaciones en el papel que sostenía en sus manos.

—No lo sé, ya se nos ocurrirá algo.

—¿Lo vas a improvisar? –soltó Yaten con su tan exquisita incredulidad.

—Lo vamos a improvisar –recalcó la pelinegra-. Además no sé de qué te sorprendes, si todo el trabajo que hemos hecho ha sido a base de improvisaciones.

—Definitivamente no puedo discutirte eso. –respondió Yaten y Rei arrugó el ceño percibiendo un sabor acido en su comentario.

Repitiendo su rutina ya conocida, Hino hizo imprimir cuatro duplicados del archivo corregido y los entregó a sus 'estrellitas', como el CEO le dijo que podía llamarlos ahora que estaban bajo su cargo. El primero en entrar a realizar las primeras muestras fue Seiya.

Justo cuando el reloj en la pared marcó las nueve de la noche, tanto los muchachos como la chica se dieron cuenta que era bastante tarde para continuar grabando. No habían sentido el paso de las horas al estar sumergidos en la creación de la nueva melodía, que por su vitalidad y tintes juguetones, produjo cierta diversión y adicción a ella. Seguramente terminaría siendo el primer sencillo de su 'comeback'.

—Me gusta esa tonadita que comienza después del minuto, veinte. –compartió el mayor de los Kou, saliendo de la cabina de audio para ir en busca de su chaqueta.

—¿La de "Oh, oh, oh, ah. Oh, oh, oh, ah, ah"? –imitó Seiya, la estrofa cantada por Taiki, y en la que Rei había introducido un tono para él demasiado bajo y aspirado, con el objeto de hacerlo seductoramente melódico.

—Las fans se volverán locas –apuntó el pelinegro, sonriendo como niño emocionado en medio del parque de juegos-. Si no te cuidas, te quitará a tus fans. –dijo a Yaten.

—También a las tuyas, torpe. –respondió rodando los ojos, como recalcando lo obvio.

—No, a las tuyas. Las mías me aman porque soy adorable y sexy everytime.

El platinado bufó y Taiki suspiró condescendiente.

"Allí van otra vez…", se dijo alejándose del par, comenzando a arreglar su carpeta personal alojada en el escritorio aledaño al panel del DAW.

La sacerdotisa comenzó a reír sin poder controlarlo, presenciando en esa rencilla una especie de deja vú. Le parecía estar viendo a Serena y a Mina discutir como dos niñitas.

Al escuchar su risa, los tres hombres en la habitación se volvieron a ella como encantados, apreciando ese sonido destilar de sus labios. La habían visto sonreír, sí. Sonrisas maliciosas, sonrisas condescendientes, sonrisas burlonas y sinceras también; pero jamás la habían escuchado reír con esa frescura y alegría que sólo otorga un momento divertido, un momento disfrutable.

Aquello les dejó claro que Hino más allá de su deber profesional, disfrutaba de verdad estar en su compañía. Y que esa sensación de satisfacción que percibieron al ser conscientes de eso, era una prueba fehaciente de que ellos también lo hacían.

Al notar las profundas miradas que le dedicaban los idol, las mejillas de Rei se colorearon con un ligero carmín y su risa fue menguando con disimulo hasta cerrarse en una discreta sonrisa. Cerró su carpeta de negro forro, y viró sus ojos a la pantalla de la MAC que se adornaba con múltiples ventanas de capturas vocales. Su intención era revisarlas y realizar la selección de muestras para la base abanico de la canción.

—¿No te vas?

El afable cuestionamiento provino de Seiya. Rei se volvió y se encontró con sus ojos zafiros que la observaban con curiosidad y preocupación. Recordó la pequeña charla sostenida hacía un rato y fue consciente también de la atención que Taiki y Yaten pusieron a su respuesta, como preguntándose si sería capaz de seguir trabajando a esa hora y "trasnocharse" otra vez.

La duda bailó en su mirada.

—Sí, ya me iré también –respondió al fin, suspirando antes de girarse a la pantalla y cerrar las sesiones en la PC-. Ya recojo mis cosas y los alcanzo.

—¡Me adelanto a pedir el elevador! –exclamó Seiya enérgico, feliz de que era la primera vez que los cuatro se iban juntos del estudio.

—Te ayudo a apagar el DAW. –ofreció Taiki, sin embargo, una llamada entrante le hizo desistir y salir al pasillo, no sin antes hacer un gesto a Yaten para que lo hiciera en su lugar.

Dejó su posición en el marco de la puerta y destrenzó los brazos que mantuvo cruzados. Se acercó al panel de grabaciones y comenzó a apagar el equipo. Hino terminó de recoger sus cosas del escritorio y de la mesita de centro. Dio un par de vueltas sin sentido buscando su abrigo que no supo dónde fue a botar. Lo encontró en el perchero en que siempre lo dejaba.

Yaten arrugó el ceño.

—Debes dejar de hacer eso.

—¿Hacer qué? –inquirió la sacerdotisa, descolgando la prenda y encaminándose a la puerta donde él ya la esperaba para salir.

—Quedarte a dormir en el estudio.

Rei abrió sus ojos con sorpresa. Él se había dado cuenta.

—¿Y por qué? Me quedo a trabajar, no a perder el tiempo.

—No nos sirves exhausta o en un hospital. De nada servirá tu exagerado esfuerzo si lo dejas todo a medias. Modérate un poco.

Hino pestañeó aturdida. Cualquiera habría encontrado en su tono una especie de regaño e insolencia, en especial cuando había vuelto a cruzar los brazos y a mirarla con un deje de superioridad.

Sonrió complacida.

A su modo, Yaten estaba externándole su inquietud por la rutina y actitud que había adoptado durante las últimas semanas, dejándole claro que aunque no lo demostrara, la había ya aceptado como parte vital del equipo. Y por lo consecuente, su salud no era negociable.

E inocente a lo que provocó con aquel gesto, la joven productora llevó sus pasos hacia el pasillo, pasando a un lado del menor de los Kou que desequilibrado, intentaba aplacar el latido que se desencadenó en el centro de su estómago al atestiguar aquella limpia sonrisa.

"Pero qué rayos…", maldijo apagando las luces del estudio. Suspirando, había cerrado la puerta tras de sí, siguiendo el rastro del aroma a flores de osmanto que la reencarnación de marte desprendía de sus largos y negros cabellos.

Respecto a su segundo descubrimiento, Rei lo encontró en un Lounge con pinta de bohemio pero no melancólico, una especie de bar en el que se tocaba versátil música en vivo.

Después de dejar a Yaten en su apartamento, condujo de regreso a Hikawa y recogió a sus amigas que ya la esperaban en la acera. La rubia Aino enseguida señaló el "Mint Leaf" como el lugar al que irían esa noche, siendo una sugerencia de Lita por la deliciosa comida y el buen ambiente que se forjaba allí.

—No podemos decir no a esa combinación, ¿estás de acuerdo? –afianzó Mina por si a la sacerdotisa le daba por echarse para atrás o refutar la propuesta. Contrario a lo que pensó, a Hino la idea de una cena deliciosa y música tranquila sin mayores tumultos, se le antojó de lo más agradable.

Tenían reservación, y el host las condujo a una mesa ubicada lo suficientemente alejada del escenario como para poder charlar sin gritarse, y para apreciar el espectáculo en todo su conjunto. Por otro lado, la vista al balcón de la terraza les regalaba una hermosa vista nocturna de las luces de la ciudad.

Les trajeron la carta y sin advertencias ni preguntas, Minako y Rei hicieron recaer las decisiones culinarias en la experta en comidas y chef favorita: Lita Kino. La de mirada verdosa sonrió y no pudo replicar, sintiéndose de alguna manera importante y reconocida por sus amigas.

—¿Les ofrezco algo de beber? –preguntó el mesero, terminando de anotar sus órdenes para la cena.

—¡Una margarita! –saltó Mina en su asiento, arrancando risas de sus compañeras y una discreta del propio camarero.

—Vega Sicilia para mí. –dijo Lita sin dubitación.

—¿Y para usted…? –inquirió el mesero a Hino, que se había quedado pensando en el sabor que tendría una buena copa de vino tinto español que la Kino solicitara.

—Yo quiero…

—¡Tráigale un ruso negro!

El camarero miró a Hino confuso e interrogante, deseando confirmar la orden que Minako con energía y seguridad absoluta le había lanzado a quemarropa, arrebatándole la palabra a su amiga pelinegra.

—¿Por qué habría yo de querer un Ruso Negro?

—¿Por qué no? –contrarrestó la rubia con sus ojos azules resplandeciendo por las lámparas.

Reiko miró al mesero y le asintió, corroborándole la orden del coctel de vodka, chocolate y café. En cuanto se fue, arremetió contra la Aino.

—¿Qué fue todo eso?

—No lo sé, siempre quise decir eso. "Un Ruso Negro" –repitió con un tono serio y solemne que pareció haber sido extraído de una película dramática.

Hino rodó los ojos y Lita rio.

—En serio Mako, recuérdame por qué vivimos con ella.

—Por… ¿ocurrente? –tentó la castaña una respuesta. Mina hizo un puchero.

—Porque soy adorable, gracias.

—Si tú lo dices…

Minako estuvo por replicar a Hino, cuando el escenario se iluminó con tenues luces azules, anunciando un nuevo número que sustituía al del pianista de corte experimental que tocaba desde que habían arribado al lounge. Sus bebidas llegaron mientras el animador anunciaba a una solista cantante de R&B.

Los presentes la recibieron con una ronda de cálidos aplausos, y la figura esbelta y pálida de una chica de acaso veinticinco años salió a la tarima envuelta en una preciosa falda autóctona y una camiseta sin mangas. Su voz rasposa y melódica, de esas bemol que a Rei le fascinaban, se apoderó del escenario. Yamanaka era su apellido. Se aseguraría de recordarlo.

La cena fue servida y las chicas no la pudieron encontrar más deliciosa en compañía de tan gran número que lamentaron cuando llego a su fin, entonces las lucecillas de ese azul índigo, cambiaron a un tenue rojo violáceo. El mismo hombre que fungía de presentador, hizo nuevamente su aparición y realizó una especie de preámbulo al siguiente número. El mesero para entonces ya había retirado los platos y en su lugar había dejado una botella de Vega Sicilia para las tres mujeres.

Hino creyó escuchar mal cuando el animador anunció al intérprete, pero no tuvo tiempo ni de asimilar totalmente la información, cuando los acordes precisos, aletargados y armoniosos de un violín flotaron por el salón como un conjuro que cautivó la atención de la audiencia. Del fondo del escenario, la figura de un muchacho alto y delgado hizo su aparición como una sombra alumbrada sólo por los destellos neones de la iluminación que creaban una atmosfera dramática como las notas que el joven iba arrancando de su instrumento mientras avanzaba hasta el centro de la tarima, hechizando a su paso como el flautista de Hameln.

Los ojos de Reiko se prendieron de él al ver su rostro absorto en los sonidos que iba creando, notar sus facciones tensarse como las mismas cuerdas de su violín, la complacencia colorearse en su faz ante cada armonía lograda. Los acordes fueron tejiéndose calmos para luego entrar en un suspenso inquietante al presentir las explosiones que vendrían después. Éstas llegaron con una serie de líneas melódicas que se interpolaban unas a otras hasta llegar al clímax introductorio pues, eso fue sólo el comienzo.

"Él… no puede ser él, ¿cierto?"

Rei no asimilaba que fuese la misma persona que conocía, con toda esa energía burbujeándole en las venas. Definitivamente no le pareció estar viendo a Kiriya Etou.

Lucía una camisa negra de vestir sin adornos, sencilla y desfajada, combinándose con unos pantalones del mismo estilo y color. Su cabello rojizo se acomodaba rebelde sobre su frente y parecía danzar a cada movimiento de su cuerpo. La sacerdotisa se encontró sin habla ante el talento virtuosso que el que pensaba era sólo un profesor adjunto, le demostraba en esa presentación digna de los más prestigiados conservatorios de música.

Sonreía, tenía carisma. Hizo reír a Mina cuando en un segundo, paró la carrera de su violín para mirar la hora en su reloj o hacer el ademán de rozar su nariz para prevenirse de estornudar.

Guiñó un ojo a una señora mayor que le miraba desde la segunda mesa próxima al escenario. Sorprendió a todos cuando de repente por el minuto cinco de la elaborada pieza italiana, entonó un rock and roll. La audiencia emanó un grito de júbilo al escuchar tan insólito y vivaz cambio en el ambiente, Lita y Minako se unieron a la multitud y comenzaron a bailar de pie en sus asientos al igual que muchos de los presentes. Las risas estallaron cuando después de armonizar medio "Great Balls of Fire" de Jerry Lee Lewis, la solemnidad volvió a su temple y, como disciplinado estudiante de grado, volvió a tejer las notas rigurosas de la pieza para violín de Antonio Bazzini.

Lo disfrutaba. La pasión se desbordaba en los dedos que danzaban sobre las cuerdas y la empuñadura ágil y desenfadada de la vaina con la que con una inusitada precisión, lograba melodiosos, agitados y preciosos sonidos que palpitaban en la totalidad del salón.

Esa noche, a Reiko le costó conciliar el sueño. Con la mente nublada como la traía, se encontró plácida y sorpresivamente evocando la elegante figura y la original presentación de Kiriya Etou.

—¿Por qué no me dijiste que eras violinista? –le preguntó unos días después en la cafetería de la Facultad, el lugar predilecto de sus encuentros y descansos.

Aquella tarde la clase de la una se había suspendido, por lo que hasta que comenzara la clase del Dr. Stavenhagen a las tres, decidió pasar el tiempo repasando una lectura para un ensayo. Etou la había encontrado allí y como otras veces, tomó lugar en la mesa y se puso a revisar algunos trabajos de la clase.

Al escuchar la pregunta, levantó los ojos a su interlocutora. Alzó una ceja en un mudo cuestionamiento.

Rei no necesitó una referencia expresa.

—Te vi la otra noche en el "Mint Leaf". ¿Pretenderás negar que fueras tú?

Kiriya sonrió con diversión, percibiendo cierta satisfacción en el gesto ceñudo que Hino cincelaba en su rostro, y en el hecho de que por primera vez mostrara ella un interés genuino y curioso acerca de su persona.

—Era yo –corroboró risueño-. ¿Conoces el "Mint Leaf"?

—¿Por qué no me lo dijiste? –inquirió ella con tintes levísimos de reclamo y pasando olímpicamente de su cambio de tópico.

—Jamás lo preguntaste. Una persona puede ser muchas cosas y no necesariamente debe evidenciarlas.

Reiko se quedó sin argumentos pensando en ella misma. A pesar de que comenzaban a pasar tiempo juntos y a convivir en una especie de amistad, Kiriya Etou en realidad no sabía mucho sobre ella y, se daba cuenta ahora, que ella tampoco sobre él. Se sorprendió a sí misma deseando entrar en su enigma, y en los múltiples secretos escondidos tras esos ojos rubíes.

—Fue impresionante. –dijo, y Etou entendió que aludió a su performance. Alargó la sonrisa de autosuficiencia que esbozaban sus labios y que ni él mismo sabía por qué no podía borrar.

—Tienes una voz hermosa. –agregó Rei, escupiendo las palabras y los pensamientos que se tenía guardados desde la noche en que le vio rasgar su violín de modo tan soberbio.

—Me gusta Jerry Lee Lewis. –habló Kiriya, diciendo lo primero que se le vino a la cabeza. La manera en que Reiko mantenía fijos sus hermosos ojos violáceos en él, no le dejaron pensar con claridad. Kami, esa mujer le atraía tanto…

—Lo noté. Al grado de profanar a Bazzini a mitad de su partitura.

Etou rio por lo bajo.

—Algo así.

Hino se unió a su risa y, en una complicidad recién descubierta, pasaron la tarde juntos primero en la cafetería y luego durante la clase del Dr. Stavenhagen. Después, Rei supuso que era hora de volver a Lantis.

Y por primera vez quiso quedarse un poco más.

.


.


¡A-Yo! (^o^)/

He he he, triángulo puesto y esbozado...

¿Quién lleva la delantera? ¿Quién será el más vivo? xD Digo, al menos Kiriya sabe que le gusta, Yaten no. Torpe LOL

Seiya... ¡amor mil! ¿Pueden por favor, mandarme uno de esos a mi casa? Taiki también es tan lindo... Ya la quieren como a su hemanita *O*

Minako, oh por Dios, la amo cada que sale con una de las suyas LOL Y Lita, la hermana mayor sensata, cute y linda. ¿Qué pasará? Espero sigan acompañandome y disfrutando de esta historia conmigo. Y tranquilas, que sé que no ha habido mucho Seiya & Usagi, lo habrá en algún momento, y de alguna manera son como parte vital para el movimiento de la historia, pero no creo que sea abundante como lo será el Rei & Yaten.

Como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Demencia, Shadow of Mars y Lexie.

Gracias infinitas por leer.

Welcome to my imagination.

.

¿Comentarios? ¿Reviews?

¿Animos para esta escritora de oficio?

.

*::Sol::*