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.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


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Recording 009

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—¿Puedes dejar de moverte?

La paciencia de Minako era un pozo hondo y difícil de llenar, además de que su ánimo, la mayoría del tiempo juguetón y desenfadado, hacía poco probable el tornarla irritada o siquiera enfadada.

Hino había conseguido llenarle el pozo.

—Si sigues moviéndote no podré terminar la estúpida trenza francesa.

Reiko apretó los labios y devolvió su mirada al frente. Tener a Lita haciéndole preguntas desde el diván cerca de la ventana no ayudaba en mucho a quedarse inmóvil. ¿Por qué Mina no la regañaba a ella? Bien podía la castaña moverse a la silla del escritorio cerca del tocador en donde la Aino arreglaba los hilos de su cabello en una sencilla, fina y larga trenza al estilo francés.

—¿Vendrá el honorable teniente por ti o mandará a alguien a buscarte? –prosiguió la Kino con el cuestionario, escudriñando en el alhajero antiguo que Reiko hubo desempolvado de entre las pertenencias de su madre, ayudándole a escoger las sortijas, el collar y los pendientes que debía usar esa noche.

—Pasará por mí a las siete. Es irrisoriamente puntual.

—Si tu intención es apresurarme con eso, lamento decirte que no funcionará si sigues retorciéndote como una lombriz. –anotó la rubia al desenfadado comentario de Hino.

—No me retuerzo como una lombriz.

—Bueno, entonces como una víbora. ¿Te gusta más? –asestó ácida y Rei no pudo sino mirarla por el espejo y alzar las cejas con asombro.

Definitivamente una Mina irritada no era una Mina agradable.

—Y Lita, ¿podrías por favor dejar de distraerla y traer esas joyas aquí?

La castaña quiso reír por lo gracioso que era escuchar a su rubia amiga dar órdenes como toda una amargada, ese en su opinión, era siempre el papel de Rei. Pero eligió callarse y tomar las alhajas que había escogido para la heredera Hino, que en un par de horas haría su "debut" en la escena diplomática japonesa. Supieron que ese acontecimiento que ya anteriormente temieran, era ineludible ante la súbita invitación del senador Hino a su hija por acompañarlo a tan delicado evento.

—Listo, he hecho un trabajo estupendo. –se vanaglorió Minako poniendo las manos en la cintura mientras se paseaba de un lado a otro observando con atención su obra en la larga cabellera de la sacerdotisa.

Sonrió satisfecha.

—Quedó hermosa. –juzgó Lita, mirando la sencillez y elegancia del peinado.

—Lo sé, soy genial. –presumió la actriz con una altanería, que sólo consiguió hacer sonreír a las otras dos mujeres en la habitación.

—Gracias, Mina. Mi cabello hubiera sido un desastre si no intervienes. –confesó la Rei, levantándose del banquillo para terminarse de ataviar.

Colocó en sus oídos unos pendientes muy discretos de diamante y una garantilla negra de satén que se adheriría a su cuello de cisne justo como un tatuaje; adornaban las blancas manos, unas delgadas sortijas de oro blanco y un par de brazaletes delgadísimos y discretos como un par de hilos color de plata.

Al mirarse al espejo, Reiko exhaló un hondo suspiro. Nunca terminó de acostumbrarse a toda esa suntuosidad y esplendor, incluso si durante su niñez fue testigo habitual de ese tipo de reuniones, y de cómo su madre lograba conducirse con tal comodidad y libertad, que asemejaba la habilidad innata de un pez en el agua. Creía absolutamente en las palabras de su padre cuando éste le decía que ella "era la prudencia y elegancia andante."

Y Reiko sabía que aquello era algo que no había heredado por naturaleza.

—Ya quita esa cara de amargada, que así sólo conseguirás que tu padre pierda votos en la próxima elección.

—Qué graciosa resultaste. –punzó la pelinegra con pura ironía, calzándose las sandalias altas y sencillas que conjugaban intachablemente con el vestido ceñido a su cuerpo.

El sonido de un claxon interrumpió las risas que Lita y Minako entreveraban en la habitación de Hino, y no hizo falta asomarse por la ventana para adivinar de quién provenía el llamado.

—Les dije que era irrisoriamente puntual.

El reloj en efecto, marcaba las siete en punto.

Les dedicó a sus amigas una última sonrisa luminosa y, con cuidado, se dirigió a la salida del templo donde el coche oscuro del senador Hino le esperaba. Se detuvo en la puerta hasta que Takashi bajó el cristal extrañado porque no subiera al vehículo. Con una juguetona mirada de su hija, entendió lo que pretendía. La miró de arriba abajo, analíticamente.

—Misión cumplida, Reiko. Ahora sube.

Hino sonrió por la aprobación de su atuendo y obedeció. Luego de un saludo afectuoso a su padre, lo escuchó solicitar el camino a la embajada.

El ministerio de relaciones exteriores contaba con un salón espacioso y elegante dedicado a la celebración de cumbres, tratados y obras de beneficencia; mismo que en esta ocasión, albergaría la celebración de un convenio de intercambio cultural entre Noruega y Japón. Tal evento no era cosa menor dado que incluía la participación de numerosas personalidades sobresalientes en el ámbito cultural, desde las artes escénicas hasta las artes literarias, la fotografía, la música, las muestras tradicionales y estudios históricos; en las artes plásticas. En fin, se trataba de un intercambio cultural completo e integral que buscaba enriquecer a ambas naciones.

Y fue en este contexto, que dentro del campo musical contemporáneo, Three Lights recibió la invitación para asistir a la gala dispuesta para esa noche. Taniyama se los hizo saber una tarde de la semana anterior en que, terminando de ajustar los últimos detalles de "La canción anónima" como Seiya la llamaba por no tener aún un nombre, el CEO aprovechara la invitación de Rei a dar un vistazo a los avances del álbum, para informarles de la otra invitación por parte del Ministerio.

—¿Y como por qué nos invitan? Que yo sepa no tenemos nada que ver con la política. –azuzó Yaten, encontrando incoherente la propuesta.

—No directamente –esbozó Kai sonriente como era su hábito-. Pero forma parte de la estrategia publicitaria y diplomática que se ha delineado para su regreso a los escenarios, y si nuestra ambición es impulsarlos al medio internacional, esta es una nada despreciable oportunidad para hacerlo. Creo que comprenden muy bien el por qué.

Yaten había suspirado y asentido teniendo respuesta clara a su pregunta.

—Tal como lo expones, Taniyama-san, supongo que formaremos parte del programa cultural; supongo también, que como nuestra productora, la señorita Hino acudirá con nosotros al evento.

—Por supuesto que irá –intervino Seiya ante lo absurda que sonaba la suposición de su hermano mayor-. Es la productora del grupo, ¿verdad Hino-chan?

Los violáceos ojos de la sacerdotisa centellearon con un deje de diversión. Le regocijaba el modo en que esos muchachos pensaban en ella, tomándola en cuenta en toda actividad de Three Lights;, y conjeturó que ello obedecía a una idea de colectiva pertenencia. Le solazaba también, el hecho de que efectivamente acudiría al importante evento organizado por la embajada, pero no como la productora de Three Lights, sino como la heredera Hino, la hija del honorable Senador de la Asamblea de Representantes. Ellos por supuesto, no debían ni tendrían por qué saberlo, al menos no si podía evitarlo. Esa identidad no era en su opinión algo de lo que vanagloriarse o algo por lo que precisamente debiera ser conocida.

Taniyama Kai sonrió en un enigma, la aseveración del menor de sus estrellas le pareció ingenuamente adorable. Por supuesto, él conocía el secreto de la joven compositora, ella misma se lo había confirmado antes de signar formalmente el contrato. Su apellido tan poco común, no fue un detalle que pudo dejar pasar desapercibido.

Sabía perfectamente que Hino no asistiría al Ministerio. Al menos con sus muchachos.

—Siento contradecirte, pero me parece que no podré ir con ustedes. Tengo un compromiso importante ese mismo día y me temo que es imposible cancelarlo. Sorry, quizá en otra ocasión. Lo harán bien sin mí.

Taiki y Yaten arrugaron el ceño por su inesperada negativa. No esperaron que rehusara a una ceremonia de esa magnitud. Estarían presentes destacados personajes de todos los medios, lo que constituía el escenario perfecto para establecer buenas relaciones y darse a conocer. Les sorprendió la facilidad y la serenidad con la que llanamente dijo "No" a una oportunidad única como esa.

Seiya pensaba similar que sus hermanos, aunque su desconcierto se debía más a una cuestión de índole afectiva, que era la de querer compartir tiempo con Rei fuera del estudio como algo más que colegas, la de convivir como amigos. La expresión en su rostro lució decepcionada.

—No puedes faltar, Rei-chan. Tienes que ir con nosotros, eres nuestro faro de Alejandría, el pilar del equipo –exageró el pelinegro en una tentativa por disuadirla-. Sólo cambia tu cita y ya.

Su solución le causó gracia.

—Me es imposible, Seiya. Si no quieres que mi padre me desherede por cancelarle una reunión, es mejor que no me insistas.

—¡Pero el abuelo nos conoce! Si argumentas que vas con nosotros no creo que se niegue. –objetó confiado, encogiéndose infantilmente de hombros.

—No mi abuelo, mi padre. Mi padre biológico –aclaró la sacerdotisa sin dejar lugar a ninguna duda-. Y no es lindo cuando se enfada.

Fue curioso que ninguno de los tres muchachos reparara en el significado de la palabra padre cuando Hino la pronunció, pues al igual que Seiya, Yaten y Taiki asociaron en su mente al viejo sacerdote encargado del templo. Ni siquiera estaban enterados del deceso de su abuelo después de la batalla con Galaxia. El escuchar la palabra padre con todo su contenido les punzó un deje de interés e intriga.

¿Quién sería ese personaje del que ignoraban su existencia? Y no es que precisamente tuvieran que saber, de la misma forma que no sabían si Lita o Mina contaban con familia aparte de sus amigas scouts; sin embargo, quizá al conocer a uno de los parientes de la princesa de marte, dieron por sentado que conocían a toda su familia.

Error.

¿Cómo sería ese señor Hino? ¿Algún sacerdote o ermitaño dedicado a las meditaciones del espíritu? ¿Se parecería Hino a él? ¿Tendría acaso un mal carácter como el de su hija? Probablemente si el afecto que su joven productora les inspiraba a fuerza de convivencia no existiera, aquellas preguntas ni siquiera les hubieran cruzado por la mente.

En consecuencia, ninguno de los tres osó en replicar sus argumentos, resignándose al hecho de que la joven compositora no iría con ellos al Ministerio. Por eso, cuando Reiko notó el nombre de Three Lights en la lista de invitados a la recepción, no se extrañó y, con mayor nitidez, la idea de que algún momento tendría que toparse con ellos se hizo presente.

—Señor Senador.

El esplendor y la cortesía que flotaba en el aura como un invisible manto de gala, avivaron a Rei a la vez que la fueron sumergiendo en ese halo de elegancia y ceremonia que se respiraba, tan lejano como su infancia misma.

—Le esperábamos, Senador Hino. Por aquí, por favor.

Las voces tan sutiles y armoniosas se dispersaban y tejían como un murmullo de mar, moduladas dulcemente, como un canto coral totalmente concertado. El salón se hallaba colmado de figuras que iban y venían con distinción en el paso, que se aglomeraban unas a otras en pequeños grupos, trazando delicados ademanes con las manos, con sus hombros erguidos, con los movimientos suaves y graciosos de sus cabezas. A pesar de la inquietud que este ambiente siempre le provocó, no podía negar la seducción que al mismo tiempo ejercía en ella. Era como entrar a un mundo diferente y perfecto, elevado y lleno de valiosos misterios. Posiblemente aquel fuere el dual dilema de su vocación.

—Dr. Haraldsen, un gusto volver a encontrarle en tan feliz ocasión.

La barítona voz de Takashi Hino se tornó aterciopelada y afectuosa, en una modulación que su hija conocía muy bien, pues era la característica entonación de la hacía uso en sus intervenciones en la Asamblea, ante la Prensa y en el establecimiento de sus relaciones públicas. Rei entendió que era hora de meterse en el papel que le correspondía y, al igual que fue capaz de arriesgarse a tomar el camino musical, podía hacerlo en el político. Su suerte no estaba echada todavía.

La música a cargo de un vasto conjunto clásico, interpretaba ensambles musicales llenos de matices nórdicos como asiáticos en una representación inmaterial de la fusión entre dos culturas. La reencarnación de Marte se adornó de encantadoras y serenas sonrisas, regalándolas a cuanto personaje salió al paso del honorable Senador Hino, presidente de la Comisión de Cultura.

—¿Y quién es esta adorable señorita, que le acompaña? –escuchó preguntar en un limpio inglés al Embajador Noruego, Alexis Lassen, que como intermediario vital para impulsar el convenio junto al Senador Hino, hallábase charlando con él en un sitio del alfombrado salón. A ellos se unieron dos parejas más, el rector de la Universidad de Tokio y el Ministro de Cultura junto a sus respectivas esposas.

—Ella es Reiko Hino, mi única hija.

La pelinegra les tendió la mano la mano con una sonrisa.

—Un placer conocerles.

—Es encantadora, se parece tanto a Risa. –aludió la mujer del rector, cuyo comentario logró interesarle, tal parecía que aquella dama solía conocer a su madre. Rei no logró recordarla.

—Es casi idéntica. –agregó Takashi, enfrascándose en un par de anécdotas superficiales antes de que la hora del discurso de apertura diera inicio con la participación de los involucrados.

Reiko, desprendida del brazo de su padre, tomó lugar en la mesa de invitados. Sin querer, logró atisbar al CEO de Lantis juntos a sus estrellas, justo al otro lado del salón. Sonrió al divisar el gesto aburrido de Seiya, que por su carácter enérgico e hiperactivo, se removía en su asiento; Taiki por supuesto le llamaba la atención con sutileza dándole uno que otro leve codazo mientras con interés atendía las palabras del Embajador. Yaten también lucía aburrido, pero al contrario de Seiya, lo demostraba pintando en el rostro el gesto más serio e indiferente que poseía en su repertorio. Aquella imagen la divirtió en demasía.

Una ovación se hizo escuchar al término de la apertura, y Rei se vio una vez más acompañada de su padre, con quien intercambio un par de ingeniosas impresiones sobre la presentación del convenio y las voces de todas las industrias que intervinieron en ella.

—Tu CEO Taniyama lo hizo bastante bien. –apuntó Takashi con un secreto encerrado en su afable sonrisa.

—¿Lo sabías? –preguntó al comprender sus palabras.

—Cariño, eres ingenua si crees que no sigo tus pasos.

—Quiero creer que no me espías.

—Y no lo hago, pero procuro mantenerme lo suficientemente informado en lo referente a ti.

Reiko sonrió y siguió andando a su lado hasta que fueron abordados nuevamente por el Ministro de Cultura, que en lugar de hacerse acompañar de su señora esposa, venía a su encuentro otros con cuatro caballeros. La sonrisa mística del Senador se ensanchó.

—Veo que por fin tengo el honor de conocerlo. –dijo a uno de ellos, recibiéndole con agrado. El Ministro en su labor de estrechar las relaciones entre los participantes del programa de intercambio, había venido a presentar a uno de los destacados de la industria musical japonesa.

—El honor es mío, Senador Hino. Agradezco el que nos tomaran en cuenta para tan importante convenio.

Taniyama Kai estrechó la mano del político, y de inmediato sus ojos grises se posaron cómplices en la fémina que con seguridad se aferraba a su brazo. Ella le dedicó una mirada resplandeciente.

—Estos son mis muchachos, Taiki, Seiya y Yaten Kou. Confío en que aprenderán mucho con esta singular experiencia. –continuó el CEO de Lantis.

—Encantado –declaró el Senador, estrechando la mano de los tres jóvenes que adornaban sus rostros con un tinte de seriedad y desconcierto que le causó gracia-. Es un placer contar con el apoyo de jóvenes tan prometedores.

Rei quiso reír por el sonrojo levísimo que apareció en la faz de los chicos. Sin embargo, el desconcierto y turbación de la agrupación de idols respondía más a la sorpresa que se llevaron al descubrir a la mujer que se ceñía al brazo de aquel hombre, que a la de conocer a tan importante personalidad nacional.

—Esta señorita es la hija del Senador Hino –intervino el Ministro, ocupándose de establecer los lazos-. No dudo que algún día seguirá los pasos de su padre.

—Es un placer, mi nombre es Reiko Hino. –se presentó con una leve inclinación reverencial, antigua práctica de la corte japonesa. Sus labios se alargaron en una discreta pero fascinante sonrisa, y sus ojos felinos se iluminaron con una sutil gentileza.

Los tres parpadearon confundidos, no obstante dentro su mismo aturdimiento, mantuvieron la compostura y no resolvieron otra cosa que asentir de vuelta. ¿No podía ser ella o sí? ¿Era ella la misma Rei Hino que desafiante y altiva llevaba a cuestas el ambicioso proyecto de producirlos? ¿La misma Rei Hino que con desenfado y brío iba por la vida dedicando su tiempo a la música? Por un momento lo dudaron y hasta llegaron a concluir que quizá era alguien en extremo parecido a ella. Desecharon la idea cuando Taniyama les confirmó su identidad una vez que el Senador y su hija se retiraron al llamado del Embajador Noruego.

Todo tuvo sentido entonces para Seiya, que encontró la razón por la que su Rei-chan excusara otro importante compromiso que le hacía imposible asistir con ellos. Viéndolo con humor, hasta le parecía algo gracioso. Taiki también se halló impresionado –aunque en menor grado- por tal descubrimiento, sabía que el apellido Hino se le hacía sumamente familiar, y probablemente fuera por las alusiones del Senador en la sección de política de los diarios; sin embargo, jamás se le ocurrió asociarlo con la sacerdotisa. Y vaya que era una gran sorpresa.

Yaten por su parte, no asimilaba muy bien la insospechada revelación y su cabeza se llenó de preguntas idiotas –en su opinión-, sobre el pasado y la verdadera identidad de esa mujer que con fino trato se desenvolvía entre esas gentes que la rodeaban junto a su padre. ¿Por qué no lo mencionó antes? ¿Por qué se conducía con una sencillez y abandono que no le eran inherentes? ¿Por qué se escondía tras esa careta de doncella sacerdotal en un templo confinado en Hikawa? ¿Por qué se inmiscuía en una vida y un papel que no le correspondían, si su misión y lugar en la vida se hallaban ya delineadas? ¿Qué demonios era lo que hacía con ellos?

¿Por qué les había mentido?

Quizá exagerara al formular lo último, no obstante el hecho de ocultar tan oneroso detalle para él contaba como mentir.

"Se puede mentir por omisión", se convenció dejando a sus ojos esmeraldas alcanzarla con la mirada y detallarla minuciosamente de pies a cabeza. Estaba preciosa. Y estuvo seguro de que los tres coincidían en ello.

El vestido negro que se amoldaba perfectamente a sus formas, resaltando su esbelta figura, era un diseño de Elie Saab a base de punto de encaje; las oscuras transparencias forjaban un armonioso contraste con su nívea piel, ensombreciéndose intensamente en las áreas del corsé y los bordes, pero desvaneciéndose en los hombros y el escote así como en la caída, dejando ver temerariamente el tenue trazo de sus largas piernas a través de la sedosa y lustrosa malla de la tela. Una delgada cintilla se ajustaba en su cintura acentuando su silueta de sirena, y la sencillez en el peinado lejos de pasar desapercibido, le daba el aura elegante y aristocrática digna de la nobleza.

A Yaten le pareció que era la primera vez que la conocía.

Observó cómo ceremoniosamente, el senador Takashi Hino cedía la mano de su hija al embajador noruego que con gala y delicadeza la tomó como si de una pieza frágil e invaluable se tratase. Reiko le regaló una cálida sonrisa y avanzó en su compañía al centro de la pista. El cónsul hizo un breve asentimiento y la orquesta comenzó a tocar los acordes de un viejo vals ruso a petición de la personalidad nórdica.

Violines acompasaban los ligeros pasos de la heredera Hino siendo llevada como una pluma por la gallardía y precisión del hombre de rubios cabellos y ojos tan azules como el mismo cielo. La gitana guitarra, el acordeón aletargado, las percusiones latiendo en una armonía perfecta; la doncella de Hikawa no pudo evitar ser presa de las sensaciones que la melodía iba provocándole en las venas: millares de chispas, un escalofrío placentero que la recorrían de pies a cabeza, la des-consciencia de sí misma... Una sensación ya tan conocida para ella, la sensación que siempre le daba la apreciación de la música.

Se dejaba llevar por los compases que se mezclaban con los vagos recuerdos de sus viejas clases con la Srita. Alexandrovna, la afición que su madre tenía por el waltz, y las muestras culturales de la escuela para señoritas "Private Girls T.A". Sus brazos respondían a los sonidos a la clásica usanza rusa, enlazándose con los de Alexis Lassen para crear figuras dancísticas merecedoras de los antiguos bailes de San Petersburgo en tiempos de los Zares. Y a pesar de que no era la única pareja deslizándose en la pista, los movimientos precisos y experimentados que tejían hacían parecer que habían ensayado y memorizado cabalmente la pieza.

Desde su lugar acompañado del Rector y el Ministro, Takashi Hino vislumbraba con orgullo las proezas de su hija que desde pequeña, había sido educada y adiestrada en las artes y habilidades necesarias para la socialización en las altas esferas. Esta sólo era una mínima muestra de lo que Reiko podía hacer.

Por su lado, los ojos verdes de Yaten la observaron con fingido disimulo dar giros y giros que la caída de su negro vestido asemejaba el vuelo de una mariposa. Se le hizo estar viendo a alguien distinta a la Rei Hino que conocía, a la productora, a la creativa, la de Three Lights. Esta que iba y venía por la pista danzando graciosamente era otra, como un alter ego que destilaba elegancia con sus movimientos, con las palabras y discretas sonrisas que dedicaba a su compañero. Su mirada siempre vivaz y llena de desafío, brillaba ahora con un tinte de dulzura y calidez.

Y Yaten por más que quiso eludirlo, no pudo ser capaz de no mirarla en toda la noche.

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¡Hey! (^o^)/

La la la, descubrimientos, descubrimientos everywhere... xD

Yo no sé ustedes, pero a mí me encanta esa parte original del manga en que el padre de Rei es en verdad un político influyente, ella una niña rica que no quiere serlo, pero que al mismo tiempo es parte de una familia que posee esa tradición. Adoro la relación padre-hija, ahora no tan arisca como en otro de mis fics, sino una relación más sana y sensata. El hecho de que Three Lights descubran esta parte de ella se me hace maravilloso, porque es saber que las personas no son todo lo que aparentan, que detrás de cada uno hay historias, un pasado y toda una vida de la que no estan al tanto. Obviamente que para nuestros propósitos, nos sirve para saber Yaten comienza a interesarse por ella, a sentirse curioso por ella y de alguna forma ya latente, a sentirse atraído por el aura que desprende. Interesante... xD

Mina... bueno, es la que nos dá la diversión en cada una de sus aparicionesm junto a Lita y sus adorabilidad.

Como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Demencia y Lexie. Shadow of Mars, where are you? ;A;

Gracias infinitas por leer.

Welcome to my imagination.

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*::Sol::*