Había llegado el momento de vengarse. Tal como Sebastián prometió llevo a Ciel a la cárcel donde se encontraba el Doctor Grey, aún tenía la cicatriz en su rostro que él mismo le dejo casi un año atrás. Ciel pago una buena suma de dinero a los vigilantes para que les dejaran a solas. Y entonces dio la orden a Sebastián. Disfruto de cada grito que emitió ese cerdo, chillaba y se retorcía del dolor, su sangre y entrañas terminaron llenando su minúscula celda. Ciel observo todo sin alterarse. Sebastián termino tirando sus guantes, antes blancos, a la basura debido a que se llenaron de sangre.
En la lista de Ciel estaban los asesinos de sus padres, no fue difícil encontrarles. Sebastián se había ocupado de todo (Ciel seguía sin saber cómo lo había hecho). Francés Midford era la culpable de todo. Resentida porque su hermano heredo todo y a ella, por ser mujer, no le quedo nada por muy Phantomhive que fuese. Había contratado a asesinos a sueldo para que acabaran con Vincent y Rachel, y el personal de la mansión. Tanaka fue el único que logró salvarse. Pero jamás encontró a Ciel, quién por un momento se alegró de no haber estado en casa, y todo para quedarse con la fortuna y tierras que le correspondían por nacimiento. En vez de matarla, era su familia después de todo, la internó en Bethlem y consiguió que la tomaran por loca. Su primo Edward fue fácil de manipular y le convenció de que su madre había perdido la cabeza, él avergonzado y perdido acudía a Ciel por ayuda la cual él se cobraba más tarde.
Sebastián observaba emocionado como Ciel se convertía en alguien inteligente, calculador, malvado y de mente fría. Aunque por las noches fuera un amante dedicado y lujurioso.
-Has obtenido tu venganza… -Dijo Sebastián la noche en que todo quedo resuelto. Ciel, tumbado a su lado en su gran cama le mira aún sonrojado y con la respiración entrecortada por el ejercicio que acaban de hacer- …ahora obtendré mi pago.
