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.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


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Recording 011

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Diciembre había llegado con sus luces multicolores y su aroma a melancolía. Un gélido y sutil vientecillo corría por la ciudad a todas horas como sello inconfundible de su paso cada año, acariciando las mejillas de los transeúntes y provocándoles repentinos escalofríos; también alguno que otro estornudo. Claro, que eso no constituía para Rei ningún inconveniente, ella adoraba el invierno. Era la época en que la creatividad parecía agitarse y desbordarse en su cabeza. También para beber y beber chocolate caliente.

—¿Así que produces a Three Lights? Interesante. Jamás lo habría imaginado.

Hino entretenida en darle un pellizco al hojaldre de maple que se le ofrecía en el plato, alzó los ojos.

Pese a que durante la temporada navideña las clases eran regularmente suspendidas en pos de las celebraciones, Rei y Etou continuaron frecuentándose durante las vacaciones. Quedaban para desayunar, para comer o para cenar; y en ocasiones, la sacerdotisa cometía la travesura de escaparse de la agencia durante algún break en las grabaciones de Three Lights. Justo como en ese momento. En un segundo se halló conversando con Seiya acerca de lo que pedirían para comer, y al siguiente se había escabullido al Starbucks ubicado a dos calles de Lantis.

—¿Te sorprende? ¿No me crees capaz? –le retó, llevándose los dedos endulzados a los labios.

—No es eso, al contrario, siempre me has parecido alguien muy capaz. Me refiero más bien a que no es muy común que una casi-pasante de Relaciones Internacionales resulte ser la anónima productora de una de las bandas musicales del momento. ¿Música y Geopolítica? No es una combinación que se lleve precisamente de la mano.

Kiriya bebió un sorbo del chocolate caliente que habían pedido en lugar del cotidiano café que impregnaba sus conversaciones, mientras contemplaba a Hino enarcar una de sus delineadas cejas.

—Tú no eres precisamente la persona que debería decir eso. Así cómo yo soy una productora anónima, eres un violinista anónimo. Creo que hay un factor denominador, ¿no te parece?

Kiriya se soltó a reír por la irónica verdad y Rei se contagió de su risa. Era tan natural el desenvolvimiento que se daba entre ellos. Cada encuentro era toda una novedad, la comodidad se instalaba como un habitual compañero y, la mayoría de las veces -si alguno de los dos no tenía algún pendiente- terminaban charlando por horas hasta que llegaba el momento en que Rei marchara a su agencia o Etou a alguna de sus clases o seminarios.

Hino no quiso admitirlo en un inicio, pero poco a poco su persona fue dejándose envolver por la cálida aura del joven pelirrojo, por ese misterio que centelleaba en sus ojos, por la sabiduría que encerraban sus labios en cada una de sus intervenciones, por la frescura con que tomaba el pasar de la vida, por esa libertad con que perseguía sus sueños.

Quizá fuere más por esto último.

El saber que no era la única que se veía inmersa en una encrucijada que le demandaba andar por dos caminos que bien mirado podrían considerarse como opuestos. ¿Cómo satisfacer los deseos de su padre –y los suyos en menor medida- de dedicarse a una actividad tan compleja y exquisita como lo era la política, y al mismo tiempo dejarse atrapar por la marea adictiva de la creación musical? En su cabeza no encontraba una comunión entre ambas… o por lo menos no lo había hecho hasta que lo conoció a él.

Etou disfrutaba de los encantos de la música, hallando la total satisfacción en su creación y ejecución, aún si no era profesionalmente, aún si no contaba con un título que lo acreditara, aún si no formaba parte de una Filarmónica, aún si no encontraba ninguna certeza en ello. Kiriya simplemente se regocijaba en tocar, en fusionarse con la música, en crear y recrear sus ideas musicales sin limitaciones de ningún tipo, sólo dejándose llevar en el éxtasis del momento, inyectándose ese placer que encontraba en tocar su violín. Y no obstante también, en sus ratos de lucidez, en los trozos de realidad, encontraba las certezas y las respuestas en la tarea académica, en las ciencias sociales. Y no era que no lo disfrutara, Rei se maravillaba precisamente de ello, era esa la enseñanza que de él anhelaba aprender. Él lograba conjugar eso que ella no podía.

Los sueños y la realidad.

—¿Y qué harás en nochebuena? No creo que trabajar. –desvió el tema con una sonrisa, cediéndole tácitamente la victoria a sus palabras.

—Pues crees mal, seguiremos con las grabaciones del álbum y revisaremos los conceptos visuales. No puedo demorarme ni un día, voy contra reloj. El comeback está fechado para marzo y no completamos ni la mitad.

Workholic.

—No soy una Workholic. –protestó Reiko con la diversión bailando en sus labios. "Con sutil coquetería", diría Minako.

—Dime qué persona en su cabal sensatez decide trabajar el día de Navidad en lugar de visitar a su familia, juntarse con sus amigos, pasearse por las calles infestadas de adornos, o comer hasta vomitar.

Rei no oculto una sonrisa que iluminó sus labios. Ahora era él quien conseguía la victoria.

—¿Y qué sugieres? Mi padre se encuentra en Noruega por lo del Convenio Cultural y dudo mucho que alcance a regresar a tiempo.

—¿Y tus amigas? Lita y Mina de las que siempre me cuentas, ¿ellas ya tienen planes?

Hasta entonces, Hino reparó en ellas. Nunca habían pasado una Navidad juntas como tal, es decir, sí, se encontraban para obsequiarse regalos, abrazos y lagrimeos, pero no vivían juntas como ahora. Durante años pasados, Rei solía celebrar en compañía de su abuelo y a veces de su padre, sin embargo, dado el cambio de panorama, esta vez sería distinto. Ninguna de las tres había abordado el tema, o tal vez sí pero ella no lo sabía porque ultimadamente Rei prácticamente vivía en Lantis y poco permanecía en casa, incluso Minako un día de la semana pasada le soltó algo como: "Esto no es un Hotel, ¿lo oyes?" Reiko naturalmente lo tomó con el humor que la Aino provocaba con sus ocurrencias.

El gesto contrariado que su 'crush' instaló en su pálida y hermosa cara, le dijo a Etou que la idea no le había cruzado por la mente. El constante revoloteo de sus negras pestañas le delataba.

—Deberías tomarlas en cuenta, tal vez quieran una celebración tradicional en casa, o quizá si se animan a salir a algún lugar, el "Mint Leaf" tendrá un menú nada desdeñable y podrán oírme tocar un especial de Christmas Carols.

—¿Trabajaras en Navidad?

La incredulidad se plasmó escandalizada en el rostro de la sacerdotisa, que no daba crédito a la calidad moral del hombre frente a ella para reñirle en ese mismo asunto. Le notó alargar una sonrisa que le pareció seductora.

—Yo no diría que es trabajar, es más bien...

—Workholic. –acuso en contrapartida.

—No soy un...

—Ven con nosotras.

¿De dónde salió aquella frase? Reiko no lo supo con seguridad, su lengua en un inesperado acto de independencia escupió la invitación de la que después se arrepentiría y no por su presencia, pues para complacencia del violinista la inclinación de la guerrera de Marte hacia él era cada vez más evidente, sino por la prueba de paciencia que le impuso – y se autoimpuso- al presentarlo a Lita y Minako.

Por supuesto Etou aceptó encantado, y los nervios que ese hecho le suscitó a Hino, si no precisamente se desvanecieron, si fueron opacados por las diversas ocupaciones y actividades que el trabajo de producción le demandaron durante casi todo el mes.

—¿Ya tienes algo pensado para tu solo? –quiso saber Reiko aquella mañana fría que fue la de Navidad.

No fue broma eso que hablara con Kiriya, realmente tenía en su agenda la meta autoimpuesta de terminar ese día los arreglos de Forbidden Love, el cuarto track del álbum.

Taiki dejó de mirar la pantalla de la MAC en que observaba con atención el trabajo de su productora, y en su lugar posó sus ojos en el perfil distinguido de la pelinegra que inmutable, continuaba repasando con la luz violácea de su mirada las líneas serpenteadas en colores que matizaban las tonalidades de cada nota en la melodía.

—No en específico –respondió-, pero quiero algo diferente a Three Lights. Y cuando digo Three Lights me refiero a como un grupo. Quiero algo mío, algo que suene elegante. Se me ocurre algo a base de violines.

La chispa de excitación que tildó en sus palabras consiguió que Hino se volviera para dedicarle toda su atención. Una sonrisa de satisfacción que no logró dibujarse por completo, surcó los labios abrillantados en rose pale.

—Suena tentador, Taiki. Y ciertamente que sería muy original para tu solo –elogió cómoda de saber que el mayor de los Kou era una de las pocas personas que se acercaban bastante a su grado de comprensión musical, y con la que el intercambio de ideas resultaba deliciosamente enriquecedor-. Podemos probar con varios ensambles de violines, me parece que en mi portafolio tengo bases de intérpretes bastante diestros.

—Preferiría una ejecución de mi autoría.

Hino lo miró asombrada.

—¿Sabes tocar el violín?

—De hecho sé tocar varios instrumentos –se vanaglorió el idol-. Me sorprende que siendo nuestra productora no lo sepas. Eso te quita puntos, ¿sabes?

Ante su juguetón apunte, Rei soltó una delicada risa.

—Ahora tienes el pretexto perfecto para despedirme.

—¿A quién vamos a despedir? –preguntó Seiya entrando al estudio fresco como la primavera, aunque afuera los evidentes indicios de una vespertina nevada se estuviesen anunciando. Detrás de él, Yaten cruzó el umbral envuelto en un largo abrigo de diseñador. Ambos se deshicieron de las bufandas que se enredaban en su cuello.

—A mí, si es que encuentras a alguien mejor para lidiar con ustedes –reto Hino para seguirle el juego-. Por cierto, llegan tarde, los cité a las nueve no al nueve para las diez. ¿Ya tienes algo para tu solo?

Wow, wow, wow… Hino-chan, ¿por qué tanta agresividad? Dame un respiro al menos para recuperar la temperatura, está helando allá afuera.

Rei rodó los ojos, sabía de esa táctica que Seiya usaba para persuadirla con su adorabilidad e ingenio.

—¿Te encuentras bien, Yaten? –preguntó al notar al platinado más silencioso y calmado de lo normal, recargado en el sillón de negra piel, echándose hacia atrás mientras cerraba los ojos.

Su voz bastó para que la luz esmeralda asomara entre sus pestañas.

—Sí. –respondió el menor de los Kou antes de volver a cerrar los ojos en busca de descanso.

El tono que le oyó usar, la hizo fruncir el ceño.

—Una ligera gripe. Dice el medico que en un par de día se encontrará como nuevo. –expuso Taiki ante la indisposición grosera de su hermano a explicar nada. Cuando enfermaba, Yaten solía ponerse bastante irritable.

—Oh… supongo entonces que hablaremos luego sobre tu solo –dijo Rei a Yaten, incluso si él no se dignaba a escucharla-. Una gripe no es buena para nadie…

Y al decir aquello, el peliplata creyó apreciar una nota de preocupación que le obligó a abrir los ojos una vez más para mirarle. La encontró dándole la espalda, sentándose ya frente al DAW para retomar los trabajos que por la intrusión de los dos pequeños idols, abandonara.

Apretó los dientes.

No comprendía por qué de un tiempo a la fecha comenzaba a tener aquellas… "alucinaciones" por decirlo de alguna manera, alucinaciones en que se descubría a sí mismo sobre-analizando cada una de sus acciones y palabras, con la intención de hallar en ellas algún indicio de algo que no sabía definir, algún rastro de amabilidad, de preferencia o cortesía para con él. Algún rastro de esa complicidad que por un segundo creyó entrever, se forjaba entre ambos.

No podía decir el por qué la existencia de dicha complicidad cobraba de pronto importancia, si desde que la conociera lo último que deseaba era llegar a congeniar con cualquier de las Scouts, incluyéndola. No acertaba a explicar la transformación de su parecer pero prefería no ocuparse en hacerlo, la sola idea de darle más vueltas al asunto le exasperaba. Y sin embargo, la necesidad de lograr aquel acercamiento permanecía.

Quizá tanta tontera fuera culpa de la gripe.

—Algo caliente te hará bien.

Esta vez al abrir los ojos, Yaten encontró a Rei frente a él, inclinada ligeramente para dejar en la mesita junto a la eterna bola 8, lo que parecía una taza de té caliente. El aroma dulzón a miel y limón entró deliciosamente a su nariz.

La miró.

Sus cabellos sueltos y desordenados se balanceaban caóticamente al vaivén de sus movimientos, enmarcando a su vez el rostro pálido con escaso maquillaje que con un ligero resaltando en sus labios, le ofrecía una media sonrisa. Sus ojazos amatistas, bellamente destacaban por el marco oscuro y espeso de sus pestañas que al mirarle, hacía aletear tenuemente. Hipnóticamente.

Yaten pensó que se veía linda así.

—¡Hino-chan! ¡Se me ocurrió algo para mi solo!

En un segundo, Seiya con su demanda resquebrajó el intervalo en que sus ojos se habían engarzado enigmáticamente con los de ella, como si encontrara o reconociera algo. Asimismo, desvaneció de su garganta lo que pudo ser un "Gracias" enunciado con limpia sinceridad, y un latido desagradable arremetió en el centro de sus entrañas al verse despojado de la atención de las violáceas nébulas de su productora.

"Incomprensible"

La observó incorporarse y alargar la inocente sonrisa que continuaba plasmada en sus labios, para luego desaparecer en pos de esa idea que su hermano promulgaba.

Nunca sintió como en ese momento, que Seiya fuera tan inoportuno.

Por su parte, Hino miraba el reloj de vez en vez, empapándose de realidad para evitar sumergirse inconscientemente en el trabajo. Minako le había advertido que no volvería a dirigirle la palabra si no cumplía su promesa de llegar a casa puntualmente para la celebración de Navidad. Lita por supuesto se encargaría de la cena y Aino de los arreglos, so… "Sólo tienes que traer tu lindo trasero a casa y cumplirás con tu parte del trato", le había dicho la rubia esa misma mañana antes de salir del Templo. Y Mako al no protestar, evidenciaba su total acuerdo con ella.

—Taniyama-san vendrá mañana a escuchar "Forbidden Love" antes de incluirla definitivamente en el álbum. Esta es la versión final, así que si hay cualquier inconformidad o apunte, díganlo ahora o callen para siempre.

Acto seguido, reprodujo la canción.

Entreveradas, las voces de Taiki, Seiya y Yaten se conjugaban armoniosamente en una secuencia de sonidos vivos y provocadores, graves y sedosos que aturdían la mente. La invitación que la guitarra hacía con su riff, era un llamado insurrecto que incitaba y perturbaba los sentidos, llevando al escucha a una especie de sugestión cargada de una connotación arrebatada y pasional que sin duda lograba el cometido de hacer vibrar los huesos. Era una melodía fuerte y consistente, una pieza que a oídos de cualquiera, cumplía en forma con los requerimientos de un lanzamiento promocional.

Rei era consciente de ello y se encontraba orgullosa de poder ser capaz de proponérsela al jefe en cuanto la oyera. Tarareaba y cantaba estrofas que a fuerza de grabaciones se sabía ya de memoria, bailaba al compás que marcaba la música, con sus sediciosas reverberaciones y ensambles, recuperando en ella el poder de la mancuerna 'voz y sonido' para generar emociones.

"Don't leave me this way, darling

You know I love you,

You know I need you,

You know I…"

Era increíble la manera en que las palpitaciones arremetían contra su pecho al escuchar la voz ahogada de los idols transformarse en otra más imperiosa, los tonos impregnados de sumisión y a la vez de arrogancia, el toque breve de ternura que destilaban entre los versos. Definitivamente esa canción sería un éxito irrebatible en las listas.

Y como era de esperarse, no hubo apuntes que sugirieran ediciones a la pieza, por el contrario, la idea de hacer a "Forbidden Love" el primer single del álbum pronto fue compartida por los cuatro. De un momento a otro, se hallaron discutiendo posibles conceptos visuales para su promoción y lanzamiento, y todas las propuestas fueron recopiladas en la carpeta personal de Hino para con la autorización del CEO, ponerlas en marcha con los colaboradores.

—¿Debes irte? No dejas de mirar el reloj.

El apunte de Taiki provocó que Rei respingara y abandonara la panorámica de las manecillas contar el tiempo. Un ligerísimo rubor se instaló en sus mejillas al sentirse pillada en medio de una distracción que ella sentía vergonzosa. Los nervios por la expectativa de volver a ver a Etou y presentarlo a sus amigas afloraban en su sistema.

—No, es sólo que hoy terminaremos temprano. Debo estar en casa a las siete. –excusó quitándole importancia al hecho, no obstante la intensificación del sonrojo en su faz llevaba a aludir cualquier otro motivo.

—Hino-chan, ¿qué haras esta noche de Navidad? No me digas que nos abandonaras por una cita.

El café que bebía en ese momento pareció atorársele en la garganta. Comenzó a toser. Yaten arrugó el ceño con sospecha.

—Claro que no, no es una cita… Es decir, cenaré en casa con Mina y Lita.

Y aquello no era ninguna mentira, o al menos, no una mentira completa.

—¿Ustedes qué harán? –preguntó interesada en desviar el tópico de la bochornosa conversación que no hacía más que ponerla todavía más inquieta.

—Escribir un poco –dijo Taiki estirando sus brazos-, hace bastante que no lo hago.

—Dormir. –fue la escueta respuesta del platinado, que como si lo supiera todo, le dedicaba la mirada más censuradora del universo. Obviamente, él no tenía idea de nada pero en su sugestión, Rei evitó cruzar los ojos con los verdes de él.

—Yo… no te lo diré, es un secreto. –dijo Seiya como con un enigma encerrado en sus labios. Sonriendo con diversión, le soltó a Hino un guiño imperceptible. Y ella entendió lo que significaba.

"La verá esta noche", descifró experimentando el enternecimiento que le causaba tal amor que profesaba a su amiga. No pudo reprimir que su cerebro pensara en Darien. ¿Dónde estaría él? ¿No se daba acaso de esos encuentros? ¿Siquiera le importaba?

—Ok, contamos con un par de horas más. ¿Qué te parece si me muestras algo de tu técnica con el violín? Veamos lo que puedes hacer.

Taiki alzo una de sus cejas, aceptando el desafío que arrogante bailaba en su voz. Dejaron a Yaten y a Seiya en el estudio, que indispuestos para acompañarlos, prefirieron el primero dormir y el segundo sumergirse en su teléfono.

Bajaron al salón de prácticas y allí, el mayor de los Kou interpretó un par de piezas de mediano calibre. Violin Sonata N.1 in G major, Op.78 de Brahms & Violin Concerto N.3 in G major, K.216 de Mozart.

Rei aceptó con agrado y complacencia, que Taiki poseía un agraciado talento en el violín. Su técnica era limpia y precisa. Disciplinada. No pudo evitar sonreír recordando a Kiriya y su ocurrente presentación en el "Mint Leaf", ahora cualquier pieza de violín le hacía evocar el carisma de su original interpretación e ingenio musical.

Tuvo una alocada idea.

—Tienes que venir conmigo a un lugar. –planteó al término de su precioso mini concierto. Se le ocurrió que tal vez mirar el show de Etou le ayudara a alentar las ideas para su solo, inyectándole ideas, energía y actitud. Creatividad.

Taiki se intrigó pero no dijo nada, sólo cedió. Quedaron que se verían en el "Mint Leaf" a los tres días después de Navidad.

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¡Hey! (^o^)/

Yo digo que alguien ya se encandiló xD

Seiya, I love you! Taiki you're so Hot! Yaten you're... sweet! xD

Se nos enfermó y nuestra Rei nos lo consiente con un tecito, lo que provocó que a nuestro idol favorito se le fueran las cabras xD Awww, ¿mi nena estará enamorada de Etou? ¿O solo estará deslumbrada? ¿Le darán Mako y Mina el visto bueno?

Me encantaría saber lo que piensan de todo ello, seré feliz si se dan el tiempo de compartirlo conmigo :)

En fin, como siempre les quedo enormemente agradecida por sus lecturas, y el honor invaluable de su atención, en especial a: Nickrivers, Mademoisellerousseau, LiritYazmin & Anny Mizuno que se aventaron tremenda maratón con todos los capítulos. Se merecen un altar, chicas mías *3* Claro, tambien a camilalezcano10, rogue85, Demencia y Lexie. Mucho amor para ustedes *-*

Shadow of Mars, where are you? ;A;

Gracias infinitas por leer.

Ps. ¿A alguien se le antoja escuchar "Forbidden Love"? Porque a mí si ._.

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*::Sol::*