Otro contrato que tuvieron fue el más vergonzoso para Ciel y que a día de hoy no se atreve a mencionar. Una señora que atravesaba la menopausia se dio cuenta de que su juventud y hermosura habían desaparecido, los hombres ya no se sentían atraídos por ella y su fortuna no la hacía feliz. Jamás tuvo hijos por lo que se sentía aún más solitaria. Hizo un contrato con Ciel y dijo que quería disfrutar un poco más de su vida. Montaban fiestas, orgías, a veces raptaba a muchachas jóvenes y las desfiguraba, desmembraba y/o las dejaba marcadas de alguna forma que ya no fueran tan hermosas… Eso la hacía sentir un poco mejor. Pero un día pidió otra cosa.
-Sé mi hija –Pidió la mujer a Ciel. Ciel se negó ya que él es un hombre. Pero de alguna forma, con una sola mirada, Sebastián y esa mujer parecieron tener un plan. Sebastián agarro a Ciel mientras ella le quitaba su ropa y le ponía un pomposo vestido rosado. Ciel se retorcía y resistía pero al final tuvo que cumplir ya que la mujer añadió a su pedido- es una orden –y no podía negarse.-
Ciel pasó semanas vistiendo ropa de chica, vestidos de todo tipo y color, comportándose como una señorita. Y lo peor, descubrió un horrible fetiche de Sebastián quién disfrutaba de todo aquello. A su novio le encantaba desvestirla, quitarle lentamente esos corsés –y aún más le encantaba ponérselos muy apretados y escucharlo gemir- y tener sexo con él teniendo ropa interior femenina.
Ciel pasó las semanas más vergonzosas de su vida demoníaca y luego de comer el alma de la señora prohibió a Sebastián sacar a la luz y/o hablar de ese contrato.
