.::. She kills my EGO .::.
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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi y Yuki Kure, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.
Recording 015
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Yaten no pudo conciliar el sueño. La imagen de Rei siendo besada por aquel sujeto, iba y venía por su cabeza causándole una especie de nauseas. ¿Por qué demonios ella no lo había rechazado? ¿Por qué no lo empujó, lo abofeteó o hizo algo por evitarlo? ¿Por qué ella había cerrado sus ojos y...?
¡Rayos!
Pensar en la respuesta le irritaba. Y le irritaba porque era clara y contundente: ella estuvo de acuerdo con el gesto, ella también había deseado aquel beso. A ella le gustaba aquel tipo.
Yaten tragó duro.
Y a él, le gustaba Rei Hino.
—¿Qué diablos me hiciste? –rabió incorporándose sobre la cama, enterrándose los dedos en las hebras plateadas que se esparcían sobre sus hombros. Sentía que el aire le era insuficiente, y una ansiedad desconocida se apoderó de su cuerpo.
Se deshizo de las sábanas y abrió confiadamente el ventanal de la habitación, a esas horas era poco probable que algún paparazzi anduviera al acecho. La brisa fría que lo recibió, fue el bálsamo perfecto para sosegar sus pensamientos. No se atrevía siquiera a pensar que aquellos malestares fueran causados por su corazón. ¿Desde cuándo él tenía uno?
Pero era imposible ya negarlo. Esa inquietud, toda la odiosa ansiedad, los constates cambios de humor que últimamente iban en función de la presencia de Rei Hino, no eran reflejo de otra cosa que de los sentimientos que poco a poco fueron forjándose alrededor de ella. Le gustaba, y lo quisiera o no, ya estaba hecho. Tenía una enorme e incontrolable atracción por su productora.
Y ella al parecer, no sentía lo mismo. Eso le había quedado claro.
Resolvió ir a la cocina por un poco de agua, tenía la garganta seca. No era su costumbre encender las luces en medio de la madrugada, lo que ya en una ocasión le había valido a Taiki un susto de muerte, pero no quería alertar a ninguno de sus hermanos y tener que dar explicaciones en torno a su insomnio; sin embargo, le sorprendió darse cuenta que no era el único padeciendo la imposibilidad de dormir.
En un rincón de la sala, en el recoveco donde se situaba el teléfono, se hallaba Seiya pegado a la bocina. Hablaba en tono muy bajo, casi en susurros, y la luz de luna que entraba a través del gran ventanal que daba al balcón de la estancia, era la única pista que le anunció a Yaten que no estaba solo. Su figura se hallaba encorvada, apoyada en el descansabrazos del sillón más cercano, de espaldas al intruso que no sintió arribar, y con sus ojos fijos en las luces de citadinas.
—Entiendo… debe ser difícil, pero ya te dije que no te preocupes por eso, en ese caso tú…
Yaten apenas logró escuchar fragmentos de su trunca conversación, y una espina que Rei bien llamaría presentimiento, le dijo que la interlocutora al otro lado de la línea era Tsukino.
Demonios, ¿por qué tenía que evocar a Hino con cualquier excusa? Su inconsciente lo estaba cobardemente traicionando.
—No Bombón, esto no es sobre Serenity, ¿entiendes que estamos hablando de ti? Ellos deberían entenderlo… Ya sé, lo sé, no debes recordármelo a cada momento, lo tengo bien presente… No, no estoy molesto… Sí, sí quiero verte pero…
Yaten tensó su mandíbula y arrugó las cejas con irritación. ¿Por qué Seiya seguía rogándole a una mujer que claramente no lo quería? ¿Por qué como una persona lamentable estaba allí, al pie del teléfono, a las tres de la madrugada, colgándose el traje del eterno amigo incondicional que escucha a la insensible chica que no lo ama, sobre sus problemas personales que no le incluían? ¿Por qué continuaba siendo tan masoquista? La única explicación era que debía ser un reverendo imbécil.
—Está bien, mañana está bien… No, yo te llamó, no quiero que tengas problemas.
Definitivamente, un verdadero imbécil.
En breve, lo vio colgar el teléfono y suspirar derrotadamente. Se mantuvo de espaldas a él, observando la negrura del vacío tras los cristales, sin todavía darse cuenta de su presencia. Un estado patéticamente lamentable.
—No comprendo el motivo por el que todavía seguimos viviendo en este planeta. Se supone que conseguirías a la chica ¡y mírate!. A esa mujer no le importas, entiéndelo de una vez y déjala que viva su estúpido cuento de hadas en paz.
La voz barítona y cruda de Yaten resonó en la estancia, sobresaltando al pelinegro que hasta entonces se creía en soledad. Su tono fue lo suficiente audible como para crear eco en la sala, pero no demasiado como para despertar a Taiki. Un nuevo suspiro se liberó del pecho de Seiya, pero esta vez sonó a estoicismo, un acto tolerante para soportar la crítica y lo que tuviera que decir Yaten al respecto. Sabía de su postura, pero también sabía que cuando se trataba de ella, él se volvía ciego y esclavo. Si no se armaba de calma y paciencia, aquello iba a terminar mal con su pequeño hermano.
—No es un cuento de hadas, pero eso no es algo que tengamos que discutir tú y yo. Por otra parte, no recuerdo haberles pedido que vinieran a la tierra, la princesa Kakyuu dejó la carta abierta para quedarse o volver, no es una obligación para nadie el permanecer aquí.
Yaten bufó sarcástico.
—Claro, y te dejamos para que sigas causando lástima con tu teatrero amor imposible, y sigas arrastrándote patéticamente detrás de una mujer que no te ama. Porque aunque no lo quieras ver Seiya, Tsukino no te ama. Te estás engañando.
Seiya jadeó ante las feroces palabras de Yaten.
—Basta Yaten, es mejor que te calles.
—Sabes que es cierto, ella sólo está jugando contigo. Es gracioso cómo tú le haces el trabajo al novio y él se queda con el premio…
—¡He dicho basta! –vociferó Seiya, conteniendo los puños para no cometer una barbaridad. Sus ojos fulguraron con advertencia entre su desordenado flequillo, y la luz de luna que acentuaba su expresión-. Basta…
—¿Qué pasa?
La voz amodorrada de Taiki flotando en la estancia, devolvió a Seiya los estribos que estuvo por perder, y distrajo a Yaten de su perorata hiriente. Ambos se volvieron ante la autoridad tácita que siempre constituía la presencia del mayor de los Kou, pero ninguno habló.
Seiya le dedicó una última mirada llena de resentimiento a Yaten y salió de la estancia. El platinado giró los ojos con un gesto aburrido, simulando que poco le interesaba, y en su lugar, retomó el camino a la cocina en busca del agua fresca que saciara su sed, y le espantara los fantasmas.
—Yaten, ¿por qué si sabes que…?
—Lo sé, ¿ok? –paró en seco al mayor- Sólo quiero saber lo que tú harás cuando cometa una estupidez. –dijo bebiendo el agua con apuro para desaparecer el sabor amargo que todavía degustaba en su lengua.
No recordaba otra ocasión en la que se expresara con tanto enfado; sin embargo, al volver a su habitación y mirar las sabanas enmarañadas en el piso, comprendió que lo que dijo a Seiya no fue sólo motivado por el enojo que le causara su patético mal de amores –que si lo sentía-, sino porque parte de esas palabras –o la mayoría de ellas-, iban dirigidas a él mismo. Y es que en su afán por descargar la molestia y la furia que le causaba el caos de sus propios sentimientos por Rei Hino, no pudo encontrar mejor chivo expiatorio que su hermano, quien irónicamente reflejaba su misma situación.
Un amor no correspondido.
—¿Qué diablos me hiciste? –volvió a murmurar antes de dejarse caer en el colchón al que demandó una maldita noche de descanso, sólo una.
Cosa que a medias consiguió.
El rodaje de "Just for fun" fue programado para la misma semana en que las tomas para el Photobook fueron concluidas. Al término de las sesiones, Saki se reunió con Kai Taniyama y Rei Hino para compartir opiniones en torno a las fotografías recabadas, mientras que Three Lights, tuvo su participación al elegir las fotografías que serían integradas en el libro del CD de relanzamiento. Para ello, se destinaron un par de días en que en vez de hacer grabaciones, los muchachos se enfocaron en el proceso gráfico del concepto y trabajaron con el equipo encargado de su elaboración; desde la selección de los materiales para el Photobook, hasta el diseño fuente de las citas, notas y letras incluidas en cada una de sus páginas.
Rei por su parte, tuvo reuniones directivas con el CEO y el guionista que lideraba la producción del MV, acotando con este último, los detalles en torno al vestuario, las locaciones, las letras y el libreto que se combinaría con la expresión musical de la canción. Por lo consiguiente, ninguno de los cuatro se vio durante esos días, y en su lugar, se habían mandado algunos mensajes –de parte de Rei en su mayoría- comunicándose los avances en cada uno de los procesos en que se hallaban participando. E intrínsecamente, eso sirvió para que los ánimos que permeaban sus espíritus, se apaciguaran en solitario.
Y es que todos ellos, cada uno a su manera, se enfrentaba a sus propios torbellinos emocionales.
Inesperadamente, Taiki había quedado de verse con Saki Itabachi y no precisamente por cuestiones laborales, la química que gestaron ambos durante el trabajo compartido, les había hecho considerar la opción de frecuentarse e indagar a qué les llevaba esa agradable compañía. Por supuesto, no era una cuestión que Taiki fuera a hablar con sus hermanos, en especial cuando parecía que después de lo ocurrido en sala de su departamento, querían matarse cada vez que se cruzaban.
Seiya intentaba ignorar el asunto e insistía en mantenerse optimista respecto de Serena, seguro de alcanzar un pronto desenlace. Albergaba la esperanza de que, decidido ya a jugarse todas sus cartas y pedirle una resolución clara, ella finalmente le eligiera a él, en vez del deber autoritariamente impuesto. Asumía una extraña y desconocida confianza en eso.
No pensaba igual Yaten, que exacerbado todavía por el enojo que le causaba la idiotez de su hermano –y de paso la de él por no dejar de pensar en la sacerdotisa de Hikawa-, se empecinó en no hablar con Seiya. Le irritaba pensar en su patética actuación de trágico Romeo frente a una indiferente y vacilante Julieta. Por sus venas corría una ira silente que no se desvaneció con el correr de los días, al contrario, parecía encenderse con cada mínima cosa que le recordara el idilio Seiya-Tsukino, o a Hino Rei y su adolescente y repulsivo romance.
Le crispaba y, sin querer todavía aceptar sus propias emociones, ni poder ser capaz de contarlas a nadie, éstas fueron acumulándose en una vasija que en cuestión de tiempo, llegaría derramarse.
En cuanto a Reiko…
Ella se esforzó por olvidar las cosquillas que se propagaron en su cuerpo, cuando Etou tocó sus labios en un beso dulce.
Aquella noche en que Yaten la dejó en las escalinatas de Hikawa, Rei había subido distraída, rememorando la charla con el menor de los Kou, y entreteniéndose en pensar qué otras agrupaciones musicales compartían sin saberlo. Tan sumergida en esas cavilaciones se encontró, que hasta que lo tuvo enfrente, se percató de la presencia del profesor adjunto, esperándola en el sendero.
—Etou, ¿qué haces aquí?
—Bueno, quise venir a darte un mensaje de gran importancia, ya sabes por si alguien hackea tu cuenta de correo electrónico y desvirtúa la información que debes recibir. Necesitaba que lo supieras de primera mano.
Rei había soltado una risilla divertida. Él y sus raras ocurrencias.
—¿Y cuál es esa importante información? –remarcó, pensando en que acaso él blandiera una excusa cualquiera para verla.
No pudo negar que la idea la halagó.
—El próximo jueves el Dr. Stavenhagen quiere citarte en su cubículo para hablar contigo acerca de tu trabajo de investigación, y me instruyó avisarte. Parece que en realidad está muy interesado.
—¿En serio? ¡Claro que estaré allí! ¿A qué hora estará disponible?
—De once de la mañana, a una de la tarde. ¿Puedes?
Rei había repasado su agenda mental y se mordió el labio al acordarse que ese día comenzaban las grabaciones de Three Lights para el MV. No fue consciente, de que aquel sencillo gesto, había tirado los estribos del chico violinista, empujándolo a reunir el valor para confesársele de una vez.
No obstante, como siempre ocurría con esa enigmática chica, fue ella la que terminó sorprendiéndolo.
—Iré, no importa cómo, estaré allí. ¡Gracias Etou!
Y cuando menos lo esperó, ya la tenía entre sus brazos, motivada por la emoción, Rei lo había abrazado enérgicamente. Kiriya entonces, embriagado por el aroma que se desprendía su pelo y que le aturdió el sentido, de un momento a otro la besó.
No fue algo que esperara, ni siquiera cuando él la mantuvo ceñida cuando ella quiso alejarse del contacto, ni cuando la miró fijamente como buscando algo. Instintivamente cerró los ojos cuando él se acercó demasiado, y supo lo que sucedía cuando el frio de sus labios tocó los suyos.
Y le correspondió. Turbadamente, tímidamente, pero lo hizo. Cosquillas se propagaron por su sistema ante el cálido roce, hacía mucho tiempo que no besaba a alguien, y la sensación del redescubrimiento la desequilibró, causándole un hueco en el estómago.
—Me gustas mucho Reiko. Sal conmigo.
Varios segundos pasaron en que Rei no pudo articular palabra, visiblemente sorprendida por el hecho de que el lindo profesor adjunto la había besado. Juró que de haber estado allí, Minako la habría golpeado, instándole a responder el "Si" que no estaba saliendo de su boca; lo que se supone que debes sentir cuando alguien que te atrae, te besa y te pide salir: felicidad, nervios, un gritillo interno de "¡Oh, por Dios, dile que sí!"
—Yo… lo pensaré.
Y casi sintió que su amiga rubia la mataba.
Pero fue lo único que pudo expresar, y se tranquilizó cuando al obtener una contestación que quizá no estaba en sus planes, Kiriya alargó una sonrisa y asintió, precisándole que si aceptaba, no podría considerarse un conflicto de intereses puesto que él seguiría siendo igual de estricto con ella en la entrega de sus trabajos, así que ni se ilusionara.
El juguetón apunte, como era su propósito, logró arrancarle una sonrisa y espantarle los nervios. Agradeció infinitamente, que Kiriya en vez de presionar sobre el punto, la hiciese sentir más calmada al revirar el tópico de la conversación. Charlaron durante unos minutos más, y luego él se fue.
Desde esa noche, Rei le había dado inacabables vueltas a su proposición, preguntándose si sería o no, el momento propicio para tener un amorío, si tendría el tiempo para cultivarlo, si él sería capaz de asimilar su impetuoso estilo de vida, o si…
"El amor no se piensa", había dicho Lita a Amy, cuando Richard apareció un día en la puerta de su casa y le confesó sus sentimientos.
Y ella, lo estaba pensando demasiado, ¿entonces eso significaba que…?
Su playlist reprodujo "Fake tales of San Francisco" de los Arctic Monkeys, y sus pensamientos fueron a parar directamente a Yaten.
Sin poder evitarlo sonrió. A él también le gustaban, y eso fue toda una sorpresa. Tanto tiempo conviviendo juntos, y ninguno se hubo percatado antes, de sus gustos musicales tan afines; incluso el código de conversación no se hallaba tan dispar como en un inicio, cuando él la contradecía por todo y ella sutilmente –y a veces no tanto- lo ponía en su lugar.
—Te ves tan extraña con esa sonrisa en la cara. ¿En qué piensas? O más bien, ¿en quién?
La voz juguetona de Minako se adueñó de la habitación, devolviéndola súbitamente al presente. Su figura entró ceñida en unos shorts rojos y camiseta de dormir; su pelo desordenado y húmedo eran señales mudas, de que acababa de ducharse.
—No estoy pensando en nadie. –mintió Rei, borrando su sonrisa y fingiendo volver a su revisión del schedule para la grabación del MV.
La suspicacia inserta en el tono de su amiga, no hizo otra cosa que ponerla nerviosa y enrojecerla con la idea de que se justificaba sin razón. Ella NO estaba pensando en su persona amada, estaba pensando en Yaten. Pero OBVIO, no le iba a decir a Mina que estaba pensando precisamente en Yaten, ¿verdad? Sería suicida.
—¿Acaso se trata de Genio-Kiriya-Adonis?
—¿Qué? ¡No!
—¿No?
La duda en la voz de Aino la hizo percatarse de su negación.
¿Ella había dicho que no? ¿Qué no se suponía que este era el momento en que le contaba como una adolescente, que Etou la había besado y le había pedido salir? Tal vez Minako y Lita le ayudaran a esclarecer sus tontas dudas sobre aceptar o no la propuesta. ¿Qué había de malo en ello? ¿Qué no había pensado en él y lo ocurrido en el patio, allí afuera del templo? ¿Por qué lo negaba tajantemente como sí constituyera una locura?
—Es decir, no estaba sonriendo por nada en particular, así que deja de molestarme y armarte historias fantasiosas en la cabeza.
—¡Dime, Rei! –demandó la rubia, sentándose al borde de la cama como una niña caprichosa.
—¡No!
—¡Dime!
—¡Ya dije que no!
—¡Lita! ¡Rei no nos quiere decir por quién sonríe como una idiota! –gritoneó Minako acusándola como una infante ante su madre.
Por Kami, no sonreía como idiota.
"No lo hacía, ¿verdad?"
—¡Ya déjame en paz! –estalló Hino, levantándose de la cama para arrastrar a Mina fuera de su habitación y echarle seguro a su puerta. No la necesitaba allí confundiéndola más de lo que ya lo había hecho.
Durante media hora, tuvo que soportar el escándalo de la rubia en el pasillo, exigiendo respuestas y punzando con frases cínicas y burlonas. Suspiró aliviada, cuando el silencio imperó de nueva cuenta y descartó la idea –por el momento- de siquiera mencionarle el asunto a Minako. Se convenció de que lo más sensato sería pedirle consejo a Lita en cuanto pudiese, ella sabría qué hacer.
"Ella sabría, ¿verdad?", pensó antes de cerrar la notebook y prepararse para ir a dormir. El schedule marcaba el comienzo de las grabaciones a las 6:00 am.
Por supuesto, necesitó una gran fuerza de voluntad para separarse de su cama a la ridícula hora de las cuatro de la madrugada, y una buena dosis de café que le prodigó la amabilísima Lita en un termo. La Kino supo que era un día importante para ella y que estaba nerviosa, por lo que en cuanto la escuchó haciendo ruido en el cuarto de baño, se adelantó a brindarle su apoyo con cafeína. Y Rei la amó infinitamente por eso.
El lado amable, fue el transito que a esa hora no le dio complicaciones. Bastaron 30 minutos para que llegara a la locación en que se grabaría un tercio del video musical: el puerto de cruceros de Yokohama. Allí había una enorme rueda de la fortuna que le daba al conjunto de edificios y rascacielos que circundaban el malecón, un aspecto fascinantemente metropolita. El escenario perfecto para "Just for fun". De los otros dos tercios del MV, uno se haría en un plató de grabación, y el otro en los alrededores de las calles de Tokio.
Todavía estaba oscuro cuando se estacionó junto a las camionetas del equipo de producción, que ya se instalaba para comenzar. Repasó con sus pupilas los autos, y atisbó la blindada camioneta Van de Three Lights. Se tranquilizó al corroborar que los muchachos ya se encontraban en el set, seguramente siendo preparados por las estilistas de la agrupación.
En el camino, Rei se encontró con el guionista y se entretuvo con él para ponerse al tanto de las instalaciones y el orden cronológico de filmación. Para cuando llegaron a lo que sería la primera locación, divisó a los chicos sentados en unos banquillos altos, mientras el personal de vestuario y las estilistas, efectuaban su magia. Se maravilló al contemplar materializados, los bocetos que desde la semana anterior viniera revisando en el portafolio del guion. Los tres se veían espectaculares portando esos trajes juveniles y vanguardistas, desenfadados.
"They look so… hot", recordó la frase que una fan le hubo dejado en su cuenta de Twitter, cuando subió una foto de Three Lights en la sesión fotográfica con Saki.
Nunca como en ese momento, le pareció tan acertada.
Camisetas estampadas, chaquetas de vinil, jeans ajustados, creativas hebillas de metal, anillos, pulseras de cuero, aretes, botas Dr. Martens, relojes estilo plasticpop. Lucían como una alocada feria, pero una alocada feria a la que cualquiera querría subirse.
"Just for fun
Don't stay alone
Enjoy this tiny life
Love n' pain n' rock"
La concordancia era perfecta.
Sin hacerse notar, Rei llegó hasta ellos y se apuntaló, cruzándose de brazos. Se dispuso a posta, a observarlos con la irritante minuciosidad de un inspector.
—Merecen una estrellita en la frente, tal parece que ya están aprendiendo a ser verdaderos artistas.
La sonrisa burlona con la que recalcó su frase, se desvaneció rápidamente al notar que no llegaban las sátiras respuestas de Seiya o Yaten, acerca de su intencionada provocación. Los tres muchachos la habían mirado, pero de una rara forma. Un gesto ceñudo se instaló en su rostro al percibir cierta aura flotando en el aire. Pretendió preguntar, pero fue atajada por la inesperada acción de Yaten, que, después de rodar fastidiosamente los ojos, se levantó del banquillo y se fue.
—¡Bravo! A eso llamo yo profesionalismo. –soltó Seiya con el mayor sarcasmo que Hino nunca había oído salir de sus labios, e instintivamente supo que algo no andaba bien.
—Okay… ¿alguien me puede explicar qué está sucediendo aquí? ¿Pasó algo?
—Pues…
—¿Has visto el guion? Todavía estoy confuso con el orden de las tomas. ¿A qué hora comenzaremos?
La brusca interrupción de Seiya sobre el intento de explicación de Taiki, logró descolocar a Rei y confirmar su sospecha de que no le estaban diciendo algo importante; sin embargo, cuando quiso preguntar de nuevo, el director llamó a todos a que se reunieran en el centro de la locación, para explicarles a detalle la grabación de las primeras escenas del MV.
Según la estructura melódica, las primeras tomas correrían a cargo de Seiya, quien agradeció a los cielos el no tener que ser cuestionado por su productora y mejor amiga, sobre una situación que ya no quería tocar. Probablemente porque sabía, que ella le daría la razón a Yaten. ¡Incluso él se la daba! Pero, ¿qué podía hacer con un corazón enamorado, rebelde e insensato que no escuchaba, ni veía más allá de ella?
Decidió refugiarse en el único lugar donde los problemas y la ansiedad desaparecían: en la música.
Hino observó a Seiya adueñarse de las cámaras que lo seguían en su andar por el puerto, invitando con su voz juguetona y sus ademanes infantiles, a acompañarle en su diversión por la vida. Se hallaba inmerso, y Rei se alegró de que, fuera lo que fuera que estuviese ocurriendo entre esos tres, su profesionalismo se mantenía intacto.
Impacientes, sus violáceos ojos buscaron a Yaten. Quizá él le contara sobre el embrollo, aunque a juzgar por la rarísima reacción que tuvo al verla –como si su sola presencia fuera en sí misma, un motivo de rechazo automático-, no estuvo tan segura. Sonaba estúpido, ¿no? considerando que la última vez hablaron tanto, que parecía que llevaban años siendo entrañables amigos.
Lo divisó a espaldas del Director, hombre ya mayor pero de complexión todavía fuerte, que vociferaba múltiples indicaciones a la actuación de Seiya, y al movimiento de las cámaras. Sus ojos verdes se hallaban fijos y concentrados en la pantalla donde confluían las imágenes secuenciales capturadas por la filmadora, probablemente tomando notas mentales para su propia actuación.
Rei se situó a su lado y se inclinó brevemente para quedar a la misma altura de sus pestañas, y mirar lo mismo que él; la peculiar fragancia alertó al idol, sacándolo de su contemplación. Al girar su rostro, se encontró con la sacerdotisa al lado suyo, saludándolo con sus ojos vivaces. Usaba una gabardina negra y unos jeans de vinil; su largo cabello se hallaba acomodado en una descuidada, pero voluminosa trenza francesa.
—Hace frio, ¿no? Casi necesité una grúa para levantarme de la cama.
—Yo no tengo frio. –dijo Yaten esquivo, cortando el contacto de su mirada, y la sonrisa que ella cruelmente, le regaló.
—¿Trajiste mi demo?
—No.
—¡Lo prometiste! –exclamó Rei por lo bajo, o por lo menos lo suficiente como para que el Director no la echara a patadas del área de grabación. Su tono se impregnó de una exigencia infantil que rayó casi en el berrinche, seguramente intentando sacarle una sonrisa y desvanecer la tensión que tal vez imaginara.
Supo que no lo hacía, cuando notó que la expresión de Yaten se mantuvo dura, inerme, e indiferente a su bandera de paz. Eso, y que no se dignara siquiera a contestarle. Su silencio fue un reclamo a gritos.
—Yaten, ¿pasó algo? ¿Todo está bien?
La preocupación vibrando en su voz, hizo vacilar a Yaten en su propósito de ignorarla y suprimir los sentimientos que se suscitaran en torno a ella; no obstante, la imagen fugaz de aquel sujeto besándola, saltó a su mente. Y el recuerdo vivo de aquel beso, no hizo sino agravar su furia.
—Ya sabes cómo es Seiya a veces, algo inmaduro, pero no es bueno que estén enojados, mira…
Se fue. Yaten bufó hastiado y se fue, dejándola con media palabra en la boca.
La garganta de Rei enmudeció.
Presentía que se hallaba molesto, que algo lo incomodaba, pero no podía definirlo con exactitud, aunque tenía la vaga impresión, de que el objeto de su enfadado no era solamente Seiya, sino ella también. El modo en que la miró fijo y ceñudo, rencoroso…
—Hino- san, ¿podrías por favor...?
El llamado del guionista impidió que se resolviera a ir tras el idol y exigirle una explicación a su explosivo comportamiento. En vez de eso, se quedó junto al hombre para supervisar la toma y su concordancia gráfica, lírica y visual. Pero a pesar de que Rei hizo un seguimiento riguroso y detallado de cada una de las secuencias de grabación, continuó ansiosa, dándole vueltas a los cuestionamientos que atravesaban su cerebro: ¿Qué era lo que había acontecido como para que los hermanos Kou riñeran al punto de no hablarse? ¿Qué era lo que había hecho ella como para que ni Seiya ni Yaten quisieran contarle, y además este último, se enfadara al grado de quererle matar tan sólo con una mirada?
Una chispa de lucidez surcó su pensamiento, y la tentativa de aquella visión la hizo sentir escalofrío. ¿Sería el asunto de Usagi y Seiya lo que enmarcara la discordia? No se le ocurría otra respuesta más factible, de hecho, entre más lo meditaba, le parecía razonable y hasta obvio. ¿Qué otra cosa, si no?
Un sentimiento grande de culpa le rasguñó la conciencia: ella había contribuido grandemente en ese dañino idilio.
Se mordió los labios instintivamente, y sintió la necesidad imperiosa de ir en busca de Yaten. Formuló cualquier excusa para abandonar su lugar al lado del guionista, echándose a andar por la locación; le encontró recargado en la Van color negra, que los llevaba y traía a todas partes. Sonrió al pensar en lo inteligente de su elección, si lo que deseaba era un momento de tranquilidad y no ser molestado. Nadie iría allí, pues toda la activad estaba concentrada en el puerto, donde las cámaras rodaban.
Pretendió ser silenciosa y no darse a notar, sin embargo, le sorprendió verse descubierta apenas dio los primeros pasos.
—¿Qué quieres?
Rei nunca sabría, que lo que la delató fue su característico y aromático perfume. Yaten lo tenía grabado a su memoria olfativa.
—Quería constatar que te encontraras bien. Casi será tu turno de grabar y ya sabes, es mi deber asegurarme de que lo estés.
—Tu deber, ¿eh?
La nota sarcástica que tildó su voz, no pasó desapercibida para la joven productora, para quien la inquietud por conocer la causa de tales arrebatos de ira se acrecentaba, acabando con su hasta entonces, invulnerable paciencia.
—Yaten, exijo saber lo que sucede. ¿Por qué estás disgustado con Seiya? ¿Qué cosa imperdonable hizo como para que ni siquiera toleres su presencia?
El ojiverde satíricamente, bufó.
—¡Maldita sea Yaten, contéstame! –arremetió Rei, sublevada por la estudiada evasión del idol. Restarle importancia, ridiculizar y ser indiferente, eran su clásica manera de eludir las cuestiones que le incomodaban.
—No podrías entenderlo. –sentenció él, diluyendo agriamente su ácida sonrisa.
—Tal vez si me lo explicaras yo…
—No. –interrumpió tajante, incorporándose de la Van en que se mantuvo recargado-. Es mejor volver al rodaje.
Y sin rastro de cortesía, su garganta era silenciada de nuevo por él. Otra vez huía de ella, otra vez rechazaba su presencia.
—¿Y conmigo? ¿Qué es lo que te sucede conmigo? No recuerdo ofenderte de algún modo, ¿por qué estás tan molesto? Creí que finalmente habíamos conectado, creí que…
"Yo también lo creí", convergió Yaten en un mudo lamento que se desvaneció al contemplar el brillo amatista de sus ojos, y recordar cómo esos ojos, se cerraron en consentimiento tácito para ser besada por aquel sujeto, y en cambio a él, lo miraban desafiantes y severos.
—Pues creíste mal. –dijo, y probablemente en vez de ser dirigida para ella, la ambigua frase apelaba a él mismo.
—¡Yaten! –clamó Rei exasperada por su caprichoso hermetismo; él pretendía pasar de ella y tomar la retirada dejándola como al inicio, marginada de su confianza e ignorante del motivo de la colectiva disgregación.
—¡Qué! –gritó a su vez, volviéndose a ella con los rasgos duros y ásperos; agotada su paciencia.
Su implacable furor logró sorprenderla, acallándola por un instante. Pero no desistieron sus ojos que se clavaron en los de él, demandándole respuestas que él no pretendía dar, o al menos no con explícitas palabras. Con rojas mejillas por lo exacerbado de la discusión, y como un ultimátum, Rei silabeó ceñuda:
—Res-pón-de-me.
Y un diluvio se desató.
Habría sido el calor de la querella o el hipnotizante crisol de expresiones que se pintaron en su rostro al hostigarlo; o puede que, el movimiento de sus labios al deletrear despreciativamente sus exigencias, haya sido el motor primordial que lo empujó a aprisionar su cuello con sus dos grandes manos, para con ímpetu asirla y besarla con ferocidad, como válvula a un despecho contenido.
Hino no asimiló, no vio venir tan insólito escenario; la rapidez con la que él la tuvo de pronto encarcelada entre las puertas de la Van y su cuerpo, fue apenas perceptible, casi una alucinación. No ayudó en nada, el vértigo que la asaltó cuando sintió la humedad de sus labios refrescar su boca, y su nariz inundarse de la fragancia masculina.
Creyó estar reviviendo la escena del ascensor, con el mismo vórtice de sensaciones arremetiendo contra sus sentidos, pero con mayor brutalidad. Y es que en esta ocasión, Yaten la apretujaba contra la camioneta, afianzándola por el cuello y besándola con violencia. Eso fue lo que la sacó de su letargo: la idea de que él la violentaba, de que la agredía y vertía en ella, la frustración y el enojo de los que aún desconocía la causa.
Sus manos acudieron en su auxilio, reaccionando al tomar las de él, para intentar soltarse de su agarre; sin embargo, la resistencia de su fuerza era mayor. Trató de empujarlo, pero el peso de su cuerpo varonil se impuso, fracasando su intención. E hizo lo único que le cruzó por la cabeza: mordió sus labios. Yaten se alejó.
—¡Demonios, Hino! ¿Estás loca? –protestó doliéndose, degustando el sabor ferroso que le hizo saber, que su labio inferior discretamente sangraba.
—No debiste hacer eso. –blandió la pelinegra para escindirse de la culpa al notar la tintura roja manchar sus dedos. Sus ojos contrariados y acusadores, resplandecían en amago de lágrimas; y era difícil determinar si el temblor que atravesaba su cuerpo, se debía al susto o al excedente de emociones que todavía se convulsionaban en su sistema.
Ante esa visión, Yaten resopló mordaz, herido.
"Jamás podrás entenderlo"
—No preguntes más. –sentenció en advertencia, la perfecta salida a su imprevisto impulso, y sin humillar su orgullo; despojándole de la más mínima importancia al hacerle creer, que su único objeto al besarle, fue darle una lección por meter las narices dónde no la llamaban.
Y así, sin recibir una mirada más de él, Rei se quedó atestiguando su marcha. Las piernas no le respondían, aquello había sido tan intenso como inverosímil, y su mente ni su cuerpo alcanzaban a procesarlo. Cuando lo hicieron, retornó a la filmación y se encontró con los tres idol adueñándose del rodaje. Las cámaras los seguían en su cantar por el boulevard porteño, reaccionando maravillosamente ante sus provocaciones, guiños y movimientos precisos. Y es que tal parecía que cuando se trataba de música, Taiki, Seiya y Yaten se transformaban radicalmente. Como si alguien más se apoderara de sus almas.
Destilaban seguridad, pasión, seducción, vitalidad, emoción pura.
Y mientras absorta, Rei los miraba, su cuerpo no dejaba de sentir las mudas y constantes palpitaciones a causa del fuego que todavía le incendiaba los labios.
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Holas (^o^)/
Lamento la gran, GRAN tardanza en la actualización de esta historia, pero recientemente he comenzado con la carrera de Letras y les confieso que a pesar de ser un mundo maravilloso y desconocido, también es en sumo demandante. Pero aquí estoy, desobligandome un rato para traerles la actualización que nos pondrá en el justo centro de la historia, Yaten descubre sus sentimientos -ya era hora-; Rei los suyos, pero diferentes, el simbólico contraste de los besos es evidente, ¿no? Suertuda ella que los chicos guapos y buenos van y le roban besos xD Kiriya se lanzó, aunque no fue como esperó, ¿alguna pronosticó otro resultado a eso? *w* Amo a Lita, amo a Mina. Seiya me causa una lástima que ah, quiero abrazarlo y mandar matar a Usagi LOL
Me encantaría saber sus impresiones acerca del capítulo, porque a pesar de que el contenido es lo que proyecté, la narración me pareció algo rara, como rebuscada en comparación con otros capítulos. Quizá sea mi imaginación, pero si algo no se entiende, tengan libertad de preguntar, comentar y así.
Muchas gracias a quienes se mantienen a la espera de un nuevo capítulo de esta historia, mi corazón de insegura escritora recibe ese pedacito de amor que me dan al leer esto. Por sus reviews: Demencia, Kamisumi Shirohoshi, Manzana Yamanaka (rodé , rodé y rodé), Reiko Kou (where are you, i miss you ToT) & Lirit Yazmin...
Thank you!
¡Por un mundo con más Rei/Yaten!
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¿Animos para esta escritora de oficio?
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*::Sol::*
