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.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


Recording 016

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Cuando Reiko comenzó a ayudar a Seiya a crear encuentros furtivos y constantes con la princesa de la luna, no imaginó lo que terminaría por ocasionar, hasta que, al igual que un castillo de arena derrumbándose con el simple toque del mar, la ilusoria felicidad de los "amantes" se desvaneció, justo frente a sus ojos.

Aquella lluviosa mañana Hino se extrañó al advertir que los hermanos Kou entraban en la sala de grabación, con excepción de uno: Seiya. Había pasado una semana desde la filmación del video musical de "Just for fun", y era hora de regresar a las grabaciones del último segmento del álbum, conformado por los todavía inexistentes tres solos, y dos colaboraciones ya concertadas. Por supuesto, a Rei no le hizo ninguna gracia notar la ausencia del pelinegro, lo cual venía a fastidiarle sus planes de grabación mixta, único método plausible para concluir a tiempo con el plazo; y es que el CEO Taniyama había echado a andar ya su maquinaria publicitaria, anunciando en una entrevista la posible fecha del comeback. En sólo mes y medio, Three Lights volvería a los escenarios. Era de esperarse entonces, que Rei Hino como la productora, tuviera el estrés comiéndole la cabeza.

"Como si no tuviera suficiente con terminar la segunda mitad de un álbum, armar un proyecto de tesis, responder a una proposición de noviazgo y lidiar con un estúpido que me roba besos"

Ante el pensamiento Rei sintió sus mejillas calentarse y, por pura inercia, buscó con sus ojos al irreverente culpable. Un latido punzó en la boca de su estómago, cuando se percató de que él también la miraba. Aturdida, evadió el contacto visual con Yaten, y en su lugar se dirigió a Taiki, que aletargado, se deshacía de su gabardina color cappuccino.

—¿Dónde está Seiya? ¿No habíamos quedado que comenzaríamos a grabar hoy? No podemos trabajar apropiadamente si no está él.

Taiki enarcó una ceja, desconcertado.

—Pensé que tú sabrías.

—¿Yo? ¿Y por qué tendría yo que saberlo? No vivo con él.

—No te has enterado todavía, ¿no es así? –dedujo Yaten, observando con una chispa de ironía, la confusa expresión de su rostro.

Rei sintió el peso de sus ojos acusadores, caer sobre su alma y el tono despectivo que tiñó su voz, martillear en su conciencia.

—¿Qué ocurre? Deja por una maldita vez de hablar en clave y explícate. –demandó ceñuda, visiblemente preocupada y harta de los juegos de misterio.

—Llamó anoche avisando que no llegaría a casa y que se quedaría a trabajar en su solo, aquí en el estudio. Naturalmente se me hizo extraño e indagué, pero Seiya no quiso contarme demasiado sobre el asunto. No entraré en detalles contigo, Rei. Creo que entiendes eso, ¿no?

La chica asintió, apenas sosteniendo el aire de sus pulmones.

—Aun así puedo asegurarte una cosa, y es que al parecer, finalmente, Seiya fue formalmente rechazado por tu princesa. Pensamos que a esta hora estaría aquí contigo, pero veo que no.

Taiki lucía sereno, calmo, dueño de sí mismo, como si lo que compartiera fuera parte del schedule que tenían por delante. Hino en cambio, se hallaba lívida, parpadeando atónita por la inesperada información. ¿Qué? ¿Seiya había sido rechazado? ¿Serena lo había rechazado? ¿Cómo…? ¿Por qué…? Miró de nuevo a Yaten y se encontró con un gesto duro e irritado que parecía recriminarle, decirle: "En esto han parado todos sus jueguitos".

Tragó grueso y su corazón se atormentó. Bajó la mirada, incapaz de sostenérsela.

Tenía que haber un error. Taiki debió haber malinterpretado o quizá Seiya había exagerado como solía ser su costumbre. Resultaba absurdo que Serena lo rechazara después de haber salido con él tantos meses; por algo lo había hecho, ¿no? Sería absurdo que al final de cuentas sólo hubiera estado jugando con sus sentimientos. Ella no podía ser capaz de algo así, no podía actuar de una manera tan cruel… No podía, ¿cierto?

Ignorando el llamado del mayor de los Kou, Rei salió disparada del estudio. A su mente acudió la idea de correr al salón de prácticas, ubicado en el quinto piso; un presentimiento le dijo que allí lo encontraría. Casi tropieza en las escaleras de emergencia. Y es que aunque su razón le pedía confiar, su instinto le sugería –a través de la experiencia-, que se preparara, porque tal vez sus temores se confirmasen.

No se equivocó, allí estaba Seiya, mirando hacia la nada por el cristal. Y Rei supo instintivamente que era cierto: Serena lo había rechazado.

—¿Estas bien? –habló suave desde el umbral.

Seiya asintió, apartándose de la vista magnánima que le otorgaba el enorme ventanal de la sala de prácticas: un paisaje precioso repleto de edificios y avenidas calmas, y que a Rei le hacía reparar en la inmensa soledad de las personas que viven en medio del bullicio urbano. Un lugar para la íntima comunión personal. Y por supuesto que, conociendo a Kai Taniyama, aquel acondicionamiento estructural no era azaroso: en ese salón se alojaban los instrumentos para la práctica y creación acústica.

—¿Cómo va todo allá arriba? ¿Taiki terminó sus arreglos? ¿Es hora de grabar?

—No, casi… es decir, apenas vamos a comenzar con la grabación –balbuceó Hino, dudando entre abordar el tema o no-. Supe lo de ayer… ¿Acaso Serena…?

—¿Quieres escuchar mi solo? Lo terminé esta mañana, ya sabes, a veces el insomnio es bueno para la inspiración.

Rei se ofuscó y tragó sus palabras; no esperó que Seiya cortara la conversación que pretendía iniciar, tan tajantemente. Estaba claro que no quería hablar del tema, no quería escuchar de ello, no quería recordarlo. Y eso, a consideración de Hino, significaba que realmente se hallaba lastimado.

Afligida, pensó en que Yaten tenía legítimos motivos para preocuparse, y efectivamente, nadie le hizo caso.

—Ok, eso sería genial. Veamos qué me tienes. –concedió la sacerdotisa manteniéndose en el marco de la puerta, incapaz de entrar de lleno a la habitación, como si al hacerlo, estuviese invadiendo un espacio que no le correspondía.

Seiya sonrió con languidez y tomó lugar en el hermoso Steinway & Sons que lucía esplendoroso en sus sobrios colores clásicos. Con sus largos dedos, caló un trío de teclas al azar, confirmando la afinidad del sonido. Deliberando que la armonía era correcta, removió las partituras, reordenándolas; seguramente había tocado la pieza una y otra vez a lo largo de la madrugada. En el fajo de papeles que el mediano de los Kou barajeaba en sus manos, Hino pudo atisbar los múltiples tachones y enmendaduras que resaltaban en el ensamble, denotando el concentrado esfuerzo de unir el plano musical con el vocal.

"Su válvula de escape"

Seiya le dedicó una última mirada desde su lugar en el piano, y comenzó a tejer lánguidos enlaces que antecedieron un patrón de apoyo, destinado a acompañar su voz, que entró firme y desgastada en un efecto intencional de derrota, inscribiéndose de lleno y bruscamente, a contar la historia de su melodía. Queda y lentamente, su timbre vocal fue coloreándose a medida que el soporte del piano fue enmarcando el tema, siendo su propósito, el crear con los más sencillos elementos, una elegía musical que oscilara en emociones a través de su unión e interposición.

Hino sintió un latido y se acordó de respirar. Se halló tan embelesada por el modo en que Seiya había logrado realizar enlaces tan precisos en la melodía, que ni siquiera notó la presencia que decidió acompañarla en el marco de la puerta. Probablemente atraído el arrebato de la pelinegra al salir corriendo del estudio y la música que salía del salón de prácticas, Yaten llegó hasta allí. Miraba de modo indescifrable a su hermano, apreciando en silencio, la creación de tan melancólica belleza.

—Es perfecta. –murmuró Rei.

Estaba consciente de que no obtendría respuesta, pero la necesidad imperiosa de externarlo la hizo hablar. Lo notó tensar la mandíbula brevemente, mientras sus ojos verdes continuaron enganchados a la figura, que en el centro del salón, engendraba magia con el hilar de sus dedos sobre el arpa del piano.

Y lejos de que la pieza declinara hacia su inevitable final, dos estribillos sueltos prolongaron su agonía con impecables pasaggios que ondearon en un reclamo lleno de armonía y precisión, en un sollozo repleto de sentimientos devastados y amargos. Desolados.

Melancólicamente perfecta.

Y ya no sintió latir su pecho, sintió latir su cuerpo entero. El alma de Seiya gritaba a través de su voz rota, mostrando lo herido de su corazón, sacando el dolor en esa pieza que no era una canción… era una confesión. La confesión de un corazón quebrado.

Desde su lugar, Reiko atisbó el brillo sutil en los ojos del cantante y no necesitó ser adivina para saber que eran lágrimas contenidas en la espesura de sus pestañas oscuras; ella misma sintió el cosquilleo molestar sus pupilas, empañando su visión y provocándole ese nudo punzar en su garganta. Hizo falta tragar un poco de saliva.

Pero si ella se había afectado así, entonces…

Yaten apretó los dientes con furia y dio media vuelta para irse, incapaz de seguir atestiguando aquella patética muestra de debilidad, necedad y masoquismo por parte de su hermano. No podía soportar ser espectador de la ridícula tragedia en la que se resquebrajaba frente sus ojos por una mujer que claramente no valía la pena, que no lo amaría jamás y que sólo se dedicó a tomar ventaja de lo noble de sus sentimientos. Idiota. Se lo había advertido, maldita sea. Se lo había advertido y no le escuchó, no hizo caso a sus palabras ni a su consejo de hermano. Tal vez le faltara tacto para decir las cosas, pero ellos debían saber que eso no era algo en lo que fuera bueno. A esas alturas debían saber qué formas tenía él para mostrar su afecto y preocupación.

Se fue.

Inútil.

Impotente.

El piano cedió débilmente, cansado de la catarsis musical, rogando por tregua a la voz que se iba apagando resignada y jadeante, y que encontró su muerte en la absolución del silencio.

Dudó.

Rei quiso dar el paso, acercarse y abrazarle, ofrecerle un hombro en el cual llorar y aliviar mínimamente su dolor, decirle que todo iría bien, que la vida era así a veces… Pero no pudo. Y entonces comprendió a Yaten, el enojo y el resentimiento que debía sentir al ver a una de las personas más importantes de su existencia desmoronándose frente a él y no ser capaz de realizar algo que ayudara a sostenerlo. De cualquier modo, ¿quién era ella? ¿qué podía decirle? ¿qué podía hacer para que se sintiera mejor? Si sólo con su presencia evocaba el motivo de su pesar… ¿Qué hacía ella allí?

Con un nudo atorado en la garganta, Hino abandonó el marco de la puerta, consciente de que lo único que podía hacer por él era dejarlo sólo. No la necesitaba a ella. Ni a nadie. Sólo a ella. Y así, sin pronunciar palabra alguna, volvió sobre sus pasos en busca de la única persona que podía necesitarla.

No fue difícil encontrarlo; tampoco es que hubiera muchos lugares a los que huir en ese edificio si lo que querías era un rato de soledad, a menos que te encerrases en el elevador. La única opción factible eran las escaleras de emergencia. Y fue allí justo donde lo encontró. Sentado en los últimos escalones de la sección intermedia. Parecía un niño emberrinchado, con los codos sobre sus rodillas, con los dedos enterrados en su cabellera plata; el flequillo desordenado le cubría los ojos y Rei fue capaz tan solo de atisbar la fuerza contenida de su mandíbula apretada. El aura que desprendía su figura era de enojo pero también de frustración; tintes de abatimiento.

—¿Qué quieres? –preguntó sintiéndola, o más bien aspirándola, con ese aroma suyo tan peculiar.

—Nada, yo sólo quería…

—Vete, no quiero hablar con nadie ahora. –dijo Yaten, sin moverse ni un milímetro de su posición.

Una espina dolió en su pecho al escucharle pedir espacio. Se suponía que ese era el momento en que despotricaba contra ella, en que externalizaba su furia culpándola de lo acontecido, en que le echaba en cara el poco tacto y sensibilidad que tuvo al ser cómplice de una empresa, que desde un inicio, era cruel y peligrosa; se suponía que ese era el momento en que la dejaba enmendarse por su error al convertirse en el blanco de sus merecidas acusaciones. Al ver a Seiya, su mejor amigo, destrozado por el desamor, se dio cuenta de ello.

—Lo lamento, Yaten.

—Para, no digas nada. Sólo… vete.

—Me equivoqué, tenías razón. No debí…

—Basta Hino. Vete.

Rei selló sus labios, cortando de tajo las palabras con las que pretendió enarbolar un amago de disculpa. Bien sabía que eran inútiles, que el daño estaba hecho; sin embargo, sentía la necesidad de decir algo, hacer algo que borrara la afligida imagen rendida ante ella. Como si diminutos cuchillos se le clavaran en el pecho.

Ella rehusó acatar su petición e irse, en su lugar, aspiró profundo y se acercó con paso decidido. Yaten no se percató de su proximidad hasta que, por entre su flequillo, divisó en la moqueta los White Converse conjugándose con sus Yves St. Laurent. Mordió su labio inferior con fuerza, lastimándose en el proceso. No quería que ella le viera en esa condición. ¡Demonios! En un momento tan débil y patético. Tampoco se decidía a mirarla a los ojos y pedirle, enfurruñado, que se marchase de una maldita vez.

Pero Rei no esperó a que lo hiciera y, cual una pluma cayendo de cielo, posó una mano en su hombro izquierdo y lo apretó levemente, transmitiéndole a través de ese gesto, un hálito de comprensión.

Ni él ni ella necesitaron hablar. Muda fue la explicación, como mudo el entendimiento. El silencio allanó la cuadrangular bóveda de las escaleras, donde lejanamente, llegó el tintineo ahogado de la pieza compuesta por Seiya. Él había vuelto a tocar.

Rei sintió doler los latidos de su corazón.

—Yo… yo no tengo nada contra ti.- dijo Yaten, en un murmuro que Hino apenas logró escuchar.

El silencio de ella lo tranquilizó, junto al toque cálido que emanaba de su mano. Podía percibir la sinceridad brotar de sus sentimientos y la preocupación en la ligera presión que continuaba ejerciendo sobre su hombro. Y aun cuando lo deseaba, fue incapaz de erguirse y mirarla a los ojos. Se mantuvo gacho, con la mirada fija en sus desgastados tenis.

—Estoy enfadado. Conmigo. Debí haber sido más insistente, persuadirlo de algún modo. No sé qué es lo que puedo hacer ahora para que se olvide de todo este asunto y vuelva a sus sentidos. ¿Qué hacer para que vuelva a ser el mismo de antes?

Rei jamás lo había visto tan vulnerable, como un niño desamparado en busca de protección y consejo. Una sensación desagradable la abordó, una que le exigía borrar aquella expresión de su rostro, de extinguir el abatimiento que lo envolvía en su manto. Y no atinó a hacer otra cosa que acariciarle los cabellos con la mano que había descansado en su hombro.

Yaten abrió sus ojos con sorpresa pero no se movió, tratando de asimilar la tierna acción de aquella mujer. Rei lo consolaba y creyó que las emociones arremolinadas en su cuerpo, en cualquier momento, irían a colapsar. Tenerla frente a él brindándole soporte, el inhalar su aroma a flores y especias, conocer su afecto por medio de tan sutil e íntimo toque, fue demasiado y, de manera casi inconsciente y automática, su propio cuerpo se movió, inclinándose hacia adelante, dejando reposar su frente en el abdomen de ella.

Rei no esperó que un simple gesto como aquel desatara una reacción tal, que la desarmara completamente. Tragó saliva, percibiendo sus mejillas calentarse con un evidente sonrojo. Se alegró de que él no pudiese verla y dilucidara la timidez fulgurándole en la cara. Y aunque tarde, los dedos de su otra mano se unieron al rito de peinar su cabello, el cual encontró extremadamente suave.

—Yaten no es tu culpa. Era inevitable de cualquier modo. En el amor, por más que lo intentes, los sentimientos no son algo que puedas controlar.

Hino sintió cosquillas en su estómago al notar que de pronto, él reía por lo bajo, provocando que ella se sonriera también.

—Es gracioso que tenga que escuchar eso precisamente de ti.

—¿Por qué lo dices?

Rei volvió a sentir un hormigueo cuando él removió la cabeza en negación.

—Nada. Olvídalo.

—Ok. –consintió, sin saber el significado de aquella aseveración, en la que él le hablaba de sus propios sentimientos por ella.

—Gracias. –musitó Yaten, cerrando los ojos y sintiendo cómo su alma iba sosegándose. Era increíble el modo en que, así como era capaz de robársela, Hino también le regresaba la tranquilidad a sus sentidos.

Rei mordió sus labios cuando le oyó decir aquello. Juró que otra vez se hallaba furiosamente sonrojada. Y es que de la nada, desde el centro de sus entrañas, un extraño latido había retumbado en todo su cuerpo. Nunca sintió algo parecido antes, una sensación como de sofoco, como si el aire no le fuera suficiente. De lo que sí estaba segura, era de la fuerza del pensamiento que se repetía en su mente, una y otra vez.

"No quiero verlo así nunca más."

Hino se daba cuenta de lo insensato que sonaba eso, tomando en consideración que ella no podía tener mayor injerencia en su vida más que como su productora, y durante la extensión de sus relaciones laborales. ¿Cómo se atrevía a formular un deseo, con una aseveración intrínseca, sobre lo que habría de acontecerle o no? ¿Cuánto podría ella evitarlo? Era absurdo. Lo era. No obstante, Rei no ignoró el escalofrío que la recorrió al reparar en tales cuestionamientos.

Reacios a abandonar las hebras de su pelo, sus dedos todavía vagaron un rato más por el plateado cabello, hasta que ambos, sin necesidad de palabras, consideraron que era tiempo de volver al estudio. Él más calmado y ella más confusa que nunca.

Por aquel día Rei decidió cancelar la grabación conjunta, y en su lugar, se concentró de manera individual a hacer arreglos en la nueva canción creada por Seiya. Su propósito vital fue distraerlo lo más que pudo, y si con eso podía mantener su atención dispersa del tema que lo lastimaba, ella no dudaría en echar mano de ello. Y de hecho, el resultado fue bastante positivo, pues no sólo lograron –los cuatro- de tener listo el solo de Seiya para grabar en los días subsecuentes, sino que el mediano de los Kou lució un poco relajado, a pesar de que una nota melancólica se mantenía en su faz.

"Creo que sobrevivirá", juzgó Reiko al término de los trabajos, cuando el reloj en la pared marcaba las 10:17 p.m.

—Si todo va como lo planeo, creo que mi solo también podría estar listo en estos días. ¿Crees que eso compense el retraso de hoy, Hino-san?

Rei alargó una sonrisa limpia por el jugueteo y miró a Taiki, transmitiéndole su conformidad con la tregua que él le ofrecía a través de su afirmación presuntuosa.

—Podría, sí. Ya lo veremos.

Ambos no evitaron sonreírse en complicidad, y sólo el carraspeo de Yaten los hizo retomar la compostura. Rei percibió un ligero sonrojo instalarse en sus mejillas al remembrar el momento íntimo que compartieron en la escalera de emergencia; no se sentía incómoda como con lo ocurrido en el ascensor, era una sensación diferente, más entrañable. No sabía cómo explicárselo, pero era agradable.

—Nos veremos mañana entonces. –dijo al fin la sacerdotisa, y por un par de segundos, su mirada fue a caer en los ojos verdes de Yaten, quien complacido por su confidencia, le sostuvo la mirada hasta que ella la desvió, tímida.

—Gracias, Rei-chan. Y quita ya esa cara preocupona. Estaré bien. –le murmuró Seiya cuando le abrazó para despedirse. Eso bastó para que el corazón de la doncella se tranquilizase y lo empujara para que la soltara, como era su costumbre. Aun así, tuvo que realizar un gran esfuerzo para mantener a raya las lagunas de lágrimas que quisieron forjarse en sus ojos.

Pero la calma no le duró mucho tiempo. Al llegar a casa, Reiko se encontró con una presencia que no esperaba.

Serena.

Era la última persona que le apetecía ver en ese día. Su única pretensión al llegar a casa era: tomar un baño caliente, prepararse un delicioso té de canela y encerrarse en la habitación de Lita para hablar con ella y buscar su sabio consejo.

Necesitaba aclarar su mente, no enmarañarla más.

Estuvo a punto de pasar de largo, de puntillas, hasta su habitación y excusar después, una migraña terrible que le impidió siquiera detenerse a saludar. Sin embargo, la imagen de Seiya proyectándose de pronto en su mente, la obligó a desistir de huir y convencerse, de que la mejor opción era enfrentar la situación y tratar de entender las razones de Serena para rechazarle definitivamente.

Inhalando profundo, deslizó la puerta.

Hey! De saber que habría cónclave me habría pasado por una pizza o algo.

Las tres mujeres cortaron su conversación y repararon en el vigoroso saludo y en el agitado aspecto de su amiga pelinegra.

—No es necesario, tenemos suficiente para un ejército en el microondas, por si quieres calentar. También hay un par de botes de helado de chocolate por si quieres unirte a la sesión.

El apunte de Minako fue debidamente descifrado por Hino, que comprendió entre líneas el tópico de la conversación, haciéndole saber que no estaba errada en las posibles razones por las que Serena estaba allí. Entendiendo su indirecta, dejó su bolso en el suelo y buscó un lugar en la mesita de té. Sus labios coloreados tenuemente con resquicios de su rose pale, se alargaron en una forzada sonrisa.

—Qué sorpresa encontrarte aquí, Serena. Habría venido más temprano si…

—Ya lo sabes, ¿no? –inquirió la Tsukino jugando con la cucharilla de su té verde. Sus ojos se alzaron y siguieron atentos los movimientos de la sacerdotisa, ansiosa por entrever alguna reacción que le comunicara algo sobre el otro lado del mar, es decir, sobre Seiya. ¿Estaría él bien?

—Una parte, sí. –admitió, dándose cuenta que dar rodeos no iba a funcionar para diluir la tensión.

Serena bajó la mirada, afligida o avergonzada, Rei no pudo adivinarlo.

—¿Qué rayos pasó?

Y ella apretó los labios.

—Rechazó formalmente a Seiya, eso pasó. Le dejó en claro que no hay posibilidad alguna de que su futuro cambie porque será la regente de Tokio de Cristal. –espetó Minako. Su tono aunque no denotó enfado, contuvo una nota de seriedad.

—Y esas palabras…

Era imposible que esas crueles palabras pertenecieran a Serena.

—Haruka y Setsuna se enteraron de que ellos han estado encontrándose frecuentemente –intervino Lita-. Parece que Luna estaba preocupada.

—¿Luna?

—Darien tampoco luce tan tranquilo con la situación. Vaya que se tardó el hombre. –ironizó la Aino.

—Es que nadie sabía que ellos estaba saliendo en un plan diferente que no fuera amigos.

—Es ridículo Lita, todos sabíamos que Seiya siempre albergó otras intenciones y que a Serena tampoco le era indiferente.

—Deténganse. –clamó Rei, mareada con los disparos de información inconexa.

Solicitó una explicación más clara del panorama y Lita y Mina se encargaron de actualizarla en detalles. A medida que la verdad fue descubriéndose, un fuego interno pareció recorrerle todo el cuerpo; y entonces lo supo: no es que su amiga haya querido zanjar el asunto con Seiya, es que fue obligada a hacerlo. Con aquel clásico y sucio método de coacción que tenían las outers para convencer –acorralar- a Serena, se aliaron para tener una seria "charla" con ella. Setsuna, Haruka, Michiru, Darien… Rei podía imaginarse toda la basura verbal que blandieron para lavarle la cabeza. Sintió su cuerpo temblar de rabia.

—¿Y tú no dijiste nada? ¿Estás segura de que tú querías acabar con esto, alejar a Seiya?

Serena cabizbaja, se mordió los labios, esforzándose en contener las lágrimas acumuladas en sus ojos.

—Rei…

La voz aterciopelada de Lita quedó flotando en el aire. El enojo bullía incontrolable en el ánimo de la doncella de Hikawa.

—¡Contesta, Serena!

Oírla comenzar a lloriquear fue la gota que derramó el vaso.

Apretó los dientes.

—Sigo sin entender por qué te complicas la vida, si lo único que necesitas es plantarte ante Darien y decirle que no funciona. Punto. ¡Que el universo se vaya al carajo! Tu felicidad es más importante que cualquiera de sus discursos idiotas. Si les parece bien y si no también. ¡No debes tener su maldito permiso para vivir como se te dé la gana!

Serena pestañeó impresionada escuchándola hablar. No era la primera vez que Reiko se lo decía, pero sí la primera que se exaltaba de tal modo. Sus labios vacilaron e Hino vaticinó lo que seguiría a continuación, ya se lo sabía de memoria: se pondría a llorar, alegaría su deber, la confianza en ese alter ego que era Serenity, la existencia de Rini, la sinceridad de Seiya, su miedo a tomar decisiones.

Irritada de antemano, Rei hizo lo que nunca antes: se levantó de la duela y tomó su bolso y chaqueta. No necesitaba quedarse a contemplar ese estúpido círculo vicioso, no tenía por qué soportar otro episodio de mártir otra vez; tampoco escuchar los gimoteos de la chica dejada, de la chica sufrida que necesita depender de alguien para sentirse viva.

No tenía ya la paciencia para las cosas del amor.

Sin dedicarle una mirada más a Serena, Rei dirigió pasos largos hacia la puerta. Enojada, molesta, herida.

Sentía una bola de fuego llamear en el centro del abdomen y la contracción de su tensa mandíbula. ¿Cómo era posible que el cariño y la atención de alguien fulguraran y se desvanecieran a capricho de sus deseos, de su bipolar apetencia? ¿Cómo teniendo en tu mano las emociones de alguien más, juegas con ellas y las desgastas como si no fueran nada? ¿Cómo teniendo ese sentimiento dando luz a tu vida te aferras a la oscuridad?

Estaba dolida e irascible.

Envidiosa.

Envidiosa de sentir eso que llaman tan fácilmente amor. Era cierto que ella no era una niñita inexperta, pero se hallaba segura de que todas aquellas experiencias previas, no lo habían sido; tampoco la hicieron vibrar como se suponía, debían. No hicieron una fiesta de sus emociones, así como no trajeron la dulzura de la paz compartida. No se enamoró. No sabía lo que era eso.

Quizá nunca lo supiera.

De cualquier modo, Rei en ese momento se dio cuenta de dos cosas:

1. Que después de esa noche no podría mirar a Serena de la misma forma que antes, y;

2. Que no podría aceptar la propuesta de Etou.

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Hellow, babies! :D

Por fin, después de algunos meses de ausencia vengo a actualizar esta historia, que comenzará a declinar a partir de aquí. Creo que ya hay algunos indicios de eso en este capítulo, el cual espero haya sido agradable en su lectura, digo, fuera de los lloriqueos y de los improperios a Serena por hacer sufrir a este enamorado que es Seiya. ¿Alguien se conmovió con Yaten? Dios, es hermoso cuando un hombre tan inerme como él se muestra tan vulnerable de repente. ¿Qué tal la reacción de Rei? ¿Exageró acaso? ¿Merecía Serena tal reprimenda?

No lo sé, díganmelo ustedes en un comentario que les nazca :)

Muchas gracias por sus lecturas y alertas, en especial a:

*Shadow of Mars: My baby! You back! I missed so much! I'm gonna cry :')! Thank you for all support LY!

*misuzu: Gracias por el apoyo y seguir aquí. De verdad.

*Lexie C: LOL Cierto my dearling, se le veía venir a Yaten pero no lo quiso admitir antes, y estas son las consecuencias. Y en este, Serena a pasado a ser el personaje más odiado del mundo (?) oknot (?) Taiki y Saki, #fuckyeah! Hahahaha, Taiki needs a girl xD! Espero haya habido más feelings que compartir en este :P Besos adorable Lex!

*alonesempai:Te agradezco tanto que sigas esta historia y estés al pendiente de ella, en serio eso me anima como no tienes una idea. Hombres como Yaten celosos son dinamita xD Y por eso hacen cada cosa tan inesperada. Espero hayas disfrutado de esta entrega. Un abrazo.

*Lirit Yazmin: Qué definición más certera has hecho, "mordida" del amor, ah tan agridulce. Y creo que el club para linchar a Serena se fundará hoy con esto jajaja Ya me imagino tu expresión asesina en este instante. Y muchísimas gracias por echarte un maratón leyendo esta historia, mira que tu opinión e interés es muy valioso para mí. Gracias por acompañarme en mis tumultuosas letras.

*Jenny Anderson: Ya me imagino tu carita al leer el beso y todo, casi te sentía estrangularme a través de la pantalla o por Bistrips hahaha Y creo que captaste muy bien el contraste entre ambos besos, entre ambos hombres y probablemente en las sensaciones que despiertan en Rei. Ah, my darling, en medio de todo este torbellino de decepciones por FF, ver un review tuyo, y el interés que algunos todavía tienen en mis ideas locas, me impiden abandonar. Por eso, muchas gracias por todo tu apoyo siempre. Un abrazote.

*Kamisumi Shirohoshi: LOL pensamientos candentes entre estos dos, siempre me pasan por la cabeza, es que en serio, creo que nadie lo ve o que yo veo cosas donde no las hay, pero Yaten y Rei en cualquier circunstancia con una mecha y gasolina a punto de estallar en cualquier momento, intempestuosos que desatan una atracción casi natural *-* yeah, los hombres son burros (?) xD oknot xD Ah, no sabes lo que significan tus palabras, es muy motivante saber que al menos dentro de mis historias, puedo crear una lógica que te llevan a amarlos juntos y dejar los prejuicios y canon-zombie de lado. Saber que puedo lograr eso me llena de total satisfacción y me impiden abandonar. En verdad muchas gracias. Un abrazo grande.

Y a todos los que se pasan anonimamente. Un placer escribir y compartirlo con todos ustedes que se dan la molestia de asomarse a este espacio.

¿Comentarios? ¿Revws?

.:Sol:.