10
5 mañanas llevaba amaneciendo con Rachel a su lado, con Rachel protegiéndola como si de una muñeca de porcelana se tratara, no iba a mentir le encantaba despertar y encontrarse con el pelo arremolinado de la morena, como su mano derecha se anclaba de manera posesiva a su cintura sin haber pedido permiso, lo que no le gustaba para nada era el porqué? La razón por la cual Rachel ya llevaba 5 mañanas en su cama a la hora del alba se traducía como, pesadillas, pesadillas que atormentaban su sueño, provocando que despertara a mitad de la noche gritando desesperada el nombre de Noah.
Unos gritos que no pasaban desapercibidos para los oídos sensibles de Rachel, quien no podía evitar correr a la habitación de la rubia para asegurarle que todo estaba bien, que nada iba a pasarle, entregándole pequeñas y suaves caricias que calmaban el estado de nervios en el que Quinn se encontraba.
Así que Rachel acomodaba a Quinn en la típica posición de ovillo en la que dormía, acomodaba la almohada en el medio y luego tomaba el lado derecho de la cama para así asegurarle a la rubia que nada iba a pasarle mientras ella estuviera a su lado.
Eran alrededor de las 7:30 am y un pequeño rayo de luz se colaba en el interior de la habitación de Quinn dándole justo en el rostro, de a poco y por culpa del brillo que le provocaba aquel insipiente rayo empezó a despertar. Sonrió de manera tierna cuando sintió como el pequeño pero fuerte cuerpo de Rachel la sostenía de la cintura, haciéndola de su propiedad como cada unas de esas 5 mañanas que despertó a su lado.
La almohada seguía en el medio de las dos claro que sí, aunque de nada les servía acostarse cada una en una punta cuando la fuerza de la gravedad jugaba con ellas en la madrugada, cuando su inconsciente no hacía otra cosa que estar despierto y jugar sus cartas a su antojo.
Rachel estaba de manera literal sobre la almohada que funcionaba como barrera, su brazo derecho cruzaba por encima de la barriga de Quinn y su pierna derecha se encontraba entre lazada con la de la rubia.
Era la imagen que mas ternura le causaba a Quinn por esas horas de la mañana, ver como el rostro de Rachel se encontraba cubierto de aquellos cabellos color chocolate y como su nariz se movía al sentir el nuevo despertar.
Sonrió cuando Rachel se empezó a mover de manera lenta y algo aparatosa, como sin abrir los ojos alejaba la almohada que se interponía en su camino y pegaba mas su cuerpo al de Quinn que era una mera espectadora de tan divertida y tierna escena. Vio como en un segundo la morena puso el brazo que ella tenía atrapado entre su cuerpo y la almohada para llevarlo hacia su espalda encontrando de esa manera una posición mucho más cómoda en la cintura de la rubia.
Pero su sonrisa se hizo más amplia cuando Rachel soltó el agarre de su cintura para llevar su mano a la de Quinn y hacer que le acariciara la cabeza.
Mmm, rasca, rasca- escucho de la voz de Rachel y negó divertida con su cabeza, era como una pequeña, y le encantaba sentir que ella era la que podía regalarle aquellas caricias, le gustaba entre lazar sus dedos por el pelo de Rachel y ver como este se deslizaba de manera suave desprendiendo un dulce aroma a vainilla.
Un segundo gesto faltaba para saber que Rachel estaba despierta y no tardaba en llegar. El agarre a su cintura se hacia un poco mas fuerte haciendo que la cabeza de Rachel quedara por completo en su hombro y su pie empezaba a jugar deliberadamente en su pierna, sentía como los dedos de la morena acariciaban la zona baja de su rodilla y eso en vez de agobiarla, hacerla sentir pánico o ansiedad, le entregaba una sensación de confort que jamás había sentido.
Despierta que hoy tienes clases con el sr Davis y no puedes llegar tarde- susurro Quinn cerca del oído de Rachel que ahora sonreía de manera tonta sin que la rubia se diera cuenta.
No quiero, hace frio y acá estoy abrigada-contestaba apretándose más a la cintura de la rubia-5 minutos más, por favor?-pidió de manera tierna.
Si no te levantas, no hay más rasca, rasca- sentencio de manera seria Quinn y Rachel rápidamente se irguió en la cama para por primera vez en esa mañana mirarla a los ojos, cuestionándola severamente con sus profundos ojos marrones- no me mires así, levántate o no hay más…
No pudo terminar de decir aquello que Rachel dejaba un veloz beso en su mejilla y la saltaba para salir de la habitación y comenzar aquel día, podía amenazarla con no darle de su preciado café negro de cada mañana, podía decirle que si no se levantaba no habría más musicales, pero quedarse sin su rasca, rasca, no entraba en sus planes, menos si la que le entregaba aquella caricia era Quinn.
Desayunaron mientras Quinn veía las noticias en su tablet como cada mañana, mientras Rachel organizaba el material que tendría que llevar para ese día de estudio.
Eso deberías hacerlo a la noche, entonces así desayunarías como se debe-apuntillo Quinn mientras una sonrisa divertida se dibujaba en el rostro de la morena.
Puede que sí, puede que no, creo que las dos tenemos nuestras rutinas, no crees?- pregunto mientras dirigía su mirada a la tablet de Quinn, y a la taza de café casi llena que seguía enfrente suyo.
Pero yo no tengo que estar por 4 horas prestando atención a una clase, puedo desayunar cuantas veces quiera da igual- respondió sacándole la lengua a Rachel que no podía dejar de sonreír.
Mejor me voy si no quiero llegar tarde- se separó de la banqueta, agarro su bolso y se acercó a Quinn, quien seguía inmersa en un choque producido en la madrugada de aquel lunes y que sorprendentemente no había dejado ningún herido.-nos vemos después-susurro al oído de la rubia dejando un suave beso en su mejilla, robándole toda la atención que la rubia tenía puesta en aquella noticia.
La vio desaparecer tras la puerta y así se quedo inmersa con su vista puesta en el ir y venir de la misma, negó con su cabeza mientras una sonrisa tonta se dibujaba en su rostro. No sabía que era, como lo hacía o cual era la intensión que Rachel tenía para con ella, pero le encantaba aquel juego. Parecían una pareja, amanecían juntas, reían, se acompañaban, se regalaban pequeños detalles como esos susurros y besos de improvisto que alegraban considerablemente el alma.
La mañana se encontraba tranquila, nada fuera de lo normal que alterara su concentración de su nuevo libro, de su cuento, de su princesa, de esa aventura que estaba dando vida en la comodidad que el cuarto de la diversión le entregaba.
Era la primera vez que escribía con una sonrisa instalada en su rostro, era la primera vez que no escribía una historia de dos enamorados y de las desaventuras de estos, de sus encuentros furtivos, de miradas con añoranzas, era la primera vez que no escribía sobre corazones ansiosos de amor o de soledades que agobiaban al alma. Y era la primera vez que sentía una alegría extraña recorrer su cuerpo al darle vida a Hope.
Una varita mágica de algún hada madrina le daba la oportunidad a la pequeña princesa de escapar de los malévolos planes de su padre y adentrarse en una aventura sin retorno, a un mágico mundo de árboles cantores, ardillas con armaduras y un hermoso príncipe de bellos ojos azules condenado a vivir en la soledad de su castillo.
Sí, esa mañana estaba siendo la más productiva que pudo haber tenido en muchísimo tiempo y todo se lo debía a aquel beso, insignificante detalle que hizo a su alma vibrar. Tal vez por haber sido un pequeño y suave beso en la mejilla le estaba dando demasiada importancia o demasiada relevancia, pero no podía evitar sentirse estupendamente bien.
Jake podría haber regresado y desestabilizado todo su alrededor nuevamente, pero en su hogar, en la calidez y seguridad que su apartamento le ofrecía, Jake no era nadie, ni siquiera era capaz de evitar que Quinn sintiera esas dichosas mariposas de las que todo el mundo alguna vez le habló.
Dos golpes en la puerta de su hogar, dos golpes que daban el aviso de alguien que no esperaba por aquel día. Se levanto con una sensación extraña en su cuerpo, nadie llamaba a su puerta sin que ella previamente supiera que alguien vendría, si era algo maniática, pero nadie la podía culpar, o si?
Estaba a unos pasos de la puerta cuando la voz de Santana se escucho desde el pasillo- Vamos rubia abre la maldita puerta- exclamó dejando dos golpes en la puerta.
Alivio fue lo que sintió al sentir la voz de la latina del otro lado, un alivio que no iba a durar demasiado.
Santana- saludo abriendo la puerta para que su amiga entrara como torbellino sin siquiera saludarla- hola Quinn, como estas? Bien Santana muchas gracias por preguntar-ironizo pero Santana no estaba por la labor, estaba nerviosa y Quinn no tardo mucho en darse cuenta del estado anímico que atacaba a la latina-San que sucede?- pregunto preocupada.
Santana la miro y pudo ver como sus ojos trasmitían una preocupación que nunca había visto, una angustia que no era normal en ella, entonces rápidamente pensó que a Brittany le había pasado algo.
Quinn…
Un sonido, una canción sonaba a lo lejos y Quinn supo que era Rachel quien la llamaba, desde que la morena llego, había destinado New York New York de Frank Sinatra como tono de llamada para la sonriente foto que aparecía ya en la pantalla de su móvil.
Es Rachel disculpa…
Pero Santana fue más rápida y arrebato de sus manos el aparato que seguía sonando bajo la desconcertante mirada de la rubia.
Quinn… Rachel…
Qué demonios pasa Santana?- pregunto desesperada.
Pero el móvil volvía a sonar y estaba vez Quinn no dudo en tomarlo en sus manos y atender sin dejar que Santana reaccione.
Rachel-espeto al atender la rubia.
Santana susurraba alta voz, alta voz, hasta que Quinn dejo de escuchar.
Lucy, Lucy- escucho y fue suficiente para que Quinn perdiera cualquier tipo de sentido, para que todo su alrededor dejara de existir, para que su corazón se quebrara en miles de pedazos, era él y lo peor de todo tenía a su Rachel, tenía a su morena de pequeño pero maravilloso cuerpo con él.
Santana le saco el móvil de las manos para hacerse con la conversación- Dinos donde estas?-exigió como si fuera una novata.
Pásame con Lucy si quieren saber algo de la morena!-grito fuera de sí al escuchar que la voz del otro lado no era la de su Lucy.
Tranquilo Jake, nadie hará nada…
Que me pases con Lucy!- volvió a gritar fuera de sí y pudo escuchar un ruido que supuso fue un golpe.
Ya… ya te la paso- dijo mirando a Quinn que seguía inmersa en sus pensamientos.
Vamos Quinn no puedes bloquearte ahora, hazlo por Rachel rubia… reacciona carajo!- exclamo de manera fuerte haciendo que Quinn pestañara y volviera en sí- tienes que ser fuerte, por ella Quinn- pidió con la voz suave y dulce antes de entregarle el móvil a la rubia.
Ho…hola-apenas susurro, suficiente para que Jake desde el otro lado sonriera satisfecho.
Oh Lucy, que alegría volver escuchar tu voz después de tantos años-
Apretó su mano tan fuerte que sus nudillos estaban blancos de la fuerza que estaba haciendo, no era miedo lo que sentía, no era agobio lo que estaba corriendo por su cuerpo, era odio, un profundo odio que incluso era más grande que el pánico que sintió durante tantos años por culpa del que ahora tenía secuestrada a Rachel.
Tú no la quieres a ella, tú me quieres a mi- dijo sin más invadida por un coraje nunca antes visto en ella.
Veo que no hace falta que te explique nada- agrego soberbio, con un tono siniestro en su voz, que antes podría suponerle la histeria inmediata, pero que en ese momento lo único que hacía era acrecentar a un mas esa valentía que estaba experimentando.
Santana era una mera espectadora de cómo la seguridad de Quinn se hacía presente y manejaba la situación con delicadez y madurez, no percibía ni un pequeño titubeo a la hora de hablar por parte de la rubia.
No entiendo porque te metes con ella, si el problema es conmigo…
No!- grito interrumpiéndola- ella me está quitando mi lugar junto a ti…
Noah también y con el no te metiste, tan cobarde eres que no puedes meterte con un hombre verdad? Eres tan poca cosa que decidiste llevarte a un pequeña e indefensa mujer que no iba a poder pelear contra a ti- sentenció interrumpiéndolo y rompiendo cualquier esquema establecido para una situación como esa, Santana estaba con la boca abierta, lamentándose por dentro por la brusquedad de las palabras de Quinn, y rogaba que Jake no reaccionara mal.
Sabes qué? Iba hacer un trato contigo, pero te crees muy valiente verdad? Pues ahora tu amiguita pagara TUS consecuencias Lucy- esa amenaza la dejó congelada, quiso replicar algo pero el sonido que la llamada había sido finalizada le daba a entender que algo malo iba a pasarle a su Rachel y que era por su culpa. Santana se lamentaba en su interior, pero no podía demostrarle a Quinn que esa actitud podría suponer un mayor peligro para con la morena.
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Rachel se encontraba atada a una silla, con un ojo morado y el labio partido, su respiración se veía interrumpida por los sollozos que la inundaban, tenía miedo, estaba aterrada de lo que le podría pasar en manos de aquel desquiciado, porque aquel hombre que se encontraba sentado en una mesa delante de ella, no tenía otro adjetivo que desquiciado.
Su sonrisa tan tétrica como todo lo que sus ojos le trasmitían, esos ojos llenos de maldad, inyectados de una oscuridad de la que nunca antes había sido testigo, sentía que su cuerpo se estremecía por como esos oscuros ojos la recorrían, presintiendo que nada bueno estaba a punto de pasarle.
Jake se bajo de la mesa y camino directo a ella, caminando alrededor de Rachel, inspeccionando cada parte del cuerpo de aquella menuda y atemorizada mujer, era hermosa pero no más que su Lucy.
Sabes… el amor puede llevarte a cometer locuras- susurraba mientras acariciaba el pelo que caía por los hombros de Rachel- pierdes el norte y cualquier resquicio de coherencia se desvanece- explicaba con la voz ronca como si se tratara de un fumador de años.
Pero… cuando el amor te falta el respeto, no puedes quedarte de brazos cruzados- Rachel se estremecía, las manos de Jake eran grandes y ásperas. No podía soportarlo, temblaba al menor contacto que tenía con aquel hombre, sin embargo, él lo disfrutaba y se le notaba en aquella aterradora sonrisa que le estaba regalando.
Yo creo que tu y yo… podemos pasarlo bien- murmuro en el oído de Rachel a la vez que dejaba un beso en su cuello, no lo pudo evitar y su piel se erizo por completo del terror que sintió, no solo la hizo temblar de pies a cabeza si no que disparo sus pulsaciones al punto de sentirse sin aire suficiente.
Tranquila, prometo que a pesar de que pienses que soy un desquiciado, seré todo un caballero-
Las lagrimas empezaron a caer de manera descontrolada de sus ojos, las manos de Jake subían por sus piernas estremeciéndola por completo, nada ni nadie iban a poder salvarla de que él hiciera lo que quisiera con su cuerpo, no podía gritar, no podía moverse y se desesperaba, sentía que su cuerpo iba a colapsar en cualquier momento, que la presión que estaba sintiendo era demasiada para su cuerpo, hasta que un ruido, una puerta abriéndose hizo que Jake se separara de ella de manera rápida, aliviando por un momento su maltrecho estado.
Que haces aquí?- pregunto Jake visiblemente enojado por aquella interrupción.
Evitando que hagas una estupidez- escucho de lejos, una voz femenina que no reconocía.
Lárgate por donde viniste, no tienes que estar acá- exclamo molesto levantando el tono de voz para imponerse.
No, no lo hare, esto es con la rubia reprimida esa y de todos modos ella no te sirve de nada- indico en un tono de burla que Rachel en su estado no pudo entender.
Que dices que no me sirve?- cuestiono mas cabreado acercándose a aquella mujer.
Querido J, la morena no es pura- contesto y Rachel frunció su ceño, no entendía absolutamente nada de que iba esa conversación.
Cállate tú que sabes- reprocho molesto a punto de perder la paciencia.
No es lo que tú quieres J, ve… ve a comprar comida, seguro y la rubita no tarda en llamar- ordeno de manera suave procurando no alterar mas el estado en el que se encontraba el muchacho- y en el camino procura solucionar ese problema- agregó mirando hacia sus pantalones.
Jake se fue del lugar maldiciendo en voz baja visiblemente enojado por aquella interrupción, mientras Rachel seguía temblando atada aquella silla sucia y fría.
El silencio que se sentía en aquel sucio galpón la abrumaba, el silencio no le gustaba porque nunca se sabía que esperar de él y en esa situación un silencio era la antesala de que algo malo podía pasar, mas siendo consciente que ella era la que tenía todas las de perder en esa desfavorable situación.
Le dolía el ojo, incluso no podía abrirlo del golpe que Jake le propinó a la salida de la Universidad, siempre hacia el mismo recorrido, eran exactamente 15 calles hasta el apartamento y no hubo una sola vez que lo hiciera en algún tipo de transporte más que sus pies, se lamentaba por ser tan rutinaria pero es que para que contaminar el medio ambiente cuando podía disfrutar de una caminata por las agradables calles que Londres le ofrecía, simplemente ridículo, si claro y ahora pagaba las consecuencias de pensar en el medio ambiente.
Volvía a pensar en aquel silencio y si alguno de las personas que la tenia retenida iba aparecer para por lo menos abrigarla, una estupidez pensar en eso verdad? Pero bueno Rachel Berry no perdía del todo las esperanzas sobre la humanidad de las personas.
De repente pensó en Quinn, pensó en aquella rubia que por alguna circunstancia de la vida termino cruzándose en su camino, pensó en aquella rubia que le hacía bromas sin sentido, que la cuidaba como si fuera una hermana pero que lejos estaba de verla de aquella manera y se arrepentía de no habérselo dicho, pero que se supone que debería de decirle al fin y al cabo?
Unos pasos, más precisamente unos pasos de unos tacos se acercaban de manera lenta a ella y el temblor volvía a su cuerpo producto del miedo que nunca había abandonado su cuerpo.
Pensé que tal vez tendrías hambre… y un poco de frio- escucho detrás de ella, aquella voz era la misma que había escuchado horas atrás cuando interrumpió lo que estuvo a punto de hacer Jake.
Sintió una manta cubrirla por sus hombros y un olor a comida que se colaba por sus fosas nasales dándose cuenta que era la primera vez que iba a comer algo en aquel fatídico día, pero que en realidad le iba ser imposible poder ingerir algo con el nudo que sentía en su estomago.
Una silla se arrastraba por aquel rustico piso y se colocaba al lado de ella, pero al intentar ver el rostro de la persona que se suponía la iba a alimentar una luz la cegó por completo- disculpa pero… no voy a permitir que me veas, ahora come algo si?- si su voz era suave y delicada, pero ella no iba a comer, le era imposible.
No… no quiero… gracias- titubeo presa del miedo que la invadía.
Tienes que comer algo, si no quieres enfermar- ilógico pensó, tenía un ojo con el cual no podía ver de lo hinchado que estaba, el labio partido y un dolor punzante en las costillas del lado derecho- se le fue la mano, no tenía que lastimarte así, lo siento-
No lo creía, no podía ser cierto que aquella mujer a la cual no le podía ver el rostro se disculpara por lo que le habían hecho y aun así la tuviera en cautiverio, atada a una silla en vaya saber qué lugar de Londres.
Por lo menos toma algo-volvió a insistir con amabilidad.
A eso no podía negarse, moría de sed y necesitaba tomar algo de manera urgente, así que no lo pensó y asintió para recibir con ansías ese vaso de agua que ya disfrutaba.
Gracias- susurro.
No tengas miedo, no te volverá a pegar, ni a tocar, una vez que hagamos el intercambio con la rubia todo volverá a la normalidad para ti- dijo esto último dejando un apretón en su hombro y dejándola sola nuevamente, con esa manta cubriendo su cuerpo y nuevamente el silencio perpetuo compañero.
Dos golpes, dos golpes sobre aquella horrenda puerta roja escucho Quinn que estaba recostada sobre el sofá del salón mirando absolutamente nada, pero pensando en todo, en todo lo que le podría estar pasando a Rachel en esos momentos, como por su culpa ya habría sufrido seguramente lo que ella no gracias a Noah.
Había pasado toda la noche despierta pensando cómo hacer para rescatarla, pero realmente no tenía ni la mínima idea, por dónde empezar?...
Maldita sea Quinn!-exclamo Santana del otro lado de la puerta.
Despacio sin prisa como si nada pasara, se dirigió a la puerta y de nueva cuenta Santana junto a Brittany entraron a su departamento seguida de una chica y un chico que llevaban aparatos raros en sus manos que ella desconocía.
San, Britt y…-
Ella es Spencer y el blancucho es Devon- presento adelantándose a lo que la rubia iba a preguntar-ellos son de la parte mmm de inteligencia- explico de manera breve-cuando llames al móvil de Rachel ellos rastrearan la llamada y sabremos donde localizarla en un par de segundos?- indago con la mirada a una Spencer que no dejaba de mirar a Quinn desde que entro.
Si como dijo la detective López, tenemos entendido que la srta Berry tiene un dispositivo nuevo y podremos activar la señal del GPS desde acá y retrasmitirla aquí- explico y señalo un aparato que a simple vista parecía un teléfono pero era un rastreador especial.
Y en el caso de que él la llame a usted desde otro teléfono- agregaba Devon con seguridad- yo me encargare de localizar el punto exacto desde donde esté realizando la llamada, sea de donde sea- finalizo con una sonrisa de superioridad.
De acuerdo… San encárgate tu, que se acomoden donde les parezca- dijo realizando ademanes con la mano mientras tiraba del brazo de Britt para perderse en la cocina.
Supuso que en algún momento de la noche el sueño la venció porque aunque no estaba en sus planes quedarse dormida, ahí se encontraba despertando por culpa de la luz que ingresaba por las ventanas del aquel galpón que parecía abandonado hacía años.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, sin embargo en horas se iba a cumplir 1 día que estaba encerrada en aquel asqueroso lugar y no tenía idea si Quinn estaba haciendo algo para buscarla, porque la única persona que tenía en aquella ciudad era Quinn Fabray, aunque en esos momentos lo que más quería en el mundo era estar en su casa y no precisamente la de Nueva York, quería estar en su hogar junto con los dos hombres de su vida, junto con sus padres bajo el cuidado y la protección que solo ellos podían ofrecerle.
Quería gritar tan fuerte como se lo permitieran sus pulmones, quería hacer como hacen en las películas y pasar los brazos por debajo de las patas de la silla y liberarse, pero eso no iba ocurrir.
Sentía su parpado pesado consciente de que si no lograban rescatarla seguramente lo perdería, puede que estuviera exagerando, pero a Rachel Berry nunca le habían pegado en su vida, la única cicatriz que llevaba consigo la tenía en su frente y la tenía bien cubierta por su flequillo que la mantenía al resguardo de cualquier pregunta.
Ahora tendría que lidiar con la posible pérdida de su ojo y por el continuo dolor en sus costillas podría jurar que tendría mínimo una fisura. 1 metro 58 centímetros y 54 kg tenía Rachel, era de esperar que un simple golpe le hiciera el triple de daño.
Seguía con ese nudo en su estomago, seguía con el silencio a su alrededor que podía llegar a ser más que agobiante y perturbador. Tenía 22 años, su novio la había engañado y posteriormente la relación se dio por finalizada, vivía con una mujer que era sumamente hermosa y no solo físicamente, si no que era una persona hermosa y sus ojos, a veces verdes, a veces color ámbar e incluso a veces una mezcla de ambas la mantenían hipnotizada. Ni en el peor momento de su vida dejaba de admirar la belleza de Quinn.
Donde estas Quinn?-se pregunto dejando caer su cabeza hacia atrás resignada de lo que su futuro le deparaba…
Hola...
1) Disculpas por el retraso me mude (si otra vez) pero ahora tengo unas vistas privilegiadas que dan directo al mar.
2)Me estaba recuperando del ataque Achele, no en serio la que no sufrió un ataque esta mintiendo.
3) Tenia miedo de la reacción después de leer el cap...
4) Odiemos a Jake...
y por último pero no por eso menos importante... GRACIAS por cada review son geniales gracias a los Guests la rompen... ;)
Buen fin de semana...voy a seguir con la parte fea de mudarse (limpiar)
Nos leemos el martes!
