.::. She kills my EGO .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


Recording 020

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Yaten se consideraba a sí mismo como una persona no nerviosa: alguien que podía lidiar con cualquier situación con una mano en la cintura: una mente centrada y pragmática. Esta era la primera vez que sentía un rio de incertidumbre corriéndole en las venas; descargas de ansiedad picándole en la piel.

Contempló su imagen en el espejo, repasando a detalle la impecabilidad de su cabello despeinado; mientras, el pensamiento de cómo enfrentar a Hino después de pedirle una cita el día anterior, giraba una y otra vez en su cabeza. Seguramente ella tendría miles de preguntas –totalmente justificadas- al respecto; seguramente lo miraría todavía incrédula por la inusual petición; seguramente tendría un montón de teorías en la cabeza; seguramente estaría experimentando ¿una sensación similar que él? Imposible saberlo.

Trazó la mitad de una sonrisa y respiró fuerte. Miró por última vez su reflejo, reconociendo en sus rasgos un fulgor distinto: menos duros: menos rígidos: plácidos.

Descolgó la cazadora y tomó las llaves de su Audi. El departamento de hallaba vacío, Seiya y Taiki habían partido a Lantis cuatro horas antes debido a las grabaciones de sus solos para el álbum. El suyo estaba programado precisamente para el viernes; Hino se los había comunicado por la noche. Yaten no dejaba la idea en paz de que tal decisión no fue mera casualidad u ocurrencia súbita de su productora. Pensar así, le alentó.

El clásico embotellamiento del mediodía le hizo arribar a la agencia a mediodía y, a pesar de que aquel día no le tocaba grabar como tal, tenía otros varios pendientes qué zanjar. Aoi, su manager, le había citado para presentarle la cartera de ofertas publicitarias que requerían de su imagen para promocionar sus marcas; Higurashi, el entrenador personal, también le había hecho espacio para su sesión de fortalecimiento físico, aspecto importante a medida que la fecha del comeback estaba casi en puerta. Más relevante que eso, tenía que trabajar en los últimos detalles de su canción. No podía llegar el viernes y presentarse en el estudio sin un solo qué grabar. Ella estaría tan molesta…

Devolvió el saludo que la recepcionista le dio al verlo pasar rumbo a los elevadores. En su breve espera, Yaten decidió la tarea con la que comenzaría aquel día tan ajetreado. Mejor, así ocupaba su mente y suprimía todas aquellas cosquillas: pulsaciones nerviosas que latían en su sistema. Y por supuesto que la visita al estudio, se colocó como la última tarea de la lista.

—Sigo creyendo que sería mejor si grabásemos la base musical primero y luego le ensamblásemos la letra –apuntó Rei, dejándose caer en la silla con un suspiro. Aquel era la treintava secuencia que capturaban y la treintava que no les satisfacía-. Realizar la toma entera en un solo performance nos está retrasando más de lo que esperábamos. ¿Qué piensas, Taiki? ¿Lo intentamos así?

—No. Lo intentaré de nuevo.

La declaración tajante del mayor de los Kou inundó de perplejidad el rostro de la productora, quien, dejando de mover el lápiz entre sus dedos, lo miró interrogante.

—¿Estás consiente de que hemos hecho treinta grabaciones en ocho horas y no tenemos nada para incluir en el álbum?

—El ensamble diferenciado no funciona con canciones instrumentales de cantautor. El sentimiento y la armonía dependen de la ejecución del performance secuencial, en una toma. Tú lo sabes mejor que nadie, Hino.

Rei se sorprendió enormemente por el modo en que blandió aquella respuesta ingeniosa y desafiante; comportarse de una manera necia y poco práctica no era algo propio de él. Aceptaba el argumento en pos de la perfección de la pieza, sí, pero no dejaba de parecerle una postura obstinada. Los detalles podían solventarse con una serie de ajustes digitales.

Primero Yaten diciéndole esa cosa e invitándola a salir y ahora, Taiki rebelándose en contra de su sistema creativo. ¿Qué rayos estaba pasando con todo el mundo? Una sardónica sonrisa acudió a sus labios por lo risible del panorama.

Rendida, suspiró y se pasó la mano por el cabello.

—De acuerdo, hagámoslo así. Tomemos diez minutos para pedir algo de comida y volvamos a ello, ¿está bien? Seiya, ¿me ayudarías con eso?

El pelinegro viró la vista de la pantalla en que jugaba una partida de Halo online y le sonrió. Se le notaba a leguas que en cualquier momento iba a tener una migraña.

—Claro, ¿qué quieres comer?

Rei sonrió de vuelta y pidió una barra fresca de sushi. Desapareció del estudio para despejarse la maraña de ideas que retozaban en su mente. Respiró aire fresco en uno de los balcones de Lantis y permaneció allí hasta que el pulso recién despertado en su sien, se sosegó.

Al volver, Taiki se hallaba practicando movimientos en su violín y Seiya había vuelto a su juego de Halo. Sus ojos repasaron la habitación, echando en falta un elemento. ¿En serio él no iba a venir?

Se sentía tonta por formular esa clase de pensamientos que antes no se había hecho. "Hasta ayer", pensó, recordándose la escena en el ascensor. Su estómago brincó al rememorar la sonrisa cínica y vanidosa con la que él la había enredado de palabras, soltándole lo que su voluntad quiso.

"Me gustas"

Rei cerró los ojos, fuerte, queriendo olvidar aquella cosa.

¿Lo había dicho sin pensar? ¡Por supuesto que lo había dicho sin pensar! Una cosa era pedirle una cita y otra, hacerle tal confesión. ¿Cómo él iba a gustar de ella? Es decir, cómo, por qué… no lo comprendía. Y la diminuta expectativa guardada en lo más recóndito de su pecho, por hallar respuesta a su inquietud, se eclipsaba con su ausencia.

—Estoy lista, ¿comenzamos? –dijo, entrando directo a la consola.

Taiki cogió su violín y pasó junto a ella. Al hacerlo, se detuvo y se inclinó muy cerca de su oído.

—Necesito que llegue donde tiene que llegar. –le murmuró.

La confidencia la tomó desprevenida y le causó un escalofrío. El significado encerrado en esa frase, retumbó en su pecho. Aturdida, Rei asintió, declarándose cómplice indirecta.

Taiki continuó su camino a la cabina de grabación, resuelto a realizar un intento más. No obstante, antes de que entrase, la guardiana de marte lo detuvo jalándole el puño de la camisa. Él se volvió confundido.

—¿Por qué no la llamas?

Taiki clavó sus ojos malva en ella.

—A veces, una sola voz puede darte la inspiración que necesitas.

El mayor de los Kou no respondió, pero entendió lo que ella quiso decir. Excusando una llamada importante, salió del estudio.

"Kami, ¿por qué siempre tengo que quedar en medio de estos tres?", rumió la doncella, volviéndose al salón. El corazón se le fue a la garganta cuando atisbó a Yaten cruzar el umbral, bostezando. Juró sentir que sus piernas se hicieron de gelatina.

—¡Yaten! –saludó Seiya al notarlo entrar-. Oye, mira, ven a ver esto. Los boletos para el primer concierto en el Tokyo Dome se acaban de liberar y ¡ya están por agotarse!

Rei salió de su estupor al escuchar el anuncio. ¿Ya se habían liberado? Taniyama debió adelantar la fecha con el recinto. Y eso, evidentemente, sólo agregaba más tensión al asunto. Se acercó al monitor para corroborar sus palabras. Eran totalmente ciertas.

—Pensé que no vendrías. ¿Qué no se supone que grabas hasta el viernes? –preguntó Seiya a su hermano, mientras señalaba a Rei el avance extraordinario de las ventas.

—Trabajaré en los arreglos de mi canción, hacen falta ajustes a la letra. –respondió el peliplata, dándose cuenta cómo la mujercita frente a él, eludía cruelmente su presencia.

—Nos preguntábamos si vendrías, justo por la mañana Rei-chan…

—¡Mira, Seiya! –alertó Rei, buscando cualquier pretexto para hacerle callar. ¡Torpe! Lo último que buscaba era hacerle creer a Yaten que estaba demasiado al pendiente de él o algo así. Milagrosamente, la fanbase de Three Lights la había salvado al agotar los boletos del concierto en sólo dos minutos.

Wow! This is crazy! ¡Tenemos sold out!

Yaten alzó una ceja, incrédulo; un gesto que reflejaba un: "siempre hemos hecho sould out, no sé qué te impresiona", callado. Sin embargo, también fue su manera de simular una tranquilidad inexistente, pues su cerebro no fue capaz de articular locuciones coherentes o ingeniosas, al cruzarse con las amatistas que lo miraron fugazmente y con un dejo de curiosidad. Así como no ignoró las pálidas mejillas iluminadas de un tenue carmín.

¿Ese era un indicio de timidez? ¿Ella estaba mostrándose nerviosa?

Carraspeando, siguió de largo hasta una de las computadoras auxiliares que se utilizaban para trabajar archivos. Allí intentó concentrarse en las letras. Le costó mucho al principio, lo que duró que su corazón dejara de palpitar como en una carrera de caballos. Pero la música actuó rápido, como un efectivo calmante que lo sumió en su pasión recién descubierta: la composición.

Para Reiko no fue lo mismo. Lo sentía.

Para ella, cuya prioridad en la vida siempre había sido la música, por primera vez se descubría distraída y desorientada por una serie de emociones y sentimientos que no podía controlar.

Los dos días que antecedieron al viernes, las palpitaciones no cesaron en el centro de su pecho. Temió sufrir alguna especie de arritmia o afín, idea exagerada, pero no descartable. Intentó con todas sus fuerzas sosegarse, pero fue imposible cuando el objeto de su confusión, no era otro que aquel que en un momento se ponía a componer canciones y al otro, se hallaba sumido en el sillón, tan campante, leyendo "Places and spaces I've been" de Pharrell Williams. ¿Cómo podía estar tan tranquilo, como si las palabras de su boca hubiesen sido el conjuro dentro de un sueño?

Rei ya no pudo dejar de sentir su presencia, como si su cuerpo, sensible a las saltarinas emociones, fuese un receptor que seguía su aura: el sonido hueco e invisible de sus pasos: la fragancia marina mentolada: su respiración áspera al resoplar.

Tal sensibilidad se tornó crítica la noche del jueves.

Rei intentó no pensar en ello lo más que pudo, pero al mirar el reloj y darse cuenta de la hora -23:35 p.m.- su preocupación se centró en las puertas abiertas de su armario y la pregunta obligada de cada noche, pero con otro talante. ¿Qué iba a usar al día siguiente?

Como quien no quiere la cosa, repasó con sus manos la ropa colgada de las perchas, observándola sin particular atención. Su ansiedad aumentó al darse cuenta que no podía sacar al azar ninguna de las estúpidas prendas.

—Demonios. –farfulló, sacando cuatro ganchos de un jalón y tirarlos en el colchón de su cama. Sintiéndose idiota, tomó uno de ellos y se acercó al espejo para analizar la conveniencia y armonía de un posible atuendo. Suéter azul, mallas negras; blusa verde, jeans grises; camisa a cuadros, vestido rojo; hoddie morada; saco café…

"No puedo creerme que estoy haciendo esto…", bisbisó mordiéndose los labios. Con las mejillas rojas de vergüenza, contemplaba su piel contrastar con esa blusa de gasa en rosa pálido. ¿Por qué le preocupaba tanto? ¿Cuál era el punto de verse bien? ¿No siempre lo hacía? ¿De dónde venía ese repentino deseo de querer verse… linda?

"Dios, no…"

—Rei, ¿estás bien?

—¡Lita! –se asustó al sentirse pillada en algo indebido-. Sí, sí, estoy bien sólo… me distraje un poco.

—¿Me distraje un poco? –repitió la castaña, divertida. A pesar de que su amiga era frecuentemente puesta bajo situaciones de estrés, pocas veces se descontrolaba. Le causó curiosidad verla tan inquieta frente al espejo. Ella no era mucho de dudar, en especial en cuestiones de moda.

—Sí, no te apures, no es nada –insistió, aventando la blusa a la cama, simulando indiferencia-. Estaba depurando mi closet, creo que hay cosas que ya no me quedan. –mintió.

—Ya veo. Dicen que cuando más estrés tienes, actividades como estas te ayudan a calmarte. –apuntó la castaña, registrando el levísimo sonrojo que teñía en las mejillas. No podía equivocarse. Había un chico de por medio, estaba segura. ¿Qué otro motivo vuelve tímida y ansiosa a una chica?

Imperceptible y con ternura, sonrió. No estaba en sus planes presionarla. La conocía demasiado bien para saber que Rei no abriría la boca hasta que estuviese segura de lo que sentía y quería. Y también sabía, que cuando lo hiciera, acudiría a su consejo por sí sola, sin necesidad de acosarla. La chef tenía confianza en el lazo sólido de esa amistad que habían construido por tantos años.

Sí, definitivamente en algún momento se lo diría y ella no tendría más que escucharla y ayudarla en lo que pudiese. Las amigas estaban para eso, ¿no?

—Saldré un momento. Iré al cine con Andrew, tiene boletos desde hace una semana.

—Espera, ¿todavía no te ha pedido que seas su novia?

—Todavía no, pero parece que hoy hay algo que…

—¿En serio? Ojalá, porque se está viendo muy "leeento" como diría Mina. Si no es hoy, tendremos que darte un empujón para que tú lo hagas.

—Rei, ¿cómo crees? Yo no podría hacer eso, no.

—¿Por qué no? Él te gusta, tú le gustas. ¿Cuál es el problema?

"Me gustas"

Su lengua enmudeció al rememorar la aspirada voz soltándole aquello. El carmín en sus pómulos se hizo notorio y Lita se divirtió con la idea de que sus propias palabras la estaban estrangulando.

—De acuerdo, si no funciona esta noche tal vez lo haga –accedió la castaña con una sonrisa disimulada-. No te desveles mucho, necesitas descansar. Oí que ya salieron los boletos del Galaxy Tour a la venta.

—Ya están agotados, de hecho. Es increíble. Mañana tengo que grabar los solos que faltan y el lunes es el plazo para la entrega del álbum. La liberación será la próxima semana.

—Ya vi el teaser de "Just for fun", se ve y suena bastante genial.

—Espera a escuchar la canción completa.

—Estoy esperando por ello.

Rei sonrió, más relajada. Con Lita era siempre así.

—Gracias, Lita.

—No hay de qué. Me voy –anunció- Por cierto, el rosa pálido te sienta hermoso y es el color de la temporada. Es discreto pero no soso. –ultimó optimista, antes de continuar su camino por el pasillo, dejando a una Rei enrojecida que no pudo ver.

¿Acaso era tan transparente?

La pelinegra se mordió los labios con una ansiedad renovada. Estaba nerviosa, maldición. Estaba echa un puñado de nervios.

"Me gustas"

"Te estoy pidiendo una cita"

"Te veo mañana"

Las palabras de Yaten taladraban en su conciencia y calaban sus huesos. El corazón podría ser otro de los órganos afectados.

Lo creyó así cuando, al día siguiente, se encontraron en el elevador. Otra vez.

Apurada como estaba por llegar a tiempo y distraída por sus pensamientos todavía inseguros acerca del atuendo que había elegido –blusa rosa, jogger negro y discretas zapatillas nude-, no se percató que él iba en la caja, hasta que estuvo dentro. Sin escapatoria, echada al ruedo de sus emociones.

No pudo esconder su estupor y sorpresa. Incluso se llevó una mano al pecho en señal de susto. No esperaba encontrar a alguien a esa hora de la mañana. Menos que ese alguien resultara ser el hombre que desde hacía días la tenía alterada.

Tampoco él se esperó un encuentro tan repentino y singular. De hecho su cerebro analizaba las varias entradas casuales que debía adoptar al llegar al quinto piso y entrar en el estudio, pensando que ella, puntual, estaría ya esperándolos –la grabación de Seiya se había retrasado por la grabación de Taiki-.

No contó con que ella, tempestuosa como un huracán, surgiría como una exhalación, con sus cabellos desordenados por la carrera y su perfume a flores inundándolo todo. Una fuerte punzada hizo latir su pecho. La miró fijo y alzó una ceja cuando notó el gesto exagerado de llevarse una mano al pecho. ¿Qué, había visto un fantasma?

—Hola –la escuchó decir en automático; sus magníficos ojos expandidos por la sorpresa.

—Hola –le respondió, encontrándola tan adorablemente aturdida con su presencia-. Creo que tenemos algo con los ascensores, ¿no te parece? –apuntó, mirando los números que cambiaban al subir en cada uno de los pisos.

Tuvo que morderse los labios para no reír, al notar cómo ella, ruborizada, le miraba resentida, con sus ojos acusadores. ¿Cómo podía decir él esa clase de cosas sin una pizca de tacto?

Pero fracasó en su intento y sus labios terminaron por liberar una sonrisa jovial y juguetona que a Rei le pareció preciosa. ¿Quién era ese chico delante de ella? ¿Se trataba del mismo que el primer día la había corrido de aquel estudio y de sus vidas? ¿Cómo cambiado tanto? ¿Por qué no había notado antes lo hermoso que era?

"Deja de pensar estupideces", se recriminó, frenando a sus emociones de querer tomar el control de su razón.

—Supongo que tendré que comenzar a utilizar las escaleras. –inscribió en su pequeña venganza. Odiaba ver cómo él podía lidiar con todas sus impulsivas acciones y consecuencias como si nada y ella estuviese echa un caos por unas cuantas palabras de su boca.

Yaten volvió a sonreír por su supuesto enfado. Dejó de ver los números y la miró a ella, queriendo contemplar el puchero que indudablemente surcaba su rostro.

Allí estaba, ese mohín infantil. Y bajo ese pretexto, se permitió vislumbrar lo que en un primer no distinguió.

—¿Qué? –preguntó incisiva, sintiendo el peso de su mirada recorrerla entera.

—Es raro verte ese color.

Rei apretó los labios por su brutal sinceridad. ¿No sabía lo mal que la había pasado para decidirse por aquella combinación? ¿Las veces que se puso y quitó aquella blusa y cambió el color de sus labios? Claro que no lo sabía. Idiota. Todo era su culpa, todo.

Rei mordió la parte interna de su labio inferior.

—Es bonito. Te sienta muy bien. –lo oyó decir junto a la campanilla que anunció su llegada al piso 5.

Rei no tuvo tiempo de reaccionar. Él había salido inmediatamente del ascensor, dejándola totalmente colorada y sin palabras. ¿Eso había sido un cumplido? La sonrisa que nació de sus labios y brilló en sus ojos, le dijo que así era.

Despabilándose, lo alcanzó en el pasillo.

Entraron juntos al estudio, encontrándose con un Seiya entretenido en la mesa de trabajo repleta de cartas y papeles.

—¿Qué es todo esto? –inquirió Yaten, tomando un pliego que ya se desbordaba al piso.

—Regalos y cartas de mis fans. El manager Aoi las trajo esta mañana.

—¿Pretendes abrir y leer todo? Eso es no tener vida social o no tener nada qué hacer.

—¡Yaten! –censuró Rei, dándole un codazo para que cortara su insensible imprudencia. El ojiverde rio satisfecho por el efecto inmediato de su sátira. Era tan agradable sentir que la comodidad entre los dos volvía a instalarse como un natural compañero.

—Descuida, Rei-chan. Sé que es envidia porque él no recibe tantos presentes.

—¿De verdad? –se extrañó Rei. Juraba que igual que en la secundaria, Yaten recibía miles de cartas de fans y enamoradas.

—¡En serio! –respondió Seiya, cruzándose de brazos- Y no es de extrañar si nunca se ocupa de siquiera verlos. Hasta su club de fans tiene muy presente como rasgo característico de su personalidad, que Yaten Kou odia recibir obsequios o cartas.

—No, no lo creo. –opinó Rei, considerando aquello ridículo. Se volvió a Yaten para confirmar su incredulidad.

El platinado la miró desentendido y se encogió de hombros.

—Pero es cierto, ven aquí lo dice. –ratificó Seiya, consultando en el screen de su Ipad el portal "Silverlight", la fanpage más relevante en Japón del menor de los Kou.

—A ver. –curioseó Hino por sobre su hombro. Ambos miraron las fotos más recientes que había hecho para un CF y anuncios publicitarios para NorthPole, seguidas de sus últimas actualizaciones en Twitter e Insta y varias notas de diversa índole.

—¿Lo ves? Aquí lo dice, odia los regalos –declaró Seiya, victorioso al señalar con su dedo los datos publicados por el portal.

"Really?"

Yaten chasqueó la lengua, no dando importancia a la desaprobación que ella le comunicó con la mirada.

—¡Mira, esto en el rodaje de "Just for Fun"!

—Por Dios, ¿cómo lograron el ángulo de esa toma? Estas fans son como kamikazes. –expresó Hino, fascinada por la calidad de la fotografía.

—Son ninjas. –acotó Yaten, asomándose por encima de su hombro.

—En verdad lo son. Las "starlights" –nombre con el que se referían a sus admiradores- son increíbles. A pesar de que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos en un escenario, ellos siempre han sido muy entregados y continúan siguiendo nuestra trayectoria, por más mínima que sea.

Un amor renovado por sus fans nació en el pecho del menor de los Kou y su corazón se enterneció por ellos, si, ellos, porque aunque en menor cantidad, él sabía que también había chicos apoyándolos.

—Toma una foto –demandó Seiya, esporádico y resuelto-. La subiré a Twitter.

Con una expresión emocionada, comenzó a reunir todas las cartas que tenía desparramadas sobre la mesa y esperó a que Rei fuera a colgar su bolso al perchero. Ella se alegró de verlo tan animado y contento. Como él quiso, tomó la fotografía.

Y mientras las redes sociales ardían de amor y ternura por el gesto tan "hermoso", "lindo" y "adorable" de Seiya Kou, según palabras de sus fans, en el estudio se volvió a los trabajos de su solo.

El equipo técnico había ayudado a montar un mini conservatorio en la cabina de grabaciones al instalar el piano Steinway & Sons de la sala de prácticas, el mismo con el que le había regalado a Rei la primicia, en aquel día que preferiría no recordar.

Al igual que en el caso de Taiki, quien logró obtener la pista definitiva hasta la sesenteava toma, el uso de instrumentos requería de la ejecución del performance en una sola toma. Especialmente en una canción tan emocional como lo era Without you.

Y fue debido a esto que, pese a los ánimos y enérgica actitud de Seiya, las grabaciones no resultaron tan prolíficas como esperaron, pues era la pieza más trabajada y al que sólo le faltaba cantarse en un micrófono para estar lista. Suposición errónea, pues no eran las señalizaciones, el encuadre de los versos o la musicalización lo que les causó problemas.

El detalle, el obstáculo que Seiya no podía superar, se hallaba en la interpretación, en ese sentimiento que a Rei le puso la carne de gallina y lágrimas en los ojos cuando la escuchó la primera vez. ¿Por qué Seiya no lograba conseguir igual efecto? Ella lo sabía muy bien, pero se guardó de enunciarlo. No podía pedirle volver allí.

Y es que lograr la interpretación deseada, el sentimentalismo, la emoción desbordante, significaba volver a tocar la herida; tener que volver a abrir un poco la cicatriz.

Seiya lo supo en el descarte de la veinteava toma.

—¿Te molesta si tomo un descanso de diez minutos? Ya sabes, quiero entrar en papel y eso.

Rei le miró, comprensiva.

—¿Estarás bien? –preguntó de manera obligada.

—Claro. No puedo decepcionar a mis fans. –respondió optimista.

—Me voy contigo –le detuvo Yaten, concluyendo su trabajo en el ordenador. Su anuncio extrañó a la joven productora. ¿Se iba?

"¿Por qué? ¿Cómo si hoy…?"

Yaten contuvo una sonrisa al notar su abatida confusión. Tuvo que respirar para controlar los saltos gozosos en su pecho. Ella esperaba la realización de su pacto.

—Tengo una reunión con Duty Free a las cuatro para la firma de un contrato publicitario –enuncio en voz alta, sin aparente destinatario-. Regresaré alrededor de las siete. Viendo el retraso, seguro que a esa hora estarán por terminar las grabaciones de without you.

—Está bien, lo siento. Nos apresuraremos. –se disculpó Seiya por las horas que ya le había hecho esperar por su turno, ignorante de que para Yaten, aquel no constituía más ningún suplicio.

—Olvídalo. ¿Vamos?

El pelinegro asintió y se adelantó a salir del estudio. Yaten lo siguió, deteniéndose brevemente, un solo segundo, al pasar al lado de Hino:

—Recuérdalo. A las ocho, en la sala de ensayos.

Tan pocas palabras bastaron para hacerla latir entera.

—¡Quedó perfecta! –exclamó Seiya más tarde, al escuchar la última versión de su solo, la que él y Rei decidieron, iría en el álbum.

Tras varios intentos todavía fallidos, Seiya logró acercarse más y más a la interpretación que él quiso, logrando el sentimiento deseado.

"Nunca como esa vez, pero ha quedado preciosa. Perfecta", deliberó Rei, contenta de verle tan satisfecho. Ella también, el álbum estaba en un 95% de completarse. Sólo faltaba una participación: la de Yaten.

Instintivamente sus ojos buscaron el reloj, el cual marcaba las siete treinta de la noche. Él no había regresado. ¿O sí lo había hecho y estaba ya en el cuarto piso? La doncella se dio cuenta de que su ansiedad.

"A las ocho, en la sala de ensayos"

—¿No te vas? –inquirió Seiya al colocarse la chaqueta, listo para marcharse a casa. Esta grabación lo había dejado exhausto, mental y anímicamente. Probablemente tendría que cancelar la segunda invitación de Clazzik a cenar con algunos colegas de Incube. Quería dormir.

—Eh, no, no, terminaré con la adhesión de esto en la base digital. Además, esperaré a Yaten para que discutamos sobre su solo y programar la grabación para mañana.

—Oh, es cierto. No ha regresado. ¿Quieres que le llame?

—¡No! –paró su amago de sacar el teléfono para realizar la llamada-. Le daré tiempo en lo que termino. Yo lo llamaré si no llega. No te apures, ve a descansar.

—Tú también deberías descansar. Te noto muy alterada últimamente. –dijo Seiya, golpeándole la frente con la yema de su índice.

Rei hizo una mueca y arrugó las cejas.

—De acuerdo, trataré, aunque es difícil cuando tu jefe libera un teaser y una fecha en el Tokio Dome que ha hecho sold out en dos minutos.

Seiya rio por el sarcástico comentario, jurando que de tanto convivir con Yaten, algo de sus modos se le estaban pegando.

—Sólo no enfermes, ¿sí? Lanzamos en una semana.

—¡Aish, Seiya ya no me lo recuerdes! –pidió en un grito desesperado que sólo sirvió para hacer al mediando de los Kou carcajear, mientras le decía adiós con la mano y salía de una vez del estudio.

Fatigada, se dejó caer en la silla giratoria.

—Ya no me lo recuerdes. –musitó, incapaz de detener a sus ojos en una nueva búsqueda de las manecillas del reloj.

7:50.

Suspiró hondo para renovarse las energías y se dispuso a integrar without you al álbum, realizando las maniobras lo más rápido que pudo. Enseguida, fue al perchero por su bolso y extrajo de él su cosmetiquera.

Mordió sus labios al darse cuenta que le importaba verse bien, lucir linda e impecable para lo que fuera que fuera eso que él había denominado como cita.

Le importaba. Le importaba porque aunque no lo aceptase o dijese en voz alta, aquello que le estaba pasando con él, la emocionaba. Una emoción por la incertidumbre de esas sensaciones y sentimientos que no podía definir. Y su corazón latía en la expectación por descubrirlos.

En punto de las ocho, Rei bajó al piso donde se ubicaba la sala de prácticas. Desde el pasillo pudo ver luz irradiando de la entrada y supo que se trataba de él. Se pasó la lengua por los labios, aplacándose los nervios: pretendiendo no evidenciarse.

Asomó medio cuerpo por el umbral y lo vio enfrascado en ordenar cosas en una mesilla baja de madera.

Aclaró su garganta para llamar su atención. Él se incorporó y se giró a mirarla con una sonrisa efímera.

—Ah, llegas justo a tiempo, la cena acaba de llegar. No supe qué debía pedir o que te gustaría de la carta, pero supuse que seguías ocupada con Seiya y su canción, así que improvisé y pedí un poco de todo. Aunque creo que se me pasó la mano y tendremos que darle como la mitad al guardia del turno nocturno o algo así. ¿Seiya se fue ya?

¿Cómo le hacía? Rei no comprendía cómo él podía soltar un discurso como aquel sin vacilar, como si no fuera la primera vez que se encontraban fuera del ámbito profesional, como si aquel tipo de confidencia fuese algo demasiado habitual en su trato.

Ciertamente que el día en que terminaron recostados en la alfombra hasta la madrugada, escuchando a The Killers & The Strokes había sido un ejemplo, pero entonces no existía esta descarga surcando en el aire, esta aura magnética que los tocaba. El elemento de la atracción no era algo que ya hubieren descubierto, y ahora lo sabían, y lo tenían bien presente.

Para los dos era claro que este encuentro tenía otro matiz, uno muy diferente; de allí toda la ansiedad y los nervios.

Yaten no estaba calmado. En el exterior lo estaba, gran actuación de idol, pero por dentro, era un caos. Bendijo esa verborrea que sus labios parecían soltar en su presencia, esa misma por la que esa noche se encontraban allí. Agradeció poder tener el control de la situación, como se suponía, un chico cortejando a una chica, debía de tener. Más si esa chica era como Rei Hino, desconfiada, incrédula y recelosa. Deseó mantener ese espíritu incólume.

No fue necesario, sin embargo, esforzarse tanto. Cuando ella sonrió cándida y emocionada al ver todo lo dispuesto en el pequeño comedor que había conseguido en el área de recursos materiales, pensó que sólo por aquel instante, todo valía la pena. La invitó a sentarse y ella rehusó hacerlo en el silloncito, eligiendo la duela. Él hizo otro tanto, descifrando su acción como de agrado y comodidad. Además del: "muero de hambre y esto se ve como el cielo" que enunció.

—Así que tendré que hacer tres CF y dos sesiones fotográficas con ellos –le compartió Yaten cuando llegaron al postre, un delicioso pay de limón-. Aoi no cedió a más. Es demasiado, considerando que será en pleno comeback. ¿Sabes que Kai-san ya abrió otra fecha de concierto?

Rei abrió los ojos y dejó de masticar.

—No. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? No puede simplemente hacer eso sin avisarme, todavía falta comple…

Calló al sentir la mano de él sobre la suya.

—Cálmate. Todo saldrá bien, ¿de acuerdo?

Y como si de un conjuro se tratase, ella desaceleró su mente y asintió. No pasó desapercibido para él, que ella no rechazó en ningún momento su contacto.

—Más importante que eso, dime, ¿volviste a chocar tu coche? Si quieres te pago unas clases de manejo.

Un violento sonrojo invadió el rostro de Rei. Su expresión desencajada gritaba: "¿Cómo rayos supiste eso?"

—Me estacioné y vi que tenía una abolladura en el faro derecho.

Ella apretó los labios, recordando.

—Un coche se incorporó en la lateral del circuito y no lo vi. Nos dimos un recargón.

Yaten alzó una ceja, suspicaz.

—¿Un recargón? ¿Te chocó o lo chocaste?

—No lo sé, ¿sí? –indicó, leyendo la burla en su tono- No alcancé a verlo ni a escucharlo. Él dijo que me tocó el claxon pero no me consta. Como sea, el caso es que tuve que pagar una buena suma para saldar la compostura.

—Pero tú venias con tu pequeño laboratorio y por eso no oíste nada, ¿verdad?

Rei evitó su mirada acusadora, admirada de que recordase su hábito.

—Si. –admitió.

—¿Sabes que debes de dejar de hacer eso? En serio un día te vas a matar.

—Ya sé, ya me lo dijo el oficial. No es necesario que me repitas de nuevo el reglamento de tránsito. –blandió enfurruñada, estirándose para alcanzar el tetrabrick y servirse más jugo de arándano.

Yaten amó su expresión.

—Y ¿qué escuchabas?

—El soundtrack de Corpse Bride.

Una carcajada limpia y cínica brotó de la garganta del idol.

—Muy ad hoc.

—Cállate. –espetó ella, irremediablemente contagiada de su risa boba.

Y a propósito de la anécdota, el idol extrajo de su mochila su iPad y buscó la cinta online.

Irreverente como sonaba, la tan temida y esperada cita terminó siendo un juego de intercambio entre sus personalidades; un instante de descanso y esparcimiento que transcurrió entre una cena cálida, una conversación ingeniosa y el choque constante de esas chispas de atracción que iban de uno a otro, flotando por el salón.

—¿Por qué te gusto? –enfrentó la duda que no dejaba de corroerla. En medio de la suite a dueto de Víctor y Emily, la pregunta afloró de sus labios.

Yaten la escuchó claramente pero no despegó los ojos de la imagen en el screen, creyendo que si lo hacía, no podría ser capaz de decir nada.

—Eso también me lo pregunto.

—Haces bien en hacerlo.

—No puedo decirte la razón, pero sé bien que es cierto.

—¿Cómo puedes saberlo? No hay motivos para que tú…

—Me siento en paz cuando estoy contigo.

Su respuesta directa, la ruborizó.

—Eso no…

—Pienso en ti demasiado tiempo.

Rei sintió sus mejillas convertirse en dos carbones encendidos.

—Pero eso…

—Me encantan tus ojos.

Hino lo miró, demasiado avergonzada y aturdida. ¿Cómo podía su boca decir tales cosas intimidantes en voz alta y sin reparos?

—Y tus cejas. –le escuchó decir, sin saber cuál era su expresión. Él continuaba embebido en la cinta.

Nerviosa, se pasó la lengua por los labios.

—Y tus rabietas cuando las cosas no salen como quieres.

—Yo no hago…

—Y tus manos.

—Basta. –le detuvo en seco. No podía escuchar más sin sentir que en cualquier momento el corazón se le iba a salir o la cara a incendiar.

—Y tu ingenio. Me sorprende cuánto puede caber en esa cabeza tuya.

—Ya entendí, ¿de acuerdo? Ya no digas…

—Y tus labios.

A Rei se fue la respiración cuando por fin lo notó volverse a mirarla, señalando con sus ojos verdes, el lugar referenciado.

Kami, Kami, ¿qué debía hacer? A su mente acudió lo sucedido en el rodaje de "Just for fun". ¿Él…? ¿Él iría a besarla?

Su corazón aceleró sus latidos al verlo aproximarse a su rostro y dedicarle una mirada franca y directa. Jamás había visto sus ojos tan de cerca. Su iris era como el cristal de un jade.

Parpadeó con la mente el blanco.

—Deja de preguntarme cosas que no puedo explicar. –dijo, muy, muy bajito.

Y con eso, él volvió su atención al Ipad, justo a tiempo para la escena triunfal de la resucitación de los muertos.

Se había acobardado.

Lo iba a hacer, iba a besarla y jugarse todo en ese gesto. Ya lo había hecho una vez y el recuerdo de la tesitura de esos labios no ayudó mucho a querer reprimirse; sin embargo, también recordó el rechazo de ese entonces y una voz le dijo que no era el momento, que tal acción sería demasiado precipitada. Ella le estaba correspondiendo, Yaten se daba cuenta, lo sentía. Ella recién estaba dándose cuenta de sus propios sentimientos y, si él optaba de dar un paso en falso, definitivamente lo iba a arruinar.

Tuvo entonces que frenar sus impulsos y pensar en ella, no en él. Mucho habían logrado aquella noche, mucho habían descubierto. Y él no estaba dispuesto a echarlo todo por la borda.

La oyó suspirar.

—Creo que yo tampoco puedo. –musitó Rei, sintiendo la garganta seca.

Y tanto él como ella, fueron conscientes de lo que aquella expresión significó.

"Yo tampoco puedo explicar este sentimiento".

.::.


Hey!

Upload time! Yay!

Aquí la nueva entrega y no puedo con mis feelings. Como pueden darse cuenta, estamos entrando al modo romance/final ON. Ambos ya saben que se gustan, que les pasan cosas y que hay algo. Cómo se desarrollará esto, creo que en los proximos capítulos lo sabremos, aunque he de decirles que ya no son muchos. El final ya se va perfilando, en unas cuantas entregas. Por ahora, me di a la tarea de redondear. Este es un capítulo en el que no sólo hay una confesión y una cita, sino que me encargué de recuperar varios hilos sueltos en la historia para atarlos aquí e ir creando un buen desenlace. No será el próximo, pero ustedes se irán dando cuenta de que todo va tomando su lugar y entonces, sin mayores preámbulos, sabremos el final de esta historia que ya anda por sus dos años.

Tenemos aún la incógnita de lo que sucederá con el asunto de Seiya, he tomado nota de sus opiniones y me estoy debatiendo. En la siguiente entrega veremos algo más sobre ese punto, así como más de este amor naciente entre estos dos tórtolos. Amo cómo ella se ha convertido en una tímida gatita jajajaja y él se ha vuelto un desgraciado, sexy impulsivo. Adoré mucho este capítulo. ¿Ustedes? ¿Me darán su valiosa opinión?

Infinitas gracias por sus lecturas y comentarios, en especial a: SweetOdango, beni, Lexy, serenalucy, Len, Kamisumi Shirohosi, Guest, Dreaming Blue Sky, Kou Helena, Jenny Anderson, ben & james . No saben lo que mi corazón se deleita, llora y se alegra con sus opiniones :')

Y a todos los que se pasan anónimamente, un placer escribir y compartirlo con todos ustedes que se dan la molestia de asomarse a este espacio.

¿Comentarios? ¿Revws?

.:Sol:.