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.::. She kills my EGO .::.


Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


Recording 023

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—Son mil quinientos yenes, por favor. –declaró la barista de ojos castaños, calculando la orden de cafés y bagel que Rei solicitó a primera hora de la tarde.

Buscó en su cartera la tarjeta electrónica y, al sentir el plástico de su platino, la extendió a la cajera que la observó un momento con diversión.

—Clienta, creo que esta no pasará –dijo mostrándola a los ojos de la pelinegra, que al vislumbrar la estrella dorada fulgurando en una esquina y el código que la acreditaba como la miembro número 129, 754 de Silverlight, los colores se le subieron a la cara.

Apenada, volvió a su cartera y extendióle su verdadera platino card.

—Lo siento, me equivoqué.

—No se preocupe, también me pasó una vez en Etude con mi membresía de Always Tai. –sonrió cómplice, devolviéndole la novísima identificación que, intrínseca e invisiblemente, las unía.

Rei le sonrió y miró la tarjeta entre sus dedos, pensando en lo que ese 'plastiquito' le había costado obtener.

Pero lo había prometido, se lo había prometido a Yaten.

Todavía rememoraba los e-mail kilométricos que tuvo que escribir, o aquella terrífica videollamada, o el cuestionario casi especializado que le aplicaron online. Kami, ¿todo eso sólo por una membresía? Ni siquiera cuando se registró en el club oficial de Three Lights, a sus dieciséis años, tuvo que pasar por tanto. ¿Por qué el club del menor de los Kou tenía que ser tan quisquilloso para admitir a sus nuevos miembros? Sin duda compartían el mismo nivel de neurosis que su idol predilecto. Tal para cual.

—¿Reiko?

Hino atendió al llamado de la barista que, le anunciaba, ya tenía lista su orden.

—¡Buenos días! –la recepcionista saludó al reconocerla de inmediato.

En Lantis, el relanzamiento del grupo estrella de la compañía fue todo un fenómeno por el éxito que generó en todo el país y, por el que se vislumbraba, tendría a nivel internacional. Todos allí sabían que la productora fue pieza vital en la obtención de ese laurel, por lo que pasar desapercibida en el medio, ya era casi imposible.

—Buenos días. –respondió sonriente, pasando de largo hacia el elevador.

Habían pasado tres semanas desde el primer concierto de Three Lights, el cual fue sucedido por cinco presentaciones más: dos subsecuentes y otras tres la semana que vino después. La agenda de la agrupación de repente se halló repleta de actividades promocionales: comerciales, programas de televisión, entrevistas. Asimismo, las fechas abiertas para el Galaxy Tour en Asia estaban completamente agotadas.

Durante los siguientes tres meses Three Lights se presentaría en varias ciudades de China, Singapur, Corea, Taiwán y Londres. Taniyama incluso negociaba hábilmente una presentación en New York y otra en Los Ángeles.

'Clink'

El timbrazo del ascensor anunciando su llegada al quinto piso la sacó de su satisfactoria rebobinación de hechos. Dio un respiro y, consciente, se pasó los dedos por el pelo, previniendo algún mechón fuera de lugar. Sabía que él estaría allí en el estudio, aguardándola.

Pocas veces se habían visto desde el After Party, y no a solas. Sus vidas, de pronto, se habían vuelto más agitadas con el regreso de la agrupación a los escenarios. Sin embargo Aoi, el manager, al sopesar el schedule que les esperaba a sus muchachos durante los próximos meses, y la presión que vendría con tales actividades, reservóles aquel fin de semana para que se despejasen y descansaran.

Y para Yaten, la idea de despejarse y descansar fue mensajear a Rei y citarla en el estudio para "trabajar" en algo de música.

Necesitaba verla y llenarse de su presencia; encontraba ya imposible mantenerse lejos y fuera de su mundo. Como una señal, no halló mejor coartada que aquella, seguro de que Hino entendería el mensaje entre sus líneas.

La doncella no lo decepcionó al fijar la hora del encuentro, ni tampoco al descifrar el anhelo que ella misma albergaba desde hacía días atrás: volver a verle. Para Rei, darse cuenta que estaba perdidamente enamorada de Yaten fue un hallazgo bello como inconveniente, pues ahora la ansiedad, los deseos de verle y estar con él se tornaban cada vez más evidentes e intensos.

Nerviosa y sonriente, se enfiló al salón de grabaciones al final del pasillo.

Lo encontró ensayando una serie de notas en el teclado que, en un segundo, tradujo en nuevos sonidos instrumentales en el sintetizador. La chica sonrió al apreciar esa parte recién descubierta de él que la encantaba, y le inflamaba los pulmones de aire, al punto de obligarla a suspirar para que no estallasen.

—¿Por qué últimamente siempre me siento como la impuntual?

Al vibrar de su voz, Yaten abandonó su tarea y se giró a mirarla. Estaba hermosa y fresca como la mañana que le despertó, con esos jeans desgastados y una cómoda camisa a cuadros a medio abrochar.

Arrogante, se aproximó hasta ella y le quitó el vaso que traía en las manos, ignorando la bolsa con la orden que ella pidiera expresamente para él.

—Estás disculpada si este café es para mí. –dijo y sorbió en ese lugar en que el sello de su lápiz labial fulguraba.

Un beso indirecto.

—Ese era mi café. –reclamó.

—Sí, lo era. –desdeñó con esa sonrisa cínica y retorcida que le ponía a latir el cuerpo entero.

—¿Quieres comer algo? Traje bagel y croissant. –se rindió a su capricho, elevando la bolsa de papel en su mano derecha.

Él asintió, complacido en notar cómo ella había hecho a un lado todas sus reservas y se mostraba más libre y transparente, dejándole claro, sin necesidad de preguntar, que estaba allí porque quería estar.

Se acomodaron en el sillón de piel, uno junto al otro, y conversaron de los últimos días en que no se habían visto. Rei le contó que Lita, al concluir sus prácticas, había sido admitida como Chef Auxiliar en el Mandarín Oriental y que Minako recién había firmado la tercera temporada de su serie en emisión, la cual Yaten criticó por el giro que tomó a la mitad de su segunda temporada. Hino entonces se regocijó, amenazándole con decirle a la Aino que lo tenía como fan número uno.

Yaten tomó venganza de su jugarreta, golpeándole enérgicamente la frente con su largo índice.

—¡Auch! ¡Duele!

—Ese era el punto, boba. –indicó el peliplata, riendo.

Para Rei, las risas de Yaten eran como una llovizna de abril que refrescaba su corazón. Antes, jamás imaginó que ese sonido se convertiría en algo tan preciado para ella, en algo tan valioso que le daban ganas de poder guardarlo en una cajita para siempre. Deseaba verlo feliz eternamente.

Recordando algo, Rei abandonó la botella de la que bebía y hurgó en su bolso.

—Adivina quién es la miembro 129,754 de Silverlight.

El animado anuncio logró que Yaten abriera los ojos con sorpresa, obligándolo a abandonar la guitarra con la que había comenzado a juguetear. Sus labios intentaron disimular una sonrisa satisfecha, recordando la declaración muda que él le había hecho antes del concierto, cuando le dio la primicia de su solo, en ese mismo estudio.

Ella de alguna forma, ¿estaba ahora aceptando sus sentimientos? La emoción apenas y se le contenía dentro del cuerpo.

—¿En serio te la dieron? ¿Cómo pudiste obtenerla? –inquirió, tomando la tarjeta plateada que ella le extendió.

—Ya sabes, mandé una solicitud y luego tuve que responder unos cuestionarios dignos para aplicar a la universidad. Después vino una entrevista virtual que me puso más nerviosa que una entrevista de trabajo y… ¿De verdad tienes tres lunares detrás de la oreja? –preguntó Rei, asombrada al recordar el nivel de detalle con la que la probaron.

Yaten sonrió divertido y complacido. Esa era una pregunta clásica de Nanase, la presidenta de su club de fans. Por toda respuesta, el platinado se pasó la mano por el pelo y lo levantó a la altura del cuello y el lóbulo, dejando entrever tres puntos grises, alineados en escuadra.

—Oh, por Kami, ¡es cierto! ¿Cómo se supone que iba a saber yo eso? –protestó la chica, cruzándose de brazos.

—¿No respondiste?

—Vagamente –evitó su mirada inquisidora-. Esa chica casi me cierra la sesión. Es igual de maniática que tú.

Yaten sonrió por el mordaz apunte.

—¿Supiste a qué soy alérgico? –tentó, seguro de que Nanase no dejaría pasar la oportunidad de acosarla hasta el cansancio.

—Ah, sí, esa pregunta del demonio –rodó las pupilas-. Me salvó decir que tu piel se reseca con el frio, pero no fue lo que ella esperaba. ¿No puedes comer fresas? ¿Es real?

El platinado suspiró, condescendiente.

—Hino, Hino… todavía tienes mucho que aprender sobre mí. Conocer de mí.

—No es como si fuera tu mamá para saber todas esas cosas.

—No, pero mi novia debería saber todo ese tipo de cosas.

Las mejillas de Rei ardieron en un rosa intenso, mientras sus pestañas aleteaban, incontrolables.

—¿Tú-tú novia? –balbuceó- ¿Cuál novia?

—¿Cómo que cuál? Tú, por supuesto. ¿Qué? ¿Es que acaso no quieres ser mi novia? –soltó el idol de una vez, animándose a franquear esa pequeña brecha que aún no superaban, encontrando en ese momento la oportunidad idónea para lanzarse al bello vacío que conducía a ella.

Lo recibió la luz de un tímido rubor salpicándole la cara, como un precioso lienzo de Monet; los labios rojizos temblando ligeramente, mostrándose torpes en articular lo que su garganta no dejaba salir. Las palabras serían inútiles para expresar lo inexpresable; insuficientes para verbalizar el universo encerrado en las nébulas de sus ojos brillantes.

Yaten lo sabía. Y dejó a su corazón timonear.

Con parsimonia delicada, se aproximó a su rostro, inundándose en el disfrute de su fragancia floral. Se retardó, atesorando la cómplice cercanía y, al notarla cerrar los ojos en muda aceptación y anticipación, todas las dudas –si es que alguna quedaba- desaparecieron de su alma, encendiendo la llama de anhelo que había esperado tanto por la maravilla de aquel instante.

La besó, y la calidez de una inmensa alegría lo envolvió al sentirla corresponderle devotamente. Acarició su mejilla izquierda y sonrió en el beso al percibir el toque de ella en su mejilla derecha, emulando su gesto. Se separaron brevemente, saboreando la fugaz experiencia. Sus pupilas engarzadas en un diálogo secreto.

—Me gustas, Reiko –confesó él, a mínima distancia-. ¿Yo a ti te…?

—Mucho –se adelantó ella, impidiéndole la formulación de lo que ya era más que obvio.

En esta ocasión, fue Rei quien acortó la distancia y se apoderó de sus labios en un beso entregado que la llevó a echarle los brazos alrededor del cuello y a abandonarse a la ola de emociones y sentimientos que, como desatados, burbujeaban en el torrente de sus venas.

Él se afianzó a su cintura, devolviendo el inusitado entusiasmo de su sacerdotisa. Ambos sonreían, sin dejar de besarse, tal que si sólo hubiese faltado ese chispazo para disparar todo el deseo contenido en sus corazones. E incluso cuando el toque de sus labios se desvaneció, aún se mantuvieron cerca, disfrutando de aquella proximidad hasta entonces vedada: Hino rozando la punta de su nariz con la de él, y el idol descansando su frente en la de ella, complaciéndose de su ternura.

—Ahora puedes vanagloriarte con Nanase de saber cuál es el nombre de mi primera y única novia. –bromeó el peliplata, imprimiendo un nuevo beso en los labios enrojecidos.

—Me expulsarán de Silverlight. –declaró, echando en falta la cercanía de su ahora novio cuando éste la soltó para ir a buscar algo en la chaqueta que colgaba del perchero.

Con curiosidad le observó volver y sentarse junto a ella. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando Yaten dejó ver un objeto pender de sus dedos. Al mirar con detalle, Hino reconoció su plumilla, la misma con la que había tocado su solo en el concierto. Negra con tintes violáceos, la hojilla triangular se había convertido en el dije de un largo colgante.

Reiko parpadeó, sintiendo un nudo formándosele en la garganta. Yaten alargó una sonrisa triunfante y, sin mayor preámbulo, anudó los delgados cintos de terciopelo alrededor del cuello de su chica de fuego.

By my side? –enarboló en un cuestionamiento cifrado, más elocuente que una elaborada confesión.

Hino sonrió feliz, comprendiendo el amoroso mensaje de su caballero.

By your side. –enunció en respuesta, abrazándolo intempestiva.

Yaten la recibió gustoso, pensando que no tardaría mucho en acostumbrarse a esa tierna impulsividad recién descubierta en ella.

Lo que le costó en cambio, fue habituarse a la incredulidad incomoda y eterna en las miradas de Minako y Lita cada que la acompañaba a casa; y particularmente las primeras veces, en las que incluso hubo una invitación por parte de Lita a tomar un té en la casa, mientras Minako hizo grandes esfuerzos para aguantarse la risa.

Sabía que resultaría inevitable que los demás se dieran cuenta de lo que sucedía entre los dos. Probablemente, como en el cliché de las películas románticas, ¡ya todos se habían dado cuenta de todo antes que ellos mismos! Ocultar lo que sentían, por tanto, sería necio a semejante altura, sin mencionar que la tarea de disimilar las chispas que saltaban cada vez que se encontraban en el mismo espacio, ya era de inicio, un objetivo fracasado.

Así que, con la naturalidad que les exigió el temple de sus propios caracteres, Rei y Yaten comenzaron a salir. Ni siquiera fue necesario anunciarlo tácitamente. A sus allegados les bastó verles para comprender. Quizá el más extrañado fuera el CEO Taniyama, que veía en su pequeña estrella plateada a un ser sensible pero hasta entonces asexual; Clazzik por su lado, fue el menos sorprendido: él lo había visto claro desde el principio.

Además, por si la gestualidad corporal no hubiese sido suficiente, Seiya y Serena se encargaron de armar un alboroto y hacérselo saber al equipo de producción, justo en los preparativos del último concierto de Three Lights en Japón. Después vendría la gira internacional.

—¿Juntos? ¡Pero cómo! ¿A Yaten le gusta Rei? –había casi chillado Serena, abriendo los ojos como platos; sus ojos yendo de la figura femenina que daba indicaciones desde las gradas del Tokyo Dome, a la del hermano de su novio, que charlaba con el equipo de iluminación sobre el escenario.

Poco le importaron las risas que vinieron del equipo de audio y algunos bailarines al enterarse de la buena nueva, de su boca. Seiya sonrió, disfrutando de la infantil ingenuidad de su rubia de ojos celestes, sin embargo, agradeció que estuvieran lo suficientemente lejos de la nueva pareja como para que por casualidad la escuchasen. Yaten lo mataría por su innecesaria indiscreción, en especial con alguien tan comunicativa como la Tsukino.

—Sí, a Yaten le gusta Rei.

—Y, ¿a Rei le gusta Yaten? –insistió la de odangos, sin creérselo. Un destello de entendimiento le vino al observar la sonrisa secreta que ambos intercambiaron a la distancia. ¡Era verdad!

—Sí, a Rei…

—Le gusta mucho Yaten. –completó Serena, llenándose de un suspiro feliz que la embargó de júbilo al saber a Rei enamorada. Tan enamorada como ella misma lo estaba.

—Sí, así es. Es un poco raro, ¿no? Que ellos dos…

—Los amo –declaró la Tsukino, llevándose soñadoramente las manos al pecho.

Seiya rio divertido por su tierna exaltación y no osó discutirle más el tema. Él también sentía el mismo regocijo, y por partida doble: ¿su hermano y su mejor amiga? Qué match tan peculiar y conveniente. Estaba seguro de que aquel amor se tornaría más fuerte y radiante con cada día que pasara.

'Clink, clink'

Kai Taniyama había golpeado su copa al término del último concierto en el Tokyo Dome, en el backstage, donde todo el equipo de producción se hallaba reunido y eufórico.

—¡Propongo un brindis! –dijo, alzando el cristal ante bailarines, músicos, diseñadores, maquillistas y técnicos- Todos lo han hecho fenomenal. Me siento muy orgulloso de trabajar con un equipo tan profesional. Gracias a ustedes, el comeback de Three Lights ha sido todo un éxito. ¡Bien hecho, todo el mundo! –felicitó entusiasmado, chocando su copa con la de los presentes.

El júbilo fue generalizado, y no pasaron ni dos segundos para que los hermanos Kou se vieran colmados de felicitaciones, abrazos y apretones de mano. En especial de su tutor musical y jefe, quien les recordó que su itinerario iniciaba la semana siguiente en las templadas costas de Okinawa.

Por tres meses, los hermanos estarían fuera del país, ocupados en promocionar su nuevo álbum, realizar conciertos y llevar a cabo algunos fanmeeting con sus admiradores internacionales; mientras, las compañías publicitarias locales pugnaban por negociar promociones publicitarias a su paso por aquellos países.

Saki, como parte del equipo del concepto de imagen, recibió la invitación personal del CEO de Lantis para acompañar a Three Lights en su gira, quien apeló a su sentido artístico ofreciéndole ideas y locaciones para un nuevo Photobook Special Edition que tenía en mente. Y si bien hubiere bastado con la perspicaz argumentación de Taniyama, la fotógrafa encontró más convincente la afectuosa persuasión de su caballero de ojos malva, que solícito, le había pedido ir con ellos con la esperanza de compartir su relación con su círculo cercano. ¿Cómo es que su hermano menor se le había adelantado? Taiki sonreía perplejo cada vez que miraba a Yaten andar por el departamento, con el teléfono pegado a la oreja, hablando con Hino sin parar.

—Creo que sería un excelente portafolio para incluir en mi trayectoria artística. –apuntó Saki, pensativa, trazando círculos en el aire con su copa de vino. Sus labios se curvearon en una amplia sonrisa al observar el estupor salpicado en el siempre estoico rostro del mayor de los Kou.

—¿Significa eso que irás? ¿Vendrás conmigo?

La Itabachi seguía sorprendiéndose con ese lado tan camaleónico de Taiki, velado para la mayoría de la gente y versátil con quienes quería conectar. Saki estaba convencida de que varios de esos gestos que le veía pintar cuando estaba con ella, no se los había mostrado a nadie más. Como ese, justo ese que plasmó cuando, inseguro de su respuesta, buscó confirmarla. Parecía el retrato de un niño perdido en medio de la nada, incrédulo de la bondad de un Dios que no llegaba nunca.

Se levantó del sofá, dejando la copa a un lado. Segura de sí como lo era siempre, Saki se aproximó a Taiki, de pie junto al tocadiscos que se había ocupado en echar a andar y, en medio de un calmo waltz de Chopin, tiró de su corbata para robarle un beso ardoroso que sirvió como única e irreverente respuesta a la totalidad de sus preguntas.

—¿Cuándo crees que estarán libres tus papas?

Serena casi se atraganta con la soda que bebía mientras esperaban a que la sala del cine se medio llenara antes de que comenzara la función.

Había quedado con Seiya, en uno de sus escasos días libres antes de la gira, en ir de contrabando a mirar una película. Así, enfundado en mil capas de camuflaje: gorra, gafas, hoddie, gabardina; Seiya había elegido la matinée de un jueves donde las posibilidades de ser descubiertos por algún curioso se tornaban mínimas.

Serena, ocupada en deleitarse con la infaltable dulcería que demandaba toda buena cinta, no esperó que, a su primer sorbo, Seiya le soltara aquello sin avisos. Más tarde juraría que, por largo, largo rato, sintió las burbujas eferveciendo en su nariz.

—¿Cómo libres? –inquirió la rubia, limpiándose con el pañuelo que él le ofreció.

—Sí, libres, en tu casa. Quisiera hablar con ellos.

—¡¿Qué?! ¡¿Para qué?! –se exaltó la rubia, poniéndose de súbito colorada.

Seiya sonrió, ante su adorable titubeo, adivinando su pensamiento.

Pícaro, le tomó de la mano.

—Sé que mueres por vivir conmigo, Bombón, pero lamento decir que no es lo que estás imaginando.

Serena, todavía sonrojada, lo miró confusa.

—Quiero que vengas conmigo a la gira, no quiero separarme de ti por mucho tiempo. Pienso que ya hemos estado lo bastante separados.

Y si bien Seiya tuvo razón al decir que no se trataba de la idea que ella conjeturaba, la propuesta que enarboló en su lugar, fue más elocuente y enternecedora que cualquier pedida de mano o afín.

La alegría irradió en los ojos celestes y decantó en un abrazo entregado con arrojo. No se necesitaban mil palabras cuando todas ellas convergían en una acción.

Y Seiya siempre fue un hombre más de acciones que de palabras.

En realidad, ese parecía ser un rasgo de personalidad común entre los hermanos Kou: expresar con hechos. Rei por supuesto no estuvo exenta de este distintivo y, al muy particular modo de Yaten Kou, experimentó el efecto de su desarme.

Regresaban de Radio JP. Él se había ofrecido a llevarla a casa después del programa de radio en el habían participado con Seiya y Taiki; el último antes de salir de gira. Gira a la que Rei no iría.

—¿De verdad no te molesta? –inquirió ella, mirando su perfil desde el lugar del copiloto.

—¿Molestarme? ¿Por qué piensas eso? –había respondido él, tomando ágil, una de las intersecciones de la avenida central.

Al recibir silencio como única respuesta, una cínica sonrisa bailó en sus labios.

—¿No será más bien que ya te estás arrepintiendo de tu elección?

—No me estoy arrepintiendo –habló finalmente Rei, contagiándose al reconocer el juego en su voz-. Y ni se te ocurra manipular mi mente metiéndome ideas en la cabeza.

—¿Ideas como la de vacaciones gratis por al menos tres meses? ¿O un paseo interesantísimo por el MoMA de Nueva York? Escuché que se está exhibiendo una exposición fantástica.

—¡Yaten!

—¿Ideas como la de mirar todo el esplendor británico desde el London Eye?

—Tu malicia raya en la crueldad, ¿lo sabes? –recriminó la pelinegra, clavándole resentida, sus ojos malva.

—¿De noche? –sugirió el menor de los Kou para completar la imagen, mirándola con la misma altivez retadora de quien se sabe un excelente contrincante.

—Te odio. –soltó ella, infantil al cruzarse de brazos.

Seguro de que su chica de fuego se había plantado un puchero, Yaten rio con ese vibrato que a Rei le gustaba tanto escuchar, haciéndole imposible fingir enfado por mucho tiempo.

—Sin duda voy a extrañarte –formuló sin recato, transparente-. Pero es tu tesis y sé que es algo importante para ti. Confieso que no me gusta para nada la idea de que andes rondando por allí con el violinista ese pero, que tengas la oportunidad de tomarte un tiempo para concluir tu carrera es algo muy bueno. Y yo no querría otra cosa para ti.

Hino quiso atribuir el vértigo que se apoderó de su cuerpo a la vuelta que el vehículo dio en la glorieta; sin embargo, el latido ingobernable de su corazón le clarificó la verdadera razón. ¿Cómo sus reacciones y formas podían ser tan impredecibles? ¿Por qué le bastaban unas cuantas palabras para hacerla sentir la persona más especial del universo? ¿Podía estar más enamorada de ese hombre? Sus manos temblando le enunciaron un "sí".

—Te amo.- dejó ir. Soñadora, feliz, segura.

Rei se permitió descansar en su hombro, abandonada a esa tierna experiencia que eran el amor y la confianza de un compañero de vida. Siempre deseó sentir ese chispazo que la hiciese vibrar, la dulzura de una paz compartida, esa llama arrebatadora de sentidos y emociones. Todo eso se hallaba en él, todo eso lo encontraba en Yaten.

—Tres meses es poco tiempo. –apuntó el ojiverde, tomando una de sus manos para besarla fugazmente.

Hino intentó disimular lo mejor que pudo el sonrojo que se le extendió por las mejillas. Solazado, el idol rio por su adorable timidez.

—Se pasará pronto. Tres meses pasarán volando. –concluyó confiado y tranquilizador.

O al menos de eso quiso convencerse, pues desde ese mismo minuto, Yaten sintió que ya la extrañaba.

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Hey!

¿El final?

Sí, ya sé que mis finales son basofias dignas de doramas que terminan mal o con finales abiertos lol Pero no, al final decidí que este capítulo no sería el último, sino el penultimo casi llegando al ultimo, jajajaja. Quise dejar la miel para un próximo por la sencilla razón de que quiero ubicarlo temporalmente más adelante de lo que hemos llegado aquí. Una especie de epílogo pero sin serlo, porque este capítulo definitivamente no cuenta como un final cerrado, y también porque será corto, bastante, sólo para regalarles un cuadro de felicidad luminiscente de nuestros personajes. Esperenlo pronto, no demoraré con ello ya que era parte de este capítulo pero como que no checaba temporalmente.

Gracias. Gracias a todos los que me acompañaron en esta historia, a través de todos estos años en los que "she kills my ego" fue construyéndose, siendo uno de mis proyectos más queridos y detallados; también de los más arriesgados por sus tecnicismos y modos narrativos. Esta creación, desde su publicación en 2013, estuvo llena de altibajos y fue testigo de mis momentos más felices y también de mis irrecuperables y dolorosas pérdidas; encontré personas y también las vi desaparecer; aprendí nuevas cosas y cambié en muchas otras. Pido disculpas por todos esos altibajos, por las largas pausas, por la espera incierta. Sin embargo cumplí mi promesa y, aunque tarde, estoy concluyendo esta historia. Quizá no con el mismo ímpetu con el que comencé, pero con el mismo amor y respeto que todos ustedes y mis personajes me merecen.

Gracias por todas las personas que dejaron su huella y le dieron vida a esta narración, leyéndola. Mis bebes y mi alma de escritora se los agradecemos infinitamente.

En especial a: Xmena, Lexie, Jenny Anderson, bermellon, Hana Echizen, Usagi Broulliard, Dreaming Blue Sky, Cherryhino, Misuzu, Manzana Yamanaka, made, rogue85, Anny Mizuno, Lirit Yazmin, Demencia, Nickrivers, Mara Kou, camilalezcano10, Mari Balestero, misuzuangel12, Kamisumi Shirohoshi, alonesempai, Reiko Kou, ale, serenalucy, Sweet Odango, len, beni, Cary Kou, Kou Helena, lei, james, Andrea Tsukino, Naiara Moon, Martha Kou y Kath Kou19.

Quiero seguir escribiendo, la narrativa es mi único alimento. Ojalá pueda seguir contando con su confianza, apoyo y tiempo en este camino de letras.

Nos vemos en un último.

Con amor,

Sol Levine.