Cuentas.

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A Thor no le gustan los números, a Loki tampoco. Pero los motivos son diferentes, para Thor los números solo encrudecen la realidad, mimetizan y convierten un asunto dinámico en estático. Los números no le gustan porque son la realidad. Y de la realidad no se escapa.

A Loki le parecen rígidos y carecen de la belleza de la interpretación. Loki prefiere las letras y el silencio. Porque puede manipular y tergiversar la realidad de las palabras.

La pregunta sigue en el aire. ¿Cuánto perdieron en el Ragnarök?

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Día tras día, Thor se ha encargado de recopilar los datos de los asgardianos en la nave del Garndmaster. El día que termina, Thor odia más que nunca los números.

— No los pude salvar a todos. No pude.

Heimdall mira la lista que Thor sostiene, su voz se quiebra. A Thor no le gusta verlo triste, pero no puede evitar sentirse igual.

— Hiciste lo mejor que pudiste. Sin ti ellos no estarían aquí. — Heimdall avanza para mirar por la ventana de la nave, Thor se acerca hasta él y le da una palmada en el hombro.

— Casi morimos en el Bisfrost. — Heimdall sacude su cabeza, dispersando sus ideas y recordando a quien les evitó aquél trágico final — ¿Cómo supiste que él llegaría?

Thor se encoje de hombros

— Nunca lo sé. Solo confío.

— Loki siempre te traiciona. No lo hagas.

— Pero él siempre vuelve.

— Yo veo todo, Thor. Lo sé.

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A Thor le duele ver la realidad. Se ha evadido con guerras y violencia durante años. Hoy, las cuentas le pegan en la cara.

— Cuando perdí a Loki, tenía a Asgard, a mis padres, a Midgard. Heimdall, soy un rey. Lo sé. Un país se compone por su territorio, su gente y su Estado. ¿Pero de qué se compone el corazón de un hombre que lo ha perdido todo?

— De fe. ¿Volverás a cometer ese error?

— Las veces que Loki ha estado ahí para mí, son los únicos número que me importan.

— ¿Se lo dirás?

— Es Loki, él ya lo sabe.