Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 2: Mi locura]

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— ¡Cielo santo! — exclamó Kasumi llevándose las manos al pecho cuando vio aparecer ante su puerta a la chica de la trenza. Estaba completamente empapada y magullada, cojeaba con el pie izquierdo y se sostenía fuertemente el costado, tenía un aspecto lamentable. — ¿Que te ha ocurrido?¿Has vuelto a meterte en peleas?

— Me han atropellado. — contestó como si aquello careciese de importancia, dio un paso dentro del dojô Tendô, aquel lugar que intentaba evitar siempre que podía, y sin preocuparse lo más mínimo de empapar el suelo miró a la mayor de las hermanas directamente a los ojos.

— Kasumi, ¿aún conservas alguno de los cuadernos del instituto de Akane?

— ¿Qué? Claro, siguen en su habitación...

El chico ni siquiera se lo pensó, caminando trabajosamente subió por la escalera ante el asombro de Kasumi, que corrió veloz en dirección opuesta yendo en busca de su marido. Ranma terminó de ascender al primer piso, hacía años que no pisaba aquel lugar, los recuerdos le invadieron al igual que otras veces pero esta vez sus ojos se negaron a humederce. Miraron decididos aquella puerta en la que aún, casi a modo de burla, continuaba con aquel patito de madera colgado en el que podía leerse su nombre.

"Akane".

Apretó los dientes, tomó el pomo con decisión y entró en la habitación. ¿Cómo podía ser?, aún a pesar de haber pasado diez años aquel lugar seguía oliendo a ella. No había cambiado un ápice, con su uniforme impoluto colgado del perchero, su mesa con algunos cuadernos perfectamente ordenados, los peluches encima de la cama...un viaje atrás en el tiempo, un horrible mausoleo.

Se quedó parado en el sitio, sobrepasado por los sentimientos. Le invadió un extraño mareo pero se sobrepuso y terminó de recorrer el espacio que le separaba de la mesa, tomó el primero de los cuadernos y lo hojeó con histerismos, ¿matemáticas? lo arrojó con furia por encima de su cabeza y tomó el segundo. Historia, ese serviría, buscó con manos temblorosas la carta que había recibido esa mañana y la encontró donde la había dejado, en el bolsillo interior de su chaqueta.

Estaba empapada y la tinta se había comenzado a correr, aún así con poco le bastaba, extendió la nota junto a las páginas del cuaderno y buscó paralelismos, un kanji maldita sea, sólo uno. La representación de "septiembre" apareció ante sus ojos como una epifanía, lo contempló en silencio mientras recorría las líneas con la punta de los dedos.

Septiembre, era igual, estaba seguro, era la misma letra, la letra de Akane.

— ¡Ranma! — el doctor Tofu apareció por la puerta y la chica de la trenza se giró con los ojos secos y abiertos.

— ¡Es la misma letra! — exclamó mientras tomaba la carta y el cuaderno entre las manos, poseído por la histeria, de pronto sintió como sus manos comenzaban a temblar por su cuenta, sin que él pudiera hacer nada por detenerlas.

— ¡Estás herido! Deja que te examine.

— La letra...la letra...

Kasumi apareció por la puerta de la habitación de su hermana y se llevó una mano al rostro para contener un sollozo, ella también evitaba entrar en aquella estancia.

— Estás desvariando. — dijo el doctor avanzando un paso y tomando a la figura femenina por los hombros. — Quítate el abrigo, vamos.

— Sigue viva, yo la visto. — susurró fuera de sí — ¡He visto a Akane!

— Otra vez no... — dijo Kasumi sin poder reprimir las lágrimas y dejándose caer hasta el suelo.

Una niña y un niño pequeños aparecieron en el lugar atraídos por el revuelo, la menor de los dos observó a su madre con curiosidad.

— Mami, ¿por qué lloras?

A su lado su hermano mayor quién no contaba con más de 8 años miró a la empapada chica dentro de la habitación.

— ¿Tío Ranma? — preguntó dubitativo.

— ¿Ves?¡estás asustando a los niños! salgamos de aquí. — dijo Tofu que aprovechándose de su fuerza y del estado de confusión total de Ranma le arrastró fuera de la habitación. El chico se dejó llevar pero no soltó en ningún momento los documentos que tenía en las manos.

Tofu le llevó a una habitación aparte e insistió en que se quitara la ropa, Ranma asintió atontado mientras le obedecía.

— La he visto Tofu...la he visto... — repetía con la mirada ausente, como una letanía.

— Ranma...

— La he visto...es la misma letra...

El médico suspiró cuando descubrió el horrendo golpe en el torax de la chica.

— Te debes haber roto al menos dos costillas, vamos a la clínica, necesito tomarte unas radiografías.

— ¿Me crees? — preguntó levantando la cabeza de golpe y dirigiéndole al médico una mirada ardiente.

— Pensaba que todo esto ya había pasado, has alterado mucho a Kasumi.

— Pero...

— ¿Así te has hecho esto?¿Has vuelto a meterte en otra pelea de bandas?.

— ¡No! — exclamó ofendido — ¡Estoy diciendo la verdad!

Tofu observó unos segundos a la alterada chica que tenía delante, suspiró antes de tomar su maletín médico y cargar medicación en una jeringa.

— Necesitas descansar.

— ¿Qué es eso? — preguntó el artista marcial desconfiado.

— Antibiótico. — contestó el médico mientras inyectaba el líquido de color amarillento en el reverso de uno de los brazos de la pelirroja.

Puso cara de fastidio pero no se movió, Tofu sonrió, Ranma siempre había sido muy buen paciente.

— Listo.

Después de aquello su visión se volvió borrosa, desdibujó el rostro del amable doctor y cayó poco a poco en una dulce inconsciencia.

Cuando despertó se encontraba en la clínica del doctor Tofu, conocía perfectamente el lugar. De nuevo estaba en su cuerpo masculino y tenía una escayola en el pie izquierdo que le llegaba un poco por debajo de la rodilla. Varias botellitas con suero colgaban de una especie de perchero con ruedas y sus cables iban a morir a su brazo derecho. Ya no le dolía tanto el costado pero se sentía terriblemente mareado y hambriento.

La boca seca y pastosa le indicaba que llevaba varios días sin usarla, se incorporó con cuidado y sintió un afilado pinchazo en las costillas.

— ¡Por favor, no se levante! — una enferma regordeta y de rostro compungido corrió hasta él y poniéndole una mano en el pecho le obligó a recuperar una postura horizontal.

— ¿Cuántos días llevo aquí? — preguntó con voz rasposa.

— Dos, es casi un milagro que pudieses llegar hasta aquí, si el doctor no te hubiese traído podrías haber muerto.

Ranma resopló, esa mujer no tenía ni idea de con quién estaba hablando.

— Como sea, ya me voy. — y volvió a incorporarse posando su pie escayolado en el suelo.

— ¡Oh, no, no puedo consentir eso!

— ¡Ranma! — Rie apareció detrás de las finas cortinas que mantenían su cama aislada del resto de la clínica, tenía el rostro descompuesto, apunto de romper a llorar, se precipitó sobre su cama y tomó una de sus manos. — Estaba tan preocupada, has pasado dos días inconsciente...

El chico de la trenza entrecerró los ojos y miró su rostro mientras se daba cuenta de una verdad que hasta el momento no le había parecido tal. Tenía la cara redonda y ojos dulces de color marrón, el cabello negro y corto arropaba su cara ligeramente encrespado, y sus labios pequeños y finos dibujaban un gesto de preocupación. Solían decirle que era bella, que era una mujer guapa, pero en comparación con Akane no era más que un guiñapo, algo desdibujado y vulgar. Todo estaba mal, ahora lo veía mejor que nunca.

— No te pareces... — susurró mientras ella ladeaba la cabeza sin comprender. — No os parecéis en nada. — una risa histérica asomó en sus labios y comenzó a reírse solo, la chica se giró buscando a la enfermera con preocupación.

— Estás delirando, necesitas un calmante. — dijo y se apartó de su lado, pero el chico fue mucho más rápido, tomó su mano izquierda con desenvoltura y la miró con la determinación asomando sin pizca de duda en sus ojos azules.

— Nada de calmantes, nada de drogas que no me dejen pensar.

Ella tragó saliva, mirándole con miedo, aquel Ranma era el que asomaba en sus momentos más taciturnos, un ser peligroso, un alma en pena, un monstruo acechante.

— No me voy a casar contigo. — dijo pausadamente, como si estuviese reconociendo por primera vez la obviedad más grande del mundo. — Estoy enamorado de otra mujer.

Ella soltó su mano y abrió los ojos desconcertada.

— No estás en tus cabales.

— No, por primera vez en mucho tiempo creo que vuelvo a sentir que no me estoy volviendo loco.

— Pero si estás enamorado de otra, ¿por qué salías conmigo?¿por qué me diste esto? — dijo señalando el anillo de compromiso que brillaba en su dedo anular mientras las lágrimas inundaban sus ojos.

— Me dijeron que estaba muerta...— murmuró casi para sí mismo, volviendo a sentir como su mente divaga en el pasado, una pequeña balsa de lo que algún día fue lucidez arrastrada cruelmente por la corriente. — ...Pero había algo que no estaba bien.

— Es la propietaria de ese anillo, ¿verdad?¿era suyo? — la rabia asomó en sus palabras dando paso a una ola de desesperación, lo sabía, en el fondo siempre había sabido que el corazón de Ranma Saotome no era suyo, y aún así estaba dispuesta a vivir una vida entera por y para él, a tener sus hijos, a permanecer a su lado hasta el día de sus muertes. Había estado dispuesta a tragarse aquella mentira mientras sonreía ajena a los elementos.

Se quitó la sortija del dedo y se la arrojó con rabia al hombre que aún seguía en la cama, él ni siquiera pareció percatarse, el anillo le golpeó en el pecho y cayó perdido entre las sábanas.

— ¡Puedes quedártelo!¡Vete a buscar a tu novia muerta!

Aquella fue la última vez que vio a Rie, salió corriendo despechada de la clínica y jamás regresó. Quiso decir que lo sentía, que lamentaba haberle hecho daño pero no lo hizo, tomó entre sus manos la ostentosa sortija y se preguntó si le devolverían el importe.

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— ¿Que haces con esas flores? — le preguntó Akane mientras levantaba una ceja claramente contrariada.

— Me dijiste que comprara un ramo para llevárselo a Yuka al hospital.

— Te dije que comprases flores, ¿pero tenías que elegir precisamente esas?.

— ¿Y que tienen de malo? — preguntó mirando el ramo, a él le habían parecido bastante bonitas.

— Pues que la han operado de apendicitis, no se esta muriendo. Vamos, iremos a cambiarlas.

— ¿Es necesario? no creo que ni siquiera se fije...

— Claro que se fijará, no puedes ir a una floristería y simplemente coger el primer ramo que te parezca, hay una flor adecuada para cada ocasión.

Él la miró con extrañeza, no pensaba que Akane fuese tan detallista en ese sentido.

— ¿No lo sabías? el crisantemo es la flor oficial de Japón, de hecho es el signo del emperador, significa fuerza y eternidad. En occidente es tradición ofrecerla a los muertos, pero aquí es distinto, depende del color. Si le llevamos esos crisantemos blancos se pensará que le estamos dando la extremaunción.

Ranma volvió a mirar el ramo que llevaba en la mano derecha y arrugó el gesto. Llegaron hasta la floristería y Akane entró la primera con voz cantarina.

— Disculpe, hemos comprado estas flores pero queríamos cambiarlas.

— Claro, sin problemas. — contestó una agradable viejecita sonriendo a la pareja.

Ella comenzó a dar vueltas por la tienda y el artista marcial tomó otro ramo.

— ¿Qué te parecen estas?

Akane le miró y volvió a arrugar el entrecejo.

— También son crisantemos.

— Pero son rojos, parecen más alegres.

— No, eso sí que no. — dijo tomando un hermoso ramo de margaritas amarillas y oliéndolo maravillada.

— ¿Y por qué no?

— Porque los crisantemos rojos son especiales. — interrumpió la encargada de la tienda plantandose a la espalda del chico. — Son mucho más hermosos y valiosos que las rosas. Son la forma más sincera de decir "te amaré por siempre". Significan amor, amor eterno e inmutable.

Él miró a la viejecita de reojo antes de darse cuenta que el color teñía las mejillas de su prometida.

— Abuela, nos llevamos estas. — dijo Akane tomando el ramo de margaritas y saliendo a toda prisa hacia la calle, Ranma hizo una ligera inclinación con la cabeza antes de correr tras ella.

— Los jóvenes... — suspiró mientras tomaba el ramo de crisantemos y los ponía en agua.

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— Quítame la escayola. — gruñó por quinta vez, el doctor le sonrió condescendiente.

— Te has hecho una fisura en el peroné, necesitas al menos tres semanas de descanso.

— Y una mierda.

— Ranma...

— Tengo que salir de aquí. — dijo con una mirada urgente, febril.

— ¿Hace cuánto que no vas a ver al doctor Togawa?

Un incómodo silencio se estableció en la habitación, el chico evitó su mirada inquisidora.

— La última vez hace cinco años.

— ¿Y seguiste tomando las pastillas?

Las pastillas. Las putas pastillas. Claro que no había tomado aquella mierda, las probó poco más de una semana, le atontaban, le hacían lento, y desde luego jamás hicieron desaparecer aquel horrible dolor, ni el miedo, ni la culpa, ni las visiones. Ni siquiera consiguieron hacerle dormir.

— Un tiempo. — contestó esquivo.

— Tal vez deberíamos llamarle, ¿no te parece?

— No necesito a ese jodido psiquiatra, ¡no estoy loco!

— Yo no he dicho que lo estés.

— Nadie me cree... — susurró apretando los puños — ...ni siquiera mi familia, ni siquiera usted.

— ¿Por qué sigues aferrándote a ella? Tienes que dejarla marchar, murió, lo sabes, no hay forma de que vuelva con nosotros. — dijo el doctor de la forma más suave que pudo.

— La he visto, huía de mi...

— Sigues culpándote, igual que entonces.

— Tienes que quitarme la escayola, debo ir a buscarla.

— ¿Y donde irás? ¿Volverás a desaparecer durante meses?¿Volverás a meterte en peleas con criminales con tal de encontrar una prematura muerte y así acallar tu dolor?

— Tofu. — dijo el chico con una voz profunda y terrorífica, emergente de las profundidades de su propia alma. Le miró con la ira ardiendo en sus ojos, con la decisión de quien se siente amparado por la más alta de las razones. — Quítame la puta escayola.

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Nabiki se quedó sin palabras cuando se encontró en su puerta al chico de la trenza. Él no sonrió, la miró de forma seria antes de entrar. Su trenza se bamboleó al ritmo de sus pasos, era larga, casi le llegaba hasta la cintura, su figura completamente imponente, alto, duro, musculoso, cabreado. Se giró con una mirada decidida y la mediana de las Tendô tragó saliva.

— Me dijeron que estabas ingresado, pensaba ir a verte hoy.

— Convencí a Tofu para que me diera el alta.

— Ranma... — comenzó dubitativa.

— Te lo han contado. — resopló quisquilloso. — Ya te han dicho que volví a ver a Akane.

¿Era tristeza, pena lo que reflejaban sus ojos? Tan parecidos a los de ella y a la vez tan diferentes...

— Me da igual si no me crees, pero necesito tu ayuda. — Ella retrocedió un paso.

— Ya lo intentamos entonces, ¿que te hace pensar que esta vez será diferente?

— Que esta vez voy a buscarla a ella, no a su asesino.

— Mi hermana está muerta Ranma, ¡muerta!¡la incineramos!.

— Yo la vi. — dijo agarrando a Nabiki por los brazos y clavando sus pupilas en las suyas. — La vi.

— Eso no cambia nada, antes la veías todo el tiempo.

— No, antes la buscaba todo el tiempo, la confundía con otras, la añoraba tanto que creía verla detrás de cada rostro, de casa esquina, pero lo de ayer fue diferente...tu eres la única que también pensó que ocurría algo raro Nabiki, tu eres la única persona que me ayudó.

— Y casi te matan...

El chico sonrió de medio lado, aquellos años habían sido ciertamente confusos y complicados. Tan llenos de ira, sangre y dolor que apenas recordaba retazos, hasta aquel día en que le encontraron medio muerto, prácticamente desangrado en un oscuro callejón de alguna parte al sur de Japón, con una herida punzante en el pecho que le atravesaba uno de los pulmones y riéndose como un desquiciado. Su madre había llorado durante semanas mientras se recuperaba en el hospital. Habría sido feliz de morir allí, jodidamente feliz.

— Sólo una vez más Nabiki, si no encuentro nada, si vuelvo con las manos vacías...te juro que me olvidaré de todo. — era mentira, no pensaba olvidar mientras siguiese habiendo en él un solo hálito de vida.

— Entonces...esta vez sí que te matarán.

— Voy a averiguarlo, alguien debe de saber la verdad, lo que realmente le ocurrió a Akane.

Sintió como temblaba ante su convicción, se llevó una mano a su abultado vientre y por su rostro comenzaron a rodar las lágrimas, imparables.

— Si mi hermana siguiese viva jamás nos habría hecho sufrir así, es imperdonable. Por eso tiene que estar muerta, ¿lo entiendes?.

Ranma asintió pero a pesar de ello no reflexionó lo más mínimo sobre sus palabras, ya lo sabía, le hería más que a nadie, más que nada, le estaba volviendo loco.

— Te ayudaré. — concluyó secándose las lágrimas. — Deja que llame a mis contactos, dame un par de días.

— Gracias. — susurró mientras la soltaba y tras dedicarle una triste sonrisa comenzaba a salir de la propiedad.

— ¡Ranma!

El chico se giró, su trenza atravesó el aire veloz y sus ojos se posaron en la embarazada.

— No vuelvas a darme falsas esperanzas, no me hagas volver a tener que olvidarla. Vuelve con ella...o no vuelvas.

Él asintió y comenzó a caminar de nuevo hacia la salida, después de tantos años parecía mentira que Nabiki no le conociera, aquella había sido su intención desde el principio.

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¡Hola a todos!

(Lum se pone un casco de combate, apaga las luces de la sala y enciende un proyector. Estira una vara de apuntar y mira con determinación a la pantalla proyectada).

Muy queridos lectores, este es el plan: un capítulo semanal hasta terminar el fic. No, no me he vuelto loca, prometo un capítulo a la semana, intentando siempre que pueda publicar el mismo día.

Llevo escribiendo Crisantemo casi un año y creo que ha llegado el momento de que vea la luz (o me volveré loca de tanto retocarlo). Quiero espaciar los capítulos una semana para tener tiempo de re-leerlos, corregirlos de nuevo si es que les hace falta y escribir los últimos que me restan para terminar el fic.

Haciendo un cálculo tengo escritos 16 capítulos y el epílogo, por lo que tengo 4 meses para escribir tres capítulos más, creo que tengo tiempo de sobras para hacerlo y mantener una publicación periódica adecuada.

Entre otras cosas esto ha sido lo que me ha retrasado últimamente con Sueño de Verano, siento los inconvenientes que os haya causado pero quería terminar del todo Crisantemo ya que cada capítulo me consumía muchísima energía, me deprimía terriblemente y era incapaz de escribir otra cosa, por lo que decidí terminar y así poder retomar mi otro fic con buena actitud.

Y ahora los agradecimientos:

En primer lugar y como no podía ser de otra forma a Nodokita, quien ha recorrido junto a mí esta largo camino todo este tiempo. Este fic no sería lo que es sin sus buenos consejos y toda su paciencia, Crisantemo también tiene mucho de ti.

Gracias también a Lulupita (poco a poco resolveré las incógnitas), Dulcecito311 (gracias por tus palabras, espero mantenerte interesada), Vanessamc (¡gracias!), AT (gracias, estoy trabajando mucho el drama en este fic), Kykio4 (gracias por comentar), Lolita ("volaste la barda", primera vez que lo oigo, ¡pero gracias! jajaja), Chiqui09 (me tardé, peor aquí está), alnose102 (fueron tres meses, pero ahora las actualizaciones serán de seguido ;)), Diana Tendo (muchas gracias por tus palabras y por toda tu paciencia, finalmente ya puedo publicar esta historia ), Jorgi (ay, mi Jorgi! siempre pendiente de mi, ¡mil gracias reina!espero que disfrutes del fic) y Kunoichi Saotome (¡paisana! sal de las sombras, jajaja. Gracias por tu comentario, me ha hecho mucha ilusión, gracias por todo lo que dices, me seguiré esfrozando en mejorar _).

Y por supuesto a todos los que leen estas lineas, muchas gracias. Nos leemos pronto.

LUM.