Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 3: Tu sabor]

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¿Dónde estaba?¿Qué estaba haciendo allí? Y por dios santo, ¿que era ese nauseabundo olor?. Sus ojos se abrieron pesados después de caer en una momentánea inconsciencia, veía borroso, se sentía extrañamente empapado, mojado por su propio sudor y algo más. Alzó su mano izquierda y distinguió aquel líquido rojo, ferroso y espeso manchando sus ropas. Lo palpó en la punta de sus dedos, cálido. Su sangre.

"Es verdad...me estoy muriendo".

Le habían lanzado de cualquier forma en aquel callejón, un auténtico vertedero donde la gente dejaba la basura, donde los borrachos y mendigos orinaban. Apenas sentía el dolor, le habían atravesado el pecho de una puñalada, con saña, le querían muerto pero a él no le dolía, ya no.

"Voy a verte, sólo un poco más, sólo unos momentos, espérame Akane" — pensó en su delirio mientras volvía a dejar caer su mano a un costado y se sentía engullido por la oscuridad de la misma muerte. Cerró los ojos y a lo lejos escuchó unos acelerados pasos, alguien corría en su encuentro por aquel asqueroso callejón.

— ¡RANMA! — que rápido había sido, que delicioso. Escuchó su voz resonar como una melodía angelical, tanto tiempo olvidada. Abrió los ojos y enfocó el rostro que se abalanzaba sobre él, raspando sus suaves rodillas contra el suelo. Que bella era, habían pasado cinco años y apenas había cambiado, seguía teniendo aquella cara de niña, esos enormes ojos marrones llenos de largas pestañas, labios carnosos y rosados, la piel blanca que contrastaba con su pelo negro, espesísimo, ahora más largo.

Pestañeó a la par que sonreía y alzaba la mano para tocar su compungido rostro, ¿pero por qué lloraba?¿no estaban al fin juntos? debería sonreír, sonreírle después de tanto tiempo.

— ¡NO!¡No!¡No por favor!¡No!¡No! — gritó ella mientras posaba las manos sobre su herida intentando frenar la hemorragia, un terrible sollozo escapó de sus labios antes de mirar espantada sus propias manos llenas de sangre, buscó con desesperación entre sus ropas hasta que dió con un teléfono móvil, marcó un número corto.

— Hay un hombre herido, ¡está perdiendo mucha sangre! — dijo mientras de forma nerviosa daba la dirección — Te vas a poner bien Ranma, te vas a poner bien. — recitó como un mantra a la vez que acariciaba su frente, estaba desesperada, las lágrimas resbalaban por su rostro, tan hermosas y cristalinas.

— Eres una llorona. — susurró él con una voz que no reconoció, áspera y estrangulada, le faltaba el aire . Sus dedos se enredaron entre sus cabellos negros como la noche, tan finos y suaves como los recordaba. — No llores, ahora estoy contigo.

Ella apretó los dientes y en un gesto lleno de muda tristeza se agachó junto a él, sintió su aliento, caliente y contenido adueñarse de su boca, durante apenas unos segundos besó sus labios. Sabían a sangre, sabían a lágrimas, sabían a lo que debe de saber el amor. Se separó de él cuando se escucharon en la lejanía las sirenas de la ambulancia, se tapó los labios con el dorso de la mano ensangrentada mientras las lágrimas continuaban cayendo imparables. No le dijo adiós, simplemente se levantó y echó a correr, desapareció por el callejón sin mirar atrás.

Ranma intentó incorporarse sobre un codo para seguirla con la mirada pero el dolor le rebasó como un latigazo, una descarga eléctrica de la cabeza a los pies. Abrió la boca conteniendo un grito, ¿es que acaso no estaba muerto?¿es que aquello no era el cielo? se retorció en agonía mientras intentaba mirar hacia el lugar por el que ella había desaparecido. Una broma, aquello debía haber sido una mala broma de su cerebro desquiciado, pero entonces...¿por qué seguía saboreando la sal de sus lágrimas?.

Comenzó a reír como un loco, un desequilibrado al que le han arrebatado todo, hasta su propia razón, y fue así como le encontraron los servicios de emergencia.

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— ¿Nabiki? — tomó el teléfono con histeria, llevaba esperando aquella llamada más de 48 horas, se le habían hecho eternas. Al otro lado de la línea se escuchó un suspiro.

— No se si debo hacer esto...

— Dame algo, un nombre, una dirección, algo por donde empezar.

— No he encontrado nada nuevo Ranma, es lo mismo que hace diez años.

— Tiene que haber algo.

— El policía que llevó la investigación se ha jubilado, he movido algunos hilos pero al parecer nadie quiere saber nada, dan el caso por cerrado.

El silencio se hizo a ambas partes de la línea, ella volvió a tomar la palabra.

— Pero he estado pensando...

— Te escucho.

— En aquel entonces había mucha más gente en Fukuoka, es decir, había un campeonato a nivel nacional de artes marciales.

— Por eso estábamos allí. — contestó el chico como si fuese una obviedad.

— Pero la policía jamás sospechó de nadie, siquiera de los participantes.

— Dieron el caso por cerrado muy rápidamente. De todas formas no creo que hubiera nadie implicado, ¿quién planearía un asesinato con 17 años?

— Esa no es la pregunta que debemos hacernos, la pregunta correcta es...¿quién es lo suficientemente inteligente o poderoso para ocultar un asesinato durante diez años?

Ranma se quedó pensativo unos segundos.

— Coincidiendo con el campeonato asesinaron una chica de 17 años...

— Akane.

— No era ella. — gruñó.

— No voy a volver a discutir esto contigo.

— Akane estaba allí, debió ver algo...y por eso se la llevaron.

— ¿De verdad crees que hay alguien capaz de tener secuestrada a mi hermana durante diez años?, les habría matado o muerto en el intento.

— Tiene que haber algo más...ella no se lanzaría al río, no haría algo tan estúpido sin saber nadar, no por una simple discusión. Era fuerte, lo sabes, era una testaruda cabezota.

— Te contradices, has vuelto a hablar de ella en pasado. En el fondo de tu corazón ni siquiera tú mismo crees tu propio delirio.

— …

— ¿Ranma?

— Creo que volveré a Fukuoka, empezaré desde el principio.

— Pero esta vez procura alejarte de las peleas callejeras. — él sonrió socarrón.

— Lo intentaré. — colgó el teléfono — Pero no prometo nada.

Encima de la mesa de su apartamento había acumulado montones y montones de información. Fue a varias bibliotecas, al censo y a una oficina municipal, buscó por internet todas y cada una de las ediciones de los periódicos de aquellas semanas, que había impreso y ordenado clasificándolos en varios lotes.

Eran curiosas las estadísticas sobre defunciones a nivel nacional. Japón era uno de los países industrializados con mayor tasa de suicidios, sobre todo en hombres y mujeres jóvenes. Dejando eso aparte también había miles de casos al año de desapariciones que jamás llegaban a resolverse.

Tenía que creer en eso, debía agarrarse a sus esperanzas y convicciones como a un clavo ardiendo, al último retazo de cordura que quedaba en él.

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— ¿Entrenando? — Akane se acercó por su espalda y él se giró rápido como un felino, la había sentido mucho antes de que diese un sólo paso en su dirección.

— En unas semanas hay un torneo en Fukuoka. — dijo él dando una patada al aire y sosteniendo su pierna erguida mientras giraba con la que aún seguía apoyada en el suelo. — Y lleva mi nombre.

Akane sonrió con desdén.

— Eres un presumido, hay luchadores muy buenos en Japón, quizás mejores que tú. — lo decía con la única intención de hacerle enfadar, sabía perfectamente que no había en todo el país hombre más temido que su prometido. Con apenas diecisiete años aún estaba lejos de su madurez física, y aún así era todo un portento. Le amaba, le admiraba tanto que el solo mirarle concentrado en sus ejercicios ya era un regalo.

— Imposible. — respondió fanfarrón, sorprendiéndola con una sonrisa. — Aunque si los hay, harían de esto algo mucho más interesante.

— Yo también iré. — aquello era toda una declaración de intenciones, el chico de la trenza bajó la pierna y la miró sorprendido.

— No hace falta que me acompañes, no es el primer campeonato al que voy.

—¡Ja! de nuevo pecas de presuntuoso...voy a participar en categoría femenina.

— ¿Vas a pelear? — repuso sin poder ocultar la preocupación en sus palabras, antes de que una idea mucho más divertida asaltara sus pensamientos — ¿De verdad piensas que conseguirás hacerles creer que eres una mujer?

Ella apretó los dientes a la vez que sentía como la furia se concentraba en sus puños, cerrándolos con fuerza.

— ¡Ranma!

El chico de la trenza comenzó a correr despavorido, mientras una burlona sonrisa se dibujaba en sus labios.

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Entró en la comisaría del distrito, una pequeña garita con apenas un agente que rondaba los cincuenta y que leía el periódico de forma distraída. Entrado en carnes y de ojos pequeños, parecía pasar sus días sin mayor emoción que la de guiar a turistas despistados o ayudar con la compra a alguna viejecita. Que horrible sensación de déjà vu.

Tomó aire antes de hablar, intentando que no le temblara la voz.

— Hola. — dijo simplemente antes de avanzar hacia la mesa, el hombre dejó el periódico a un lado y observó al joven de forma suspicaz.

— ¿Puedo ayudarle?

— Sí. — tomó asiento frente a él sin haber sido invitado.

— ¿Y?¿le han robado algo? — preguntó sin mucha convicción ante el abrumador aspecto físico del hombre que tenía frente sí.

— Necesito información sobre el caso Tendô.

— ¿Tendô? — repitió arrugando el entrecejo sin caer en la cuenta. — ¿Hablas de la adolescente que se suicidó tirándose del puente?.

— No...sí. — dijo rindiéndose y reacio a dar más explicaciones de las justas.

— Pero han pasado nueve años.

— Han sido diez.

— Como sea, ese caso se cerró hace mucho tiempo. Si quieres ver los informes tendrás que presentar un escrito ante la sede central y tardarán de tres a seis meses en contestarte.

Él pestañeó y no se movió un ápice, con una calma que sólo podía calificarse como contenida y peligrosa puso los codos encima de la mesa. Apoyó la cabeza en uno de sus puños cerrados.

— Lo necesito ahora.

— Eso no funciona así.

— Ahora. O le juro que no respondo de mí. — el policía, acostumbrado a una relativa calma dentro de sus distrito pudo ver en sus ojos algo que sólo una vez, hacía muchos años, había tenido la ocasión de contemplar.

Eran dos brasas ardientes de un color azul profundo, sin brillos ni más emociones que el dolor, unos ojos sin miedo alguno, la mirada de una persona desesperada y dispuesta a cualquier cosa. Eran la muerte y la desolación en su estado más puro.

— Te recuerdo...tú eres...

Comenzaban a entenderse, Ranma sonrió sin alegría.

— No me gustaría volver a destruir este antro, necesito esos informes.

El hombre se levantó de su silla como si le hubiese alcanzado un rayo y corrió todo lo que le permitía su redonda cintura hacia una pequeña sala posterior, volvió apenas tres minutos después con una carpeta.

— Si mis jefes se enteran me meteré en un lío... — murmuró nervioso mientras gotas de sudor se formaban en su frente, sacó un pañuelo blanco de uno de sus bolsillos y se lo pasó por el rostro.

— Es un caso antiguo, nadie tiene porqué enterarse, siempre puedes decir que los perdiste.

Volvió a secarse el sudor.

— También necesito la dirección del detective que dirigió la investigación.

— ¿Nogiwara? Pe-pero está jubilado. — otra mirada más, Ranma giró el cuello tan lentamente que pareció estar haciendo un estiramiento infinito hasta que la esclerótica de sus ojos destacó los dos pozos oscuros de sus iris. — Te la apuntaré. — se apresuró tomando una hoja de papel.

Tomó los papeles, le dirigió un último vistazo al policía, el sudor había comenzado a marcar grandes surcos en sus axilas y en el cuello del uniforme.

— Siento lo del brazo.

Y tras esas palabras salió caminando a buen paso de la pequeña comisaría de barrio. El hombre se dejó caer en su silla, derrotado. De forma automática se llevó la mano a la cicatriz, que conservaría por el resto de su vida en el brazo derecho.

Aquella noche de septiembre ese chico, con tan sólo 17 años, completamente ciego de rabia y dolor había herido de forma grave a más de una docena de policías. A él le había partido el brazo de una manera brutal, como si fuese una simple ramita seca. Lo partió por la mitad con sus manos desnudas seccionando parte de una arteria, aún recordaba el dolor palpitante y el hueso atravesando su piel, necesitó tres operaciones y meses de rehabilitación. Había hecho bien en darle esos informes.

No quería volver a saber nada de Ranma Saotome.

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— Buenas tardes, estoy buscando al señor Nogiwara.

Una señora de unos sesenta años de edad miró al joven que tenía delante, le pareció apuesto y educado, pero aún así levantó en ella cierto recelo.

— Mi marido está en el jardín, pasa por favor.

El chico siguió a la mujer a través de un estrecho pasillo que atravesaba la casa unifamiliar, llegaron hasta lo que parecía el salón principal, una ventana de aluminio permanecía abierta y en el exterior se podía observar un pequeño jardín en el que habían comenzado a sembrar un huerto urbano.

Ranma se mostró agradecido, inclinando cortésmente la cabeza, antes de dirigirse al hombre que tenía ante sí. Se encontraba regando distraídamente unos pequeños brotes verdes de un vegetal que no supo identificar.

— Hola — saludó, él anciano le contempló durante varios segundos antes de hablar con tristeza.

— Es extraño, por algún motivo siempre supe que volverías. — su rostro se volvío inexpresivo y sus ojos se quedaron fijos en la pequeña planta que estaba sus pies. — Supongo que era inevitable.

Ranma se quedó estático, esperando.

— No hay nada nuevo chico, no hay caso, igual que entonces.

— Sí hay algo. — el anciano le observó de reojo. — Creo que sigue viva.

— Eso es imposible.

— Yo la he visto.

— Sólo has creído verla, es un tipo de trastorno muy normal entre las personas que sufren pérdidas de forma violenta.

— En aquel entonces ni siquiera se tomaron la molestia de...

— Hicimos un buen trabajo, era un caso sencillo.

— No era ella.

— Ya lo hablamos, cuando un cuerpo pasa mucho tiempo en el agua se hincha por la descomposición interna y es normal que no se pueda reconocer. Además las pruebas de ADN fueron concluyentes.

— No quiero oírlo. — dijo girando la cabeza y apretando los dientes.

— Entonces tampoco quisiste...mis hombres jamás llegaron a recuperarse, varios se cambiaron de comisaría.

— Pero usted también pensó que había algo que no estaba bien, que había algo raro...

El sexagenario asintió con gravedad.

— Un tiempo después llegué a pensar que podría haber sido un asesinato...pero con el cuerpo incinerado se perdieron las pruebas, es algo que jamás sabremos. Olvídalo de una vez. — comenzó a dirigirse hacia el interior de la casa. — Deja a los muertos descansar en paz.

— ¿Y si hubiese una posibilidad? — inquirió en un tono de voz alto, con el miedo agarrándose a sus entrañas ante un nuevo callejón sin salida — Si fuese su...si tuviese que elegir un lugar por donde empezar a buscar, alguien de quien sospechar...

— Profesionales. — se giró y le dirigió una mirada vibrante, llena de emoción contenida. — Un asesinato que levantase tan pocas sospechas sólo podría ser obra suya. No rebusques en la basura, no te metas en líos. Si de verdad alguien la quería muerta, fue con premeditación.

— Akane no le había hecho nada a nadie. No tiene sentido.

— Eso no siempre es así chico, existen muchas razones para matar, unas veces por negocios, otras por venganza, algunos lo hacen por placer...pero si esa chica era tal y como dices hay que pensar que su desaparición estuvo planeada para hacer daño a una tercera persona. — Ranma tragó saliva. — A tí, claro que eso ya lo sabías, ¿verdad?.

Esa sensación de mareo hasta la náusea le era muy familiar, claro que lo sabía, se culpaba por ello cada segundo, de cada minuto, de cada hora de cada día. El hombre le miró con preocupación al verle mudar de color a uno blanquecino.

— Chico, deberías sentarte.

— ...un nombre...

— Todo lo que pueda decirte será sembrar esperanzas en tí o hacerte ir en busca de una inútil venganza, ni siquiera la muerte de su asesino podrá resucitarla.

— Deme un nombre.

El ex-detective de policía suspiró, no quería admitirlo pero aquellos ojos le daban miedo, aquél muchacho se había convertido en un hombre poderoso y atormentado. En una persona sin absolutamente nada que perder, y por lo tanto peligrosa. ¿Tanto la había amado?¿tan fuerte era su lazo? de una forma un tanto altanera siempre pensó que el amor de secundaria se olvidaba con el tiempo, se borraba como las huellas sobre la arena hasta no ser más que un recuerdo lejano.

— Ota.

Abrió los ojos de forma desmesurada y le miró con veneración, casi sintió como dejaba de respirar.

— ¿Quién es? — preguntó sin poder ocultar la emoción en su voz.

— Es una familia adinerada, su residencia principal está al sur de aquí, en Nagasaki.

— ¿Cree que ellos...?

— Solo sé que su hija desapareció hace exactamente diez años, unos días antes de que encontráramos a Akane.

Ranma pareció no comprender, el inspector parecía reticente a darle más información.

— Sus padres no denunciaron su desaparición hasta una semana después, me pareció sospechoso, pero lo que me llamó la atención fue la fotografía de esa chica en el periódico, pensé que se parecían.

— ¿A Akane?

— No se si puede servirte de algo, quizás fue sólo una coincidencia, una paranoia de un viejo policía...

— ¿Aún conserva el periódico?

El hombre sonrió por primera vez desde que el chico atravesara la puerta.

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Ranma alquiló una habitación en un pequeño hostal de la localidad, la noche había caído sin que se diera cuenta, tan absorto como se encontraba ante los acontecimientos.

Pidió algo de comida y se tiró en la cama, agotado.

— Un nombre... — susurró para sí mismo, por fin, después de tanto tiempo. ¿Cómo es que no había hecho eso mismo mucho tiempo atrás?¿cómo es que sólo se dedicó a buscar la muerte de forma desconsolada?. Un nombre...algo a lo que agarrarse, algo por donde empezar. — Voy a encontrarte, sólo espera un poco más.

— ¿A quién estás engañando? — movió la cabeza sólo para ver de nuevo a su propia visión de la chica, cruzada de brazos y apoyada en la pared; pero algo estaba mal, había cambiado. Ya no tenía dieciséis años, ahora era la mujer adulta que había visto en el cruce de Shibuya, con su pelo largo y sus ojos grandes y afilados. Su figura era mucho más estilizada, piernas larguísimas y unos pechos firmes, redondeados.

— Sé que estás viva.

— No sabes nada.

— Te encontraré.

— Te estás volviendo loco.

— Descubriré la verdad.

— Te encerrarán en una habitación acolchada, con una camisa de fuerza.

— Pienso matar al hijo de puta que nos hizo esto, le asesinaré con mis propias manos.

Las pupilas de Akane se dilataron, se acercó al filo de la cama y le miró desde su altura mientras él permanecía tendido, con la decisión candente en sus pupilas.

— ¿Por qué no me dejas morir?

Él sonrió.

— Ya lo sabes.

La visión asintió de forma dolorosa antes de desaparecer. El chico de la trenza se incorporó de golpe, sintiendo como le pitaban los oídos a causa del terrible silencio que se había adueñado de la estancia.

Tomó el periódico que le había dado el detective de policía jubilado y lo abrió por la página marcada, como ya había hecho más de una decena de veces. Volvió a mirar a la chica de la foto, rostro redondeado, ojos grandes y marrones, pelo corto...sí, definitivamente tenía cierto aire a Akane. Nadeshiko Ota había desaparecido el 18 de septiembre de aquel mismo año mientras paseaba con unas amigas.

La emoción embargó su pecho, estaba seguro. Tenía una pista.

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Hola a todos,

Parece que esto avanza rápido y poco a poco se van descubriendo más detalles de todo el siniestro caso de la muerte de Akane...espero poder mantener vuestro interés.

Los agradecimientos:

A mi queridísima Nodokita por ayudarme tanto, tanto, tanto. A todos los que dejáis reviews, muchas gracias. Estoy un poco inquieta con este fic y me ayudáis mucho.

Dulcecito311 (gracias por tu review, sí, hay intrigas y secretos, muchos secretos ;) ), Susyakane (gracias por tus palabras), Jorgi (Nena, tu también eres genial en cuanto haces. Yo también envidio a muchos escritores pero eso me hace esforzarme el doble en la escritura. Te deseo que superes ese bloqueo que tienes. Por supuesto que Ranma no se casó, me libre de esa en dos capítulos (risa de malvada). Ella era sólo una forma de introducir la historia y el punto en el que se encontraba Ranma respecto a su vida, casi forzado a avanzar.), Chiqui09 (Gracias! si, actualizaré a la semana, más me vale empezar a escribir el final ya...), Rosi (misterios, misterios...), Lisa2307 (no te haré sufrir de espera, pero yo al menos escribiendo si que he sufrido bastante...sólo aviso, jajaja) y Marcia Andrea (¿nueva en el fandom? bienvenida! espero mantenerte interesada).

Y a todos vosotros muchísimas gracias por leer.

¡Saludos!

LUM