Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

.

.

[Capítulo 4: Mi búsqueda]

.

.

— Bienvenida a casa, señorita.

La joven mujer miró a su asistente con una indiferencia que en realidad no sentía. Su rostro frío como el hielo corrió el riesgo de enternecerse durante un segundo, giró la cara hacia el largo pasillo con suelo de madera y tomó aire.

— ¿Dónde están las demás? — preguntó como si el hecho le resultase insólito, aunque en realidad ya se esperaba la respuesta.

— Se marcharon después de aquello...nos asustó mucho a todas.

— Tu sigues aquí.

— Yo jamás la abandonaré.

Volvió a posar la mirada en la chica que tenía delante, con pelo castaño y ojos negros, oscuros y sinceros. Llevaba a su servicio desde hacía más de cinco años.

— Ume, ¿ocurrió algo en mi ausencia?

— Oyabun se enfadó.

Bufó, se lo suponía.

— Pero lo importante es que la señorita ya se encuentra mejor.

La mujer bajó la vista en un reflejo y alzó su mano izquierda, su asistente también la miró con el miedo presente en sus oscuros ojos.

— Los médicos lo hicieron bien. — dijo contemplando la cicatriz rojiza que atravesaba de forma oblicua sus dedos meñique y anular. — Casi puedo moverlos con normalidad.

— Por favor, no vuelva a intentar nada parecido, se lo ruego.

— Siento haberte preocupado Ume.

Comenzó a caminar por el pasillo de la antigua residencia, se encontraba terriblemente cansada.

— Señorita.

Se giró con desinterés.

— Esta mañana llegó un sobre negro.

Suspiró, debían de tener prisa.

.


.

Tragó saliva, había hecho bien en no desayunar.

La noche anterior no se había sentido con fuerzas para comenzar a leer los informes del caso, pero sabía que debía hacerlo, debía informarse bien antes de llamar a la puerta de los Ota e intentar que confesaran algo que la policía no fue capaz de averiguar diez años atrás.

Cuando abrió la carpeta lo primero que se encontró fueron una serie de papeles...y fotos, muchas fotos. No quería mirar, la rabia le consumía, las arcadas se adueñaba de su garganta, las lágrimas se agolpaban en sus ojos y no le dejaban ver con claridad.

"No es ella, no es ella, no puede ser ella" — se decía a sí mismo mientras pasaba rápidamente las fotografías que adjuntaban el informe. Era como revivirlo de nuevo, la pesadilla que había comenzado diez años atrás. El cadáver hallado flotando en el río cinco días después de su desaparición.

Tan frío, tan blanco e hinchado. Ni siquiera parecía una persona, más bien daba la impresión de estar mirando a un ser desconocido de otro planeta.

Amontonó las fotos haciendo de tripas corazón y las guardó en lo más profundo de su mochila, no quería volver a verlas si no era estrictamente necesario. Salió de la habitación con la decisión marcada a fuego en sus ojos, ese día iría a ver a los Ota y les haría hablar, vaya si lo haría.

Compró un obento en un supermercado de camino a la estación de autobuses y adquirió un billete para Nagasaki, sólo de ida.

Suspiró pesadamente cuando encontró su asiento y miró por la ventanilla, cerró los ojos. Su torturada mente le arrastraba como un vendaval hacia aquellos recuerdos, el comienzo del fin.

.


.

— ¡Uah!¡es gigantesco! — Akane corría delante de sus ojos, emocionada. Extendió los brazos y dio un par de vueltas sobre sí misma mirando hacia el techo de la construcción antes de volver a gritar. — ¡Tienes que ver esto!¡es del periodo Edo!

Ranma no pudo reprimir su sonrisa, era como ir de excursión con una niña pequeña.

— No veo qué tiene de especial. — dijo llegando a su lado y mirando igualmente hacia arriba, la chica arrugó los labios y le dió un codazo en las costillas, él se agarró el costado simulando dolor. — ¡Serás burra!

— ¿No atendías a las clases de historia? La construcción es de madera y tiene más de tres siglos de antigüedad, es uno de los mayores palacios que se conservan de esa época.

— Una casucha vieja.

— Los campesinos y nobles rendían pleitesía al señor feudal de este palacio, hasta que con la reforma del periodo Meiji las grandes familias fueron perdiendo poder. Finalmente fue tomado como sede de una importante sociedad al servicio del gobierno antes de la primera guerra mundial.

El chico de la trenza bostezó.

— Sigue siendo una casucha vieja.

— ¡Ranma!

— ¿¡Qué!? Debería estar entrenando o descansando y no haciendo turismo, mañana empieza la competición.

La chica de cortos cabellos pareció reflexionar unos segundos, tomó la guía de la ciudad en sus manos y ocultó parte de su rostro entre ella.

— Es que...

Él la miró suspicaz, sabía exactamente lo que estaba pasando. Habían ido hasta allí ellos dos solos, sin familiares ni amigos en un radio de trescientos kilómetros. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que llegaron al hostal donde se hospedaban . Les sorprendieron con la noticia de que debido a la altísima afluencia de turismo por el campeonato de artes marciales se habían quedado sin habitaciones, sólo les quedaba una. A regañadientes aceptaron quedarse no sin que Akane pusiera el grito en el cielo, pero fue mucho peor cuando descubrieron que únicamente había una cama. Una habitación de matrimonio.

La chica se había puesto tan roja como la camiseta que vestía y él no había sabido cómo reaccionar. Se suponía que habían ido hasta allí para competir, no para una escapada romántica, se miraron de reojo antes de apartarse casi un metro el uno del otro.

— ¡Vayamos a ver la ciudad! — propuso Akane mucho más rápida que él, dejó su pesada mochila a un lado y tomó de forma nerviosa un pequeño bolso y un mapa que había comprado unos días antes del viaje.

Él asintió y la siguió sin atreverse a decir una sola palabra. ¿Dormir en la misma cama que Akane?¿estaba pasando de verdad? contempló sus firmes piernas que quedaban altamente reveladas por los pequeños shorts que lucía, su pelo corto bamboleándose al ritmo de sus pasos. Algo extraño le estaba pasando, un desconocido peso se instaló en su pecho, de repente lo único que ansiaba con toda su alma era estrecharla fuerte entre sus brazos, muy cerca de sí, no dejarla marchar jamás.

Respiró profundo intentando calmar sus impulsos, estaba convencido de que si hacía algo parecido, recibiría tal paliza que se quedaría un mes ingresado en el hospital más cercano.

.


.

— ¡Nagasaki!¡fin de trayecto!

Ranma abrió los ojos, no había dormido, sólo había estado recordando un tiempo mucho más feliz.

Bajó del autobús con su mochila a cuestas y se hizo sombra con las manos para no ser deslumbrado por el sol. Era media mañana y el astro rey se encontraba en lo más alto. Hacía calor.

No le costó demasiado dar con la residencia de los Ota. Los vecinos de la zona le ayudaron bastante, era una casa antigua, bastante parecida a la residencia de los Tendô pero con una entrada diferente, más estrecha y oculta. Un coche último modelo se encontraba aparcado en la puerta junto a una gigantesca valla de color negro que no pegaba lo más mínimo con el aspecto tradicional del resto de la estructura.

Pulsó el timbre y nada ocurrió, hasta que unos minutos más tarde salió un hombre joven a recibirle, vestía de forma extraña, con pantalones cortos y una anplia camisa de inspiración hawaiana. Le miró despectivamente.

— ¿Qué quieres? — preguntó, y enseguida Ranma supo que el juego acababa de empezar, aquel no era un lugar normal, claro que él tampoco era una persona normal.

— Estoy buscando a Nadeshiko Ota.

El joven se acercó más a la valla y le recorrió con la mirada.

— ¿Quién eres?

— Soy un antiguo compañero de clase, me mudé hace más de diez años y al volver a pasar por la ciudad pensé que podría hacerle una visita.

— Está muerta. — le escupió prácticamente a la cara. — Lárgate.

Pero Ranma no se movió, pestañeó confundido, ¿muerta?¿no le había dicho el detective que había desaparecido?

— Vaya, no lo sabía. — respondió bajando la mirada. — ¿Tu la conocías? me gustaría hablar con alguno de sus padres.

— Hay que estar muy mal de la cabeza para seguir ahí plantado, ¿acaso no sabes que lugar es este?

El chico de la trenza ladeó la cabeza intentando parecer inocente.

— ¿Su...casa?

— ¿Quién es? — ambos hombres se giraron a la vez para mirar a una mujer entrada en años que les observaba desde la puerta. Lucía un hermoso y a todas luces carísimo kimono de seda en colores blanco y oro, estrechó sus diminutos ojos sobre la figura del artista marcial a la vez que este se apresuraba a hacer una inclinación de cabeza.

Cinco minutos después se encontraba sentado en un salón tradicional mirando a la mujer directamente a los ojos, con sendas tazas de té que habían servido varias criadas antes de retirarse.

— Con que eras compañero de clase de Nadeshiko. — comenzó con el brillo de la nostalgia fuertemente grabado en su expresión, los años habían marcado profundos surcos alrededor de sus ojos lo cual le hacía parecer bastante mayor de lo que realmente era. Suspiró transportada en el tiempo y Ranma supo que aquella mujer y él se parecían, ambos añoraban un tiempo mucho más feliz, ambos habían perdido lo que más amaban.

— Sí.

— Me hace feliz que te hayas acordado de ella, era una muchacha tan tímida...hace años que nadie viene ya a preguntar. — la tristeza que la embargaba era tan amarga que parecía haberse quedado retenida dentro de aquella mujer, enquistada para siempre en forma de enfermedad crónica.

— No sabía que hubiese muerto... — lo dijo de forma deliberada y aún a pesar de ello casi se arrepintió de tener que hacerle recordar.

— Sí, fue hace años.

— ¿Y cómo ocurrió?

— Mi pequeña Nadeshiko no había hecho daño a nadie... — comenzó en un tono de voz amargo.

— ¿Señora Ota?

— Discúlpame, fue un asunto horrible, no quiero hablar de eso.

— ¿Fue un asesinato?

La mujer brincó como si el chico acabase de pincharle como una aguja, le miró confusa.

— ¿Quién eres tú?¿de verdad fuiste compañero de Nadeshiko?

— Necesito respuestas.

— Llamaré a seguridad — amenazó haciendo un ademán de ponerse en pie.

— ¡Estoy buscando a su asesino! — ella se giró muy lentamente para observar al joven que tenía ante sí, no tenía ningún motivo para creerle.

— ¿Quién eres?¿y por qué querrías hacer tal cosa?

Y entonces Ranma comenzó a hablar, le contó acerca de Akane, se le atragantaron las palabras cuando tuvo que describir todos los sucesos que rodearon su desaparición y el posterior cierre de la investigación. Sus sospechas, sus temores...incluso la visión que tuvo en Shibuya días antes. Le mostró aquellas fotografías que ni él mismo se atrevía a mirar. La mujer le escuchó sin cambiar el gesto un ápice y finalmente le observó solemne.

— ¿Me estás diciendo que crees que esa chica que encontraron era en realidad Nadeshiko?¿que sus cenizas descansan en Tokio?

— Sólo es una sospecha, jamás llegaron a encontrar su cuerpo, ¿verdad?¿cómo saben entonces que está muerta? — preguntó de nuevo el chico de la trenza consciente de que aquella era la única pista real que había tenido en diez años, que debía salir de allí con algo.

— A Nadeshiko la mató mi marido.

La afirmación flotó en el aire y llegó hasta el chico que abrió los ojos como un búho.

— ¿Qué?

— Fueron él y sus negocios, eso fue lo que mató a mi Nadeshiko — una lágrima cayó susurrante por la mejilla de la mujer, llevándose con ella algunos restos de maquillaje. — No es ningún secreto, todo el mundo lo sabe. Mi marido nunca fue especialmente listo ni poderoso, hizo promesas, se alió con quien no debía. Dejó de pagar sus deudas y recibió su castigo. Se llevaron a mi hija, no lo denunciamos hasta varios días después. Yo lo hice, estaba desesperada, pero la policía no hizo nada y ellos jamás me devolvieron a Nadeshiko. La asesinaron, mi marido lo sabe y yo también.

La mujer se puso en pie, con nuevas lágrimas surcándole el rostro tomó una libreta de un antiguo mueble que se encontraba en uno de los laterales de la sala y volvió sobre sus pasos.

— Si lo que me has dicho es cierto, entonces la chica que buscas también estará muerta. No guardes esperanzas en tu corazón, no la ansíes pues no soportarás volver a perderla.

— Sé que no es así, yo...necesito creerlo.

Ambos se miraron con comprensión, la mujer comenzó a escribir una serie de nombres en la libreta y después arrancó la hoja.

— Son sólo algunos clanes yakuza por los que puedes empezar, pero no te será fácil infiltrarte, los aprendices empiezan desde cero y pasan años hasta que son parte de la banda. Están organizados jerárquicamente y si comienzas dentro de una y les juras fidelidad no podrás obtener información de otra, te considerarán un rival, por eso debes elegir bien. Pero aún así...nadie te confesará un crimen de hace diez años.

— Tengo que intentarlo. — dijo él tomando lo que le ofrecía y guardando el papel cuidadosamente.

— Espera. — la mujer giró la libreta y le ofreció el bolígrafo. — Sólo por si acaso...sólo si decidiera creerte...dame la dirección de ese cementerio, tal vez así pueda llevar por primera vez flores a la tumba de mi hija.

.


.

El sonido de tacones retumbaba en la serena noche. Una figura femenina avanzaba presurosa. Hacía muchas horas que la calle estaba vacía, la gente decente se había ido a dormir.

Caminaba sin miedo ni duda, ataviada para la ocasión, llegó hasta delante de la puerta de un conocido local de copas.

— Me espera el señor Kishi. — dijo sin siquiera mirar al portero y pasando de largo. Su perfume era embriagador, su seguridad aplastante, el hombre no se sintió con fuerza de voluntad para detenerla.

Llegó hasta una zona privada y tomó el ascensor. Se retocó el pintalabios en el espejo, rojo intenso, como la sangre. Juntó ambos labios y los frotó entre sí, extendiendo el maquillaje de manera uniforme. Estaba lista.

Cuando las puertas se abrieron de nuevo la música sonaba alta, retumbaba en su cabeza con la fuerza de un tambor. En un pasillo medio en penumbras e iluminado con luces moradas se agolpaban gran cantidad de personas; algunas bailaban, otras reían, casi todas bebían. Caminó sobre los altísimos zapatos manteniendo su diminuta falda a raya, levantando la admiración de cuantos hombres se cruzaba. Se atusó el pelo y se lo dejó caer sobre el rostro, con suerte estarían lo suficientemente distraídos con su sugerente vestido como para no mirarle la cara.

Entró en la sala privada pasando por delante de los guardaespaldas sin siquiera preguntar, no la detuvieron, tal y como se esperaba. Allí estaba ese tipo. Era una zona vip llena de mujeres exuberantes, algunas extranjeras. Había varios sofás y un par de camareras servían bebidas y canapés. Kishi estaba en el centro de la diversión, rodeado de dos bellezas, copa en mano y sonrisa socarrona, el rey del mundo. Un cigarrillo entre sus dedos, imaginó su apestoso aliento y le entraron náuseas.

Aún así se sintió satisfecha, iba a ser fácil. Se sentó junto a una de las mujeres con normalidad, como si estuviera invitada a la fiesta y le susurró al oído.

— Hay una cata privada en el piso de abajo, ya me entiendes. — le sonrió con falsa dulzura antes de que la chica se disculpara disimuladamente, se levantara y se fuera.

Era una adicta, estaba claro, no le daba ningún tipo de lástima, sólo asco. Pero aún más asco le daba lo que estaba a punto de hacer.

Se pegó al cuerpo de aquel contrabandista de armas bobalicón y rozó su brazo con el suyo, Kishi la miró desconcertado por su apabullante belleza, ella sonrió coqueta. Se acercó a su oído y le sugirió algo. Los ojos del hombre se incendiaron en deseo y más cuando ella dejó caer de forma distraída un dedo desde su cuello hasta su escote, después se mordió una uña y le tomó de la mano.

Salieron de la sala, los guardaespaldas les siguieron, él les hizo una seña de que les dejasen tranquilos, la mujer a su lado rió traviesa. Subieron al ascensor, ella marcó el piso cero. Kishi no perdió el tiempo, comenzó a besarla detrás de su oreja, justo en el nacimiento de su cuello a la vez que posaba una mano sobre su cintura, haciéndole sentir su miembro erecto contra ella. La chica no se movió, fijó la mirada en el marcador del ascensor con impaciencia. 4...3...2...1...

"Vamos, vamos...".

Las puertas se abrieron y llegaron al descansillo, volvió a tomar su mano y le guió tras de sí. Salieron a la calle y pasaron junto al portero que les miró confuso, el señor Kishi no solía ir a ningún sitio sin sus guardaespaldas.

— ¿Dónde vamos, preciosa?

— Aquí hay mucha gente.

— Tienes fuerza en esas manos. — volvió a decir, ella sonrió cruel.

Llegaron hasta una callejuela vacía, oscura y sin farolas.

— Ehh...¿de verdad quieres hacerlo aquí?

— Sí — se giró para mirarle y el hombre supo que había algo que no iba bien. Sus ojos, enormes y oscuros ya no sonreían, le observaban vacíos, cubiertos por una extraña neblina. El vestido negro dejaba entrever su escote prominente que se iluminaba por las sombras nocturnas.

Pero él estaba demasiado embriagado, borracho de deseo para detenerse más de un segundo en reflexionar en ello. Se abalanzó sobre sus labios pero ella giró el rostro, evitándole. No se dejó amedrentar por el desprecio, puso ambas manos en sus brazos, arrugando la vaporosa chaqueta que cubría sus hombros. Besó con desespero su cuello a la vez que bajaba la prenda, dejándola resbalar hasta el suelo. Y fue entonces cuando lo vio. Dio un paso hacia atrás, repentinamente tenso.

Ella se apartó el pelo, largo y negro como la noche, dejando a completo descubierto su cuello y parte de su hombro derecho.

Una fina línea de tinta se dibujaba contra su piel, estilizada, marcada a fuego y cincel emergiendo desde su espalda y cayendo sinuosa sobre su brazo, rodeada por una decena de flores de color rojizo. Él abrió los ojos a la par que un escalofrío bajaba por su columna vertebral, como una descarga eléctrica, lo comprendió demasiado tarde.

Sintió el afilado metal clavarse en su estómago, frío, mortal. Ella retiró el cuchillo y lo hizo girar en su mano derecha. La sangre comenzó a empapar las ropas del hombre que incrédulo se llevó la mano a la herida.

— Lo siento. — pronunció sin emoción.

— Ah...¡Aaaaaaaaaahhhh! — gritó él antes de comenzar a correr despavorido de vuelta al local, pero ella era mucho más rápida, en un pestañeo se plantó delante y le derribó en plena carrera. Colocó sus piernas a ambos lados de su cuerpo a la vez que le aprisionaba entre ella y el piso. Le tapó la boca con su pequeña mano y el empresario sintió crujir su mandíbula bajo el agarre.

Y entonces lo supo, ella era una de las sombras de las que todos hablaban en susurros, el cuento de terror, el nombre prohibido.

— No vas a sufrir. — escuchó el sonido del arma blanca herir el aire antes de clavarse hasta la empuñadura en su garganta, hizo un corte horizontal y seccionó sus arterias yugulares y su tráquea en un único embate.

Murió en el acto, la sangre salió expulsada en forma de geiser y la chica se cubrió los ojos con el brazo izquierdo en un reflejo. Las gotas del líquido vital ascendieron antes de caer del cielo, como una siniestra lluvia de muerte empapando su perfecto rostro, sus manos, sus piernas desnudas.

Hizo girar su navaja mariposa de nuevo en la mano derecha, enfundándola en su empuñadura nacarada y la guardó en el diminuto bolso que llevaba colgado. Se levantó y le dedicó un último vistazo al cadáver. Destartalado, perdiendo el color por segundos. El charco de sangre se extendía con rapidez, como un río desolador intentando lamer sus zapatos para terminar de ensuciarla por completo.

Parecía decir: "mira lo que me has hecho, te estaré esperando en el infierno", ella dio un pequeño paso hacia atrás.

— Allí nos veremos. — susurró a modo de despedida antes de alejarse y ser engullida por la reconfortante oscuridad de la noche.

.


.

Aclaraciones:

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

Era Edo: período de tiempo comprendido entre 1603 y 1868.

Era Meiji: período de tiempo comprendido entre 1868 y 1912.

Navaja Mariposa: también llamada balisong, es un arma manejable y fácil de ocultar, su mayor característica es que la hoja va guardada dentro de la empuñadura, de tal manera que hace falta bastante habilidad tanto para desenfundarla como para manejarla. Esta formada por tres partes, la empuñadura se parte en dos, gira sobre sí misma y se abre mostrando la hoja. Existen multitud de modelos y formas pero sobre todo se considera un arma de corto alcance muy utilizada en las peleas callejeras.

¡Hola a todos!

Comenzamos con los nombres raros, jajaja. A lo largo de este fic he usado mucha terminología japonesa, lo cual me da algo de miedo al resultar un poco menos accesible para los hispanohablantes, no obstante iré poniendo una pequeña sección de aclaraciones al final de cada capítulo. Misterios y más misterios...todo se irá aclarando poco a poco. Mientras escribo estas lineas estoy terminando el capítulo 17 de Crisantemo, y me está costando horrores. También estoy con el 13 de Sueño de Verano, pero os confieso que esta semana se me plantea cargada de trabajo, espero poder escribir algo.

¡Y ahora las reviews! la verdad es que a veces alucino un poco con lo que me decís, creo que hay personas que se enteran muy bien de la trama...y otras que están más perdidas que un pulpo en un garaje (se dice cochera por allá, ¿no? jajaja). Vamos allá: Dulcecito 311 (¡las pequeñas pistas son lo más importante! y muchas veces me da tanta pena que pasen desapercibidas...espero que se sepan ver.), Sita (gracias a ti por leer), Rusa (¿2 por semana? cuando escriba los dos capítulos que me faltan para terminar completamente el fic seguramente lo haré, jajaja), Lisa2307 (gracias por tus palabras, espero seguir manteniendote interesada), Chiqui09 (¡gracias!me alegra ver que sigues tan bien la trama), Akane Tsukino (Me dejaste los comentarios de los tres capítulos de golpe y voy a intentar contestarte a todo como bien pueda, jajaja. Lo primero muchas gracias por seguir el fic, lo segundo: la relación de Ranma con Rie no es importante, quiero decir, si a mi me da igual a ti debería importarte aún menos. Creo que deberíamos dejar de lado todos esos clichés sobre el sexo, es algo que ni yo me he preguntado, ¿si se acostaron? se iban a casar y era su novia desde hace tres años, creo que solamente ese planteamiento ya debería contestar tu pregunta. Pero como he dicho, eso no es importante. Este fic está ambientado 10 años después de la muerte de Akane, ya sólo con este hecho se dan a entender varias cosas: Ranma es un adulto, y además un tipo problemático. Si no le creen es precisamente porque no es la primera vez que le ocurre algo así, ¿que cuando fue la primera?. Para eso hay que prestar atención a los capítulos anteriores, muchas veces creo que soy tan sutil con los detalles que sólo me entero yo...si no me he sabido explicar bien respecto a esto ruego que me perdonéis. Cuando vuelve herido al dojo Tendô hay unas frases cruciales. Kasumi dice "otra vez no" y Tofu le pregunta abiertamente si se ha vuelto a meter en peleas de bandas. Con esto intentaba que quedara claro que Ranma se había pasado varios años rondando por donde no debía y además con ideas extrañas en la cabeza. Esto queda confirmado al final del capítulo 2, cuando habla con Nabiki y rememora cuando le encontraron acuchillado en un callejón y lo feliz que habría sido de morir en aquel instante...hecho que conecta directamente con el principio del capítulo 3 donde se narra lo ocurrido. Para dejarlo claro añadí casi como puntilla "habían pasado cinco años". Si vuelves al capítulo 2 verás que también comentan algo sobre este suceso con el doctor Tofu, al hablar de un psiquiatra y el tiempo que llevaba sin tomar la medicación. Tener que explicar todo esto me hace sentir que he fracasado como narradora, pensaba que se entendía bien U_U.), Mitzu-chan (gracias! no olvido Sueño de Verano, actualizaré en breve ;)), susyakane (¿que si Ranma está realmente loco? quizás un poco, jajaja. Esto lo explicaré más adelante (en el capítulo 15 o así...)), kikyo4 (muchas gracias por tus palabras. Que te resulte confuso que Ranma vea a Akane es normal, pero poco a poco se resolverán las incógnitas.), lolita (¡gracias por leer!), rosiramiez (gracias por seguirme y por tus reviews), Marcia Andrea (La primera parte es el pasado, lo mismo que le he respondido a Akane Tsukino al respecto), Diana Tendo (muchas gracias por tus amables palabras, los acontecimientos del pasado son lo más cómodo de escribir...hasta cierto punto, jajaja) y Jorgi (gracias por tus reviews amiga).

Y por supuesto agradecimientos miles a mi queridísima Nodokita por ser mi beta reader y ayudarme tantísimo.

Muchas gracias a todos por pasaros por aquí. Mil gracias por darle una oportunidad a esta historia.

Nos leemos.

LUM