Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.
Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.
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[Capítulo 5: Tu recuerdo]
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Akane cayó al suelo agotada, sentía su pecho a punto de estallar a causa del esfuerzo físico pero a pesar de eso se sentía feliz, no, más que feliz, estaba dichosa.
— ¡Ganadora Akane Tendô!
Aquellas palabras anunciadas por el altavoz del gigantesco polideportivo parecían un canto angelical. Había ganado toda la primera ronda, ella sola, con sus fuerzas y su coraje se había enfrentado a un montón de contrincantes de todo Japón.
Tan sólo llegar hasta allí ya se sentía como un triunfo. Se levantó despacio y al apoyar el pie se dio cuenta de que le dolía más de lo habitual. Su última enemiga se había dedicado a golpearle sin contemplaciones, esperaba no tener nada roto...aunque en ese momento estaba tan apabullada por los aplausos que apenas sí sentía una molestia.
Bajó de la plataforma de combate y se sentó en un banco cerca de los vestuarios, un chico se acercó hasta ella y le ofreció una toalla.
— Buen combate.
— Gracias. — aceptó la toalla y comenzó a secar las pequeñas gotas de sudor que resbalaban por su frente, se la puso alrededor del cuello mientras recuperaba el aliento.
— ¿Has venido sola?
— No, vine con mi prometido, él también compite... — dijo pensativa mientras buscaba al chico de la trenza con la mirada. La decepción no tardó en aparecer en sus ojos castaños, esperaba que Ranma hubiese podido verla pelear.
— ¿De veras?¿cómo se llama?
Akane se giró para mirar a su acompañante, cautelosa. Debía ser un poco mayor que ella y lucía una sonrisa confiada en el rostro, llevaba el pelo largo y teñido de color rubio, de forma que caía en olas sobre su rostro y apenas unos mechones largos en su nuca rozaban tímidamente sus hombros. Sus ojos eran negros y profundos, sin brillo, demasiado oscuros.
— Estoy segura que estará al llegar.
— Disculpa, no pretendía molestarte. — dijo él levantándose lentamente y contemplando a la chica sin ningún pudor. — Solo quería felicitarte, me pareció que lo hacías muy bien.
Akane se sonrojó ante el halago. Asintió ligeramente y comenzó a dirigirse hacia los aseos cuando de repente sintió un pinchazo en el tobillo, emitió un breve quejido antes de caer al suelo.
— ¿Te hiciste daño? — dijo el chico corriendo apresurado a su lado.
— No es nada... — contestó ella, pero antes de que se diera cuenta y sin pedir permiso la tomó en brazos, la alzó con decisión sosteniéndola con fuerza, como si no pesase absolutamente nada.
— Te llevaré a la enfermería. — se ofreció, como si acaso ella tuviera más alternativa que aceptar su ayuda, ya alzada a casi un metro del suelo.
— ¿Qué? ¡No-No hace falta, puedo caminar!
— Insisto. — dijo antes de dedicarle una nueva sonrisa, Akane no pudo evitar el sentirse cohibida ante aquel desconocido, sus ojos negros parecían atravesarla, leer a través de ella con facilidad.
Comenzó a caminar alejándose de la zona de competición con la pequeña artista marcial en brazos, cuando se encontró a un chico que le bloqueaba el paso. Ranma levantó la mirada a cámara lenta, parecía cansado y aún así terrible.
— ¿Quién eres? — preguntó con voz profunda, con el entrecejo fruncido.
— ¡Ranma! — exclamó Akane sorprendida, pero él ni siquiera la miró.
— Me llamo Satoshi.
— ¿Participas en el torneo? — volvió a inquirir avanzando hacia la pareja.
— Si. — aseveró con una ligera complacencia ronroneando alegre en su garganta.
— Entonces ya nos veremos... — dijo amenazante mientras se acercaba un paso y tomaba a Akane de entre sus brazos sin ningún tipo de consideración, apretándola contra su pecho, haciéndole ver que ese tipo de cercanía solo le estaba permitida a él. — ...Satoshi.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar furioso, a su espalda el chico rubio sonrió mientras se pasaba la lengua por su labio superior.
— ¡Ranma me haces daño! — exclamó Akane entre sus brazos. — ¡Eso no ha sido nada amable, él sólo me estaba llevando a la enfermería!
— ¿Que yo no he sido amable?¿¡y tú qué, ah!? ¡Dejas que cualquiera te cargue!
— ¿Cómo te atreves?¡suéltame!¡déjame bajar!
— ¿Para qué?¿para que te dejes abrazar por el siguiente imbécil que se te cruce?
— ¡Serás idiota! — comenzó a patalear mientras que Ranma abría la puerta de la enfermería sirviéndose de su pierna derecha.
— ¡Traigo una paciente! — exclamó a la vez que la dejaba caer sobre una de las camas sin ningún cuidado, parecía que no había nadie. El cuerpo de Akane rebotó sobre el colchón, se giró sobre sí misma y le devolvió una mirada colérica, con los ojos ardientes y el pelo revuelto.
— ¡Te odio! — exclamó mientras arrugaba las sábanas entre sus manos. — ¡Ni siquiera viniste a verme!¡Ni siquiera me felicitaste, solo te pusiste estúpidamente celoso de ese tipo!
— ¡No estoy celoso!¡Además, iba a hacerlo cuando te encontré tan feliz en sus brazos!
— ¡Muérete! — dijo mientras tomaba una almohada y se la tiraba al chico de la trenza, impactándole en plena cara.
Él tomó el almohadón, lo estrujó en su mano derecha y apretó los dientes. No pensaba con claridad, la ira no le dejaba hacerlo. Se había sentido mortificado cuando descubrió a aquel desconocido transportando en brazos a su prometida y a ella no parecía importarle lo más mínimo.
"Cuando yo ayer dormí en el suelo con tal de que no te sintieras incómoda, ¡ni siquiera intenté tocarte!". — pensó mientras se subía a la cama ante la sorpresa de la chica y la tomaba de ambos brazos, apretando con fuerza. Akane pareció quedarse sin palabras, mirándole estupefacta.
— No voy a consentirlo, no permitiré que nadie... — el corazón comenzó a galopar rápido, descontrolado dentro de su pecho, ¿que es lo que había estado a punto de decir?¿pero qué estaba haciendo? soltó el agarre que ejercía sobre ella y pareció confuso, perdido. Se quedó sentado en el borde de la cama con las pupilas dilatadas y las manos temblorosas. Cada vez le costaba más controlarse, le asustaba pensar en el día en que finalmente no pudiese hacerlo y se abalanzara sobre ella, ciego y hambriento.
¿Cómo es que no se daba cuenta de lo que provocaba en los hombres?¿de lo que le hacía sentir a él?. En el último año se había vuelto tan terriblemente hermosa que casi dolía mirarla, no quería ni pensar en los próximos años, cuando sus curvas quedasen definitivamente marcadas y su rostro perdiese su ingenuidad de niña. Sería terrible, una auténtica tortura.
— ¿Ranma? — su voz tembló, dubitativa, el chico de la trenza se giró, asustado de ella, pero sobre todo de sí mismo. Ella se movió en la cama y le tocó el brazo.
Ni siquiera el gi de entrenamiento conseguía disimular su cada vez más sinuosas curvas, Ranma tragó saliva y se puso en pie.
— Olvídalo, cuídate ese tobillo.
Akane le observó salir furibundo de la enfermería, estaba preocupada, sabía que algo no iba bien.
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Lo había pensado mucho, no hacía más que darle vueltas. Buscar pistas entre los yakuzas fue exactamente lo que hizo años atrás, y terminó con un navajazo enterrado en las costillas, no supo nunca si por meterse donde no le llamaban o por poner nervioso a alguien. Pero por más que lo pensaba la conclusión era la misma.
Ella no estaba ahí.
Ninguna familia yakuza podría haberla retenido, ni a él tampoco, tenía el presentimiento que estaba ante algo mucho más grande, tanto que no alcanzaba a verlo con claridad. Y lo peor de todo es que no sabía ni por donde comenzar.
Se plantó ante la puerta de uno de los clubs más frecuentados por las bandas, le parecía un sitio igual de bueno que cualquier otro. Dio un paso dentro cuando un hombre con la complexión de un luchador de sumo le salió al paso, y poniéndole una mano en el pecho le echó hacia atrás.
— ¿Pero qué hace?
— Lo siento, está reservado el derecho de admisión.
— Quiero entrar.
— Sólo clientes.
Ranma miró contrariado, lo cierto es que no le apetecía comenzar una pelea, pero se abstuvo en el momento en que dos chicas con diminutos vestidos pasaban de largo con tan sólo una mirada por parte del gigantesco guardián de la puerta.
Le dedicó una sonrisa torcida antes de darse la vuelta y pasar por una tienda de ropa barata, donde compró un vestido provocativo y unos tacones.
— A esto también sé jugar. — murmuró mientras caminaba por la calle en busca de un establecimiento en el que poder cambiarse.
No hacía nada parecido desde su adolescencia, por aquel entonces vestirse de mujer para burlarse de amigos y enemigos parecía lo más normal, pero después había dejado de serlo. Se le terminaron los motivos para sonreír.
Caminó manteniendo el equilibrio sobre los tacones mucho mejor de lo que él mismo se esperaba, llevaba un vestido de color verde completamente ajustado a su figura, se había soltado el pelo de tal forma que bien parecía una gigantesca cascada de fuego ondulada. Le daba un aspecto electrizante, vivaz. Sensualidad en estado puro.
Se dirigió de nuevo al local y caminó con confianza, el luchador de sumo continuaba en la entrada. Le dirigió una mirada y para su sorpresa la detuvo.
— No te conozco, ¿eres nueva?. — dijo mientras le impedía el paso.
— Es la tercera vez que vengo, será que no te has fijado. — repuso intentando continuar.
— Hace un par de días también vino una chica nueva, y las cosas no terminaron muy bien.
— Oh, ¡vamos! Me esperan mis amigas, han llegado un rato antes, debes haberlas visto...
Hizo un mohín encantador con los labios y el gigante de la puerta no pudo más, rompió sus defensas y la dejó pasar. Desde luego algunas cosas eran mucho más fáciles siendo mujer.
Avanzó por un angosto pasillo hasta que llegó a un ascensor, lo tomó no muy seguro de lo que se iba a encontrar. Cuando las puertas se abrieron la música resonaba alta y la estancia se iluminaba con luces moradas, caminó casi a ciegas hasta que un brazo se enredó en su cintura.
— ¿Buscas compañía? — un hombre de aliento pestilente le jaló hacia sí, Ranma tardó una décima de segundo en retorcerle el brazo.
— ¡Aaaahh!
— Uy, disculpa, ha sido sin querer. — dijo soltándole de inmediato y simulando inocencia. — Me asustaste.
Él se sobó el brazo contrariado mientras la pelirroja le sonreía.
— Perdónale, siempre es igual. — dijo una chica castaña apareciendo detrás de él y llevando una bandeja llena de bebidas y aperitivos. — Es uno de nuestros clientes más habituales y aún así no tiene ni idea de como tratar a las mujeres, ¿verdad Takashi?
— Yuri, tú sabes que a ti te trato bien.
— Eso es porque soy la camarera. — repuso entrando en una de las salas laterales, mientras el hombre la seguía de cerca. Ranma se asomó discretamente, al parecer había entrado en un sitio curioso, uno de esos clubs privados para gente con dinero, llenos de chicas, música y diversión.
— Entra. — le indicó mientras él mismo tomaba asiento.
Ranma hizo lo propio, era una sala espaciosa con varias mesas y mullidos sillones, había algunos hombres jugando a las cartas y otros hablaban animadamente entre sí, el tal Takashi bebía una copa y varias chicas le acompañaban. La pelirroja pareció dubitativa pero finalmente tomó asiento cerca de aquel cretino.
— … me sigue pareciendo extraño, me da miedo. — decía una de ellas en un tono confidencial, dentro de la sala la música no estaba tan alta.
— Dicen que no era de por aquí, que no había venido nunca. — contestó una segunda.
— Aún así...¿crees que le mató ella?
— Vamos chicas, basta ya de hablar de eso. — interrumpió el hombre — Fue un ajuste de cuentas, sólo que usaron una mujer como cebo, le engañó para que saliera fuera y allí le debía estar esperando alguien.
— Yakihito me dijo que parecía trabajo de profesionales, que fue de un solo golpe.
— Eso no es verdad. — interrumpió de nuevo el hombre pensativo, mientras alejaba el vaso de licor de sus labios. — yo llegué a ver el cuerpo y tenía otra herida en el estómago. Creo que primero le apuñaló, le hizo saber que iba a morir, jugó con él tan sólo unos segundos antes de matarle.
— ¿Qué?¿y porqué haría eso?
— Disculpad — dijo Ranma interrumpiendo por primera vez la conversación — ¿de qué estáis hablando?
— ¿No te has enterado? — preguntó alterada una de las chicas, casi con horror. — Hace unos días hubo un asesinato, dicen que fue una mujer.
— Una mujer no tiene la fuerza que se necesita para hacer ese tipo de corte. — insistió el tal Takashi haciendo un gesto desagradable con el pulgar de lado a lado del cuello.
— ¿Pero y si los rumores son ciertos, y si fue...el Kokuryukai?
Unos segundos de silencio precedieron a una sonora carcajada, todos parecía realmente divertidos menos la pobre chica culpable del comentario y el propio Ranma, que se sentía completamente fuera de lugar.
— ¿Que es el Kokuryukai? — preguntó con ingenuidad mientras intentaba parecer relajada, tomó una copa entre sus manos de forma distraída.
— El Kokuryukai no existe. — dijo Takashi aún divertido. — Es la historia de miedo que se cuenta a los hijos de los yakuzas para que se vayan temprano a la cama.
— Dicen que es una sociedad secreta. — le relató la chica que tenía a su lado, con tono jocoso. — Se hacen llamar la Sociedad del Dragón Negro, y están a cargo del mismo gobierno. Se dedican al espionaje y al asesinato por encargo, incluso en otros países.
— El idiota de Kishi jamás se vería envuelto en nada tan grande — continuó el hombre. — Fue un ajuste de cuentas, las sociedades secretas y las teorías conspiratorias son propias de personas aburridas con demasiado tiempo libre.
La música se escuchaba amortiguada, y aún así el ritmo resonaba en la cabeza de la pelirroja, estaba demasiado alto, no le dejaba pensar. Sus ojos se movieron febriles por la estancia mientras recordaba las palabras de Nabiki: "...la pregunta correcta es...¿quién es lo suficientemente inteligente o poderoso para ocultar un asesinato durante diez años?".
Kokuryukai, no lo había escuchado jamás pero por algún motivo le pareció perfecto. Capaces de ocultar un asesinato, de hacer creer lo que quisieran, poderosos, invisibles...
— ¿Cómo era la mujer? — preguntó dejando la copa en la mesa, si obtenía alguna pista sobre esa persona tal vez podría continuar investigando.
— Nadie la recuerda exactamente...estuvo poco tiempo, se fue muy rápido.
— ¿Nadie..?
— Bueno, yo la ví salir con Kishi y tomar el ascensor. — apuntó otra de las chicas, que se sentaba a la derecha de Takashi. — Parecía muy joven, caminaba deprisa, llevaba un vestido negro y el pelo largo.
— ¿No la recuerdas?
— Estaba muy oscuro — repuso su interlocutora.
— Si quieres encontrarla será mejor que hables con la policía. — contestó el hombre comenzando a estar cansado del tema. — Venga chicas, ¡vamos a jugar a las cartas!¡quien pierda se quitará una prenda!
— Ay, no. — bromeó una de ellas repentinamente pudorosa. — Sólo llevo este vestido.
— ¡Mejor para mí!
Ranma ya había oído más que suficiente, se levantó de su sitio y se encaminó a la salida.
— ¡Oye! — la camarera de antes corrió tras ella y la alcanzó cuando estaba llegando al ascensor. — He oído lo que has dicho, ¿de verdad estás buscando a esa mujer?
La pelirroja la miró desconfiada, pero ella no se amedrentó.
— Yo sí creo en el Kokuryukai, mi abuelo perteneció a un clan yakuza y me contaba historias acerca de ellos, decía que no había forma de encontrarlos pero que hay ciertas personas que saben cosas...— miró hacia ambos lados del pasillo, temiendo ser escuchada por oídos curiosos — ...Tienes que buscar a un maestro de irezumi.
— ¿Irezumi? — preguntó arrugando el entrecejo.
— Dibujantes de piel.
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Aburrida, descansaba apoyada sobre la pequeña mesa de madera de su habitación privada. Tumbó la cabeza sobre sus brazos y cerró los ojos un segundo, cuando los volvió a abrir contempló su mano izquierda, que había quedado justo a la altura de su visión. Miró la cicatriz, absorta, antes de recorrerla con el dedo índice con mucho cuidado, haciendo el mismo recorrido que el afilado metal.
— Ni siquiera te sientes culpable...Oyabun.
Y recordó aquel día, hacía no muchas semanas cuando fue a verle.
Había sido un largo viaje, estuvo más de un mes infiltrada en las filas de una nueva red de contrabandistas, obteniendo información. Su misión se había complicado, durante algunos momentos se temió descubierta y tuvo que hacer aquello para lo que estaba entrenada, simplemente no dejó cabos sueltos, nadie que le pudiese reconocer. Debía de estar acostumbrada, era su trabajo, lo había hecho en infinidad de ocasiones, ya no sentía miedo ni piedad, los sentimientos le eran algo ajeno, algo de lo que se deshizo mucho tiempo atrás. Ahora era lo que era. Un fantasma, una sombra, una muerta.
Creía tenerlo todo controlado, creía haberse convertido en exactamente lo que se esperaba de ella. Comía sin ganas, respiraba por inercia, moriría sin lágrimas, aceptando aquel descanso. A veces pensaba que sería mucho mejor eso, simplemente morir, pero entonces…¿por qué continuaba caminando? sosteniendo firmemente un arma, siendo el instrumento afilado y peligroso, el perro de presa, la muerte encarnada.
Los mató, apenas se enteraron de lo que estaba pasando, no sufrieron, mató a aquellos tres hombres que la habían descubierto, les partió el cuello, les golpeó inmisericorde hasta que dejaron de respirar, cuando de pronto vio una sombra a sus espaldas, un testigo de su crimen. Huía de ella, tenía miedo, no era la primera vez que le ocurría. Llegaron hasta un oscuro callejón, ella y su presa a solas.
Dudó un segundo, pero enseguida se adentró en su busca recordando lo vital que era para el clan no cometer errores, ser invisibles. Fue entonces cuando le vio, un chiquillo, apenas tendría 12 años. Angustiado se escondido torpemente tras un cubo de basura.
Dio un par de pasos más y el chico se lanzó contra ella en un desesperado intento de salvar la vida, intentó golpearla con el puño cerrado, pero le llevaba siglos de ventaja. Le golpeó en el estómago y después en la nuca, cayó al suelo retorciéndose de dolor. Le contempló apenas un segundo antes de que, de nuevo, el chico se agarrase tenaz a su vida y volviese a levantarse, listo para luchar.
Y entonces se quedó sin aliento, casi sin palabras al percibir en aquel aniñado rostro la sombra de otro. Sus ojos azules resplandecieron en la oscuridad, su pelo azabache, revuelto la hizo estremecer y perder sus fuerzas.
— Chico, ¿tienes familia? — preguntó con voz dulce, tanto que parecía mentira que saliese de alguien capaz de atrocidades como las que acababa de cometer.
— S-Sí — contestó él, aterrorizado.
— ¿Y les quieres?
— Sí señora — volvió a decir, mirándola como si en cualquier momento le fuese a propiciar el golpe de gracia.
— Entonces corre, huye lo más lejos que puedas, escóndete de tal forma que nadie pueda encontrarte, sé una sombra, alguien a quien olvidar. Huye, huye lejos y no vuelvas jamás.
El chico la miró espantado, su cuerpo reaccionó antes que su mente, salió corriendo a la vez que trastabilló. Pasó al lado de la asesina y corrió sin descanso, hasta que ella dejó de escuchar sus pasos. Sonrió sin alegría, de forma cínica.
— Quizás descubras que hubieses preferido que te matase. — murmuró para sí misma, poniendo con aquello fin a su viaje.
Al regreso a su vieja casa lo primero que hizo fue darse un largo baño en el onsen. Después sus ayudantes la vistieron con uno de aquellos estúpidos kimonos que tanto le gustaban a Oyabun, le hacían sentir incómoda, apretada e incapaz de moverse con facilidad. Aún así aguantó el rito con paciencia pero no consintió que peinaran sus cabellos, los dejó sueltos sobre su espalda.
Cuando llegó a su presencia se inclinó debidamente, como siempre había hecho, como una buena hija.
— Oyabun, he regresado. — dijo diligente mientras levantaba la vista y corría la puerta tras de sí.
— Mi pequeña. — dijo el hombre de voz profunda y autoritaria — Me alegra verte, ¿que tal fue todo?
— Bien — contestó esquiva — Todo bien.
Él sonrió, las arrugas se apretujaron en su frente y en la comisura de sus labios. Estaba cerca de cumplir los 60, tenía el pelo cano corto y solía vestir de forma tradicional, tal y como lo hacía su propio padre. Sus ojos eran pequeños y brillantes, normalmente serenos excepto cuando se enfadaba, entonces se volvían amenazantes, dos pequeñas canicas oscuras enmarcadas por cejas prominentes que le daban un aspecto rudo.
La chica tragó saliva, nerviosa.
— Oyabun, hay algo que quería hablar con usted.
— ¿De que se trata?
— Es...es sólo que...quiero retirarme, Oyabun.
— ¿A que te refieres? — preguntó, aún a sabiendas de lo que le estaba intentando decir.
— Tal vez pueda servir para otras tareas, tener una existencia más apacible, lejos de...la muerte.
— Hija mía... — dijo el hombre poniéndose en pie y ofreciéndole su mano, invitándola a tomarla. Ella la aceptó y se levantó, se miraron a los ojos durante unos segundos hasta que el hombre sonrió cruel — ...no puedes alejarte de ella, tu eres la misma muerte.
Pestañeó incrédula.
— No existes. No eres nadie. Eres el perro de presa de nuestros políticos, la señora de la limpieza de los banqueros, el arma de quienes no se quieren manchar las manos. El halcón de presa del emperador. Eres la reina de los muertos.
— Oyabun, por favor...
— Y que sea la última vez que tengo que mandar a Satoshi a deshacerse de la basura que vas dejando en tus misiones, ese condenado crío ha dado más problemas de los necesarios.
Dos cristalinas lágrimas viajaron desde los ojos de la chica, cruzando sus mejillas a toda velocidad hasta mojar la parte superior de su kimono.
— ¡No!
— Es increíble que después de tanto tiempo sigas siendo tan necia, a estas alturas ya deberías saber que eres demasiado valiosa para el clan...así que recuerda, recuérdalo bien. Guarda tu odio, toda esa ira y desprecio que sientes hacia mí y hacia ti misma, porque todo, absolutamente todo eso me pertenece.
El hombre sonrió y con un gesto increíblemente gentil apoyó su callosa mano en el perfil de su rostro.
Y por primera vez en todos aquellos años oprimió su mano, ella le miró asustada, con el terror bailando en sus gigantescos ojos, la mano del hombre se cerró sobre su mandíbula en un gesto posesivo, se acercó a ella y tomó sus labios de forma hosca, segundos antes de romper el contacto y hablar muy despacio.
— Esas lágrimas también. No lo olvides jamás, me perteneces, ahora y siempre...mi precioso crisantemo.
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Aclaraciones:
Kokuryukai: Sociedad del Dragon Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta. Para este fic me he aprovechado de su existencia y me he tomado algunas pequeñas licencias artísticas (quizás no tan pequeñas).
Irezumi: Es la técnica de tatuaje tradicional que suelen usar los yakuzas, se diferencia de las técnicas modernas en los colores, acabados, y sobre todo en el proceso, mucho más anticuado y doloroso.
Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.
¡Hola de nuevo!
Lo primero y como siempre agradecer enormemente todo el apoyo y el cariño que estoy recibiendo a través de este fic. Gracias a todos por leer y por vuestros comentarios, de veras que me anima mucho saber que os está gustando o al menos interesando un poquito. Respondiendo reviews: Lulupita (Muchas gracias por tus palabras, me alegra enormemente ver que aunque no hablemos el mimo idioma nos podemos entender tan bien. Miles de gracias por leer.), Akane Tsukino (Gracias por leer, en este fic hay bastante violencia y por eso tiene la clasificación "M".), Jorgy (¿Paz? no puedo prometer tal cosa, jajaja. Estoy tratando de terminar el fic (me quedan dos capítulos nada más, pero son casi los más complicados) y hasta que no lo haga no actualizaré más de seguido, pues me da miedo quedarme atascada semanas y no cumplir mi objetivo. No exportes piquetes que ya bastantes tenemos en las carreteras, jajaja), Susyakane ( no te voy a negar que es un poco desesperante...), Carnadine ( A mi también me encanta esa frase ^^, ¡gracias por fijarte!), Lolita (Gracias! voy actualizando una vez a la semana, ;)), Dark-yuki (¡Muchas gracias! sí, amo las historias largas, no puedo evitarlo. Sueño de Verano me está volviendo a salir uno de esos capítulos infinitos que no se si odio o amo...hoy lo termino sí o sí _), Dulcecito311 (oooh...¡no diré nada!. Obviamente llega un momento en el que no se puede ocultar nada de la trama, lo interesante es disfrutar el camino.), Kikyo4 (Gracias por leer, espero mantenerte interesada.) e Ikane (A mi también me encantan las series de detectives, y más cuando hay mucho misterio. Y sí, Ranma en este fic es...diferente, ha sufrido mucho).
Y por supuesto miles de gracias a Nodokita ;).
Nos leemos pronto.
Lum
