Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.
Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.
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[Capítulo 7: Tu traición]
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Caminaban en silencio, ninguno se había atrevido a pronunciar palabra después de lo sucedido en la enfermería. Akane le dirigía miradas fugaces a su prometido, intentando no parecer afectada, pero aún así, preocupada.
Cojeaba ligeramente, Ranma se había percatado y se ofreció a llevarla a la espalda pero ella dijo que no era necesario, y desde entonces...nada. El camino de regreso hasta su habitación estaba siendo insoportable.
— Hoy... — comenzó ella nerviosa — ...te has clasificado para la segunda ronda, ¿verdad?.
Él la miró de soslayo, llevaba las manos detrás de la nuca en una postura que intentaba fingir despreocupación.
— Sí — susurró quedamente.
— Felicidades.
— G-Gracias.
Silencio de nuevo, los segundos transcurrían pesados, como si en cada uno de ellos se acumulase un millón de años.
— ¿Te duele mucho?
— ¿Ah?¡oh! — Akane enrojeció por la repentina pregunta, y más al pensar que Ranma podía estar preocupado por ella — No es nada, el médico ha dicho que mañana estará mejor.
— Tal vez no deberías seguir compitiendo, ya has llegado muy lejos. A partir de ahora las rivales serán muchos más fuertes, podrías hacerte daño de verdad — el chico soltó aquellos de manera casual, pero bien parecía que lo había estado pensando desde el principio.
El sonrojo de Akane desapareció de golpe de sus mejillas.
— ¿No crees que sea capaz?¿es eso, verdad?
Ranma dejó de caminar y se giró por completo.
— ¡Yo no he dicho eso!¡mira que eres lenta! — exclamó frustrado.
— ¿Q-que me has llamado? — respondió perpleja.
— ¡No quiero que resultes herida!
Ella fijó sus pupilas en sus iris azules, abrió ligeramente sus jugosos labios en una clara expresión de asombro, ¿le sorprendían aquellas palabras? no, era algo diferente, era la intención.
Ranma estaba completa y sinceramente preocupado por su seguridad, pestañeó antes de apartar la vista.
— I-Iré con cuidado, te lo prometo.
Él suspiró pesadamente. Sin siquiera darse cuenta ya habían llegado a la habitación, ambos estaban agotados de todas las emociones del día y del tremendo esfuerzo físico.
— Voy a darme una ducha. — declaró Akane antes de tomar algo de ropa de su maleta y cerrar la puerta del baño, Ranma se tiró encima de la cama con un tremendo suspiro. — ¡Ni se te ocurra espiar! — añadió antes de volver a cerrar con un portado.
— ¡Ja!, ¿¡quién querría!? — replicó orgulloso.
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Otra vez en un callejón sin salida. Sin lugar al que ir, sin pistas que seguir.
No era más que un niño perdido, alguien en busca de una vana esperanza que por segundos se volvía difusa y lejana, como ella misma, como los instantes que pasaron juntos, como su rostro, como su voz.
"Akane...dime algo, dime que he de hacer para volverte a ver".
Se conformaría con una nueva visión, con apenas un segundo de algo parecido al reflejo de sus ojos, sólo con eso volvería a tener fuerzas para seguir adelante.
Apuró su vaso de sake, no así el plato de comida que había dejado prácticamente sin tocar. Cuando salió del pequeño local estaba lloviendo. Se encogió sobre sí mismo antes de enfrentarse al cambio, sus ropas quedaron sueltas, su chaqueta china colgaba por los laterales de su cadera, los pies le bailaban dentro de los zapatos. Se los quitó como ya había hecho un millón de veces y comenzó a caminar por aquella asquerosa calle, mañana sería otro día, ¿verdad?. Tal vez mañana desapareciera toda su apatía, llevada por la refrescante lluvia del atardecer.
Ojala y lloviese para siempre, así no sería tan triste ver rodar las lágrimas por sus mejillas. La lluvia las ocultaría, las limpiaría, serían parte de la mojada calle sin despertar miradas curiosas. Su pena sería sólo suya.
Levantó la mirada al cielo rogando por una señal, ¿porque era tan injusto?¿porque a ella?¿que había hecho Akane?.
Una fugaz visión atravesó sus pensamientos acompañada de un terrible dolor de cabeza, ella le sonreía parada en mitad de la calle, vestía su uniforme de instituto, mientras el sol se ocultaba entre los edificios haciendo que el cielo se viera de un color anaranjado. Tan hermosa, tan lejana.
No podía pensar, no quería recordar.
— ¡AAAAAAAAHHHHH! — cayó de rodillas y enterró la cara entre las manos, su cuerpo no estaba cansado en absoluto pero su mente se encontraba devastada, necesitaba dormir, dormir...pero ni siquiera eso podía hacer, el sueño le era esquivo, siempre se despertaba sudoroso en medio de terribles pesadillas.
— Niña, no grites — con la vista baja distinguió unos elegantes zapatos plantados justo a su lado, levantó los ojos poco a poco. Iba bien vestido, llevaba un traje negro impoluto, y su rostro, anguloso y masculino la observaba desde la altura — ¿quién eres? — preguntó con suficiencia, resguardado bajo un paraguas negro.
Pero la chica de la trenza no contestó, se quedó en el lugar, mirándole de hito en hito. Le conocía, estaba seguro, había visto a ese hombre antes.
— ¿Eres de por aquí? — se agachó junto a ella, tapándole en parte con su paraguas — ¿Te ha comido la lengua el gato? — volvió a decir, aunque esta vez divertido. Ladeó el rostro, su cabello rubio caía ligeramente sobre sus hombros, casi por accidente, mientras que sus ojos negros como la noche la analizaban al detalle.
— Wakagashira debemos darnos prisa, Nee-sama espera. — un hombre que se encontraba parado tras él miró a Ranma con desprecio, el rubio se levantó con cara de fastidio, como si acabasen de arruinarle la diversión.
Con la mano derecha buscó en uno de los bolsillos de su traje y extrajo una tarjeta. La tomó entre dos dedos mientras se la extendía a la chica con una sonrisa fanfarrona.
Ella la aceptó perpleja mientras seguía con la vista fija en sus profundos ojos negros.
— Nos vemos, pelirroja.
La lluvia comenzó a arreciar, pero Ranma no se movió, vio como el hombre se alejaba por la calle esquivando los grandes charcos que se formaban a causa de un pobre asfaltado.
Miró la tarjeta, negra y con tan sólo un número de teléfono en su reverso. Como sus ojos, todo él le resultaba un horrible borrón de tinta en su memoria, todo estaba oscuro.
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— Me alegra ver que te encuentras mejor. — dijo el hombre rubio a la vez que tomaba asiento enfrente suyo, sonrió a la joven sirvienta mientras servía un par de tazas de té, tras lo cual se retiró presurosa y corrió la puerta tras de sí.
— Oyabun también se alegra, ha vuelto a encargarme trabajo.
— ¿Tan pronto?
En respuesta ella se encogió de hombros.
— Hablaré con él, necesitas descansar.
— He estado casi un mes en el hospital, no es descanso lo que necesito.
Se sostuvieron la mirada unos segundos, en completa tensión.
— ¿Qué es lo que quieres?¿qué ocurre?
La mujer arrugó el entrecejo, lo que quería no se atrevía a decirlo en voz alta, para ella sus deseos se habían convertido en sueños imposibles, anhelos de una vida pasada que jamás regresaría.
— Mataste a ese niño — dijo con gravedad, pero él ni siquiera se inmutó.
— Siempre has tenido un problema con los malditos críos, olvídalos, es trabajo.
— ¡Pero...!
— Ni se te ocurra decir una sola palabra en tu defensa, conoces las normas y las rompiste. Tuviste suerte de que yo estuviese por la zona, si se hubiese llegado a escapar habría habido...consecuencias. Oyabun fue muy permisivo cuando dejó vivir a Ume, no sigas poniendo a prueba su paciencia.
— No quiero enfadar a Oyabun. — comenzó ella.
— Haberlo pensado antes de hacer esa estupidez. — dijo él apuntando a la cicatriz de su mano.
— Oyabun está raro…
— Cree que estás distraída, y yo opino igual.
— Me...me besó. — confesó ultrajada.
A su lado el chico rubio dejó su taza de té en la mesa y levantó una ceja.
— Tú eres mía — sonrió a sabiendas del odio que reflejaba la mirada de la chica a causa de la afirmación — si Oyabun se atreve a tocarte de nuevo, le cortaré las manos.
— Hablas de...¿traicionar a tu propio padre?
— ¿Traición?¿yo? — pestañeó incrédulo — Solo hablo de reclamar lo que es mío. Pero es curioso que menciones la traición...mandé a uno de mis hombres a recogerte el día que te dieron de alta en el hospital, ¿y sabes qué?: no estabas.
Se levantó de la mesa y caminó despacio hasta llegar al lado de la chica, ella aún sentada le miró retadora, con la rabia hirviendo en su interior.
— Me preocupé, ¿que podía estar haciendo mi pequeña flor, sola y perdida?, desafortunadamente mis hombres no son tan rápidos ni tan escurridizos como tú, ellos no están entrenados, les llevas siglos de ventaja.
Cuando comencé a pensar en ir yo mismo a buscarte, o siquiera en "visitar" a ciertas personas, apareciste. Te ocultaste de mi vista un día, 24 horas completas, ¿que era tan importante? — se agachó junto a ella, apoyando una rodilla en el suelo. Tomó un mechón de su negro y largo cabello y lo enredó entre sus dedos, de forma lenta, parsimoniosa. La volvió a mirar y ella alzó la vista amenazante, completamente erizada.
El hombre sonrió antes de tirar de su pelo bruscamente, ella ahogó un quejido de dolor en la garganta, no le daría la satisfacción de escucharla gritar. Acercó su rostro al suyo, muy cerca, y alzó la mano izquierda con suavidad, acarició sus cejas, dejó un dedo resbalar por el perfil de su nariz y finalmente lo posó en sus labios.
— Solo espero que no hicieses ninguna tontería, porque si no... — susurró dulcemente a la vez que apoyaba el dedo pulgar en su boca y la empujaba de forma obscena, deformando su expresión, apretando sus labios mientras hacía fuerza contra su mandíbula. — ...esta vez sí le mataré.
La soltó de golpe, empujándola, y se puso en pie. Ella trastabilló, con el codo tiró su taza de té que rodó por la mesa antes de estrellarse contra el tatami y romperse en pedazos. Le miró con la respiración entrecortada, enfadada y asustada a un mismo tiempo.
— ¡No te atreverás!
— Eres buena — dijo girándose y mirándola de nuevo — Pero yo soy el mejor.
Abrió la puerta corrediza y salió con paso ligero, no vio a nadie en el pasillo y no fue hasta que llegó a la entrada cuando se encontró con Ume, la única sirvienta que atendía la casa.
— ¿Donde están las demás mujeres que cuidaban de tu señora? — exigió saber.
La chica bajó la cabeza, sumisa.
— Señor, se marcharon después de aquello... — murmuró avergonzada.
— Comprendo — dijo volviendo la vista, era una casa demasiado grande para una sirvienta, y más si había de encargarse de alguien tan difícil como ella — Encontraré a alguien.
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— ¡Kyaaaaaaaaaaa!
El chico de la trenza despertó de golpe, confuso y desorientado, pero sobre todo asustado y medio sordo por el grito que "alguien" acababa de proferir justo en su oído.
— ¿¡Que...!? — dijo incorporándose de la cama, produciendo con ello que el cuerpo que descansaba a su lado se desplazase a la vez.
Aún con legañas, se frotó con fuerza los párpados y miró a la chica de revueltos cabellos, al borde de las lágrimas que tenía justo en frente.
— ¿Akane?
— ¡Pervertido! — exclamó tapándose pudorosa con las sábanas aún a pesar de tener puesto el pijama.
— ¿Pero qué te pasa?
— ¡Dormiste en mi cama!
El artista marcial se frotó la cabeza, confuso. Recordaba haberse duchado, tras lo cual cayó profundamente dormido...¿pero dónde?. Bostezó somnoliento.
— No me di cuenta.
— ¿Que no te...? — comenzó ella, furiosa — ¿cómo no ibas a darte cuenta?
— Esta cama es muy grande, ¡ni siquiera tu te enteraste!
— ¡Osea, que lo hiciste apropósito!¡te colaste mientras dormía y me...!
— Ey, ey, ey, un momento, ¡fue un accidente! ¿quién en su sano juicio querría dormir con una marimacho como tú?
— ¡Imbécil! — exclamó a la vez que le soltaba una sonora bofetada en la mejilla.
El chico mudó el gesto, aquel no estaba resultando un despertar nada apacible. Tocó la zona golpeada con la palma de la mano mientras observaba el nervioso subir y bajar de los pechos de su prometida bajo la ropa, respiraba agitada, con la furia extendiéndose poco a poco por todo su cuerpo.
— Si hubiese querido aprovecharme... — murmuró levantando la mirada, amenazante — ...no necesitaría usar trucos tan absurdos. Ni siquiera esconderme — en un rapidísimo movimiento tomó una de sus muñecas mientras seguía hablando de forma muy pausada, sintiendo él mismo como su enfado burbujeaba en su interior — Eres mucho más débil que yo.
Akane pareció hacerse más pequeña a sus ojos, nerviosa por la creciente cercanía. Sus latidos se incrementaron y comenzó a temblar.
— Ranma...
Su nombre llegó hasta sus oídos sensual, suplicante, pero también con un cierto deje de miedo. Su voz era tan dulce, tan envolvente como el canto de sirena, le resultaba hipnótica cuando pronunciaba su nombre de aquella forma.
Pensó en ella, toda su cabeza estaba llena de Akane, todo el día, a todas horas. Miró sus ojos, tan grandes y hermosos que podría perderse en ellos una eternidad, para jamás ser encontrado. Bajó hasta sus labios, carnosos y rosados. Era superior a él, era una fuerza mucho mayor que tiraba de su cuerpo desde su ombligo, como un hilo invisible obligándole a acercarse más y más.
Aproximó su rostro al suyo, entrecerró los ojos sin dejar un segundo de observar su labios, ¿que sentiría al tocarla?¿que tan malo sería rozar su boca, robarle un beso?. Respiró agitado, a apenas unos centímetros del esperado contacto, si lo hacía no habría vuelta atrás, nada volvería a ser como antes, trastocaría todo su mundo.
BIP-BIP-BIP-BIP
Ambos giraron el rostro al mismo tiempo para observar el diminuto despertador que, puntual, avisaba que debían despertarse, ya que en apenas dos horas se reanudaría el torneo.
Ranma apretó los dientes y cerró los ojos a la vez que se llevaba una mano al rostro, avergonzado. Akane no parecía encontrarse en mejor situación, sus mejillas ardían, intentó ocultarlas poniendo ambas manos sobre ellas.
— Yo...yo voy a... — comenzó el chico de la trenza, más tenso que un muelle.
— Si...yo también voy a...
De nuevo sonrojados, cada uno de los adolescentes se mostró repentinamente interesado en otras cosas que hacer por la habitación.
Después de una caminata incómoda en la que apenas intercambiaron tres palabras, se despidieron en la entrada de vestuarios y se desearon suerte.
Ranma se dirigió medio atontado hasta los vestuarios, dando traspiés, definitivamente debía de acabar con aquello cuanto antes y volver a Tokio, así recuperaría el juicio que parecía haber perdido a la vista de los acontecimientos.
Tal vez toda su aparente decisión, todos aquellos pensamientos sólo se debían al hecho de que estaban pasando demasiado tiempo a solas, esa debía ser la razón por la que no podía quitársela de la cabeza.
"Ahora sólo debo pensar en el torneo" — se dijo decidido.
Mientras tanto en el vestuario femenino Akane se disponía para su enfrentamiento, ya no le dolía tanto el tobillo y no estaba dispuesta a rendirse fácilmente sin ofrecer una gran pelea.
Abrió su bolsa deportiva y rebuscó una tobillera, sabía que la había dejado en algún sitio, cuando de repente dio con algo que no debía de estar allí. Una caja. Era pequeña y parecía de joyería, ¿que era exactamente aquello?, la abrió para descubrir en su interior una sortija, sencilla y con apenas un diminuto brillante que a ella le pareció inmenso.
— ¿Pero qué...? — murmuró asombrada, sin encontrar una explicación aparente al fenómeno, tomó la pequeña argolla y se la colocó en el dedo anular — Es de mi talla — comprobó aún más confundida.
Ranma salió al ring, aún le quedaban montones de competidores por derrotar si quería llegar a la final, que se celebraría en otros dos días. Quería volver pronto a casa, pero perder no era una opción.
Miró a su adversario, levantó una ceja. Al parecer iban a verse las caras mucho antes de lo esperado. El chico rubio le devolvió una sonrisa funesta, sin mostrar los dientes. Sus ojos oscuros se clavaron en él, complacido.
— Parece que alguien ha decidido concederte tu deseo — dijo su contrincante con un deje de diversión en sus palabras. Ranma torció la boca.
— ¿Como dijiste que te llamabas? — preguntó altanero.
— Satoshi.
— Entonces prepárate, Satoshi. — terminó a la vez que cerraba los puños, adoptando su posición de pelea.
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Ranma abrió los ojos alborotado, con el corazón latiéndole deprisa, de nuevo bañado en sudor. Agarró su camiseta de tirantes, tan empapada que se pegaba a su torax. Boqueó sintiendo como le faltaba el aire.
Lo sabía, sabía que le conocía, que le había visto en alguna parte. Era ese desgraciado que hacía diez años había cargado a Akane y más tarde había luchado contra él. Debía de tratarse de la misma persona, aquellos ojos no eran normales, eran negros como la noche, como la muerte, eran los ojos de un demonio.
Lo recordó tan vividamente que casi pareció que hubiese pasado ayer, no era casualidad encontrarle de nuevo, justo en ese lugar, justo donde había perdido la pista de Akane.
Apretó los puños febril, temblaba de emoción, de pura ira, apenas podía esperar a que despuntara el alba.
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Aclaraciones:
Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.
Nee-sama/ Nee-san: normalmente Nee-san se usa como prefijo cariñoso para referirse a una "hermana o chica mayor", pero en el contexto de esta historia y dentro de la organización hace referencia a una mujer joven con un estatus importante, por eso los miembros menores se refieren a ella como si fuese su "hermana mayor".
Kokuryukai: Sociedad del Dragon Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta. Para este fic me he aprovechado de su existencia y me he tomado algunas pequeñas licencias artísticas (quizás no tan pequeñas).
Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.
¡Hola a todos!
Este capítulo es uno de los más cortos, pero aun así creo que resulta revelador. Muchas gracias a todos por leer y por todo vuestro apoyo. Gracias por vuestras reviews a Jorgi, Susyakane, Lolita, Akane Tsukino, Chiqui09, Zagashi, Ikane, Danijie, Kikyo04, Marcia Andrea y Rosiramiez.
Llevo una semana sin encontrar tiempo para escribir, espero que la que entra sea mucho mejor. ¡De nuevo muchas gracias por leer!
LUM
