Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 8: Mi derrota]

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No debería haberle subestimado, aquel chico tenía un estilo de lucha extraño, alejado de todo cuanto había visto hasta ahora. Usaba una base de kung-fu modificada con un tipo de lucha cuerpo a cuerpo de procedencia extranjera, ¿Krav maga?¿Kick boxing?¿Full contact?¿Muay tai?, encajó un puñetazo que apareció de algún lugar desconocido y se alejó un par de pasos, ¿de donde había salido ese tipo?.

Era demasiado joven para ser tan bueno, Ranma calculaba que debía de tener un par de años más que él, pero aún así ese nivel no era normal. La emoción del enfrentamiento se agarró a su estómago, era un adversario temible, uno de su nivel, quizás incluso mejor.

Caminó de forma lateral un par de pasos, no estaba dispuesto a dejarse vencer. Su enemigo imitó sus movimientos, sin perderle ojo.

Rápido como el rayo se abalanzó sobre él, pero Ranma estaba en guardia, curvó la columna y tensó los músculos de sus piernas hasta que su trenza rozó el suelo y el ataque de su enemigo pasó de largo, se recompuso entre aplausos y exclamaciones de estupor.

Una patada alta potentísima directa a su cabeza, levantó el brazo a tiempo y se cubrió, pero el golpe le dejó de nuevo dolorido.

El rubio le examinó con detenimiento, adoptando una pose defensiva que Ranma no supo identificar.

— ¿No vas a atacar? — le retó altanero, y el chico de la trenza apretó los puños.

— Te vas a enterar...¡Kashii Tenshin Amaguriken!

Una explosión de puñetazos más rápidos que el ojos humano, no había enemigo que saliera indemne de ese tipo de ataque, excepto él, el chico rubio paró todos y cada uno de los golpes imitando su rapidez, aparentemente divertido.

Estaba comenzando a enfadarse.

Con ese tipo no valían las técnicas normales, era el momento de sacar la artillería pesada. No por nada era el heredero de la escuela de artes marciales de estilo libre, no por nada había vencido hasta el momento a todos y cada uno de sus enemigos, por muy poderosos que fueran. No por nada su nombre era temido en todos los torneos.

Y comenzó a arrastrarle hacia su terreno, a trazar con los pies la conocida espiral, iba a mostrarle una de sus mejores técnicas, pensaba machacarle con un sólo golpe.

— Tu prometida es linda — sonrió su adversario, y Ranma sintió como le daba un vuelco el estómago.

Fijó sus pupilas en sus ojos negros, tan atento a sus palabras que perdió la concentración, inflamando sus ánimos, echando por tierra el "golpe del dragón".

El rubio le atacó feroz, lanzó un puñetazo derecho a su sien que esquivó por milímetros, mientras su horrible sonrisa crecía más y más.

El chico de la trenza apretó los dientes furioso. Se agachó y lanzó un puñetazo ascendente, intentando acertar en su mandíbula, pero su oponente arqueó la espalda, evitándole de nuevo.

— Pesa poco, es pequeña y bien proporcionada, se nota en cuanto la tocas.

— ¡Deja ya de hablar y pelea! — exclamó sintiéndose mortificado, rememorando como había cargado a Akane entre sus brazos.

— ¿Te has enfadado? — le respondió burlón.

Akane llegó hasta la plataforma de lucha con el corazón acelerado, casi volcándose sobre ella. Miró a su prometido con la muda pregunta deseando escapar de sus labios, no era el momento, estaba en plena pelea.

Apretó los puños, con la pequeña cajita dentro de uno de ellos y miró embelesada el intercambio de golpes.

Se llevó las manos al pecho, algo iba mal, simplemente no estaba funcionando. Arrugó el entrecejo preocupada, Ranma se movía de forma torpe, sin su habitual destreza. Parecía rígido, furioso.

Ahogó un grito cuando encajó una fuerte patada en pleno rostro, que le mandó directo al suelo.

Se acercó angustiada, a tiempo para ver el pequeño hilo sanguinolento que resbalaba desde la nariz de su prometido, bajando hasta su barbilla. Se levantó rápidamente despreciando el sangrando, limpiándose con su propia mano.

— ¡Ánimo Ranma! — gritó sin contenerse, intentando transmitirle fuerzas, que sintiese su incondicional apoyo.

Él la miró por el rabillo del ojo y acto seguido adoptó posición de combate, arqueando los brazos y encogiendo los dedos en forma de garras, dejó resbalar sus pies y observó de nuevo a su enemigo. Respiró intentando tranquilizarse y aclarar sus pensamientos.

Su rival volvió a lanzarse sobre él, pero esta vez le estaba esperando, le esquivó y consiguió propinarle un fuerte golpe en las costillas, el rubio le miró contrariado, serio por primera vez en todo el enfrentamiento. Bien parecía que nadie hasta el momento le había conseguido golpear así.

— Ella te da fuerzas… — comprendió sosteniendo el lugar del golpe — ...que patético.

Pero Ranma no se dejó perturbar de nuevo, se mantuvo firme aún con los restos de sangre corriendo por su rostro.

Se enredaron nuevamente en una maraña de golpes sin fin, saltaron y el chico de la trenza volvió a alcanzarle en el aire, su especialidad, le propinó una patada de una fuerza descomunal que hizo que viese las estrellas.

Akane abrió la boca impresionada, era una lucha espectacular. El rubio pareció recomponerse y su mirada ya no tenía nada que ver con el gesto burlón del principio. Tomó una posición extraña, extendió ambos brazos y se dispuso a ejecutar su golpe de gracia, la técnica que haría a su oponente morder el polvo. Ella, que les observaba sin pestañear pudo intuir que algo se acercaba, algo oscuro y peligroso.

El adversario que tenía Ranma en frente no era como los que había visto hasta el momento, sólo podía pensar que tenía algo diferente. Una extraña idea se retorció en su interior.

Algo le dijo que su prometido estaba en serio peligro, peligro de muerte. Vio en sus ojos la determinación que implicaba la batalla, no estaba dispuesto a rendirse. Y sintió miedo, un horrible temor que atenazó su garganta.

— ¡Ranma, huye! — gritó histérica, al borde del llanto, él giró la cabeza, sin comprender — ¡HUYE! — volvió a sollozar, sin saber porqué, sin poder explicarse a sí misma que es lo que estaba ocurriendo, de donde provenía el terrible miedo que la poseía.

Demasiado tarde, una fuerte ola de viento la golpeó, haciendo que cayese de espaldas, no vio nada, se levantó de forma pesada para comprobar que el resto del público había sufrido la misma suerte.

Levantó la cabeza desesperada y sintió como se le paraba el corazón al ver yacer en mitad de la superficie de batalla el cuerpo de Ranma, laxo, sin señales de vida.

— ¡RANMA! — gritó a la vez que las lágrimas corrían sin control por sus mejillas y apenas le permitían mirar por donde caminaba, invadió el cuadrilátero y se abalanzó sobre su prometido.

Sus ropas estaban hechas jirones, sangraba por todas partes en pequeñas heridas afiladas esparcidas por toda su piel, su rostro se aplastaba contra el suelo, Akane tembló antes de tocarle, apoyó ambas manos sobre su espalda y comenzó a moverle débilmente.

— Despierta, por favor despierta… — susurraba aterrada, pero el chico no daba el menor signo de estarla escuchando — ….no por favor, Ranma despierta, mírame… — suplicó inclinando la cabeza sobre su cuerpo, apoyando la frente contra su costado.

Y de pronto se giró con un gesto de dolor y comenzó a toser, Akane levantó la vista y sus lágrimas se interrumpieron al instante.

— ¡Ranma! — exclamó aliviada, sin poder evitar que la sonrisa invadiera su expresión.

— ¿Sigue vivo? — se giró de inmediato para ver a su oponente, agotado, mirándoles con confusión. Se sostenía de forma precaria en pie, agarrándose un costado y balanceándose a los lados de forma lastimera, al límite de sus fuerzas.

Akane no lo dudó un segundo e interpuso su cuerpo sobre el cuerpo de su prometido, protegiéndole de un posible nuevo ataque, estaba demasiado débil, demasiado herido. Le dirigió al muchacho que tenía enfrente una mirada que nacía del más puro y primitivo de los instintos, el de supervivencia. Ella era capaz de cualquier cosa, cualquiera con tal de proteger la vida de Ranma, lo había hecho una vez y no dudaría en hacerlo de nuevo.

Él era lo más valioso. El rubio la miró interesado.

— Tu... — se agachó a su lado, mirándola con detenimiento, atravesando su alma con aquellos escrutadores ojos negros, ignorando por completo al artista marcial que apenas podía abrir los ojos, luchando por recuperar la consciencia — ...te pareces a mí.

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Ranma entró en la cabina telefónica con un nudo en la garganta, su cuerpo femenino tembló al tomar el auricular y marcar el número que había escrito en la tarjeta.

Respiraba agitado, tanto que no sabía ni cómo conseguiría hablar sin que le temblase la voz.

El teléfono dio un par de tonos y una voz masculina respondió al instante.

— ¿Diga?

— Soy yo — dijo a la vez que fijaba los ojos en la gente que pasaba por la calle, tan nervioso que apenas sí podía pronunciar palabra — la pelirroja.

— Ah, sí, te recuerdo — respondió él, y hubiese podido jurar que estaba sonriendo — el gatito abandonado bajo la lluvia.

— Necesito ayuda — se limitó a decir, intentando llevarle a su terreno, que le considerase una pobre y débil mujer abandonada, que le acogiese entre los suyos — no tengo donde ir.

— ¿No tienes familia?¿amigos?¿alguien que vaya a buscarte?

Se hizo un breve silencio en la línea y el hombre rubio pareció pensar en algo.

— ¿Quieres trabajar? — preguntó altivo.

— Sí.

— Bien, te daré un trabajo.

Le dictó una dirección y le dijo que se presentase allí en una hora, Ranma lo apuntó con premura y después colgó el auricular. No pensaba esperar ni cinco minutos, tomó su mochila y comenzó a caminar.

No tuvo que andar demasiado hasta que llegó a una zona residencial, donde adivinó que antaño se alzaba el palacio de un gran señor feudal. Había un gran muro de piedra que separaba el gigantesco espacio y lo dividía en residencias individuales, todas eran casas antiguas, de tejados negros y grandes jardines.

Se sintió intimidado ante la gigantesca construcción y no pudo más que preguntarse qué tipo de trabajo tendría que llevar a cabo entre esos muros.

Una chica se asomó a la calle y Ranma la miró con curiosidad. Llevaba un ligero yukata en tonos otoñales que ataba con una cinta roja. Su pelo castaño sujeto alto, en una coleta pequeña de apenas unos mechones. Rostro redondo y ojos oscuros, al menos diez años menor que él, demasiado joven, pensó.

— ¿Tu eres la nueva? — preguntó examinándola en detalle, Ranma asintió pesadamente — ¿a que familia perteneces?

— No tengo familia.

— Todo el mundo tiene familia.

— Yo no.

La chica suspiró.

— Por eso te ha traído entonces, siente debilidad por las mujeres como tú, son más fáciles de hacer desaparecer.

Eso debería haberle puesto sobre aviso, haberle asustado al menos, una persona normal sin duda habría salido corriendo, pero Ranma estrechó la mirada sobre la joven.

— Soy Ume — dijo dándose la vuelta y entrando dentro del monstruoso recinto, la siguió a una distancia prudencial — y a partir de ahora sólo harás lo que yo te diga.

Ranma giró la cabeza, atónito, sin dejar de observar el magnífico jardín que atravesaban, lleno de pinos perennes perfectamente tallados, dando el aspecto de bonsais gigantescos. Ornamentos antiguos de piedra y charcas se abrían por doquier, a la vez que dejaban atrás otras tantas casas antiguas. Era una especie de residencia familiar, algo así como un pequeño pueblo dentro de otro, le recordó a los antiguos palacios de la dinastía china.

— No saldrás de donde se te ordene, no deambularás por las noches, no tendrás encuentros indecorosos con hombres — la miró gravemente y Ranma resopló desdeñoso — te encargarás de la limpieza, cocinarás tres veces al día y sobre todo...no harás preguntas.

Llegaron hasta delante de una casa realmente magnífica, contaba con su propia puerta exterior y un alto muro rodeaba lo que parecía ser un recinto mucho más grande, estaba claro que se trataba del hogar de alguien importante. La tal Ume se adentró por el camino de negras y planas piedras hasta que llegaron a una segunda puerta que daba paso a la residencia. Se quitó los zapatos en la entrada y Ranma la imitó.

— Mi señora es… — dudó un segundo — ...sólo yo me ocupo de ella, nadie más tiene permitido entrar en sus habitaciones. Tu ni siquiera tienes porqué cruzarte con ella en los pasillos.

— Entendido — dijo a desgana, siguiéndola aún por el larguísimo pasillo de madera que se bifurcaba una y otra vez hasta hacer de aquel lugar un auténtico laberinto.

— Dormirás aquí — corrió la puerta de una habitación tradicional sencilla, sin decorar, tan sólo con un futon y un yukata exactamente igual al que vestía ella doblado cuidadosamente — sabes cocinar, ¿no?

— Sí — respondió secamente.

— Entonces cambiate, hay mil cosas de las que ocuparse y no tenemos todo el día. Nos pondremos con la cena.

— ¿Algo más? — replicó la pelirroja, sin querer parecer grosero aún a pesar de que la chica joven lo estaba siendo y mucho con él.

— Procura no levantar la vista del suelo, no mires a los señores a la cara, no les gusta. No contestes aunque te pregunten, no hables más de la cuenta...y si en algún momento tienes la necesidad de escapar…

Los ojos azules de la pelirroja se clavaron en aquellos pozos negros, pequeños y aún así firmes.

— ...más te vale correr rápido.

Ranma tragó saliva.

— Estás a tiempo — le dijo Ume — ¿estás segura que no tienes ningún otro sitio a donde ir?

Se contemplaron unos segundos, Ranma dejó la pesada mochila de viaje en el suelo a modo de respuesta.

— Entonces bienvenida.

— No me has preguntado mi nombre — advirtió la pelirroja.

— Ahora no tienes, solo eres otra flor. — respondió con una sonrisa nostálgica antes de salir de la habitación.

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La mujer llegó a su casa muy entrada la noche, caminaba como ida, perdida en extraños pensamientos.

— Bienvenida señorita.

Miró a Ume a desgana, sabiendo que la sirvienta se había dado cuenta de las manchas de barro que cubrían sus ropas, y de las pequeñas gotas de sangre...siempre había sangre.

— Voy a darme un baño — respondió dejando sus zapatos por el camino, sin cuidado de manchar la suave madera, se desprendió de la ligera chaqueta y también la abandonó en mitad del pasillo. Tocó el arma que esa noche había utilizado y que llevaba aún a buen recaudo en su bolso. La sacó y le puso el seguro, no le gustaban las pistolas pero debía de admitir que hacían algunos trabajos mucho más sencillos. — Guarda esto — le advirtió, dejando su semiautomática encima de una pequeña mesilla.

Llegó hasta las puertas de su onsen privado y se deshizo de su vestido y de su ropa interior, dejó su pelo caer sobre su espalda. Esa noche el trabajo se había complicado, se encontraba dolorida, había terminado huyendo y había caído desde un segundo piso, teniendo un mal aterrizaje. No le extrañaba, últimamente se sentía torpe, realmente estaba distraída.

Se echó un cubo de agua sobre la cabeza y comenzó a frotar su piel con fuerza, como siempre hacía, desprendiéndose del sudor, de la suciedad, el dulce hedor de la muerte.

Volvió a enjuagarse y se metió en el agua cálida, que reconfortó sus huesos, que le hizo sentirse por un segundo un poco más humana. Retiró sus largos cabellos, dejando que la luna iluminase el dragón de su espalda, el hermoso ser de tinta rodeado de crisantemos rojos. Miró al cielo nocturno y cerró los ojos.

Casi media hora después se vistió con una sencilla bata y salió del baño, caminó sin preocuparse de mojar el piso hasta sus habitaciones, donde de seguro Ume tendría lista su cena.

Efectivamente, en cuanto llegó comprobó que había una pequeña bandeja sobre su mesilla, se sentó hambrienta, tomó los palillos y se llevó una porción de arroz a la boca, lo degustó lentamente y después probó un nuevo platillo, parecía carne troceada y condimentada de alguna forma.

Masticó con cuidado, que sabor más extraño, que...familiar.

— ¿Ume?

La joven sirvienta acudió de inmediato a su reclamo, siempre estaba esperando tras las puertas de bambú y papel de arroz por lo que pudiera necesitar.

— Dígame señorita.

— ¿Has cocinado tú esto?

— ¿No es de su agrado?

— No, al revés... — se quedó pensativa — ...está delicioso.

La joven sirvienta pareció contrariada.

— Hoy wakagashira me ha enviado una nueva chica, me ayudará con las tareas de la casa.

La mujer se llevó otro trozo más de carne a la boca, por alguna razón aquel plato le generaba nostalgia...sabía...sabía como la cocina de...

— Eso es una buena noticia, era demasiado trabajo para tí sola. Por favor, dile que mañana lo cocine de nuevo.

— Claro señorita...

Terminó la cena y Ume le preparó el futon, nada más acostarse se quedó extraña y plácidamente dormida, envuelta en un sentimiento reconfortante.

La sirvienta regresó a la cocina, donde la chica de ka trenza se afanaba en terminar de limpiar los platos.

— La señorita...la señorita ha pedido que mañana vuelvas a cocinar. — dijo secamente, la pelirroja tan sólo asintió a desgana.

Le fastidiaba su actitud, era como si estuviera continuamente a la defensiva, precavida contra él...así no sería fácil obtener información.

Ranma terminó sus tareas y se dirigió a su habitación, donde se quitó el yukata y volvió a ponerse su ropa habitual. Era el primer día que estaba en esa casa, pero no pensaba perder la oportunidad de explorar todo el recinto.

Con sigilo se deslizó de sus habitaciones y salió al jardín, saltó y se situó encima del tejado, donde pudo ver con mayor claridad toda la extensión. Debía de haber varios kilómetros cuadrados de casas, jardines y residencias, se sentó pensativo…¿dónde estaría el chico rubio?¿sería prudente buscarle esa misma noche?.

Sabía algo, estaba implicado...él había estado allí cuando desapareció Akane. Apretó los puños, intentando controlar su ira, saltó a un nuevo tejado, un poco más alto que el anterior.

Su sangre hervía, sus huesos crujían, sus músculos chillaban de la excitación. Se agazapó en mitad de la noche y sus ojos azules relampaguearon alumbrados por su determinación interior.

De nuevo saltó y aterrizó en el suelo, entre varios árboles, convirtiéndose en una sombra, perdiéndose en la noche.

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Aclaraciones:

Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.

Kokuryukai: Sociedad del Dragón Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta. Para este fic me he aprovechado de su existencia y me he tomado algunas pequeñas licencias artísticas (quizás no tan pequeñas).

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

Notas (esto lo escribí hace meses como notas finales de este capítulo, finalmente he decidido conservarlo):

Este fic me está partiendo el corazón. Me gusta muchísimo escribirlo, pero me deprimo pensando en las escenas: me obsesionan, me atrapan y en general me dejan completamente atontada durante días enteros hasta que puedo retomarlas.

Este capítulo se pasó estancado 4 meses, sin avanzar una palabra, podéis imaginaros mi frustración.

Ranma en este fic es diferente a lo que suele ser en el resto de mis escritos, ha perdido completamente su fe, su humor, su inocencia…le han destrozado la vida hasta hacerle pensar que está enfermo, loco, desquiciado.

A estas alturas no puedo esconder nada de la trama, ya tenemos a todos los personajes en la pista, ahora sólo nos queda esperar para ver como se desenreda la madeja.

Crisantemo es, sobre todo un fic muy "grave", con sucesos horribles y sentimientos muy fuertes encontrados, espero poder transmitir aunque sea una décima parte de eso.

¡Hola de nuevo!

Hoy estoy contenta, ¿que digo contenta?¡contentísima!. Un capítulo corto de nuevo, pero lo voy a compensar, esta semana publicaré dos (paradme que estoy muy loca, jajaja). Hoy terminé de escribir la mitad del final de este fic, ya solo me queda la otra mitad y se terminó, y eso me ha puesto de muy buen humor porque tengo la sensación de que lo más difícil ya ha pasado. Se acabaron las semanas dándole vueltas a las escenas, siento un alivio indescriptible.

Así que muuuuuuchas gracias a todos por leer: a los que me dejáis reviews, a los que no, a los que se pasan un ratito para curiosear y a los que le dan una oportunidad a Crisantemo. Me siento muy afortunada de poder llegar a tanta gente, ¿no es maravilloso internet? (hoy desprendo demasiado amor XD).

Muchas gracias a Nodokita, mi queridísima argentina. Si no fuera porque nos separa un océano y un viaje de muchos cientos de euros me plantaba allá y te daba un achuchón, jajaja.

Y gracias por sus reviews a Dulcecito (la pelirroja juega un papel muy importante, sí), Ikane (te diría millones de cosas, pero me tengo que morder la lengua, jajaja), Akane Tsukino (¡te traje nuevos recuerdos! pero no se si te gustarán...), Jorgi (hay más cosas ocultas dentro de esa conversación, lo que ocurre es que aún no se pueden ver...), Zagashi (¡gracias! el siguiente capítulo es aún más revelador :P), Lolita (no saques conclusiones precipitadas, ten paciencia, ¿si?), Susyakane (¡no tengo forma de contestar a tu review sin revelar el final! jajaja), DaniJIE (oooh, has prestado muy buena atención), Kykio4 (¡gracias por tu review!) y Kunoichi Saotome (¡Si sigo escribiendo a buen ritmo podría estar publicando dos todas las semanas!¿de veras te lo esperabas más dramático?, yo creo que no sabría, ¡ya me cuesta mucho alcanzar este nivel de drama!).

Nos leemos pronto.

Lum.