Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 9: Tu temor]

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Akane volvió a posar su mano sobre la frente de su prometido, Ranma continuaba hirviendo de fiebre, le miró con desesperación antes de ponerse en pie una vez más para cambiar el agua del barreño, en el que refrescaba la toalla que colocaba en su cabeza cada pocos minutos

Nunca antes había visto una técnica semejante, nunca antes había sentido un terror igual.

"Tu...te pareces a mi" — se llevó ambas manos a los oídos, como si de esa forma pudiese evitar que la voz de ese chico la atravesara de nuevo, desolándola — "no temes a la muerte, no dudarías en arrebatarme la vida" — y tras esas palabras volvió a sonreír, con esos labios finos, esos ojos sombríos que la hacían estremecer.

Pero lo peor es que algo dentro de ella le decía que tenía razón, que aquellas crueles palabras eran ciertas. Si, no habría dudado, si hubiera vuelto a atacar a Ranma se hubiese abalanzado sobre él dispuesta a todo...y eso la asustaba.

En jusenkyo tampoco lo hizo, tampoco dudó, simplemente entregó su vida a cambio de la suya, no pensó en las consecuencias, no pensó en nada….tan sólo miró a la muerte a la cara y le dijo: "tómame a mí". No se arrepentía, es más, daba gracias de seguir con vida pero...algo había cambiado, algo dentro de ella se había tornado diferente.

Por Ranma sería capaz de morir y de matar, por él haría cualquier cosa...y ese chico lo sabía, la había identificado como su igual. Él también había visto el rostro de la muerte y ahora caminaba por la afilada navaja de la incertidumbre. No sentía miedo, daría su vida sin pestañear y cuando llegase el momento abrazaría su destino con aquella cínica sonrisa.

Volvió a la habitación donde descansaba el artista marcial, escurrió la toalla y la colocó sobre su frente con sumo cuidado, casi con devoción. Pero cuando intentó apartar de nuevo el brazo su poderosa mano se cerró alrededor de su muñeca.

— ¿Akane?¿que ha ocurrido?¿dónde estoy? — intentó incorporarse torpemente, pero ella se lo impidió, apoyando ambas manos sobre sus hombros.

— Ranma estás en la enfermería del campeonato, no debes moverte. — dijo a la vez que se sentía invadida por un descomunal alivio, sin duda su prometido era un chico fuerte, cualquier otro habría muerto, pero él tan sólo un par de horas después ya luchaba por ponerse en pie.

— Qué demonios… — el chico de la trenza volvió a intentar incorporarse, pero un fuerte dolor le atravesó por completo, se dejó caer sobre la cama, respirando agitado.

— ¡Te he dicho que no te muevas! — protestó la chica de cabellos cortos, abriendo su camisa, con miedo de que se hubiese abierto alguna de sus múltiples heridas. No parecía haber nada fuera de su sitio, el gran vendaje que cubría sus costillas estaba intacto.

— Qué me ha pasado… — preguntó confuso, ella arrugó el entrecejo.

— Perdiste — respondió en un quedo susurro, los ojos azules del chico la buscaron frenéticos.

— ¿Cómo...?

— No lo sé, era la primera vez que veía una técnica así, apenas vi su comienzo y después...después estabas demasiado malherido.

— No… — se llevó una mano a la cabeza, rebuscando en sus recuerdos — ...podía continuar.

—¿Estás loco?¡una persona normal habría muerto! — exclamó ella sin poder creérselo, y fue entonces cuando los graves ojos de Ranma la miraron como pocas veces lo habían hecho, coléricos.

— Tu interrumpiste la pelea — dijo, y Akane se mantuvo firme, mirándole con la mandíbula apretada.

— Estabas inconsciente.

— ¡Interrumpiste MI pelea! — exclamó incorporándose en la cama, furioso con el mundo.

— ¡Te iba a matar! — se defendió perpleja — ¡quería matarte, Ranma!

Al chico de la trenza le costaba respirar, enrojeció de pura furia y no por haber perdido la batalla, si no por lo que acaba de afirmar su prometida.

— Me iba a matar y tu…¿te pusiste en medio? — preguntó sin poder creérselo.

— ¡Claro que sí! ¿qué más podía hacer?

— ¿Interrumpiste mi pelea y te pusiste delante de ese animal arriesgando tu vida? — repitió para estar seguro de lo que Akane estaba diciendo, y ella afirmó con un simple asentimiento de cabeza. Eso hizo que los nervios del artista marcial estallasen en mil pedazos.

La agarró sin ningún cuidado, fuerte, irritado, cerró sus fortísimas manos sobre sus finas muñecas y la atrajo hacia sí.

— ¿¡Es que no aprendiste nada!?¿¡cómo has podido!?¿¡porque mierda continuas haciendo lo mismo una y otra vez!? — exclamó frustrado, sacudiéndola, sintiendo como la ira hacía que las fuerzas le recorriesen de nuevo, sintiendo como su piel se quedaba blanquecina por el agarre.

— ¡Ranma suéltame! — protestó ella luchando contra él, contra su liberada fuerza bruta.

— ¿Cuándo te darás cuenta de que no necesito tu ayuda?¡Ni entonces, ni ahora, ni nunca!

Los ojos de Akane se tornaron opacos, oscuros. Perdieron su brillo habitual y sus pupilas miraron fijamente los iris azules de su prometido. Tragó saliva y tomó aire, retorció las muñecas liberándose de los fuertes dedos de Ranma, que la dejaron ir.

Se puso en pié y sin pronunciar una sola palabra salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente a su espalda. Desde la cama el chico la observó, sintiéndose culpable, pero al mismo tiempo enfadado, deseando con toda su alma que entendiese lo que tan desesperadamente estaba intentando decir.

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— ¿Qué es eso? — preguntó la mujer enmarcando una ceja, Ume cargaba un paquete grande, plano y rectangular, perfectamente empaquetado.

— Parece un cuadro.

— ¿Un cuadro? — dijo con interés, aunque sin moverse del sitio. Se encontraba sentada en su habitación leyendo atentamente las últimas órdenes.

— Lo remite sensei Maruo. — aclaró la sirvienta colocándolo contra una de las paredes de la habitación.

— Viejo loco...lo abriré cuando tenga tiempo, debo aprender todas estas instrucciones para dentro de unos días.

— Trabaja usted mucho, señorita. — dijo apenada la joven, ella le contestó con una triste sonrisa.

Ume inclinó ligeramente la cabeza y se apresuró a volver a sus quehaceres, había cientos de tareas pendientes en la casa, y más ahora que comenzaban a acercarse fechas tan señaladas, la reunión anual de todo el clan. Caminó resuelta hasta la parte trasera, donde se abría otro de los amplios jardines.

— ¿Qué hago con estas cosas? — se giró con molestia ante los gritos de la pelirroja, tenía una voz demasiado estridente, alta, fuerte. Era todo lo opuesto a la feminidad, al silencio y la quietud que tanto amaba.

— Déjalas en el almacén.

La recién llegada se encaminó de prisa hacia donde le había indicado, debía de admitir que era una chica trabajadora, con buena disposición y una fuerza colosal. Ella sola cargaba con tres cajas llenas de cacerolas y platos, apiladas una sobre otra de tal forma que apenas y podía ver donde pisaba. Se movía veloz, increíblemente ágil, aunque se la veía ciertamente incómoda vistiendo el yukata que le había facilitado.

— ¡Cuando termines limpiaremos la cocina! — le gritó Ume mientras la veía alejarse por el jardín.

Resopló y volvió a ajustarse la cinta con la que anudaba las mangas de su yukata a la espalda, no podía negar que la pelirroja estaba siendo de gran ayuda, pero por algún motivo le inspiraba desconfianza. Un sentimiento de extrema posesividad se adueñó de ella, casi hubiese preferido seguir a solas con su señora, eso era lo que más deseaba.

Ranma dejó las cajas que cargaba dentro de una especie de casa inmensa, re-acondicionada como trastero, una nube de polvo ascendió desde el suelo haciéndole estornudar.

— Este sitio es una porquería — protestó abanicando con una mano el polvo, intentando aclarar su visión. El lugar era grande y lleno de trastos sin demasiado valor. Muebles, y montones de papeles se apilaban por doquier. El chico alzó la vista sobre su hombro, parecía que la pesada de Ume no le prestaba atención.

Se escabulló dentro del almacén y comenzó a abrir algunas cajas, vajillas viejas, velas, kimonos usados…se adentró más, caminando silencioso. Se quedó un momento parado al ver una vieja armadura samurai, muy antigua, llena de polvo y rodeada de una decena de katanas en sus fundas, tropezó con otra caja y estuvo a punto de echarla a un lado, aunque antes decidió curiosear.

La abrió y pestañeó asombrado, armas, pistolas y navajas se amontonaban de cualquier forma, sacó una de las pistolas asombrado, la giró en su mano, era ligera y pequeña. La dejó a un lado y continuó sacando toda una colección de utensilios cortantes con empuñaduras rotas o sin punta.

Había ido a dar a un lugar peligroso, volvió a mirar hacia atrás, comprendiendo que se estaba jugando el cuello si le atrapaban hurgando donde no debía.

Estaba claro que eran armas viejas o fichadas por la policía, no se podían tirar en cualquier lugar sin esperar una investigación al respecto. Esa gente las tendría guardadas a buen recaudo durante años. Terminó de sacarlas, miró con interés las navajas, algunas claramente ilegales, al menos habían tenido la decencia de limpiarlas antes de empaquetarlas para que cogiesen polvo.

— Hana, ¿estás ahí? — Ume no había tardado demasiado tiempo en notar su ausencia, por algún motivo se empeñaba en llamarla "flor", como si fuese algún tipo de código estúpido entre ellos. Cuando le pidió explicaciones tan sólo le dijo que ese era su nuevo nombre — ¡Hana!

— Sí, ya voy — se apresuró a guardar de nuevo las armas en la caja, cuando algo en el fondo llamó su atención. Levantó con cuidado un periódico viejo que le había pasado inadvertido hasta entonces, las bordes estaban desgastados y parecía haber pasado demasiado tiempo en el fondo de aquel sitio, absorbiendo la humedad del ambiente hasta tener un aspecto asqueroso, enmohecido y blando. Desdobló con cuidado y leyó el titular, confuso lo volvió a leer una y otra vez, con la mirada enloquecida, pensando que la oscuridad le estaba jugando una mala pasada.

— Encuentran ahogada a la joven desaparecida, Akane Tendô. — sus manos temblaron al percatarse que no tenía sentido encontrar algo así en un lugar como aquel, miró la foto que acompañaba al titular, era una imagen del velatorio, ni siquiera recordaba que hubiese asistido la prensa. A decir verdad, no recordaba nada, apenas reconocía su propia imagen retratada, agachado junto a la fotografía de Akane tristemente decorada con listones negros. En su mano un ramo de flores, los primeros crisantemos rojos que le regaló.

Sintió como el corazón palpitaba en sus oídos, como se agarraba con fuerza a su garganta. Estaba en el buen camino, por primera vez en diez años tenía la absoluta seguridad de estar en el lugar correcto, sin corazonadas, sin presunciones. Una prueba real.

— ¡Hana! — guardó de cualquier manera las armas en la caja y se aguardó el viejo periódico en la solapa del yukata, comenzó a caminar intentando tranquilizarse, no podía fallar a esas alturas, no ahora que sentía que estaba tan cerca.

— Perdona, es que vi una rata y pensé que podía cazarla — dijo al ver la expresión de enfado de la joven sirvienta.

— ¿Una rata? — eso pareció asustar a la chica, quién miró nerviosa a su alrededor — entonces vamos fuera, le diré a alguien que venga a poner trampas, ¡ah! — chocó contra la pila de cajas que Ranma había dejado amontonadas de cualquier forma en la entrada.

La pelirroja se apresuró a echarla a un lado, se apoyó contra las cajas, impidiendo que la pila cediera y devolviéndola a su sitio.

— Uf, por poco — dijo a la vez que tendía una mano — ¿te encuentras bien?

— S-Sí, gracias — contestó repentinamente tímida, Ranma no pudo evitar el fijarse en el sonrojo que cubría sus mejillas — Ten más cuidado la próxima vez, alguien puede resultar herido.

— Volveré a colocarlo — contestó obediente.

Ume se apresuró a salir del almacén y Ranma la observó estrechando la mirada. Debía ganarse su confianza, debía averiguar todo lo que pudiese sobre aquél lugar, sobre el chico rubio...sólo así sabría que había sido de Akane.

Se pasó el resto del día haciendo tareas, cocinando de nuevo, la noche llegó casi sin darse cuenta, demasiado agotado como para querer pensar en nada. En la oscuridad de su pequeña habitación volvió a sacar el periódico y lo escondió con cuidado debajo del tatami. Y durmió, soñó, recordó ese momento, la última vez que la vió hacía ya diez dolorosos años.

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Le había dicho cosas horribles, la había tratado mal, sí, se podía decir que realmente había sido un cerdo. Es por eso que cuando finalmente le dejaron ir de la enfermería no supo siquiera dónde buscarla, por un momento temió que hubiese vuelto a casa.

Regresó al hotel, dolorido, abrió la puerta dispuesto a dormir en la cama apaciblemente gracias a todos los analgésicos que le habían hecho tomar, lo que no se esperaba era encontrarla allí, en silencio, sentada sobre la cama casi a oscuras, mirando con tristeza hacia un punto indeterminado de la pared.

— ¿Akane? — preguntó a la vez que prendía la luz, eso pareció arrancarla de golpe de sus cavilaciones, ya que dio un brinco al escuchar su nombre, como si no se hubiese percatado de cuando abrió la puerta.

— Ah, llegaste — dijo queda, el chico de la trenza no pudo evitar fijarse en su maleta a medio hacer, con la ropa revuelta y de cualquier manera, como si hubiese empacado y vuelto a desempacar un millón de veces.

— ¿Te marchas? — dijo señalando lo evidente, ella ni siquiera le miró a los ojos.

— Ya no hacemos nada aquí, ninguno de los dos continúa en el torneo.

— ¿Ninguno de los...? un momento, ¿que pasó con tus combates? — en un repentino ataque de lucidez se dio cuenta que no se había preocupado lo más mínimo por ese detalle, Akane levantó la vista por primera vez.

— ¿Que tipo de mujer deja a su prometido herido y se va a pelear? — contestó molesta, como si aquello resultara obvio.

"Por mí" se dijo Ranma, sintiendo como un sudor frío recorría su columna, "siempre por mí". Era demasiado, pero ya apenas le quedaban ganas de pelear con ella, al menos no mientras siguiese teniendo esa expresión dolida en su angelical rostro.

— No deberías haberlo hecho, estaba bien — afirmó intentando sonar convincente, casi suplicando por no ser ofensivo, pero la terca artista marcial volvió a levantar la vista, beligerante.

No era suficiente, ella se merecía más, se merecía una disculpa. La miró unos segundos intentando encontrar las palabras cuando de pronto Akane miró su mano izquierda y la alzó sobre su cabeza.

— Es una lata, me lo probé por curiosidad y ahora no sale.

— ¿Eh?

— El anillo.

— ¿Q-que anillo? — apostilló, nervioso.

Ella le observó suspicaz antes de suspirar.

— Lo sabía, no tienes ni idea — levantó la mano mostrándole al chico de la trenza la sortija con el diminuto brillante — lo encontré en mi bolsa, supongo que habrá sido cosa de nuestros padres, como si yo quisiera casarme contigo, vaya tontería.

Ranma pestañeó incrédulo, esa sortija…enrojeció al reconocerla, ¿qué hacía esa sortija ahí?. Estaba seguro que era la que unas semanas antes le había dado su madre para que mantuviese a buen recaudo, que la reservase hasta el momento en que "estuviera listo".

Protestó y le costó aceptarla, pero finalmente y ante la velada amenaza a su falta de masculinidad se quedó con ella. La había dejado en casa, estaba seguro, cuidadosamente guardada y desde luego muy lejos del dedo anular de Akane.

— E-ese anillo — tragó saliva — me lo dio mi madre.

Akane le miró confusa unos segundos antes de que su rostro se tiñera de color carmín.

— Lo siento — murmuró nerviosa, comenzando a hacer grandes esfuerzos para que el aro saliese de su dedo — no debí probarmelo, que estúpida.

— Debió de colarse en el equipaje por error y acabó en tu mochila — razonó él acercándose hasta la cama y dejándose caer a la vez que hacía un pequeño gesto de dolor a causa de las heridas.

— Si no consigo quitármelo será un problema, nuestros padres son capaces de pensar que ocurrió algo y organizar otra boda — Akane miró frustrada el anillo, pero en su rostro había algo más, una tristeza que luchaba por no mostrar.

Ranma se aclaró la garganta.

— En realidad… — dijo a la vez que se pasaba una mano por la nuca y se sonrojaba hasta el extremo — ...yo…

— No es como si me lo quisieses dar, ¿verdad? — se giró de golpe, escrutándole con sus hermosos ojos color chocolate — porque tú...no me necesitas.

Una cristalina lágrima resbaló por su mejilla dejando al chico de la trenza sin aliento, la miró atontado, intentando a toda velocidad recuperar el hilo de la conversación.

— ¡No!¡no es eso lo que pretendía decir!

— No te molestes en negarlo, me ha quedado claro — se levantó de la cama y le dio la espalda, abrazándose a sí misma.

— ¡Nunca entiendes nada! eres una bruta sin pechos.

— ¿Y ahora me insultas? — se giró anonadada.

— ¡Deja de una vez de jugarte la vida por mi! — Ranma también se había puesto en pie, ahora ambos jóvenes se miraban con las respiraciones agitadas por la acalorada discusión.

— ¿Incluso si estás en peligro?¿incluso si vas a morir? — dijo incrédula — ¿incluso así, no me necesitas?

— Prefiero morir mil veces antes que volver a verte en mitad de otra pelea — aseveró inamovible.

— Entonces eres tu el que no entiende nada — le retó ella.

El chico de la trenza la miró un segundo, demasiado enfadado, demasiado terco como para encontrar las palabras que necesitaba.

— Si vuelves a hacerlo…

— ¿Que harás?

— ...me iré, me iré tan lejos que no volverás a verme jamás.

La amenaza flotó en la habitación como una gigantesca nube grisácea, Akane mudó su rostro desafiante a uno inundado por la desolación.

— ¿Tan fácil es para ti?

— Eres tu la que lo complica todo.

La chica de cortos cabellos apretó los dientes, cerró los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos, cuando volvió a levantar la vista lágrimas de pura rabia rodaban a la carrera por su blanco perfil, pero Ranma no cedió un ápice, estaba dispuesto a mantenerse firme hasta el final, hasta las últimas consecuencias.

— No tienes ni idea… — escupió con un hilo de voz, con la vista enloquecida — ...de porqué lo hice, ¿no?

Y por primera vez la determinación del artista marcial se tambaleó, la miró casi con miedo, cegado por su férreo espíritu. Estuvo a punto de contestar, estuvo a punto de decir que sí, que claro que lo sabía. Que esa misma era la fuerza que le llevaba a protegerla, contra todo y todos, siempre. Que era un maldito egoísta, pues prefería morir miserablemente antes de volver a verla herida entre sus brazos. Que era capaz de morir y matar por sus sonrisas, pero que jamás aceptaría que ella hiciese lo mismo.

Su corazón simplemente no lo aguantaría, era débil, era un cobarde cuando se trataba de Akane. Era tan cobarde que estaba dispuesto a vivir sin ella, si con eso conseguía que estuviese a salvo. Un miserable incapaz de mantener a salvo a la mujer que amaba.

Le apartó la mirada, desdeñoso, y eso hizo explotar a la joven. Akane se erizó por completo y levantó la mano dispuesta a golpearle, a propinarle un sonoro tortazo. Ranma cerró los ojos pero el impacto no llegó, dubitativo miró con cuidado y observo como la chica se había quedado estática con la mano en alto, mientras las lágrimas seguían cayendo sin control.

— Idiota — murmuró tenuemente antes de darse la vuelta, abrir la puerta y salir al pasillo.

La escuchó gimotear secándose las lágrimas, escuchó sus pasos alejarse y no hizo nada. Nada maldita sea, no hizo nada. Se quedó allí y volvió a sentarse en la cama, completamente convencido de que había hecho lo correcto, de que por más que llorase no cambiaría de parecer. Akane dejaría de arriesgar su vida de una vez por todas.

Se mesó los cabellos, supuso que volvería al cabo de un rato, cuando se le pasase el enfado. Supuso que a la mañana siguiente simplemente debía de ser un poco más amable para intentar calmar los ánimos. Supuso...que podría disculparse.

Si hubiera sabido que aquella sería la última vez que la vería, sin duda habría corrido desesperado a su encuentro, la habría abrazado, le habría susurrado que no le dejase jamás, que aquella amenaza era mentira, que él era incapaz de alejarse de su lado.

Si lo hubiera sabido no habrían discutido, la habría besado de una maldita vez, le habría dicho todo aquello que jamás se atrevió a confesarle.

Si lo hubiera sabido...

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La mujer dejó de leer en mitad de la noche, estaba cansada, sentía los ojos enrojecidos por el esfuerzo. Bostezó, la cena se le había quedado fría y de eso hacía más de tres horas.

Se levantó de la pequeña mesa y estiró sus articulaciones, levantó los brazos por encima de su cabeza y después intentó tocarse la punta de los pies. Sí, estaba lista para su siguiente misión. Tomó los platillos que le habían preparado para la cena y los devoró hambrienta, le encantaba su nueva cocinera.

Terminó y se alistó para meterse en el futon que Ume le había dejado preparado, igual que cada noche, hasta que volvió a posar la mirada sobre el paquete rectangular que había llegado en la mañana.

Lo miró con interés, era grande y venía envuelto en papel de embalaje, rasgó una de las esquinas para descubrir parte de un lienzo que reconoció al instante.

— Estás empeñado en convertirte en pintor, ¿eh? — murmuró con una ligera sonrisa antes de rasgar todo el papel, descubriendo la obra, sonrió más ampliamente.

Se alejó un par de pasos para poder contemplarlo mejor, con parte del papel arrugado entre sus manos.

— Mi dragón… — suspiró al mirar la pintura de su tatuaje perfectamente representado en aquel lienzo, la observó con cariño mientras pensaba en qué lugar de la habitación podría colgarlo.

Se giró buscando un hueco apropiado para un cuadro de tal tamaño, cuando de repente se percató de algo, algo que había pasado por alto. Levantó la mirada sobre su hombro y volvió a mirar la pintura, ¿era una alucinación?¿obra de sus ojos cansados?.

Se acercó hasta el lienzo con pasos temblorosos y observó cómo los ojos del fiero ser se habían tornado azules, ¡azules!. Jamás le dijo que fuesen azules, en su tatuaje eran negros como la tinta, nunca azules, y menos de ese color tan...real.

Lanzó un grito lleno de angustia.

Las piernas dejaron de sujetarla y cayó al suelo, temblorosa, ¿que significaba aquello?¿¡qué demonios significaba aquello!?. La observaba, el dragón la miraba directamente mientras rugía furioso.

Las lágrimas se apelmazaron en sus ojos, y buscó frenética el teléfono que sólo podía usar para emergencias, pero aquello lo era, la peor de todas. Buscó en la lista de contactos al que durante muchos años había considerado un amigo, y le llamó sin importar la hora.

El teléfono dio cinco tonos antes de que Maruo contestase.

— ¿Quién es? — dijo de forma rasposa.

— ¿Qué es esto? — preguntó ella sin poder esconder el temblor de su voz — ¿¡qué significa esto, Maruo!?

— ¿Kiku-dono?¿eres tú?

— ¿¡Por qué!?¿por qué has pintado algo así?

Un largo suspiro se escuchó en al línea, el hombre se aclaró la garganta.

— Deberías saberlo, nadie puede huir de la furia del dragón. Y el tuyo es un dragón torturado y poderoso, no se detendrá ante nada.

— ¿Lo sabías?¿sabías qué...?

— Siempre lo supe.

— Entonces...acaso…¿le has visto? — preguntó aterrorizada, tuvo que agarrar con fuerza el teléfono para que no se escapase de su mano.

— Lo importante es que él te ha visto a ti, te está buscando y no dudes que dará contigo. Sólo te queda esperar que no te calcine con su fuego.

— ¡Maruo!

— Buenas noches, señorita...Akane Tendô.

Sus ojos se agrandaron, sus pupilas se contrajeron, las lágrimas escaparon a toda prisa, sin contención. Dejó caer la mano en la que sostenía el móvil, completamente laxa.

Akane Tendô, ¿cuánto tiempo hacía que no escuchaba ese nombre?¿cuánto hacía que nadie la llamaba así?. Volvió a mirar llena de temor el lienzo apoyado contra la pared. El dragón continuaba mirándola.

No podía huir de sus ojos exigentes, no tenía dónde huir.

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Aclaraciones:

Hana: en japonés significa literalmente "flor".

Ume: es el nombre que recibe la flor de ciruelo, florece en pleno invierno.

Kiku-dono: Kiku en japonés significa crisantemo, es el nombre de la flor. "Dono" es una partícula honoraria que actualmente se encuentra en desuso, significa "señor o señora". Por lo que Kiku-dono libremente se podría traducir como "Señorita Crisantemo".

¡Hola de nuevo!

¡Esta semana doble capítulo!, voy a confesar que este es uno de mis favoritos por varios motivos:

1) Deja las cosas en claro.

2) Se termina el relato de los acontecimientos pasados, a partir de ahora las versiones de Ranma y Akane irán por separado.

3) ¡Por fin puedo empezar a hablar de Akane y a tratarla como un verdadero personaje independiente!

4) Amo la última escena, jajaja.

Gracias a todos por el interés con el que habéis acogido este fic, seguiré esforzándome en tener listo el final cuanto antes. Y por supuesto muchas gracias por leer y dedicarle un ratito de vuestro tiempo a esta historia.

Agradecimientos también a aquellos que se toman un ratito para dejarme sus impresiones, me hacen mucha ilusión. Contestando reviews: IsakuraTendo (gracias por tus palabras, la verdad es que el grupo lo conocía de oídas...debería escuchar más música española.), DaniJIE (Sobre el resto de los personajes voy a admitir que para esta historia los obvié, imagino que ellos mismos se echaron a un lado tras la muerte de Akane y dejaron a Ranma en paz...o incluso nuestro protagonista les expulsó de su vida), susyakane (¡muchas gracias!), yram1 (gracias por darle una oportunidad, me gustan mucho los títulos cortos y las sinopsis que no explican demasiado...tal vez debería mejorarlo, jajaja), lolita (espero que llegues a leer el capítulo antes de tu viaje), kykio4 (¡actualizado!), Chiqui09 (tampoco te creas todo lo que cuento sobre la yakuza, hay cosas que sí me he documentado y otras que directamente he inventado por el bien de la ficción ;)) y Akane Tsukino (ya queda menos...).

Gracias por leer.

Lum.