«Parte 1»

-¡Bella! -oí el grito de Jacob a mi espalda, y luego el sonido de la arena bajo sus pies al correr.

-Bella, ¿qué ocurre? -susurró detrás de mí, para segundos después rodearme en un abrazo que dejó mi espalda totalmente pegada a su pecho.

Sus fornidos brazos me envolvían el pecho de tal manera que el desmoronamiento de mi alma se paralizó. Mi piel ardió de pies a cabeza por el contacto de su piel febril, provocando que la niebla en mi cabeza hiciese su retroceso y desapareciera. Mientras la herida en mi pecho se fue cerrando hasta convertirse en tan solo una cicatriz, una muy frágil cicatriz pero cicatriz al fin. Era como si Jacob fuese el pegamento que cerrara mis heridas.

-L… Lo siento -murmuré una vez volví a encontrar mi voz y salí de la sorpresa -Yo…

-¿Estás herida? -preguntó nervioso, poniéndome de pie y buscando cualquier rastro de sangre visible. Por un segundo creí que cuando sus brazos dejaran de envolverme el dolor volvería, la herida se reabriría y la niebla regresaría, pero para mí grata sorpresa eso no sucedió. El agujero de mi pecho, ahora con forma de cicatriz, parecía haber quedado muy bien soldado… por ahora.

-No, no tengo nada, Jake -le tranquilicé, mirando por primera vez su rostro desde que había llegado. Se veía preocupado, angustiado.

-Me has asustado -jadeó con alivio -. Llegue y te vi allí, en el suelo, conteniendo la respiración. Pensé que había ocurrido algo.

«¿Será que alguna vez podrás dejar de lastimar y preocupar a las personas que te importan?» me reprendí en mi fuero interno.

-¿Ella se encuentra bien? -preguntó en ese momento alguien detrás de Jacob. Este último se giró, permitiéndome ver a Sam a un par de metros de nosotros.

-Sí, no tiene ninguna herida visible -le comunicó mi amigo. Si el supiera que acababa de cerrarme la herida invisible que llevaba cargando hace meses. Luego se volvió hacia mí.

-En tal caso, será mejor que te saquemos de aquí -afirmó, deslizando sus brazos debajo de mis rodillas y alzándome sin ningún esfuerzo, como si fuera una caja vacía. Su pecho estaba desnudo pero caliente. Encorvó sus hombros para protegerme de la lluvia e inconscientemente deslice la cabeza en su hombro. Mire de forma inexpresiva a su espalda, donde el agua golpeaba con furia la arena.

-¿La tienes? -le oí preguntar a Sam, quien ahora se encontraba a mis espaldas.

-Sí, me la llevaré de aquí. Luego me reuniré contigo. Gracias, Sam.

Mi cabeza daba vueltas, preguntándome cuanto duraría esta vez esta tregua entre mi dolor y yo ¿Una noche? ¿Dos?

La conversación de ambos chicos carecía de sentido para mí en ese momento. Sam no contestó. No se oía nada, me pregunte si ya se habría marchado.

Las olas lamían y removían la arena detrás de nosotros, mientras Jacob me sacaba de allí. Parecía enfadadas de que me fuera.

Mientras miraba cancinamente hacia el horizonte, una chispa de color captó la atención de mis ojos; una pequeña llama de fuego bailaba sobre la masa de agua negra, allá lejos, en la bahía. La imagen carecía de sentido y me pregunte si estaba imaginando cosas.

-¿Cómo me encontraste? -pregunté con voz ronca.

-Te estaba buscando -me contestó mientras subía a trote por la playa en dirección a la carretera, bajo la cortina de agua -. Llegue a casa y mi padre me dijo que habías bajado a la playa. Pensé que se habría equivocado y estarías en el garaje… -se interrumpió para observarme un segundo y luego comenzó a negar con la cabeza.

-Bella, ¿me puedes decir qué fue lo que sucedió para que estuvieras llorando desconsoladamente en medio de una tormenta? -el enojó colmaba su voz conforme el alivio pasaba a un segundo plano -¿Por qué no me esperaste en mi casa?

-Lo siento -murmuré -. No me di cuenta de la tormenta, estaba distraída.

-Ya veo que si -coincidió molesto. Varias gotas cayeron de su pelo mientras asentía con la cabeza.

-¿Ha ocurrido algo hoy? ¿La… han encontrado? -le pregunté, cambiando de tema. Mi voz sonó como la de una fumadora compulsiva, luego de los alaridos desgarradores que había pegado en la playa.

Jacob negó con la cabeza. Corría más de lo que andaba mientras seguía la carretera en dirección a su casa.

-No, Victoria se arrojó al agua, y los chupasangres tienen allí más ventaja. Por eso volví corriendo a casa. Temía que a nado duplicara la velocidad con la que se movía a pie, y que regresara, y como pasas tanto tiempo en la playa… -se le formó un nudo en la garganta que le impidió a hablar, mientras un escalofrío comenzó a recorrer mi espalda.

-Sam volvió contigo… ¿Están todos en casa? -esperaba que no siguieran buscándola.

-Sí, algo así.

Bajo el aguacero que tamborileaba sobre nosotros, le observé entrecerrando los ojos para estudiar sus facciones. Tenía la mirada tensa por la preocupación o la pena.

-¿Ha resultado herido alguno? ¿Luchó contra ustedes? -el tono de mi voz se alzó una octava, sonando extraña por la ronquera.

-No, no. Se trata de Harry Clearwater. Esta mañana le ha dado un ataque al corazón. Emily nos esperaba con la mala noticia al llegar.

-¿Harry? -sacudí la cabeza mientras intentaba asumir sus palabras -¡Oh, no! ¿Lo sabe Charlie?

-Si. Él también está allí, con mi padre.

-¿Va a salir Harry de esta?

Los ojos de Jacob se tensaron de nuevo.

-Por ahora no tiene buena pinta.

-¿Qué puedo hacer? -le pregunté, sintiéndome culpable. El dolor de Harry debía de ser cien veces peor que el mío. No era el momento para mostrar mi debilidad, debía estar bien para Charlie.

Entonces la lluvia dejo de empaparnos. No me di cuenta verdaderamente de que habíamos llegado a casa de Jacob hasta que atravesamos la puerta. El vendaval azotaba el tejado.

-Podrías quedarte aquí -repuso Jacob mientras me depositaba en el pequeño sofá -. Vamos, que no te muevas de esta casa. Te traeré alguna ropa seca.

Deje que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad de la estancia mientras Jacob iba de un lado para el otro en su cuarto. La atestada habitación de la entrada parecía muy vacía sin Billy, casi desolada.

Jacob regreso en cuestión de segundos y me arrojo una pila de prendas de algodón gris.

-Te quedarán grandes, pero no he encontrado nada mejor. Yo… este… saldré fuera para que te puedas cambiar.

-No te vayas. Estoy demasiado cansada para moverme todavía. Quédate conmigo.

Jacob se sentó en el suelo junto a mí y apoyó la espalda contra el sofá. Me pregunté cuando habría sido la última vez que había dormido. A juzgar por su aspecto, estaba igual o más cansado que yo.

Reclinó la cabeza sobre el cojín que estaba al lado del mío y bostezo.

-Ojalá pudiera descansar un minuto.

Cerró los ojos. Yo también dejé que los míos se cerrarán.

Pobre Harry. Pobre Sue. Sabía que Charlie estaría con ellos. Era uno de sus mejores amigos. A pesar del pesimismo de Jacob, deseé fervientemente que Harry lo superara. Por el bien de Charlie. Por Sue, por Leah, por Seth.

El sofá de Billy estaba al lado del radiador, así que ahora me sentía caliente a pesar de mis ropas empapadas. Me dolía la garganta de un modo insoportable. Mi desahogo emocional me había dejado exhausta mentalmente, provocando que comenzara a caer en la inconsciencia. Me pregunte vagamente si echarme una siesta sería una mala idea. Jacob comenzó a roncar suavemente y me arrulló como si fuera una nana. Me quedé dormida enseguida.

Disfruté de un sueño normal por primera vez en mucho tiempo. Solo efectué un vagabundeo difuso por los viejos recuerdos: cegadoras visiones brillantes del sol de Phoenix, el rostro de mi madre, una destartalada casita en un árbol, un edredón usado, una pared de espejos, una llama en el agua negra… iba olvidando una conforme pasaba la siguiente, las olvidé todas…

… Salvo la última, que quedó grabada en mi mente. No tenía sentido, solo era un decorado en un escenario consistente en un balcón con una luna pintada colgada del cielo. Vi a la chica vestida con un camisón inclinarse sobre la baranda y hablar consigo misma.

Carecía de sentido, pero Julieta se hallaba en mi mente cuando fui despertando poco a poco.

Jacob se había deslizado hasta quedar tumbado en el suelo, donde seguía durmiendo. Su respiración se había vuelto profunda y regular. La casa estaba ahora más oscura que antes y al otro lado de la ventana se veía todo negro. Me sentía rígida, pero caliente y casi seca. La garganta me dolía cada vez que respiraba.

Iba a tener que levantarme, al menos para tomar algo, pero mi cuerpo solo quería quedarse ahí, relajado, y no moverse nunca.

En vez de moverme, pensé en Julieta un poco más.

Me pregunte qué habría hecho si Romeo la hubiera dejado, no a causa del destierro, sino por desinterés ¿Qué habría ocurrido si Rosalía le hubiera dado un día de tiempo y él hubiera cambiado de opinión? ¿Y qué hubiera pasado si, en vez de casarse con Julieta, se hubiera desaparecido?

Me parecía saber cómo se habría sentido Julieta. Ella no habría vuelto a su vida anterior, seguro que no. Yo estaba convencida de que nunca se habría ido a otro lugar. Incluso si hubiera llegado a vivir hasta ser una anciana de pelo gris, cada vez que hubiera cerrado los ojos, habría visto el rostro de Romeo. Y ella lo habría aceptado, finalmente.

Me pregunté si al final se habría casado con Paris, solo para complacer a sus padres y mantener la paz. No, probablemente no, decidí, pero de todos modos, la historia dice poco de Paris. Era un simple monigote, un cero a la izquierda, una amenaza, un ultimátum para forzar la mano a Julieta.

¿Y qué pasaría si se supiera más sobre Paris? ¿Qué sucedería si Paris hubiera sido amigo de Julieta? ¿Su mejor amigo? ¿Qué habría ocurrido si él fuera la única persona en la que pudiera confiar la devastación causada por Romeo, la única persona que realmente la comprendiera y la hiciera sentirse nuevamente medio humana? ¿Y si él era paciente y amable? ¿Y si cuidara de ella? ¿Qué sucedería si Julieta supiera que no podría sobrevivir sin él? ¿Qué pasaría si él realmente la amara y deseara que ella fuera feliz?

¿Y si ella quisiera a Paris? No como a Romeo, al menos al principio, pero si lo suficiente para que ella deseara que él también fuera feliz.

En la habitación no se oía otro sonido que la respiración cadenciosa y profunda de Jacob, como la nana que se canta en voz baja a un niño, como el vaivén de una mecedora, como el tictac de un viejo reloj cuando no se tiene porque ir a ninguna parte… Era un sonido reconfortante.

Si Romeo se hubiera ido realmente para no volver, ¿qué importaba si Julieta aceptaba o no la oferta de Paris? Quizá ella hubiera intentado conformarse con los restos que le quedaran de su vida anterior. Tal vez esta fuese la última oportunidad que le daba el destino para que intentara volver a ser feliz.

Suspiré, y después gruñí cuando el suspiro arañó mi garganta. Estaba dando demasiada importancia a la historia.

Cerré los ojos y me dejé ir de nuevo. Permití a mi mente que vagara lejos de esa estúpida obra de teatro en la que no quería volver a pensar, y en vez de eso regresé a la realidad para cavilar sobre el necio error sobre las motos y mi comportamiento alocado a lo Evel Knievel ¿Qué habría ocurrido de haberme pasado algo malo? ¿Qué habría supuesto para Charlie? El repentino ataque al corazón de Harry me había puesto las cosas en perspectiva. Una perspectiva que yo no quería afrontar porque significaba que tenía que cambiar mis costumbres ¿Podría vivir así?

Tal vez, no iba a ser fácil, pero quizá debería hacerlo. Incluso podría llegar a conseguirlo. Siempre y cuando tuviera a Jacob conmigo.

No podía tomar esa decisión justo en ese momento. Tendría que pensar en otra cosa.

Recordé la llama de color sobre las aguas con un cierto sentimiento de familiaridad. Desde luego, no podía ser fuego de verdad…

El chapoteo de un coche en la carretera enlodada cortó el hilo de mis pensamientos. Oí como frenaba delante de la casa y también el estrepito de puertas que se abrían y cerraban. Pensé que debía sentarme y después decidí dejar pasar esa idea.

Era fácil identificar la voz de Billy, aunque habló en voz baja, algo poco habitual en él, por lo que quedó reducida a un gruñido grave.

Se abrió la puerta y alguien encendió la luz. Parpadeé momentáneamente cegada. Jake se despertó sobresaltado, jadeando mientras se incorporaba de un salto.

-Lo siento -refunfuñó -¿Los hemos despertado?

Mis ojos enfocaron lentamente su rostro y después, cuando pude interpretar su expresión, se llenaron de lágrimas.

-¡Oh, no, Billy! -gemí.

El aludido asintió con gesto lento. Tenía el rostro endurecido por la pena. Jake se acercó presuroso a su padre y le tomó la mano. La pena le rejuveneció hasta darle a su rostro un aspecto repentinamente aniñado, lo cual resultaba una extraña culminación para su cuerpo de hombre.

Sam se hallaba detrás de Billy. Empujó la silla para que cruzara la puerta. La angustia había reemplazado a la habitual compostura de su cara.

-Cuanto lo siento -murmuré.

Billy asintió.

-Va a ser muy duro para todos.

-¿Dónde está Charlie?

-Tu padre se ha quedado con Sue en el hospital. Hay una gran cantidad… de disposiciones que tomar.

Tragué con dificultad.

-Será mejor que vuelva allí -murmuró Sam entre dientes, luego salió precipitadamente por la puerta.

Billy retiró su mano de la de Jacob y después atravesó la habitación en dirección a la cocina.

Jake lo miró un minuto y después vino a sentarse en el suelo, a mi lado. Ocultó el rostro entre las manos. Le acaricié el hombro, deseando que se me ocurriera algo que pudiera decirle.

Después de un buen rato, Jacob me tomó la mano y la sostuvo contra su cara.

-¿Qué tal estás? ¿Te sientes mejor? Probablemente debí haberte dejado directamente en tu casa -suspiró.

-No te preocupes por mí -solté con voz ronca.

Giró el rostro para mirarme. Sus ojos estaban ribeteados de rojo.

-No tienes muy buen aspecto.

-Supongo que tampoco me encuentro demasiado bien.

-Iré a buscar tu coche para llevarte a casa; deberías estar allí cuando Charlie regrese.

-De acuerdo.

Evel Knievel:

Piloto de motos de conducción temeraria que entró en el libro Guinness de los récords por el número de huesos rotos.