Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 10: Mi preocupación]

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Ume se despertaba todos los días a las 6 de la mañana. Se vestía y se preparaba para las tareas que una gran casa como aquella requería. Comenzaba siempre lavando ropa y dejándola tendida, era importante frotarla bien, las manchas de sangre no salían fácilmente. Continuaba barriendo el jardín y después limpiaba con esmero las losas del onsen, ese era uno de los lugares favoritos de su señora, y lo sabía. Lo dejaba listo para la noche, para su regreso, sabía que aunque volviese en la madrugada siempre se daba un buen baño. Se quedaba allí horas, perdida en sus pensamientos.

Después preparaba el desayuno, sopa de miso, arroz, encurtidos y pescado, a veces también un huevo. Si hacía buen día reparaba partes del suelo o del techado, si no se dedicaba a la limpieza intensiva, afilaba cuchillos, frotaba las fundas de las katanas, dejaba listos los cargadores de las pistolas.

Limpiaba la sala de entrenamiento, pulía la madera de los pasillos, sacudía el polvo de los tatamis. Ciertamente, estaba muy ocupada.

Esa mañana tampoco era una excepción, el sol aún no había aparecido en el horizonte cuando se puso en pie y alistó su yukata. Se abrigó con un haori de invierno, acolchado y calentito para combatir el frío de las primeras horas.

Caminó por el largo pasillo que comunicaba su habitación con el jardín y, posteriormente, con las habitaciones de su señora. Arrugó el entrecejo al encontrarse los grandes portones de madera que daban acceso al exterior abiertos de par en par, ella los había cerrado cuando se fue a dormir, estaba segura. Un extraño presentimiento le agarró el pecho, corrió hacia las puertas y se asomó al jardín.

— ¡Señorita! — exclamó ante la visión de su joven señora completamente atontada, ida, en mitad del gigantesco espacio, muy quieta.

La escarcha invernal cubría la fina hierba al igual que las piedras y los árboles, incluso hubiera podido asegurar que también empapaba a su señora.

— ¿Que está haciendo aquí así vestida? — preguntó tiritando, acercándose a ella, dándose cuenta de su pálido rostro, de sus mejillas congeladas y sus labios resecos. Su señora llevaba el mismo vestido que el día anterior, la miró extrañada, jamás se había comportado de esa forma — Vayamos dentro, si sigue aquí va a enfermar — dijo agarrando su mano y comenzando a arrastrarla hacia el interior, y sorprendentemente la mujer se dejó llevar, como si fuese una niña perdida.

Demasiado frágil, demasiado sumisa. Ume se dio cuenta de que algo no iba bien. La condujo hasta sus habitaciones e inmediatamente la tapó con el cobertor del futon, pero ella siquiera la miró, parecía completamente fuera de sí.

— Señorita, ¿ocurrió algo? — preguntó de nuevo, y fue entonces cuando se percató del cuadro que había enviado el sensei Maruo, lo observó asombrada antes de dar un par de pasos en su dirección — Es exactamente igual que su tatuaje...

Y entonces la mujer reaccionó, levantó la mirada y se sacó de encima el cobertor del futon, caminó hasta el cuadro lo alzó con ambas manos y lo volteó, poniéndolo contra la pared.

— No quiero verlo.

— ¿Qué?¿porqué dice eso?

— Me está mirando.

— Pero….

— Me miró — se llevó ambas manos al rostro — no debí hacerlo, no debí ir. Les puse en peligro a todos.

— I-iré a buscar al médico — dijo la sirvienta preocupada dando un paso hacia atrás.

— No puedo hacer nada, todo está perdido, yo...he fracasado — dijo de nuevo la mujer morena, al borde de las lágrimas — no pude proteger...a mi familia.

— ¡Señorita!

Ume no lo soportó más, no entendía lo que pasaba por su cabeza pero sabía que estaba sufriendo por algo que jamás le contaría, otro de sus muchos secretos. Cometió una osadía, se lanzó contra ella y la abrazó, la estrechó entre sus frágiles brazos como había soñado hacer en un millón de ocasiones. Sintió su suave pelo negro rozando su rostro, sus pechos contra los suyos, su piel helada envuelta por su calor.

— ¿Ume?

— ¡Yo soy su familia! usted es...es…— se sonrojó hasta la raíz del cabello — ...es la única persona a la que yo…

No le salían las palabras, simplemente no podía decirlo, era demasiado bochornoso. Apretó más el abrazo que ejercía sobre su figura, la mujer más letal de Japón, esa mujer que a ella no le daba ningún miedo, cuando de pronto sintió la calidez de su mano apoyarse suavemente en su cabeza, levantó la mirada y se encontró con esos precioso ojos marrones que tanto adoraba.

— Gracias, Ume — dijo mientras sonreía, ¡sonreía!. Ume la miró asombrada, impresionada por aquel gesto, por lo increíblemente hermosa que se veía, pero la sonrisa apenas duró unos segundos en sus labios antes de evaporarse.

La mujer se deshizo del abrazo y la joven sirvienta sintió la separación como un dolor real.

— Debo entrenar, tengo trabajo.

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Ranma consultó el reloj de la habitación, nervioso. Habían pasado más de tres horas desde que Akane se fue, aunque no era para tanto, al fin y al cabo algunas veces no había regresado hasta la madrugada.

— Terca cabezota — masculló apretando los dientes, bueno, no es como si se fuese a meter en problemas o algo así, ella era fuerte. No en balde había logrado llegar hasta las clasificatorias femeninas del campeonato, no querría estar en el pellejo de aquel que se atreviera a meterse con ella.

De repente una extraña imagen mental se formó en su cabeza, Akane paseando sola por las calles cuando un par de chicos la invitan al karaoke, y ella, despechada, no duda en ir a divertirse con los desconocidos.

Sonrió para sus adentros. No, claro que no, eso sí que era imposible.

Akane no era femenina, seguro que los asustaría con sus secas contestaciones y sus miradas hoscas, seguro…

Tragó saliva cuando el recuerdo de sus blancas piernas y sus ojos brillantes le golpeó con saña, un tic nervioso apareció de repente en uno de sus párpados. No lo soportaba más, se puso en pie y salió a buscarla.

Paseó a desgana por aquella ciudad desconocida, Fukuoka era un destino claramente turístico, llena de viejas casas de siglos pasados que contrastaban con los grandes rascacielos de la superficies comerciales. Pasó delante de un apretujado cementerio, que surgía de la nada en mitad de una callejuela. Se perdió sin rumbo, llegó hasta un pequeño parquecito y se sentó en un banco emitiendo un leve quejido, le dolían las heridas.

— ¿Pero dónde demonios te has metido? — la noche era cerrada, sin estrellas ni luna, el cielo oscuro se veía aún más terrible apelmazado de todas esas nubes, que como sombras acechantes se cernían sobre su cabeza.

Empezaba a hacer frío. El chico de la trenza se estremeció, tal vez Akane ya había regresado al hotel, tal vez se había tranquilizado un poco.

Con esa esperanza volvió a ponerse en pie y caminó de regreso, caminaba cada vez más deprisa, inquieto, de pronto comenzó a correr. Se sujetó el costado, le dolía terriblemente.

¿Qué era esa angustia palpitante que sentía en la garganta?¿esa horrible sensación de que algo iba mal?

"Akane" pensó mientras entraba en el alojamiento, "por favor" rogó en su interior a la vez que abría la puerta "dime que estás bien", prendió la luz "dime que estás aquí".

A su muda súplica sólo respondió el silencio del lugar vacío, tal y como lo había dejado horas antes de salir en su busca. Sus ojos se quedaron secos, su corazón dio un vuelco. No había regresado. Se giró feroz y dio un portazo.

No iba a rendirse tan fácilmente, "cuando te encuentre..." se prometió agarrándose el pecho "...cuando dé contigo, te lo haré pagar".

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Ranma se desperezó en su cuerpo femenino. Estaba cansado de permanecer siendo mujer.

Se vistió el yukata de trabajo y salió camino a la cocina, dispuesto a preparar el desayuno. Se vio invadido por el optimismo, lo sabía, hoy era el día, hoy averiguaría algo.

Encendió los fuegos y comenzó a calentar el agua para la sopa de miso, también alistó el horno para el pescado.

Comenzó a sacar vajilla cuando Ume apareció tras ella, con expresión distraída se puso a limpiar unas cuantas tazas.

La miró extrañado antes de aclararse la garganta.

— Ume, estaba pensando que quizás esta casa tiene demasiado trabajo para nosotras dos, ¿no hay más chicas que ayuden con estas cosas? — preguntó a conciencia y la joven, que normalmente se mostraba esquiva a las explicaciones contestó automáticamente.

— Si las hay, pero ninguna quiere estar aquí.

— ¿Qué?¿por qué?¿y dónde están?

— Se ocupan de servir en otras casas, prefieren no mezclarse con la señorita, temen...ser castigadas por su culpa.

— La "señorita" debe de ser una mujer terrible — dijo sin contenerse, ante lo que Ume reaccionó de golpe.

— ¡No! ella es buena, aunque se dedique a…— pareció pensarse dos veces lo que estaba a punto de decir — ...es sólo que no la entienden, nada más.

— ¿Y tu sí la entiendes? — replicó de nuevo Ranma, ante lo que la joven no pudo evitar que sus mejillas se encendiesen tanto como el cabello de la pelirroja.

— Y-Yo… — balbuceó inútilmente antes de bajar la mirada y continuar con su tarea.

— Tu… — Ranma la miró suspicaz, comprendiendo de golpe — ...tu la amas.

Las manos de Ume comenzaron a temblar, hasta el punto de dejar caer la taza que tenía agarrada, provocando que se precipitase contra el suelo rompiéndose en pedacitos.

Miró a la pelirroja llena de pavor, perdiendo de golpe todo el color que bañaba su rostro.

— ¿C-como te atreves?

Pero la chica de la trenza no le hizo ningún caso, en su lugar se agachó y comenzó a recoger uno a uno los fragmentos de la taza rota, posándolos con cuidado sobre un trapo.

— No es para tanto.

Ume la contempló un segundo antes de agacharse a su lado, aun temblorosa y sintiéndose descubierta.

— Ella mató a mis padres.

Ranma dejó de recoger la taza y la contempló grave, entreabrió los labios estupefacto.

— ¿Qué?

— Ella… — enterró el rostro entre sus manos — ...los mató a los dos.

— Pero, ¿cómo?

— Eso me convierte en una persona horrible, ¿no es así? — dijo levantando la vista, con sus ojos negros llenos de lágrimas.

— Ume…

Y entonces comenzó a hablar, como si todo aquello llevase demasiado tiempo dentro de ella, como si hubiese estado esperando la sinceridad de la pelirroja media vida. Ranma la escuchó atentamente, sin perder una sola palabra, mientras el agua burbujeaba imperiosa en los fogones.

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Una noche más Mako cenaba sola. Estaba tristemente acostumbrada a aquella situación, cuando llegó a su casa del instituto sólo encontró una nota sobre la mesa de la cocina.

"No nos esperes".

De nuevo sus padres habían vuelto a largarse sin decir palabra, apenas acababa de cumplir 12 años, ¿que se habían pensado?. A todas luces aquello no eras más que otra de las muchas muestras de irresponsabilidad de sus progenitores.

Encendió la luz del salón, afortunadamente sus padres no lo habían hecho todo mal. Vivía en una lujosa mansión en uno de los barrios más ricos de la ciudad de Tokio. A diferencia de sus compañeros de clase ella podía tener cualquier cosa que se le antojara.

Poseía todo lo que se podía comprar con dinero: ropa de marca, joyas caras, el mejor móvil del mercado…lo tenía todo, menos lo que más ansiaba.

Poco a poco, aquella terrible soledad había conseguido hacer mella en su corazón, comenzando a despreciar a su compañeras, incluso a gastarles bromas pesadas. Sonrió cuando pensó en aquella estudiante nueva a la que había rajado la cartera, sí, eso siempre le ponía de buen humor.

Su sonrisa se amplió cuando imaginó que tipo de broma le haría al día siguiente, ¿tirarle pintura quizás?¿echarle tinta sobre los cuadernos?. Tomó el teléfono distraída y marcó uno de los número de la memoria, aquella noche le apetecía comida china.

— Neko-han-ten, ¿que desear? — respondió la voz de una mujer, cuando de pronto se cortó la línea. Despreció el aparato tirándolo contra uno de los sofás, fastidiada.

— ¡Perfecto! — exclamó llena de frustración, se moría de hambre y por supuesto que no tenía intención de cocinar, como si ella supiese hacer tal cosa.

Caminó de vuelta a la cocina con la esperanza de encontrar algo en la nevera, cuando las luces se apagaron. Se giró asustada, de repente un extraño pensamiento acudió a su mente, no estaba sola.

— ¿Q-quién anda ahí? — dijo retrocediendo, chocando contra una de las paredes — ¡si vienes a robar es inútil, las joyas de mamá están en una caja fuerte y no sé la combinación!

— Te han vendido.

Una aterciopelada voz femenina resonó en algún lugar de la habitación, Mako se giró aterrada, buscando a su propietaria.

— ¿Quién eres?¿qué es lo que quieres?

— Tus padres tenían demasiadas deudas, ni siquiera vendiendo todas sus propiedades podían saldarlas, así que te han vendido también a ti.

— ¿Qué?

Como un ser de ultratumba, un espectro fantasmal, la figura de una mujer emergió de entre las sombras. Su pelo negro y lacio caía suelto, vestía un abrigo negro, largo hasta los pies.

— Pidieron préstamo tras préstamo para intentar mantener su nivel de vida, y con el último pensaban largarse a Estados Unidos y seguir estafando a más prestamistas, al final resultó que hasta su propia hija era prescindible con tal de continuar viviendo así. Pero dieron con el tipo equivocado…

— ¿D-dónde están papá y mamá?¿que les has hecho?

— Él es un político importante, su familia pertenece a las altas esferas, alguien que no duda en quitarse de en medio a la gente como ellos. Un hombre asqueroso al que le encantan las niñas.

Mako miró a la mujer con los ojos desorbitados, y fue entonces cuando se percató de que en su mano derecha portaba una pistola. Gritó mientras las lágrimas rodaban por su rostro, se dio la vuelta y comenzó a correr por el pasillo.

— ¡Mamá!¡Papá!¡por favor, que alguien me ayude!

No veía por donde iba, no veía nada en la oscuridad, corrió desesperada hasta que tropezó con algo, cayó de cabeza sobre el duro suelo, y sólo mientras intentaba incorporarse para seguir huyendo se dio cuenta que estaba tumbada sobre un líquido caliente, pegajoso. Levantó sus manos temblorosas, solo vio la sangre manchando su uniforme escolar, empapando sus piernas.

Miró sobre su hombro para descubrir el cuerpo de su madre.

— ¿Mamá?¡MAMA! — gritó abalanzándose sobre ella, zarandeando su aún caliente cadáver, tarde se dio cuenta del horrible agujero que tenía en su sien — ¡No!¡NO!¡mamá!

La delgada figura de la mujer del abrigo se plantó a medio metro de ella, observándola inescrutable.

— Te violará — dijo lentamente — quizás durante días, y después te matará, enterrará tus huesos tan profundo que nadie te encontrará jamás.

— Que...que vas a hacer conmigo… — dijo temblorosa desde el suelo, cubierta con la sangre de su madre.

— Tengo órdenes de llevarte con vida, pero…— pareció dudar durante un segundo, amartilló su pistola — ...también puedo decir que te resististe y acabar aquí con esto.

— No, por favor, no me mates — suplicó mientras las lágrimas limpiaban las manchas de sus mejillas, dándole un aspecto grotesco — ten compasión.

— Esto es compasión — contestó la asesina apretando la mandíbula.

— Tiene que haber otra solución…por favor — pero ella alzó la pistola lentamente, apuntándole directamente al cráneo — ¡quiero vivir! — exclamó Mako antes de bajar la cabeza, mientras las lágrimas se colaban en su boca en un increíble gesto de desesperanza — yo...quiero vivir.

La mujer bajó ligeramente el cañón mientras escuchaba sus quejidos.

— ¿Aún a pesar de ser condenada a una existencia miserable?¿aún a pesar de no volver a ser tu propia dueña?¿aún a pesar de eso, quieres vivir?

— ¡Si!

Terminó de bajar el arma por completo y la miró colérica, perdiendo la aparente frialdad que había mantenido hasta el momento.

— No sabes lo que estás diciendo.

— Por favor, no me lleves con ese hombre.

— No lo haré, pero tampoco puedo dejarte ir.

— ¿Que pasará entonces? — preguntó aún con las lágrimas corriendo por su rostro, con la respiración agitada.

— Ahora tu vida me pertenece.

Mako la miró confusa.

— Eres mía, ahora eres mi flor.

— ¿Flor?

— Sólo hay lugar para flores en el jardín de los muertos.

— No entiendo nada — dijo temblando — ¡no se de que estás hablando!

— Elige un nuevo nombre — le ordenó la asesina — una flor, si quieres vivir olvida tu pasado y ven conmigo.

— P-pero…

— ¿Acaso no he hablado claro? ¡elige un nuevo nombre!.

La niña miró a la mujer que tenía ante sí, terrible e implacable, tragó saliva y comenzó a incorporarse. Se puso en pie mientras sentía cómo sus rodillas temblaban de pánico. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, llevándose consigo restos de sangre.

— Antes de ser ricos vivíamos en un pequeño piso, papá trabajaba todo el día y no teníamos mucho dinero. No recuerdo casi nada de esa época, pero…justo debajo de nuestra casa había un parque lleno de ciruelos.

— Ciruelos… — repitió la mujer — ...entonces serás Ume, la flor del ciruelo que nace en invierno.

— Ume — murmuró temblorosa, sintió cómo el abrigo de la mujer le caía sobre la cabeza, la miró asustada, sin entender sus intenciones.

— Póntelo, llamas la atención con ese uniforme lleno de sangre, tenemos que salir de aquí.

— ¿A dónde vamos?

— Y no preguntes — le dio la espalda, enfundando el arma en un cincho ajustado a su pecho, justo bajo su brazo izquierdo. Vestía completamente de negro, con unas ligeras botas militares y un mono ajustado de cuerpo entero, dejando tan sólo al descubierto sus finos brazos.

Caminó deprisa, como si conociera la casa mucho mejor que cualquiera de sus habitantes, Mako le dirigió una última mirada al cuerpo inerte del pasillo.

— Adiós mamá — dijo con voz queda antes de seguirla.

La asesina llegó hasta el jardín, puso un pie en el suave y cuidado césped y volteó la cabeza para comprobar que la chica la seguía. Mako se había puesto el abrigo, demasiado conmocionada para desobedecer.

— Vamos. — ordenó comenzando a avanzar.

— Un momento, ¿cómo he de llamarte… — los ojos marrones de la mujer la atravesaron tan rápidos como las balas, la estudiante casi se atragantó con su propia saliva — ...señora? — terminó temiendo haber cometido una grave falta de respeto.

Le dio de nuevo la espalda, la mortecina luz del alumbrado público se colaba entre las rejas del jardín, iluminando tan solo una parte de su perfil.

Una fuerte racha de viento revolvió sus cabellos y Mako no pudo evitar fijarse en los hermosos dibujos de tinta que recorrían parte de su brazo derecho, eran flores sin terminar, con algunos pétalos parcialmente coloreados y otros simplemente en blanco, como su piel.

El viento soplaba más y más fuerte, la mujer se guardó uno de los mechones de su revuelto pelo negro detrás de una oreja y la chica notó cómo se le aceleraba el corazón al observar aquella imagen.

La implacable asesina que había terminado con su vida tal y como la conocía, que había matado a sus padres, la preciosa y triste figura que se alzaba orgullosa en mitad de la noche. Firme, en tensión.

Nunca había contemplado nada igual, y estaba segura que aquel fue el momento en el que comprendió por qué se dedicaba a torturar a sus compañeras de clase con tanto empeño. Fue consciente de sí misma por primera vez. En ese mismo instante comenzó a enamorarse.

— Me llaman Kiku — dijo serena — Yo soy el Crisantemo.

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Aclaraciones:

Hana: en japonés significa literalmente "flor".

Ume: es el nombre que recibe la flor de ciruelo, florece en pleno invierno.

Kiku: en japonés significa crisantemo.

¡Hola de nuevo!

Nuevo capítulo listo, poco a poco nos vamos acercando al pasado y se van esclareciendo algunas cosas...¡pero aún queda!. No me cansaré nunca de repetir lo sumamente agradecida que estoy a todos vosotros, los lectores por darle una oportunidad esta historia tan dramática. Lo cierto es que siempre pensé que no gozaría de demasiada acogida por eso mismo, demasiado drama...pero es que yo adoro el drama, jajaja.

Muchas gracias por vuestro apoyo.

Gracias a Nodokita por sus correcciones que me hacen mejorar día a día.

Y ahora contestando reviews brevemente (¡hoy estoy sin apenas tiempo!perdón): Isakura Tendo (sí, lo que pasó entre los dos fue terrible, el uno por el otro son capaces de cualquier cosa y eso es a la vez su mayor fuerza y debilidad), xandryx81 (oh dios mío, ¡no sabes lo que reí con tu review!jajaja, las 6 de la mañana no son horas de estar despierta, mil gracias por leer ;)), susyakane (gracias por tus comentarios, lo que siente Akane es muy importante en esa escena), yram1 (sí, se aman hasta el punto de la estupidez...son tan tiernos), Ikane (Ranma perdió sí...pero eso casi quedó en un segundo plano con lo que ocurrió después U_U), DaniJIE (a partir de ahora lo que hay es mucha tensión...casi insoportable para mis nervios, había leído sobre esos yakuza, son una gran organización), lolita (efectivamente, se enfadó porque ella estuvo en peligro, así es nuestro Ranma, será por eso que se hace querer, jajaja), Chiqui09 (gracias por tus palabras), Dulcecito311 (vaya que me has dejado una review poética y muy buen resumen de la trama, gracias), Akane Tsukino (te mando un beso grande), Jorgy (Jajaja, siempre piensas demasiado, pero eso es bueno porque indica que el fic te hace reflexionar al respecto, a veces las cosas son más sencillas de lo que parecen. Y sí, el enfoque de Satoshi sobre Akane es crucial en la trama, yo también me canso de que nunca la tengan en cuenta..) y kykio4 (muchas gracias por tus palabras, seguiré esforzándome en escribir).

De nuevo muchas gracias, la semana que viene más ;).

Lum.