«Parte 02»
Me quedé tumbada, apática, en el sofá mientras le esperaba. Billy permanecía en silencio en la otra habitación. Me sentía como una mirona que escudriñaba una pena privada y ajena.
Jacob no necesitó mucho tiempo para traer mi coche. El rugido del motor rompió el silencio antes de lo esperado. Me ayudó a levantarme del sofá sin decir una palabra, manteniendo su brazo alrededor de mis hombros mientras el aire frío del exterior me hacía temblar. Se acomodó en el asiento del conductor sin preguntarme y a continuación me empujó hacia su lado para mantener su brazo apretado a mi . Dejé caer la cabeza sobre su pecho.
–¿Cómo vas a volver a casa? –le pregunté.
–Es que no voy a volver. Todavía no hemos atrapado a la chupasangre, ¿recuerdas?
El estremecimiento que sentí no tuvo nada que ver con el frío. Después de un viaje tranquilo. El aire helado me había avivado. Me sentía alerta, con la mente trabajando deprisa y con intensidad.
¿Qué pasaría? ¿Cuál era la opción acertada?
Ahora era incapaz de concebir mi vida sin Jacob. Me encogía ante la idea de siquiera imaginarlo. De algún modo, él se había convertido en una parte esencial de mi supervivencia, pero dejar las cosas en su estado actual… eso era una crueldad, tal y como Mike me había echado en cara.
Recordé mi viejo deseo de que Jacob fuera mi hermano. Me daba cuenta ahora de que lo que quería realmente era tener derecho sobre él. La manera en la que él me abrazaba no parecía nada fraternal. Era agradable, demasiado, cálido, familiar y reconfortante. Seguro. Jacob era mi puerto seguro.
Podía reclamarlo como mío, si realmente lo quería.
Era consciente de que iba a tener que contárselo todo. No había otra forma de ser justa con él. Tendría que explicárselo bien para que supiera que yo no me estaba conformando, que le consideraba algo realmente bueno para mí. Él ya sabía que me sentía rota por dentro, (esa parte no le sorprendía), pero tenía que revelarle hasta qué punto era así, incluso habría de admitir mi locura y explicarle lo de las voces a Jake. Él tendría que saberlo todo antes de tomar una decisión.
Sin embargo, aunque yo reconocía esa necesidad, también era consciente de que él querría estar conmigo a pesar de todo, ni siquiera se detendría a considerarlo.
Tendría que comprometerme, entregar todo lo que quedaba de mí, cada pedazo roto. Era la única manera de ser justa con él. ¿Lo haría? ¿Podría hacerlo?
¿De verdad estaba tan mal que intentara hacer feliz a Jacob? Incluso si el amor que sentía por él no fuera tan intenso como el que sentía por Edward, ¿tan malo era?
Jacob detuvo el coche enfrente de mi casa, que estaba a oscuras, y apagó el motor; de pronto, reinó el silencio. Como tantas otras veces, él parecía estar en consonancia con mis pensamientos de ese momento.
Me abrazó y me estrechó contra su pecho, envolviéndome con su cuerpo. De nuevo, esto me hizo sentir bien. Era casi como ser otra vez una persona completa.
Creí que pensaba en Harry, pero entonces habló y su tono de voz era de disculpa.
–Perdona. Sé que mis sentimientos y los tuyos no son los mismos, Bella, pero te juro que no importa. Me alegro tanto de que te encuentres bien que tengo ganas de cantar, y eso, desde luego, es algo que a nadie le gustaría escuchar.
Se rio con su risa gutural en mi oído.
Mi respiración pareció lijar las paredes de mi garganta hasta excavar un agujero.
A pesar de su indiferencia y teniendo en cuenta las circunstancias, ¿no desearía Edward que yo fuera lo más feliz posible? ¿No le quedaría suficiente afecto como para querer esto para mi? Pensé que sería así. No, no me echaría en cara que le concediera a Jacob una parte del amor que él no quería. Después de todo, estaba segura de que él querría que siguiera con mi vida aunque él ya no siguiera a mi lado.
Jake presionó su mejilla cálida contra la parte superior de mi cabeza. Ahora era él el que se encontraba a mi lado, a pesar de todo.
Sabía sin lugar a dudas qué sucedería si ladeaba el rostro y presionaba mis labios contra su hombro desnudo… Sería muy fácil. No habría necesidad de explicaciones esta noche.
Pero, ¿sería capaz de hacerlo? ¿Podría traicionar a mi amado ausente para salvar mi patética vida?
Las mariposas asaltaron mi estómago mientras pensaba si volvía o no el rostro.
Entonces, con la misma claridad que si me hubiera puesto en riesgo inmediato, la voz aterciopelada de Edward me susurró al oído: "Se feliz".
Me quedé helada.
Jacob sintió cómo me ponía rígida, me soltó de forma automática y se volvió para abrir la puerta. Salí de mi sorpresa a tiempo para evitar que saliera del coche.
–Espera –susurré con voz ronca, mientras terminaba de comprender lo que la voz de Edward había dicho en mi cabeza.
"Se feliz". Sigue adelante. Comienza de nuevo, con Jacob.
Dos gigantescas y cálidas manos me tomaron por sorpresa al posarse a ambos lados de mi rostro, borrando los rastros de humedad de mis mejillas. En ese instante fui consciente de que estaba llorando.
–¿Qué sucede? –preguntó Jacob, al mismo tiempo que trasladaba una de sus manos hasta mi barbilla, obligándome así a mirarle. Sus ojos decían lo preocupado que estaba –¿Por qué lloras?
¿Cómo le explicaba? Temía seguir adelante sin Edward, que él volviese y me odiara por continuar sin él.
Pero él no volvería, él mismo me había dicho que retomara mi vida y yo debía seguir. Por Charlie. Por Renée. Y ahora también por Jacob. Él estaba aquí. Él estaría para mí, yo podría aprender a quererlo. No, yo ya lo quería, mucho.
–¿Bella? –la voz de Jacob me trajo de vuelta a la realidad. Él aún esperaba mi respuesta.
«¡Idiota!», me reprendí internamente. Dios, Jacob realmente me gustaba. ¿Tan malo era ceder y dejar que él terminara de sanar mi heridas?
Más lágrimas escaparon de mis ojos.
–Hey, ¿por qué lloras? –preguntó atrayéndome nuevamente a la seguridad de sus brazos, y yo no podía estar más agradecida en ese momento –¿Qué te tiene mal?
–Lo siento –dije luego de un momento, separándome un poco para observarlo a los ojos.
–¿Por qué te disculpas? –Se veía confundido.
Sorprendida, caí en la cuenta entonces de lo cerca que se encontraban nuestros rostros, solo nos separaban unos escasos centímetros.
Un abanico de sensaciones, que creí enterradas muy profundo dentro de mí, despertaron nuevamente tomándome de pies a cabeza y dejándome sin aliento.
No podía dejar de observar a Jacob sin repetirme mil veces que era más hermoso de lo que siempre había creído. Repase su rostro con la mirada tanto como pude. Su piel bronceada. Sus cejas pobladas. Sus ojos ligeramente hundidos. Sus pestañas larguísimas. Sus pómulos prominentes. Sus labios gruesos y carnosos…
Jacob también parecía haberse percatado de nuestra cercanía, ya que me evaluaba de la misma manera que yo a él.
El aire a nuestro alrededor se hizo más espeso. Nuestras respiraciones también se volvieron más pesadas.
Era completamente consciente de que el ambiente entre los dos estaba cambiando, así como sabía lo que ocurriría si seguíamos así. La pregunta era: ¿Estaba segura? ¿Quería esto?
–Bella… –susurró él, posando una de sus manos en mi nuca. Se mantuvo allí, esperando mi respuesta.
«Si». Ahora estaba segura al cien por cien de que París se hubiera convertido en un excelente compañero para Julieta si ella se lo hubiera permitido. Yo se lo permitiría.
Mis ojos debieron darle la respuesta, ya que comenzó a descender lentamente su rostro hacia el mío.
Un haz de luz nos dio de lleno en la espalda, tomándonos por sorpresa.
Me separe de Jacob al instante y él no pareció tener problema con eso.
El coche patrulla estacionó detrás de nosotros. Jacob y yo salimos del coche a la vez que Charlie salía del suyo. Este arrastraba los pies por la vía de acceso, con los ojos fijos en el suelo y los hombros caídos. Avancé para encontrarme con él; apenas me vio hasta que lo abracé por la cintura. Me devolvió el abrazo con fuerza.
–Cuanto siento lo de Harry, papá.
–Lo cierto es que le vamos a echar de menos –murmuró Charlie.
–¿Cómo lo lleva Sue?
–Parece aturdida, como si aún no fuera consciente de lo que ha pasado. Sam se ha quedado con ella… –el volumen de su voz iba y venía –. Esos pobres chicos. Leah es un año mayor que tú y Seth solo tiene catorce… –sacudió la cabeza.
Fue entonces que se percató de la figura a unos metros detrás de mi. Jacob, quien se había mantenido al margen y en silencio, se acercó a nosotros y colocó su mano en el hombro de Charlie, tal y como había hecho con su padre, dándole un ligero apretón. Charlie le sonrió tenuemente en agradecimiento.
–Será mejor que entre, tengo un largo día mañana. Debo hacer lo que pueda por la familia de Harry.
–Preparare la cena en un momento –le dije.
–Gracias, Bella.
Me dio un apretón antes de dirigirse dentro, seguramente al sofá.
–Será mejor que regrese, debes estar con Charlie ahora –dijo Jacob, rompiendo el silencio, una vez mi padre se perdió dentro de la casa.
–¿Iras a patrullar? –pregunté, ahora preocupada.
–Si.
–Por favor, ten cuidado –le pedí, casi implorando.
Me miró fijamente un momento antes de que una sonrisa se escabullera lentamente en su boca, esa boca que había estado a punto de besarme. Me arrastró a sus brazos nuevamente. ¿Diría algo sobre lo que estuvo a punto de suceder hace unos minutos?
–Buenas noches –susurró en mi oído, para luego depositar un casto beso en mi frente.
Sin más se giró y echó a correr en medio de la noche. Desapareció antes de que pudiese responderle.
–Hasta mañana…
