Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 11: Tu tristeza]

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Cuando Ume terminó de contar aquellos terribles acontecimientos Ranma se mantuvo unos segundo en completo silencio, no sabía que decir.

— ¿Y te trajo aquí?

— Sé que tuvo una fuerte discusión con Oyabun, no le debió resultar fácil.

— ¿Y aún a pesar de todo eso...piensas que es "buena"? ¡estamos trabajando para una asesina a sueldo! — susurró Ranma, con temor de ser escuchado, aún agachado en el suelo de la cocina.

— ¡No! ella no es algo tan vulgar como eso, es verdad que hace cosas horribles pero...jamás haría daño a alguien inocente.

— ¿Bromeas? ¡quería matarte!

— ¡Por compasión!, ella no quería traerme, no quería convertirme en otra "flor" pero no le quedó más remedio.

— ¿Qué es todo eso de las flores? ¿por eso no paras de llamarme "Hana"?

— Es una especie de tabú dentro del clan, aquí dentro viven hombres y mujeres poderosos de muy distintas clases, sólo ellos tienen derecho a poseer nombre. El resto somos "flores" de este jardín.

— ¿Y porqué yo no he elegido mi nombre?

— Eso es porque no eres nadie, sólo otra "Hana" más, todas las chicas que sirven en las casas se llaman así. Únicamente las que estamos bajo la protección de alguien poderoso tenemos derecho a elegir un nombre de flor.

— ¿Entonces la "señorita" es poderosa?

— Es la única flor que posee otra flor. Es la asesina más letal de todo Japón. Es el símbolo del clan, ella es…

— Entiendo — dijo Ranma dando un audible suspiro, eso complicaba las cosas. Si Akane estaba allí no sería fácil localizarla.

Ume se aclaró la garganta, recuperando poco a poco su habitual carácter.

— Ni pienses en decirle esto a nadie.

— No lo haré, puedes confiar en mí.

— No me entiendas mal, le estoy muy agradecida a la señorita, si no fuera por ella estaría muerta.

— Estás enamorada de la mujer que asesinó a tus padres y que te mantiene atrapada aquí, todo muy lógico.

— Todas estamos igual de atrapadas, ella es la primera. Creo que realmente le debió de pasar algo horrible para acabar en este lugar, creo...creo que está sufriendo mucho. — dijo recordando la extraña escena de apenas unas horas atrás.

— ¿Y que pasa con el chico rubio?

— ¿Quién?

— El que me trajo aquí, me dio una tarjeta…

— ¿Hablas de wakagashira? es el hijo de Oyabun y su mano derecha, es el segundo hombre más importante dentro del clan. Unas chicas mayores me contaron que Oyabun se enteró de la existencia del wakagashira cuando ya tenía ocho años, al parecer es el fruto de una relación prohibida con la mujer del jefe de un importante clan yakuza. En aquel entonces fue un gran escándalo y casi causa una guerra interna, aunque de eso hace más de veinte años.

— ¿Viene mucho por aquí? — se interesó de nuevo Ranma.

— A veces viene a ver a la señorita, él es legítimamente el dueño de su vida.

— ¿De su vida?

— Ella es su flor.

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— ¿No crees que tienes algo descuidado tu jardín? — el jefe del clan era un hombre severo, serio, pero sobre todo era implacable. Su semblante impenetrable, su pelo cano y su postura, sentado muy recto junto a su taza de té, bien podría dar el aspecto de un antiguo samurai, uno absolutamente leal a su señor.

El joven rubio le miró con suficiencia antes de sentarse sin ningún respeto sobre el tatami, cruzándose de piernas, esbozando una sonrisa diabólica.

— ¿Ahora te vas a preocupar de mis flores? ¿no tienes suficiente con todo lo que conlleva la reunión anual?

— Hablo de Kiku — dijo a la vez que daba un hondo suspiro.

— Acaba de salir del hospital, deberías dejarle un tiempo de reposo.

— No es su salud lo que me preocupa.

El rubio bostezó, aburrido.

— Ve al grano, "padre".

— Ha empezado a fallar, no está concentrada, últimamente se comporta de forma extraña.

— No todas las misiones son iguales.

— ¿La estás defendiendo, Satoshi? — le increpó.

— Ella está bien, se está recuperando, en un par de meses volverá a estar en forma.

— He visto esos síntomas otras veces, suelen ser el principio del fin antes de que…

— No va a traicionarnos.

— Eres demasiado joven Satoshi, demasiado para entender que el miedo no puede doblegar eternamente la voluntad humana. Vete haciendo a la idea, ella es tu responsabilidad así que tendrás que ser tú quien la "arranque".

Satoshi le dirigió una mirada colérica a su padre, tanto que más bien podía pasar por una advertencia.

— Ella es mía — le recordó a la vez que apretaba los dientes — no me digas lo que he de hacer.

El anciano se aclaró la garganta, intentando romper la tensión.

— Vas a tener que recordarle el motivo por el que se encuentra aquí, con nosotros, recuérdale que no hay vuelta atrás.

— ¿Y cómo pretendes que haga tal cosa? — se encogió de hombros desdeñoso, mirando a su padre como si estuviese loco.

— Su problema es que sigue pensando en su pasado, sigue atada a él. No se ha desvinculado por completo de sus recuerdos, en el fondo de su corazón guarda algún tipo de… esperanza. — concluyó asqueado, para él cualquier cosa mínimamente relacionada con los sentimientos era una pérdida de tiempo — Córtalo de raíz, ese lazo… destrúyelo.

Satoshi ladeó la cabeza, pensativo.

— No será fácil — dijo dubitativo — pero… puede que sea divertido. — sonrió de nuevo con todos los dientes, con una expresión que, más que felicidad, expresaba locura. Una locura que en algunas ocasiones llegaba a asustar a su propio padre.

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En mitad de la madrugada Ranma se movía nervioso dentro de la garita de policía. En aquel cubículo de apenas unos metros cuadrados estaba seguro de haber caminado más de tres kilómetros.

— Bueno, vamos a repasarlo de nuevo — dijo un policía joven, con cara de aburrimiento — según tu versión, la señorita Akane Tendô de 16 años de edad ha desaparecido hace exactamente 6 horas.

— Ya se lo he dicho, no es normal que no haya vuelto al hotel.

— ¿Tuviste una pelea?

— Sí.

— Entonces puede que simplemente esté dando un paseo, ¿no te parece?

— ¿Que está...? — sintió la cólera recorriendo todo su cuerpo, se paró frente al policía y dio un fortísimo golpe en la mesa — ¿Si pensase que puede estar paseando cree que estaría aquí?, ¡la he buscado por todas partes!

— Calma, calma — la conversación fue interrumpida por un hombre mayor, con expresión plácida pero seria, que vestía pantalón oscuro y camisa blanca con una corbata de tonos sobrios, sin señas de identificación policial — Deja que me presente, soy el detective Nogiwara.

Ranma le miró esquivo.

— Formalizaremos la denuncia y saldremos a buscar a esa chica, dime, ¿tienes una foto reciente?

— ¿Una...foto?

— ¿Cómo la encontraremos si no?

— Tengo una foto — dijo sacando la única imagen de Akane que conservaba, la fotografía que le acompañó a Jusenkyo.

— Bien, esto servirá. Ten paciencia, daremos con ella, pero por si acaso avisaremos al resto de su familia.

— Yo lo haré — se ofreció Ranma de forma firme — ella es mi prometida.

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Ume se inclinó con delicadeza, posando la bandeja de comida en las habitaciones de su señora.

La miró preocupada, debía de llevar horas así, absorta en las ramas de los árboles perfectamente podados que adornaban el jardín. Las observaba sentada desde su mesa baja, situada en mitad de la estancia de tatamis. Había abierto las puertas correderas que daban al jardín y mantenía la mirada en el mismo, en su estanque, en las hojas que de a ratos se desprendían de los árboles por la llegada del invierno.

Llevaba puesto un vestido negro cuyo largo caía por debajo de sus rodillas, de mangas largas y cuello vuelto, su pelo suelto sobre su espalda, sin adornos y pobremente peinado, dándole el aspecto de una hermosa y joven viuda.

— Dime Ume, ¿tu conoces la fábula de Izanagi e Izanami?

La chica dio un respingo, no esperaba que la mujer le dirigiese la palabra, siquiera de que fuese consciente de su presencia.

— ¿Habla de la historia de la creación de Japón?

— Sí, vi una vez que tenías un libro de mitología japonesa, debes conocerla.

— Así es señorita — dijo repentinamente tímida, enrojeciendo muy levemente al sentirse halagada de que la mujer se hubiese fijado en un detalle tan nimio como sus aficiones — la conozco.

— Cuéntamela — giró la cabeza lentamente para mirarla — por favor.

La chica se apresuró en llegar junto a ella, se sentó al otro lado de la mesa sin poder ocultar su nerviosismo, muy recta, mirando a su señora ilusionada por poder serle de ayuda. Su pecho se hinchó de dicha, apenas podía controlar el temblor de su garganta.

— En el principio de los tiempos existían dos dioses, Izanagi el hombre e Izanami la mujer. Ambos poseían una lanza con la que crearon el país de Japón y sus archipiélagos, sus bosques, su tierra y su mar. Fueron felices durante mucho tiempo, se amaron y dieron a luz a muchos hijos, tantos comos islas tienen nuestro país. Pero… Izanami murió repentinamente y eso hizo que Izanagi se volviese loco. — tomó aire, su señora seguía con la mirada perdida en el jardín — Tal fue su dolor por la muerte de su esposa que Izanagi decidió ir hasta donde a nadie le estaba permitido, ingresó en el Yomi, en el infierno. Después de mucho parecer y de días de búsqueda Izanagi dio con Izanami, y le pidió que volviese con él al mundo de los vivos, pero…ella le dijo que no, ahora pertenecía al Yomi y jamás podría salir de allí. Tras mucho insistir Izanagi consiguió que Izanami cediese y le acompañase a la salida, pero su mujer sólo le puso una condición: "no puedes mirar mi rostro hasta que no estemos afuera". Caminaron en silencio dados de la mano, pero la curiosidad de Izanagi al final fue más fuerte y se giró para mirar a su bella mujer...y en lugar de su hermoso rostro se encontró un esqueleto de cuencas vacías y sonrisa de muerto, una calavera llena de gusanos y cucarachas. Poseído por el miedo Izanagi gritó y huyó de ella, salió del Yomi y bloqueó la salida con una gran roca, separando para siempre ambos mundos. Izanami furiosa le juró venganza y mandó a todo su ejército de muertos tras él. En aquel momento se hicieron una promesa, Izanami traicionada y ultrajada juró matar mil personas al día, Izanagi entonces dijo que haría nacer a mil quinientas. Ambos amantes se juraron odio eterno y fue entonces cuando Izanami se convirtió en la propia muerte, la señora del infierno, condenada a perseguir a Izanagi por toda la eternidad.

Ume terminó su relato y miró a la mujer por el rabillo del ojo, se quedaron unos instantes en completo silencio.

— ¿Crees que será verdad? — dijo suavemente, apenas levantando los párpados.

— ¿Cómo dice?

— ¿Crees...que si me mira y ve lo que soy saldrá huyendo? ¿gritará y huirá de mí?

— ¿De que habla señorita? — dijo la sirvienta asustada, pensando que estaba comenzando a perder la cabeza.

— ¿Es que acaso no soy la reina de este infierno? ¿no soy yo la señora de los muertos?

Ume la miró turbada, y mucho más cuando por la mejilla de su señora rodó una lágrima, pura y cristalina. Jamás en todos aquellos años la había visto llorar, la observó como si se tratase de un extraño fenómeno atmosférico, asombrada y con un temor horrible creciendo en su interior.

Algo había cambiado, algo iba mal. Una pequeña voz en su cabeza comenzó a gritarle que ya nada sería como antes, que su vida tal y como la conocía habia terminado...otra vez. Tragó saliva y apartó la mirada mientras su señora seguía llorando, bien parecía que se había contenido durante demasiado tiempo, años quizás.

— Izanagi fue estúpido — interrumpió temblorosa — Izanami seguía siendo su mujer. No debió huir, ella se sintió dolida y traicionada porque en realidad...Izanami llevaba todo ese tiempo esperando que fuese a buscarla. En el fondo de su corazón deseaba que Izanagi la rescatara del infierno.

La mujer ocultó el rostro entre sus manos, sus hombros temblaban a la par que fracasaba miserablemente en reprimir los sollozos que escapaban de su garganta. Ume no pudo evitar que sus ojos también se empañasen en lágrimas de tristeza, de pura rabia.

Su corazón se encogió angustiado sabiendo que la fuente del dolor de su señora estaba muy lejos de ella, que sus fuerzas no bastarían para salvarla de la desesperanza.

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Satoshi tenía una visión del mundo distinta a todos los demás. No entendía de colores, de arte o de música, todo su universo estaba en blanco y negro.

Satoshi entendía de personas, las observaba pasear por la calle, mostrarse afecto de forma discreta. Las observaba cuando intentaban ser corteses o disculparse por una mala acción, pero sobre todo las observaba cuando se volvían mezquinas y ruines.

Sus ojos negros como la tinta pasaban por alto detalles que a otros les hubiese resultado importantes, como las ropas o los abalorios. Él sabía donde mirar, poseía el don de ver sus corazones, y cuanto más ponzoñosos, roídos por dentro, pegajosos de alquitrán más gustaba en arrancarles el alma.

Le encantaba su trabajo.

Le alimentaba de una forma que no lo hacía la comida o el aire, le daba un placer que jamás pudo encontrar en ninguna mujer, le proporcionaba una paz interior suprema.

Antes no era así, tal vez todo empezó cuando fue testigo de cómo su padre, el respetable jefe de un clan yakuza, le cortaba el cuello a su madre de un solo tajo, haciendo que su cabeza cayese al suelo como si fuese un simple pedazo de una verdura lista para el guiso.

Recordaba la sangre salpicando las paredes, recordaba las manchas en el suelo, recordaba la cabeza de su madre enredada en sus propios cabellos, aún con lágrimas en los ojos, mirándole atentamente en un eterno grito de terror.

"Eres un error, no eres hijo mío".

Eso también lo recordaba. Y su miedo a morir a manos de aquel que durante tantos años había llamado padre. No era más que un crío la primera vez que luchó por seguir con vida, aún así apenas lo consiguió.

Le dio una paliza, le partió huesos, le golpeó hasta que le encontraron escupiendo sangre en el suelo, hecho un ovillo de carne amoratada… y entonces acabó allí, con un nuevo "padre" que apenas le miraba, que desconocía completamente como tratar a un niño, menos a uno como él.

Y durante años intentó en vano ganarse su aprobación siendo el mejor en todo cuanto le demandaba, el más silencioso, el más veloz, el más inteligente. Estudió idiomas, pasó mucho tiempo entrenando en el extranjero…pero ni eso contentó a su "padre", el hombre severo de mirada hosca que tan sólo vivía para cumplir su deber, como un aburrido y anticuado samurai.

Eso eran, un clan con normas aburridas lleno de perros de presa, abogados cruentos, estrategas, servicios de inteligencia, personas especializadas en las más absurdas artes...y por supuesto asesinos. Había otros chicos que se dedicaban a lo mismo, pero tarde o temprano todos terminaban igual: muertos o locos. Tan sólo un puñado aguantaba lo suficiente para ganarse un nombre.

Su existencia vana se fue tornando cada vez más descolorida, oscura como sus ojos, hasta que la última chispa del niño que lloraba en su interior se apagó. Murió, desapareció entre la sangre y el sudor. Y los cielos se tornaron tristes, la sangre dejó de ser roja, la comida ya no tenía sabor… nada tuvo sentido hasta que la vio.

Todo era gris menos ella, a sus ojos rebosaba colores: sus labios eran carmín, su pelo emitía melodías azuladas y sus iris parecían miel fundida a la luz del sol. ¿Porqué era tan deslumbrante? ¿porqué no veía rastros de suciedad en su corazón?. Inocente, risueña, con la misma sonrisa que tenía su madre cuando le cantaba por las noches…

La observó desde lejos, la miró con una extraña codicia creciendo en sus entrañas. Y después lo entendió durante aquella pelea con el hombre que la guardaba con tanto celo. Tenía envidia de ese tipo, le envidió no porque ella estuviese a su lado, si no por cómo su presencia le convertía en alguien mejor, algo mucho más elevado de lo que él mismo soñaría.

Él también quiso eso, poder sentirse fuerte en la debilidad, alguien que le hiciese saber que existía en ese mundo, que era necesario para otra persona. Alguien que le mirara con amor.

Y qué frustrado, que vacío se sintió en su presencia, tanto que su ira burbujeó perpleja dispuesta a desplegar todo su potencial. Le hubiese matado, le habría dado muerte si no fuese por ella, por la pequeña mancha negra que atisbó en su, hasta el momento, inmaculado corazón. Y eso sólo le hizo codiciarla aún más, contemplando en sus ojos brillantes como espejos los suyos propios.

Sin duda ese fue su día de suerte, una verdadera casualidad que ella apareciese en el lugar adecuado, en el momento justo.

Sí, ella era su flor, su más valiosa posesión. Lo único que en realidad tenía, la única persona que le miraba a los ojos aunque fuese con odio exacerbado. El único ser humano que reconocía su existencia.

No dejaría que su "padre" la tocase, que la manchase como hizo con su madre. No dejaría que nadie la separase de él. Su hermoso crisantemo permanecería por siempre en su jardín.

Y si para eso debía de romper la promesa que le hizo...así sería. Satoshi caminó por la despoblada calle de la diminuta barriada de Tokio, necesitaba información. Debía acabar lo que empezó, debía quitar de en medio a Ranma Saotome.

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Aclaraciones:

Hana: en japonés significa literalmente "flor".

Ume: es el nombre que recibe la flor de ciruelo, florece en pleno invierno.

Kiku: en japonés significa crisantemo.

Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

¡Hola de nuevo!

¿Que tal os encontráis? espero de corazón que todos estéis pasando una feliz semana. En España llega el buen tiempo...¡y la semana santa! 4 días seguidos de vacaciones y comidas familiares, así que compatriotas disfrutad mucho y cuidado con el coche.

Hoy también estoy emocionada, estoy a una sola escena de acabar de escribir este fic, sé que con unas horas de completa dedicación estará terminado y eso me alegra aunque me entristece a un mismo tiempo...¡pero sobre todo me alegra!. Así que voy a comenzar a aumentar el ritmo de publicación, avisados quedáis.

Por cierto, en este capítulo se narra la historia de Izanagi e Izanami, he de decir que aunque hay pasajes que sí se ajustan a los de la leyenda japonesa me he vuelto a tomar libertades y he mezclado este mito con el griego del rapto de Perséfone. Solo un poquito XD.

Muchas gracias a todos por vuestras hermosas palabras, me emociona saber que hay personas que siguen tan atentamente esta historia. Gracias, gracias, gracias, siento que las palabras se me quedan cortas para expresar todo mi agradecimiento.

Contestando reviews: Jorgy (quieres muchas cosas y no se si podré complacerte, jajaja. Mil besos), xandryx (¡DUERME!, ¿tendré que actualizar en la tarde en España para no hacerte madrugar? ahora me haces sentir culpable XD), yram1 (No, en serio, ahora actualizaré en las noches...con lo lindo que es dormir seguido. Gracias por tus palabras.), Andry Saturn (gracias por darle una oportunidad, actualizo semanalmente pero voy a comenzar a ir más rápido), susyakane (sí, pobre Ume...ya veremos en que acaba todo esto), Dulcecito311 (la desaparición de Akane desde el punto de vista de Ranma fue LO PEOR de escribir, sufrí muchísimo con esas escenas), kykio4 (es una relación extraña, sí...en realidad en este fic creo que no hay ninguna normal.), Akane Tsukino (a partir del siguiente capítulo todo se vuelve muy intenso, gracias por tus palabras, espero ir resolviendo todas tus dudas poco a poco), Isakura Tendo (¡Gracias por recomendar mi fic! Lo de los nombres queda un poco más claro aquí. Sin la maldición de Ranma no podría haber hecho muchas de las cosas que aquí ocurren, así que la pelirroja si que tiene un papel muy importante. Y lo de pagar es tan "de él" que no creo que pensara de otra forma, resentido de forma egoísta por su ausencia, pensando que ella tiene la culpa...yo también creo que son sentimientos muy humanos), lolita (jajaja, gracias por leer, intentaré no tenerte tanto en ascuas), Chiqui09 (sí, Ume lo tiene bastante difícil. Gracias por leer).

Nos leemos en breve ;).

Lum