Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Capítulo 12: Mi muerte]

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— Chico, deberías comer algo — Ranma alzó su cara ojerosa con dificultad para observar al detective de policía que le había hablado.

— ¿Qué hora es?

— Las 12, apenas te has sentado cinco minutos.

— Debo irme — murmuró poniéndose de nuevo en pie.

— Déjanos a nosotros hacer el trabajo, deberías descansar — el hombre le miró apenado, el pobre chico no había dormido, de hecho no había dejado de correr en toda la noche, buscándola de forma obsesiva.

— Ella es mi prometida, la encontraré, siempre la encuentro — murmuró con ojos cansados pero decididos.

Nogiwara era un experimentado policía, había atendido más desapariciones de las que podía contar y sabía que los jóvenes solían aparecer en los lugares más inesperados. Eran impulsivos e irreflexivos, pero había algo en aquel chico que le escamaba, que le decía que no estaba ante un caso de una simple fuga. Estaba demasiado alterado, ni él mismo parecía haber caído en que sus manos temblaban cada vez que se quedaba quieto, en que sus pupilas no dejaban de inspeccionar cada rincón de cada lugar completamente coléricas.

— Como quieras — dijo encogiéndose de hombros, razonar en esas condiciones era inútil.

Ranma no medió palabra, simplemente salió de su estupor, se levantó de la silla que ocupaba dentro del pequeño cuartel de policía y volvió a echar a correr. Varios policías apenas unos años mayores que él le miraron impresionados, si estaba cansado en aquel momento no lo parecía en lo más mínimo.

Los pensamientos del chico de la trenza se volvían difusos por segundos, neblina en mitad de un mar tormentoso. No veía, no pensaba, tan sólo corría sin control, como si con aquello pudiese llegar a alguna parte, como si corriendo hasta el fin de sus fuerzas pudiese paliar la enorme brecha que se abría en su pecho.

Se estaba muriendo de preocupación, de forma real y poderosa. Se moría. Lo notaba, le abandonaban las fuerzas. Lo presentía en lo más hondo de su ser, algo le había ocurrido a Akane, a su prometida, su Akane, y él no estaba ahí para impedirlo, no estaba para protegerla.

Apretó los dientes antes de gritar una vez más su nombre y que sólo le respondiera el viento. Paró de correr un momento, no podía respirar. El sudor empapaba su frente y su espalda, apoyó las manos sobre las rodillas y sintió cómo todo su cuerpo temblaba.

El miedo se agarró voraz a su corazón, paralizándole por completo, estaba asustado, muerto de terror.

— Ah… — era incapaz de controlarlo, se desplomó en el suelo intentando tranquilizarse, recuperar la compostura, no podía, había dejado de ser el dueño de su cuerpo. Sin que pudiese hacer nada las lágrimas llegaron hasta sus ojos, se sorprendió a sí mismo descubriendo cuan desvalido se encontraba, lo débil que era sin su presencia.

Apretó los puños en un mudo gesto de brutal frustración, antes de estrellarlos contra el pavimento, abriendo grietas en el asfalto.

"¿Dónde estás?¿por qué no puedo verte?¿por qué te has alejado de mi?".

Sintió como sus dientes chasqueaban en su mandíbula apretada, cómo su corazón colapsaba por el dolor. Gritó desesperado, la necesitaba tanto que se volvería loco, sin duda lo haría, enloquecería sin Akane.

Se había convertido en un triste huérfano, aterrado hasta lo indescriptible. Todo aquello era una nefasta pesadilla.

Y así pasaron los días. Y cada hora se volvía más pesada, y cada minuto era una tortura, los segundos se convertían en preguntas sin respuesta y sus destrozados nervios apenas lo soportaban.

No entendía absolutamente nada.

Llegó a conocerse aquella ciudad de arriba a abajo, llegó al punto de que los vecinos y comerciantes le miraban con lástima, incluso a veces le ofrecían comida o descanso. Susurraban a sus espaldas palabras asquerosas, cargadas de la más oscura de las ponzoñas humanas. Y se convirtió en una sombra, un morador de aquellas calles silencioso y taciturno, ya no corría desesperado, tan solo vagaba a traspiés con un aspecto más lamentable a cada día que pasaba sin noticias de ella.

Akane estaba ahí, en algún lugar...sólo debía seguir buscándola, como hacía siempre.

Ese día al igual que tantos otros, regresó al anochecer a la pequeña garita de policía del distrito, que últimamente siempre permanecía llena de gente. La búsqueda se había vuelto más y más intensa y cada vez había más hombres dedicados al caso.

¿Cuántos días habían pasado?¿cinco?¿una semana, quizás?. No lo sabía, sólo entendía de cansancio y de dolor.

Pero entonces supo que algo había cambiado, cuando llegó hasta la puerta las luces continuaban prendidas, pero apenas se escuchaban voces. Nada, ese día nadie hablaba ni llamaba por teléfono, sólo había luz y un silencio sepulcral.

Corrió la puerta y se encontró cara a cara con el detective Nogiwara, aquel hombre de avanzada edad que estaba a cargo del caso. Su corazón dio un vuelco, ¿porque le miraba con aquella expresión de derrota en el rostro?.

Ranma le observó receloso antes de que el hombre se acercara a él, compungido.

— Chico, la hemos encontrado.

Su pecho se hinchó, sus ojos recuperaron el brillo que habían perdido días atrás. Su corazón brincó encabritado, se atragantaba con las palabras.

— ¿¡Qué!? ¿Cuando? ¿Donde? ¿¡porqué nadie me ha avisado!?

— Escucha chico…

— ¿¡Dónde está!?¡Akane!¡maldita seas!¡AKANE!

— La encontramos en el río.

— ¿Y qué demonios hacía en el río? ¡Akane!

— No me estás escuchando… — intentó mediar de nuevo el veterano detective, pero Ranma estaba ciego y sordo, completamente ido.

— ¿Dónde estás? ¡me debes una explicación!

— Está en la sala de atrás, pero… — no llegó a terminar la frase, rápido como el relámpago, alimentado por el enfado y la adrenalina Ranma se abrió paso hasta la habitación trasera.

Casi arrancó la puerta de sus raíles, la aventó con desesperación antes de adentrarse en la oscura sala. Su mirada recorrió la estancia de esquina a esquina sin entender nada. Allí tan sólo había una triste camilla con una sábana abultada.

— ¡Aquí no está! — escupió furioso mirando desesperado al detective, algunos policías se habían reunido a sus espaldas.

Nogiwara se acercó un poco más, lo suficiente para posar una mano sobre su hombro, el chico de la trenza arrugó el entrecejo.

— Está ahí. — declaró solemne.

Y fue entonces cuando Ranma lo notó, aquel asqueroso y nauseabundo olor. Miró por encima de su hombro, de nuevo dentro de la oscura sala.

El detective pasó a su lado, de repente el joven sentía que sus pies no le obedecían, no podía moverse de aquel lugar. Nogiwara caminó hacia la camilla y tomó la sábana con cuidado de uno de sus extremos.

— Estaba a varios kilómetros río abajo, el cuerpo debió de permanecer hundido seguramente enganchado a alguna raíz — dijo a la vez que poco a poco comenzaba a tirar de la tela.

Pero Ranma no entendía nada, tan sólo observaba la escena como si fuese completamente ajena a él, un mero espectador en una historia de miedo.

— Necesitamos que la identifiques.

El chico de la trenza no se movió, se quedó en el sitio muy quieto.

— Lo siento, se que es duro pero…

— ¿Qué está pasando? — dijo tembloroso — ¿qué es "eso"? — preguntó con los ojos secos, a la vez que una decena de policías comenzaban a rodearle.

— Ya te lo he dicho.

— ¿Está diciendo que...? — no terminó la frase, se percató de que estaba acorralado, le temían, temían que hiciese una locura, pero él seguía sin comprender. Hizo una pausa y tomó aire, respiró aquel hedor profundamente antes de que la rabia hablase por él, antes de que le dominase por completo. Esos estúpidos no entendían nada.

— ¡"Eso" de ahí no es Akane! — exclamó convencido, el detective le miró apenado — ¡"Eso" no es Akane! — repitió comenzando a perder la compostura, Nogiwara dejó la sábana en su sitio y se acercó a él, precavido, con las manos en alto.

— No te preocupes, no tienes que hacerlo si no quieres, llamaremos un médico para que… — antes de que llegase a tocarle Ranma se libró de su mano con un ademán violento, sus pupilas se volvieron pequeños puntos dentro de sus gigantescos iris, que bajo aquella luz se veían inusualmente oscuros. Le empujó, no quería que le volviese a tocar con ese aire paternal, como si quisiera protegerle de… algo.

De su garganta escapó un gruñido gutural, un instinto primitivo y animal se adueñó de su voluntad. No lo entendía, no quería entenderlo. Estaba ciego. Los policías se echaron sobre él, intentaron agarrarle para que estuviese quieto, para que comprendiera…pero Ranma había dejado de ser un hombre, se había transformado en bestia.

Gritó desesperado, desgarrando el alma de cuantos estaban presentes, dio puñetazos al aire, lanzó patadas coléricas tan potentes que los hombres salieron volando y chocaron contra las paredes, entre gritos y huesos rotos. El mobiliario se astilló, hizo añicos paredes y puertas. Se sumió en el caos, en la más negra y perturbadora noche de pesadilla.

Una nuevo sonido obnubiló a los presentes, ¿lloraba?¿gritaba?¿o era una mezcla de todo y nada al mismo tiempo?. Estaba loco, perturbado hasta lo imposible.

— ¡Para! — el viejo detective se puso frente a él, pero Ranma sólo quería destruir, destrozarlo todo hasta que no quedase nada de ellos ni de él. Hasta que alguien le despertara.

Le empujó de nuevo y esta vez el hombre trastabilló dentro de la oscura sala, el artista marcial entró tras él, sin importarle su edad o condición, quería acabar con ese hombre, ese ser capaz de contar tan horribles mentiras.

Nogiwara empujó la camilla con su cuerpo cayendo al suelo dolorido, y de la sábana resbaló una mano, una mano fina y blanquecina que quedó colgando inerte. Ranma paró en seco su locura, su vista enfervorecida se detuvo unos segundos en mirar la extremidad femenina que asomaba laxa y sin vida. Y allí estaba, tan cruel y desgarrador que le robó la respiración, se dejó caer al suelo de rodillas, desvalido mientras las lágrimas caían imparables.

El anillo en su dedo anular, el anillo que llevaba Akane. Extendió los dedos y tocó desolado la pequeña mano.

— ¿Porqué estás tan fría? — preguntó acariciando la absurdamente pálida piel, sin atreverse a mover un músculo, a mirar más — dime, ¿porqué…? — náuseas, estaba mareado, todo daba vueltas. Se llevó una temblorosa mano a la boca antes de vomitar.

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Satoshi tenía dudas, algo muy raro en él.

El tal Ranma Saotome parecía haber desaparecido de la faz de la tierra, se había esfumado de su domicilio hacía días y sin razón aparente después de un grave accidente de coche.

Había conseguido seguir su pista hasta Fukuoka, eso de por sí ya resultaba revelador, ¿por qué regresaría a Fukuoka?¿por qué después de tanto tiempo?¿quizás se sentía melancólico, nostálgico al recordar lo sucedido?.

"Pero él no sabe nada" — se obligó a pensar — "a no ser que..."

Estrechó la mirada ante un fugaz pensamiento, ella no podía haber sido tan osada, ¿o sí?. No podía haber hecho algo tan absurdo, que pusiese en peligro todo cuanto deseaba proteger.

El regusto amargo de la traición se apoderó de su garganta, una traición que pagaría...sin duda le daría caza. Al asesino más mortal del Kokuryukai no se le escaparía un simple muchacho, un artista marcial venido a menos.

Tenía instrucciones muy claras, acabar con su tenue esperanza, terminar con la vida de ese hombre con el que había luchado años atrás.

Le arrancaría definitivamente de su corazón, no consentiría que ella escapase.

Se quedaría con él para siempre, pero...¿lo conseguiría matando a ese hombre?¿o la convertiría en otra de las personas grises que poblaban el mundo? desprovista de sus colores…no tenía más opción, debía arriesgarse; y si Ranma Saotome no aparecía para que pudiese cortarle el cuello, entonces al menos ella lo creería así.

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Ranma comenzaba a impacientarse, no había llegado hasta allí para dedicarse a hacer tareas domésticas en una casa regentada por una niña y una asesina a sueldo.

No, definitivamente necesitaba comenzar a moverse, y tenía claro cual sería la señal de salida. Daría con el chico rubio y le haría hablar, lo malo es que tras varias noches de exploración entre los edificios del gigantesco lugar, apenas sí había logrado alguna información.

Por lo que había podido ver estaban muy organizados, y además de forma exageradamente jerárquica. La casa principal casi parecía un palacio y en ella vivía el jefe de todo el clan, aquel al que llamaban Oyabun.

Los demás eran diferentes alojamientos, algunos dojôs y pequeñas casas pobladas por las más variopintas personas, estaba seguro que debían de tener decenas de instalaciones a lo largo del país, incluso a nivel internacional.

Y el rubio, ese tal Satoshi era una de las piezas claves dentro del clan, se trataba ni más ni menos que de la mano derecha de Oyabun y legítimo sucesor, título que se había ganado a pulso tras una vida de sangrientas hazañas. No era un cualquiera, se trataba de un enemigo temible. No sería fácil sonsacarle información.

Sólo debía esperar un poco más, estaba seguro que tarde o temprano volvería a aparecer ante él, unos días más no significaban nada.

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Se frotó sus enrojecidos ojos, le dolía hasta el contacto con la piel. Llevaba días sin dejar de llorar, sin siquiera atreverse a salir de sus habitaciones. Estaba descompuesta, simplemente aterrada, no dejaba de temblar. Hizo de tripas corazón, quizás todo se quedase en nada, era complicado encontrar ese lugar, mucho menos relacionarlo ni remotamente con ella.

Se auto convenció tristemente de su propia mentira, no, él no la encontraría jamás, se rendiría, seguiría con su vida y sería feliz, como debió de ser siempre. Feliz sin ella.

A su cabeza acudieron casi de pasada las últimas órdenes, releyó los papeles atontada, con indiferencia. Debía salir esa misma noche.

Esta vez se trataba de un desertor, eran sus favoritos, tenían las manos tan llenas de sangre como ella misma, por eso no dudaba a la hora de asestar el golpe de gracia. Ellos eran los demonios que bailaban a su son en aquel infierno. Este en particular había mantenido muy bien su mascarada, hasta contactó con un yakuza para comenzar a hacer negocios, ese sin duda había sido su fin. Cuando huyes tienes que hacerlo rápido, lejos y deprisa.

Se levantó de la mesita, dispuesta a vestirse para la ocasión, cuando sin previo aviso escuchó una voz tras su puerta.

— Señorita, ha venido a verla wakagashira — era Ume, arrugó el entrecejo, no le esperaba tan pronto, no después de la última visita.

Dirigió una fugaz mirada hacia el lugar donde provenía la voz antes de abrir las puertas de lo que era su guardarropa personal, una habitación completa llena de todo lo que pudiese necesitar para una buena caracterización.

— He de trabajar — apostilló ignorando el reclamo.

— Insisto — el rubio abrió la puerta sin permiso ni recato, su pelo liso caía a los lados de su cara, rozando ligeramente sus hombros, y sus ojos, oscuros como la noche la miraron interesados — Creo que deberíamos hablar.

Deliberadamente hizo caso omiso a su presencia, se adentró en el vestidor y tomó una chaqueta blanca de pieles, corta pero suntuosa.

— Ya me quedó claro la última vez — respondió automáticamente.

— Apuesto a que no tanto — le sonrió de manera cínica y se sentó en la pequeña mesita que se situaba en mitad de la habitación, ella no se giró.

— ¿Qué quieres? — preguntó fastidiada, tomó una peluca que dejó a un lado y abrió uno de los cajones en los que guardaba las pistolas.

— He venido a entregarte algo, pensé que lo querrías.

— No quiero nada — sacó una semiautomática, discreta y manejable, abrió un segundo cajón lleno de navajas y cuchillos.

— ¿De veras? — dijo Satoshi a la vez que metía la mano dentro de la solapa de su chaqueta — Es una pena, lo tiraré entonces.

— Me distraes — apuntó ella de nuevo, instándole a marcharse, eligió una navaja mariposa y una más discreta de tipo cocodrilo— Si no completo este trabajo Oyabun volverá a decir que estoy distraída, así que vete de una vez.

— Fue Oyabun el que me mandó conseguir este recuerdo.

Ella le miró desde la habitación contigua y lenta, muy lentamente avanzó hacia él olvidando sus quehaceres, agachándose al otro lado de la mesa. Un miedo inespecífico comenzó a invadir sus entrañas, le observó recelosa al tiempo que se obligaba a tranquilizar su agitado corazón.

La sonrisa de Satoshi había desaparecido, pasaron unos tensos segundos en completo silencio, mirándose atentamente, evaluándose.

— Mentiste — susurró de forma queda, sin dejar de observarla.

— ¿Qué? — se revolvió inquieta en el sitio.

— Me mentiste a mi y mentiste a Oyabun.

— Jamás haría algo así, lo sabes. - intentó defenderse, suplicando que sus palabras fuesen más firmes que su convencimiento.

— ¡Mentiste! — gritó a la vez que daba un fuerte golpe en la mesa con el puño cerrado, ella no se dejó amedrentar, le miró hirviendo de furia ante su violencia sin control, levantó la barbilla, orgullosa.

Satoshi resopló recuperando la compostura, la sonrisa volvió a acudir a sus labios y se apartó los cabellos del rostro con una mano.

— Supongo que sabías lo que te jugabas, no eres tan tonta, aunque eso ya importa poco. ¿Sabes? lo que más lamento es que resultase tan fácil, estaba bajo de forma, creo que apenas se enteró de lo que estaba pasando.

Akane hizo una muda pregunta con sus ojos, se quedó muy quieta, sin atreverse a siquiera imaginar lo que insinuaba el hombre ante ella. Contuvo la respiración, intentando mantenerse erguida, inalterable.

De forma calculada, disfrutando más de lo que creía posible, Satoshi sacó de su chaqueta un abultado pañuelo de color borgoña y lo depositó sobre la mesa. Ella miró el objeto y después a él de forma alterna.

— ¿Qué se supone que es eso? — preguntó, no sin que un ligero temblor se dejase atisbar en su hermosa voz de campana.

— Es el precio por la traición.

— ¡Qué es! — gritó sin atreverse a tocarlo, con el peor de sus temores perturbando su expresión, apretó los dientes luchando por no perder los nervios.

El rubio se inclinó sobre la mesa, como si quisiese compartir un oscuro secreto.

— Fuiste a verle, ¿verdad? — dijo, y la duda asomando en su ovalado rostro hizo a Satoshi estallar en una ira indescriptible, roja e imparable. Apretó los puños intentando controlarse, deleitarse en el dolor que sabía le causaría, en su golpe maestro — El muy estúpido estuvo fisgando de nuevo por Fukuoka, ¿qué esperaba encontrar? — rió complacido ante sus propias palabras, contempló con deleite la palidez del rostro de la chica, su mentón había comenzado a temblar violentamente — Ese día murió alguien y nosotros hicimos un trato, ¿recuerdas?. Yo lo he cumplido escrupulosamente...hasta ahora.

— No serías capaz — dijo ella con voz rota, intentando controlar el terror que comenzaba a invadirla en forma de ola, nublando su razón.

— Una traición, una vida. La próxima será mucho peor, ¿tenías hermanas, verdad? ah, y también está tu padre, por no hablar de tus adorables y desconocidos sobrinos… no sabes lo fácilmente que se pierden los niños.

— ¡Desgraciado! — espetó poniéndose en pie, amenazante.

— Cumple tu parte del trato y no les pasará nada — él también se puso en pie — disfruta de tu regalo.

Akane observó la figura masculina, enguantada a la perfección en su traje negro saliendo de sus habitaciones. Le miró muy quieta, apenas podía soportarlo, sentía como su presencia cavaba un hueco en su alma, cada día más profundo. Giró la cabeza y prestó atención de nuevo al paquete que descansaba sobre la mesa.

"Una traición, una vida".

— No es verdad — susurró a la vez que se agachaba junto al pañuelo, con cautela, mirándolo con una reverencia impropia de ella — no ha sido capaz… sólo era una advertencia, otra más.

Pero el temblor de sus manos la delataba, extendió los dedos y rozó la suave tela. Tragó saliva a la vez que tomaba el paquete con una mano, era ligero. Lo acercó hasta su regazo y con sumo cuidado, poco, muy poco a poco abrió el pañuelo hasta descubrir su contenido.

Le costó unos segundos comprender qué era lo que tenía entre sus manos, qué resultaba tan aterrador.

Con su mano derecha tomó la larga trenza de color azabache envuelta en seda, la miró con ojos secos, con lágrimas recientes, con un dolor incandescente.

La estrechó fuerte contra su pecho, la arrugó frenética entre sus dedos, haciendo que algunos cabellos escapasen del peinado.

¿Qué era esa incertidumbre?¿esa sensación de vacío?, su garganta ya no sabía articular palabras humanas, un lamento histérico escapó de ella. Akane se inclinó sobre sí misma, sintiéndose morir, gritó herida de forma letal, con un sonido capaz de congelar la sangre, de estremecer el más duro de los corazones.

Las lágrimas escocían en su tez, quemaban como el hielo. Abrazó los cabellos con ambas manos contra sí, sabiendo que lo había perdido todo, que su existencia había sido inútil, viendo cumplido el peor de todos sus temores. Gritó inconsolable con la certeza de que jamás volvería a ver a Ranma Saotome.

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— ¿Ya te has acostumbrado al trabajo? — el chico rubio se paró un segundo en la entrada de la casa para hablar con Ranma, la chica de la trenza le miró de forma abrasadora, intentando controlarse.

— Sí, gracias.

Ume a su lado inclinó la cabeza en señal de respeto aunque apenas podía ocultar su creciente enfado, tenía la impresión de que había vuelto a discutir con su señora, y eso no le gustaba.

— Me alegra saberlo.

Era su momento, su gran oportunidad de comenzar a estrechar lazos, debía arriesgarse.

— Tal vez podríamos… — antes de terminar la frase un terrible grito se escuchó en todo el pasillo, un lamento desolador. Los tres miraron hacia las habitaciones de la señora de la casa, Ume se recogió el bajo del yukata y salió corriendo. El chico rubio sonrió y se dio la vuelta, marchándose tan repentinamente como había llegado.

Pero Ranma se quedó pegado al suelo, su corazón se aceleró durante apenas un segundo, algo en su interior se revolvió inquieto. Negó con la cabeza autoconvenciendose de lo contrario, intentando no pensar cosas absurdas, no volverse loco.

Su imaginación volvía a jugarle malas pasadas.

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Aclaraciones:

Hana: en japonés significa literalmente "flor".

Ume: es el nombre que recibe la flor de ciruelo, florece en pleno invierno.

Kiku: en japonés significa crisantemo.

Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

Kokuryukai: Sociedad del Dragón Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta. Para este fic me he aprovechado de su existencia y me he tomado algunas pequeñas licencias artísticas (quizás no tan pequeñas).

¡Hola!

Que decir de este capítulo...lo pasé realmente mal escribiendo la muerte de Akane, hasta el punto de caminar atontada pensando en la escena, hasta que a mí misma se me revolvían las tripas al meterme en la piel de Ranma. Si no me regocijé más en la tragedia fue porque realmente me deprimía demasiado, esta ha sido sin duda una de las escenas más complicadas.

Y parece que las cosas se comienzan a poner interesantes, ¿no?, o al menos a mi me lo parece, jejeje.

De nuevo muchas gracias a todos por leer y especiales agradecimientos a Nodokita por haberme ayudado tantísimo.

Contestando reviews: Andy Saturn (Gracias a ti por leer ;) ), xandryx (aún no acaba, queda como la mitad aproximadamente, ahora los capítulos se vuelven más largos.), yram1 (gracias a ti por tus amables palabras y por seguir leyendo), susyakane (gracias por seguir leyendo y por tu interés), ayamessita (jajaja, me hago fan de tu comentario, en serio, me ha encantado, pero perdóname si te digo que no lo puedo responder. Gracias por leer.), Chiqui09 (Sí, Satoshi es un personaje peligroso...), Dulcecito311 (Aún tendrás que esperar un poco para saber eso, pero ten paciencia. Gracias por tus comentarios.), kykio4 (Akane está muy asustada, a mi también me da mucha pena esa escena), Jorgy (Si no desarrollo un poco al villano la historia pierde parte de su encanto, o al menos es lo que yo pienso. Al principio Satoshi no era tan complejo, pero luego descubrí que debía de darle más dimensión si quería que funcionase la trama, aunque el que tenga un pasado trágico y un importante trauma no le quita culpa alguna de todo lo que hace.), Isakura Tendo (Gracias por tu review, yo también sufro por ambos...¡pero es que esto es un drama!¡aquí sufrimos todos! jajaja. Me alegra ver que te gustó la leyenda, estuve informándome mucho para escribirla, me pareció una hermosa analogía.).

No tardaré en traer una nueva actualización.¡Saludos!

Lum