Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Crisantemo 13: Tu vida]

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— ¿Qué pasó? — preguntó Ranma a la joven sirvienta, quien se afanaba en dar vueltas sin sentido a la sopa de miso dentro de la olla.

— No me lo quiso decir.

— ¿Discuten a menudo? — insistió intentando obtener la información que tan torpemente se le había escapado entre las manos.

— Sí, pero jamás de esta forma… creo que esta vez fue la peor.

— Acaso ellos… ¿son pareja?

Ume la miró con el entrecejo fruncido, como si acabase de hacer la más absurda de las preguntas.

— No, no tienen ese tipo de relación. Ella es su flor pero a la vez es otra cosa para él, algo siniestro.

— ¿Siniestro?

— No sé explicarlo con otra palabra. No creo que wakagashira sea capaz de amar, sin embargo la señorita... pienso que amó una vez y aún no ha podido olvidar a esa persona — dijo a su pesar — por eso lleva tantos días llorando, por eso se encuentra en ese estado.

Ranma la miró atento.

— Wakagashira hizo algo… creo… creo que le mató.

— ¿Puede hacer eso?¿incluso a una persona "normal"?

— Ellos pueden hacer cuanto quieran, no los conoces, no sabes de quienes hablas. Están por encima de las leyes, esto va mucho más allá: engloba la economía, la política no sólo de Japón, sino de toda asia. El Kokuryukai lo ve y lo sabe todo.

— ¿Todo?

— Todo.

La sonrisa de Ranma no podía ser más amplia.

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Las órdenes nunca podían esperar, ni siquiera en aquel momento.

Akane se miró al espejo y descubrió sus párpados hinchados, sus mejillas sonrosadas, su palidez casi cadavérica. Contuvo un lamento, se mordió los resecos labios, no podía volver a llorar. No debía.

Era su culpa, ella tenía la culpa de haber perdido lo que más amaba. Se odiaba, le daba tanto asco la mujer que veía en el reflejo que quería matarla, golpearla hasta que su rostro dejase de tener forma humana, pero ni siquiera eso podía, ni eso le estaba permitido porque su vida no era suya.

Suicidarse no era una opción, nunca lo había sido. Su muerte no guardaría su familia, más bien todo lo contrario, no tenía siquiera la seguridad de que les dejasen vivir. Por eso aguantaba el peso de su corazón, por eso se había obligado a dejar de pensar o sentir, por eso era quién era.

Pero se había acabado, esa misma noche todo lo bueno que quedaba en ella acababa de morir. Sólo deseaba arder, que todo se quemase junto con su negro corazón en una espléndida hoguera, cuyas llamas lamiesen el cielo estrellado.

Suicidarse no era una opción, pero morir durante una misión era diferente.

Secó sus lágrimas, y tomó el bote de maquillaje. Las órdenes debían de cumplirse, y aquella noche tenía el presentimiento de que sería la última de todas.

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— ¿Qué quieres decir con que va a salir?¿va a...matar a alguien?

— ¡Shhhh!¡cierra la boca! — le increpó Ume a la vez frotaba con esmero el suelo del onsen — Tiene órdenes y eso es cuanto debemos saber, hay que dejar esto limpio, le gusta bañarse cuando llega.

Ranma se apoyó sobre la escoba con la que estaba sacando brillo al suelo y suspiró.

— ¿Cuándo ella se va podemos salir nosotras?

— Que cosas dices, hay cientos de tareas aún por hacer — le recriminó Ume, autoritaria.

— Es sólo que esto es aburrido, quizás podríamos ir a hablar con otras personas, ya sabes, de otras casas.

— Todas las flores son idiotas o están lo suficientemente amargadas como para no querer hablar con nadie.

— Oh vamos, debes conocer a alguien aquí dentro. Aunque sea vayamos a dar una vuelta por los jardines.

— Está bien — se rindió la joven ante la insistencia de la chica de la trenza. — Supongo que podemos ir a pasear.

Ranma sonrió con candidez, poco a poco había conseguido abrirse hueco en el duro corazón de Ume, quién estaba resultando una gran ayuda para su investigación.

La sirvienta levantó la cabeza repentinamente, como un zorro ante una presa, afinó el oído y se puso en pié.

— Se marcha, vayamos a despedirla.

— ¿Yo también? — preguntó Ranma señalándose.

— Tu también, es nuestra obligación desearle buena suerte.

— Buena suerte... — masculló Ranma entre dientes, más bien sería "buena caza".

Siguió a Ume por el pasillo hasta el recibidor e imitó sus movimientos, se agachó en el suelo, sentado sobre sus talones, con las manos sobre su regazo y la cabeza baja, esperando.

Una parte de él sentía cierta curiosidad, se preguntó qué clase de persona sería esa mujer, cómo sería su rostro.

Escuchó los pasos resonar en el pasillo y alzó la mirada, apenas llegó a ver sus pies cuando Ume le tomó de la trenza y le obligó a pegar la nariz al suelo.

— ¡No seas maleducada! — susurró exigente, adoptando ella misma igual posición.

Los pasos sonaban más y más cercanos, la mujer avanzó sobre las bien pulidas tablas de madera y se detuvo a su altura unos segundos.

— Que tenga buena noche, señorita. — dijo Ume con un tono de voz dulce, uno exclusivamente reservado para ella.

Pero la mujer no contestó, pasó delante de las dos chicas, impasible. Ranma giró la cabeza a tiempo para ver dos firmes piernas asomando bajo una minifalda ajustada, y su pelo, de color cobrizo cortado a media melena.

La mujer se puso unas botas negras de tacón pero antes de salir pareció dudar un momento, se giró de nuevo y en un rapidísimo movimiento hizo una reverencia. Inclinó su espalda 90 grados, sus cabellos taparon su fino rostro y Ume levantó la vista, alterada.

— ¿Señorita?¿qué está haciendo? — preguntó sin entender el gesto de disculpa.

Pero de nuevo no contestó, volvió a darse la vuelta y abriendo la puerta de par en par caminó firme por el largo sendero de pizarra hasta ser engullida por la noche.

Ume se puso en pie y Ranma la imitó, quedándose un par de pasos tras ella.

— ¿Va todo bien? — preguntó a su pesar, ante la cara de consternación de la joven sirvienta.

— Nunca ha hecho eso, ella es el Crisantemo, jamás debe inclinarse ante alguien de menor rango… va a ocurrir algo malo.

Ranma la miró pensando que estaba exagerando, suspiró a sabiendas de que acababa de quedarse sin el prometido paseo.

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Akane caminaba resuelta, más que nunca.

Vestía de forma sexy aunque informal, tal y como se indicaba en las órdenes. Una corta y ajustada falda de cuero, un top escotado y una chaqueta blanca de pieles de imitación que le llegaba hasta la cintura. Al conjunto había que añadir un marcado maquillaje y una peluca llamativa de un color que ella jamás usaría, le gustaba demasiado su cabello negro.

Todo eso la convertía en la perfecta chica de compañía del club en el que estaría su víctima, era el problema de la mayoría de sus encargos, siempre le tocaba ocuparse de aquellos hombres que se volvían locos por una cara bonita.

No tenía un plan, sólo esperaba que la noche le brindara la perfecta oportunidad de echarlo todo por la borda.

Llevaba su semiautomática escondida en la chaqueta, en la caña de sus botas ocultaba sendas navajas. No es como si pensara que las fuera a necesitar pero la costumbre era fuerte, simplemente no podía salir sin sus armas.

Se detuvo delante de la dirección indicada, era un sitio pequeño, apenas un bar con un par de plantas, eso complicaba las cosas. Sonrió y entró sin necesidad de preguntas, siempre funcionaba.

El ambiente era denso, casi dulce. La tenues luces daban al local un aspecto íntimo, familiar. Apenas media docena de hombres dispersos por las mesas, un par en la barra, el denso humo de los cigarrillos hizo que arrugase la nariz.

Un pequeño escenario al fondo con música en directo, una mujer extremadamente delgada y de pómulos marcados cantaba una delicada canción, tan sólo acompañada del sonido de un piano.

Se miraron unos segundos y Akane fijó la vista en el suelo, no se quitó el abrigo, se dirigió derecha a la barra y pidió una bebida que no tenía intención de probar.

Aquello no se parecía en lo más mínimo a lo descrito en sus órdenes, estaba llamando demasiado la atención y eso era lo último que pretendía. Examinó el lugar con un extraño presentimiento creciendo en su interior, el camarero, un hombre de más de 60 años la miró curioso.

— Joven, ¿buscas a alguien?

— ¿Eh? yo…

— Disculpa, no quería molestarte, es sólo que es raro ver una chica de tu edad en este lugar.

Akane torció una sonrisa, jamás había considerado un hándicap su cara de niña, al menos hasta la fecha. Miró a su alrededor sintiendo las miradas posadas en ella, como si fuese una atracción de circo. No le costó demasiado darse cuenta de que algo no iba bien.

— Ha venido a verme a mi.

Se giró de golpe descubriendo el rostro sonriente de su objetivo, le miró intentando mantener la calma, parecer dueña de la situación. Se trataba de un hombre de unos 50 años, delgado aunque corpulento. Su cabello de color cano caía sobre sus ojos, como si apenas le prestara atención dando un aspecto de desaliñado que chocaba de frente con su pulcro vestuario. Lucía un traje ejecutivo de color negro por completo, incluida la camisa. Apenas era un poco más alto que ella, pero su presencia era apabullante. La chica tomó su copa y le dio un pequeño sorbo.

— Qué presuntuoso — dijo en un claro tono de coqueteo.

— ¿De veras? vaya, empiezo a perder facultades… — rió alegre a la vez que le indicaba al camarero que le pusiera una copa.

— He quedado con alguien — apostilló a la vez que colocaba un mechón sus cabellos detrás de su oreja, estaba demasiado tensa y no quería que él lo notara.

— Oh, entiendo, estás esperando a tu novio.

— Eso es.

— ¿Eres de por aquí?

— Algo así — sonrió discretamente.

— Entiendo…¿no es muy tarde para que una chica espere sola en un lugar como este?

— No me parece un mal lugar — replicó mirando su bebida, la música había dejado de sonar.

Escuchó el discreto movimiento de algunas sillas, observó a los hombres que se encontraban en el local por el rabillo del ojo, algunos salían por la puerta, otros se quedaban.

— Entonces es que eres mucho más estúpida de lo que me suponía.

Miró los ojos de su objetivo, apenas visibles por culpa de su cabello y adivinó el mal creciente en su interior. Veían mucho más allá de las mentiras o las verdades, lo veían todo, y ahora la miraban a ella adivinando exactamente qué y quién era.

Akane apretó la copa en su mano antes de lanzarle el vaso con fuerza, momento de distracción que aprovechó para echarse al suelo y volcar una mesa, parapetándose tras ella. Escuchó dos detonaciones de bala y apretó los dientes, sacó su fiel pistola e intentó calmar su agitada respiración.

Los apenas tres hombres que quedaban en el local cerraron las puertas y sacaron sus armas, una tosca risa se escuchó en todo el recinto.

— Niña tonta, tendrías que haberlo adivinado nada más entrar — dijo su objetivo con su humeante arma en una mano, el culpable de los disparos — Te han tendido una trampa.

Se asomó rápida como la centella y disparó en tres ocasiones, escuchó el grito de uno de los hombres que se había quedado junto a la puerta antes de caer derrumbado al suelo, en contestación una decena de balas atravesaron el aire, silbando a su alrededor, corrió hasta otra de las mesas y la volcó refugiándose tras ella.

Miró con histerismo la habitación, no había salida, tan sólo un diminuto aseo y el almacén...tal vez tuviese una puerta trasera, si no estaba completamente perdida, aquel lugar sería su tumba.

— ¿Cuales eran tus instrucciones?¿qué fue lo que te dijeron? apuesto que pensabas que no era más que un traidor, un prófugo que había regresado a los bajos fondos después de un tiempo escondido…¿acaso me equivoco?

Akane le escuchaba pero en realidad no quería hacerlo, ¿una trampa?¿de que hablaba?, no, no podía dejar que la distrajera con palabras, tomó aire y con cuidado sacó su navaja de cocodrilo de la funda de su bota, sabía donde estaba, no dejaba de hablar, era fácil de localizar.

Dejó al descubierto la hoja y la tomó con cuidado, hizo una profunda respiración antes de agarrarla con decisión y lanzarla directa a su objetivo, una nueva ráfaga de disparos, se ocultó tras la madera intentando volverse invisible.

El hombre silbó complacido.

— Vaya, que puntería, si no fuese porque ya me lo esperaba sin duda estaría muerto. Es verdad lo que dicen de tí, eres la mejor que ha visto esta generación. Una lástima que no llegásemos a conocernos.

Akane posó los ojos en la puerta del almacén, la separaban de ella cinco metros y tres hombres armados dispuestos a llenarla de plomo, pero se estaba quedando sin opciones. Una vez más se asomó tras la mesa y comenzó a correr hacia la puerta mientras no dejaba de disparar su arma, derribó la puerta con el hombro a la vez que escuchaba las detonaciones en sus oídos, atronando el pequeño local, haciendo que los sonidos se volviesen opacos, indistinguibles.

Entró a la carrera, pero entonces sintió un intenso dolor, una bala atravesó su brazo derecho, caliente y abrasadora. Gritó brevemente sin dejar de correr sintiendo como su sangre empapaba el blanco abrigo. Se pasó la pistola a la mano izquierda y se ocultó tras una estantería, intentando pensar, sobrepasada por la adrenalina.

Aquel sitio era mucho más grande de lo que daba a entender su discreta entrada. Un almacén oscuro, lleno de sombras y altas estanterías metálicas que se extendían hasta el techo en filas estrechísimas, en las que apenas sí entrada una persona. No había espacio para maniobras. Las estanterías parecían llenas de extrañas cajas y algunos deslucidos enseres de cocina, puestos casi como adorno.

— Vamos niña, eso era innecesario — dijo de nuevo la voz del hombre, apenas la distinguía, los disparos la habían dejado atontada.

Akane caminó muy despacio, poniendo un pie detrás de otro, intentando ocultarse.

— ¿Aún no sabes quién soy? deja que te dé unas cuantas pistas. Llevas una beretta92 semiautomática de 9mm, disparas de forma certera y no desperdicias balas… apuesto a que te entrenó Omar, ese israelita loco. Te enviaron un par de años allí, al campo de entrenamiento que tiene en Tailandia, ¿no es así? y tus movimientos… el maestro Bin xie Lao debió de esforzarse a fondo contigo, ¿ese viejo chino sigue haciendo que sus alumnos se pasen el primer día cargando baldes de agua subidos a un mástil de madera?. Aparte de eso pareces una chica educada: clases de idiomas, protocolo, política exterior, espionaje, todo un programa de completo entrenamiento que muy pocos soportan y al que aún menos sobreviven.

No se dio cuenta de cuando había dejado de respirar, abrió los ojos como un búho, escuchando un breve resumen de lo que había sido sus primeros años en aquel lugar, sus primeros años en las garras del clan.

— Hace veinte años hubo una guerra interna en el Kokuryukai, ¿lo sabías?. En aquel entonces todo el mundo me conocía como Hajime, yo era la mano derecha de Oyabun, jefe del comando de asesinos y wakagashira del clan. Yo estaba destinado a sucederle, nadie era más fiel que yo… hasta que apareció aquella rata.

"¿Habla de...Satoshi?" pensó Akane sin moverse del sitio, sosteniéndose el brazo que cada vez le dolía más, sentía su intenso palpitar, la sangre resbalando hasta sus dedos, pegajosa.

— No era más que un niño y sus ojos ya estaban manchados por el odio y la ambición. Yo lo supe, supe que Oyabun me sustituiría por él a pesar de todos mis leales años de servicio, aún a pesar de todos mis hombres perdidos en misiones, y eso era inaceptable. Un hombre con un comportamiento tan mezquino como para tener un hijo secreto no se merecía estar a la cabeza del clan más importante de toda Asia, no se merecía el favor del emperador. No era digno de ese honor, fue por eso que me revelé.

Reuní a mis hombres e intenté dar un golpe al poder, intenté derrocar a Oyabun para ponerme yo en su lugar… pero nadie más me apoyó, casi todos mis hombres murieron y yo huí deshonrado. Me costó años recuperarme, pero cuando lo hice descubrí que Oyabun jamás me había quitado los ojos de encima, no había conseguido huir de él ni aplicando todas mis técnicas, ni usando todos mis contactos. Mandó asesinos en mi busca, jóvenes como tú, audaces y temerarios. Obviamente ninguno regresó, fue entonces cuando comprendí porqué lo hacía, entendí que me estaba utilizando. Yo soy el exterminador silencioso que da muerte a aquellos que han dejado de serle útiles, os envía a morir a mis manos, es ese tipo de hombre, no tiene remordimientos. Me mantiene con vida porque le soy útil de esta forma, con lo único que siempre se me dio bien, así que… querida, ahora pregúntate de nuevo qué haces aquí, porque yo tan sólo veo dos opciones: o te has vuelto una molestia o finalmente ha decidido acabar con mi vida, y mucho me temo que después de veinte años tiene cosas mejores que hacer.

La chica tragó saliva, tenía razón, ese hombre armado no podía estar mintiendo, la habían enviado a morir allí. ¿Satoshi lo sabría?¿lo habría orquestado con Oyabun?

El dolor de su pecho hizo que olvidase la herida de bala. Claro, Oyabun la había mandado a morir allí, que oportuno. No pudo evitar sonreír de forma irónica, morir era exactamente lo que había ido a hacer a ese lugar, solo que por un momento lo había olvidado.

Se asomó por uno de los laterales de la estantería en la que se ocultaba, llena de licores y vasos deslucidos.

Morir...dejar de ser, ¿aquello le daría la paz que tanto ansiaba?¿la reuniría con él?. Ahora parecía tan fácil, al alcance de su mano.

— Yo también odio a Oyabun — dijo Akane mientras caminaba lentamente hacia el fondo de la sala, su voz alteró a los hombres que la buscaban. — No se conformó con arrebatarme todo cuanto tenía, hizo algo mucho peor... mató lo que más amaba.

El silencio sólo se veía roto por su agónico avance por el almacén, apenas respiraba en suspiros, pegada a las estanterías todo cuanto le era posible.

— ¿Quieres morir?

La pregunta la pilló desprevenida, su frenético pensamiento no la dejó reaccionar cuando sintió una mano cerrándose sobre su muñeca izquierda, intentando arrebatarle el arma.

Forcejeó viéndose atrapada, perdiendo el control de la situación, el hombre que tenía enfrente era uno de los esbirros de su objetivo, el arma cayó al suelo y Akane sólo tuvo un segundo para reaccionar, se agachó sacando de la caña de su bota su navaja mariposa.

Fiel, rápida como siempre la hoja salió a relucir de un solo ademán, incluso con su mano izquierda podía manejarla con desenvoltura. Pegó un tajo al aire y se separó casi un metro de él, se miraron en la penumbra, evaluándose.

Su instinto la dominó, se apoderó de su voluntad sin que pudiera hacer nada por evitarlo, siquiera por entender lo que estaba haciendo, se dio la vuelta y corrió con todas sus fuerzas, buscando una salida. El hombre intentó darle alcance, corrío tras ella, disparó una vez y la bala rebotó contra una de las estanterías, haciendo un ruido atroz, pero ella no se detuvo.

El objetivo, aquel hombre que decía llamarse Hajime le salió al paso, era un espacio demasiado estrecho para un enfrentamiento mano a mano, pero no podía dejar de correr, si lo hacía estaría perdida. Colocó su navaja en el revés de su brazo, sujetándola firme contra su piel, su brazo derecho colgaba pesado a un lado de su cuerpo, como si le hubiera dejado de pertenecer, un apéndice inútil que le entorpecía la carrera.

Chocó frontalmente contra el ex-jefe del cuerpo de asesinos, el filo de su navaja derecho a su yugular se vio frenado en seco por una katana. Le bastó la mano izquierda cerrada en torno a la funda y su dedo pulgar, apoyado convenientemente contra el estoque con la suficiente fuerza para mostrar apenas unos centímetros de la hoja. Ambos metales se besaron en una lucha perdida.

— No te preocupes niña, tendrás la muerte que mereces.

Sus pupilas de estrecharon, sus pulsaciones se dispararon, saboreó el amargo regusto de la sangre en la boca cuando el asesino, mucho más hábil que ella hizo un firme tajo a la altura de su abdomen con un arma oculta, un afilado puñal convenientemente escondido en la manga derecha de su chaqueta.

Apenas si pudo parar el filo, hizo rapidísimo corte vertical y volvió a sentir el metal contra el metal, tan sólo lo justo para evitar que se enterrase entre sus costillas, pero no lo suficiente para librarse de la herida. Era mucho más fuerte que ella. La navaja de mariposa salió disparada a causa del envite, rebotó contra el suelo a la vez que Akane reprimía un grito, sentía la sangre manar de la herida, su mano izquierda tembló, dolorida, indefensa.

¿Sería eso lo que se sentía?¿terminaría así?.

Una lágrima rodó por su mejilla, miró al hombre frente a ella, cerró los ojos un segundo a la vez que todos sus pensamientos se resumían en una sola palabra.

"Ranma..."

— Puedes sentirte orgullosa, has luchado valientemente hasta el final. — Hajime retrasó un paso su posición, sus dos hombres se situaron a espaldas de Akane, uno tras el otro evitando una posible huida — Será rápido.

Se deshizo del puñal y tomó la katana decidido, su negra funda lacada parecía advertir de su propósito. Agarró con fuerza la empuñadura y situó su otra mano lista para desenvainar.

"Ranma…perdóname".

Con una reverencia propia de otros tiempos, con sumo respeto por el arma y por la vida que estaba a punto de arrebatar comenzó a desenfundar, desnudando el filo suavemente, descubriendo la hoja que brillaba jubilosa, sedienta de sangre.

Akane dejó caer los hombros, las rodillas apenas la sujetaban, estaba mareada por la pérdida de sangre. Agachó la cabeza y sus falsos cabellos mostraron la blancura de su nuca, esperando el golpe de gracia.

Y entonces un fuerte sonido metálico interrumpió el ritual, levantó la mirada confusa, y observó casi atónita como Hajime era incapaz de terminar de desenvainar la katana. En el último momento su mano, fuertemente asida alrededor de la empuñadura chocó contra la estantería de su derecha, haciendo que la hoja continuase a medio mostrar, aún dentro de su envoltura. Había cometido una torpeza al pretender usar un arma larga en un espacio tan estrecho.

Apenas fue una décima de segundo, pero para ambos asesinos el tiempo se detuvo, comenzó a correr hacia atrás.

"¡Ranma!"

Allí estaba de nuevo su instinto, cuando todo estaba perdido, roto, forzándola a continuar, a seguir avanzando. Sus débiles piernas encontraron la fuerza necesaria para arrancar en un salto, se deslizó por el espacio que quedaba entre la pierna y el brazo de su objetivo y sin saber siquiera cómo llegó hasta la salida. Respiró el aire nocturno, tragándoselo de una sola bocanada.

Les tenía apenas a unos metros, corrió sin ver, desesperada, se desabrochó las botas y sus pies descalzos acariciaron el asfalto, mucho más firmes y decididos que sus tacones. Corrió con lágrimas en los ojos, con su sangre roja y fresca resbalando por su brazo derecho, empapando su mano. La herida del abdomen escocía, su abrigo blanco estaba roto y manchado a pedazos, como si se tratase de un oso polar arponeado.

Corrió y corrió, se ocultó entre las sombras de los techados, evitando las calles pobladas, los coches, hasta que su visión se volvió borrosa, hasta que la pérdida de sangre fue tan abundante que ya apenas sabía dónde estaba o quién era. Respiraba por reflejo, daba bandazos por la calle de lado a lado como un vulgar borracho en la madrugada.

Caminó perdida hasta que sintió el tacto familiar del suelo de pizarra en las heladas plantas de sus pies, la luz lejana de su casa. Ni siquiera sabía en qué momento atravesó las puertas del kokuryukai.

Se dejó caer de rodillas en el jardín, no podía más, pero antes de que sus ojos se apagaran en la bruma de la inconsciencia el rostro de Ranma asaltó sus pensamientos.

Le sonreía, él le estaba sonriendo a ella, el ser más despreciable que se atrevía a pisar la tierra… tan inocente y desenfadado, jamás llegaría a ver en lo que se había convertido, jamás volvería a vivir para descubrirla como la reina de los muertos.

La rabia, el sentimiento de traición, sus punzantes heridas, todo ello hizo que su mente enloquecida formase una única idea: venganza.

Su cuerpo derrotado se estrelló contra la tierra.

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— ¿Ume? — Ranma se asomó tímidamente al pasillo para ver de nuevo a la joven sirvienta, no había cenado y parecía que tampoco tuviera la intención de dormir. Con la luz de la entrada encendida esperaba muy quieta, sentada en el recibidor — Ume, deberías irte a la cama.

Ella se dio la vuelta muy despacio, su rostro redondo se veía extrañamente pálido, sus labios temblaban.

— Gracias Hana, estoy bien.

— A lo mejor se ha quedado a dormir en otro lugar — propuso la pelirroja intentando sonar convincente.

— No, era una misión de una noche, cuando se infiltra durante días siempre me informa. Debería haber vuelto hace horas.

— Tal vez haya una buena razón para…

— Le ha ocurrido algo — dijo sin poder evitar estallar en lágrimas, rompiendo su hasta ahora firme voluntad. — ¡Lo sé! — se llevó ambas manos al rostro a la vez que sus hombros temblaban sin control.

— Ume… — Ranma se aproximó hasta ella, levantó una mano y la apoyó en su hombro — ...ya verás como está bien.

Un golpe seco se escuchó en el jardín, ambas chicas levantaron la cabeza a un mismo tiempo. Ume se precipitó sobre la puerta y la echó a un lado de un fuerte empujón.

— ¡Señorita! — sin ponerse el calzado, completamente desesperada la joven corrió hacia el pequeño bulto en mitad del camino, Ranma la observó antes de hacer otro tanto, corrió hasta ella y se quedó parado a un par de metros.

La oscuridad nocturna aún era profunda, la luna no era especialmente grande pero aún así el chico distinguió las manchas parduzcas del abrigo de la mujer, toda la sangre. Tragó saliva.

Ume lloraba mientras la llamaba una y otra vez, moviendo su costado, intentando que recobrara la conciencia.

— Debemos llevarla adentro — se apresuró Ranma, parecía el único que sabía que hacer en aquella situación. La joven sirvienta se limpió las lágrimas y asintió a pesar de su nerviosismo —. Rápido, ocupate de los pies — volvió a decir la chica de la trenza, se agachó en el suelo sin saber donde tocar, la mujer había caído inconsciente hecha un ovillo, con su rostro arrastrando por la tierra.

Puso sus manos bajo sus axilas y esperó a que Ume agarrara las piernas, se sintió sorprendido al comprobar que apenas pesaba, era pequeña y ligera.

Con sumo cuidado pero a buen paso la llevaron al interior, la luz iluminó delatora toda la sangre, roja incandescente, el rostro de la mujer caía a un lado, oculto bajo sus cobrizos cabellos.

— A esta sala — dijo Ume indicando con un movimiento de cabeza una de las habitaciones del pasillo, Ranma obedeció de inmediato, abrió la puerta sirviéndose de sus pies, mostrando una habilidad que en esos momentos poco importaba.

La depositaron sobre el suelo de tatami con suavidad, la sangre no cesaba de gotear. Ume se dio prisa en abrir el armario y sacar un futon que comenzó a extender de inmediato mientras que Ranma miraba sorprendido sus manos, empapadas del viscoso fluido.

— Uhh… — la asesina hizo un ligerísimo movimiento, quejándose en su inconsciencia, encogiéndose sobre sí misma.

— ¡Mi señora! — Ume se abalanzó de nuevo sobre ella y la pelirroja pudo, por primera vez, contemplar su perfil.

Sus labios demasiado pintados, su maquillaje estropeado, su piel blanca como la nieve llena de restos de sangre y tierra, apenas visible entre sus cabellos.

— ¡Hana!

— ¿Qué? — salió de golpe de su temporal ensoñación, Ume la miraba con expresión desencajada.

— ¡Llama al doctor! Hay un teléfono móvil que la señora guarda en su habitación, está en el armario, dentro del segundo cajón de abajo a la derecha, ¡deprisa!.

La premura en su voz no admitía contestación, los pies de Ranma se movieron solos, corrió hacia el lugar al que tenía prohibido entrar, se subió el yukata hasta las rodillas para tener más facilidad de movimientos. Debía de dejarse de extrañas ideas, estaba en peligro la vida de una persona.

Abrió las puertas corredizas y prendió la luz sin importarle manchar nada, con las manos aún llenas de su sangre caliente.

Era una habitación inmensa aunque prácticamente vacía de no ser por una mesa baja y de buen tamaño, al otro lado de la sala y medio abierta había otra puerta corrediza, eso debía de ser "el armario". Corrío las puertas para descubrir una habitación entera llena de enseres, estanterías y cajones. Se concentró en los de la derecha, abrió varios de ellos, rebuscó entre las prendas hasta que dio con el maldito aparato, lo miró triunfal.

Era un modelo viejo, abrió la tapa y rebuscó en la agenda en busca del número. Tan sólo había unos cuantos nombres, apenas media docena.

— Wakaoshi, doctor — dijo en voz alta, dándose cuenta del nombre que había justo encima de ese — Maruo…

Sus dedos nerviosos terminaron de marcar el número del doctor a la vez que su mente comenzaba a trabajar a pasos agigantados.

¿Maruo?¿Maruo no era el tatuador?¿el maestro de irezumi reformado?¿el hombre que le había expulsado de su estudio aludiendo no haber visto jamás a Akane?.

Tuc, tuc

El teléfono daba tono. Con el terminal apoyado sobre su oreja no pudo evitar fijarse en el único objeto de la sala, un lienzo que descansaba oculto contra la pared.

Tuc, tuc

Se acercó hasta él y lo giró con cuidado, hasta que le dio la vuelta por completo.

Tuc, tuc

Contuvo el aliento al contemplar de nuevo aquella obra que ya conocía, el dragón negro rugiendo entre los crisantemos escarlatas. Sus pupilas se contrajeron de golpe, sus iris temblaron ante la certeza que comenzaba a cobrar fuerza en su interior. La extraña idea, el grito desesperado, el rostro sin descubrir.

A su cabeza acudieron las palabras de aquel viejo, una por una, golpeándolo con la fuerza devastadora de un tsunami.

"Dijo que si no eran rojos de verdad no podría sentir...el amor".

"...mientras lo dibujaba no pensé que representara valor ni coraje...el dragón rodeado de flores era el hombre al que amaba".

Ume hablando en tono confidencial, en la cocina.

"Creo que realmente le debió de pasar algo horrible para acabar en este lugar, creo...creo que está sufriendo mucho".

"Jamás haría daño a alguien inocente".

" ...él es legítimamente el dueño de su vida".

"Ella es el crisantemo".

— ¿Sabes la hora que es? — al otro lado de la línea la ronca voz de un hombre respondió al teléfono.

— …

— ¿Hola?

— Está herida. — se limitó a decir antes de colgar el aparato.

Sus ojos azules no podían apartarse del cuadro. Los iris del dragón, del mismo color que los suyos propios parecieron responder a su desesperada y muda cuestión.

Se mordió el labio inferior antes de girar la cabeza haciendo que su trenza roja sacudiera el aire, azotándolo con la fuerza de un látigo. Observó con un temor indescriptible aquel pasillo que ahora se le antojaba infinito.

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Aclaraciones:

Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

Kokuryukai: Sociedad del Dragón Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta. Para este fic me he aprovechado de su existencia y me he tomado algunas pequeñas licencias artísticas (quizás no tan pequeñas).

Irezumi: Es la técnica de tatuaje tradicional que suelen usar los yakuzas, se diferencia de las técnicas modernas en los colores, acabados, y sobre todo en el proceso, mucho más anticuado y doloroso.

¡Hola a todos!

Este capítulo me gusta mucho por varios motivos. El primero de ellos es que muestro a Akane luchando y mientras se averigua un poquito más de su pasado (aunque la pobre escapa viva de milagro...) y la segunda es Ranma, el siguiente capítulo es el principio del fin. Espero que no os decepcione, yo estoy nerviosa por tener que publicarlo, creo que si por mi fuera me lo quedaría eternamente dándole retoques hasta que fuera perfecto ( cosa que obviamente nunca sería, jajaja).

Lo cierto es que hoy mismo he terminado de escribir el final de "Crisantemo", casi ni me lo creo, ahora ya sólo me queda repasar, corregir y publicar.

Muchas gracias por leer, de veras que agradezco de corazón que dediquéis unos minutos de vuestro tiempo a esta historia. Agradecimientos especiales a Nodokita.

Respondiendo reviews: susyakane (Gracias por tus palabras. Lo realmente espeluznante de lo que dices es que ESTO es ficción, pero lo que tu cuentas de México no lo es... deseo de corazón que vuestro hermoso país pueda superar tan terribles acontecimientos.), Dulcecito311 (Tan cerca y tan lejos...espera al siguiente capítulo), Jorgy (Gracias por lo que dices, esa escena me supuso sobre todo un gran esfuerzo mental), Kunoichi Saotome (¡gracias! me alegra de que te hayas percatado de esos guiños a la cultura japonesa, en este fic he intentado acercarme lo más posible tanto en narrativa como en argumento a un manga "shonen"), Yram1 (Gracias a ti por leer.), Rokumon (¿se nota que amo el drama? gracias por darle una oportunidad), Chiqui09 (sí, eso fue tan triste...gracias por leer), Isakura Tendo (Como siempre muchas gracias por seguir con tanta atención esta historia, no queda mucho para que se sepa todo.), Akane Tsukino (¡gracias por tus reviews! No me olvido de "Sueño de Verano", lo que ocurre es que el final de "Crisantemo" me ha tenido tan absorbida que apenas podía escribir nada...), Kykio4 (fue difícil, pero a un mismo tiempo tenía ganas de escribir esa escena, yo también debo de tener algo de masoquista) y Andy Saturn (pues entonces con el final de este me vas a odiar, jajaja).

Gracias de nuevo a todos. Nos leemos en breve.

Lum