–¿Te molesta si pasamos el rato aquí hoy? – cuestionó Jacob, lanzándose sobre el sofá y tomando el mando de la televisión –Estoy un poco cansado por haber patrullado durante la noche y parte de la mañana.
–De acuerdo –asentí, encogiéndome de hombros y tomando asiento a su lado. No podía importarme menos, siempre y cuando estuviese en compañía de Jacob.
–Lo siento. Si quieres hacer otra cosa solo dilo y lo haremos.
–No me molesta, Jake –aseguré –. No me importa pasar el rato en tu casa viendo televisión, es más, lo prefiero antes de ir a la playa.
Su sonrisa no tardó en aparecer.
–¿Segura?
–Completamente.
Sobre todo cuando me había despertado aquella mañana con una pesadilla bastante vivida sobre Victoria acechando en la playa, con su cabello pareciendo una llama sobre el agua, muy cerca de donde Jacob y yo nos encontrábamos.
Pasamos un buen rato en el sofá, como solíamos hacerlo cuando éramos amigos, con la diferencia de que ahora era consiente de su brazo sobre mis hombros y de sus nudillos acariciando levemente la curva de mi mandíbula, enviando ráfagas de calor por todo mi cuerpo.
No supe el momento exacto en el que me sumí en la oscuridad. Desperté cuando dos barras de acero hirviendo rodearon mi cuerpo. El repentino calor me sobresaltó, haciéndome abrir los ojos de golpe.
–Bella, soy yo.
Mis ojos inmediatamente comenzaron la búsqueda de su rostro y no pararon hasta toparme con los suyos. Se encontraba demasiado cerca, sus brazos aún rodeando mi torso.
–Jake –murmuré, dándole a entender que lo había reconocido.
Entonces me elevó en el aire, pegando mi mejilla a su pecho desnudo ¿Cuándo se había deshecho de la camisa?
–¿Qué haces? –pregunté, mis nervios estaban a flor de piel al contacto de sus manos sobre mis piernas desnudas.
–Ambos estamos cansados –explicó –, y el sofá no es el lugar más cómodo para dormir. Estaremos mejor en mi cama, si no tienes problemas en terminar aplastada.
¿Su cama? ¿Nosotros? ¿Nosotros en su cama? Mi vergüenza no parecía conocer limites estos días, estaba segura de que en algún momento mi rostro simplemente explotaría por tanto calor. No podía creer que Jacob sugiriera la idea y actuara de forma tan calma, ¿es que no era consciente de lo íntimo y vergonzoso que esto sería? Sin darme tiempo a asimilarlo, o a vetar la idea, comenzó a atravesar el salón directo a los dormitorios.
Su habitación se encontraba igual a la última vez que había estado allí. Parecía haber sido hace siglos atrás, cuando en realidad había sido hace unas pocas semanas.
Me dejó de pie a un lado de la cama, en el diminuto pasillo entre esta y la pared.
–Eh… Te traeré algo de ropa para que te cambies –anunció llevando su mano izquierda hacia su cabeza para rascar su nuca, dejando clara su incomodidad –. Estoy seguro de que cualquiera de mis camisetas te quedará como un vestido.
¿Dormir en la cama de Jacob, con él, y con solo una camiseta? Eso ya sería demasiado. Como si leyera mis pensamientos, rápidamente agregó:
–Por supuesto, también te puedo dar unos pantalones. Tengo un par, que no uso desde hace unos años. Estoy seguro de te quedaran.
Acto seguido, salió como alma que lleva el diablo. Me senté al borde de la cama, completamente incómoda con la situación. Si bien nos habíamos besado, y bastante, en las últimas veinticuatro horas, no me sentía del todo preparada para compartir una cama con él aún, así sea solo para dormir.
A mi mente vinieron todas aquellas veces en las que Edward se escabulló en mi habitación y paso las noches solo observándome dormir. Si me concentraba lo suficiente estaba segura de aún poder recordar su cuerpo duro y frío a través de las mantas.
Un pinchazo en el centro de mi pecho me trajo de vuelta a la realidad. Edward era parte del pasado y Jacob mi futuro. No veía justo el negarle al licántropo dormir juntos cuando había hecho lo mismo innumerables veces antes con el vampiro.
Jacob volvió a la habitación en ese momento. Mantuve en un rincón alejado de mi mente los pocos recuerdos de Edward que había evocado hacia unos momentos y me mantuve firme en mi decisión de que compartir lecho con Jacob no seria tan malo.
Él ya se encontraba en su forma habitual, el Jacob que había conocido estas últimas semanas, el Jacob que solo vestía un par de pantalones cortados. Dejó un par de prendas sobre la cama y volvió a salir de la habitación, indicando antes de salir que le avisara cuando estuviese lista.
Rápidamente reemplacé el vestido negro que había estado llevando por una holgadísima camiseta gris sin mangas, que tapaba hasta la mitad de los muslos, y un short deportivo del mismo color que solo se aferraba a mi cuerpo gracias al elástico a la altura de las caderas. Si bien el short quedaba casi oculto completamente por la camiseta, el hecho de saber que no estaba semidesnuda ayudó bastante a remover la tensión que esta nueva experiencia estaba generando. Llamé a Jacob.
Nos tendimos en la cama, uno al lado del otro. Sus brazos no tardaron en envolverme y atraerme hacia su pecho. El calor de su cuerpo fue adormeciéndome poco a poco, mientras sus manos peinaban mi cabello en un gesto que él nunca había tenido antes conmigo, pero que me agradaba bastante.
Un golpeteo cercano y molesto comenzó a despertarme. No quería hacerlo, hacía tan poco que había comenzado a disfrutar de un sueño sin pesadillas que quería aprovecharlo antes de que, de alguna forma, aquella poca tranquilidad se esfumara por completo.
El golpeteo se volvió mucho mas fuerte de un momento a otro, sobresaltándome y obligándome a abrir los ojos.
Lo primero que pude apreciar fue el rostro de Jacob peligrosamente cerca. Nuestros rostros se encontraban tan cerca el uno del otro que nuestras respiraciones se mezclaban y provocaban que mi corazón latiera apresuradamente. El recuerdo de la tarde pasada me hizo desear acortar la distancia entre nuestros rostros y…
El golpeteo, que ahora podía identificar como la puerta principal siendo aporreada, me sacó de mis ensoñaciones románticas. Sacudí un poco el hombro de Jake.
–¿Jacob? –le llamé.
Abrió los ojos al instante y giró su rostro automáticamente para encontrarse con mis ojos.
–¿Qué sucede?
–Alguien está tocando la puerta –le avisé, en el mismo instante en que esta era golpeada nuevamente.
Con un fruncimiento de cejas él comenzó a sentarse en la cama, provocando que nuestras piernas se desenlazaran, algo de lo que no era consciente hasta aquel momento. Aquello provocó una sonrisa en Jake, quien se apresuró a ponerse de pie y se giró hacia mi para decir:
–Quédate aquí –Antes de inclinarse y dejar un casto beso en mis labios. Solo un rose, pero suficiente para dejarme hiperventilando mientras él abría la puerta.
–¡Por fin! –se quejó una voz desde la entrada principal –¿Qué en el mundo te hizo tardar tanto tiempo? Pensé que me volvería viejo aquí fuera… Ya sabes, si pudiera hacerlo.
–Estábamos durmiendo, Jared –le informó Jacob, por su tono de voz parecía estar molesto –¿Qué quieres?
–¿Estábamos…? ¡Oh, lo siento! ¿Interrumpí algo? –preguntó Jared, lo que no me hizo sentir muy cómoda, para colmo luego grito:–¡Hola de nuevo, Bella!
Tierra, trágame.
–Si, interrumpiste nuestro sueño –dijo Jake, claramente molesto ahora –. Dime que rayos quieres.
–Oh, si. Sam nos necesita, y a Bella también. Los Cullen han vuelto.
Y así todo el calor que había llegado a sentir con Jake hace unos momentos se escapó de mi cuerpo.
¿Los Cullen habían vuelto? ¿Edward también lo había hecho? No sabía como sentirme; por un lado estaba feliz de volver a verlos, a Alice, eran mi familia, si bien ellos ya no contaban conmigo como parte de la suya; pero por otra parte, temía su regreso. Si Edward había vuelto, no sería capaz de volver a hablarle, no después de todo lo ocurrido. Había roto su promesa, eso estaba claro. La vuelta de los Cullen también significaba que la guerra entre ellos y los Quileute continuaría, tal vez hasta empeoraría ahora que la manada había crecido en número. No lo entendía, si los Cullen no mataban humanos, ¿por qué…?
–Bella no irá –sentenció la voz de Jacob. Sus palabras me sorprendieron, a mi mente nunca llegó la opción de que se negaría a que fuera –. No permitiré que la dañen, no irá con esos chupasangre.
–Pero es orden de…–comenzó a decir Jared.
–¡DIJE QUE NO! –bramo Jacob, dejándome a mi y, supongo, al otro Quileute anonadado.
Salí de la cama y camine hacia la entrada, en el estado de Jake cualquier cosa que dijera Jared terminaría en una pelea. Me acerqué a él por detrás, de modo que el otro chico quedaba justo frente a mi.
–Jared, ¿nos puedes dar un minuto?
Él asintió y ,antes de salir de nuevo por la puerta, nos observó detenidamente, sobre todo a Jacob. Parecía estar sopesando la idea de dejarnos solos, como si temiera que algo malo sucediese. Era imposible que algo malo pasara con Jake, entonces recordé el accidente de Emily y comprendí la reacción de Jared. No es que me estuviese protegiendo, más que nada lo hacía por Jake, si algo malo pasara él sería quien cargaría con la culpa, y todos los demás lo sabrían.
–Jacob… –intenté llamar su atención en cuanto Jared nos dejó a solas.
–No –me cortó él, aún dándome la espalda. Eso me molestó. Odiaba a este Jacob, esta copia barata de Sam, me sacaba de quicio.
–Creía que no se podía contradecir la orden de un Alfa –espeté, cruzándome de brazos.
Sus hombros se pusieron rígidos y sus manos comenzaron a temblar levemente, entonces se giró hacía mi. Espere verlo enojado, no, furioso conmigo, no ver aquella expresión de desolación y tristeza cuando me encaró.
–Quieres regresar junto a él, ¿verdad? –susurró. Sus ojos abandonaron mi rostro para centrarse en sus pies descalzos –No lo entiendo. Él te dejo aquí, sola. Él te lastimó mucho más de lo que todos creen. Pero si aún así quieres regresar con él, yo no soy nadie para detenerte.
–No, Jake –Tomé su mano, entrelazándola con la mía –, no quiero regresar junto a él.
Jacob alzó su mirada sorprendido.
–¿Eso quiere decir que no irás? –preguntó sin salir de su asombro. No pude evitar sonreír.
–Jake, iré. No se para qué me necesite Sam, pero iré. No quiero que esto termine mal, los Cullen son como mi familia.
–Nosotros somos tu familia, Bella –me interrumpió serio.
–Ellos también lo fueron una vez, lo siguen siendo, al menos para mi. Son mis amigos, Jake, quiero verlos.
Ambos nos quedamos en silencio, sin apartar la mirada el uno del otro, hasta que por fin suspiró.
–De acuerdo –aceptó –, pero hay condiciones.
–Ellos no son peligrosos, Jacob.
–Quieres venir, ¿si o no? –cuestionó cruzándose de brazos y sonriendo con desdén.
Pero el no era el único lobo de la zona, y Sam había ordenado llevarme con ellos.
–Le pediré a Jared que me lleve –dije devolviéndole la sonrisa y comencé a rodearlo para salir de la casa.
Antes de llegar incluso a rozar el pomo de la puerta, Jacob me tomó del brazo y tiró hacia atrás. Mi espalda golpeó su pecho y él se encargó de encarcelarme entre sus brazos rápidamente.
–Mi única condición es que no te apartes de mi lado –susurró en mi oído, enviando oleadas de calor por todo mi cuerpo–, y no es por la razón que crees. Se que no harán nada contra nosotros, si fuera así no existiría el tratado en primer lugar.
–Entonces, ¿por qué?
–Estoy asustado, Bella –confesó con un suspiro. Mi corazón se paralizó por un segundo al oír sus palabras, para luego comenzar a latir de forma desbocada –. Tengo miedo de que al llegar allí, y lo veas, cambies de opinión y quieras regresar junto a él, y que yo me quede aquí, solo.
»Muchas veces he tenido esta pesadilla, en la que ese chupasangre vuelve y tu le perdonas todo como si nada, donde tu me exiges que no te haga elegir entre ambos porque saldré perdiendo. Y luego te vas y yo no vuelvo a verte, porque él no deja que te acerques a mi.
»Recuerdo nuestra promesa, Bella y créeme que no es que desconfíe de ti, pero aun así tengo miedo de que me dejes.
Me quedé sin habla ¿Él tenia miedo de que yo lo dejara, cuando era yo la que temía que de un momento a otro él se hartara de mi y se alejara? Pero en sus palabras reconocí mi propio miedo, el miedo que alguna vez sentí por Edward, el miedo que se volvió realidad. Pensé en ello, los meses de agonía que pasé luego de su partida y como las cosas comenzaron a mejorar con la llegada de Jacob, mi sol. Ahora Jacob tenía ese mismo miedo, miedo a que sus pesadillas se hiciesen realidad. Nunca podría causarle dolor a él, simplemente sería imposible. Me sentía tan conectada a Jacob que podría sentir en carne propia cada alegría y dolor que le fueran causados. Su felicidad y dolor eran también los míos y ahora ambos éramos felices, no había razón para cambiar aquello, no por alguien que no me amaba.
–No me iré, Jake –aseguré. Posé mi mano en su mejilla, esto provocó que su cuerpo se relajada por fin y que él cerrara los ojos con un suspiro –. Te lo prometeré tantas veces como sea necesario, Jacob. Estaré junto a ti todo el tiempo que tú me quieras allí.
–Bella… Te querré hasta que tu corazón deje de latir –aseguró. Una lágrima escapó de mis ojos en respuesta, haciendo que él sonriera de aquella forma que amaba. Porque, en realidad, yo estaba comenzando a entender que estaba enamorada de Jacob. Lo amé desde el momento en que comprendí que él era mi luz, mi sol, mi fuente de calor y felicidad, mucho antes siquiera de que se transformara en un licántropo.
–Entonces me quedaré junto a ti hasta que eso ocurra.
Esta vez fui yo quien tomo la iniciativa y, poniéndome en puntas de pie, le besé.
