Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Crisantemo 15: Nuestro encuentro - 2º parte]

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— Eh, Ranma…

El chico de la trenza abrió los ojos somnoliento, la habitación estaba invadida por un tipo de luz artificial muy blanca. Era demasiado clara, le deslumbraba.

Pestañeó molesto e interpuso una mano entre sus ojos y el foco.

— Ranma.

La hermosa voz volvió a llamarle y poco a poco se acostumbró al exceso de claridad. Contempló atónito la sonrisa de Akane, la dulce chica de dieciséis años le miraba apacible, sentada a su lado.

— ¿Akane?

— He venido a decirte adios. — dijo sin dejar de mostrar su feliz expresión.

— ¿Adios?

— Nunca volverás a verme — ella se puso en pie y le dio la espalda, su pelo corto perfectamente acomodado, su hermosa silueta destacando contra el foco, cada vez más potente — Ya no hay motivo.

— ¿Pero de que hablas?

— Debes… vivir el presente. — volvió a girarse, ahora apenas podía distinguir su rostro, oscurecido por el contraste de la brillantísima luz que había a su espalda.

Cerró los párpados mientras sentía el dolor de sus ojos, era tan fuerte como un fogonazo. Y al fulgor le siguió oscuridad.

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Ranma volvió a abrir los ojos y le asaltó un fuerte dolor de cabeza. Se encogió en el futon sobándose la zona posterior para descubrir entre sus cabellos un abultado chichón.

En seguida se incorporó, maldiciendo. Se tocó el golpe con molestia antes de percatarse que su mano derecha estaba completamente vendada, incluyendo todos sus dedos. Volvía a vestir con sus habituales ropas chinas, con una ajada camisa roja de cuello mao desabotonada, mostrando un pequeño parche en el lado izquierdo de su pecho.

— ¿Pero qué...? — masculló antes de percatarse de su voz varonil, de la amplia habitación.

Los recuerdos de la noche anterior le atravesaron de golpe, dejándole sin aliento. Miró alrededor, parecía estar en una gran estancia, separado del resto por unos antiguos biombos de papel apoyados sobre el suelo. A su lado unos cuantos rollos de vendas limpias y su ligera bolsa con su escaso equipaje.

Se puso en pie de un brinco, enseguida reconoció aquella estancia como el cuarto principal al final del pasillo, la habitación de…

De pronto la figura de una mujer se asomó tras los biombos, llevaba en sus manos una bandeja con varios cuencos perfectamente cubiertos y aún así humeantes.

Ella reprimió un grito y tuvo que hacer grandes esfuerzos por no tirarlo todo al piso, no se esperaba encontrar al chico despierto. Él tampoco esperaba encontrarla a ella ataviada con un ligero vestido negro, tapada hasta el cuello de forma recatada y llevándole el desayuno.

Apenas se observaron un segundo antes de que Akane desviase la mirada nerviosa y apoyara la bandeja en el suelo, evitando más accidentes.

— Pensé que dormirías hasta tarde — dijo sentándose y estirando con pudor el bajo de su vestido intentando ocultar sus rodillas — Apenas son las diez.

Él no dijo palabra, se agachó lentamente como si tuviera miedo de que la visión desapareciera de un momento a otro, que a cualquier gesto suyo se desvaneciera como humo.

— T-te traje algo de comer, no te preocupes, no lo cocine yo — hizo un ligerísimo amago de sonrisa, como si hubiera gastado una broma privada, una que solo ellos dos entenderían. Pero Ranma no mudó el gesto un ápice, continuó observándola sin pestañear.

Ella comenzó a retorcer sus manos, nerviosa, apartó la mirada y la dejó fija en su propio regazo, la agitación de su pecho era demasiado grande para estarse quieta. Sus mejillas volvieron a enrojecer como manzanas maduras ante su escrutinio.

Cerró los ojos, el silencio superaba todas sus barreras mentales, no sabía que esperar de él. ¿Acaso se habían transformado en dos extraños? Demasiado tiempo anhelandose, demasiado tiempo perdidos y sin esperanza de volver a encontrarse. Y ahora faltaban todas las palabras.

— Ah, se me olvidaron los palillos — dijo ella con voz temblorosa antes de ponerse en pie, buscando tan sólo una excusa para escapar de aquel ambiente enrarecido.

Pero los ojos del chico eran rápidos, y sus movimientos más todavía. Reaccionó automáticamente y capturó su muñeca, la agarró con fuerza haciéndola comprender que no iría a ningún sitio.

Su mano se paseó gentil, y acarició lentamente con su dedo pulgar la roja y abultada cicatriz que atravesaba diagonal los últimos dos dedos de Akane.

Arrugó las cejas como si él mismo pudiese experimentar el dolor, todo el pesar. Alzó de nuevo la vista y sus ojos azules se clavaron en ella, pozos secos de ignorancia que ansiaban saciarse de motivos. Cerró su mano sobre la suya, tan fuerte que Akane le miró asustada, pero él sabía lo que quería. Tiró de ella, la arrastró de nuevo al suelo junto a él, recibiendo su menudo y herido cuerpo contra el suyo, estrellándose violentamente el uno contra el otro, la recibió con manos ansiosas y la volcó contra el suelo.

Golpeó su espalda contra el tatami y Akane gritó de forma lastimera al sentir el piso contra sus heridas. Pero eso no detuvo a Ranma, quien loco y desmedido la retuvo sin apenas esfuerzo, agarró sus muñecas aunque sabía que no era necesario, no necesitaba ejercer tanta fuerza porque ella no se resistiría. Estaba siendo violento conscientemente, necesitaba esa demostración de brutalidad, necesitaba que ella supiera en lo que le había convertido.

—¿¡Por qué!? — exigió saber con labios suplicantes, agarrando sus antebrazos, reteniéndola entre él y el suelo. Sus ojos marrones se llenaron de frustración.

— Jamás... — respondió con la respiración agitada, intentando sobreponerse al dolor de las heridas que se agravaba con los malos modos de su prometido — ...jamás quise que me encontraras.

Ranma no podía apartar sus ojos de ella, con su expresión desencajada apretó los dientes mostrando la frustración que le causaba su respuesta. ¿Es que aún se atrevía a responder de aquella manera?¿a poner excusas?¿a seguir ocultándole la verdad?.

— ¡Estúpida! — la zarandeó sin compasión — ¿Cómo puedes haber sido tan estúpida? ¡egoísta! ¿¡ni siquiera entiendes lo que has hecho!?, ¡no puedes saber lo que sentí! ¡Me destrozaste! ¡me arrancaste el corazón! — escupió como una ametralladora, y Akane bajo él no respondió, tan sólo comenzó a llorar.

— Ranma… — susurró su nombre, sintiendo como la atravesaba su dolor, sin defenderse.

— ¡Desapareciste!, ¡te ocultaste de mí haciéndome creer… haciéndole creer a toda tu familia que estabas muerta!

— No quería, no tuve otra opción.

— ¡Quise morir! ¡sólo quería que me mataran!, ¿sabes lo que es pensar que la persona que amas ha muerto por tu culpa?¿por tu incapacidad?¿¡por no poder protegerla!?

El corazón de la chica dio un vuelco al escucharle decir eso, pero las manos de Ranma continuaban clavadas en sus muñecas, sin darle descanso, tornando su piel blanquecina y rosada.

— Tu no tuviste nada que ver, no fue culpa tuya — negó con la cabeza mientras lágrimas resbalaban desde sus ojos hacia sus cabellos.

— Me has hecho vivir en una mentira, tu ausencia me ha convertido en...¡esto! — apretó un poco más su agarre sobre ella pero Akane no se quejó, sus ojos azules la tenían acorralada — ¿por qué no querías que te encontrara?¿¡por qué no querías librarme de todo este dolor!?, ¿tanto me odiaste que hacerme sufrir una vida entera te pareció un justo castigo?¡contesta de una puta vez!

— ¡No quería que vieras en lo que me convertí!¡no quería que averiguaras lo que hice por sobrevivir!¡siento tanto asco de mí misma que no podía volver a mirarte a los ojos! — respondió entre sollozos.

— ¡Eso me importa una mierda! — gritó y Akane dejó de llorar de golpe — ¿sigues sin darte cuenta?¿aún no lo entiendes? — gimió él sintiendo como se resquebrajaba, la soltó y le dio la espalda, se quedó sentado en el tatami, con la cabeza hundida entre sus hombros.

La chica no se atrevió a moverse, contempló el techo mientras recuperaba el aire que sus pulmones, incapaces de respirar, le habían negado durante un instante. Poco a poco comenzó a mover la cabeza y apoyándose sobre su codo izquierdo se irguió ligeramente para mirar a su prometido.

— Hace unas semanas en Shibuya, ¿eras tu, verdad? — preguntó, y Akane volvió a sentarse justo tras de él, apenas a unos centímetros. Podría tocarle si tan sólo extendía la mano, tan cerca que le quemaba y a la vez le repelía. El chico sintió un ligero aleteo, un revoltijo en el estómago ante una perspectiva que antes no había contemplado — ¿Cuantas veces ha ocurrido?¿¡cuántas veces nos hemos encontrado!?

Ella inclinó el rostro sintiendo que otra vez rompería a llorar.

— Dos — contestó queda.

— ¿Dos? — repitió sorprendido a la vez que sus ojos se movían frenéticos, intentando recordar — Esa vez, cuando me apuñalaron y me dejaron en el callejón…¿no lo soñé?¿realmente estabas ahí?

— Fuiste un idiota. Te estaban esperando, llevabas tantos días merodeando por la zona de esos yakuzas que al final conseguiste enfadarles. Me enteré de casualidad, estaba… estaba en una misión y les escuché hablar. Supe que eras tú, pero llegué tarde. Estabas casi inconsciente, habías perdido demasiada sangre, decías tonterías, no creía que pudieras recordarlo. Pensé que morirías, pensé que sería la última vez que… — se sonrojó ligeramente al pensar en lo que hizo — ...lo siento.

Ranma notó su titubeo, pero no se giró, apenas movió un músculo.

— Así que no me estaba volviendo loco, realmente te vi — sonrió tristemente — te vi.

— Yo…

— Pero si no querías que te encontrara… si no querías que diese contigo, entonces ¿por qué me escribiste esa carta?¿por qué me citaste en Shibuya?

Akane volvió a colocar las manos en su regazo, inquieta.

— Sólo quería… quería verte una última vez, quería mirarte aunque fuera desde la distancia, despedirme silenciosamente de ti. Había tanta gente que no pensé...

— Me subestimaste — le interrumpió con voz ronca — porque yo siempre te seguí buscando, Akane.

El silencio opresor se cernió sobre la pareja, y ella, con el corazón latiendo desbocado agarró con timidez su camisa con ambas manos, apenas pellizcó la tela entre sus dedos antes de arrugarla con fuerza y asirse a ella como si se encontraran en mitad de una fuerte tempestad.

— Yo también — susurró débil, cargada de miedos e inseguridades — todos estos años siempre que pude, nunca dejé de buscarte; de mirarte desde esquinas oscuras o altos tejados.

Se acercó apenas unos centímetros y posó su frente contra su gigantesca espalda, tan imponente le resultaba como una inexpugnable montaña, tan cálida y llena de vida que hacía curar sus heridas tan sólo con su presencia.

Escuchó un gruñido contenido, Ranma intentó continuar impasible al sentirla de nuevo contra él, intentando mantener su enfado muy por encima de la increíble sensación del contacto.

— Cuéntamelo, cuéntamelo todo — pidió, y Akane supo que había llegado el momento, era la hora de confesar sus pecados. No se separó de él, se asió aún más fuerte a su espalda, escondiendo su rostro.

— Aquella noche…

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Akane corría descorazonada, las lágrimas bajaban tan rápido por sus mejillas que apenas atinaba a ver donde ponía los pies. Había abandonado el hotel hacía largo rato y aun así sus piernas parecían no querer parar. Quería huir muy, muy lejos de allí, de sus sentimientos solitarios, de las palabras de su prometido.

Le dolía el pecho, sentía como si le hubieran dado una puñalada y después retorcido el cuchillo.

"¿Cuándo te darás cuenta de que no necesito tu ayuda?¡Ni entonces, ni ahora, ni nunca!", "Si vuelves a hacerlo… me iré, me iré tan lejos que no volverás a verme jamás".

Y su expresión, su apretada mandíbula, sus mejillas magulladas, sus ojos azules hirviendo en una furia incontenible, como nunca antes le había visto. Pero lo que realmente le dolía, lo que la torturaba había sido ese último gesto, ese desprecio que adivinó en él cuando le formuló aquella pregunta.

"No tienes ni idea… de porqué lo hice, ¿no?"

Lo vio con claridad, por primera vez en su vida pudo vislumbrar lo que ocultaban los silencios de su prometido.

Lo sabía, él lo sabía todo y aún así no dudó en lanzarle aquella amenaza, en gritarle palabras tan crueles. Sabía de sus sentimientos, que ella le amaba más que a nada, que daría su vida sin pensarlo, que le protegería contra toda adversidad… y aún así la despreció.

Eso la hizo sentir tan miserable, tan absurdamente estúpida, tan sola. Sola con todo aquel amor que ahora pesaba toneladas, completamente abandonada junto a sus sentimientos.

Lloraba sin control, secándose las lágrimas con el dorso de las manos, hasta que en un momento se cansó de correr, comenzó a caminar de manera melancólica mientras la noche caía abruptamente, elevando en el cielo la luna y las estrellas.

Sus pasos inestables la llevaron hasta las afueras, ¿cuánto tiempo había pasado?. De repente sintió frío, una ráfaga de aire helado revolvió sus cortos cabellos y la chica se encogió, sintiendo como se le erizaba la piel.

Estaba sola, tan sola como la noche, tan vacía como el insondable silencio de la hierba que se extendía bajo sus pies, susurrando palabras tristes a su oído.

Sobre su cabeza solo oscuridad, y en el horizonte una estrecha carretera de un solo carril, de pobre asfaltado y sin arcén. Un camino rural que no llevaba a ningún sitio conocido, tan sólo a campos de cultivo.

— Me he alejado demasiado — murmuró para sí dando media vuelta y caminando de regreso, cuan soldado derrotado en cruenta batalla.

Sólo escuchaba el crujir de sus zapatillas deportivas al pisar las piedrecitas del camino, y a lo lejos el tímido murmullo de un río.

Se detuvo un segundo, no, no era eso lo único que oía. Enmascarado entre el viento había un llanto, tan tenue que apenas se adivinaba. Alguien estaba llorando.

Dio un paso saliendo del camino, adentrándose entre las largas hierbas que le llegaban hasta las rodillas, sí, alguien lloraba, parecía un niño.

Atravesó un campo enlodado, cubriendo de pringosa arcilla su calzado, avanzó escuchando más y más nítido el lamento. A cada paso el río parecía más cercano, grande y caudaloso.

En plena oscuridad distinguió un puente cementado que cruzaba por encima del cauce, era pequeño, casi tan estrecho como el camino que acababa de abandonar, viejo y poco cuidado, sin barandas de seguridad ni nada que se le pareciera, un simple paso para pequeños vehículos. A los lados sólo había vegetación, juncos, barro… y aquel llanto.

Caminó sin ver dónde ponía los pies, teniendo cuidado de no hundirse en la tierra cada vez más inestable, hasta que una voz masculina hizo que se detuviese, asustada.

— Deja de llorar — no era una pregunta si no una advertencia, el hombre que dijo aquella frase parecía fastidiado — Me pones de los nervios.

En contestación el llanto se hizo más intenso.

— Maldita seas — el hombre se irguió, mostrando su silueta recortada en la oscuridad — Satoshi acaba de una vez, tengo cosas que hacer.

— Disculpe padre, sería más fácil si pudiera golpearla. — contestó otra voz a su lado, pero esta vez parecía la de un chico joven, plana y aséptica.

— Necio, ¿es que no te han enseñado nada tus maestros?, que la mitad del departamento de policía esté comprado no significa que el resto sean estúpidos, si la golpeas alguien pensará que no ha sido un suicidio. Y además, a las mujeres hay que tratarlas con delicadeza.

— ¿Con la misma delicadeza que trató usted a madre? — respondió feroz.

Un silencio incómodo se instaló en la escena, mientras a sus pies la chica no dejaba de gimotear.

— No te consiento esas palabras, me debes respeto. — le amenazó el hombre de mayor edad, apuntándole a modo de advertencia — Y ahora mátala si es que sabes hacerlo, tengo una cita.

Akane reprimió un grito, tuvo que llevarse ambas manos a la boca para contenerse, sus ojos se secaron y comenzó a temblar. El miedo la paralizó, no debía estar allí, no debía de haber escuchado aquello. Su sentido del deber, su orgullo de artista marcial y sobre todo su férrea moral comenzaron a gritar en su cerebro.

Pero estaba sola, intervenir podía no ser una brillante idea, y más si aquellos hombres iban armados, ¿qué hacer?. Poco a poco comenzó a agacharse en el suelo, intentando volverse invisible. La única opción lógica era ir en busca de ayuda, solo esperaba que a su regreso aquella chica siguiese con vida.

Con el corazón latiendo histérico y su respiración agitada se dio media vuelta, e intentando ser silenciosa como una sombra comenzó a caminar. Sólo debía encontrar una casa, la casa de cualquiera. Debía llamar a la policía.

A su espalda dejó de escuchar las voces, en su lugar el llanto se tornó entrecortado.

— Vaaaaya — pegó un respingo al encontrar justo delante de ella un par de pies firmemente plantados entre la hierba, levantó la mirada aterrada a la vez que sus ojos se cristalizaban en lágrimas — ¿qué tenemos aquí?¿una fisgona?

Sus piernas tardaron un segundo de más en responder, se puso en pie de golpe y empujó a la figura que estaba delante de ella antes de comenzar a correr con todas sus fuerzas. Sus oídos se bloquearon en un pitido provocado por la adrenalina, huyó despavorida sin mirar atrás antes de sentir unas fuertes manos cerrándose en su cintura con facilidad.

— ¡Te pillé! — exclamó casi con sorna la voz del chico, Akane gritó y se contorneó, intentando librarse del agarre.

— ¡No!¡suéltame!¡déjame! — bramaba desesperada, pataleó en el aire a la vez que los brazos la elevaban, consiguió zafarse al propinarle un fortísimo codazo en sus costillas, dejándolo durante un segundo sin respiración.

Cayó al suelo, sintiendo como sus manos se enterraban en el fango, reptó hasta que consiguió ponerse una vez más en pie, pero de nuevo aquel chico la estaba esperando. No alcanzó a ver su rostro cuando sintió el golpe, un fuerte puñetazo en la boca del estómago que la dejó sin aliento, sus piernas temblaron y dejaron de sostenerla, cayó hacia delante perdiendo poco a poco la conciencia hasta que el mismo brazo que la había golpeado la sostuvo, evitando que volviese a estrellarse contra el suelo.

Jamás la habían golpeado tan fuerte, sintió su boca abrirse intentando encontrar aire, babeando lastimosamente, sus ojos dejaron de enfocar lo que tenía delante. Como un muñeco roto sus miembros quedaron laxos, se vio a sí misma elevada en el aire, siendo cargada al hombro por su atacante, incapaz de moverse o hacer otra cosa que permanecer levemente consciente.

Y de repente más dolor, su frágil cuerpo tirado contra el piso sin miramientos, pestañeó rápidamente tan sólo para ver, junto a ella, a una chica de aproximadamente su misma edad. Con cortos y negros cabellos, maniatada y amordazada lloraba sin cesar a la vez que su lamento embargaba el aire.

"Me van a matar" — pensó Akane, dándose cuenta de su precaria situación. Apenas alcanzó a levantar la cabeza del suelo, pudo ver como un hombre mayor se encontraba acuclillado junto a ella, se observaron a los ojos apenas unos segundos antes de que él chasqueara la lengua y tomase su barbilla, alzándola y girándola de lado a lado.

— Es otra chiquilla — murmuró hastiado, hasta Akane llegó el olor a tabaco, sintió contra su piel la callosidad de sus fuertes manos. — ¿Quién eres?¿vives por aquí? — preguntó impaciente.

Pero ella no contestó, estaba tan aterrada, tan terriblemente asustada que simplemente no le salían las palabras. Ni siquiera fue consciente cuando aquel hombre, rudo y violento alzó la mano y la golpeó salvajemente en el rostro, sin mudar la expresión. No le dolió, sólo sintió el sabor ferroso por su labio partido y un fino hilo de sangre surgiendo desde su boca, chorreando hasta su barbilla.

Akane le respondió escupiéndole a la cara, restos de sangre incluidos. Él se limpió la saliva molesto, se puso en pie y le propinó una fuerte patada en el estómago, provocando que la joven se doblara sobre sí misma, tosiendo violentamente.

— ¿No debía de "tratar con delicadeza a las mujeres", padre? — dijo el joven en tono burlón.

— Esta entrometida va a arruinarlo todo, no hay forma de simular dos suicidios a la vez.

— Puedo enterrarla aquí mismo.

— Otra vez pecas de estúpido: esta tierra pantanosa no sirve para ocultar un cadáver, lo escupirá a los pocos días.

Akane comenzó a temblar, arañó la tierra con sus uñas, intentando incorporarse una vez más, ¿realmente estaba pasando?¿esos dos hombre estaban discutiendo qué hacer con ella una vez muerta?.

— Podría cargarla en el coche y matarla en otro sitio. — propuso el joven pensativo.

— Sí, eso suena más lógico… fantástico, llegaré tarde. — resopló fastidiado, con la misma naturalidad de quien sufre un leve percance — Sécale esa sangre, me pondrá perdido el maletero.

El chico se agachó en el suelo, mirando a su presa con cierta curiosidad. Akane apenas y podía respirar, temblaba violentamente a la vez que se aferraba a su vida. Levantó la mirada desafiante, no moriría sin presentar batalla, miró a los ojos de su asesino y a no le costó reconocerle.

— ¡Tú! — exclamó perpleja ante el rubio, quien también parecía sorprendido.

— Debe ser mi día de suerte — dijo antes de sonreír con todos los dientes, a la vez que se pasaba la lengua por los labios.

— Satoshi,¿la conoces? — dijo el hombre mayor a sus espaldas.

— Participa en el torneo, justo hoy le di una paliza a su novio. — recordó con regocijo, maravillado de su presencia. Nunca pensó que pudiera llegar a quedarse con ella a solas, menos en una situación como aquella. Su mente comenzó a formar extrañas ideas, el sentimiento de posesividad que le había invadido aquella misma tarde se volvió más y más fuerte en su pecho.

— ¡Cuando Ranma se entere de esto te matará! — gritó con un convencimiento que escapaba a toda duda, la confianza ciega que tenía en su prometido — ¡Os matará a los dos!

— Padre, ¿me la puedo quedar? — preguntó Satoshi sin dejar de mirarla un segundo, tan ensimismado como si se tratase de una nueva especie que él mismo acababa de descubrir. Akane abrió los ojos todo lo que pudo, sin entender.

— ¿Quedártela?, ¿y qué demonios harás con ella?, ¿la encadenarás para que no escape?¿la amordazarás para que no te muerda? — le respondió el hombre desdeñoso, como si acabara de decir una tontería.

— Puede ser mi flor, yo me ocuparé de ella y de todo cuanto necesite. — dijo de nuevo poniéndose en pie, olvidando por completo a las dos chicas tendidas en el suelo.

— Ya hay muchas flores en el Kokuryukai, no pienso llevarme a esa chiquilla. No hay nada que la empuje a sernos fiel.

— Padre — dijo él dando un paso al frente — Jamás le he pedido nada; hasta ahora he sido un buen alumno, he estudiado, he hecho caso a todos mis maestros y he demostrado ser eficaz en el terreno. Será mi regalo de mayoría de edad.

— ¿Eficaz?¿tanto que llevas casi una hora para ahogar a una niña? — apuntó hacia la chica amordazada, que parecía haber dejado de llorar y prestaba atención a la conversación.

— Será fiel, me encargaré de ello. Nunca le pediré nada más solo démela a ella, por favor.

— No necesito una estúpida muñeca en mi casa, busca otras mujeres para satisfacer tus caprichos.

Akane se incorporó ligeramente y miró a los dos hombres que discutían sobre su vida y su utilidad, sintió un gran agujero en la boca del estómago.

— No es un capricho, ella será de ayuda, sabe artes marciales… sólo hay que enseñarle a sostener un arma.

— Idiota, ¿cómo sabes que no la utilizará contra ti? — preguntó de nuevo el hombre adulto.

— Si llega ese día… yo mismo la mataré.

— ¿Serás capaz?

— No me pondrás un dedo encima — la voz de la chica salió estrangulada de su garganta, arrastrándose había conseguido llegar hasta donde se encontraban ambos hombres y ahora trataba de ponerse trabajosamente en pie. Ambos la miraron incrédulos por haber interrumpido su conversación.

— ¿Crees que podrá?

— Lo hará, ella… — reflexionó viendo como las rodillas de Akane consiguieron finalmente sostenerla y la chica adoptaba una posición marcial de defensa — ...se parece a mí. — terminó con una gigantesca sonrisa.

— Entonces que lo demuestre.

Avanzó hasta donde se encontraba la otra chica, ignorando por completo el patético intento de Akane de plantar batalla. La agarró de la pechera de su uniforme escolar y la puso en pie de un solo ademán.

Rápidamente la liberó de sus ataduras y de la mordaza, ambas le miraron confundidas, llenas de temor.

— Es sencillo — dijo el hombre a la vez que sacaba un cigarrillo de una pitillera dorada, sus ojos negros sin brillo parecían los de un demonio, en ellos ni siquiera se reflejaba la luna. Sacó un encendedor y durante un segundo la cálida luz del fuego iluminó sus facciones. Llevaba el pelo cano bien cortado, y vestía de forma elegante, con un traje ejecutivo completamente negro — Mátala.

— ¿Qué? — dijo llena de angustia, le miró como si estuviese loco. A su lado la chica del uniforme temblaba.

— Sin golpes ni marcas, necesito UNA chica ahogada, ¿está claro?. Intenta ser delicada.

Akane le miró espantada, ¡ese tipo estaba demente!¡era un asesino demente! Un ser sin escrúpulos que parecía disfrutar de todo aquello con un sadismo sin fin. No la obligaría a hacer nada, menos cometer un crimen, lucharía contra él aunque eso le costara la vida.

— ¡No pienso...! — protestó sin creerse nada de lo que estaba pasando, pero la enfurecida mirada del hombre la interrumpió

— No hablaba contigo.

Ni siquiera pudo llegar a comprender lo que había dicho cuando escuchó un agudo grito a su espalda, la desconocida se lanzó sobre ella empujándola al río embravecido. Cayeron al agua, sorprendentemente la orilla apenas empezaba cuando súbitamente aparecía un desnivel.

Akane pataleó sintiendo como el agua inundaba sus pulmones, la delgada chica no se lo pensó antes de agarrar su cuello y hundirla hasta el fondo. Ambas chapotearon en el río, pero lo que ninguno de ellos sabía es que Akane contaba con una desventaja, para su propia desgracia ella no sabía nadar.

Vio las últimas gotas de aire abandonar su garganta atragantada, en el agua oscura casi negra resaltaban las burbujas plateadas reflejando el brillo de las estrellas. Durante un segundo pensó que eran preciosas. Los golpes recibidos dejaron de dolerle, la adrenalina se disparó en su cerebro, activada por un instinto primario e irracional.

Las manos seguían presionando su cuello, cuando de repente su cerebro le dijo algo que parecía haber olvidado.

"Ella no es tan fuerte como tú".

Claro que no, sólo era una chica asustada, una chica capaz de hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir. ¿Permitiría que acabara allí su vida?¿que aquel fuese su último recuerdo?.

Debía luchar. Sus manos se aferraron a los dedos de la desconocida y con una fuerza nacida de la desesperación los retorció hasta que consiguió liberarse, golpeó con su mojado calzado el lecho del río y consiguió salir a flote. Dio una fortísima bocanada, sus ropas pesaban, alcanzar la orilla sería completamente imposible, la corriente era demasiado fuerte.

— ¡Muere de una vez! — de nuevo la voz de la desconocida, histérica y amenazante, un animal acorralado.

No supo exactamente por donde la atacaba, las aguas embravecidas la impulsaban a un estado de desorientación absoluto, arrastrada por la corriente. De nuevo unas finas manos la empujaron hacia el fondo de las aguas, hundiendo sus hombros, haciendo que volviese a probar el sabor del río en la boca.

Se revolvió, pataleó intentando salir a flote pero era inútil, sus piernas simplemente no sabían moverse dentro del agua. En su desesperación agarró las ropas de la desconocida y tiró de ellas, arrastrándola junto a sí, haciendo que ella también probara la amargura del ahogo.

Lucharon en un frenesí sordo de chapoteos y golpes en cámara lenta, siendo arrastradas por la inmisericorde corriente que las llevaba más y más abajo, cada vez más violenta e imparable.

Akane intentó separarse de ella, le golpeó las costillas, le ardía la garganta, le quemaban los ojos y las manos. No miraba, no respiraba, tan sólo luchaba por conseguir aire, por sobrevivir. Le propinó un nuevo golpe y sintió como al fin la chica la liberaba, un segundo antes de chocar contra una afilada roca que surgía desde la más profunda capa del río.

Su espalda se golpeó contra la piedra, gritó burbujas de un aire que ella misma desconocía que seguía teniendo, la violencia del agua la arrastró hasta la superficie y alzó las manos agarrándose con las uñas a una pared completamente lisa.

Tosió, vomitó agua a la vez que clavaba más y más los dedos en la piedra, sintiendo como sus uñas estallaban en sangre. El dolor de la garganta era insoportable, cogía aire emitiendo silbidos agónicos. Apenas veía, mucho menos se podía mover, hasta que en la orilla distinguió de nuevo a los dos hombres: se separaron y el más viejo se dirigió hacia ella.

Con el cigarrillo aún encendido caminó lento hasta llegar a la roca en la que se aguantaba precariamente, le tendió una mano y al ver que la chica estaba tan asustada que apenas reaccionaba agarró su muñeca y con una fuerza inusitada la arrastró fuera del agua. Sin cuidado ni modales, tiró de ella hasta que Akane quedó completamente tendida encima de la roca.

Se agachó junto a ella, de nuevo en cuclillas, mirándola con un interés renovado.

— Dime chica, ¿qué se siente? — preguntó, y Akane apenas pudo levantar la vista y enfocar su rostro, con sus pulmones aún gritando de dolor — Hace tanto que olvidé mi primer asesinato… — sonrió abiertamente, con el cigarrillo entre los dientes.

Un demonio, un ser infrahumano regocijándose en la tragedia, alimentándose de la desgracia, un devorador de almas.

Ella le observó sin entender, hasta que giró la cabeza y vio como a unos metros el chico rubio arrastraba un cuerpo fuera del río.

— Tiene el cuello roto — anunció con tranquilidad.

— Bien, no pierdas más tiempo — respondió el viejo, abandonando a Akane en mitad de la oscuridad — te espero en el coche.

Y ella le vio marchar más aterrada que en toda su vida, mucho más que cuando había aceptado su muerte como una certeza. ¿Cómo que asesinato?¿que significaban aquellas palabras?. Tiritó y no de frío, tembló de pies a cabeza a la vez que sentía un nudo en el estómago, una extraña sensación de infinita oscuridad.

El chico rubio llegó a su lado y la miró triunfal.

— Sabía que lo harías. — declaró, a su espalda la desconocida permanecía tendida en la hierba, completamente inerte.

— Fue un accidente… — negó Akane con la cabeza, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas de puro pánico — ...yo no quería…

— Sobrevivir nunca es un accidente — la interrumpió tomándola por los hombros, ayudándola a ponerse en pie — Lo supe en cuanto te vi, tú también tienes esa mirada, los ojos de quienes han visto la muerte.

Ella se perdió en sus ojos negros, tan oscuros como los del viejo, tan carentes de luz y vida, ¿serían iguales a los suyos en ese mismo instante?. Opacos, impenetrables.

— ¿Qué quieres de mí? — preguntó en un susurro sin dejar de temblar, sintiendo sus manos alzándola.

— Quiero… — dudó un segundo. Quería que le mirara como le miraba a él, eso era exactamente lo que ansiaba. Envidiaba ese sentimiento de dependencia, cómo reconocían mutuamente su existencia, acariciándose el uno al otro sin palabras. Quería eso para él, alguien que llenase el vacio que sentía cuando todo se quedaba en silencio. Quería perderse en su color, anhelaba volver a sentir — ...que te quedes a mi lado.

Ella negó con la cabeza, rozando el histerismo.

— No — contestó a la vez que la recorría un escalofrío.

— Ahora eres uno de nosotros, ya no perteneces al mundo de las personas "normales". No podrás regresar, has cometido un crimen de sangre y eso en Japón se castiga con la pena de muerte. Tus familiares te despreciarán, toda la sociedad pensará que eres un monstruo y eso también le incluye a "él".

Eso la hizo reaccionar.

— Yo no la maté… yo no…

— ¡Deja de farfullar! — exclamó sacudiéndola — Harás lo que yo te diga porque ahora me perteneces, he reclamado tu vida y puedo disponer de ella, ¿lo has entendido flor?.

No, claro que no entendía nada, pero antes de que pudiese seguir discutiendo el chico comenzó a tirar de su camiseta. Akane intentó gritar comprendiendo de golpe, pero él se encargó de poner una mano en su boca.

— No seas estúpida sólo quiero tus ropas, no funcionará si no cuidamos los detalles. Ahora sé buena chica y desnúdate.

— Que… me…

Él volteó los ojos molesto por tener que explicar lo obvio. Se giró y comenzó a desvestir el cuerpo sin vida que había rescatado de las aguas, minutos después volvió con el uniforme escolar en una mano.

— Ten, de prisa.

— N-no puedo hacerlo.

— O te vistes con eso o lo hago yo — le amenazó de nuevo, y Akane no dudó en que decía la verdad. Con manos temblorosas abandonó sus empapadas ropas y las sustituyó por el uniforme escolar de la chica muerta, la chica de su misma edad que ella misma había…

Él se encargó del resto, lo hizo con desenvoltura a pesar de su evidente juventud, parecía que no era su primera vez. Akane contempló el ritual absorta, como si su conciencia hubiese escapado hacia otro lugar, uno muy lejano y tan sólo su cuerpo se hubiera quedado observando aquella atrocidad.

— El anillo también — le reclamó Satoshi, pegó un respingo, ni siquiera se había dado cuenta de cuándo se había movido hasta su lado.

Akane apretó su mano izquierda contra su pecho.

— Por favor, déjame quedarme sólo con esto — rogó desesperada con una triste mueca, una súplica.

— No — respondió impasible, tomando su mano y sacando el aro de su dedo anular con facilidad, con la misma facilidad con la que ella lo podría haber sacado en cualquier momento si así lo hubiera querido. Que estúpida, que comportamiento tan infantil.

Le vio marchar y de nuevo devolver el cuerpo al río, casi con delicadeza.

— Tardarán días en encontrarla — dijo para sí a la vez que tomaba el brazo de Akane y la arrastraba a su paso, sin que ella pudiera hacer nada por resistirse.

Miró una última vez el oscuro río y le dedicó una triste despedida a la desconocida que de forma siniestra vestía sus ropas. La condujo hasta un elegante coche oscuro y la obligó a entrar, escuchó el fuerte golpe de la puerta como una condena a cadena perpetua.

..

.

— ¿Hoy tampoco vas a comer nada?

En respuesta solo recibió la indiferencia de la delgadísima chica de cortos cabellos. La habían llevado a aquella casa hacía apenas una semana y desde entonces no la había visto hacer otra cosa que dormir. Permanecía todo el tiempo que podía acostada, sin siquiera ver la luz o pronunciar palabra.

La vieja Sumire tenía cerca de setenta años y no era una estúpida, ella misma había llegado hacía muchos años en una situación muy parecida, claro que antes eran otros tiempos, estaban en guerra.

— Si no comes morirás — dijo mirándola desde su reducida altura — Aunque debes saber que eso tampoco le importa a nadie. Aquí la vida no vale nada, y menos la de una flor.

Si escuchó algo de lo que le dijo no dio muestras de ello, continuó tumbada en la oscuridad sobre su futon, dándole la espalda.

La vieja se encogió de hombros y se retiró de la estancia, justo en el momento en el que otra persona ingresaba.

— ¿Aún estás así? — preguntó la desdeñosa voz del chico rubio. Avanzó sin cuidado por la habitación y abrió las ventanas de par en par, haciendo que la luz del medio día llegara a todos los rincones.

— Oyabun dice que quiere ver si puedes ser útil. Dame las gracias por la oportunidad, me ha costado mucho convencer al jefe de operaciones, no para de repetir que eres demasiado vieja para comenzar el entrenamiento.

Akane se incorporó de golpe deslumbrada por el sol, pero sobre todo alterada al volver a escuchar a esa persona después de casi una semana. Se irguió con el odio palpitando fuertemente en sus pupilas, intentando asesinarle con la mirada.

— No te molestes — declaró intentando mantenerse firme — No estaré mucho tiempo aquí.

Él la miró burlón.

— ¿De veras?

— Mi prometido vendrá a por mí.

Satoshi no pudo ocultar su petulante sonrisa.

— ¿Eso crees?

— Ranma me está buscando en estos momentos, y no dudes que dará conmigo, siempre lo hace.

— Esta vez no, ahora eres una flor. Mi flor.

— Vendrá, y créeme si te digo que no tendrá piedad de tí. — levantó el mentón, desafiante.

— Ya le vencí una vez, ¿que te hace pensar que no lo haré dos? Además… — dijo susurrante, dirigiendole una mirada afilada — ...ahora no eres la chica inocente que él conocía, has matado, te has ensuciado las manos. ¿De veras quieres enturbiar esa imagen dulce y angelical que él tiene de ti?,¿la ensuciaras y la reemplazarás por lo que eres ahora?¿no sería más fácil… olvidar?

— ¡Eres una serpiente! no me engañarás susurrando veneno en mi oído. Él lo entenderá, les diré a todos quienes sois, las horribles cosas que hacéis y…

— Mi pequeña flor — le interrumpió de nuevo, sacando un periódico de su chaqueta. — Tu no tienes ni idea de lo que nosotros hacemos — dijo antes de lanzarlo al suelo y observar atento su reacción.

Lentamente Akane se agachó y tomó con dedos temblorosos el diario. Observó la imagen de la portada con un nudo en la garganta, las lágrimas salieron solas, brotaron de sus ojos como una fuente recién abierta.

— No vendrá a buscarte, ya no. Te lo dije, ahora eres de los nuestros.

Ella cerró los ojos sin querer mirar más, notando la nueva puñalada, el golpe mortal al leer la crónica de su propia defunción. Realmente lo habían hecho, habían conseguido engañar a todo el mundo, la habían matado en vida.

No se trataba de un lugar cualquiera, ellos no eran yakuza ni nada remotamente parecido. Había ido a parar al mismo infierno en la tierra.

— Si demuestras tu valía nunca se te pondrá en duda. Aquí podrás llegar a ser una de las mujeres más poderosas del país. El brazo armado del gobierno, la sombra que nadie ve, los protectores de la nación.

Le escuchó pero en realidad no quería hacerlo, oía su enajenado discurso nacionalista más propio de otros tiempos, de un soldado en plena batalla.

— Pero si te opones a nosotros… no sólo pondrás en peligro aquello por lo que tantos hombres y mujeres lucharon y murieron, sino que yo mismo me encargaré de acabar con todo lo que amas.

Giró la cabeza violentamente, sintiendo como estrujaba su corazón. Parecía tenerlo sobre la palma de su mano y poder torturarla a placer.

— No, eso no… — se encontró suplicando de nuevo, pero esta vez no por su vida, si no por la de su familia.

— Lo sé todo de ti Akane Tendô: sé donde naciste, donde estudiaste, quienes son tus amigos de la infancia. Conozco tus aficiones, tus sueños y esperanzas. He estudiado a fondo tu persona y puedo decir sin temor a equivocarme que si algo valoras más que tu propia vida es la de las personas importantes para ti.

— Eres un monstruo — susurró impotente, dejando caer sus hombros derrotada. Hundiéndose en el fango de la desesperanza.

— Ahora tienes la oportunidad de ser parte de algo mayor, una pieza del país que intentamos construir. Seremos aún más fuertes… contigo.

Una pausa casi teatral, una siniestra reflexión interna sacudió la sala.

— Prométemelo, prométeme que si hago lo que me dices, si sólo acato órdenes les dejarás en paz. Prométeme que seguirán con vida. — Y cuando ella volvió a alzar la vista, cuando abrió los ojos a su nueva realidad Satoshi supo que algo no iba bien. Había cambiado, su mirada llena de calor, sus ojos que tanto anhelaba que le reconocieran, que le diesen fuerzas y le hiciesen sentir vivo de nuevo se habían apagado. Se habían vuelto tan opacos como los suyos propios. Estaban llenos de pena y muerte.

— ¿Has pensado en lo que te dije? — preguntó intentando cambiar de tema y girándose hacia la ventana, ignorando lo que estaba seguro acababa de ver. — ¿Ya has elegido tu nuevo nombre?

— Me gusta mi nombre.

— No puedes llevar el nombre de una muerta, aquí solo puedes ser una eterna flor.

"Una flor" — pensó, una solitaria flor de aquel cementerio. Volvió a posar la vista sobre el periódico que descansaba en el suelo y reparó en la triste figura del chico que llevaba un ramo de flores. Agachado delante de su retrato, engalanado con listones negros para la ocasión. Su trenza caía sobre su espalda, casi perdiéndose entre los difusos tonos de negro de la impresión, y en sus manos… en sus manos…

Su corazón palpitó llenándose de amor, un segundo antes de ser arrasado por la mayor de las desolaciones.

Apretó los dientes intentando contener el grito, el desconsuelo ingrávido de aquella escena. Tomó aire y empujó aquel sentimiento muy abajo, lo guardó en lo más profundo de su alma, acariciándolo, besándolo con reverencia.

— Si he de ser una flor, entonces...

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Aclaraciones:

Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.

Kokuryukai: Sociedad del Dragón Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta.

¡Hola!, ya estamos a martes y me pongo al día con la publicación. Cada vez va quedando menos...pobre Akane, estas escenas son muy duras pero sólo un acontecimiento realmente traumático puede ser el desencadenante de una historia tan oscura. Ah, por cierto, prometí explicar las visiones de Ranma y voy a hacerlo ahora mismo. Este capítulo comienza con un sueño en el que la "Akane" que está en la mente de Ranma se despide de él.

Voy a dejar claro que esa "Akane" nunca fue la real, él mismo lo sabía. Podríamos decir que era una especia de representación de su recuerdo de Akane mezclado con su propia conciencia, ya que es ella la que se dedica a sermonearle, a decirle: "abandona", "te estás volviendo loco", "vas a olvidarme", son pensamientos tristes, contradictorios a veces. Podríamos decir que su subconsciente adquiere esa forma, se transforma en una Akane que poco tiene que ver con la real sólo para proporcionarle algo de tregua a toda su pena. También se podría creer que es un primer síntoma de una enfermedad mental, pero mejor pensar en ello como un episodio aislado y transitorio.

Y ahora los agradecimientos, ¡muchas gracias a todos por leer!. Gracias, gracias, millones de gracias por darle una oportunidad a esta historia, espero que me acompañéis hasta el final.

Agradecimientos especiales a mi beta reader argentina, Nodokita, gracias a tí este capítulo no fue un desastre, jajaja.

Contestando reviews: xandryx (si te sirve de consuelo por un momento yo también pensé que la mataría...), Andy Saturn (¡gracias!), Yram1 (sí, hay tanta tensión entre ellos que por algún lado tenía que explotar), Dulcecito311 (la verdad es que Akane en estas escenas tiene un aspecto lamentable...pobrecita), Ikane (Ranma se convierte en un monstruo, se siente estúpido, engañado cruelmente. Me alegra saber que te gustó la escena), Akane Tsukino (jajaja, me alegra saber que te gustó), Rokumon (ya veo que gustó el sartenazo de Ume, XD), susyakane (gracias, veremos a ver como resuelven...), ar30982 (gracias por tu comentario), Kunoichi Saotome (gracias por tu comentario, la reacción de Akane es un tanto más... no se ni como denominarla, ¿contenida?. Se debate entre muchas cosas: intenta tranquilizarle, pero también intenta excusarse y no sabe bien como hacer ninguna de las dos cosas. La imagen del tatuaje...mmm, me encanta XD), Beva (¡entonces muchas gracias por hacer el esfuerzo de dejarme una review! me alegra saber que he logrado esa reacción en ti), Isakura Tendo (muchas gracias por todos tus comentarios, cuando le dice "mi Akane" creo que es muy revelador, la abraza desesperado después de tanto tiempo. ¡Muchos ánimos con tu trabajo!, yo también he sufrido de jefes/as locos, ¿será que deberían dar ansiolíticos con los ascensos? jajaja. Mil besos para México), kykio4 (¡gracias! sí, intenso es una buena palabra para describirlo), Jorgy (oh, sí, "nosotros", jeje, fue algo que pensé desde el principio para que los mismos lectores apreciasen como gira la trama de forma completamente clara. Y la puesta en escena tienes razón que resulta muy teatral, pero lo que viene creo que lo es más aún. Y el agua...umh, no lo hago apropósito, o quizás sí, ya ni lo sé pero todas las escenas dramáticas que escribo transcurren con algún elemento de agua: lluvia, nieve, mar... creo que cualquiera que lea mis fics y vea agua puede adivinar que se viene una escena importante. No se como acabé así :S), rosi (gracias por tu review, me alegra saber que te gustó el reencuentro), Marcia Andrea (Muchas gracias por animarte a dejar un comentario, te lo agradezco de corazón y más saber que te da tanta "flojera" XD. Te agradezco que leas lo que escribo y que te gusten mis OC. Y tienes razón, Ranma es diferente, ahora es un hombre atormentado, esto no es suficiente...vienen muchas cosas), Chiqui09 (¡gracias por comentar! me alegra haber conseguido hacerte llegar toda esa desesperación que siente Ranma).

De nuevo gracias a todos por estar ahí. Nos leemos pronto.

Lum