Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.
Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.
.
.
[Crisantemo 16: Nuestro plan]
.
.
Ninguno de los dos se movió, habían pasado horas desde que Akane había comenzado a hablar y Ranma siquiera hizo el intento de girarse para mirarla.
Una o dos veces ella hubiese jurado que escuchó gruñidos contenidos, o sintió su espalda tensa temblando ante sus palabras. No se había separado de él, aun continuaba con el rostro oculto en sus ropas, agarrando con fuerza su camisa ahora empapada por las lágrimas.
No podía parar, no ahora que había decidido contarle todo.
— No averigüe hasta mucho tiempo después que esa chica se llamaba Nadeshiko y era la hija de un estúpido contrabandista con conexiones en la yakuza. Y después… después dejé de pensar. Me llevaron a varios sitios, me pasé los primeros cuatro años viajando con identidades falsas. Entrené tan duro como jamás creí que podría hacerlo, estudié muchísimo: historia, idiomas, matemáticas, defensa, evasión, artes marciales, lucha a corta y larga distancia, conducción, infiltración… y luego llegaron las misiones, en las primeras me acompañó Satoshi y después estuve sola. A lo largo de estos años yo…
— Basta — le interrumpió Ranma, con voz ronca y desolada — No quiero escuchar más. Sólo… tan sólo dime una cosa, él… ¿se propasó contigo?¿alguna vez...? — ni siquiera pudo continuar, el imaginarlo le hacía trizas, le volvía loco.
Akane enrojeció ante su pregunta.
— No. — respondió directa.
El artista marcial suspiró aliviado, pero después se llevó ambas manos a la cabeza, demasiado confuso por todo lo que había oído de sus labios. Por todo el dolor que ella había tenido que soportar. Jamás pudo imaginar nada igual, ni remotamente parecido. No podía entender la tristeza y la soledad con la que había cargado durante tantos años ella sola, mientras él… él había decidido rendirse y rehacer su vida.
"¿Me habrá visto?" — se preguntó de golpe, notando un nudo en el estómago al sentir que así era, que ella en su desdicha, en su vida en muerte le había observado alguna vez: con envidia, con el corazón hecho migajas, tal vez con una triste sonrisa al verle pasear junto a otra persona…
— Así que es cierto — susurró sintiendo como se rompía, cómo sus ojos se llenaban de lágrimas cristalinas — realmente fui incapaz de protegerte.
Akane levantó la cabeza, deshaciendo el contacto.
— ¡No, tu no tuviste nada que ver, no podías hacer nada!
— Podía no haberles creído, podía haber seguido mi instinto en lugar de dejarme arrastrar por el dolor. Si no hubiera sido tan estúpido podía haberte rescatado antes de que…
— Ranma, ¿acaso… te has estado culpando todos estos años? — formuló la pregunta con miedo, con una voz fina y aguda, pero él no contestó. — ¿Ranma?
Soltó su camisa sintiendo los dedos agarrotados, giró el rostro lentamente, pero su espalda era demasiado grande, casi inabarcable.
Con sumo cuidado deslizó las rodillas sobre el tatami hasta que consiguió situarse a su lado, mirando su perfil aún con la cabeza hundida entre sus hombros y el rostro oculto en sus cabellos.
— Te culpaste… — comprendió con el corazón en un puño, sintiendo el dolor que emanaba de su silencio — ...pensaste que había muerto por tu culpa. Por eso durante todos estos años seguiste llevando crisantemos a mi tumba. — sonrió con tristeza, apretando la negra tela de su vestido entre los puños.— Lo lamento, lamento haberte causado tanto dolor Ranma. Yo sólo quería…
— Te llevé crisantemos rojos porque jamás dejé de amarte. — le interrumpió su voz cansada y llena de furia — Ni en tu muerte pude dejar de hacerlo, así que no insultes mis sentimientos.
— Ranma…
— ¡Y claro que me culpé!, ¿es que acaso no me conoces?, ¿¡no sabes de lo que soy capaz por tí!?. — levantó la mirada, con la vista fija en la pared del fondo, como si no hablase con ella, solo reflexionara en voz alta — Mataría por tí Akane, igual que lo has hecho tú durante todo este tiempo. A quién sea y como sea.
— ¿No me… desprecias? — dijo temblorosa, sintiendo de nuevo las lágrimas acumularse en sus ojos — ¿no te doy asco?¿no me temes? mis manos… — las alzó en vilo, contemplándolas — …están llenas de sangre.
El chico levantó la mirada rápido como el pensamiento, en sus ojos brillaba una desesperación inconsolable, una ira desmedida que no sabía como liberar. Akane apenas pudo reaccionar cuando de nuevo se le echó encima atrapando sus finas muñecas contra el tatami, mirándola a los ojos.
— ¡Basta joder!, ¿¡qué mierda es lo que no acabas de entender!?¡estás viva!
Ella se quedó perpleja al ver las lágrimas resbalar por sus ojos azules, caer hasta golpear su propio rostro, su alma conmovida se estremeció ante sus palabras, sus torpes gestos que intentaban decir en un segundo cuánto la había anhelado. Ranma apretó los dientes intentando contenerse, dejar de verse tan patético y débil. Necesitaba terminar con esa agonía, esa infinita sed de ella que le oprimía la garganta, que le destrozaba el corazón.
Volvió a soltarla enfadado consigo mismo, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, tan frustrado que pensaba que iba a estallar. No podía hacerlo, había pasado demasiado tiempo, demasiadas cosas.
La amaba tanto… se había acostumbrado a besarla en sueños como triste consuelo de una vida sin su amor. El poder tocarla ya le parecía un milagro, sus hermosos ojos llenos de brillo eran la prueba fehaciente de que era real. Existía en ese lugar, junto a él.
Y el enfado, la horrible ira que sentía hacia todas esas personas que les habían separado, que la habían obligado a… ¡a ella! tan casta y pura, casi eterea. Habían transformado a su Akane en un hermoso angel de muerte y a él en un eterno muerto en vida.
No se percató de cuando regresó a su lado, las dulces manos de Akane se apoyaron en su pecho, la miró confuso aún con lágrimas adornando su tez, con sus ojos azules temblorosos.
Y sus labios, tan rojos y deseables se acercaron a los suyos. La percibió a cámara lenta, dejó que le besara, que sus bocas se encontraran torpes apenas un instante, se dejó invadir por la increíble sensación que le provocaba. Dicha, felicidad absoluta.
Akane se separó de él, sus labios dejaron de acariciar los suyos en aquel casto beso, bajó la mirada avergonzada.
— Perdóname — murmuró, y Ranma no supo si lo decía por sus anteriores palabras o por lo que acababa de hacer, lo único que sabía es que la necesitaba, necesitaba sus besos para sanar todas y cada una de las heridas de su alma rota.
Tomó su fino mentón entre el índice y el pulgar de su mano vendada, alzó de nuevo su rostro para mirarla y se abalanzó sobre ella, dispuesto a demostrarle todo aquello a lo que no llegaban sus palabras. Sintió el contacto, sus sedosos labios en los suyos, temblorosos y secos de tan larga espera.
Mordió su boca obsesivamente, abrió los labios buscando su lengua, adentrándose salvaje. Apoyó una mano contra su nuca y la otra agarró rauda su cintura. La tumbó bajo él, la depositó sobre el arrugado futón que aún permanecía semi estirado en el suelo. Akane se agarró a su cuello con todas sus fuerzas, parecían unidos como imanes, sumergidos en un infinito beso de amor y anhelo. Eso era, habían pasado perdidos demasiado tiempo y sólo el otro les hacía sentir que volvía a haber tierra bajo sus pies y cielo sobre sus cabezas.
Sus labios histéricos se recorrían incontenibles, se mordían, soltaban y agarraban de nuevo en un frenesí imposible. Sus pechos se hinchaban ante sus desesperadas respiraciones, sus deseos se incendiaban inflamados hasta la locura. Ranma metió las manos bajo su falda, palpando sus muslos, recorriéndolos famélico a la vez que apretaba la punta de sus dedos contra la suave piel. Akane le ayudó a quitarse su desabotonada camisa, sumergiendo sus manos en su espalda, recorriendo sus resaltados músculos y percatándose de sus propias cicatrices, sorprendida. ¿De dónde salían?, reconoció una larga y abultada localizada en uno de los laterales de tu torax, el navajazo que casi le mata, pero...¿y el resto?¿qué habían estado haciendo Ranma durante todos esos años?.
Se enredaron en una maraña de caricias osadas, de manos sedientas que no atendían a la razón. Eran fuego helado, hielo abrasador.
El chico palpó sus pechos por encima de su vestido, gruñó impaciente metiendo la mano entre los diminutos botones que recorrían la tela y le cerraban el paso. Se ayudó con la otra mano y los separó con rabia, haciendo que saltasen por la habitación en todas direcciones, rasgando la tela ante el incontenible grito de mudo asombro de Akane.
Su piel era tan blanca como la nieve, tan hermosa… se separó de sus labios y besó sus clavículas con devoción, ¿estaría ella tan acalorada como él?. Bajó dejando un reguero de besos por sus escote y ante cada uno de ellos la escuchaba gemir sin contención, impaciente. Volvió a acallarla con sus labios y de nuevo metió ambas manos bajo su falda, busco el comienzo de su ropa interior y la arrugó bajo su mano derecha, tiró de la prenda rompiéndola sin remordimientos.
No tendría compasión, no se contendría un segundo más. La chica apenas pudo observar al monstruo rugiente que la reclamaba para sí, a la bestia en la que había convertido al hombre que amaba. Se agarró a él con fuerza intentando contener las lágrimas de sus ojos. Ella le calmaría, su amor le haría regresar.
No se molestó en terminar de desnudarla, se abrió hueco entre sus piernas y apenas se desabrochó los pantalones antes de poseerla, se sumergió en su interior voraz, arrasando a su paso, sin escuchar el reclamo que Akane gimoteó mientras se sentía atravesada por su virilidad.
Él suspiró satisfecho, apretó los dientes disfrutando de la infinita bondad de estar dentro de ella. Ajeno al mundo, olvidando por momentos todas sus lágrimas pasadas. Se balanceó suave y por segundos más fuerte, exigente. No estaba siendo amable, mucho menos delicado, era un desalmado muerto de hambre. Atravesaría su carne hasta encontrarse saciado, bebería de ella hasta curar sus heridas. La amaría de aquella forma cruel hasta caer inconsciente.
— ¡Señorita! — la puerta corredera se abrió de golpe y la sirvienta se quedó plantada en la entrada.
Ranma rugió como una pantera protegiendo su presa, se detuvo un momento tan sólo para levantar la mirada y atravesar a la chica con sus ojos azules en ignición.
— ¡LARGO! — gritó mientras Ume cerraba a toda prisa, sonrojada y perturbada a un mismo tiempo.
Las lágrimas se acumularon en los ojos oscuros de la joven, luchó con todas sus fuerzas por no derramarlas, temblaba violentamente incapaz de creer lo que acababa de ver. Pero había algo mucho más importante, aquello que había ido a decir antes de oír los gritos de su señora y creerla en peligro.
— ¡Wakagashira está en la entrada!¡viene hacia aquí! — exclamó, y eso sacó a Akane de su estado casi agónico.
— Ranma, tienes que…¡ah! — gritó al sentir como de nuevo volvía a tomarla con una fuerza arrolladora — ¡Ranma para! — suplicó sintiéndose rebasada por su corpulencia, adentrándose una vez más en ella, sin escuchar — ¡Para!
— Que venga — susurró a su oído — Quiero verle.
— ¡Te matará!¡nos matará a los dos!¡Ah!
— No… yo le mataré a él. — de nuevo su miembro se abrió paso entre sus muslos, sin descanso.
Su voz sonó suave aún a pesar de la brusquedad de sus acciones, Akane apretó los dientes.
— ¡Yo también quiero venganza, pero necesitamos un plan!
— Ese hijo de puta es mío, y quiero que sepa que tú también eres mía, Akane. — volvió a atravesarla con fuerzas renovadas y esta vez ella reprimió el grito. — Solo mía.
— Por favor… Ranma… basta. Este no eres tú. — su ruego hizo que una parte de él reaccionara, miró a Akane sorprendido por sus ojos llenos de lágrimas, de los que antes no se había percatado. Y fue entonces cuando vio la sangre, de un color rojo deslumbrante manchando el futón.
Se apartó bruscamente de ella, comprendiendo de golpe lo que tan desesperadamente le había gritado, su gimoteo ahogado.
— ¿Akane…?
— ¡Ahora no! — dijo histérica dejando caer su falda, ocultando su desnudez. Tomó las ropas del chico de la trenza y agarrándole la mano con fuerza le empujó dentro de su vestidor, lo último que vio antes de cerrar fue sus ojos llenos de confusión. No le costaría nada abrir la puerta de nuevo, pero ella rogó porque comprendiera, porque recuperar su sentido común, ese que ella misma se había encargado de aniquilar. Atacar directamente a Satoshi era la forma más rápida de acabar muertos.
Justo a tiempo escuchó la voz del chico rubio al otro lado de la puerta, Ume hablaba a trompicones, bloqueando la entrada, dando estúpidas disculpas sobre su mal estado de salud.
Akane regresó rápidamente al futon, lo colocó torpemente antes de tumbarse dentro, pretendiendo estar dormida. Su corazón palpitaba de prisa, tanto que podía escucharlo, ¿qué era lo que acababa de ocurrir?. Se sentía dolorida, su vestido abierto apenas conservaba un par de botones que se abrochó con manos temblorosas antes de que Satoshi entrara en la habitación.
— ¡Kiku! — exclamó acongojado, más de lo que hubiese escuchado jamás.
Llegó hasta ella con pasos rápidos y se dejó caer junto al futón, una expresión extraña nublaba sus ojos, ¿acaso estaba… preocupado?
— ¿Qué fue lo que ocurrió anoche?¿qué demonios le ha pasado a la casa?¿¡por qué nadie me avisó de que llegaste herida!?
— Yo…
— ¡El doctor me ha contado esta mañana que llegaste medio muerta! ¿en qué estabas pensando?, déjame ver tus heridas.
— No, no es necesario.
Pero Satoshi era perspicaz, más que nadie, veía esas cosas que a otros se le escapan, y ahora podía verla a ella. Tumbada sobre el futon desordenado, con las mejillas encendidas. ¿Por qué volvía a verla tan hermosa como la primera vez que posó sus ojos en ella?¿tan… viva?
— Aún tienes fiebre… — murmuró a la vez que inspeccionaba la sala, observando el desayuno sin tocar, los rollos de vendas — ¿Donde guardas las medicinas?¿en el armario? — se incorporó acercándose hacia las puertas del gigantesco vestidor.
— ¡NO! — gritó ella incorporándose, dándole alcance antes de que pudiera abrirlo — Es decir… me encuentro mucho mejor.
Él volvió a girarse y la contempló atónito, esa no era su actitud normal, estaba mucho más… sumisa que de costumbre, no reprochaba, no le miraba con aquel infinito desprecio.
— ¿Qué fue lo que ocurrió? — preguntó acercándose un paso a ella, observando su ajado vestido con extrañeza.
— Era una trampa — contestó con sinceridad — me estaban esperando para matarme.
Satoshi abrió los ojos, incapaz de creer en sus palabras.
— ¿Qué?¿qué estás diciendo?
— ¿Tu lo sabías? — dijo ella levantando la mirada, atravesándole con sus ojos marrones, ahora tan cálidos — ¿por qué me mandaste a una misión suicida?¿no tenías suficiente con...? — se mordió la lengua para no confesar que sabía que la había engañado respecto a la muerte de Ranma, era mejor no decir nada.
Satoshi apretó los dientes, le vio temblar de pura rabia, desde los pies a la cabeza. Arrugó el entrecejo percatándose de que el frío asesino estaba conteniéndose, loco de furia.
— ¡Oyabun! — exclamó fuera de sí, con sus ojos negros refulgentes. En ese mismo momento comprendió por qué su padre le había mandado a una misión tan estúpida y tan lejos de ella, ¿matar sus esperanzas?¿acabar con ese tipo?. ¡Era una farsa!¡un engaño para mantenerle ocupado mientras él hacía y deshacía a su antojo!. ¡Había intentado matarla mientras él no miraba! ¡y además el mismo le había dado la excusa perfecta para justificar su muerte!
Casi podía escucharle: "Últimamente estaba distraída" "Ya no era la de antes" "La muerte de ese chico la afectó mucho".
Una rabia incontenible creció dentro de él, ¡de él, que apenas si sentía!¡que apenas se sabía humano!. Su corazón palpitó llenándose de veneno, sus manos se crisparon al observar de nuevo sus ojos marrones mirándole con aprensión, y comprendió algo después de todos esos años.
Dejó escapar el aire de sus pulmones entendiendo por fin dónde había estado escondido lo que tanto ansiaba, eso que envidio de "él" tanto, tanto tiempo atrás.
¿Cómo no lo había visto antes?¿esa era la fuerza que percibió en su espíritu?¿la fuerza que ella misma le daba?.
— Tu eres mi flor. — dijo sin más, como si con esas palabras el resto cobrase sentido y su mundo recuperara los colores. — Y quien se atreva a tocarte… morirá.
El corazón de Akane dio un brinco, miró con miedo hacia las cercanas puertas del armario, rogando, suplicando más bien porque el rubio se marchara antes de que Ranma cometiera una locura.
— Kiku — murmuró Satoshi acercándose un paso, invadiendo su espacio personal como muy raras veces osaba hacer. Se plantó frente a ella e inclinó su rostro ligeramente, aspirando el aroma de sus cabellos. — Hueles a sangre, y a…
"Sexo" — rodó los ojos pensando en la cosa tan absurda que estaba a punto de decir, eso era simplemente imposible.
— Cuídate las heridas, debes estar lista a tiempo para la reunión anual. Creo que este año va a resultar… interesante. — apostilló antes de salir de la habitación.
Avanzó por el pasillo hasta que sus pasos se perdieron, y solo entonces Akane se atrevió a abrir de nuevo las puertas del armario. Le encontró sentado como una marioneta a la que le han cortado las cuerdas.
— ¿Ranma? — preguntó asustada, acercándose a él.
— ¿Intentaron matarte? — apretó los puños — ¿ellos intentaron acabar con tu vida?
— Pero escapé — dijo agachándose a su lado — Escapé y gracias a eso tú me encontraste.
Sus ojos azules la miraron vacíos, apartó la mirada.
— Soy un monstruo — susurró dolido — yo… no soy mucho mejor que ellos.
— ¿Pero qué estás diciendo?
— Quería hacerte daño, quería devorarte como si fuera un demonio hambriento. — confesó incrédulo de sus propias palabras.
— Ranma… — Akane tendió su mano lentamente y él la miró lleno de congoja.
— ¡No te acerques!, ¿cómo puedes siquiera mirarme después de lo que te he hecho?
— ¡No hiciste nada malo! yo quería que lo hicieras, Ranma, quería que fueras tú. Siempre lo quise.
— He utilizado mi fuerza contra ti, prácticamente te he obligado a…
— ¡Basta!, ¿que te has pensado?. Puedo defenderme perfectamente, soy fuerte, mucho más de lo que piensas. No me hubiera costado nada darte una paliza, así que quítate esas ideas absurdas de la cabeza.
— Pero…
— Aunque podrías haber sido un poco más delicado. — dijo enrojeciendo — Se supone que es algo agradable… y no lo ha sido.
Él la observó perplejo, sin creer lo que oía, la gran suerte que tenía. Tomó su mano con ternura y se la llevó a los labios.
— Te compensaré, te lo juro.
Tiró de ella y la atrajo contra sí, rodeándola con sus brazos. Akane se dejó llevar y se acurrucó en su pecho, sintiéndose segura, a salvo de todo mal.
— Ranma, ¿qué pasará ahora?¿qué haremos?
— ¿No lo sabes? — contestó a la vez que acariciaba sus largos y suaves cabellos — Yo los mataré… a todos.
.
.
— Ya te he dicho que puedo ir sola. — contestó mientras terminaba de alistar sus ropas, a su lado Ranma levantó una ceja.
— Estás loca si piensas que voy a separarme de ti.
Akane sonrió disimuladamente, dichosa de aquellas palabras que pensó no escuchar jamás más que en sus ridículas fantasías.
— Al menos cambiate, no debes descubrirte hasta que sea completamente necesario.
— ¿Con "cambiarme" te refieres a...?
— Sí, a tu versión femenina.
— ¿Eso ayudará?
— Al menos no será un inconveniente.
— Sigo pensando que no es una buena idea, ese tipo intentó matarte. Nada indica que vaya a escucharte antes de sacar un arma.
— Estamos hablando de la reunión anual de Kokuryukai, son varios cabezas de familias, políticos y jefes de operaciones. Tu y yo no somos rivales para ellos, ni aunque ataquemos por sorpresa.
— Tu no vas a venir conmigo.
— Eso sí que no pienso discutirlo.
— ¡No te pondré en peligro!
— ¡Me necesitas! — se mantuvieron las miradas, ambos desafiantes — Ranma, si tu caes yo caeré contigo.
— No me hagas esto, Akane… no he arriesgado tanto por nada. Tu no vendrás.
— Vamonos de una vez — dijo ella tomando su chaqueta, pero antes de salir de la habitación dio media vuelta y abrió las puertas de su gigantesco vestidor, se agachó y rebuscó una de sus armas entre los cajones. Regreso sobre sus pasos y miró a Ranma antes de entregarle la pistola. — Más vale ser precavidos.
El chico observó el objeto temeroso, se sorprendió de su peso y lo giró con cuidado entre sus dedos, Akane volvió a arrebatárselo y con un movimiento hábil derivado de los años de experiencia amartilló el arma y le puso el seguro.
— Ni siquiera sabes disparar, claro que me necesitas.
— Soy un artista marcial, con mis manos me basta.
— No con ellos. — volvió a entregarle el arma — Guárdala bien, intenta que no se vea bajo la ropa.
Ranma se guardó el arma entre los pliegues de su camisa y después vertió un poco de agua con cuidado sobre su cabeza, volvía a llevar sus habituales y cómodas ropas chinas.
Ella le miró llena de nostalgia, con una ligera sonrisa en el rostro.
— ¿Fué así como entraste?
— Ser mujer puede ser muy útil — le respondió con un ligero deje sarcástico.
Ambas se sostuvieron la mirada y segundos después abandonaron la habitación, caminaron firmes por el pasillo, hombro contra hombro.
Ume, que se encontraba completamente desquiciada con los acontecimientos del día anterior miró a las dos mujeres con extrañeza, Akane se detuvo un momento a su lado.
— Ume, vamos a salir, si viene alguien invéntate una excusa.
— C-claro señorita — contestó sin atreverse a levantar la vista, mucho menos a mirarla a los ojos. A su lado la pelirroja se cruzó de brazos.
La joven sirvienta apenas levantó los ojos para encontrarse aquellos dos pozos azules fijos en ella, no entendía nada: sus ropas, su comportamiento, su desaparición…¿de dónde había salido el chico que vio?¿acaso se estaba volviendo loca?.
Su señora avanzó hasta la salida y la que había sido su subordinada se retrasó unos segundos.
El corazón se le aceleró al comprender algo imposible, algo a lo que su mente no paraba de buscar una explicación. Se parecían, ella y él eran prácticamente iguales.
— ¿Hana? — preguntó llena de temor, la chica de la trenza la miró con una mezcolanza de culpabilidad y firmeza.
— Lo siento Ume. — dijo parcamente antes de seguir — Ella es mía.
La chica se giró bruscamente para ver a ambas abandonar la casa, las lágrimas regresaron a sus ojos y volvió a sentir ese vacío bajo sus pies, esa horrible sensación de quedar atrás.
.
.
Aclaraciones:
Oyabun: Es un nombre honorífico. Se podría traducir como "padre" pero en este contexto se refiere al líder de una organización muy jerarquizada, donde el superior es conocido como el "padre" de todos mientras que el resto de los miembros son sus "kabun" o hijos.
Kokuryukai: Sociedad del Dragón Negro, su símbolo son tres tomoes (especie de símbolos orientales parecidos a las comas) haciendo un círculo y rodeados por una flor de crisantemo. Fue una sociedad secreta real, que existió desde 1901 hasta el fin de la segunda guerra mundial, aunque a día de hoy se considera disuelta.
Ume: es el nombre que recibe la flor de ciruelo, florece en pleno invierno.
Kiku: en japonés significa crisantemo.
Wakagashira: nombre que recibe el segundo al mando de un clan yakuza u organización similar, es un nombre honorífico.
¡Hola! aunque bueno, mejor decir...¡perdón!, lo siento, lo siento de veras, no sé que demonios ocurrió con este capítulo. Y sí, me estoy refiriendo a "esa escena" de la que me encuentro en el deber moral de dar alguna explicación. En mis notas mentales estaba como una escena de romance, de hecho en este fic se suponía que no había lemon...pero cuando me puse a escribir salió eso y yo misma me horroricé del resultado. Se lo mandé a Nodokita, mi coherente y siempre crítica beta-reader deseando que me dijera: "¡es horrible, escribe otra cosa!", y en lugar de ello me dijo: "oh, estuvo muy bien, es coherente con el estado mental en el que se encuentra Ranma en ese instante", y ya ahí que no supe que hacer... ¿lo dejo?¿lo reescribo?. Al final y después de darle MIL vueltas decidí dejarlo tal cual, al fin y al cabo fueron los personajes los que mandaron en esa escena, y cambiarlo a mi capricho conteniéndoles me pareció forzado, los que escriban me entenderán (espero...). Y así quedó, siento si resultó un poco fuerte.
Contestando reviews: xandryx (muchas gracias por tus reviews, aún quedan unos cuantos capítulos para el final ;)), Andy Saturn (jajaja, ya se aclarará, sólo espera), susyakane (la verdad es que ella lo pasó muy mal), yram1 (la relación de Akane y Satoshi es complicada, hasta a mi me cuesta explicarla), Ikane (creo que en este fic se olvida un poco la fuerza de Ranma para mostrar la de Akane...y a Ranma no se le debe olvidar porque siempre sorprende, al fin y al cabo es el protagonista), Rokumon (gracias, me alegra que te gustara), lolita (te entiendo, a mi me ocurre igual, gracias por sacar un ratito para comentar), Akane Tsukino (creo que al final hubo más de un beso, gracias por tus comentarios), kykio4 (intentaré resolver esas dudas en futuros capítulos), Jorgy (el capítulo de la desaparición de Akane era una asignatura pendiente, claro que no lo iba a dejar en el aire, con todo lo que pasó la pobre...gracias por tus reviews :)), Isakura Tendo (si, el nombre del fic viene de esa escena, creo que es una imagen trágica y romántica a un mismo tiempo porque es ella quien al principio le dice lo de las flores y después él lo recuerda...lo que provoca que ella tome ese nombre, jajaja, ¿quizás un poco rebuscado?).
Muchas gracias a los que seguís esta historia, de verdad que os lo agradezco. Gracias por leer.
Lum.
