Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.

Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.

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[Crisantemo 19: Nuestro futuro]

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Su vida nunca fue como le hubiera gustado, ni siquiera en sus felices años de instituto. Siempre había problemas, siempre enemigos, siempre preguntas vanas y sentimientos confusos.

Pero ahora no pensaba en eso, ahora solo podía pensar en aquellas manos que recorrían su cuerpo, derritiéndola a su paso, arrancando suspiros de su garganta, ahora solo pensaba en él.

Se adueñó de sus labios con el ímpetu de la excitación, la mordió, jugó con su lengua dentro de su boca hasta que ella misma se apartó, asfixiada. No podía detenerle, no quería hacerlo, quería consolar su alma y al mismo tiempo buscar consuelo en su mutuo desahogo.

Hundió las manos en su inabarcable espalda ayudándole a librarse de sus ropas, saboreando el contorno de sus músculos, acariciándolos, palpando deseosa, sintiendo como una vez más su amante tomaba su boca sin descanso, sin dejarla respirar.

Ninguno quería palabras, se necesitaban el uno al otro de forma abrasadora, completamente locos y ajenos al mundo. Él apoyó una mano en su mejilla a la vez que la otra la jalaba contra sí, estrellando su cintura contra sus caderas, jadeante, henchido de deseo.

— ¡Ranma! — gimió ella sintiéndose enloquecer, clavando las uñas en su piel, sintiendo sus duros músculos tensos a la vez que su propietario gruñía complacido, sediento de ella.

Su mano descendió desde su mejilla hasta dar con la apertura de su kimono, palpó sus suaves pechos sobre la tela, intentando llegar hasta la piel antes de percatarse de que la prenda tradicional no cedería facilmente, apretada como estaba por el obi.

Ranma volvió a gruñir pero esta vez de pura impaciencia, agarró colérico el lazo que mantenía sujeto el kimono y lo deshizo de un fuerte ademán, ocasionando una protesta en la garganta de la joven por sus brutos modales. Tiró del largo cinturón de tela plisada hasta que se libró de él, lo lanzó por encima de su cabeza a un punto muy distante de la habitación.

— Akane…— murmuró mirándola, prestando atención a sus hermosas y sonrojadas mejillas, a sus ojos brillantes, a sus labios apretados. Su presa, su amante. Ella le observaba con la espalda apoyada sobre el tatami, sin respiración, con sus cabellos extendidos por el suelo y el kimono sin sujeciones.

El chico se permitió el placer de levantar la tela poco a poco con una sonrisa traviesa, apartó la primera capa y con dedos ágiles deshizo un segundo cinturón y otra capa, esta más fina que la anterior, descubrió su hermosa silueta y ronroneó ante la visión, extasiado.

Se agachó de nuevo, inclinando la cabeza sobre su vientre y besando su esternón, luego comenzó a bajar poco a poco hasta su ombligo mientras la joven apenas y contenía sus gemidos, mordiéndose los labios. Se entretuvo en besar con devoción la pequeña hendidura, sumergió su lengua en ella a la vez que poco a poco bajaba más y más, besando sus caderas, retirando con un gruñido su ropa interior.

— No… quieto… — se quejó, pero él agarró aún con más ansia su pelvis, bajando hasta encontrar el punto de su deseo. Akane arqueó la espalda completamente sorprendida por la descarga de placer, Ranma hundió la cabeza entre sus piernas exigiéndola para sí, saboreando su feminidad. — … no… — volvió a protestar lastimera, pero esta vez sin convencimiento, sintiéndose abrasar por dentro, dejándose ir en el desespero de su lengua, jugando con ella, buscando su desazón. — Ran… ¡Ranma! — exclamó arqueándose de nuevo ante un nuevo fogonazo, y el se separó de ella con una sonrisa amplísima, volvió a situarse sobre su cuerpo, con su cadera pegada a la suya, besó su fino cuello utilizando los dientes, como si quisiera probar su sangre para estar satisfecho.

— Aún no he acabado contigo. — susurró dulcemente en su oído, con su voz ronca dominada por sus instintos más bajos. Pasó las manos por su cintura y la alzó del suelo, la estrechó contra su pecho a la vez que deslizaba su ropa por sus hombros, metió una mano bajo el tirante de su sostén y comenzó a dejar un nuevo reguero de pasión sobre su escote.

Y ella sintió que no lo soportaba más, que la estaba matando de pura necesidad entre sus propios brazos, se asió con fuerza a sus cabellos negros, tirando de ellos, haciendo que él la mirara durante un instante. La escuchó suplicar su nombre, completamente enfervorecida, tan excitada que sintió que él mismo iba a morir de deseo. La besó con esmero a la vez que terminaba de desabrochar sus pantalones y se liberaba por completo de la ropa, sin pudor de mostrar su desnudez.

Sus cuerpos expuestos se abrazaron como si quisieran ser uno sólo, mezclar sus esencias, su sudor y sus lágrimas en un espíritu. Ranma decidió terminar con su mutua angustia y se encajó entre sus piernas suspirando en éxtasis, sintiéndose dueño de aquel paraíso sofocante.

La invitó a tomar las riendas, se rindió a sus caderas y se tumbó sobre su espalda en el duro suelo, a la vez que su dulce guerrera comenzaba a cabalgarle hasta dejarle sin aliento.

No existía nada más, sólo ellos, el cielo y la tierra, Akane sintió el veloz aguijonazo de su deleite. Sí, allí es donde más ansiaba estar, entre el hombre y la bestia en tinta de su espalda, hasta confundirlos a uno con el otro, indistinguibles, rugientes. Y ella era suya pero ambos le pertenecían a un mismo tiempo.

Colmillos, sangre y flores, todo se mezclaba, todo daba vueltas a la par que ambos se balanceaban empapados de sudor, ansiándose hasta el sinsentido.

Su dragón la miró con sus efervescentes ojos azules, ahora más oscuros, rugió posesivo en pleno apogeo antes de dominarla, tirarla de nuevo bajo sí sintiendo su cuerpo yacer contra el suyo, arañándo su piel con sus escamas, clavando sus dientes en su tierna carne.

Así era siempre: colérico, furioso, exigente. Le abrazó intentando contenerle, calmar su agitado corazón mientras recuperaba sus sentidos, mientras Ranma volvía en sí. Suspiró satisfecho mientras besaba su cuello, aspirando su aroma, sin querer separase de ella.

— Haria esto a todas horas. — dijo acurrucándose entre sus pechos, absorto en su calidez.

— Pervertido — sonrió ella tenuemente, y el chico de la trenza pestañeó a la vez que estiraba los brazos elevándose del suelo, observándola maravillado. Acarició su rostro con el dorso de su mano, lleno de devoción.

— Llevo una vida soñando con tu sonrisa.

Akane enrojeció por completo, agachó la mirada intentando ocultarse, pero Ranma la sorprendió con un nuevo beso, insaciable. Se enredaron de nuevo volviendo a sentir que el mundo podía esperar.

Varias horas después Akane abrió los ojos, se había dormido agotada entre los brazos del artista marcial. Sintió el cómodo futón en su espalda, esta vez había conseguido convencerle para llegar hasta un lugar más cómodo, al fin y al cabo estaban en su habitación, pero nada más caer la noche, nada más cerrar las puertas Ranma se lanzaba sobre ella, la desnudaba sin llegar a pronunciar palabra y hacían el amor allí donde cayeran sus cuerpos, desesperados.

¿Cuantos días habían pasado? ¿dos? ¿diez? ¿semanas quizás?, no tenía consciencia del tiempo, sólo sabía que su vida se había transformado en un hermoso sueño… uno teñido de sangre.

Se incorporó y se quedó sentada, con su cuerpo desnudo recibiendo el frío aire invernal, comenzaba a amanecer. Apartó sus enredados cabellos de su espalda y entonces sintió de nuevo la presencia de su amante. Ranma besó su hombro a la vez que recorría su dibujo con la punta de uno de sus dedos.

— Dime, ¿te dolió?

— ¿Eh?

— El tatuaje, pervertida. — aclaró con una inconfundible sonrisa de suficiencia haciéndose notar en su voz.

— No.

— Mentirosa...

— No miento, quería llevarte siempre conmigo, protegiendome, guardando mi espalda. Sentía como me abrazabas con cada una de las flores que dejabas sobre mi tumba, hubiese podido vivir una vida así, sólo con la dicha de saberme amada por ti.

— Akane...

— Ranma — pronunció sin mirarle, arrugando entre sus manos sus finos cabellos, sintiendo como algo dentro de ella se rompía — ¿podrás perdonarme algún día?

— ¿Perdonarte?

— Jamás quise esto para tí, ni en mis peores pesadillas llegué a pensar que algo así pudiera ocurrir. Que tu… hubiera preferido morir antes de verte aquí.

El dedo del chico bajó poco a poco por su espalda delineando suavemente el tatuaje, perdiendose en sus curvas, acariciando con cuidado las cicatrices que iba encontrando a su paso.

— Sigues siendo igual de tonta que entonces; siempre preocupada por mi, siempre intentando que no resulté herido, pero… ¿qué pasa con mis sentimientos? ¿qué pasa con lo que yo quiero?. Te quiero a ti y te quiero a salvo, me he cansado de creerte muerta, de vivir una mentira en la que jamás podría haber sido feliz… y si para protegerte he de convertirme en el peor demonio que pise la tierra no dudes que lo haré. Haré lo que haga falta, lo que sea con tal de que sigas a mi lado.

— Al final ha pasado, he terminado corrompiendo lo que más amaba. Tú no mereces esto… todo está mal.

— Mal, bien, negro, blanco… el mundo no se rige por normas tan tontas, la realidad no entiende de moral. Lo cierto es que solo tenemos el presente, y no creo que tenga color alguno. No existen las personas buenas o las personas malas, no hay víctimas o asesinos, solo hay deber y honor. Y ahora mi deber es velar por este país, porque aquí es donde está la persona que amo.

— Basta, has empezado a hablar como ellos. — sollozó Akane sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.

— Yo tampoco soy bueno, Akane. — susurró a la vez que tomaba su brazo y la obligaba a darse la vuelta, a mirarle a los ojos, suspiró al ver su llanto contenido pasando una mano por su mejilla. — Si fuese bueno entonces habría usado todo mi poder para mandarte muy lejos de aquí, para no verte nunca más y que así pudieses tener una vida normal… pero no puedo, necesito tenerte aquí, atada a mí en este infierno.

— Jamás te abandonaría. — repuso ella recuperando la compostura.

— Lo sé. — dijo a la vez que pasaba una mano tras su cuello y la enredaba en sus negros cabellos. — Te quedarás por siempre a mi lado.

— Siempre cuidaré de tí, seré tu sombra a cada paso. Cada decisión que tomes, cada vida que debas segar… lo haremos juntos. Soportaremos este peso entre los dos.

— Me gustaría que no vieses más muertes, ¿sería mucho pedir que te dedicases a entrenar a los nuevos sin más?

— Sabes que eso no pasará, no me quedaré en la seguridad del Kokuryukai preguntándome si volverás o no con vida. No tengo intención de sobrevivirte. — dijo la joven con el brillo de la decisión fuertemente arraigado en lo más profundo de su ser.

— Mi escolta personal — sonrió — Tú protege mi espalda, sabes que yo siempre guardaré la tuya.

— Mi dragón… — murmuró avergonzada — ...en el futuro habrá alguien que venga por nosotros, estoy segura que alguien vendrá a hacernos pagar por nuestros pecados.

Ranma torció el gesto.

— Que vengan, no pienso escapar. Estaremos esperando.

Escucharon un ligero ruido en el exterior, parecía el rozar de unos pies sobre la madera del pasillo, el chico se separó de ella y se puso en pie, rebuscó en el armario algunas ropas. Akane le miró desde el sitio con el pesar nublando su expresión. Vio como Ranma se enfundaba un traje completamente negro, camisa, zapatos, corbata… impecablemente vestido, tan apabullante que la hacía estremecer.

— He de irme, tengo una reunión temprano. — dijo mirándola con cierta culpabilidad.

— ¿Estarás en la sala principal?

— Sí.

— Iré en seguida.

— Te estaré esperando. — dijo el chico de la trenza antes de abrir discretamente la puerta corrediza y abandonar la estancia.

Akane volvió a suspirar, tapó su desnudez con el futon y rodeó con los brazos sus rodillas, cerró los ojos un segundo intentando mostrar en la soledad la misma determinación que había intentando mantener en su presencia.

Le había condenado, le había convertido en alguien como ella… no, ¡peor aún!. Había transformado a su amado Ranma en el hombre más peligroso de todo Japón, temido por todos, sin conciencia ni compasión. Un asesino, otro ser de tinieblas.

¿Pero que más podía hacer? ¿a que más aspirar? luchar… estaba cansada de luchar contra su mente que no paraba de gritarle donde acababa el bien y empezaba el mal, Ranma lo había entendido mucho mejor, él era más fuerte. Había mirado dentro de la oscuridad, había observado la negrura del abismo y el abismo le había mirado a él, convirtiéndose en uno solo.

Simplemente debía dejar de pensar, esa era su vida, ese sería su cometido. Guardar Japón, matar en nombre del emperador, controlar la economía, manejar la política… crear un país mejor. Miró sus manos, llenas de durezas por sostener la espada y cicatrices de peleas lejanas. ¿Serían suficientes sus fuerzas para ayudar en tal cometido?, ella junto a Ranma… y sus descendientes.

No era idiota, sabía que tenía más de una semana de retraso en su periodo, se llevó una mano al vientre sabiendo que en su interior había comenzado a gestarse una nueva vida. Aún no le había dicho a Ranma una sola palabra acerca de ello, y se preguntó por qué.

¿Sentía miedo? ¿era temor?, temía por su bebé. Sentía auténtico pavor de ofrecerle una vida miserable, un futuro tan incierto rodeado de miserias. No quería que se convirtiera en el amo de aquel lugar, dueño y señor de un infierno. Derramó lágrimas agridulces, de alegría y desesperanza, de sueños que empiezan y acaban.

La familia Saotome, el más poderoso clan de guardianes, temidos y respetados… los protectores de la nación.

Ese sería su legado.

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Aquí estoy de nuevo,

Este sí es el último capítulo (a falta del epílogo). Hasta llegar aquí hemos recorrido un largo camino y quería daros las gracias por ello, quizás ese es el porqué de todo este "fanservice" deatado, aunque creo que ambos también se merecían un pequeño descanso.

Desde el principio supe que este sería el final, me gustaría extenderme más con todo ello pero lo haré en el epílogo. En fin, siento si alguien se siente decepcionado, no creo que sea un mal final, de hecho es el mejor de cuantos pensé, el único en el que podía mantenerlos juntos.

Muchas gracias a Nodokita, mi beta reader por siempre estar ahí.

Y por supuesto millones de agradecimientos leer y por todas vuestras reviews, muchas, muchas gracias. Os lo agradezco de corazón.

Nos leemos en un par de días ;).

Lum.