Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi, este fic lo realizo sin ánimo de lucro y con el mero objetivo de entretener.
Este fic contiene escenas de extrema violencia y trata temas adultos. Su lectura queda bajo tu responsabilidad. Si aún así decides continuar, deseo de corazón que disfrutes tanto leyendo como yo escribiendo.
.
.
[Crisantemo 20: Epílogo]
.
.
— ¿Seguro que no te importa? — dijo la joven mirando apesadumbrada a la mujer que tenía delante.
— No, claro que no, no tengo otra cosa que hacer. Estaré encantada de quedarme con él.
— Pero regresaremos tarde, y por las noches no deja de llorar. — replicó de nuevo, realmente le sabía mal pedirle ese favor.
— No te preocupes Nabiki, sé cuidar de un bebé. — contestó Nodoka con una expresión plácida en el rostro.
La mediana de los Tendô suspiró, realmente no tenía a nadie más a quien recurrir, Kasumi no se encontraba en la ciudad y su padre últimamente se comportaba de forma extraña, parecía haber caído en una terrible depresión.
— Si hubiera algún problema…
— Te llamaré, no te preocupes.
Nabiki no podía esconder su preocupación, el pequeño Tarô apenas tenía unos meses y no le gustaba separarse de él, quién le iba a decir que se convertiría en una madre tan protectora. Miró a la mujer que tenía frente a sí con un deje de comprensión, y sobre todo culpabilidad.
Hacía más de medio año desde la desaparición de Ranma Saotome.
Desde el momento en el que se marchó nadie había vuelto a saber de él, simplemente se había evaporado en el aire, aunque Nabiki no era tan estúpida para pensar que un fiero guerrero como lo era Ranma desapareciera sin más, consumido por sus propios remordimientos.
No, ella al igual que la mujer que ahora sostenía a su bebé tenían una idea más aproximada de los sucesos, sólo que ninguna de ellas se atrevía a ponerlo en palabras. Nadie lo hacía.
Apretó los dientes sintiendo todo el peso de su probable muerte sobre su conciencia, aplastando su corazón. ¿Había sido ella la culpable? ¿porqué la última vez que hablaron le dedicó esas estúpidas palabras?
"No vuelvas a darme falsas esperanzas, no me hagas volver a tener que olvidarla. Vuelve con ella… o no vuelvas."
Sí, era culpa suya, ¿verdad?. Se lo había dejado muy claro… pero nunca pensó que se tomaría en serio sus palabras, en el fondo de su corazón ni ella misma lo había hecho.
Hizo de tripas corazón, armándose de valor para tocar el tema.
— Tia, ¿has sabido algo de...? — sabía que Nodoka guardaba esperanzas, lo único a lo que podía aferrarse.
La expresión de la mujer no cambió pero negó amargamente con la cabeza, como ya estaba acostumbrada a hacer.
— Nada.
— Se fue persiguiendo al fantasma de mi hermana, jamás logró superar su muerte. — reflexionó apenada.
— No, se fue persiguiendo su única esperanza, lo único que amó en toda su vida. — contestó Nodoka de forma seria — Mi hijo estaba realmente enamorado de ella, tanto que ni la muerte logró convencerle de lo contrario. No te sientas culpable Nabiki, esté donde esté, estará bien.
— Pero tía…
— Es algo que sé Nabiki, sé que Ranma está bien y que no se arrepiente de nada. Las madres sabemos esas cosas. — dijo a la vez que balanceaba suavemente al bebé entre sus brazos.
La chica no supo que más decir, agachó la cabeza en una profunda señal de respeto y se retiró.
Cuando llegó a su domicilio encontró a su marido atareado en terminar de prepararse, ella sonrió con tristeza y le ayudó a elegir una corbata apropiada.
Esa noche era muy especial, por primera vez en su carrera Kenjiro iba a recibir un premio por su brillante actuación durante el atraco de un banco. Por esa misma razón habían sido invitados a una de las fiestas más prestigiosas de todo Japón, donde a Kenjiro le impondría una medalla al honor el mismísimo emperador.
Nabiki estaba muy orgullosa, aunque no podía esconder su ligera molestia por el peligro que corrió su apuesto esposo.
Llegaron a la residencia imperial, la fiesta anual reunía a grandes personalidades de la política, presidentes extranjeros, prensa, gran parte de la cúpula policial japonesa así como otras personas como ellos, que casi como entretenimiento recibirían honores y ascensos como parte del protocolo.
Después de pasar unos estrictos controles de seguridad consiguieron llegar hasta la entrada del palacio, la chica apenas se podía creer lo que veía, todas aquellas damas tan elegantemente vestidas, toda la opulencia del lugar.
— ¡Deberías salvar más niños y ancianas! — exclamó agarrando fuerte el brazo de Kenjiro, quién sonrió ante la elocuencia de su mujer.
— ¿No decías que no debería haberme arriesgado?
— Si es por venir a esta fiesta yo misma planificaré el siguiente atraco, tranquilo, no te dispararé. — dijo con sorna a la vez que le guiñaba un ojo, a su lado el policía rió por la broma.
Nada más dar un paso en la sala varios camareros les ofrecieron bebidas y canapés, Nabiki tomó una hermosa copa de cóctel de color rojo y sonrió encantada por las atenciones, pero poco le duró la felicidad cuando vio como su marido era requerido por uno de sus superiores, y con una ligera disculpa se alejaba de su lado.
Bufó antes de dirigirse hacia una de las mesas y tomar un bocado, no había que ser un genio para saber que le esperaba una noche bastante solitaria.
Una mujer de unos 60 años de edad y ataviada con un estrambótico vestido color azul plagado de lentejuelas se acercó a ella. Llevaba el pelo teñido de un color negro oscuro que parecía gritar que hacía ya mucho que lucía canas naturales. Tomó un bocado de la mesa y la miró con interés.
— ¿Tu también eres una esposa "abandonada"? — le dijo sin ocultar su molestia, Nabiki le sonrió comprensiva.
— Eso parece.
— ¿Es tu primera vez?
— ¿En el palacio real? sí, pero no mi primera vez en una fiesta con barra libre. — sonrió traviesa levantando la copa.
— Por eso mismo es por lo que sigo viniendo.
Ambas rieron y se alejaron charlando alegremente, dando un paseo por el gigantesco salón y mirando con curiosidad a los invitados.
— Los hombres siempre están más atentos a sus negocios que a sus mujeres. Mi marido es uno de los capitanes del ejército y creo que sólo viene a esta fiesta para vigilar que no le roben el puesto. — rió de nuevo — ¿Y el tuyo, querida?
— Kenjiro es policía, hoy recibirá una medalla.
— Oh, eso es un gran motivo de orgullo, me alegro por tí, si hace buenos contactos tendrá mucho más fácil el camino al ascenso.
Nabiki torció el gesto, sabía que su esposo no era ese tipo de hombre. Era sumamente diferente a ella que a veces le costaba creer que se hubieran casado.
— Y si no es mucha indiscreción, ¿cómo os conocisteis?
— Fue hace diez años, él investigaba el caso de desaparición de mi hermana y yo fui bastante… persistente.
— ¡Que fatalidad! — exclamó alterada — Confío en que todo se resolviera.
— En realidad… — Nabiki dudó que decir — ...ella murió.
— Vaya… siento escuchar eso querida. — dijo la mujer, que ahora se encontraba claramente incómoda, un extraño silencio se hizo entre las dos. — He quedado con unas amigas, gente de mi edad, seguro que te encontrarías extraña entre ellos.
— Oh, sí, sí, prefiero quedarme aquí si no le importa. — se apresuró a contestar Nabiki, sabiendo exactamente lo que le ocurría a la esposa del capitán. A nadie le apetecía pasar una velada hablando de una trágica muerte familiar.
La mediana de los Tendô se despidió con una falsa sonrisa, de nuevo se había convertido en la presencia incómoda, la chica non-grata.
Apretó la copa entre sus manos y ensanchó su sonrisa al acudir a su mente una grosería.
"Así te mueras tú, vieja".
Paladeó de nuevo su bebida, ¿cuánto faltaría para que llegase el emperador?. Le causaba cierta curiosidad verle en persona, quería comprobar si realmente eran tan bajito como se decía, caminó de aquí a allá hasta que estuvo harta de canapés y se negó a seguir bebiendo más copas.
A veces buscaba a Kenjiro con la mirada y siempre le encontraba rodeado de demasiados hombres así que se retiraba silenciosamente, sin querer molestar.
Aburrida y cada vez más molesta no pudo evitar fijarse en las habitaciones de los laterales del salón. Había varias puertas, todas de grandes dimensiones y de portones abatibles decoradas con gruesos cortinajes de terciopelo rojo, pero sólo una de ellas estaba escoltada por dos fuertes hombres, de mirada hosca e impoluta vestimenta. Era obvio que debía haber alguien importante dentro.
Escuchó un callado estupor y se giró sobre sí misma, desviando su curiosidad hacia el recién llegado emperador, vestido para la ocasión iba convenientemente escoltado por más de una docena de guardias de seguridad que prácticamente escondían su diminuta persona.
Fue una ceremonia monótona y de estudiado protocolo, Nabiki se mantuvo atenta y aplaudió con todas sus fuerzas cuando finalmente Kenjiro, entre otros nueve hombres subió al estrado y uno a uno recibieron sus medallas por sus logros.
El emperador bajó del escenario y su lugar fue ocupado por el un importante político que comenzó con un tortuoso discurso sobre la nación. La chica rodó los ojos sabiendo que cuanto tenía que hacer allí había terminado, pero su curiosidad le instó a seguir los pasos del emperador, el hombre caminó por la sala convenientemente acompañado y se dirigió hacia aquella puerta, la que momentos antes le había llamado la atención.
Los dos escoltas que aún seguían firmes en sus posiciones abrieron los portones al mismo tiempo, retirando suavemente las pesadas cortinas.
Si algo tenía Nabiki Tendô era una mente ágil y una extraordinaria capacidad de deducción, pero ni aún así pudo entender lo que le mostraban sus ojos. Detrás de la cortina había un hombre.
Reconocería aquella trenza negra como el carbón en cualquier lugar, pero por alguna razón pensó que su rostro era diferente, su expresión parecía dura, peligrosa. Ranma vestía completamente de negro, traje, camisa, corbata y zapatos, dándole un aspecto extraño, una sombra siniestra. Hizo una ligerisima reverencia mientras entraba el emperador y a su lado… a su lado…
Los ojos de Nabiki se tornaron cristalinos, las lágrimas resbalaron sin contención al ver a aquella mujer vestida con un impoluto kimono de seda negro, y grandes flores de crisantemos rojos adornando el bajo y una de las mangas del mismo. Hermosa y silenciosa llevaba su perfecto pelo negro sin recoger, cayendo completamente liso sobre sus hombros.
La mediana de los Tendô apresuró sus pasos temblorosos y llegó hasta la puerta, no entendía nada, no podía creerlo.
Uno de los hombres se interpuso en su camino, de forma hosca y sirviéndose de una sola mano la empujó sin cuidado.
— No puede estar aquí — le dijo, pero ella no dio un paso atrás, esquivó su amplia figura para seguir mirando, con los ojos tan enturbiados por sus lágrimas que no pudo si no limpiarlas con rabia para que le dejaran de molestar.
El chico de la trenza se dio la vuelta de forma precisa y apoyó una mano protectora en la cintura de la mujer, girándola a su mismo tiempo para caminar juntos tras su invitado, haciendo que Nabiki dejase de vislumbrar aquel rostro, esas facciones que le parecían fruto de su imaginación.
— ¡Ranma! — gritó llamando su atención, sin querer perderle, con los nervios y el corazón completamente desbocados.
Y fue entonces cuando él agarró a la mujer morena por los hombros impidiéndole moverse un sólo centímetro, frustrando completamente las intenciones de Nabiki. Giró el rostro con cuidado y sus ojos azules encontraron los suyos, marrones y desesperados.
Lenta, muy lentamente, con un movimiento estudiado se llevó un dedo a los labios. Un gesto que hizo que Nabiki tragara saliva y se le helara la sangre, una clara advertencia para que guardara silencio, para que mantuviera el secreto.
La media de los Tendô tuvo que contenerse para no caer al suelo ante el terrible escalofrío. Miedo, eso es lo que le generaba ese Ranma, un miedo atroz.
Las puertas se cerraron y las cortinas volvieron a caer, dejando aquella última imagen en su retina.
Parpadeó haciendo que nuevas lágrimas terminasen de echar a perder su maquillaje. Se llevó sendas manos a la boca, intentando aguantar el grito incontenible, aquel sentimiento que se abría camino abrasador en su pecho.
— ¿Nabiki?
Kenjiro había regresado finalmente, en la solapa de su traje policial lucía su primera insignia de forma orgullosa. Lo que no se esperaba era encontrar a su esposa en un estado tan lamentable.
— ¿Qué ha ocurrido?¿está todo bien? — dijo apoyando las manos suavemente en sus hombros que no paraban de temblar.
Nabiki se secó los restos de lágrimas de las mejillas aún con la respiración agitada, tomó aire intentando serenarse y miró a su confuso esposo. Sonrió ligeramente.
— Sí, creo que por primera vez en diez años todo está bien.
FIN
.
.
Hola,
Hemos llegado al final de este fic, no puedo expresar con palabras lo agradecida que estoy por todo vuestro apoyo a lo largo de estos meses, gracias de corazón.
Ahora que he terminado de escribir Crisantemo me asaltan cientos de ideas sobre párrafos que no escribí, sentimientos que no describí y escenas que ahora me hubiese gustado poner...supongo que le ocurre a todos los que escriben algo. Será ese ansia de perfección que me hace pensar una y otra vez eso de "está bien...pero podría haber estado mejor".
Pensé muuuucho sobre el final, de hecho tenía varios en mente pero finalmente tuve que decantarme por uno, os lo creais o no me quedé con el menos malo. Sea como sea tenía claro que ellos nunca escapaban, se quedaban para siempre en el kokuryukai, o al menos uno de ellos. Pensé que con tan de salvarla Ranma ocuparía su lugar….pero también pensé que Akane jamás le dejaría hacer algo así, es muy cabezota. Finalmente los dejé a los dos juntos y atrapados. No tengo claro si es un final triste o no...digamos que es agridulce, pero sinceramente no creo que hubiese otro posible a la par que acorde a los acontecimientos, no podían simplemente huir y ya o que les dejasen escapar, no, no era adecuado con el tono general.
Y es que desde los primeros capítulos pensé una frase que creo que alguien dejó en los comentarios: "esto no puede terminar bien…", sí, siempre escribí con eso en la cabeza.
En general a lo largo del fic vamos viendo como los personajes se corrompen, Ranma comienza siendo una persona sin ilusiones ni sueños, un hombre que vive la vida como si fuese ajeno a ella. Poco a poco la esperanza resulge en su interior y se adentra en un viaje donde se redescubre y deja de ser un espectador a ser un protagonista de su vida, toma las riendas y comienza a buscar a Akane, pero cuando la encuentra...obviamente ella no es lo que esperaba, ha cambiado a la par que él mismo, y la alegre adolescente que fue parece olvidada para siempre.
Pero Ranma no se rinde, él mismo es el que decide quedarse a su lado, ya que para él Akane sigue siendo Akane, ya la perdió una vez, no quiere volver a saber lo que echarla de menos. Y con eso en mente, con la firme promesa de protegerla toda su vida se enfrenta a todos y asume su destino. Creo que es una bonita historia de amor.
El capítulo 19 realmente está de más, no revela demasiada información nueva, tan solo aporta pinceladas de los pensamientos de los personajes. Lo tomo casi como...¿fanservice? jajaja. Cuando pensé en este fic no tenía NADA de lemon, no se como terminó así...no se si ya le cogí el gusto a las escenas "calentitas" o es que los propios personajes lo pedían.
El final realmente viene en el epílogo, con Nabiki descubriendo a los dos juntos. Este momento me gusta porque por una parte hace pensar: "esto es lo que ellos son ahora" se les ve juntos y se les ve firmes en su cometido, y por otra parte esa escena cerrando las puertas...¡se nota que me encanta el padrino!. Vamos a dejar claro que es un homenaje, no me atrevería a copiar esa escena final ni en mis mejores sueños, XD.
Sobre la batalla final siempre supe que quería una de esas peleas como las que se leen en los mangas de acción, con el malo hablando mucho y el protagonista enfadado contestándole. Es decir, creo que hablan más de lo que pelean, ¿no?. Mi intención era mezclarlo un poco todo, pero el diálogo era principal, de veras que quería "dibujar" una escena de pelea puramente manga, alejada de la realidad.
¿Cómo decirlo? quería la fantasía de los comic, toda esa épica que se desborda cuando ves una pelea a muerte entre dos personajes. Golpes imposibles, diálogos sobre la lealtad y el amor, insultos, frases con fuerza...¡quería que se pareciera a un auténtico shonen!.
También quería que el personaje de Satoshi tuviera motivaciones personales y al final no se si lo conseguí expresar bien, él no ama a Akane como entendemos nosotros el amor, el la quiere poseer de una forma casi espiritual, quiere sentirse amado pero no llega a entender lo que es realmente el amor, no se, creo que hasta yo me lio con esto, jajaja. El caso es que al final del fic sí que se pone verdaderamente celoso por Ranma, si lo hubiera madurado un poco podía haberse dado cuenta de que había comenzado a sentir algo, a volverse más humano gracias a ella. De hecho su última frase, esa que no termina tenía esa intención. Tarde, pero se da cuenta de que puede sentir algo de amor. Lástima que Ranma acabe con él...
En resumidas cuentas, me he esforzado bastante y estoy satisfecha con este fic. Me alegra verlo terminado y espero que la gente que lo lea pueda llegar a entender lo que he intentado expresar, así que si has llegado hasta aquí, millones de gracias.
Ahora voy a terminar Sueño de Verano (que ya me vale), y cuando lo concluya...¡ya tengo nuevas ideas esperándome!.
Así que gracias a TODOS los que me habéis seguido, a los que habéis dejado esas reviews que tanto me han alegrado, a los que habéis descubierto este fic después de un tiempo y a los que le habéis dado a esta historia una oportunidad. Me lo he pasado estupendamente estas semanas con vosotros, ha sido divertidísimo.
Gracias a Nodokita, por haberme ayudado, con sus ánimos, su paciencia y sus correcciones. Vamos a crear un diccionario argentino-español cualquier día de estos.
A Xandryx, Andy Saturn, Paula, Isakura Tendo, Ikane, Rokumon, Yram1, Susyakane, Jorgy, Dulcecito311, Kykio04, Chiqui09, Nina8 (perdonadme por no contestar vuestras reviews en el anterior capítulo, tenía mucho sueño y quería publicar antes de caer inconsciente, jajaja). Y como ya he dicho antes a todos los que habéis dejado reviews, vuestro apoyo día a día me ha hecho sentir genial.
De nuevo muchas gracias. Nos leemos ;) .
Lum.
