Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes…un abrazo!

CAPITULO 5: HONESTAMENTE, ¿AMIGOS?

"Me vas a decir que en dos oportunidades seguidas, Albert ¡Nuestro Albert! Se te declaró, abrió su corazón, señaló sentir cosas por ti, ¿y tú no respondiste nada?". Annie estaba estupefacta ante el relato de su amiga.

"No es lo que crees Annie, al contártelo tal vez suene así, pero él no fue tan directo. En el jardín actuó como un torbellino, me advirtió que ya no estaría para mí y luego prácticamente salió huyendo, no lo sabía, no fui capaz de hilar una respuesta…durante años compartimos todo, fraternalmente, sin ningún atisbo de morbo o algo distinto al simple afecto que se entrega a un hermano. Yo quería hablar con él pero no volvió a la mansión, no tuve oportunidad de hacerlo". Señaló Candy bajando los ojos al suelo. Se encontraban en una pequeña cafetería cercana a la Clínica Pony, donde varias veces había compartido con Albert algún pastelillo.

"A mí no me vengas con sandeces Candy, somos como hermanas. ¿Acaso crees que alguien que los haya visto juntos podría haberlos confundido con dos amigos fraternos? ¡El aire se corta con tijeras cuando están cerca! ¡Me incomodo sólo al escucharlos hablar por teléfono! Por favor amiga abre los ojos, ¡el amor les sale por los poros!" La vehemencia de la tímida Annie sorprendió a su interlocutora. "¿Y por qué no le dijiste nada en su despacho? Creo que has desperdiciado tiempo valioso, acaso querías un dibujo de lo que Albert siente? Te lo dijo Candy, te dijo que se ilusionó contigo, ¿por qué no respondiste entonces?".

"¿Es que acaso no escuchaste nada de lo que te relaté?, ¿no te diste cuenta lo irrespetuoso que fue?"…Candy se tomó el cabello con ambas manos y apoyando los codos en la mesa comenzó de nuevo, ahora escudriñando en su interior: "No sé lo que me pasa Annie, no quiero mentirte pero no sé lo que siento. Estoy en shock, no puedo dejar de pensar en él, la verdad es que en medio de nuestra discusión sólo rogaba que Albert se decidiese y me tomara entre sus brazos. Eso no pasó amiga, y fue por mi culpa, me quedé nuevamente petrificada por las dudas. Oh Dios, no puedo continuar con Steven, no he aclarado mis sentimientos aún, pero él no figura en lo más mínimo de mis pensamientos…"

"Candy qué puedo decirte, yo misma dejé ir al hombre que amo por reprimir mis sentimientos. Estoy segura de que Archie pronto encontrará una persona que le corresponda apasionadamente, y no se avergüence de expresar el amor. Yo no soy la más indicada para aconsejarte, ni siquiera fui sincera conmigo misma, y ahora estoy sola, con una reputación intacta y mis sueños deshechos". Los ojos de la Srta. Britter dejaron rodar dos pesadas lágrimas, mientras su amiga se acercaba y la abrazaba por la espalda.

"Somos las mismas tontorronas de siempre Annie, ¡nunca aprenderemos! ¡No reconoceríamos la felicidad aunque nos visitase a la puerta jajaja!"

"Candy, no sigas escondiendo tus sentimientos. Lo perderás. Es bueno que veas el lado feliz en todo, pero me atrevo a decir que lo tuyo es negación. No es un hombre al cual se le mantiene en vilo, tu tiempo se agota…"

Era un espécimen infartante sin duda alguna. ¿Cómo podía esa rubia tonta haberlo dejado ir? Y se alojaba en su mismo hotel…No perdió la oportunidad y se acercó en demasía, pretextando apretar el botón del ascensor donde estaba su habitación, rozando su entrepierna en el trayecto. "Ha sido un día inolvidable Will, Chicago es una ciudad hermosa, creo que me ha hipnotizado".

Albert comprendió de inmediato, y tomando el control de la situación desmarcó el botón recién apretado, reemplazándolo por el número de su pent-house. Se miraron intensamente durante un par de segundos, finalmente ella acercó sus labios a los suyos, pero él, como si despertase de una especie de trance, volvió a marcar la habitación de ella en el tablero. "Disculpa Kathy, ante todo soy un caballero. No puedo exponerte a habladurías invitándote a mi cuarto. Gracias por aceptar mi invitación, fue un placer mostrarte la ciudad." Le dijo galantemente, besando el dorso de su mano derecha.

Kathy asintió con la cabeza y bajó en su piso. No entendía aun lo que pasaba por la mente del millonario. Estaba decidida a conquistarlo, y al parecer esta batalla sería un desafío. Sonrió mientras encajaba la llave en la cerradura, era enigmático, varonil, no encajaba por ningún lado el perfil conservador que había exhibido. Había melancolía en sus ojos azules, pero por un instante pudo ver allí la libido que contenían, quería experimentar que se sentiría perder el control junto a él. Al parecer las indirectas de su padre para que buscase novio al fin habían ido en la senda correcta, sin duda sería una unión ventajosa y muy deleitable para las familias y también para ellos.

… … … …

"Un cumpleaños para Albert? Estás seguro de lo que dices? A él no le gustan las fiestas, detesta las frivolidades".

"No estés tan segura Candy las personas cambian. Mira con quien se le ha visto muy acaramelado en Chicago desde hace un par de días". Señaló Archie exhibiendo la portada de un diario ante los atónitos ojos de Candy.

"Vaya, qué mal gusto ha adquirido nuestro patriarca. Veo que adquirió el hábito de roer huesos ingleses", señaló ella displicente.

"Veo que ardes en celos. ¿Y ya te decidiste a hacer algo o crees que para recuperarlo basta con insultar a su futura novia escondida acá en Lakewood? Al menos no seas caradura y termina con tu doctor, ¿no crees?

"¡Ya lo hice idiota! No es necesario el sarcasmo, pero eso no implica que iré tras él…son muchas las cosas que nos separan, y veo que él me ha superado bastante rápido". Bufó Candy alzando la voz.

"Tranquila podría oírte la Tía Abuela, por favor baja el tono. Así que ¿al fin asumes que el vejete te trae loca eh?. Tu secreto está a salvo conmigo, pero sólo si decides ayudarme con Annie…" dijo Archie riendo de lado.

"Sé que estás jugando, jamás me traicionarías. Pero por si acaso, te advierto que si osaras delatarme serías el segundo en caer, tendría forzosamente que contarle a la Tía Abuela cómo intentaste propasarte con cierta señorita que te mandó a volar por inmoral…" rió Candy deleitándose con el rostro desfigurado de su primo político.

"Estoy arrepentido, es decir, no, en realidad… ay Candy por favor sólo ayúdame a recuperarla, soy un canalla, no pude contener mis más bajos impulsos, pero te juro que la respeto, quiero recuperarla, hacer las cosas como se deben, tengo intenciones serias con Annie, mi Annie… no quise asustarla"

"Lo sé Archie, es que tu reputación te precede, pero estoy segura de que la amas. ¡Te ayudaré!" no quiso develar nada de lo conversado con su amiga, pero auxiliaría a estos dos enamorados a reencontrarse, qué hermoso ¡sólo ella sabía todo lo que se adoraban!

Las semanas pasaron rápidamente, ya sólo faltaban un par de días para el 28 de junio, y el cumpleaños de Albert era la comidilla de la ciudad. Toda la alta alcurnia estaba invitada, no se hablaba de otra cosa en las tertulias y reuniones sociales. Candy se había volcado de lleno a la tarea de que Annie asistiera, y ayudaba secretamente a Archie para que cada sorpresa de esa noche estuviese debidamente preparada. Estaba segura de que ambos vivirían una reconciliación mágica, y la reconfortaba participar de esta empresa misteriosa, donde ambos resultarían dichosos de por vida.

Como cada mañana en la Clínica se encontraba haciendo una ronda matutina, recogiendo requerimientos urgentes y coordinando la oportuna atención de los pacientes. Steven prácticamente no le dirigía la palabra, pero en realidad, tampoco hablaban mucho el poco tiempo que estuvieron de novios. Era agradable, bien parecido y muy solícito, pero no podía continuar con él por ser una buena persona menos después de descubrir que tenía sentimientos tan fuertes por otro hombre, alguien prohibido para ella, que le removía el piso desde que tuvo uso de razón. Lástima que no tuvo las agallas para enfrentarlo mientras pudo, ahora era demasiado tarde, jamás la buscaría por una tercera vez… Apoyó su frente en uno de los ventanales delanteros, y… ¡no podía ser! ¿Su tercera oportunidad?

Corrió a toda velocidad a la entrada, y ordenándose el uniforme de enfermera se acercó a la moto recientemente estacionada. Casi quedó sin habla cuando lo vio por fin descender, la chaqueta de cuero que acompañaba las botas Camel, ajustadas a su pantalón le erizaron la piel, y se maldijo por haber sido tan infantil. ¡Cómo pudo tardar tanto en darse cuenta que lo amaba desde quien sabe cuándo! Estaba segura, sólo al verlo su corazón estaba completo. Se acercó cautelosa, pero en extremo risueña ¡cómo debía comportarse ahora que ya lo sabía! era una especie de martirio para ella que siempre actuó con él de forma natural y desenvuelta. Trató de parecer sensual, pero él levantó una ceja buscando descifrar la rara mueca que su rostro había reflejado.

"Hola Candy, disculpa que te moleste aquí en la clínica, pero el asunto que me trae aquí es preferible que sea conversado en privado, sin la presencia de la Tía Elroy hasta que se encuentre resuelto".

"Hola Bert. Qué bueno que has venido, necesito que hablemos de tantas cosas, por favor dame unos minutos, vamos a la oficina de la dirección, allí podremos hablar más tranquilos". Señaló la rubia suplicante.

"No es necesario pequeña, la verdad es que no es preciso darle más vueltas a lo que ya hemos conversado. Te traigo algo que desde hace tiempo debí haberte entregado. Quiero que sepas que jamás dejaré de apoyarte en todo lo que emprendas, y que lo que trae este sobre no es nada más que un paso a tu libertad y mi sanación". Dicho lo anterior sacó un sobre del bolsillo derecho de la chaqueta y lo extendió a Candy con ambas manos.

"¿Qué es esto? ¿De qué se trata?" Candy sintió de pronto que todo se derrumbaba bajo sus pies.

"Lo que tienes ahí es tu pase a decidir por ti misma, tu completa libertad. Dejo de ser tu tutor legal, aunque por supuesto tú no dejarás de contar jamás con la protección de la familia Andrew. Estás incluida dentro de la herencia familiar, y he puesto a tu nombre un par de propiedades para que tengas prácticamente la misma solvencia económica que tu primo Archie Cornwell, sólo que ya no tendrás que pasar por mi autorización para tomar decisiones de envergadura, y también podrás invertir algunos fondos en proyectos que te parezcan rentables. Puedo ser tu consejero en esos casos, si así lo requieres…"

"¿Ya no quieres ser mi protector directo Albert? ¿De qué se trata todo esto?" Sus ojos se humedecieron, no podía ni abrir el sobre, sentía que se estaba desplomando, sus rodillas no le respondían. Entonces él la tomó por la espalda y se apoyaron a un costado de la moto, en un barandal cercano.

"Candy, muchas veces me pediste que concretara este trámite, que deseabas decidir por ti misma entre las opciones que la vida te pusiese en el camino" la miró preocupado, nunca pensó que tomaría la noticia con tristeza, luego prosiguió "creo que esta independencia puede ser buena también en caso de que pronto decidas formalizar con Steven, ya no requerirás la aprobación de nadie para decidir sobre tu futuro".

"Hasta ahora no he requerido la aprobación de nadie, nunca la he necesitado. Este sobre me separa definitivamente…de ti. ¡No lo quiero!" De pronto, sin dudarlo, se paró de frente al rubio, que al estar apoyado en la baranda del estacionamiento estaba a su misma altura, y lo jaló del cabello con fuerza atrayéndolo hacia su boca. Él se resistió primeramente, pero ella entonces se acercó más, presionando con firmeza sus labios con los suyos. Fue una explosión mágica, todo alrededor desapareció y el momento pareció extenderse por largos minutos. Albert la asió de la cintura acercándola a él, pero al encontrarse de pie casi pierde el equilibrio, debiendo aferrarse de sus hombros para no caer. Ella podía sentir su respiración agitada, y cómo un calor sofocante se alojaba en su estómago y mejillas. Abrió sus labios para inspirar aire, pero el aprovechó la instancia para atacarla hábilmente con su lengua, ella respondió apasionadamente, mordió su labio inferior e inspiró el aroma que emanaba de su cuello. Ninguno de los dos había abierto los ojos, por miedo a lo que vendría después, pero no fue necesario, pues la interrupción provino e forma de grito desde dentro de la clínica: "¡Señorita Candyyy dónde se encuentra! Necesitan su permiso para abrir la bodegaaaa".

… … … … … … … … … … … … … … …

Hola a todos!

He tardado nuevamente en actualizar, pero fue semana de vuelta al colegio y con dos pequeños más el trabajo me fue imposible antes. No sé qué les haya parecido este capítulo pero me gustó el resultado, al fin Candy tendrá que empezar a luchar por nuestro rubio!

Un abrazo graaaande! Y gracias por todo su cariño, sus comentarios, sugerencias y palabras de ánimo, todo ello me ha hecho atreverme a continuar dando rienda suelta a los enanitos que fabrican historias en mi cabeza jajajaja. VIVA EL CANDYMUNDO Y LOS ALBERT FICS!

Cordovezza.