Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes…un abrazo!
CAPITULO 6: EXPECTADORA FORTUITA.
No por favor… ¡que nunca la soltara! No quería abrir los ojos, pero desde la puerta de la clínica la Hermana María bramó colérica "¡Candy se te necesita adentro!". La buscaban desde hace un rato y la religiosa al ver la moto estacionada le había parecido divisar a la pareja desde la entrada. Cuando sus ojos se enfocaron con mayor precisión, toda su raigambre católica entró en shock frente a tan libidinosa escena, se acercó al estacionamiento a paso firme y con las manos cruzadas a la altura del pecho increpó duramente a la rubia, que la miraba avergonzada sin emitir palabra. "¡Por Dios Candy, contrólate! ¡Ésos no son los modales que en el Hogar te enseñamos! Sr. Andrew estamos muy agradecidas de todo el apoyo que siempre nos entrega, pero le pido respete este lugar y a las personas que aquí se encuentran".
Se sentía como un colegial atrapado en plena travesura ¡Y más encima por la Hermana María! Sabía de sobra que de las dos madres de Candy, ella era la más estricta. La situación lo había tomado desprevenido, sin ninguna defensa, y toda su experticia de hombre de mundo se encontraba quien sabe dónde. A pesar de lo embarazosa de la situación, sentía el pecho henchido de júbilo, trató distraídamente de sonreír hacia otro lado, lejos de los inquisitivos ojos de la monja, y de pronto, al interior de la clínica, pudo visualizar la silueta de Steven Martin despidiendo una señora en la puerta de entrada. Sintió una especie de puñetazo en la boca del estómago, tragó saliva y mirando al suelo señaló:
"Perdone por favor Hermana María este bochornoso incidente. Mi comportamiento ha sido inexcusable, vine aquí para comunicarle a Candy una noticia de suma importancia y me he aprovechado de su exceso de confianza, tomándola completamente por sorpresa. Ella no tiene ninguna culpa, es más, me excuso ante ambas". Dicho esto, subió raudo a la moto, y sin siquiera esperar la respuesta de las dos mujeres salió a toda prisa del recinto. Aún podía sentir en su boca el calor de sus labios, su aliento fresco, el aroma de sus rizos...el estremecimiento de su cuerpo al tomarla por la cintura…enfiló rumbo a la ciudad tratando de apaciguarse.
¡Albert! ¡Vuelve! Gritó Candy, pero fue en vano. La Hermana María la tomó por los hombros, en un intento por sujetarla, pero bruscamente se soltó y alcanzó a correr un par de metros tras la huella de la motocicleta antes de perder de vista la silueta del vehículo. Se devolvió tras sus propios pasos, y se detuvo frente a su querida madre, que observaba la escena aún atónita:
"Él me ama Hermana, estoy segura. ¡Él me ama!", esbozó con la seguridad que le daba haber sentido cómo ambos dejaban el alma en aquel beso furtivo. No le importaba nada, no escuchó ni una palabra de los diez minutos de reproche que vinieron después. No podía dejar de sonreír, hasta que finalmente la misma religiosa optó por volver al trabajo, sintiendo que sólo había despotricado al viento. Nunca lo confesaría, pero muy en el fondo se alegraba de que por fin Dios hubiese oído sus ruegos y pusiese en el camino de su adorada ahijada al mejor hombre que conocía.
George lo vio llegar y de inmediato supo que algo lo había afectado sobremanera. Lo interceptó cuando entraba a la oficina y cerró tras él, discretamente.
"William ¿está todo bien?"
"Por supuesto, yo… ¿qué decías? sólo necesito unos minutos para ponerme al corriente y recibiré al Director de Finanzas". Dijo Albert afirmándose sobre la mesa de su escritorio, sin mirar a su amigo.
"¿Tiene esto que ver con el trámite que me encargaste? ¡Parece que un camión te hubiese arrollado!". Señaló George intrigado.
"Sí, es decir…en parte". Tragó aire y de pronto, como si adquiriese una nueva energía, se reincorporó echándose el cabello hacia atrás con una mano: "¿Sabes? No sé qué rayos esté pasando por su cabeza ahora, pero ya no hay vuelta atrás, ella empezó el juego…yo ya no me esconderé. Es más, iré tras ella". Y dicho esto, llamó a su secretaria por el teléfono: "Maggie por favor gestione que envíen mis pertenencias a la Mansión Lakewood, esta tarde vuelvo a mi casa."
Candy golpeó apresuradamente la puerta de la residencia Britter. Sólo tenía un día para prepararse. Había puesto tal esmero en ayudar a Archie con su respectiva sorpresa, que no tenía aún un vestido adecuado para el cumpleaños de Albert. Acababa de terminar su jornada laboral, y pidió al chofer que en vez de llevarla directo a la mansión la trasladara donde su gran amiga.
"Annie necesitaré tu ayuda…" después de explicarle la situación - evitando a propósito referirse a lo sucedido con un infartante ex pariente esa mañana - la castaña asintió entusiasmada:
"¡Claro que sí Candy! ¡Serás la más hermosa de la fiesta!" y dicho esto se pusieron en campaña para buscar un atuendo muy especial. Annie adoraba vestir a la moda, y su colección personal de ropa era prácticamente interminable. Finalizaron entrada la noche, por lo que volvió a la mansión justo a tiempo para sentarse a cenar.
Le pareció un poco extraña la petición de Archie, pero si la Tía Elroy se lo estaba ordenando pues no había otra cosa más que obedecer. Subió a toda prisa a la que otrora fuera la habitación de Albert, y entró despistadamente buscando su chal. ¡Rayos! ¡No podía hallarlo! Sin embargo, mientras se encontraba buscando bajo la cama, pudo ver dos pies desnudos avanzando hacia el armario, al parecer provenían de la sala de baño. Trató de contener la respiración "¡Maldito Archie y sus estupideces!" pensó enrabiada y roja de vergüenza. Reconoció enseguida el aroma amaderado de la loción de Albert, "¡Qué horror debo salir de aquí de inmediato!" intentó gatear pero el armario quedaba frente a la puerta de salida, ¡imposible! Sólo quedaba esconderse hasta que él bajara al salón…
Albert sintió que alguien abría de improviso la puerta de la habitación y sólo alcanzó a cruzarse la toalla en la parte baja del cuerpo. Apuró el paso al salir del baño para ver quién era, y en el momento en que creía haberse equivocado, pudo ver por el espejo del armario a Candy contrariada, de rodillas oculta tras la cama. Primeramente se sintió petrificado, pero luego se enterneció, se le hizo graciosísima la actitud dubitativa de ella, parecía no percatarse que sus torpes movimientos y su rostro lleno de colores estaban expuestos ante él. Por un momento pensó desenmascararla divertidamente, hasta que, pensándolo mejor, decidió darle una buena muestra de cómo en realidad podía llegar a sonrojarla...se quitó la toalla y comenzó a secarse lenta y seductoramente, sin prisa alguna.
"¿Alguien tiene alguna idea de por qué Candy no bajó a cenar?" inquirió la Tía Abuela Elroy a ambos jóvenes. Archie se sintió un poco culpable, pensando que tal vez había discutido con Albert cuando la envió a su habitación. Su intención había sido incomodarla un poco y forzar un encuentro inesperado para que ambos arreglasen sus diferencias, pero al parecer no había resultado del todo bien. Lo raro era que Albert se encontraba de excelente humor…por su parte, el tío abuelo William sonreía a destajo recordando unos ojos verdes que ocultos en la penumbra, no dejaron de mirarlo hasta que abandonó la habitación. Sabía que había movido cada hormona de la rubia, y que con esto quedaban empatados frente a aquel encuentro sucedido hace más de un mes, en el cuarto de ella, donde fue él quien quedó de una pieza y no pegó un ojo en toda la noche.
Candy sencillamente estaba rendida ante el recuerdo de aquella gloriosa lección de seducción. No pudo ir a la sala porque no era capaz de mirar a nadie de frente sin ruborizarse y delatar lo que por dentro la carcomía, ¡menos aún toparse con Albert! No era posible que durante tanto tiempo aquél pedazo de hombre hubiese vivido con ella sin hacer estallar todos sus estrógenos. Siempre fue tan respetuoso de sus espacios, tan correcto… estaba segura de que si hubiese habido alguna mínima insinuación en esa época por Dios que habría sucumbido sin dudar. Recordó las palabras que ella misma había dicho a Annie hace un par de días "¡No reconoceríamos la felicidad aunque nos visitase a la puerta!" ¡Cuánta razón tenía! Ella literalmente había convivido con su felicidad durante tres años, sin siquiera notarlo. Hoy no sólo estaba enamorada como una chiquilla, sino que además, en su mente se mezclaban las emociones del beso matutino con esta especie de regalo nocturno, y ahora estaba en llamas. Si todo su cuerpo había explotado de emoción con el roce de sus labios, no podía siquiera imaginar qué se sentiría ser amada por Albert y recorrer los rincones que descaradamente hoy le conoció… y con estas sensaciones logró por fin dormirse profundamente.
Fuertes golpes la despertaron de improviso, y se percató que ya había amanecido. Se puso tras la puerta y poniéndose la bata, preguntó aún media dormida: "¿Quién es? ¿Qué ocurre?"
"¿Cómo que qué ocurre Candy?, ¡es casi mediodía! Prometiste ayudarme ¿recuerdas? Hoy es la fiesta de Albert, ¿dónde has dejado la cabeza? Señaló Archie ansioso tras el umbral".
"Quizá se quedó con el chal de la Tía Abuela Elroy, ¿no crees Idiota?" gritó Candy molesta, abriendo de golpe la puerta y haciendo con esto caer de bruces a Archie, que se sobaba la nariz, mirándola desde el suelo.
"Tranquila sólo quise darte una mano con tu vejete. ¿Por qué no bajaste anoche a cenar? No entiendo nada, creí que ya habrían hablado, Albert se mudó ayer de nuevo, trajo todas sus cosas y en la comida se le veía de muy buen humor. Hoy salió muy temprano."
"Mira Archibald, no retiraré mi ayuda nada más que porque mi palabra es sagrada y quien está en medio de esto es mi mejor amiga! No te mereces nada, ¡sólo una pateadura!... a propósito ¿qué dijiste sobre Albert y mudarse aquí?"
"Ja ja ja…Vamos Candy, vístete te espero en el vestíbulo. Te contaré más detalles en el camino, aún nos falta recoger el anillo y que te lo pruebes, lo juraste y tu palabra es ley" Dijo Archie poniendo la cara más angelical que encontró en su repertorio.
"Esfúmate flacucho, espérame abajo, ¡Y ya sabes que no lo hago por ti!" y cerrando la puerta a milímetros de su rostro corrió a vestirse presurosa.
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¡HOLA A TODOS! Me esforcé para actualizar en menos tiempo que el capítulo anterior, este capítulo me quedó pequeño, pero candente. Espero no me regañen por no poner advertencias, en realidad todo ha quedado a la imaginación…jejeje. Ambos ya están "que cortan las huinchas" como dirían en mi país, pero no les será fácil…sino, dónde estaría la sazón, ¿cierto?
Estoy muy agradecida por todos sus reviews, mensajitos y sugerencias, a veces estoy en mi trabajo en la rutina diaria y al recibir sus mensajes siento como si me transportase a otro mundo, especial y exclusivo. Especiales gracias a Airam2moons, Ever Blue1, Marisol Flores, MadelRos, Fandcya, Anelis, Yuleni Paredes, E.K.V.V., VIKY, AmErIcA, Yoy'O, JUJO, Alebeth, Mercedes, Silvia, Pinky Rose, CANDY GATA, Adoradandrew, Celestte, ALY, Ster star, Kumi Kinomoto, Moonlove86, Kecs, alexas90, Marycielo, chidamami, Loreley Ardlay, Mj, Lula Sam, Sandy Sanchez, Ana isela Hdz, Isasi, Marce, Enamorada, aliandrew, Katnnis, rosario, RORE, YAGUI FUN, Nina, Elico01, Andrew, y todos los que anónimamente han comentado esta historia. También a los invisibles! Son bencina para poder crear. Espero atenta todo lo que tengan que decir de este capi, un abrazo ¡VIVA EL CANDYMUNDO Y LOS ALBERTFICS!
Cariños, Cordovezza.
