Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes… ¡un abrazo!

CAPITULO 7: DEJANDO LOS MIEDOS ATRÁS.

Ya eran cerca de las 14 hrs., y aunque estuviese programado un gran evento esa noche en la mansión, para la Tía Elroy era imposible no seguir con la regla social de almorzar en familia ese sábado, partiendo así la celebración del cumpleaños de Albert. Caminaba inquieta desde hace más de cuarenta minutos, sola en el salón principal, y como la paciencia no era una de sus principales virtudes, la ausencia de sus sobrinos y de su protegida había comenzado a exasperarla.

"¡William!" Rumió dirigiéndose hacia el despacho contiguo a la biblioteca. "¿Qué pasa que mi sobrino menor no ha llegado? ¡Sabe Dios en qué travesuras lo habrá metido Candy esta vez!", señaló entrando a la oficina, mientras observaba la silueta de Albert parado frente a un gran ventanal.

"Tía Elroy por favor, te suplico que no comiences con tus comentarios ácidos, es mi cumpleaños, ¿sería posible que tengamos al menos este almuerzo en paz?" preguntó mirándola relajadamente.

"Sra. Elroy, el carruaje del Señorito Cornwell ha llegado." Avisó de pronto Edward, el más joven de los mayordomos.

Albert sintió el impacto de la frase recién pronunciada, intentando en vano disimular frente a uno de los seres que más lo conocían en esta vida. La Tía Elroy podía ser seria y anticuada, pero jamás pasaba por alto nada que se relacionase con su adorado heredero. Percibió claramente cómo la cara del patriarca se tensaba, y desvió la mirada para no hilar más cabos de los que su rigidez mental quería aceptar. Ambos caminaron hacia la puerta principal, llegando a tiempo para recibir a la pareja de jóvenes que se encontraba cerca del umbral de entrada.

"¡Archie querido! ¿Por qué tardaron tanto? La mesa está puesta, será el único instante en que estemos reunidos para celebrar a William sin la tropa de aduladores profesionales que recibiremos más tarde", indicó la mujer.

"Disculpa querida Tía, estábamos afinando los detalles para esta noche con Candy, nada puede salir mal, ya que como sabes, será muy especial. ¿Verdad Candy? ¡Caandyyy!"

¿Eh? Disculpen por favor, yo no estaba escuchando…yo…" en cuanto lo vio aproximándose a la puerta, sintió que las rodillas no la sujetarían por más tiempo, toda su concentración debió enfocarse en mantener el equilibrio y una postura decente frente a él. Se veía infartante con su traje relajado de fin de semana, aunque, a decir verdad, ahora sólo debía concentrarse en no pensar en ninguna situación embarazosa vivida recientemente con Albert, con ropa o sin ella, de lo contrario terminaría huyendo o peor, lanzándosele encima.

"Hhhola Bert, estoy feliz de que hayas vuelto a la mansión. Ésta es tu casa, y todos te extrañamos muchísimo." Le dijo mirándolo con ojos cargados de sinceridad. "Espero que tengas un hermoso cumpleaños". Le dijo extendiendo su mano y entregándole un pequeño obsequio.

"¡Candy!… gracias por tu regalo, lo abriré más tarde, luego del almuerzo. Avancemos por favor hacia el comedor antes de que a Tía Elroy le venga un infarto". Dijo Albert tratando de hilar alguna frase que lo hiciese parecer relajado.

¡Queeé! No pueden hablar en serio, esa idiotez no cuenta como un saludo de cumpleaños ni siquiera en el más ordinario de los eventos. Por favor abrácense para que podamos pasar a la mesa". Dijo Archie en tono juguetón, dándole un pequeño empujón a Albert.

Ambos no tuvieron más remedio que sostenerse la mirada por un par segundos, y en cuanto aquello ocurrió, el mundo nuevamente desapareció. Sólo figuraban en la entrada aquellas dos almas que a gritos pedían comunicarse lo que sentían la una por la otra, y ya que las palabras no brotaron inmediatamente, fueron sus cuerpos, que como si estuviesen poseídos por un magnético efecto, se acercaron y abrazaron a la vez. La conexión fue nuevamente instantánea, y los dos sintieron brevemente un shock eléctrico y la piel erizarse al tocar la espalda uno del otro. Permanecieron allí, con la excusa de mostrar el afecto que la costumbre indicaba en estas circunstancias, pero sintiendo en sus corazones sentimientos imposibles de describir, inundándose de un calor profundo y una plenitud creciente. Sin embargo, no todo en el exterior se conectaba con las emociones que los embargaban…

"¡Felicidades Will! ¡Qué coincidencia más extraña encontrarlos a todos en la puerta! ¿No creen?". Sintieron todos, de pronto, que el acento inglés inconfundible de Karen se hacía audible desde afuera de la casa, y cuando todos voltearon hacia el jardín, se le pudo ver bajando de un coche Rolls Royce prototipo aún no lanzado, último diseño de su padre.

"William querido yo también tenía para ti una sorpresa de cumpleaños, he invitado a Karen a disfrutar de este almuerzo más íntimo con la familia, entiendo que durante este último mes se han hecho muy amigos". Señalo la Tía Elroy en tono más amable del habitual.

"Qué gran idea, ¿cierto Candy?" rió por lo bajo Archie, divertido con el enredo.

El almuerzo fue insufrible para Candy. Fue sentada por la Tía Elroy al lado derecho de Albert, con la tortura constante de sentir su aroma y el tenue calor que desde su cuerpo emanaba. Cada cierto tiempo él rozaba alguna parte de su muslo o rodilla, con su pierna derecha, o pasaba a tocar su antebrazo disculpándose. Podría jurar que lo hacía en forma consciente, pero eso sería imposible, su gentil y correcto Bert jamás haría algo así. Era quizás el recuerdo de aquel beso que le había robado, o la impertinente visión gratuita de su generosa anatomía la que hoy la mantenía en vilo, sin poder mirarlo o tocarlo sin sentirse invadida de sensaciones impropias.

A la hora del postre la Tía Elroy indicó que el pastel sería servido en la terraza delantera de la mansión donde había una magnífica vista del jardín, y quien encendió las velas aparatosamente fue la visita inglesa. Parecía que en cualquier momento se tragaría a Albert con la mirada, cantándole extremadamente cerca el Cumpleaños Feliz, y durante toda la comida no dejaba de encontrar excusas para acercarse a él más de la cuenta, o tocarle el hombro ante cualquier comentario divertido que se emitiese. Estas acciones tenían sumamente incómoda a la Tía veterana, y estaban haciendo sonrojar hasta el mismísimo festejado.

Pero no fue sino Archibald, que percibiendo la rareza del ambiente, dio por terminada la reunión. "Muchísimas gracias a todos los que nos acompañaron en este almuerzo tan ameno y familiar. Lamentablemente deberé ser quien dé por finalizada esta celebración, querido Tío, éste es sólo un atisbo de lo que te espera hoy en la tarde".

"Gracias Archie por tus palabras, y especialmente a mi querida tía por consentirme tanto, de verdad no era necesario. Mi vida, sin mi familia, no tendría sentido. Los amo profundamente, y sepan que son ustedes quienes me dan la fuerza y el valor que cada día se requiere para salvaguardar los intereses de este clan. Todo lo que amo está en este lugar." Señaló Albert mirando a Candy intensamente.

"Excepto por George…jajajaja" Dijo Archie, provocando la intensa risa de todos en la terraza.

Y diciendo esto, se dio por terminada la celebración, aunque cabe recalcar que en los corazones de dos rubias las palabras de Albert retumbaron con la misma fuerza…

… … …

Había llegado el momento que tanto temió y a la vez anheló durante cerca de un mes. Desde que su amiga la había convencido de aceptar la invitación a dicha fiesta sabía que sería su última oportunidad para recuperar a Archie. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo debería actuar ahora frente a él, después de haber escapado aquella vez y luego roto el compromiso por carta? ¡Qué tonta había sido! Todo lo ocurrido fue gatillado por el temor, no por el amor. Temor a sentir cómo con ese acercamiento Archie había bajado todas sus barreras y se había permitido explotar por dentro…temor a sentir cómo al contacto de su piel sus caricias le quemaban. Se avergonzó en aquel momento del débil gemido que brotó involuntario, y que no pudo ahogar para no desfallecer en sus brazos de pura excitación. Lo había dejado allí, pasmado y solo. Se echó a correr y volvió a la sala de la mansión a la cual hoy retornaba, sólo que en aquella oportunidad pidió al cochero que la llevase a casa de inmediato, y con su dama de compañía se habían retirado sin siquiera despedirse.

Ahora estaba allí, iba a su encuentro. Por un momento quiso devolverse, pero entonces ¡lo vio! Estaba parado en la entrada de la casa, esperándola sin prestar mayor atención al resto de los autos y carruajes que se detenían y del cual descendía un variopinto número de invitados. Descendió por la escalera de mármol y abrió la puerta de su carruaje, ella se sonrojó inmediatamente. Venía acompañada de sus padres, que sólo habían percibido el rompimiento como una gran pelea de enamorados, por lo que lo saludaron efusivamente:

"¡Archibald! ¡Qué bueno es volver a verte joven! Señaló el Sr. Britter bajando del carro y abrazándolo de inmediato.

"¡Lo mismo digo querido! Por favor Archie, ¿serías tan amable de escoltar a nuestra hija Annie a la fiesta? Una dama de su categoría no puede entrar sola a un evento como éste". Señaló la Sra. Britter en un tono firme, pero cálido.

Él inmediatamente la ayudó a descender, tomando tímidamente sus dedos, tanteando si podía estrechar su mano completamente para que bajase del vehículo. Ella entonces, se asió de su mano con fuerza y le mantuvo la mirada un par de segundos, transmitiéndole todo el amor que albergaba en su corazón. No desaprovecharía esta oportunidad, no después de darse cuenta de lo insulsas que Candy y ella habían sido teniendo el amor al lado y dejándolo escapar. Estaba consciente de que había tenido el privilegio de encontrar a su alma gemela, y era ahora o nunca.

"Archie, ¿crees que podemos hablar un momento en privado? Digo… ¿antes de entrar a la fiesta?" dijo Annie muy nerviosa, carraspeando un poco para no perder la voz.

"¿Eh? Esteee… claro Annie, no hay problema…" señaló Archie visiblemente contrariado. Lamentablemente la joven se le había adelantado, y no estaba seguro si las cosas que tenía preparadas estarían ya listas. De todas formas, no dejaría pasar su única chance de recuperarla, así es que sólo le quedaba encomendarse a los cielos, para que todo saliese según su plan.

"Por favor, acompáñame al invernadero, allí podremos hablar tranquilos." Dijo Archie un poco tembloroso.

Annie percibió el tono dubitativo de Archie, y se entristeció muchísimo, interpretó aquello como una señal de que no quería estar ya solo con ella, pero no decaería en su intento de demostrarle que eran el uno para el otro, aunque de eso dependiese su reputación. Su ceñido vestido color nude no tenía espalda, y el ligero raso con que estaba confeccionado la hacían sentir frío y dificultaban su caminar entre los jardines, pese a ello, caminaba estoica, con su alto moño e inigualable garbo.

A ella le pareció oír el crujido de algunas ramas cercanas, como si alguien se alejara a paso rápido, pero se calmó diciéndose a sí misma que sus miedos no le jugarían una mala pasada esta vez, sino que sería capaz de dominar la situación. Archie se detuvo en la entrada, temblaba entero y no era capaz de apuntarle a la cerradura del candado que estaba sobre la puerta del invernadero.

"¡Demonios! No era ésta la idea ¡no puedo ver nada! Señaló ansioso.

"Ya no tengo miedo Archie, te amo, te he amado siempre. Sólo que los prejuicios y mis propios sentimientos de culpa me impidieron antes entregar mi cuerpo, aunque mi alma ya era tuya".

Le susurró Annie agachándose un poco para hablarle detrás de su nuca.

Archiwald Cornwell podría literalmente, haberse desmayado de la impresión. Cuando volteó, Annie desanudó la parte superior de su vestido, dejando visible toda su delantera. Fue tal el estupor del joven, que no recordó que ya había abierto la puerta y cayó de espaldas moviendo la cabeza de un lado a otro, tratando de mantenerse cuerdo.

"¡Annie, mi vida! No por favor, no hagas esto, no es necesario, yo he sido un imbécil, traté de forzarte, yo no he podido dormir con la culpa de aquello que te obligué a hacer…yo jamás quise hacerte sentir incómoda…yo…" no pudo decir más. Allí, en la oscuridad, a pasos de un evento lleno de la creme de la alta sociedad, ella se le subió encima y callándolo con un fogoso beso ambos dieron rienda suelta a todo aquello que durante años habían querido decirse sin palabras. En el suelo del invernadero, con la puerta abierta, los dos jóvenes más elegantes y refinados de Chicago se amaron a la luz de la luna, recorriéndose a horcajadas con besos apasionados y caricias llenas de amor. Él estaba en otro mundo recorriendo cada milímetro de su delicada y bronceada piel, y mientras la exploraba ella también viajó hacia allá, libre, feliz y completamente enamorada. Luego de casi una hora en la que sólo recurrieron a ese lenguaje silencioso, Archie se animó a romper la magia del momento. Habían puesto las ropas en el suelo como una especie de protección, y sus cuerpos desnudos retozaban mitad dentro y mitad en contacto con las baldosas del recinto. La oscuridad reinaba aún, pero la luz de la luna se colaba por el techo del invernadero y la noche se veía maravillosa. Él se encontraba de espaldas al suelo, ella estaba abrazada a él, de lado, cubierta a medias por la chaqueta de Archie.

"Amor, mi querida Annie. No fue por nada que te propuse venir aquí. No quisiera ser aguafiestas, pero necesito mostrarte algo, tendremos que vestirnos, lamentablemente."

El rostro de Annie se sonrojó a más no poder. El amor de su vida la ayudó a ponerse el vestido antes de levantarse y juntos terminaron la faena tratando de planchar sus vestimentas con las manos. Archie reía:

"¡Qué horror! Este smoking lo mandé a pedir exclusivamente a Paris para esta noche, ¡jajaja!"

"Lo siento mucho Archie, ¡mi traje está arrugadísimo también! Annie seguía muy avergonzada, y él, enternecido, la besó en la nariz y la apretó fuertemente.

"Vamos, al fondo del invernadero hay algo que quiero mostrarte". La animó tirándola del brazo.

Avanzaron cerca de cincuenta pasos, cuando a la vista de Annie, apareció un pequeño santuario. En una diminuta mesa que se notaba había sido llevaba a ese lugar, había una vela y una diminuta flor en un maceta. Archie tomó un cerillo y encendió la vela dejándola al lado de la planta.

"De qué se trata todo esto Archie? No entiendo bien."

"¿Sabes?, durante todo nuestro noviazgo nunca he sido muy bueno para expresar mis sentimientos. La jardinería siempre formó parte de mi familia, así es que quise traerte esta pequeña pero hermosa flor, para explicarte lo que tú significas para mí Annie." Y tomándola por el mentón, prosiguió con su relato:

"Esta flor se llama Luz de Luna, crece en América y tiene una importante particularidad…sus hermosos pétalos color rosa y blanco sólo crecen al anochecer y se cierran por la mañana. Cuando brotan se ven como si estuvieses en presencia de la luna llena. ¡Mira Annie acércate!

Lo impactante es que aunque sólo abre por las noches, su agradable aroma perdura también durante el resto del día…"

Annie lo miraba atentamente, sin perderse detalle de lo que estaba escuchando, sabía que era un momento trascendental para ambos, y quería que nunca acabara.

"Yo te suplico Annie que no dejes nuestro amor morir, sino que al igual que esta flor, nuestro afecto resurja esta noche con toda la fuerza y nos acompañe a diario como el dulce aroma de la Luz de Luna. Tú para mí eres el dulce bálsamo que me acompaña todo el día… Dame otra oportunidad" y buscando detrás del macetero, le entregó a la muchacha una pequeña cajita de terciopelo.

Annie empezó a llorar antes siquiera de abrirla. "Oh Archie ¿qué es esto? ¿Qué significa? No me digas que tú… yo…"

"¡Sí señorita! ¡Eso significa! ¡Que quiero compartir mi vida contigo por siempre, por supuesto! ¿Aceptarías ser mi esposa?" y arrodillándose en la baldosa, tomó su mano derecha besándole la parte superior.

"¡Sí sí mil veces sí!" dijo Annie abrazándolo largamente…

… … …

Pasaban de las diez, pero Candy aún no bajaba a la fiesta, se había demorado en llevar la mesita al invernadero. El jardinero había tardado en llegar con la exótica planta, así es que su parte de la misión encomendada por Archie había quedado resuelta segundos antes de que los tórtolos se acercaran al lugar planificado.

"Querida Annie… sólo espero que en este instante seas inmensamente feliz…" y diciéndose esto abrió la puerta de su habitación para descender a la gran celebración.

… … … … … … … … … … … … … …

Hola a todos! No me maten! Sé que no es un capítulo tan Albert – Candy como esperaban, pero nuestros amigos necesitaban su gran momento también, lo venían anunciando hace más de un mes de agonía, pobrecitos. Como me ahbía demorado, va este capi más argo que los anteriores, espero les haya gustado leerlo, tanto como a mí me gustó escribirlo XD

Gracias por sus palabras, comentarios y motivación, ¡son mi bencina para seguir! Estoy muy agradecida de todos sus aportes, los públicos, los invisibles y también los consejos y ayuda que en privado me han enviado. Muchos cariños y que VIVA EL CANDY MUNDO Y LOS ALBERTFICS!

Por fa si hay errores no duden en decírmelos para corrección inmediata.

Abrazotes

Cordovezza.