Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes… ¡un abrazo!

CAPITULO 8: EL REGALO.

¡Maldito Archie! Cómo necesitaba de su amiga en este momento. ¿Y por qué tardarían tanto en entrar? Estuvo mirando por la ventana de su habitación por si los divisaba, pero nada… no quería bajar sola, había olvidado el pequeño detalle de que no tenía pareja. "¡Demonios Candy, por andar de casamentera ahora no tienes acompañante!" dijo refunfuñando para sí. Caminaba por el pasillo de forma insegura, no estaba usando su guardarropa, sino un vestido prestado por Annie, quien le aseguró que acentuaba sus curvas y que con dicho atuendo impactaría a Albert. Vestía como nunca, de rojo furioso. Su vestido de corte sirena, en tela tafetán rojo y escote strapless, se ceñía a su contorno perfectamente hasta las rodillas, y luego drapeaba cubriendo un par de sandalias doradas, con enormes tacones.

"Quizás, si entro al salón principal por la puerta que está en la cocina, y me mezclo disimuladamente en la fiesta puede parecer que llevo un rato allá y no se note que no traje a nadie conmigo", urdió Candy bajando sigilosamente por la escalera de servicio. Cuando ya estaba en la planta del primer piso, sintió ruidos en el cuarto de limpieza, y se asomó a ver qué ocurría. Menuda fue su sorpresa cuando encontró a los dos tórtolos Annie y Archie escondidos dentro, tratando de sujetar la puerta para que no la abrieran desde fuera.

"Pero ¿qué hacen aquí? ¿Que no les basta con todo lo que demoraron en el jardín?" dijo Candy sorprendida.

"No es lo que crees Candy", susurró Annie, con la cara tan roja como el vestido de su amiga. "Estoy horrible, mi vestido se hizo añicos, está muy sucio, no puedo ingresar así al salón"

"¡Pero por qué se ensució tanto! ¿Qué ocurrió?, señaló Candy preocupada.

"No hay tiempo para explicaciones" interfirió Archie, antes de que las preguntas se tornasen más incómodas. Por favor Candy, ayúdala a subir a tu cuarto, nos escondimos aquí porque íbamos a buscarte, no queríamos ser descubiertos en estas fachas.

¡Definitivamente los astros no querían que ella pusiera un pie en esa dichosa fiesta…! No podía dejar sola a Annie, y aunque no tenía absolutamente ningún vestido de su categoría, algo improvisarían. "Ok Archie, subiremos".

"Yo también iré a cambiarme, sabes que aquí manejo prácticamente otro guardarropas, es mi segunda casa" dijo Archie acelerado, mientras se perdía escalera arriba, en dirección contraria a las dos jóvenes.

"Annie, sólo se me ocurre devolverte el vestido que me prestaste, después de todo es tuyo, es el único que te quedará", dijo Candy cuando ya estaban dentro del cuarto.

"No Candy, ¡cómo se te ocurre algo así! sólo necesito mirar tu guardarropa, se supone que la moda es mi experticia" señaló Annie, infundiéndose seguridad, abriendo su armario.

"Así Candy, utiliza el broche que te pasé para unir las puntas del pañuelo atrás, en mi espalda". El resultado era perfecto, usando un amplio pañuelo de seda beige sumamente delgado, cubrieron la parte delantera del vestido de Annie, dejando sólo descubiertos los hombros, haciendo ver que se trataba de un estilo que se prestaba a la insinuación. La solución era práctica y fácil de defender, si los padres de Annie preguntaban, les diría que se había protegido porque tenía frío.

"Annie por favor no me dejes en vilo, ahora me contarás con lujo de detalles qué fue lo que ocurrió en el invernadero". Le dijo Candy mirándola ávidamente, alzando ambas cejas. Esto incomodó muchísimo a su amiga, que tartamudeando, omitió por vergüenza los detalles íntimos, pero se explayó en la propuesta de Archie, con mesita, flor de Luz de Luna y anillo incluido.

"¡Amiga querida estoy tan feliz por ambos!", se merecen toda la alegría del mundo, el amor destella a través de sus ojos, ¡los quiero tanto a los dos!" y ambas se abrazaron efusivamente.

"Candy, quiero que sepas que mi mayor motivación para luchar por Archie han sido nuestras últimas conversaciones. Yo me he dado cuenta de que no puedo vivir sin él, estaba dispuesta a todo por recuperarlo, contra viento y marea. Ahora faltas tú Candy. ¿Le entregaste su regalo de cumpleaños?", inquirió Annie.

"Sí lo hice, aunque tenía miedo y estaba un poco nerviosa por si se decidía a abrirlo en público, pero como lo preví eso no ocurrió. Albert no es un hombre que comparta sus emociones con todos, desde niño fue prácticamente entrenado para lo contrario. Aun así creí que me buscaría, veo que las cosas serán un poco más difíciles por este lado". Señaló Candy mirando a suelo cabizbaja.

"Cualquier hombre con sangre en las venas no podría sino admirar lo bella que estás hoy querida amiga, así es que disfruta tu momento, búscalo, es su cumpleaños, ¡dile que lo amas!" dijo Annie mirándola directamente, casi suplicándole, tomándole ambas manos.

"Ven acá, antes de bajar recogeré tu cabello para que luzcas ese hermoso cuello y dejes al descubierto tus hombros, ésa es la idea de un strapless amiga. ¡Ah! espera, hay que retocar el rojo de tus labios…" Candy se dejaba hacer, sin duda si Annie había logrado su sueño ¡sabía de lo que hablaba!

Tal y como habían acordado, se encontraron en el segundo piso con Archie, y bajaron los tres juntos por la amplia escalera de mármol, apareciendo protagónicamente en el acceso central. Sin embargo, nadie les prestó mayor atención, Archie miró a las dos jóvenes he hizo una mueca divertida de no tener idea de lo que ocurría, señalando a la parte exterior de la mansión. La verdad es que el epicentro de la fiesta se llevaba a cabo en la terraza que daba a los jardines, allí se encontraba el festejado, rodeado de féminas que idolatraban cada una de sus intervenciones e intentaban obtener algún intercambio de palabras más exclusivo. Él parecía dejarse querer, había aprendido a moverse en estos ambientes hablando de todo, sin decir realmente nada, aunque muy en el fondo sólo deseaba que tal exposición sirviese al menos para que Archie recuperara a su novia.

La casa hervía en gentío y Albert no comprendía por qué ella no había bajado aún. La buscaba con la mirada y finalmente se había convencido de que no estaría en la celebración. En un intento por salir del improvisado harem, fingió haber visto a alguien a lo lejos, y se retiró sagazmente. Avanzó por la terraza hacia el interior de la casa, y cuál sería su sorpresa al encontrarse de lleno en la entrada al salón con una rubia que lo abrazó y coquetamente le habló al oído:

"Felicidades Will, ha sido todo un reto encontrarte… ¿me dejarías entregarte tu regalo en una forma más discreta? No quisiera que hubiesen habladurías si te lo entrego aquí…" dijo Katty tan cerca de su oído derecho que Albert no pudo evitar que un escalofrío lo recorriese.

Candy estaba estupefacta. Había presenciado como Albert se separaba del séquito de chicas, y ahora además, veía cómo coqueteaba descaradamente con la inglesa. Sintió un nudo en el estómago y su rostro arder de ira, se acercó a paso firme y pisó fuertemente a Albert con uno de sus tacones, haciéndolo ahogar un grito y ponerse una mano empuñada en la boca. "¡rayos! ¡Qué dolor Candy! No te preocupes no fue nada, no te apures en disculparte" dijo sobándose como podía restregando el pie en la otra pierna.

"Veo que además de insensible, eres un descarado William. ¡Fue intencional! Agradece que no te doy una bofetada nada más porque esta fiesta no es sólo para ti…", luego volteó directamente hacia Katty: "¿Sabes SEÑORITA?, si lo quieres, quédatelo. Tal vez tu regalo sí sea lo que él necesita", y diciendo esto se perdió en el salón de baile".

"¡Albert! ¿Estás bien?, ¿quieres sentarte un momento?" le dijo Katty preocupada.

"No por favor, no te inquietes, iré a la cocina a ponerme hielo, vuelvo en un momento, si me disculpas…" señaló él. Se alejó lo más rápido que pudo, a cada instante se encontraba con alguien que quería hablarle, pero finalmente eludió a la masa y se dirigió a su habitación. El pisotón había sido doloroso, pero nada grave. Lo delicado realmente era que él había olvidado completamente abrir el regalo de Candy. ¡Cómo podía ser tan estúpido! entró raudo en su pieza y hurgó en sus ropas, hasta que recordó que lo había guardado en el cajón del velador para abrirlo una vez que estuviese tranquilo. "¡Qué pedazo de imbécil!" se repetía a sí mismo. Con la premura de los arreglos para la fiesta había quedado allí guardado.

Se sentó en la cama y abrió el paquete. En su interior, dentro de una pequeña caja, había un hermoso reloj de pulsera café, a cuerda. Si no fuera un conocedor del rubro sería difícil adivinar que se trataba de una pieza muy escasa y fina, pues no era ostentosa y el diseño era completamente de su gusto. Sin embargo, al darlo vuelta la inscripción en el dorso lo dejó con la boca abierta: No perdamos más tiempo. Tuya. CW.

Abrió la puerta acelerado dispuesto a buscarla por toda la mansión, cuando de improviso, la percibió. Era ella, su aroma a rosas inconfundible…sonrió de lado, y se apuró en alcanzarla en el pasillo, mientras abría la cerradura de su habitación. ¡Estaba despampanante! Alcanzó a quedar sin aliento durante breves segundos cuando lo lesionó en el salón, pero en esta oportunidad, sin nadie alrededor, podía apreciarla en detalle… su cabello ensortijado dejaba escapar algunos rizos rebeldes fuera del moño, su cuello infartantemente expuesto, sus curvas deliciosas dibujadas en rojo furioso, y qué más podía pedir al destino, los tacones le dejaban sus labios prácticamente a la altura perfecta para ser besados… Sus ojos sin embargo, echaban chispas, se habían tornado de una coloración verdosa más vivaz de la habitual, y sus mejillas sonrojadas por la ira le daban un aspecto indómito y extremadamente sensual…

"¡Qué crees que haces William, ésta es mi habitación, aún no he firmado ningún bendito papel, aún vivo aquí, no puedes hacer lo que te plazca, no entrarás a mi cuarto!" dijo Candy a la defensiva, poniendo su espalda en la puerta.

"¿Quien te dijo que necesito entrar, pequeña?" dijo él sensualmente muy cerca de su rostro. "Tranquila, sólo vengo a hablar contigo. Últimamente sólo piensas lo peor de mí en cualquier circunstancia…" afirmó sin alejarse ni un milímetro.

"Déjame Albert, vuelve a tu fiesta. Con tus monigotas y tu rubia impresionante", señaló Candy prácticamente en un susurro.

"No me iré, ya estoy con ella… No perdamos más tiempo…" dijo tomándola por la cintura y acercándola posesivamente. Ella le golpeó el pecho, pero sabía que la batalla estaba perdida, en el fondo sólo quería sentir el calor de sus labios, así que siguió luchando un poco más sólo por juego. Él la miró fijamente, el azul de sus ojos se había oscurecido, y la respiración de ambos podía percibirse en el ambiente. El ir y venir del pecho de Candy comenzaba a enloquecerlo, ella por su parte, sentía que moriría al estar tan acoplada a su cuerpo. Podía sentirlo cerca en toda la extensión de la palabra…

"Vi tu regalo recién, lo siento, soy un idiota. No puedo dejarte ir después de abrirlo. Basta de juegos te lo dije hace un tiempo. ¿Es verdad?" dijo Albert comenzando a besarla, recorriendo con su lengua el exterior de los labios de ella, delineándolos lentamente…

"Sí lo es, ya lo sabes…" dijo ella sin abrir los ojos.

"Demuéstralo…" dijo Albert. La besó despacio y tortuosamente, ella le tomó los cabellos y acarició su cabeza, correspondiendo fogosamente, buscando su lengua y entrelazándola con la suya. No había nada más mágico que sentirse así, perdidos el uno en el otro. Él comenzó a recorrer su contorno hasta sus caderas, luego subía por su espalda, y bajaba nuevamente hasta el límite de lo permitido. Candy no sabía si lo hacía a propósito, pero cada nueva caricia de él iba más allá de la anterior, como si recorriera un terreno ya conquistado, y eso la tenía en llamas… también lo abrazó y comenzó a acariciar sus hombros, sus bien torneados antebrazos, y su amplia espalda. Él dejó sus labios para proseguir su camino de besos hacia su cuello, aspirando el aroma de su cabello y mordiendo el lóbulo de su oreja izquierda. La sintió estremecerse en sus brazos y sonrió en silencio, continuó besando su cuello, avanzando ahora hacia la parte delantera, Candy echó hacia atrás su cabeza exponiendo su mentón, y Albert comenzó a recorrer con su boca la línea que marcaba sus clavículas, deteniéndose en el comienzo de sus montes, aspirando el delicado néctar que de allí emanaba. Estaba extasiado, embriagado de su aroma, de su cuerpo exquisito y de cómo correspondía a sus caricias. Ausente ya de cualquier indecisión, la tomó del mentón y fijó su mirada en sus brillantes esmeraldas…

"Abre la puerta", suplicó en un tono tan ronco que le sacudió los estrógenos…

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Holaaaa! Espero le haya gustado este capítulo! Traté de demorarme menos en actualizar, aunque no puedo prometer nada para el próximo, en casa me han mirado como si me fueran a asesinar jejeje. Soy feliz escribiendo sobre nuestros rubios, y me entristece un poquitín decirles que esta historia ya entra en la recta final, aún no sé si haré uno o dos capítulos más, pero está que arde…jajajaja.

Un abrazo enorme, Que viva el Candymundo y los Albertfics! Gracias miles por todos sus comentarios y buenos deseos, también por sus mensajes, son lo máximo!