Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero los amo. Son creación de Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, y sólo pretendo entretener con ellos nuestras imaginativas mentes… ¡un abrazo!

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EPÍLOGO.

"Aún no puedo creer que ya han pasado seis años desde que comenzamos la exportación de petróleo a Inglaterra Archie, es increíble el crecimiento que la industria automotriz ha experimentado, y con ello, la demanda por petróleo sigue y sigue subiendo. ¡El Consorcio Andrew está en su mejor momento financiero!" señaló Albert, visiblemente satisfecho, cerrando el periódico.

"Sí, y pensar que casi perdemos la alianza con la empresa Roll Royce por tus líos de falda tío" dijo Archie levantando una ceja y riendo descaradamente.

"¡Sabes bien que no fue así! Y no me gusta que me llames tío, ¡te lo he dicho en todos los tonos!", siseó el mayor de los Andrew, rodando los ojos algo cabreado.

"Oh vamos, ¿problemas con la edad a estas alturas? Asume que cierta tigresa inglesa debió haber vuelto a su país con la cola entre las piernas, cuando su padre la invitó gentilmente a irse al cuerno. ¡Imagínate la vergüenza de aquel británico cuando su hija trató de poner de cabeza el gran negocio que estaba cerrando en EEUU por chismes y comidillos faranduleros! Jajajaja, quien ríe último ríe mejor, sin duda"

"Nunca quise perjudicarla, y por lo que sé, gracias al cielo ahora es feliz con un Jeque petrolero, aunque los años no impiden que cada vez que nos cruzamos en algún evento intente restregarme esa información en la cara y tenga que calmar a Candy para que no le arranque el cabello", señaló Albert riendo de lado, sirviéndose un vaso de Escocés, y ofreciendo el segundo a su sobrino.

"¿Por cierto, jovial y apuesto TÍO, dónde crees que estén nuestras esposas en estos momentos?"

"No me cabe la menor duda dónde está Candy, ni con quiénes…", dijo el apuesto rubio mirando por la ventana con intenso amor.

Mientras tanto, en las afueras de la mansión Andrew, una frágil anciana, sentada muy cerca del lugar donde hace unos años efectuó terribles amenazas, era bombardeada por proyectiles de frijoles provenientes de diferentes direcciones. La mujer trataba de esconder su rostro tras el abanico que portaba, pero a pesar de ello, sonreía.

¡Anthony, Stear! ¡Dejen a su Tía Abuela en paz! Gritó Candy con voz militar.

"Pero mamá… ¡la Abuela Elroy dijo que podíamos jugar hoy en el jardín a lo que quisiéramos con ella!" reclamó Anthony el mayor de los pequeños, con tan sólo cinco años de edad.

"¡Abuela Elroy no dejes que nos lleven a bañar por favor protégenos!" dijo el menor, Stear, de cuatro años, escondiéndose en el regazo de la octogenaria, que lo abrazó apenas se acercó.

Candy se puso ambas manos en la cintura y los reprendió a ambos. "Chicos, no pueden jugar tan brusco con su abuela, entiendan que esos frijoles son duros y pueden dañarla. Vayan de inmediato a bañarse para que puedan comer, y díganle a Dorothy que también aliste a la bebé Rose por favor.

"Ay Dios mío Annie, ¿por qué los míos son como caballos encabritados y tus gemelas parecen dos ángeles en reposo?"

Su gran amiga, que caminaba con ella, rio de buena gana y respondió "Candy creo que lo llevan en sus genes, no sé cómo habrá sido Albert en su infancia, pero tú sin duda eras el triple de traviesa que tus adorables niños, jajaja"

Candy se agachó preocupada quedando a la altura de la anciana y tomándola de las manos que tenía en su regazo le habló: "Tía Elroy, no debe permitir que jueguen con usted tan brusco, podrían hacerle daño sin querer"

"No te preocupes hija, siento que con todas las travesuras que estos tres angelitos han hecho conmigo, he pagado cada uno de mis pecados, los amo más de lo que jamás pensé y le han traído un nuevo significado a mi vida", dijo cubriendo las manos de Candy con las de ella.

La Sra. Elroy miró hacia abajo y luego prosiguió: "Espero que algún día puedas perdonar todo el daño que te he hecho. Mucho tiempo me llevó descubrir que pusiste mi triste existencia de cabeza, pero siempre fue para mejor. Me devolviste a mi querido Albert, que gracias a ti sentó cabeza, dejó de trotar por el mundo, y me has dado tres bisnietos maravillosos. A mi edad me siento más que pagada de que me permitan vivir con ustedes y ser testigo del amor que se profesan, más la ternura y alegría de los bebés corriendo por la casa"

Candy emocionada, se miró con la anciana un breve instante, y la ayudó a levantarse para volver a la mansión. "Por favor Tía Elroy, para mí todo lo ocurrido antes de nuestro matrimonio quedó en el pasado, usted es una persona muy importante en mi vida también, siempre respetó las decisiones de Albert desde que yo era menor de edad, aún en contra de su propia voluntad. Hoy todo lo negativo no vale la pena recordarlo, ¡tenemos tanto por lo que ser felices!"

"¿Recuerdas Candy tu maravillosa boda?" dijo Annie mirando hacia el cielo. "Digno del matrimonio de una princesa, te veías maravillosa entrando al altar acompañada a cada lado por la Srta. Pony y la Hermana María, no sé si se habló por más meses acerca de esa salida del protocolo habitual o del maravilloso vestido que Albert mandó a confeccionar a Paris"

"Aún no te creo que no tuviste que ver con ello Annie, nadie sabe más de alta costura que tú, Albert no podría haberlo traído sin tu ayuda, estoy segura" dijo Candy arrugando el ceño en forma de juego.

"¿Y tú Candy? ¿por qué no asumes que tuviste que ver con todo lo preparado para mí ese día en el cumpleaños N°30 de Albert, donde Archie me propuso casarnos?"

"Bueno, todo lo del invernadero no fue idea mía…" le dijo con una sonrisa pícara que hizo sonrojar a su interlocutora.

Mientras tanto, en el baño de los niños, Dorothy luchaba por controlar a los dos pequeños que corrían desnudos por la habitación contigua. "Por favor chicos, estoy cargando a Rose, necesito que se comporten, ¡sino tendré que llamar a sus padres!"

"A ver, a ver, a ver, ¿qué está pasando aquí? ¿por qué no le hacen caso a Dorothy?" Dijo Albert con voz ronca desde el umbral de la habitación. Los muchachos corrieron de inmediato a meterse en la bañera, como si se tratase de una orden marcial.

"Pásame la niña un rato Dorothy, mientras te encargas de ellos la haré dormir. No te preocupes, sabes que lo he hecho cientos de veces, conozco toda la rutina" señaló a la mucama cerrándole un ojo y llevándosela por el pasillo.

Un rato después, en el salón principal, Candy atendía a sus invitados vertiendo el agua hirviendo de la tetera en cada taza. Archie tocaba la rodilla de su esposa por debajo de la mesa, haciéndola sonrojar y la Tía Elroy se encontraba concentrada en endulzar su porción de té.

"Querida amiga, me temo que tendremos que partir temprano, sin esperar a que Albert se nos una. Hemos pasado una tarde muy entretenida, pero las niñas deben estar por volver de donde mis padres, y queremos estar en casa para recibirlas", dijo Annie con voz temblorosa mientras le pegaba con el pie a Archie para que dejara de pasar sensualmente su dedo índice sobre su muslo derecho.

"Además, ya sabes cómo se pone Albert cuando hace dormir a Rose, lo más probable es que se haya metido con ella a la cuna y esté con ella en el mundo de Morfeo" dijo Archie riendo ampliamente.

Los comensales terminaron rápidamente su alegre tarde de té y pastelillos dulces, luego Candy despidió en la puerta a la castaña pareja y acompañó a la Tía Elroy a su habitación, pues la tarde de juego con los niños la había agotado.

La patrona de la mansión se dirigió después a la habitación de los niños, esperando encontrar un cataclismo de proporciones, pero al contrario, los niños estaban ya en sus camas y dormían profundamente, mientras Dorothy terminaba de recoger las últimas prendas repartidas por la pieza. "¡Qué pasó! ¿Cómo lograste esta magia?" dijo mirando a su más fiel empleada.

"No fui yo Candy, sino Albert, que antes de llevarse a Rose los dejó bien advertidos, el resto lo hizo el sueño que acumularon de tanto correr todo el día como caballos desbocados, jajajaja"

"Guau, veo que el don de lograr que hagan lo que él quiere no se aplica tan sólo a los negocios, ¡este hombre podría doblegar hasta el mismísimo Lucifer!" dijo sorprendida, riendo de lado.

"Y tú le haces la competencia Candy, pues ya que hablamos de gente complicada terminaste siendo adorada hasta por la mismísima Sra. Elroy, jajaja" respondió Dorothy mirándola con ternura.

"Ya puedes irte a tus aposentos querida amiga, terminaré y luego iré a ver qué diantres pasó con mi marido, que lo perdí completamente desde la hora del té" le dijo empujándola hacia la puerta.

Rato después, Candy partió a la habitación de Rose y la escena que vio le estremeció el corazón. Acurrucado casi en posición fetal, apenas cupiendo dentro de la amplia cuna, se encontraba Albert dormido, abrazando a Rose con la cabeza de la bebé a la altura de su nariz, donde se apreciaba podía aspirar su aroma. Fue tal la ternura que la visión le evocó, que no aguantó y se agachó por una de las barandas a darle un beso en la frente a su marido. Éste despertó y alcanzó a sujetarla correspondiéndole el beso en los labios.

"Te amo princesa" dijo mirándola intensamente, sin soltar su cabeza.

"Yo también mi vida. Pero ahora vamos, dejemos a Rose descansar. Ya se han ido todos los invitados" le dijo tirándolo de un brazo para que saliera de la pequeña cama.

"¡Por fin solos!" y se levantó tan rápido que Candy volteó a verlo impresionada.

"Qué pasa contigo, ¿no estabas tan cansado?"

"¿Bromeas? Son poquísimas las instancias en que puedo estar a solas con mi mujer antes de la medianoche. No pienso desperdiciar ni un minuto" le dijo mientras se acercaba a ella felinamente, levantando ambas cejas.

"¡Pero Albert! ¡No has comido nada!" señaló Candy tratando de alejarlo poniendo ambas manos sobre su torso.

"No te preocupes, eso me dispongo a hacer durante horas" la miró oscuramente, ella sabía lo que esos ojos marinos buscaban cuando se volvían color tormenta. Él unió su frente a la suya y la alzó desprevenidamente en brazos hasta la habitación matrimonial, cerrando con llave por dentro…el ocaso recién despuntaba y presagiaba una larga noche de pasión.

FIN FIN FIN

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Ha sido un viaje maravilloso escribir esta historia junto a tod s ustedes, y espero quieran seguir acompañándome en futuras aventuras. Gracias! Mil gracias! Nunca pesé que lo lograría, me encanta compartir nuestras fantasías y sueños, pero creo que sólo ha sido posible por la confianza y cariño que depositaron al leerme, al dejarme sus comentarios, y al apoyarme constantemente con ánimos o críticas constructivas. Un abrazo enorme! Y VIVA EL CANDYMUNDO Y LOS ALBERT FICS!