Segundo capitulo, aqui las cosas se ponen un poco violentas o.o

Avertencias:Incesto, Ooc, ganas de matar a la autora(?)

Creditos: Ya saben, a Himaruya -3-


Una mañana fría de enero, en un concurrido parque se encontraba Matthew parado cerca de un poste. Con sus mejillas rojizas por el viento helado que jugaba con sus rizos dorados, temblaba por estar tanto tiempo en se lugar sin refugio, por lo que se acomodó la bufanda. Desde hace rato esperaba a su hermano, se suponía que se verían en ese lugar para ir a comer unas crepas, por lo que había dejado a Kumajiro en casa. En tan solo pensar que sería como en una cita, se añadía más rubor la cara del canadiense y una sonrisita se dibujara en su rostro. Pero hace más de 1 hora estaba allí, esperando como un perro fiel a su amo. Con un pequeño puchero veía hacia todas partes, tratando de encontrar entre la masa de gente alguna señal de Alfred.

Ya después pasadas 2 horas, con un suspiro de cansancio, el canadiense se sentó en el gélido piso, pero que se le podía hacer, no quería estar parado. Frotando y tratando de calentar sus manos con su aliento, empezó a desesperarse a pesar de que eso era algo raro en él. Aunque algunas veces el americano llegaba tarde algunas de sus citas, nunca faltaba, con una sonrisa y algo de cansancio por haber corrido pero nunca fallaba. Por lo que se le hizo raro a Williams que no viniera, después de todo, su hermano había propuesto esta salida, así que no sería correcto no cumplir con la promesa. Y una de la consecuencia de abr pasado tanto tiempo, Canadá empezó a tener pensamientos negativos, como que si se había aburrido de él, pero sacudió su cabeza. No iba tener esas ideas tontas rondándole por la cabeza, no quería tener ninguna duda de Jones, quería creer que era cierto.

Con una mueca, vio su reloj de muñequera, ya habían pasado más de 3 horas, el americano no iba ir. Levantándose de su asiento, se sacudió la ropa y se acomodó la bufanda, mientras hacia esto Matthew noto algo inusual. Viendo la masa de gente pudo descubrir una cabellera rubia, y con una rulo hacia arriba, no había duda, ese era Al. Sin poder evitarlo, corrió esperanzado hacia donde estaba su enamorado, con sus ojos violetaceos brillantes de felicidad y su corazón latiendo mil por hora, todos los síntomas de una persona enamorada.

A tan solo unos cuantos metros de su objetivo, noto que Alfred no estaba tan solo como creía. Este iba acompañado de Arthur, ambos tomados de las manos y comiendo crepas, como si fueran una dulce pareja, América se inclinó y lamio la crema batida que había en el labio del inglés, Al ver esta escena romántica entre quien amaba y una persona que había sido su tutor, el canadiense solo pudo retroceder unos pasos. Con sus ojos abiertos por la sorpresa, empezaron a salir sus lágrimas, las pequeñas perlas rodaban con rápido el rostro triste de la joven nación. No podía creer lo que estaba viendo, no quería hacerlo, pensaba que tan solo era un cruel sueño, pero desde el comienzo era una mentira. Desde ese día en el invernadero, todo, todo era una cruel farsa. A pesar de tener la sensación de que algún día lo dejaría, aun sabiendo que nunca vendría seguía volando en el amor como una estúpido.

Sin poderlo soportar más, se dio la media vuelta para empezar a correr. No tenía ningún destino, solo quería alejarse de esa dolorosa verdad. Aun con sus lágrimas cayendo y sin ver por dónde iba, choco de repente con alguien por lo que cayó al suelo de bruces. La persona de quien se trataba era Gilbert, que al ver al canadiense en el suelo lo ayudo rápidamente a incorporarse. Al estar ya de pie, Canadá pidió disculpas muy avergonzado, disculpas que Gilbo acepto algo sonrojado pero que se esfumo al instante al ver las mejillas de Matty mojadas y sus ojos cristalinos.

-Matty, ¿por qué estas llorando?-dijo el albino con un tono de preocupación, mientras acariciaba la mejilla de Williams con suma ternura, odiaba verlo en ese estado, lo odiaba desde el fondo de su alma pero no podía hacer nada.

-N-No es nada…solo me ha entrado una basurita en el ojo-mintió mientras desviaba la mirada, no quería que alguien se enterar, no quería preocupar a nadie y menos a Gilbert.

-Vamos, puedes decirme lo que sea.-Al pronunciar esas palabras atrajo al joven en un abrazo cálido y reconfortador, ya suponía cual era la razón de su tristeza.

-Gracias por tu apoyo, pero no es nada, te lo juro...-con su voz quebrada, al punto del llanto por aquel abrazo tan sincero, algo que Alfred nunca dio. Y al recordar lo que había pasado, no pudo evitar aferrarse más a esa calidez.-Solo que…vi a Al con Arthur, agarrados de la mano…como una pareja-Al decir esto rompió en llanto nuevamente, un llanto triste y amargo por

Con un suspiro, Gilbert acaricio la cabeza del rubio tratando de consolarse. No le gustaba verlo así, no le gustaba verlo llorar. Separándose, limpio las lágrimas de aquel chico con sus dedos y le miró fijamente a los ojos.

-Matty, no llores. No dejes que tu hermosa cara se estropee por personas inútiles.-Con una sonrisa de lado, se inclinó y beso sus ojos. Al recibir ese acto de ternura, Matthew no pudo evitar ruborizarse y dejar de llorar.

-Quiero ir a casa…-dijo con su mirada en el suelo, no quería estar más tiempo allí y volver ver a Alfred. Era como si una parte del amor que tenía hacia Alfred se hubiera esfumado, ya desde hace tiempo eso ocurría. Díaa día se esfumaba una parte de ese cariño.

Él oji-rubí solo asintió y tomo la mano de su amado, llevándoselo lejos de aquel parque y toda esa gente. Lo menos que quería era que Canadá se volviera a poner a llorar, y como la casa de este estaba cerca del lugar no les llevo mucho tiempo llegar a la entrada del hogar del canadiense. Soltándose de la mano de Prusia, Williams se dio la vuelta para abrir la casa y en lo que lohacía, su acompañante no podía caber en la emoción de saber dónde vivía la persona que le gustaba.

-¿Quieres pasar?-pregunto el canadiense al ya abrir la puerta. Pero Belmischt negó con la cabeza.

-No, tengo que irme ya-contesto, a pesar de querer conocer la casa de Matty tenía que ir a casa, no quería que Ludwing se preocupara por él.

-Oh bueno, gracias por haberme acompañado.-sonrió tiernamente de lado él rubio. Ya al estar en la despedida, Gilbert pensó en si arriesgar a robarle un beso a ese dulce muchacho-Que te…-sin poder acabar su oración, los labios del prusiano se juntaban con los de él. Para el poco rato Gil se separó y se fue corriendo, con su corazón latiendo como loco y una sonrisa boba en el rostro. Y dejando a un canadiense confundido y sonrojado.

Al ya estar en casa, Matthew se sentó en el sillón junto a la chimenea que daba un reconfortante fuego. Con Kumajiro en su regazo, empezó analizar todo lo que le había pasado ese día, lo que había descubierto y lo que pasaba con él. Y antes de acabar, escucho el sonido de la puerta principal abriéndose, eso significa que Alfred había llegado. Con una sonrisa en su rostro, corrió hacia donde estaba Williams y lo abrazo con fuerza

-I´m so sorry, Mattie. Mis jefes me retrasaron y no pude llegar temprano a la cita, cuando llegue al lugar no estabas por lo que pensé que estarías aquí-dijo como si fuera de lo más normal, pensando que su hermanito se tragaría esa tonta excusa y no supiera la verdadera razón de su atraso. Al no recibir respuesta, trato de besar la boca del canadiense pero este aparto la cara y lo mira entre enojado irritado.

-Alfred no digas mentiras, todo el tiempo estuviste con Arthur…-levantándose de su asiento y para caminar con sus brazos cruzados, pudo ver la mirada desconcertada de su gemelo que no pensaba que lo descubriría-Dime, ¿hasta cuándo me lo ocultaría? Todo esto es una fantasía, ¿cómo pudiste hacerme creer que era la única?-le interrogo al americano que ya se había levantado y estaba solo a unos pasos de él- Ahora que te eh visto puedo ver que eres un egoísta, nuestro amor nunca fue nada para ti-escupió esas palabras que tantos meses las había escondido en lo profundo de su corazón, algo que pensaba que nunca le diría Alfred.

América había escuchado ese reclamo con su mirada oscurecida y al ver que había terminado, se lanzó hacia su hermano, haciendo que los dos cayeran. Al reponerse, Canadá sintió algo metálico y frio en su garganta. Su hermano estaba arriba de él con una sonrisa algo torcida y burlesca, y oprimiendo más el curter en su cuello. Matthew no podía creer que ese era su querido hermano, no, ese no era su hermano. Con sus ojos abiertos de par en par por el miedo, sudaba frio y tenía miedo por primera vez de Alfred, nunca le había visto así.

-No hagas cosas innecesarias, no digas cosas que no son verdad. No te metas en problemas, Mattie…-susurro en un tono escalofriante en su oído e hizo que Williams se estremeciera y tragara saliva.

-A-Al…-antes de poder pronunciar palabra alguna la cuchilla ya había cortado su cuello, la sangre carmesí empezó a salir y manchar la blanqueza de su piel al igual que las manos de su gemelo. Ambos hermanos se vieron a los ojos, el mayor con una mirada de locura y el menor de terror, eso fue lo último que pudo ver Canadá antes de que su conciencia se apagara-

Abrió sus parpados lentamente, los sentía pesados al igual que su cuerpo y su garganta dolía. Incorporándose lentamente en el sillón, vio delante de él un ramo de rosas rojas. Y a verlas recordó lo que había sucedido la noche anterior, lo que había hecho U.S.A y como había quedado dañado del cuello. Tocándoselo, descubrió una venda, a lo mejor había hecho Al por haber estado arrepentido, pensó el canadiense.

Tomo el ramo y caminando con lentitud, salió al jardín y vi el invernadero. Sintiendo la brisa fresca de la mañana, que revolvía sus cabellos y hacia que unos pétalos se fueran con el viento. Ya no podía huir de sus cicatrices en cuerpo y alma, no podía pasarlas en alto pero amaba con todo su corazón a su hermano, aun si le lastimar no podía evitarlo. Una traviesa perla surco su mejilla, incluso sus lágrimas estaban disminuyendo.

-Una tentación bien muy bien ideada, una red para no volver a salir jamás, ¿Por qué lo haces, Alfred?-con su voz algo ronca y con un nudo en la garganta pronuncio esas palabras, para después besar una rosa y dejar caer las flores a sus pies. Se dio la media vuelta y regreso a la casa, sin volver por aquel ramo, que se estaba desbaratando como su amor por su