Los personajes son de Stephanie Meyer... La historia es una Adaptacion del la novela...Divorcio.. autora NOE CASADO.. no gano nada con esto.. únicamente compartirla con ustedes disfrútenla.


Capitulo 2

Bella refunfuñaba en su cuarto, encerrada en su jaula de oro, vendida al mejor postor, sin posibilidad de hacer nada por librarse de un matrimonio concertado. ¡Y para colmo de todo con un viejo! Recordó haber leído algo sobre finanzas en el periódico, así que, tras asegurarse de que la puerta estaba bien cerrada, sacó el último ejemplar y buscó la noticia relacionada con la banca Cullen. Y allí estaba, una foto, algo borrosa, pero en la que se distinguía perfectamente a Edward Cullen. Su pelo entrecano, aunque bien conservado, evidenciaba que andaba por los sesenta. Se le revolvió el estómago, puede que en otro tiempo fuera atractivo pero... ¿Cómo iba ella a ir colgada del brazo de un hombre que podía ser su padre? Y lo más terrible... ¿cómo iba a...a..."eso" con un hombre tan mayor? Y entonces se encendió la luz en su cerebro. Seguramente el banquero esperaría a una mujercita tímida, educada, pero sobre todo virgen. Bella lo era, virgen, no tímida, pero él no tenía por qué saberlo. Aunque podía asegurarse de eso...y para estos menesteres estaban los amigos. Hablaría con Jacob, en algunas ocasiones él se mostraba interesado en ir más allá de una simple amistad, aunque Bella rechazaba sus avances. ¿Qué mejor ocasión? Guardó el periódico y miró la hora. Bueno, con un poco de suerte su madre se acostaría temprano y su padre se iría al club. —¿Estás loca?

—Te lo estoy pidiendo como un favor, Jacob, además no creo que sea tanto sacrificio.

—Si tus padres llegan a enterarse me cortarán en dos, olvídate. Bella no podía creerlo, su mejor amigo, el hombre con quien siempre soñó que se casaría se negaba a acostarse con ella.

—No tienen por qué saberlo, yo no diré nada —intentó de nuevo convencerle. Se acercó a él rozándole la entrepierna, por lo visto la idea no le disgustaba tanto.

—No. Tiene que haber otra forma de anular ese compromiso. —El apartó su mano bruscamente.

—Pareces animado. —Bella coqueteó un poco. No tenía mucha idea de cómo hacerlo pero por lo visto debía estar en buen camino.

—No sigas, por favor. Buscaremos otra alternativa.

—¿Cual? ¿Tirarme por un puente? —Jacob la miró estupefacto, así que ella añadió maliciosamente

—: ¿O quizás deba buscarme a otro que haga el trabajo?

—Ni hablar. Déjame pensar.

—No hay tiempo —le recordó lo obvio. Pero Jacob no hizo caso y meditó un buen rato antes de hablar.

—Bella, ¿has pensado en las ventajas de casarte con un hombre mayor?

—¿Pero qué dices? —preguntó perpleja.

—Con un poco de suerte, en menos de diez años podrías ser viuda, a mí no me importaría esperarte. Además, una vez casada...ya no correríamos el riesgo del escándalo, por no hablar de tu situación económica. ¿Eres consciente del poder económico de esa familia?

—Jacob, no puedo creer que digas esas cosas. —Si su amigo también le daba la espalda...

Piensa un poco, Bella. Tal y como están ahora las cosas, ¿qué puedo ofrecerte? Trabajo de sol a sol con mi padre; no va mal el negocio, pero no puedo darte el nivel de vida al que tú estás acostumbrada, por no hablar del enfrentamiento con tus padres.

—Nunca pensé que fueras tan pragmático.

—Soy realista —corrigió Jacob, y agarró su mano

—. Sabes de sobra lo que siento por ti, y no te haces una idea del sufrimiento que me causa verte tan apenada, pero si piensas con un poco de claridad verás que no es una solución tan mala.

—No sé...tendré que "hacerlo" con un viejo. ¿Estás seguro de que no quieres...? —la pregunta fue acompañada de otro roce a su entrepierna, quemando el último cartucho.

—Bella, por lo que más quieras, no me tientes. Sabes que es lo que más deseo en el mundo, pero por el bien de ambos debo negarme. —Jacob se puso en pie—. Y ahora es tarde, te acompañaré a casa-. Seguía dándole vueltas en la cabeza, no podía resignarse, ya no solo por la diferencia de edad, sino por el hecho de que sus padres la habían vendido, sin importarles su opinión. Y eso era más de lo que podía soportar.. Hacía ya una semana de su conversación con Jacob, nunca había esperado eso de él. Parecía tan convencido, tan seguro...Ella le creía su apoyo incondicional y resulta que solo veía ventajas donde ella solo encontraba calamidades. Para evitar mayores enfrentamientos con sus padres se mostraba lo suficientemente dócil para que la dejaran en paz, pero lo bastante orgullosa como para que no sospechasen, y empezaba a odiarse a sí misma. Por desgracia su hermano Albert estaba fuera, por negocios, así que no podía recurrir a él. Tenía que ser ella misma quien arreglase las cosas. Negociaría, eso es, al fin y al cabo se trataba de un banquero, éstos no perdían la oportunidad de hacer un buen negocio cuando se les presentaba la ocasión. Así que, movida por la esperanza de salir airosa, tras mentir a su madre diciendo que iba a las pruebas del vestido de novia, y con toda la decisión del mundo, se dirigió a las oficinas centrales de la Banca Cullen

. —Disculpe, Señor Cullen, ahí fuera hay una dama —el secretario carraspeó— que desea verle. Dice que es...esto...su prometida..- Edward Cullen III levantó la vista y observó a su fiel secretario Thompson; llevaba a su servicio casi treinta años y más que un secretario era un viejo amigo.

Mi prometida...—dijo disimulando una sonrisa. —Eso dice la dama.

—Pues no la hagamos esperar más. —Se puso en pie—. Por favor, que nos sirvan...No, espere, Thompson, que elija ella.

Thompson se apartó de la puerta para dejar pasar a la dama y, como buen caballero, Edward salió a su encuentro, cogió su mano y se la llevó a los labios. Sí, definitivamente había escogido bien. La dama ya no era una jovencita recién salida del cascarón, sino una mujer hecha y derecha, completamente formada, lo cual evitaría dramas innecesarios. —¿Desea tomar algo? —No —respondió Bella bruscamente, y se dio cuenta en el acto de su error

—. No, gracias — rectificó—, muy amable por su ofrecimiento.

Hizo una señal a Thompson para que les dejara a solas y después indicó a Bella dónde podía sentarse. Ella agradeció, por supuesto en silencio, tanta cortesía. Observó detenidamente al hombre, lo cierto es que mejoraba mucho al natural, ese hombre debió ser irresistible en su juventud. Concéntrate, se dijo a sí misma. Vamos a lo importante. Esto son negocios. Cuando él se sentó a su lado, manteniendo una distancia prudencial, estuvo a punto de apartarse; se contuvo, por supuesto, no debía mostrar signos de nerviosismo. —Y bien, querida, usted dirá —dijo el hombre sin perder la sonrisa.

Verá, señor Cullen, mi padre me comunicó la noticia de nuestro próximo enlace y yo...Bueno, quería hablar antes con usted sobre algunos asuntos.- Edward percibió la inquietud de la joven, pero se estaba divirtiendo y de momento no iba a decir más de lo necesario.

—La escucho.

—Primero —cogió aire—, no le conozco y me parece algo imprescindible conocer a la persona con la que voy a casarme. —Muy razonable. Bella odiaba que la trataran con condescendencia pero se abstuvo de expresarlo en voz alta. —Segundo, nadie me ha preguntado mi opinión y yo...Bueno, sinceramente, no esperaba a alguien como usted.

—Lo entiendo perfectamente.

—Vaya con la dama, tenía coraje, justo lo que necesitaba esta familia.

—Tercero, y siento ser tan franca, usted no me atrae lo más mínimo. Ya me entiende.

—Perfectamente, querida. —Sonrió y le dio unas palmaditas, después se puso en pie y se acercó a la ventana. Sin mirarla, debía disimular, preguntó—: ¿Alguna otra cosa?

—Sí, aunque desconozco los detalles, sé perfectamente que usted y mi padre han llegado a algún tipo de acuerdo económico.

—No debe preocuparse por eso.

—Pues lo hago; sé que mi padre ha contraído deudas. Como le he dicho, no sé la cantidad exacta, pero sé que necesita regularizar sus cuentas o perderemos todo nuestro patrimonio.

—Me sorprende, querida, su preocupación.

—¿Por qué? ¿Por ser mujer? —refunfuñó ella, y a Edward le encantó.

—Pues sí, normalmente se preocuparía más por otros asuntos más...femeninos. —Guiñó un ojo. Definitivamente era la mujer ideal. Y Bella estaba a punto de rebelarse, soltar algún improperio y mandarle a freír espárragos. —Prefiero no discutir los asuntos por los que debo o no interesarme. No he venido para eso.

—¿Seguro que no quiere tomar algo?

—No —respondió toscamente—, he venido a negociar con usted. Si Edward ya estaba interesado en la joven, ahora lo estaba mucho más. Negociar...muy, muy estimulante. - Se volvió a sentar junto a ella. Hizo caso omiso de su negativa y tocó la campanilla; al instante apareció su secretario, al que ordenó que sirviera un tentempié. —No tenemos por qué hablar con el estómago vacío. Gracias, Thompson, serviré yo.

Bella aceptó la taza de té, conteniéndose para no echarle el líquido hirviendo al hombre. Eso no queda bien en una negociación. Para distraerse se concentró en el despacho, en la decoración y en el gran escritorio colocado al fondo. Desde ahí es donde los banqueros juegan con el dinero de los demás, pensó ella. Si yo pudiera... —Si no he entendido mal, ha venido para...

—Negociar. Yo no deseo casarme con nadie, pero mi padre ha firmado unos documentos.

—Efectivamente, se han firmado y registrado por el notario. —Edward adoptó una postura más profesional—. Por lo que revocarlo supondría un claro perjuicio para los intereses de su padre.

—Lo comprendo, por eso he venido, para solucionarlo.

—¿Y qué ofrece a cambio?

—A mí misma.

—Ah, bueno, pero eso es lo que hemos acordado, disculpe, pero no veo la diferencia. ¿Simplemente está molesta por no haber sido usted quien ha propuesto la idea?

—¡No! No me ha entendido.

—Pues explíquese, se lo ruego.

—Me refería a ser su...empleada. Pagaría con mi salario las deudas de mi padre.

—Interesante. ¿Y con qué experiencia cuenta usted para trabajar en un banco?

—Bueno...he leído bastante; siempre me han interesado los asuntos económicos y en el colegio estudié algo.

—¿Sabe usted, querida, cuál es el salario de un aprendiz? —El banquero mantuvo su voz profesional aunque por dentro estaba más que satisfecho con la decisión de la joven.

—No.

—Teniendo en cuenta la cantidad que su padre adeuda seguramente tardaría toda su vida en liquidarla, querida, eso sin añadir los intereses de demora, que como usted bien sabe, pueden incrementar de forma considerable la suma total.

—Entiendo. —Rata usurera, quiso decir—. Pero si pudiera además controlar algunas de las propiedades y hacerlas más rentables...

—¿Su padre lo permitiría? Me temo, querida niña, que se está metiendo en camisa de once varas. —¿No me cree capaz de sacar adelante la economía familiar?

—Prefiero no responder a eso. Pero acépteme un consejo: le sale más a cuenta aceptar un matrimonio, le supondrá menos esfuerzo y obtendrá mayores recompensas.

—¡Es usted un cerdo! —Bella no pudo aguantar más; se puso en pie hecha una furia, caminó hasta la puerta y la abrió de un tiró

n—. Encontraré una solución, ¿me oye? —gritó a pleno pulmón—. No me rendiré. —Iba a salir disparada cuando tropezó con alguien que la sujetó para que no cayera—. Apártese —dijo gruñona—, no necesito que ningún lacayo me acompañe a la salida. —Y empujó con fuerza al hombre, quitándole del medio. Luego se fue como alma que lleva el diablo.

—Vaya fiera —dijo el recién llegado observando cómo la mujer caminaba por el corredor alejándose a grandes zancadas, siendo el centro de atención de algunos empleados—. Buen culo. ¿Pero no es un poco joven para ti? Pensé que lo tuyo con Vivian iba en serio, es una mujer agradable, de tu edad.

—Seguramente. —

-¿Y quién es?-

— Tu futura esposa...