Capítulo 7
—¡Pero qué callado te lo tenías! Jasper Whitlock.- recién llegado de su viaje, entró en el despacho de Edward con una sonrisa de oreja a oreja y los dos amigos se abrazaron.
— ¿Cuándo has llegado?
—Ayer por la noche. Estar de viaje puede ser muy estimulante pero llega un momento en que solo deseas volver a tu casa.
—Es que normalmente los viajes no duran tres meses. —Edward sirvió dos copas y le pasó una a Jasper
—. Bueno, supongo que me pondrás al día de tus aventuras. —Dio un sorbo—. Eso suponiendo que hayas salido de la habitación del hotel. —Edward, querido amigo, deberías avergonzarte. Me conoces de sobra. Para encerrarme con mi esposa me quedo en casa y no me gasto una fortuna en pasajes.
—Precisamente porque te conozco, expreso mi opinión.
—Ay, amigo mío. —Jasper se estiró en el sillón y puso cara de bobalicón enamorado—. Las ventajas del matrimonio...claro que ahora tú podrás opinar con conocimiento de causa.
—Más o menos.
—Me pica terriblemente la curiosidad. Te lo tenías muy callado. Y con la hija de un noble, nada más y nada menos. Picas alto, Edward.
—Mira quién habla.
—Bah, sabes perfectamente que hoy en día cada vez vale menos. Los dos amigos se comprendían perfectamente, puede que algunos comentarios vistos desde fuera pudieran parecer ofensivos. Pero para ellos era mera diversión.
—Insisto, ¿vas a contarme cómo has caído en las garras del matrimonio?- Edward se encogió de hombros.
—Tarde o temprano tenía que hacerlo.
—Puedes poner cara de póquer, pero no te creo. Nadie sabía nada, ha sido repentino. ¿Cómo lo explicas?
— ¿Para qué perder el tiempo?
— ¿La has dejado preñada?- Si al menos fuera eso, pensó Edward, no llevaría un mes con un dolor permanente en la entrepierna.
—No —respondió lacónico.
—La tradición y todo eso, ¿eh? —alegó Jasper riéndose—. Esperaste a la noche de bodas, bien por ti. Eso dice mucho en tu favor, en favor de tu aguante, quiero decir.
—Sí —murmuró Edward a punto de atragantarse. Pensar en su noche de bodas es como nombrar la soga en casa del ahorcado.
—Sorprendente —dijo Jasper enigmático.
— ¿Y cómo está Alice? —Edward intentó cambiar de tema.
—Estupendamente, te manda saludos, y por supuesto se muere de ganas de conocer a tu esposa. Ya organizaremos algo.- La puerta del despacho se abrió y Edward padre entró alegremente.
— ¡Muchacho! He oído que estabas de vuelta. —Abrazó a Jasper—. Te veo estupendamente. La vida de casado te sienta de maravilla. —Guiñó un ojo cómplice a su hijo.
—Pues sí —dijo orgulloso—. Le veo hecho un chaval.
—No creas. —Edward padre hizo una mueca. —Tonterías, ya me gustaría a mí estar así a su edad.
—Papá, creía que hoy salías de viaje.
—Sí, pasaré a recoger a Vivian en una hora, antes quería comentarte algo.
—Bueno, pues os dejo...
—No hace falta, eres de la familia —sentenció Edward padre—. Acabo de hablar con tu suegro. Está enfadado. Se sube por las paredes, más bien. ¿Me puedes explicar qué te traes entre manos? Jasper le miró intrigado. Edward suspiró, pues sí que iba a guardar bien un secreto.
—Nada, simplemente pretendo hacer bien las cosas.
—Eso espero. —Edward padre no parecía muy convencido con la respuesta de su hijo—. Charlie Cherterfield es perro viejo y no me gustaría que causara más problemas. No entiendo cómo ha tenido una hija tan deliciosa.
—De eso sin duda sabe más Edward que nosotros —comentó Jasper en tono bromista. Todos rieron menos el afectado.
—No se merece una flor así. ¿Te puedes creer que al día siguiente de su boda estaba en el despacho? —dijo Edward padre. Y toda posibilidad de despistar a su amigo se fue por el retrete.
—¿De veras? —Jasper arqueó una ceja mirando a su amigo. —Yo no hubiera abandonado a una esposa al día siguiente ni por todo el oro del mundo. Isabella es además de hermosa todo un carácter. No sé si me entiendes. —Movió las cejas sugestivamente.
— ¡Papá, por favor!
—Perfectamente, señor Cullen, perfectamente. —Sonrió, esto se ponía cada vez mejor. Picar a su amigo era casi tan divertido como disfrutar con su mujer—. Pero no se preocupe, conseguiremos hacer un hombre de él.
—Lo que me faltaba, un par de chismosos —se quejó Edward. Pero para lo que iba a servirle...
—Por favor, hijo, no seas tan tiquismiquis. Tienes una esposa estupenda y espero que Edward Cullen V esté en camino.
—Papá, ¿no te está esperando Vivian?
—Pues sí, y no se puede hacer esperar a las mujeres. —Su progenitor sonrió picarón.
—Eso depende —dijo Jasper.
—Otro día me lo explicarás; os dejo. A mi vuelta espero grandes noticias. Cuidaros los dos.
—Adoro a tu padre —dijo Jasper sinceramente. —Sí, bueno, tiene sus momentos.
—Sigo dándole vueltas a lo de tu matrimonio. Entonces, ¿es por tener un heredero o por otro motivo?
—Tú necesitas herederos para conservar el título, no yo. ¿Estamos en ello?
—Pues no, la verdad, no quiero pasarme los primeros años de mi matrimonio viendo a mi mujer cuidar de los niños y envejecer antes de tiempo. Preferimos disfrutar los dos solos. Después ya veremos.
—Llevas casi dos años casado, para disfrutar ya has tenido tiempo.
—No sé qué decirte...—A Jasper no se le borraba esa cara de satisfacción—. Cada día descubro algo nuevo, Alice es...bueno, ya me entiendes.
—Perfectamente.
—Además, somos jóvenes, disfrutamos de la vida, vamos y venimos a nuestro antojo. ¿Para qué cargarnos con responsabilidades?
—Una buena teoría. Pero tu caso, amigo mío, es diferente al del común de los mortales que estamos desprovistos de responsabilidades nobiliarias.
—Sigues eludiendo responder, no creas que soy tan tonto como para no darme cuenta. Explícame por qué te has casado, por qué con una señorita de buena cuna y por qué precisamente con la hija de ese bastardo.
—Ya te lo he dicho.
—Pero no me convences.
—Pues no hay otra explicación.
—Pues entonces deberíamos pasarnos por el club, distraernos un poco, beber tranquilamente un buen trago e intentar que el alcohol te suelte la lengua. —¿El club? —Por supuesto, he oído que tienen un espectáculo nuevo.
—Estás casado, se supone que ya no deberías frecuentar ese tipo de clubs.
—Que yo sepa, en la Dama Negra admiten a casados, y en segundo lugar Alice conoce perfectamente el club...
—¿Cómo?
—La hice socia, es la señora...—dijo riendo— Smith, ¿no me digas que no es divertido?
—Joder, Jasper, no creo que sea adecuado llevar a una esposa a ese tipo de clubs.
—¿Por qué? Allí los dos podemos divertirnos, disponen de unas excelentes instalaciones de recreo, he oído que los baños para mujeres son la última moda, hay salas para parejas, bien lo sabes, y no tengo ningún secreto con Alice.
—No me lo puedo creer.
— ¿Desde cuándo eres tan mojigato?
—No me imagino a Alice...
—Pues le encanta. Allí se disfraza, jugamos a no conocernos, a...
—Suficiente, me hago una idea.
—Deberías hacer socia a tu mujer.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Esa no es una razón.
—Deja a Isabella al margen de esto, ella no es de esa clase.
—Podría ofenderme por ese comentario —dijo sarcástico—, pero creo que simplemente eres estrecho de miras. Vamos al club, cambiarás de opinión.
—O no.
—¿De verdad pretendes llevar tu vida conyugal simplemente entre las cuatro paredes de tu dormitorio? Vamos, hombre, que nos conocemos, puedes ser riguroso en tu trabajo, pero te gusta un buen encuentro sexual, los juegos...no puedes renunciar a ello.
—Eso no es asunto tuyo.
—¿No me digas que es de las que lo hacen a oscuras? —Jasper parecía alarmado.
—Vámonos —dijo Edward entre dientes. —O peor aún, de las que solo se dejan una vez a la semana...Ay, Dios... El tono, cada vez más alarmante, de su amigo, podría haberle hecho grada de haberse referido a otra persona.
—No te metas donde no te llaman.
—Me preocupo por ti. ¿Qué quieres? Hemos pasado demasiadas cosas juntos…..
Continuara..
