Capítulo 11
—Joder —dijo Edward entre dientes al ver levantarse a Bella de la bañera completamente desnuda y mojada. Por no hablar de los murmullos y ronroneos que hubo de soportar. Y lo peor de todo es que su cuerpo permanecía inmóvil, negándose a moverse, a salir de ese dormitorio antes de que ella se diera cuenta. Su cerebro solo tenía una frase, un segundo más, un segundo más y me voy. Reaccionó a tiempo cuando ella se dio la vuelta envolviéndose en una toalla, salió de la habitación como un cazador furtivo. Eso sí, como un cazador furtivo muy excitado. De mañana no pasaba, llamaría a alguna antigua amante y pondría fin a esa amarga y ridícula situación. Porque así era la única forma de definirla. Excitarse contemplando a una esposa era lo más normal del mundo, siempre y cuando pasara por alto que ambos tenían un acuerdo de negocios. Ahora, ¿quién no pasaba por alto un acuerdo de negocios al contemplar un cuerpo así? Si verla vestida andando suponía contenerse, comprobar que bajo la ropa escondía un cuerpo tan sumamente apetecible ya era de locos. Él se estaba volviendo loco. Esos ronroneos. ¿Serían iguales al llegar al orgasmo? Y con esos pensamientos volvió a su despacho, dispuesto a olvidarse del espectacular cuerpo de su mujer y terminar la tarea pendiente. Definitivamente necesitaba una amante. Satisfacerse solo fantaseando con su mujer era ridículo.
—¿A qué esperas? —Alice miró por encima de su hombro a un marido perezosamente desnudo en la cama—. Es tarde, llegarán en cualquier momento y debes arreglarte.
—A mí no me culpes. Has sido tú quien ha insistido en desnudarme nada más llegar.
—Yo he insistido en desnudarte, no en follar toda la tarde —se defendió día subiéndose las medias. Lentamente, por supuesto.
—Vale, ya voy —Jasper se levantó de la cama y antes de ir a su vestidor palmeó el trasero de su esposa riéndose.
—Me muero de ganas de conocerla.
—Ese cabrón de Edward...—dijo Jasper saliendo con su ropa en la mano—, parece tonto pero mírale, con toda una señorita.
—Eres un esnob, querido.
—Ya, y tú una zorra provocadora.
—Gracias. Una mujer siempre agradece los cumplidos. —Alice, que sabía perfectamente interpretar los adjetivos dedicados por su esposo, jamás se ofendía; es más, disfrutaba—. Supongo que te abstendrás de pronunciarlos en público.
—¿Por qué? —Se abrochó la camisa—. Edward y yo no tenemos secretos.
—Pues esta vez él se ha vendido bien caro. No ha hecho más que poner peros a que conozcamos a su mujer.
—Ahí hay gato encerrado.
—¿Ah, sí? —Se acercó a él para ayudarle con la corbata.
—Pues sí. Trabaja hasta tarde, lo cual es habitual, pero ahora está casado. —Levantó el cuello para que su mujer dejara perfecto el nudo de la corbata—. No se les ve en público. Dice que no, pero para mí que la ha dejado preñada.
—Eso se sabrá en poco tiempo, ¿no crees?
—No sé, Edward siempre ha sido reservado, pero no hasta ese punto. —Bueno, cuando la conozcamos opinaremos con más fundamento. —Jasper la pilló desprevenida, la alzó en brazos y dio una vuelta con ella haciéndola chillar. —¿Te he dicho ya hoy cuánto te quiero?
—Si lo que llevas escondido en los pantalones es un indicativo...—dijo ella coqueta. —Considéralo un indicativo muy alto. —La besó
—. Y ahora, señora mía, vayamos a disfrutar de una estupenda cena.
—Solo hay un pequeño contratiempo. —Él arqueó una ceja—. No, no es eso, tonto, bájame al suelo, sé ir caminado.
—Pues yo no sé si podré hacerlo sin lesionarme —dijo entre risas y la siguió. Cuando bajaron al hall de entrada el mayordomo estaba recibiendo a Edward y a su esposa. —Por lo menos es guapa —dijo en voz baja Alice.
—Buenas noches. Bella, te presento a Jasper, Lord Whitlock, mi mejor amigo.
—Encantada.
—Y también su mejor consejero, su mejor compañero de juergas y por supuesto su maestro — dijo Jasper orgulloso mirándola
—. Un placer, querida—. A Bellal e extrañó ese descarado coqueteo. ¡Edward y Alice estaban delante! —Y ella es Alice, su esposa.
—Veo que la has enseñado bien —dijo Alice con descaro. Y Bella empezó a odiarla en ese instante—. Edward, querido, cuánto tiempo. —Y Bella tuvo otro motivo para odiarla aún más cuando Alice besó a Edward en los labios delante de todos. Miró a Lord Whitlock, que parecía inmune. ¿Dónde se había metido? Jasper le tendió el brazo y Bella estuvo a punto de rechazarle, pero se impuso el sentido común. Edward había dicho la verdad, era una cena íntima, sin ceremonias, y todo estaba dispuesto para pasarlo estupendamente en compañía de amigos. Ahora, Bella seguía teniendo un nudo en el estómago. Por un lado la anfitriona, Alice, no dejaba de mirarla, evaluándola y hablando con Edward sin disimulo. Lord Whitlock parecía ajeno a que su esposa prestara tanta atención a otro hombre y estaba sirviendo tranquilamente el vino. ¿Un lord sirviendo las copas? Aceptó una copa de vino que él acercó.
—Prueba este vino —las palabras insinuantes del anfitrión descolocaron a Bella.
—Gracias —respondió educadamente.
—Para que los criados no nos molesten, la cena nos la servirán de una vez —anunció Alice—, así podremos hablar sin interrupciones—. Bella miró a Edward esperando un poco de apoyo, pero este parecía más preocupado por no decepcionar a Alice. Entonces se le pasó por la cabeza un pensamiento malicioso... ¿Edward y ella habían...intimado? Y lo más curioso, ¿el pobre Lord Whitlock estaba en la inopia?
Una vez que los criados se retiraron, con total naturalidad los anfitriones les ofrecieron distintos platos. Muy a su pesar, Bella admitió que esa camaradería era tan inusual como práctica, por no hablar de la excelente comida.
—Bueno, no sé si Edward te habrá dicho lo interesados que estábamos en conocerte —dijo Alice a Bella. No sabía cómo responder a eso y permaneció callada. —Como comprenderás —continuó Alice—, la noticia de vuestra boda nos sorprendió. —Se acercó más a Edward y cariñosamente le cogió del brazo—. Siempre ha sido tan reservado...
—No siempre —apuntó Jasper con sonrisa picara—. Y dime, Bella, ¿este sinvergüenza aprueba como marido? — Bella miró al "sinvergüenza", pero este evitó correspondería. —Aún es pronto para evaluarlo, Lord Whitlock —respondió Bella.
—Llámame Jasper, por favor, el título es tan formal —se quejó el lord como si fuera un Sambenito; si supiera que otros matarían por tenerlo...
—Una respuesta muy diplomática, querida —dijo Alice mirándola fijamente—, pero más o menos ya te habrás hecho una idea. — Bella recordó la conversación con Edward antes de responder.
—Es la primera vez que estoy casada. —Bebió un sorbo antes de continuar—. Hasta la fecha no puedo quejarme —siguió con una falsa seguridad—, así que si son tan amables de darme algunos consejos, serán bienvenidos.
—Edward, veo que la has aleccionado correctamente —dijo Alice en tono de mofa. Zorra, veo que sigues intentando provocarme.
—Edward jamás me dice lo que debo o no hacer, señora. —A Bella sus nervios la traicionaron.
—Vaya con la mosquita muerta. —A Jasper parecía divertirle y miró a Edward—. Tiene que ser, cuanto menos, interesante.
—Jasper...—advirtió Edward.
—¿Qué? No seas estirado —respondió a su amigo—. Aún no le he contado ninguno de tus secretos.
—¿Cómo os conocisteis? —intervino Alice—. No creo que os mováis en los mismos círculos. Bella quería gritar. Decirles que se metieran en sus asuntos, y de paso exigirle a Edward que pusiera fin a todo esto.
—¿Importa? —dijo Bella conteniendo la rabia.
—No te sulfures, querida, solo estamos conversando para pasar el rato.
—Preferiría hablar entonces del tiempo —dijo Bella.
—Oh, qué aburrido, por favor —se quejó Jasper—; hay temas mucho más estimulantes para un fin de fiesta. —Y para sorpresa de Bella, se acercó a su esposa y la besó descaradamente. No uno de esos besos formales, rápidos y secos entre esposos, ¡no! Uno caliente, provocativo y prolongado—. Delicioso —dijo mirando a su mujer e ignorando a los demás. Por la cara de Edward, Bella adivinó que estaba más que acostumbrado a presenciar escenas como esa. Y se preguntó cómo sería ser besada de esa manera. Algo que no debería haber hecho, pues su expresión la delató.
—Jasper, ¿qué van a pensar de nosotros? —Por el tono de Alice era evidente que la importaba un pimiento.
—Está en su casa, señora, pueden hacer lo que les plazca —respondió Bella intentando quitarse de la cabeza esa imagen. Estaba cansada, enfadada y harta de responder a las pullas, y para colmo sin la ayuda de Edward. No debería de haberla traído, fue el pensamiento constate en la cabeza de Edward. Pues por su expresión y por sus respuestas, estaba claro que lo estaba pasando mal. Había sido valiente al responder, pero cuando Alice se ponía en ese plan inquisitorial pocas personas aguantaban. De momento Bella lo estaba haciendo y sufría por ella. Por si fuera poco, el canalla de Jasper no dejaba de coquetear. Edward percibió su incomodidad, Bella no estaba acostumbrada a la complicidad con la que se trataban habitualmente. Y para más mortificación aún, presenció el saludo que le profesó Alice nada más verle. Sin una explicación seguramente estaba pensando lo más inapropiado. ¿Y por qué debería explicarme?, dijo una voz interior. Al parecer sus anfitriones se relajaron porque hablaron de temas más mundanos, contaron algunas de las anécdotas de sus viajes y notó cómo Bella se iba relajando. Pero Alice volvió a la carga.
—Ese vestido que llevas, ¿no es de hace al menos dos temporadas? — Edward se atragantó, Jasper hizo una mueca y Bella se quedó tiesa.
—No —dijo finalmente Bella—, tiene al menos cuatro años. —Esperando ver cómo respondía la metomentodo a eso
—. Por suerte hago ejercido regularmente y me vale la ropa. — Alice rio a carcajadas y brindó. —Muy ingeniosa. —Levantó su copa sonriendo a Edward—. Y muy práctico —. A éste no le gustó para nada la respuesta de su esposa por varias razones. La primera, ¿qué clase de ejercicio hacía su esposa para mantenerse en forma? ¿Y con quién? Lo que llevaba al socorrido "piensa mal y acertarás". Y segundo, ¿por qué llevaba un vestido viejo? Él se aseguró de poner a su disposición los fondos necesarios para costearse un nuevo vestuario. Para la primera cuestión no quería respuestas, pero en cuando la segunda...
