Capítulo 16

Acurrucada en un lado de la cama, Bella pensaba una y otra vez en cómo afrontar la situación: sin hacer el ridículo, sin exponer a Edward al ridículo y sin pasar la noche en vela. Tapada con las mantas hasta la barbilla, no sabía con exactitud qué hora era, pero de un momento a otro aparecería Edward y entonces debía estar preparada. ¿Hacerse la dormida o afrontar de cara la situación? Aún estaba pensando en cómo explicarle que ella se había negado, que Alice insistió que podían compartir el dormitorio...cuando oyó pasos que se acercaban. Se detuvieron delante de la puerta y también se oía cómo hablaban, eran dos hombres, aunque no pudo descifrar sus palabras.

—Una fiesta de lo más entretenida.

—Mientes, pero como somos amigos te perdono.

—Al final Roberts va a firmar.

—¿Y eso te preocupa ahora? —Jasper negó con la cabeza—. Te está esperando la mujer más deseada de toda la noche, ni te imaginas los comentarios que he oído, cabrón afortunado. Menos mal que pertenezco al mismo club de cabrones afortunados, que si no...

—Baja la voz, ¿quieres? Y no sé qué haces aquí dándome la lata. ¿No tenías prisa por reunirte con tu mujer?

—Pues sí. —Jasper hizo una mueca—. Pero Alice me ha pedido media hora para preparar algo, ya me entiendes, así que puesto que tengo que contenerme he pensando que lo mejor era compartir esta contención contigo.

—Vaya, gracias.

—De nada. Además a ti tampoco te vendrá mal, en el estado en el que llevas toda la noche...

—No digas bobadas —se defendió Edward—. Por cierto, ¿por qué tú tienes una copa en la mano y yo no? — Jasper vació el contenido de su copa de un trago y la dejó en un aparador del pasillo.

—¿Satisfecho?

—No.

—La noche es joven. Bueno, creo que ya he sido generoso con mi esposa. —Y le dejó allí en medio del pasillo sin opción a respuesta. El muy idiota le deseaba lo mejor. Edward se conformaba con poder dormir. Nada más abrirse la puerta Bella cerró los ojos con fuerza. La cama era suficientemente grande y no tenían por qué darse explicaciones. Solo debía evitar una cosa, levantarse delante de él y mostrar su diáfano camisón. Edward cerró con cuidado para no despertarla y empezó a quitarse la ropa dejándola sobre un sillón, y Bella, que no pudo mantener los ojos cerrados, no dejaba de observarle. Él no podía verla, así que mantuvo los ojos entreabiertos. Cuando él iba a quitarse la camisa y Bella a suspirar, Edward pareció acordarse de algo y se dirigió al cuarto de baño. Bellar espiró, cambió de postura, ya que todo su cuerpo estaba tenso y sudoroso de aguantar inmóvil.

A los pocos minutos reapareció él, ya no llevaba la camisa puesta, sino en la mano, y la dejó junto su ropa. ¡Ay, madre mía! Menos mal que el cuarto seguía en penumbra. ¿Cómo es que no tropezaba con nada? Si él la veía comprobaría que estaba roja como un tomate. Cuando se acercó a la cama, todavía con los pantalones puestos, se tensó aún más, sin embargo él parecía tan tranquilo. Se sentó, se quitó los zapatos, los pantalones y apartó las sábanas. Por suerte la cama era enorme y no llegó a destaparla. Inmediatamente sintió su peso al moverse el colchón y cómo colocaba las almohadas a su gusto. Iba a terminar teniendo calambres de mantener esa postura. Debía esperar a que él se durmiera y poder estirarse. En la habitación no se oía nada, un silencio sepulcral, y Bella tenía miedo hasta de respirar. Su cuerpo ardía, y si seguía así, mañana la encontrarían incapaz de dar dos pasos.

Si te sientes incómoda, busco otro sitio donde pasar la noche. — La voz de Edward la dejó estupefacta. ¿Cómo sabía que estaba despierta?

—No —acertó a decir—, no te preocupes—. Le oyó respirar con fuerza. Y se sintió la persona más tonta del mundo. Edward no se merecía eso, y ya puestos ella tampoco, podían compartir la cama sin necesidad de hacer el ridículo, ¿no?

—¿Edward?

—¿Sí? —Esto no ha sido idea mía.

—¿Por qué se disculpaba?

—. Alice insistió y...

—La conozco perfectamente —interrumpió él. Se puso cómodo, vaya eufemismo, pues estaba muy lejos de conseguirlo, su esposa estaba a menos de un metro y acercarse a ella era impensable. Y para colmo volvía a estar excitado. Muy excitado. Permanecieron en silencio durante unos minutos, ninguno de los dos podía conciliar el sueño, eran conscientes de estar por primera vez compartiendo una cama. Aunque las implicaciones eran muy diferentes según el punto de vista de cada uno. Bella se sentía ridícula. ¿Por qué no podían llevarlo bien? Es decir, si poco a poco iban conociéndose, hablando y compartiendo otros momentos... ¡Convivían juntos! Pero no revueltos.

—¿Has conseguido cerrar tus negocios?

—Más o menos —respondió él sorprendido de que ella iniciara una conversación; algo es algo, se consoló—. La semana que viene firmamos el contrato.

—Se ha hecho de rogar, por lo que veo. —Bella conocía los detalles, pues durante sus charlas nocturnas en el despacho, Edward había comenzado a explicarle asuntos de negocios.

—Se resiste, como es lógico, a perder el control, pero no le queda otra opción. —Edward cambió de nuevo de postura, se tumbó boca arriba y las manos bajo la cabeza.

—Me alegro por ti, has trabajado duro—.

Sí, así es exactamente como estoy ahora, sin embargo dijo: —Gracias. — Parecía que el tema de conversación estaba agotado y así era. Pero Bella, que ya había dejado de agarrar las mantas como si fueran un salvavidas, siguió la conversación.

—La fiesta ha estado bien. He conocido a mucha gente, y la verdad, no sé si me he comportado correctamente.

—¿Por qué dices eso? —Para él había sido un éxito, su mujer desfilando y llamando la atención mientras él iba a lo importante. Dejando a un lado el resentimiento por no poder celebrar el fin de fiesta, claro está.

—Me he pasado toda la noche preocupada por mi vestido. —Suspiró—. Pienso quemarlo al volver a casa. — Bella creyó oírle reír por lo bajo. Y así era, que su ahorradora mujer dijera algo así le hizo sonreír, cosa que últimamente no hacía; aprovechó la oscuridad del dormitorio para hacerlo sin ser visto.

—Te has integrado bien con los invitados —dijo él.

Humm, no sé qué decirte. Me he sentido observada, examinada, y por si fuera poco, la gente no tiene otra cosa mejor que hacer que lanzarme comentarios de lo más inapropiados. — Él detectó su tono de desagrado.

—¿Alguien te ha molestado? —Parecía preocupado.

—No directamente, aunque ni te imaginas lo que la gente llega a decir.

—Me hago una ligera idea —respondió con ironía. —Sinceramente, ¿la gente no tiene otra cosa mejor que hacer? Quiero decir, ¿no pueden dedicarse a sus asuntos?

—No, estas reuniones son simplemente para dejarse ver, intercambiar cotilleos y hacer negocios. Generalmente evito acudir por los dos primeros motivos.

—Te entiendo, pero supongo que debo cumplir mi parte del trato. — Lo dijo con tal desánimo que se vio obligado a decir: —Procuraré evitar fiestas como esta.

—No, por tus negocios tienes que estar presente y dejarte ver. Sé hacer mi papel de esposa complaciente.v ¿Sí? Pues ven aquí y compláceme. O mejor dicho, ven aquí que tengo ganas de complacerte. Y muchas.

Como quieras —murmuró Edward.

—Aunque también hay momentos divertidos. — Bella giró la cabeza para verle, apenas le distinguía allí tumbado boca arriba, completamente relajado. Bueno, por lo menos ambos lo estaban.

—¿Sí? Cuáles.

—Alice me ha puesto al día de todos los chismes, los interesantes, claro está. Un tercio de los asistentes tiene algún escarceo, otro tercio ni lo sabe y el resto está intentando tenerlo. —Bella se rio—. ¿Qué te parece? Que yo soy de los del último tercio y que tienes una sonrisa encantadora.

—Demasiado tiempo libre.

—Lo mismo pienso yo. De nuevo un pesado e incómodo silencio se instaló entre ambos—. Cada uno sumido en sus pensamientos. Bueno, en el caso de Edward solo podía pensar en una cosa: en la mujer que tenía junto a él en la cama. Bien podía intentar un acercamiento, conocía mil formas de seducir a una mujer y parecer inocente. Dejarse querer, como si fuera algo fortuito, algo que tenía que pasar. Sin darle más vueltas. ¿Y luego qué? Miró de reojo a Bella, estaba tumbada, dándole la espalda y tapada hasta arriba. Sí, claro, precisamente está esperando a que yo me acerque. Borra esa estúpida idea de la cabeza, se dijo. Ella tiene sus propias fuentes de entretenimiento. Hasta para eso es lista como el hambre. Ni un solo rumor sobre la infidelidad de ella. Era tan detallista con su vida privada como con los negocios.

—Esta noche has estado perfecta —admitió él rompiendo el silencio.

—¿De verdad? —preguntó emocionada; si bien las palabras habían sido pronunciadas como un comentario casual, a Bellale alegró que él pensara así.

—Sí.

—Gracias. Para mí es importante. —De nada. Será mejor que intentemos dormir.

—Tienes razón, buenas noches

. —Buenas noches. — Ninguno de los dos fue consciente de cómo consiguió conciliar el sueño. El cansancio hizo efecto. Pero el caso es que cuando empezaba a amanecer y las primeras luces del día se filtraban a través de las cortinas, Edward se despertó, acostumbrado a madrugar. Miró al otro lado de la cama, donde su esposa ya no le daba la espalda, sino que dormía de lado. Totalmente despeinada, no recordaba haberla visto así, y las mantas inoportunamente a la altura de los pechos. Apenas se distinguía la fina tira de un camisón y claro, su imaginación, tan activa últimamente, se desbocó. Eso, unido a su reacción matinal habitual, resultaba inquietante. Si hubiera estado solo en su dormitorio la solución la tenía al alcance de la mano. Suspiró resignado, intentando relajarse y poder llegar a un estado de semi normalidad para levantarse y vestirse. Claro, que si bajaba demasiado pronto al comedor las burlas de Jasper estaban aseguradas. Pensándolo bien, Jasper hacía bromas por cualquier cosa. La vio moverse, si tan solo se acercara un poco más, un descuido, un pequeño acercamiento...pero no hubo suerte. Se estaba empezando a sentir como un perro en celo, por cualquier cosa se excitaba. Cuando ella parpadeó, y después lentamente abrió los ojos, él se sintió el estúpido número uno. Pero no apartó la mirada. Y ella tampoco.

—Es pronto, apenas está amaneciendo, puedes dormir un poco más, si quieres —dijo él. Ella bostezó y cambió de postura.

—No creo que pueda. —Al ver la cara de Edward se apresuró a añadir—: Es por la cama y todo eso.

—A mí me pasa algo parecido—. Bien, como conversación absurda esta se lleva la palma, pensó ella. Y más aún cuando necesitaba levantarse y hacer caso de la llamada de la naturaleza. Apartó las sábanas y, en el último momento, se detuvo. Ay, Dios mío, ¿cómo iba a pasearse delante de él con esa prenda? Además, para llegar al cuarto de baño tendría que hacer el recorrido 'más largo. Un momento, se dijo, piensa un poco. Él en ningún momento te ha hecho sentir incómoda. Esta situación, aunque absurda, puede repetirse en el futuro, y ya puestos Edward no creo que se disguste por verme semi desnuda. A saber la cantidad de mujeres con las que ha estado. Y menos puede extrañarle que me levante para ir al cuarto de baño. Además, hasta la fecha siempre se ha mostrado sensato en todas nuestras conversaciones. Sin duda debo aprender a aceptar las situaciones tal y como se presentan. Estamos casados, somos adultos y nadie va a rasgarse las vestiduras. Decidida a comportarse como una mujer adulta, en todos los sentidos, se levantó. Comportándose como si fuera lo más habitual del mundo, caminó tranquilamente hasta el cuarto de abaño y cerró la puerta. Cuando entró y se vio reflejada en el gran espejo, fue consciente de su apariencia. ¿Cómo se atrevía provocarle de semejante forma? ¿Era realmente consciente su querida esposa del efecto causado por ese insignificante trozo de tela? Ella se había paseado delante de sus narices con poco más que un visillo transparente que apenas le llegaba a la altura del muslo y que dejaba poco espacio para la imaginación, ya de por sí bastante inquieta. Si se suman dos y dos dan cuatro, así que una erección matutina y la provocación inconsciente o no de Bella, le habían dejado al borde del colapso. Distraídamente empezó a acariciarse, con un ojo vigilando la puerta del baño, pues solo faltaba que fuera pillado como un adolescente cachondo. Si no le fallaba la memoria, las mujeres tardan un buen rato en salir del aseo, con lo que disponía de tiempo suficiente. Hay que ver hasta dónde hemos llegado, se reprochó a sí mismo. ¿Y qué otra cosa podía hacer? Fue aumentando el ritmo al mismo tiempo que en su cabeza aparecían imágenes de Bella. Su trasero respingón, el cual, bajo la diáfana tela, resaltaba aún más. Su pelo suelto cubriéndole la espalda. Y pensar que había dormido junto a él con esa prenda... Estaba muy cerca, en ese estado apenas cinco minutos e iba acorrerse. Le importaba un pimiento manchar las sábanas, total, a ninguna criada le sorprendería. Así por lo menos se liberaría lo suficiente como para poder empezar el día. Un roce, un toque...conjuró la idea de que Bella le miraba, le pillaba in fraganti y ese fue el detonante. Imaginar a su esposa observándole. Tuvo que morderse el puño para no gritar ni gemir. Después, ya con su cuerpo más relajado, se limpió con la sábana y se estiró en la cama. Bien podría haberse arreglado y dejar sola a Bella, pero lo justo es justo. Necesitaba unos minutos para recuperar fuerzas, y ya de paso volver a verla semi desnuda.