Capítulo 25
Estaba enfadada. Humm, Bella enfadada, eso podía resultar prometedor, pensó él mirándola de reojo. El simple hecho de intentar desenfadarla ya tenía su atractivo. Puede que su actitud frente a ella estuviera siendo un poco déspota, pues al fin y al cabo la curiosidad de Bella podía considerarse comprensible y lógica.
—¿De dónde lo has sacado? —preguntó él dejando el libro a un lado y observándola.
—¿Importa? —contraatacó ella poniéndose a la defensiva. Estaba realmente enfadada, se dijo a sí mismo.
—Lo que leas o dejes de leer me trae sin cuidado. —Edward se mostró indiferente—. Ahora, si querías algo realmente picante, podías haber buscado en la biblioteca.
—Lo hice. —Bella se reprimió por tonta, eso no debería decirlo.
—Quizás no has buscado bien. — Ella se contuvo para no replicar. ¿La estaba llamando poco menos que inepta? Porque conocía perfectamente el criterio utilizado para clasificar los libros de la extensa biblioteca de Edward. Puede que su prioridad fueran los volúmenes de economía, pero también disfrutaba con otras lecturas. Aunque desconociera la existencia de lecturas de "ese tipo". —Supongo que no esperarías encontrar libros, digamos...picantes al alcance de cualquiera, ¿verdad? — Nada más decirlo vio la cara de interés de Bella, aunque se contuvo para no sonreír. Se pudo cómodo, esperando. Bella seguía de pie frente a él sin atreverse a acercarse y él esperaba ansioso a que se pusiera lo suficientemente cerca como para tirar de ella y tumbarla, a ser posible en un único movimiento.
—Pues no —respondió ella todavía con desconfianza.
—Mira detrás de la sección de agricultura. Allí puede que encuentres algo interesante. — Ella, por supuesto, anotó mentalmente esa información. Bella se mordió el labio, ahora que sabía dónde encontrar lecturas excitantes, empezaba a dudar entre dejar a Edward plantado y escaparse a la biblioteca o pedirle sexo de nuevo. ¿Cómo pedía una mujer a un hombre mantener relaciones sexuales?
—¿En qué piensas? —preguntó él. Y Bella se sentó en la cama, eso sí, al otro lado, buscando mentalmente las palabras adecuadas.
—Has dicho que ibas a quedarte a...dormir. —Aja. Pídemelo Bella, rogó en silencio, porque me muero por desnudarte. —¿Si te quedas...?
—¿Si me quedo...? —Estoy siendo un cabronazo, pero resultaba tan estimulante.
—Ya...sabes. —Bella le miró primero a él y después la cama. La invitación no podía ser más obvia.
Se quedaron en silencio, Bella esperando que Edward hiciera algo o dijera algo, pues ella dudaba de cómo empezar. Pero no, permanecía allí, eso sí, sin dejar de mirarla, pero impasible. Apartó la colcha y decidió meterse en la cama. Tiró la bata de malas manera, iba a apagar la luz cuando Edward la agarró de la muñeca.
—¿A oscuras?
—Siempre duermo con la luz apagada.
—Me lo imagino, aunque supongo que no querrás perderte nada de lo que pienso hacerte. — Bella respiró profundamente. ¡Ay, madre del amor hermoso! Edward, que jugaba con ventaja, tiró de ella hasta hacerla caer en la cama, acto seguido se colocó sobre ella y le murmuró al oído. —Para empezar, voy a deshacerme de ese mojigato camisón... —No pudo seguir hablando, pues ella gimió bajo su cuerpo y se movió de tal forma que le rozó la entrepierna, por lo que no le quedó otra, buscó su boca y la avasalló. Notó las manos de ella, una en su nuca y otra aferrándose a su camisa, atrayéndole, diciéndole con gestos que continuara. Por supuesto que iba a hacerlo, solo que, esta vez, no como ella esperaba. Se apartó de ella, se colocó de rodillas, y ella inmediatamente abrió las piernas. Una alumna aplicada. Edward únicamente esbozó una sonrisa y metió ambas manos debajo del horrible camisón, empezando su ascensión por las suaves piernas femeninas, al mismo tiempo que levantaba la tela. Cuando sus manos alcanzaron la unión entre sus muslos, evitó deliberadamente rozar su coño y siguió subiendo; el enorme camisón se atascó, por lo que la bonita maniobra de seducción quedó deslucida. Con la paciencia justa, él se las arregló para sacárselo por la cabeza, y si no tuviera tanta prisa por complacer a su esposa, se encargaría de quemar esa horrible prenda. Bella permanecía tumbada, a la espera; ahora, según su corta pero intensa experiencia, Edward la acariciaría, la besaría, se desnudaría y utilizaría su polla (no dejaba de pensar en esa palabra) para satisfacerla.
—Abre más las piernas. —Ella obedeció al instante con un sonrisa como incentivo—. Y pase lo que pase no las cierres. —Ella asintió vehementemente—. Bien...—Se sentó a un lado y empezó a acariciar los labios vaginales con un dedo, suavemente, notando cómo la excitación de ella iba en aumento a la par que sus fluidos.
—Eso me gusta —murmuró ella.
—Lo sé.
—Y no hemos hecho más que empezar. — Bella, encantada con las atenciones, cerró los ojos, no necesitaba mirar, con sentir la caricia de ese dedo era suficiente por el momento. Edward, por su parte, se desabrochó los pantalones, necesitaba espacio para su erección y claro, como de momento no iba a hacer uso de ella, pues prefería al menos no sentir la presión del tejido. Con la misma lentitud con la que comenzó a acariciarla, empezó a penetrarla, sin prisas, curvando el dedo en su interior, buscando uno de los puntos más sensibles del cuerpo femenino, dejando que ella se acostumbrara, pues había oído que algunas mujeres no disfrutaban la primera vez que se rozaba ese punto. Con paciencia y con pericia fue estimulando las paredes vaginales, disfrutando de los murmullos de Bella, que le indicaban el camino a seguir. Se inclinó un poco más, ella estaba lo suficientemente lubricada como para penetrarla, pero no, esa no era la opción en ese preciso momento. Si ella quería ideas, por supuesto él iba a proporcionárselas.
—¡Edward! —gritó ella intentando cerrar las piernas y taparse con una mano. Él, que esperaba una reacción parecida, se lo tomó con filosofía. No se lo podía creer, cuando notó cómo algo suave y húmero la besaba "ahí abajo", pensó: no puede ser, pero al sentir el roce del cabello de Edward entre sus muslos y abrir los ojos, se escandalizó.
—Te he dicho que pasase lo que pasase no cerraras las piernas —dijo él haciendo palanca con las manos para abrírselas otra vez.
—Pe...pero...es que estás...
—Haz una cosa, cuenta hasta veinte, despacio; si cuando llegues a veinte no te gusta lo que estoy haciendo, pararé. ¿Entendido?
—Pe...pero...tú...mi...—tartamudeó ella con los ojos abiertos como platos.
—¿Entendido? — Ella asintió y empezó la cuenta...uno...una leve succión...dos...otra más profunda...tres...es increíble...cuatro...un sonoro beso...cinco...una lengua juguetona...seis...un pequeño estremecimiento...siete...una leve corriente de aire...ocho...algo entrando y saliendo...nueve...
—¡No pares! —gimió ella encantada. Y por supuesto, él siguió. Alternaba suaves pasadas de su lengua, saboreando sus fluidos, con penetraciones profundas de dos dedos, succión del hinchado clítoris, o combinado para que ella disfrutara al máximo. A pesar de insistir en que no cerrara las piernas, ella no podía contenerse, Edward estaba haciendo algo increíble y perverso entre sus muslos. Si la noche anterior había creído experimentar una completa satisfacción sexual, en ese instante, y a pesar de su escasa capacidad de raciocinio, se dio cuenta de que era una ignorante de campeonato y que debía informarse de todas las posibilidades. O probarlas con un maestro como su marido. Preferiblemente la segunda opción. Él no dejaba de estimularla, una y otra vez, lamiendo, cada vez con mayor ansia, a pesar de los inconscientes impedimentos que ella le ponía al no estarse quieta. Podía entenderlo, pero si no se moviera tanto, todo podría ir mucho mejor. La sujetó colocando una mano en su estómago, obligándola a permanecer con el trasero pegado al colchón. Ella protestó, o eso al menos le pareció a él, pero la ignoró. Aumentó de dos a tres dedos su penetración, ella estaba cerca, lo intuía, y él a este paso iba a tener un buen dolor testicular si no hacía algo. Aunque él quería verla correrse antes de follarla como llevaba todo el día pensando en hacer. Bella se revolvió como una mujer poseída, gritó, le tiró del pelo, le aprisionó entre sus piernas...en resumen, no paró quieta hasta que experimentó un sensacional orgasmo que la dejó relajada y somnolienta. Y tranquila al fin. Edward, por su parte, no esperó más, se bajó los pantalones lo imprescindible para maniobrar y se la metió, sin darle tiempo a preguntar. Quería que le mirase, pero entendía que era mucho pedir.
Poco a poco ella pareció volver a la vida, y cuando abrió los ojos lo primero que vio fue a Edward, tan cerca, moviéndose sobre ella, despeinado, y Bella se abrazó a él para después de murmurarle un gracias, besarle como él siempre hacía. Él, por supuesto, respondió encantado y aumentó el ritmo, bombeando en su interior como un loco.
—Mmm...—ronroneó ella encantada dejándose llevar. Esto del matrimonio hasta podía ser bueno.
—Bella...ahora me toca a mí —pidió él con voz ronca—. Vamos, ayúdame. — Y, a pesar de su corta experiencia, Bella lo hizo. No dejó de acariciarle, moverse al ritmo que él imponía, besándole en los labios, en el cuello, donde podía... Entonces recordó, en un momento de lucidez, los consejos para no quedarse embarazada.
—¡Edward! No podemos...no puedes...no me he puesto...—titubeó. Él la ignoró, estaba a punto, sin posibilidad de retroceder ni de pensar. Le llegaba la voz de Bella, pidiéndole algo, suplicándole algo, aunque él, en ese instante, se rindió a lo inevitable. Se corrió con fuerza, sin poder salirse a tiempo, sin un ápice de control. Para después caer, completamente agotado y satisfecho sobre ella. Tras unos instantes entrelazados y regulando la respiración, ella murmuró: —¿Edward? —Al oír la voz de su esposa reaccionó y se echó a un lado, respiró profundamente y se preparó para la batería de preguntas que vendrían a continuación. Sin embargo, Bella, en vez de acribillarle con preguntas, se enroscó junto a él y se acomodó en su hombro. Empezó a desabotonarle la camisa tranquilamente. —Ni siquiera te has desnudado. —Aunque pareciera un reproche, no lo era.
—Las prisas nunca son buenas consejeras —comentó mientras se incorporaba levemente para deshacerse de su ropa.
—¿Apago la luz? —preguntó ella antes de tumbarse de nuevo junto a él.
—Como quieras. —Sin embargo ella no lo hizo, pues le encantaba observarle desnudo, ahora que podía. Durante unos instantes permanecieron en silencio, él tranquilamente recuperando fuerzas y ella acariciándole, fijándose en cada detalle del cuerpo masculino, cosa que no dejaba de maravillarla.
—¿Puedo preguntar...? — Edward la miró de reojo, estaba claro que no iba a dormir, ninguno de los dos, ya puestos, si antes no aclaraba ciertos conceptos con ella. Y así lo hizo.
—No me imaginaba yo que el latín sirviera para estas cosas —dijo ella tras escuchar la explicación. Pero al parecer ella no estaba satisfecha porque observó cómo se concentraba, a saber cuál era la siguiente pregunta.
—De acuerdo, tú me has besado… ahí...—dijo con cautela para después añadir alegremente—, ¿puedo hacerte yo lo mismo?
Que no cunda el pánico, se dijo Edward incorporándose de repente. Al moverse con esa rapidez ella se quedó desconcertada, mirándole y con cara de haber dicho poco menos que alguna barbaridad. Edward, con la vista fija en ella, no sabía si le estaba tomando el pelo o simplemente le estaba proponiendo una felación en toda regla.
—¿He dicho algo malo? —preguntó Bella sin saber qué conclusión sacar.
—Acabas de...—Negó con la cabeza, su cerebro, tras correrse, estaba aturdido y aún tardaría en restablecer el riego sanguíneo de forma acertada—. Acabas de... ¿proponerme una buena mamada?
—No sé si se llama así. —Se encogió de hombros—. Pero deduzco que tiene que ser agradable.—Agradable, vaya forma de describirlo, se dijo.
—Está bien. —Se dejó caer de nuevo hacia atrás—. Si quieres hacerlo, no lo dudes. —Se relajó y se puso cómodo a la espera. Bella se incorporó, sentándose en la cama, y le miró con cara de preocupación.
—Esto... ¿y podrías decirme cómo se hace? —Él arqueó una ceja—. Me refiero a que si es suficiente con un beso o varios. — Clases prácticas de sexo oral. Bella quería eso.
—Bella...—Él también se incorporó para quedar a su altura, la atrajo hacia sí y la besó dulcemente—. Otro día, ¿de acuerdo? Limitémonos a hacer lo que ya sabemos. —Fue tumbándola poco a poco hasta que ella puso las manos a modo de escudo—. ¿Qué ocurre? ¿No quieres?
—Sí, sí que quiero, solo que...—Se mordió el labio—. Verás, como ayer hablamos sobre lo de tener cuidado... —Edward lo entendió a la primera. Y entonces se dio cuenta de su error, con las prisas, llevado por la excitación y por el cuerpo tentador de su esposa, no había eyaculado fuera.
—Tienes razón —admitió con pesar y se separó de ella—, lo siento. A partir de ahora tendré más cuidado. — Bella le observó un momento. Podía hacerle sentirse aún peor, pero no ganaría nada, pues para eso ella también sufriría su parte.
—¿Edward?
—Dime —respondió en un suspiró separándose de ella. Si no se andaba con cuidado terminaría dejándola embarazada, y aunque esa idea no le disgustaba tanto como podía parecer, no debía hacer a Bella algo así. A pesar tic todo, ella tuvo un primer plano de su excitación.
—Hoy he ido a ver un médico que...
—¿Un médico?
—Bueno, una doctora, para ser exactos. Me hizo un examen...—Señaló entre sus piernas— ...ahí para... ¿cómo dijo? Ah, sí, medirme...algo. Bueno, el caso es que después me dio un dispositivo para...
—¿Dónde lo tienes? —la interrumpió. —En el aparador, escondido entre mis cosas.
—Tráelo, rápido. — Bella se levantó de la cama y le miró por encima del hombro, y a cambio de mostrarle su trasero, obtuvo una lasciva sonrisa.
Por suerte su cabello enredado no tapaba su estupendo culo, el que admiró con interés mientras ella buscaba entre sus cosas. Volvió a la cama con un estuche metálico, no tuvo tiempo de abrirlo, pues Edward se lo arrebató de las manos.
—Túmbate, y abre bien las piernas.
—¿Sabes colocarlo? —preguntó sorprendida, pero claro, si se paraba a pensar un poco...
—Sí —respondió conciso.
—La doctora me explicó que era mejor de pie, levantando una pierna e inclinándome un poco —argumentó ella relajándose mientras Edward se colocaba de rodillas frente a ella con el diafragma en la mano.
—Sí, es una forma —dijo él empezando a separar sus labios vaginales—, pero estoy seguro de que de esta otra manera te va a gustar más.
—No sabría...decirte —murmuró ella al sentir cómo Edward la acariciaba.
—No hay nada como ir...probando, ¿verdad?
—Sí...—logró decir. Edward se entretuvo más de lo necesario insertando el dispositivo en el cuerpo de su esposa. Algo tan, en principio, pragmático, podía convertirse en un juego para disfrute de ambos. Con el beneficio añadido de ver a Bella tumbada en la cama, recibiendo sus cuidados con interés y dejándose llevar. En otro momento analizaría la facilidad cié su esposa para estar a la altura de las circunstancias.
—Ya está —anunció él besándola por encima del vello púbico. Bella le miró y esbozó una sonrisa.
—¿Vas a ponerte encima o quieres que yo...? —preguntó ella.
—Date la vuelta. Ella le miró extrañada.
—Quieres decir... ¿boca abajo? —preguntó por si acaso.
—Exactamente. — Ella lo hizo y echó un vistazo por encima del hombro. Cruzó la mirada con Edward y este no se sorprendió de la expresión de ella, como queriendo decir: no sé qué va a pasar, pero me va a gustar.
—Ahora, levanta el trasero y apóyate en los brazos.
—¿Cómo los animales?
—Sí.
—Qué curioso...
—Mucho —zanjó él, pues ni de lejos quería entablar ningún tipo de intercambio dialéctico con ella. Una vez que Bella adoptó la postura, él se situó tras ella. Vaya panorama tenía delante de sí. Indescriptible.
—Así no voy a poder acariciarte —murmuró ella en tono lastimero.
—Pero yo sí. —Se pegó a ella, sin penetrarla—. Por ejemplo, puedo tocar esto. —Extendió una mano, rozó suavemente un pezón, el cual no era necesario estimular pues estaba bien duro—. También, si quiero, puedo hacer esto otro. —Ahora, ejerciendo más presión y ayudado por la gravedad, tiró del pezón haciéndola jadear—. Claro, que...si me apetece...—Abandonó el pezón para bajar lentamente la mano hasta detenerse en el vello púbico y acariciarlo— ...puedo entretenerme aquí.
—Edward...
—O...—Buscó y encontró a la primera su sensibilizado clítoris— ...tocar este punto para que lo disfrutes. — Ella movió el trasero en respuesta, frotándose contra él y provocándole un gruñido.
—¿Y tú? —murmuró ella—. Yo no puedo tocarte.
—No te preocupes. —Edward dejó de frotar el clítoris, se agarró la polla con una mano y la colocó en posición, pero antes de penetrarla se recreó impregnándose de los fluidos femeninos—. Seguro que encuentro algo para divertirme.
—Edward...—gimió ella, entre los roces perversos, las caricias estimulantes, las palabras con voz ronca y el miembro de Edward jugando entre sus piernas...Estaba demasiado excitada y necesitada.
—Dime. —Él sabía perfectamente qué estaba pidiendo ella, pero una de las mejores formas de incrementar el placer es retrasarlo.
—¿Por qué...—Bella respiró profundamente antes de seguir hablando— ...tardas tanto?
—Porque no tenemos prisa, podemos disfrutar lo que queramos, crear expectativas, ¿no te parece?—. Edward seguía tocándola, sin llegar a penetrarla.
—¿Expectativas?
—Humm, sí.
—Pero si tú quieres y yo quiero, no entiendo para qué...
—Es muy simple, si creamos expectación, el deseo, la excitación, será mucho mayor, del mismo modo que el esfuerzo para conseguirlo.
—¿Y...qué...sentido...tiene...eso?
—Que al final el premio será mayor. Una simple regla de tres: a mayor esfuerzo...
—Mayor recompensa. — Joder, follar con una mujer inteligente era cien veces mejor que con una puta experimentada. Así que Edward la entretuvo todo cuanto quiso y Bella aprendió una valiosa lección. Cada suave roce en su espalda, cada pellizco en sus sensibilizados pezones, cada leve penetración, iban creando en su interior una gigantesca ola que, cuando la alcanzara, la engulliría por completo. Y, en efecto, así sucedió...
Hola! .. espero hayan disfrutado el cap... sencillamente la historia esta buenisima...
Gracias por los Review recibidos... me alegra saber que les gusta.. como ya estamos muchos de vacaciones y celebrando.. pues les digo que tendran capitulo diario de esta historia.. y les tengo una sorpresita que pronto publicare!...
Les deseo a todas mis hermosas lectoras una FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO AÑO 2014... Happy Holidays!
besos
Att: Lady zukara Cullen Grey!
