Epílogo

Verano de 1902.

—Te lo advierto, una broma más, un comentario gracioso de más, y te saco a patadas de mi casa.

—Contrólate, ¿de acuerdo? Bella está bien atendida, el médico está con ella y todo saldrá bien.

—Ya me gustaría a mí verte en esta situación. ¡Joder!, ¿por qué tardan tanto?

—Si las cuentas no me fallan, Alice dará a luz en un mes, así que si te sirve de consuelo, estoy aprendiendo mucho de ti para comportarme como un energúmeno.

—¿Y por qué narices no me dejan entrar? No voy a ver nada que no haya visto antes.

—¡No digas bobadas! —dijo una voz femenina saliendo de la alcoba despeinada. Se puso una mano en la espalda y buscó un sitio donde sentarse—. No tiene nada que ver. Está dando a luz, no jugando a los médicos.

—Prometo no portarme como este idiota —dijo Jasper acercándose a su esposa para situarse junta a ella y preocuparse por que estuviera cómoda.

—Y yo prometo no volver a quedarme embarazada —murmuró Alice. El mayordomo anunció que el juez de paz ya había llegado.

—Dígale que esté preparado, enseguida le avisaremos —dijo Edward.

—No hables por ti. Vas hecho un asco, arréglate, hombre, que vas a casarte y ser padre en el mismo día. —Jasper le palmeó la espalda y sonrió.

—No me lo recuerdes —dijo Edward entre dientes. Y es que por más que había insistido, hablado, persuadido e incluso intimidado a Bella para contraer matrimonio, ella se negaba una y otra vez Solo unas horas antes, cuando sintió los primeros signos de que llegaba e momento, accedió a casarse con él. El escándalo había sido mayúsculo. Estaba tan nervioso que el nudo de la corbata era horrible. Así que dejó a Alice que le ayudara.

—Debo reconocer que sí ha sido un buen escándalo. Todo el mundo habla de ello. Hasta siento un poco de envidia —dijo Alice examinado el nudo de la corbata—. De haber podido yo, hubiera hecho lo mismo.

—Cariño, nosotros ya tuvimos nuestro propio escándalo, ¿recuerdas?

—Ah, sí. —Alice sonrió—. Pero podríamos dar un nuevo tema del que hablar, ¿no crees?

—Me lo pensaré. —Edward no prestaba atención a la conversación del matrimonio, primero, porque estaba acostumbrado a esos diálogos, y segundo porque su atención estaba puesta en la puerta del dormitorio de Bella. Por fin esta se abrió, pero salió Theresa, que seguía sin estar convencida de que fuera bueno con Bella, se lo recordaba constantemente con miradas reprobatorias; después apareció el doctor.

—Ya puede pasar —le dijo a Edward.

Y este, sin darle las gracias ni nada, entró en la habitación de su futura esposa. Se quedó paralizado al ver la, escena. Bella, en el centro de la cama recién cambiada, medio acostada y con un bebé, al cual solo se le veía la carita arrugada y debía de estar dormido, pues tenía los ojos cerrados. Ella le sonrió y, a pesar de haber entrado en tromba a la habitación, se acercó con cuidado a un lado de la cama y se sentó.

—¿Cómo estás? — Preguntar algo así era absurdo, pues en la cara de Bella se veían los signos del esfuerzo realizado. Pero no sabía qué más decir.

—Ahora mucho mejor. —Cambió de postura para incorporarse—. ¿No vas a cogerla? — Edward, que sabía poco o nada de recién nacidos, tenía miedo de coger algo tan pequeño y de no hacer lo correcto, pero llegados a ese punto los dos eran padres primerizos, por lo que les quedaba un largo camino de aprendizaje por delante.

—Es una niña —le informó ella—. Si estás de acuerdo, se llamará Samantha—. Él, con su hija en brazos, la miró un instante y asintió.

—Me parece bien

—Esperaba que fuera un niño, sé que te hacía ilusión y...

—No me importa. Me encargaré de malcriarla debidamente. —Dejó de nuevo a la niña junto a su madre—. Una niña me parece estupendo. —Edward sacó de su bolsillo el estuche con las alianzas y se las mostró—. Es hora de que cumplas tu palabra. — Ella asintió, pues ya había jugado bastante con su amante rico. Veinte minutos más tarde, ante el juez, y con Alice y Jasper como testigos, por fin Edward pudo respirar tranquilo cuando les declararon marido y mujer. Jasper, como siempre, remató con el comentario más divertido sobre la inusual noche de bodas.

FIN


He aquí el fin del fin hahahaa espero les haya gustado tanto como a mí esta hermosa novela... Gracias a todas las que se tomaron el tiempecito para dejar un bello comentario... y me disculpo por no responder pero apenas tengo tiempo para las actulizaciones las amo...:3

De esta historia es todo...

Besos

Lady Zukara Cullen Grey