Llevaba varios días dándole vuelta al mismo asunto, su mente aún se encontraba incapaz de asimilar lo que por semanas llevaba viendo. En un principio creyó que solo era por el mutuo odio que ambos se profesaban, pero después empezó a creer que había algo más detrás de esa actitud adoptaba Hermione con Ron y con él. Entendía que en algunos casos era comprensible callar ciertas cosas con el pelirrojo, ya que no solía ser precisamente la persona más discreta del colegio, pero con él que siempre había mostrado apoyarla en todos los aspecto…suspiró.

El cuadro de la dama gorda se abrió y por el accedió su amiga, justamente en quien estaba pensando.

-¿Hermione tienes un momento para hablar?- sus ojos verdes buscaron inmediatamente aquellos ojos chocolate, interrogándola y buscando en su actitud algo que le diera alguna pista para poder desentrañar aquel misterio en el que ella se había convertido.

-Lo siento Harry pero ahora llevo prisa- sin darle tiempo a nada más subió y bajo a los pocos segundos cargada de libros- voy tarde para dar una tutoría- le sonrió alentadoramente- ya sabes para los niños de tercero que tienen problemas en sus materias- salió por donde había llegado precipitadamente. Harry se quedó mirando aquel cuadro viendo en ella todo aparentemente normal, se encogió de hombros. Si, debía de haber sido que solo se había imaginado cosas que no existían, la castaña seguía siendo la misma chica preocupada por sus deberes, se rio con soltura de sí mismo. Pensar que entre ella y Malfoy había algo era tan absurdo como creer que Aragog había sido la mascota más dócil que uno pudiera tener.

-Lamento llegar tarde- se excusó mientras Michael Collins la miraba extrañado. Ese pequeño siempre había estado enamorado en secreto de Hermione Granger, y cuando se abrieron las convocatorias para las regularizaciones de materias siempre se imaginó que su tutora sería alguien como ella, pero jamás pudo haber creído su suerte cuando a lado de su nombre había aparecido el nombre de la chica más lista de la escuela, y también la más linda.

Mientras ella se sentaba con una sonrisa dirigida a él, solo a él, Michael se ruborizo y enfoco la mirada en su libro de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Creo que empezaremos con lo más básico- hojeo su viejo ejemplar de aquel libro y como un viejo recuerdo ante ella aparecieron las imágenes de sus primeras lecciones con el profesor Lupin, sonrió con nostalgia- abre tu libro en la página quince. El niño obedeció y miro aquella criatura que parecía tener miles de caras.

-¿Boggart?- susurro alzando la vista hacía ella que aún le sonreía con dulzura.

-Nadie sabe la forma que tiene un boggart al estar solo, ya que siempre toma la forma de aquello a lo que más miedo le tienes, sin embargo combatirlo no es nada difícil- de nuevo su mente se transportó años atrás y sonrió recordando como Ron había vencido en aquella ocasión su miedo a las arañas.

-Le preguntare a la directora McGonagall si nos pueden prestar un aula en la próxima sesión para que te enfrentes personalmente a uno- el tonó de aquel chico bajo, se puso pálido y la miro con cierto horror, ella no pudo evitar soltar una ligera risita y puso su mano sobre la de él.

-Tranquilo prometo que será- una cabellera rubio platinado la hizo distraerse- fácil- terminó susurrando la última palabra. Frunció el ceño al ver como Draco Malfoy se llevaba a la sección prohibida a una chica de quinto curso que por su uniforme se veía que pertenecía a la casa de Ravenclaw- Ahora vuelvo- anunció y ante la perplejidad de Michael se levantó y siguió a la pareja que acababa de entrar.

Siguió el rumbo que los aparentes amantes habían tomado, tras una estantería, donde no había nadie, frunció el ceño volteando varias veces para verificar que había seguido el camino correcto. No, ella no podía haberse equivocado pero entonces ¿A dónde habían ido? Se adentró con cautela en el gran librero viendo los tomos de los diferentes libros pero por primera vez sin prestarles atención. Estaba a punto de retirarse derrotada cuando una risita vino del librero de atrás, frunció mas el ceño y la nariz formando unas finas líneas que daban a conocer su inconformidad.

Se alzó de puntillas y vio aquella espalda ancha y esos hombros prominentes cubrirla casi por completo, lo vio jugar con su cabello al tiempo que le susurraba palabras al oído, centro su atención lo más que pudo en tratar de escuchar su conversación pero fue en vano. Era evidente que aquel rubio era todo un experto en cuanto a seducción.

La morena le enredo las manos en el cabello mientras Draco se inclinaba ligeramente hacía un lado y ella ladeaba el cuello dejándolo totalmente expuesto, a su merced. Hermione abrió los ojos y corrió lo más que pudo dándole la vuelta al librero. Solo alcanzo a ver como uno de los colmillos del rubio apenas parecía rozar aquel cuello tan frágil, mientras que la chica totalmente ajena a lo que su conquistador tenía planeado para ella permanecía con los ojos firmemente cerrados, entregándose a él.

-Aléjate de ella Malfoy- Esa voz, los colmillos se le retrajeron y soltó bruscamente la cintura de la chica, que al ver que los habían interrumpido no parecía nada feliz.

-No te metas en esto Granger- Draco esbozó una sonrisa arrogante, de nuevo salía triunfador. Su misma presa era ahora la que lo defendía con demencia, Hermione apenas le echo un vistazo y de nuevo toda su atención se enfocó en Malfoy.

-Déjala ir- hablo más furiosa que antes.

El soltó una risa que por alguna razón hizo que si piel se erizara- como puedes ver Granger no la tengo aquí contra su voluntad- ambos ahora se retaban con la mirada, como él vio que ella no cedería hablo con una voz ronca y amenazante- lárgate- le susurro a la morena.

-Pe..pero- apenas tartamudeo la primera palabra, incapaz de comprender como aquel perfecto hombre que estuvo a punto de tomarla ahora la corría para quedarse con la ratón de biblioteca Hermione Granger. Agacho la cabeza sintiéndose humillada y encolerizada. Al pasar junto a la castaña la miro con odio y se perdió de vista.

-Eres un…- el rubio alzó un dedo moviéndolo hacia un lado y hacia otro de manera negativa.

-Ella vino conmigo porque quiso, en ningún momento la obligue.

-Tú la engañaste- murmuro entre dientes y sus palabras salieron como un silbido pero que el alcanzo a entender.

-Yo jamás he engañado a ninguna mujer para que este conmigo- su sonrisa se ladeo y la castaña se ruborizó comprendiendo las palabras que la serpiente acababa de soltar- y supongo- se empezó a acercar con paso lento hacía ella, acechándola, como una serpiente acecha a un ratón- que dado que me acabas de quitar mi almuerzo ahora tu querrás sustituirla- un parpadeo y Draco aferraba su fina y frágil cintura firmemente.

Sus miradas se encontraron, las mejillas de ella estaban completamente coloradas lo que la hacía lucir aún más linda, si linda. Él se encontró contrariado por este nuevo descubrimiento, pero a pesar de todo su odio debía de admitir que Granger no era una mujer precisamente fea, pero a diferencia de aquellas mujeres con las que él ya se había acostado, que parecían ser muy producidas por tantos cosméticos aquella chica tan delicada era linda, no de una manera morbosa como la mayoría, sino de una forma casi incomprensible y natural, muy natural.

Sus ojos apenas se encontraron una fracción de segundo, pero lo suficiente para que ella se hundiera en los recuerdos. Recuerdos de una noche lluviosa, mientras esos mismos ojos la miraban ¿horrorizado? Si, horrorizado porque Hermione había descubierto su más oscuro secreto, el único secreto que a él le importaba que se supiera. La castaña desvió la mirada incomoda y de nueva cuenta su valentía reapareció. Lo empujo con todas sus fuerzas trastabillando al soltarse, se sujetó de una repisa para no caer.

-Si vuelves o tratas de hacer lo mismo le diré a todos tu secreto- lo miró amenazante.

Con rapidez se posiciono tras ella tomando aquel pequeño solo con una mano- no podrás hacerlo si estas muerta- le susurro haciendo que ella se estremeciera inevitablemente.

-Si no me importo enfrentarme contra el mago más tenebroso de todos los tiempos, mucho menos me importara combatir contra un vampiro mediocre.

El rio, pero su risa sonó escalofriante, parecía que el tiempo junto con todo el mundo se había detenido solo para ellos dos- cuidadito con tus palabras- la miro con prepotencia, a pesar de estar a una distancia considerable la hizo retroceder- algún día Granger probare tu sangre-la castaña ahogo un jadeo y trato de normalizar su respiración, no quería demostrarle cuan aterrador el lucía en esos instantes- y lo mejor de todo será- de nuevo estaba tan cerca de ella, que podía oler su fragancia, sentir el calor que emanaba de su cuerpo- que tú misma me la ofrecerás- dijo muy seguro, ella cerro los ojos y al abrirlos se encontraba de nuevo completamente sola.

Se recargo contra el librero sintiendo su cuerpo temblar, ahora que estaba a solas se podía dar el gusto de derrumbarse si quería.

-¿Hermione?- aquel pequeño niño la miraba desde la esquina con una expresión preocupada.

-Michael-su nombre salió con voz débil.

-¿Estas bien? ¿Necesitas ir a la enfermería? Estas muy pálida-Hermione negó con la cabeza mientras se recomponía y se enderezaba, tan orgullosa como pudo.

-Estoy bien- trato de sonreírle para tranquilizarlo- ¿te importa si dejamos la lección para mañana?

-Oh no descuida- aunque el niño parecía decepcionado por haber pasado tan poco tiempo en su compañía no se opuso, realmente aquella chica se veía mal.

Ella camino con paso lento por temor a que en cualquier momento se le doblaran las piernas y terminara tirada en el suelo.

-Te veré mañana- le dirigió una última sonrisa a su pupilo y sin siquiera recoger los libros que había llevado salió de la biblioteca hacía la Sala Común, necesitaba darse una buena ducha y relajarse para pensar, y más aún; para afrontar lo que pronto vendría. No importaba que fuera, y aunque no tuviera la idea de que pasaría, pero casi podía asegurar que se acercaba algo muy grande, muy grande y siniestro.