Desde el instante en que nos conocimos, sopesé de antemano lo que ambos queríamos y definitivamente en aquella ocasión me negaba –con más ahínco que de antaño –a creer que lo que mis deducciones habían arrojado como resultado a un análisis fuese algo erróneo.
El romanticismo londinense de la época era algo que muchos aceptaban ya, si bien no agradado del todo por el público entero, era bien sabido que de alguna manera –que yo me negaba a creer mística o predestinada –dos personas coincidían entre sí, era esa la razón, entonces, por la cual la mayoría de los denominados alfas olfateaban con insistencia al aire cuan cachorros buscando comida, todos en una mística e incansable búsqueda de una sencilla cosa: Su omega.
Propiedad de…; se supone que rezaba cada aroma de los últimos mencionados ¿Era eso algo indignante? ¡Por supuesto! Nadie debería verse encadenado de una manera tan vana y mentirosa, justificada únicamente con una escueta respuesta de: eres mío. Cielos, no, y que el padre de la física muera de nuevo si es mentira.
Claro que, para la gran mayoría de los ilusos sumisos aquello estaba más que bien y era fielmente aceptado y al encontrarse con su Alfa se convertían rápidamente en sacos olorosos que despedían feromonas rosadas para mantener contento –y seguro –a su par. Banalidades…
Lo más vergonzoso de todo esto era que a los especímenes masculinos omega se les rebajaba a nada más que el papel mismo de una dama, prohibiendo así desempeñarse como médicos, militares, y robando de sus pensamientos toda clase de oficios que no eran propios de una mujer…
La mayoría lo aceptaba, y estaba bien para todo el mundo porque las cosas debían ser así, los omegas nacían para ser amados y protegidos por sus alfas al igual que las mujeres beta por sus esposos.
Era terrorífico si quiera imaginarlo. Razón de sobra por la cual había ahogado en mí toda una vida de feromonas rosadas, en supresores efectivos.
Pero tal atrocidad no detenía a románticos empedernidos empecinados en encontrar ese tal, que se suponía le hacía falta a su para cual, he ahí oculto a tan simple vista el motivo por el cual mi compañero de piso y hasta hace poco, de aventuras, se encontraba allí frente a mí, comunicando lo que sería catalogado por mi persona como "El fin".
Exclamaciones aparte…
-Te casas…. –Con una ceja vuelta un arco llevé una mano a mi pecho, acariciando el bolsillo de la pulcra camisa blanca, oculto tras la gabardina oscura-
Quizá en el momento las palabras abandonaron mi boca de una forma mucho más incrédula y ausente de lo que me pareciese recodar pues sus expresiones faciales bastaron para saber que no era de su agrado mi reticencia a no tolerar sus conceptos románticos.
Con ojos fieros, resignados, me dedicó una mirada profunda, una lucha constante entre nuestras personas que nos gustaba librar a ambos, intensidad, gritaban sus ojos celestes, suaves salpicaduras de plateado y destellos en zafiro. Un terreno peligroso el que me gustaba pisar.
Esa noche, recuerdo perfectamente bien; caminó hasta mi habitación, a pasos veloces que percibí en las escaleras, quizá impulsado por la euforia o algún recuerdo incierto, únicamente para expresar su deseo de que conociera finalmente a su elegida, a Mary.
Un inmediato escalofrío corrió por lo largo de mi espalda, en mi cabeza la imagen de la Omega vestida de blanco obligó a mi sangre helarse en un golpe de realidad absoluta y definitiva.
-No lo digas de ese modo…un matrimonio es…unión –Elevó ambas cejas, formando una mueca que intentaba dejarme en claro que estaba realizando conclusiones erróneas cuando nunca despegó sus ojos de mí-
-Ataduras justificadas –En un gesto de mano despectivo resté valor a tal asunto-
¡Tonterías! ¿Quién necesita realmente a una pareja romántica? Los cuestionamientos resultan estar de más, distractores, eso es lo que son. Una unión como esa significaría desperdiciar todo el potencial de una persona como John Watson, a mi lado…estando conmigo jamás tocará esa veta de monotonía, la cotidiana y aburrida rutina de una persona corriente. Alguien como yo podría sacar a relucir lo mejor de alguien como él. Podría moldearle, perfeccionar un aspecto tan vano en una fina pieza.
En el bolsillo que estaba bajo mi mano se escondía una cajetilla negra, un delgado y poco perceptible estuche que fue empujado por mis dedos en un gesto inconsciente. Sentía demasiado frío en el cuerpo, sudor corriendo por mi espalda en perlas delicadas.
La noticia golpeó algún engranaje metafórico dentro de mi mente, pues jamás hubiese pensado yo que algo como aquello llegaría tan de prisa; el tiempo había escapado de mis manos cuan arena. Un escalofrío corría por mi cuerpo entero ante la pronta realización.
Un capricho será, me dije en aquél instante en que mis ojos analizaban sus azules orbes; un capricho que se irá con el tiempo cuando al fin se diese cuenta de que aquella fascinación sufrida por una mujer omega no era más que un efímero momento producido por las feromonas y las emociones subidas de tono.
Terrible fue percatarme de que algo la hacía diferente y especial. Algo la hacía la definitiva. Eso era algo que nunca desee admitir y que me costó reconocer en su momento.
Él aún no había hablado de planes de boda con ella pero sí que me lo había comunicado, quizá obviando sus caballerosos modales o como una advertencia mortal de su abandono a nuestra sociedad…. Incomprensible.
La verdad no fue más palpable aquella noche durante la cena: "The royal" el escenario perfecto para el desplante irónico de un ataque no planeado de sinceridad.
Oh, Mary, pensé al olfatear discretamente en su dirección.
Quizás tenía puesto sobre mí un abrigo de hielo, pues cuando la vi un escalofrío helado me abrazó el cuerpo entero. No estaba preparado aun, ni mental ni físicamente, para poder ignorar el aroma cálido del tenaz alfa cubriéndola a ella.
Sus ojos eran suaves cuando la observaban, su semblante recto, esperando de mi parte algún alago caballeroso y no protestas ni señalamientos para con esa dama. El frío que se instaló en su momento dentro de mi organismo me obligó a entrecerrar los ojos, observándola con desdeñoso empeño.
Por mi cabeza cientos de pensamientos corrían veloces, agolpándose furiosos en mi cabeza, cada uno con el nombre de ella escrito en fuego:
Mary era una Omega.
Omega Institutriz…
Mary era inteligente.
Mary llevaba el aroma de Watson en su vestido.
Mary llevaba zapatillas de suela desgastada.
Mary usaba perlas orientales.
Mary…
En un parpadeo lo vislumbré.
Realmente se acercaba el fin, ella era una Omega que sería aceptaba en la sociedad, la fachada perfecta de la buena esposa, una dama ante todo, aceptada y querida por el buen doctor. Ella era una dama con la marca abandonada de un anillo de compromiso anterior a John Watson. Un anillo que no le había pertenecido a él…
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Me reproché a mí mismo aquél desplante exagerado, cubriéndome el rostro entre las palmas de las manos en la soledad de mi habitación, preguntándome la procedencia de arranques irracionales de emociones mundanas.
El frío se había extendido por mi cuerpo con una violencia inexplicable, agresivo y tosco, como si el mismo frío se aferrase a mí en saña desmedida.
La sensación había parecido en su momento inexplicable, tan atrapante y asfixiante, tan lejana y al mismo tiempo tan cerca de mí.
Era congelarse internamente, permaneciendo la piel tibia, era convertirse en escarcha, las pestañas frágiles, los pómulos endurecidos cuan ríos de hielo, las venas empapadas de nieve londinense, desolación…
Aceptar un anillo de compromiso sellaba, en una sociedad como la nuestra, con sus costumbres banales llenas de prejuicios de los que no me enorgullece haberme favorecido, una unión temporal que escudaba a las parejas, como si de un permiso de conocimiento mutuo se tratase; olfatear de cerca las atrapantes feromonas rosadas si de un omega se tarase, un acto personal, demasiado privado…
Ella no era para él, no le pertenecía a él. No era más una hoja en blanco donde se pudiese escribir.
Me resultó maravilloso y alarmante lo que se podía hacer durante un arranque de desespero.
Me preocupé en ese momento, alertado por lo palpable. De no continuar consumiendo los supresores me vería cegado por acciones como aquella, doblegado por emociones y sentires escondidos detrás de mi cabeza, culpa de una naturaleza poco favorable para mí.
Pero nunca antes habían fallado, jamás había actuado con tanta debilidad ante mi naturaleza; cada dos horas consumía un par de ellas, y esperaba, y durante esas dos horas debía ingerir una dosis extra de vez en cuando, buscando silenciar esa voz que sollozaba irracional.
Mi situación era alarmante, debía sintetizar una mezcla química nueva…
No era sencillo encontrar algo que no alterase mi cuerpo causando mucho más daño que beneficio, cualquier ligero error lanzaría por la borda cualquier progreso que pudiese tener.
Era una batalla interna que se sopesaba perdida, más, admitir una derrota jamás fue mi mejor especialidad, fue ese, tal vez, el aliciente que necesité para inmiscuirme y obligarme a mí mismo a creer que lo único que necesitaba él era entrar en razón otra vez, entender que verdaderamente una vida atado a una cotidiana y tediosa rutina no era lo que buscaba.
Fue el inicio de una guerra campal con pequeñas batallas, unas por aquí y otras por allá, todas espaciadas en pequeños eventos con nimiedades varias, hasta que algo decidió presentarse como carta as a mi favor: un nuevo caso… cuan excitante la buena nueva. Cambiaba mi terreno de juego.
Hola! Lamento mucho la demora! Para quien pregunta si pensaba seguirlo, Por supuesto que sí! Es únicamente que no había tenido tiempo, tener tantos fics y tanta tarea no es, sinceramente, una combinación inteligente y mucho menos práctica, pero es que realmente me hace feliz escribir todo esto y mucho más aun con el amor que le están dando a esta historia :3 me siento muy alagada.
Quiero darles las gracias a las dos personitas que me dejaron sus comentarios, cielos, realmente fue motivador leerlos, he de admitir que fue un incentivo para que pudiese terminar de una vez por todas este pequeño capítulo, no se preocupen por nada, pleno demorar menos con el siguiente, incluso lo he comenzado :3
Espero que les haya gustado, si les gustó agradecería que me brindasen su opinión, nos vemos pronto!
