Hola! Bien, aquí comenzamos a inventar y es donde –ya les había advertido –mando casi toda la trama de las películas y los libros a la mierda :3 espero que lo disfruten :D


Conciencia Omega


Los Omega constaban de una vocecilla callada y taciturna que murmuraba las peores atrocidades al oído: comparable con la conciencia o la voz de la razón, la denominada "Conciencia Omega" (Como me he atrevido a llamarla) no es más que un sentimiento de frustración o ese presentimiento de que estás haciendo algo mal.

¿Un auto-regaño? Podría decirse.

Pero nunca había estado presente en mi persona ¿Motivo? ¡La gloria innata de los supresores! Adormecían en más de una manera los sentidos del desafortunado Omega, inhibiendo no solo los tan temidos "Celos" si no también esa vocecita demoniaca, "La conciencia Omega".

Sin embargo…

Debo hacer alusión a un punto mencionado anteriormente…Los supresores estaban dejando de ser efectivos, y no por su ineficacia, mi cuerpo no soportaba albergar más feromonas alteradas: en pocas palabras, estaba intoxicado, y por la misma razón, sin más opciones.

Para ese punto ya no sabía que hacer conmigo mismo. En algunos meses mi propio cuerpo depuraría las feromonas sintéticas, y era perfecto, pero…durante ese impensable periodo de tiempo debía soportar ser invadido por todas los terribles desventajas Omega que mi naturaleza tenía.

No tenía el valor para enfrentarme a todo ello: la infravaloración me enfurecía de una manera nada bonita, ser prejuzgado y menospreciado por el olor de mis feromonas no era algo que quisiera. No soportaría tener que pelar todos los días por lo que me pertenecía para que se me arrebatara de las manos por un Alfa sin cerebro.

Arrinconado, comencé a pensar en lo que significaría permitirme dar un paso adelante y dejar de fingirme Beta: Me prohibirían la entrada a combates de boxeo, al menos como peleador. No podría presentarme en ninguna institución gubernamental sin la compañía de un Alfa o como mínimo un beta. Nadie jamás me confiaría un solo caso solo por ser un Omega. Podía ver desfilar frente a mis ojos todas las excusas de bajo presupuesto que pondrían al verme.

Peligroso para el trabajo de los Alfas.

Una distracción para los Alfas.

Problemático en el campo.

Sensible.

Débil.

Frágil.

Instintivo.

Emocional.

La idea me causaba grima y deseos insanos de gritar con rabia. Tenía más capacidad que cualquier Alfa para plantarme fuerte, solemne y firme para defender mis ideales, demostrar mi intelecto; era un torbellino imparable de ideas arremolinándose todas juntas en una sincronía perfecta y destructiva que sería frenada en seco sin pensarlo.

Sin embargo.

Yo ya tenía un Alfa que me acompañaba siempre a todos lados, que me respaldaba y no dudaba en levantarse erguido, fuerte e imponente, siempre con los más nobles ojos azules.

Pero él iba a casarse con una Omega para formar la tan deseada familia que quería.

Iba a marcharse y entonces sería yo solo contra todo el sistema.

Me quedaban sobre la palma de la mano únicamente dos píldoras más, y después de eso…nada.

Con suerte terminaría por resolver el caso antes de poder recluirme en paz en el laboratorio para sintetizar un nuevo compuesto químico.

Pero mi más importante problema era encontrar el modo de deshacerme de las esposas metálicas que me ataban las muñecas a una cama, sería menos problemático de no estar completamente desnudo en una habitación de hotel.

Irene Adler.

Sentía una fascinación por la fuerza de esa mujer.

Por su carácter indescifrable e indomable fusionado en la más astuta de las inteligencias. Era fascinante la forma en que volvía la más horrenda de las desventajas naturales y fisionómicas a su favor. Ella era una Omega.

Pero no solo una Omega. Ella era La Omega.

Podía verla dominando a todo Alfa que se pusiera frente a ella, actuando como si tuviera bajo control la incesante sensación de que algo hacía falta, del cosquilleo inoportuno que asechaba a los costados del cuello cuando llegaba la hora de dormir, manteniendo a raya los escalofríos de desolación.

Parecía tan entera y fuerte. Siempre con la capacidad que otros no tenían para dominarse sin la absurda necesidad de recurrir a pastillas.

Parecía valerse de esa supuesta débil condición física y doblegar a Alfas toscos, grandes y fuertes. Alguna vez intentó valerse de esto mismo para seducir mi olfato…un Omega no podía tentar otro.

Ella desplegaba galantemente una extensa gama de feromonas rosadas que tintineaban en lo dulce y lo peligroso, cuando lo hacía sus contrincantes solían volverse descuidados, torpes, más instintivos; ella tomaba ventaja de esto apelando a su lado animal y luego arrastrarlos hasta una telaraña de mentiras estratégicamente ubicadas para sus fines.

Esto siempre era un arma de doble filo: cuando un Omega tienta a un Alfa y logra despertar su estado más primitivo es impredecible lo que pueda hacer, bien podría ronronear para conseguir lo que quería o tomarlo por la fuerza.

.

.

.

Volver a ver a Watson fue como volver a casa. Cada vez era más inquietante cómo podía sentirme en paz, cómo los pensamientos se pausaban de golpe para dejar dentro de la bruma inquieta solo a una persona, un solo pensamiento desfilando con quietud.

En ese momento estábamos solos, él leyendo el periódico y yo fingiendo que iba a beber un té seguramente ya frío que reposaba sobre la mesita de centro.

El Alfa olía a tensión e inquietud, el ambiente que lo rodeaba tenía un tinte amargo que no auguraba nada bueno, casi podía saborear la angustia.

No pudo percatarme del momento en que un ronroneo conciliador bullía dentro de mi pecho como un murmullo quieto, de cómo mis ojos se suavizaban o mi cuerpo entero se echaba hacia atrás sobre la silla individual.

Me atraganté con un nudo invisible antes de carraspear. Mi cuerpo me había traicionado y tendría suerte si Watson se mantenía ignorante de ello.

Había estado tratando de relajar al alfa preocupado.

Pero aquello solo fue el inicio de algo más grande, mucho más preocupante y peligroso.

Solté un gemido angustioso que encubrí con una pequeña tos. Sentía un repentino malestar repiqueteando contra mis cienes.

De pronto el Alfa volteó a verme con esos profundos y grandes ojos azules que parecían conocer muy bien lo que veían, sus ojos amigables y suaves que eran tan honestos. Me estremecí cuando acallé el ronroneo que quería trepar por cada una de mis cuerdas vocales.

Eres malo.

Casi jadee, era la primera vez que escuchaba…o sentía esa especie de culpa que descolocaba y expresaba tan bien sus deseos.

No estás ayudándole.

Era demasiado para mí. Tenía solo dos píldoras. Esa voz era demandante, era yo mismo ordenando con voz llorosa, era una emoción cruda y violenta que recorría el cuerpo entero como escalofríos ácidos.

Nunca antes había tenido la necesidad de lidiar con algo así, nunca. Escuchar, o…sentir esa terrible orden que velaba por el bien de alguien más era abrumador y aterrador al mismo tiempo. Mientras el Alfa permanecía tan ajeno yo libraba una batalla interna para no jadear, levantarme de un solo salto y correr para poner toda la distancia posible entre ambos.

–Holmes –Llamó, logrando que mis ojos se fijaran sobre él, indicándole que podía seguir –estaba pensando….

Oh, gran forma de invertir el tiempo –Interrumpí, demasiado ansioso como para permitirle continuar.

Su voz era como un ruego grave y profundo de tonadas justas para expresar solo lo necesario a un buen observador: estaba tenso.

Mal educado….

Tensé ligeramente los labios y no volví a hablar cuando los azules ojos me miraron unos segundos antes de desviarse y volver a mí. Él no estaba reprochándome nada, sin embargo no era necesario, yo mismo lo estaba haciendo. No podía acostumbrarme a esto, no a escuchar reclamos.

–Estaba pensando –Volvió a decir al ver que me quedaba callado –en pedirte que seas mi padrino…

Mi expresión debió haber sido un poema de desentendimiento cuando se vio obligado a aclarar.

–De bodas. Para mi boda con Mary….

Por supuesto….

¿Cómo pude haberlo…ignorado? Nuestro lazo era lo suficientemente estrecho como permitir que él me pidiera que le acompañara en el…día más importante de…de su vida.

No entendía qué era el nudo fuerte apretando contra mi pecho, lo que sí comprendía era el incipiente murmullo gimiendo que me hacía desenfocar los ojos.

Va a marcharse….

Va a irse con alguien más.

Otro omega….

–Yo creo que mi respuesta es más que obvia…. –Me atreví a responder habiendo ganado algo de aplomo.

Una sonrisa tan característica suya surcó su rostro, era lánguida, extendiéndose sobre una de las comisuras de forma calma. No pude evitar registrarlo dentro de mi memoria de forma casi instintiva.

Es feliz.

Mantenle feliz.

Quise preguntarme si era igual para todos los Omega, si escuchaban siempre la misma maldita voz que susurraba, que murmuraba y se volvía más y más molesta, más frustrante, que comenzaba a hastiar. No sabía cómo llevarla, no estaba seguro de cómo dejar de descolocarme cada vez que una sensación contraria a mis pensamientos me impulsaba a querer desplegar un ronroneo suavecito que arrullara, que fuera tranquilizador cuando percibía los hombros tensos de Watson.

–Sabía que no te negarías

–No –Repliqué al instante, sin dejarle terminar.

–¿Disculpa? –Pareció incrédulo cuando volteó a verme.

Lo miré profundo, directo a los ojos, me quedé allí, viéndolo fijamente.

No podía porque…porque no estaba preparado. Verlo esperar en el altar a Mary, verlo tomarla de las manos y dedicarle esa mirada dulce, verlo marcharse para no volver….

No dejes que eso pase.

Sé mejor.

Mejor que ella.

Un buen omega.

Sentí miedo del rumbo que estaba tomando mi propia mente. Era como ser lentamente invadido por la parte más básica e instintiva del entendimiento.

–Watson…creo que estoy enfermando –Sentencié, sin vacilar, realmente preocupado.

Sus ojos abandonaron la perplejidad para mirarme preocupados y fijos, de pies a cabeza como si me analizara, su nariz incluso rozó delicada y disimuladamente el aire a mi dirección, hecho que me erizó la piel.

–Es imposible, habría notado algo diferente –Afirmó seguro de sí.

Parecía preocupado.

Le importas.

Como él a mí.

Luego su mirada se centró en mí, viéndome con gesto curioso.

–¿Holmes, en qué te basas? –Preguntó.

Aspiré profundamente. Tenía aroma a preocupación, relegando a un lado el tema de Mary y su boda con ella. Una sensación placentera me estremeció.

–Estoy contagiándome de la peor enfermedad que puede conocerse, Watson –Dije como respuesta.

Estaba realmente nervioso, fruncí las cejas.

–No sé si podré…

Se puso lentamente de pie cuando yo lo hice.

–¿Estás seguro? –Luego algo pareció brillar en su cabeza y me miró, esta vez de forma dura y con el ceño tenso –¿Estás seguro de que estás enfermando? ¿No será solo otra de tus conspiraciones contra mi compromiso con Mary? ¿Es eso? –Guardó silencio, esperando a que yo respondiera. Hombros tensos.

Yo no dije nada, levanté el rostro para verlo, porque él era sencillamente más alto que yo.

–Si es así debes saberlo, Holmes, me casaré con ella estés o no de acuerdo –Sentenció.

De nuevo ese nudo que se apretaba fuerte en mi pecho.

–Pero me gustaría más…. –Su volumen de voz fue bajando paulatinamente –si tú estuvieras apoyándome….

Puedes ser mejor que ella.

Formé una pequeña sonrisa, una de ironía.

–Nada me gustaría más –Respondí.

Estaba atravesando un dilema, pero él no lo entendía.

Arriba en mi habitación quedaban las dos últimas píldoras que me quedaban. Estaba guardándolas para el momento indicado. Por más cálculos que hacía no había simplemente manera de que pudieran durar hasta que el momento de su boda llegase.

No con la fecha pensada para después de resolver el caso, y aunque del caso quedaba ya realmente muy poco…no estaba seguro de poder.

–Si te consuela haré todo lo posible –Añadí.

Él soltó un bufido pequeño y se volvió a verme.

–¿Por qué detestas tanto a Mary? –Preguntó directamente, quizás ya arto de las sutilezas.

Lo miré. No la detestaba solo a ella, es más, no la detestaba, solo me sentía…

Amenazado.

Es peligrosa.

Fruncí ligeramente los labios, consciente de que mi propio aroma iba a comenzar a elevarse por entre los inhibidores.

–No hay razón alguna, solo…es evidente que no es realmente lo que quieres para tu vida. –Sentencié. Él me miró con ojos fieros, yo me paré, más recto que nunca –una vida cotidiana, sin emoción alguna, la vida corriente de cualquier hombre –Enumeré –lo que quieres es…es quedarte conmigo –Intenté convencerle, quizás convencerme a mí mismo –te encanta esa sensación de adrenalina trepando por tus venas cada vez que corres a mi lado por todo Londres…

La respiración del Alfa comenzó a dar pequeños saltitos a medida que continuaba hablando.

–Lo veo en tus ojos, tus pupilas se dilatan cuando empuñas un arma en tus manos y tu cuerpo entero se tensa, listo para atacar en caso de ser necesario. Puedo verlo, puedo olerlo…. –Continué, ya con un tinte de desespero.

–Pero también quiero una familia, Holmes…. Y no voy a encontrar eso aquí. –Su sentencia fue cruel.

Quiere cachorros.

–Lo que tenemos es más que suficiente, esta relación es perfecta para ambos –Señalé, viéndole fijamente.

–¿Relación? –Entrecerró los ojos.

–Sí, relación, lo que pasa entre nosotros, tú y yo, nuestra alianza. –Continué explicándole. El pecho apretado.

–¿Te refieres a nuestra amistad? –Sus ojos se movieron hacia mí. Su postura estaba volviéndose desesperada.

–Me refiero…. –Aspiré profundo, embriagado de su aroma.

Su olor era fuerte, casi chispeante. No era capaz de comprender el porqué del repentino cambio en cómo percibía su esencia. Las piernas me temblaron de forma casi imperceptible.

A nosotros.

–Si vas a casarte con Mary debemos discutir los puntos acerca de nosotros –Continué, sin verlo, después de que el tiempo pasara.

Un suspiro pesado me llenó los oídos.

–Entiende, Holmes, no hay nada que aclarar. Me voy a casar con Mary…

Mal omega.

Es culpa tuya que el alfa se vaya.

No soportaba escuchar mi propia voz discrepando contra ese instinto que despertaba de su letargo. Un pequeño gemido se abrió paso por mi garganta, y como a los anteriores me obligué a encubrirlo con un carraspeo.

–¿Qué pasará…? ¿Qué pasará con los casos? –Pregunté, clavando los ojos en él. –no creo que la señorita Morstan quiera dejarte ir a jugar conmigo al detective y su compañero….

–Holmes –Suspiró.

Yo asentí una vez antes de hablar de nuevo.

–Creo que se hace tarde para que vayas a visitar a tu prometida –Dije, desviando la mirada y clavándola en mi reloj de bolsillo –si sales ahora y tomas un par de desviaciones llegarás allá en…quince minutos –Añadí después.

Él solo me miró fijamente, desvió el rostro y asintió una vez antes de darse media vuelta marcharse lejos.

No le dejes ir.

.

.

.

Cuando me encerré en la habitación me recosté contra el respaldo de la cama y me dediqué a gemir, clamando por el Alfa, consolándolo a pesar de que el ya no estaba allí; con el rostro enterrado en una almohada para que yo mismo fuera incapaz de escucharme.

Después de hacerlo durante más tiempo del que me gustaría me sentí…mejor.

Como si un peso se hubiera retirado de encima de mí, y cuando levanté la cabeza seguía completamente solo, no estaba un Alfa para escuchar mi recientemente aprendido llamado.

Alarmado olfatee al aire.

Normalmente cuando un Omega emitía un llamado las feromonas se hacían densas y angustiosas.

Afortunadamente no había nada en el ambiente, debía agradecerle eso a mi intoxicado sistema.

Pero comenzaría a desvanecerse, y cuando eso pasara seguramente iba a desplegar un aroma a Omega, uno denso, angustioso, como el de todos los omegas que llamaban a su Alfa.

Nuestro alfa.

Por el momento debía aprender a lidiar con esa voz que mascullaba, que se quejaba y que se volvía intolerable mientras lidiaba con el aún no resuelto caso.


Y así es como les doy la bienvenida a este, mi propósito de año nuevo para mis lectores. Quiero terminar todos los fics que tengo inconclusos, así que voy a volverme loca publicando, no me regañen, pero si tengo algún fallito por fa díganme y sí, sé que estoy mandando a la mierda todo lo demás (La vida de detectives y eso) pero de eso se trata estar en fanfiction ;)

Espero que les gustara, si gustan darme su opinión ya saben que me anima mucho, besitos.