Me incliné un poco hacia la mesita de centro que nos servía para mantener un servicio de té para tres personas, rompiendo con ello la poca calma que nos traía el incómodo silencio.

—¿Les apetece comer pastitas? —Pregunté inclinando la cabeza hacia el buen doctor.

Watson me dedicó una tensa mirada por entre sus pestañas de trigo, me estremecí y alejé lentamente mi mano de la bandeja de postres. Todavía viéndolo sostuve entre mis manos la taza de té que me correspondía. Bebí despacio, él me veía fijamente y yo a él.

Un carraspeo a propósito nos hizo volver la mirada hacia la tercera presencia dentro de nuestro hogar.

La señorita Morstan nos penetraba con esos pequeños ojos afilados que tenía. Los bordes de sus párpados estaban delineados con maquillaje negro que le daba un aire mucho más tenso. A mi lado el alfa se reacomodó sobre su lugar, notablemente incómodo con el escrudiño de esos ojos claros.

Por otro lado mi omega ronroneaba en descontento por la presencia de otro omega sin enlazar entro de la misma habitación que mi alfa… ¿Cuándo ridículo sonaba eso?

La omega soltó un largo suspiro cerrando por fin sus agudos ojos.

—Vine porque estoy preocupada por ti —Dijo entonces viendo a Watson.

—Está en las mejores manos, se lo aseguro —Interumpí.

Me gané una mirada severa por parte del alfa y otra de la omega que me hizo encogerme un poco sobre mi sitio, y aún así estaba sonriendo con ¡a comisura de los labios cuando el buen doctor me barrió de arriba abajo con sus intensos ojos azules.

En alguna parte de mi cabeza sabía que tratar de llamar la atención de un gran alfa o mejor dicho, mi gran doctor, frente a otro omega era como una declaración de guerra. Obviamente yo llevaba una delantera porque sabía que Watson estaba reconsiderando enlazar su vida a la de la señorita Morstan.

—Cuando no llegaste a la sita solo pude suponer lo peor —Continuó enseguida.

El gesto de bochorno y de culpa que gobernaban en rostro de mi compañero me ponía muy alerta. Si acaso llegaba a sentir la más mínima sensación de lo que hacía estaba mal para ella seguramente desistiría y entonces yo le vería marcharse con la omega.

—Yo jamás metería al buen doctor en un peligro del que no pueda sacarle —Me entrometí de nuevo.

—John —Se quejó dándole una significativa mirada.

Los ojos azules me volvieron a ver.

—Holmes, si no le molesta…. —Murmuró.

Yo me hice el desentendido unos segundos, mirándolo fijamente antes de dar un asentamiento. Con el aire más elegante que pude imitar me puse de pie, con lentitud me incliné hacia él, viendo por el rabillo del ojo la esceptica mirada de la omega; con voz muy baja susurré entonces.

—Cuando termine sus ocupaciones aquí, querido doctor —Mascullé contra su oído —búsqueme, que yo le ayudaré a resolver nuestro anterior asunto —Dije solo para tentarlo a darse prisa.

Cuando por fin me alejé él tenía los ojos abiertos de par en par, mirándome como si le hubiese hecho una propuesta indecorosa delante de la señorita que no hacía más que vernos con desesperada curiosidad. Le regalé un guiño antes de comenzar a caminar hacia la salida de la salita de estar.

Apenas dejaron de verme corrí escaleras arriba, escondiéndome un par de peldaños arriba solo para poder escuchar sin ser visto por ninguno de los involucrados.

No pasaron dos minutos cuando la señora Hudson frunció el ceño, bajando las escaleras solo para encontrarme a medio camino.

—Señor Holmes, ¿Qué cree que está haciendo? —Cuestionó al verme estático.

Luego las voces no tan calmadas de los otros dos llegaron hasta nosotros.

—¿Es el doctor con su prometida? —Añadió.

Los ojos acusadores me voltearon a ver cómo si con la mirada pudiera matarme.

—¿Está usted espiando una conversación privada? —Bufó.

Yo la miré y rodé los ojos.

—Por lo visto, Nany, no deja usted de hacer las preguntas equivocadas, si de verdad quisiera información no haría interrogantes tan directas —Señalé con petulancia.

No voy a preguntar —Se oía exasperada la omega.

El ambiente olía a tensión, la beta a mi lado, incluso en su estado de beta, podía olerlo, a mí me llegaba el aroma con una intensidad casi dolorosa con mi sistema limpiándose.

No era nada peligroso, simplemente tuve contratiempos —Aseguraba el alfa. —Lamento que te preocuparas por mi…ahora, si me permites puedo acompañarte a casa para que puedas descansar. El sol está cayendo y no es seguro para ti que andes sola de noche….

Las piernas me temblaron con un estremecimiento extraño cuando olfatee en el aire las feromonas tranquilizantes del alfa. Mis dedos se cerraron sobre el barandal de la escalera, apretándose con más fuerza a medida que el olor calmante llegaba a mi nariz. La casera estaba por continuar sermoneándome cuando las piernas me fallaron, causando que terminara de rodillas sobre el escalón de una firma extraña.

—¡Doctor Watson! —Gritó entonces.

Cuando el buen doctor se asomó y me vio no dudó en ir corriendo hacia mí, vagamente fui consciente de que la señorita Morstan andaba por ahí, pero no lo tomé en cuenta. No llegué a imaginarme qué cara tendría yo si me miraba con preocupación e interrogaba a la casera con cosas como:

—¿Qué le ha pasado? ¿Dio indicios de sentirse mal? ¿Tomó o comió algo mientras no estaba yo?

Sentía el rostro muy frío y los dedos entumecidos, cuando intentó que me pusiera de pie las piernas me fallaron de nuevo, por instinto llevé mis manos a sus hombros, tratando de buscar estabilidad mientras él me tomaba por la cintura para ayudarme.

Estaba sudando frío, veía todo borroso, incluyendo sus intensos ojos azules, el cuerpo no me respondía…lo relacioné de forma inconclusa con la sensación de estar entrando en una sobredosis.

Me sentí esconder el rostro en su hombro cuando me llevaba a rastras a su consultorio, dejando fuera a las mujeres que andaban detrás de los dos. Sentí los párpados muy pesados, el cuerpo debilitado mientras me aferraba a su saco con la fuerza que tenía.

Me miró a los ojos unos segundos antes de echarme sobre la camilla, entonces no supe más.

SH&JW

Cuando logré ser consciente de mí mismo me encontraba metido dentro de una cama suave, con el intenso aroma del alfa pululando sobre las sábanas. Instintivamente mi omega ronroneó ante el olor, bastante complacido. Yo mientras tanto lo dejé ser, al final de cuentas un vistazo a la pieza me hizo saber que estaba solo.

Dentro de las mantas rememoré lo sucedido antes de que cayera en inconsistencia. Lo dejé pasar y mejor me apretujé entre las sábanas, frotando mi mejilla sobre las pertenencias del alfa en un acto demasiado íntimo, claro que en ese entonces yo no lo sabía.

Esperé y seguí esperando, no percatándome de la increíble comodidad que me llevaba estar ahí.

Me incorporé de forma lenta, por primera vez no tenía ganas más que de seguir durmiendo, pero mi cuerpo ya no se sentía cansado. Así que en contra de mi voluntad y en favor de buscar respuestas salí de la cama solo para descubrir que me encontraba en ropa de dormir, por inercia tomé la sábana de color blanco de la cama antes de marcharme en busca de Watson.

Eran quizás las seis de la mañana, a juzgar por los luceros que se colaban por la ventana.

Cuando bajé así como estaba me topé con la señora Hudson, que se volvió escandalizada evitando verme como si estuviera yo ofendiéndola de algún modo. Confundido por su actitud entrecerré los ojos.

Al cabo de unos minutos llegaron a tropel los pasos de mi querido doctor; sus espesos ojos azules mirándome con reproche desde el final de las escaleras. Sus labios esponjosos medio escondidos por el impecable bigote se reunían en una mueca.

—En mí defensa —Comencé.

Ni tiempo me dio de terminar cuando ya trepaba los escalones de dos en dos con un claro objetivo, mi persona. No cuestioné, solo eché a correr volviendo sobre mis pasos.

—¡En este momento no se que hice! —Añadí cuando ya giraba sobre el pasillo en busca de mi habitación.

La sábana bien aferrada entre mis dedos mientras corría de un gruñón alfa que iba en mi caza.

Por un momento pensé que estaría bien hasta que me atrapó por el brazo, empujándome sin miramientos dentro de su consultorio como si la vida se le fuera en ello. Su olor estaba siendo particularmente fuerte esa mañana, como si intentara llenar el piso de su aroma.

Nunca antes había cometido tal acción si bien los alfa son caprichosamente territoriales aún en nuestros tiempos.

—Maldición, Watson, tenga cuidado —Me quejé cuando impacté contra la puerta cerrada.

El alfa soltó un gruñido ronco contra mi cabeza cuando quise alejarme de la puerta, me devolvió a mi sitio de golpe, manteniéndome allí. Por un segundo me sentí sorprendido y mi omega gimió en desconcierto.

Podía reconocer el aroma del coraje cuando lo olía.

El alfa está molesto.

Sentí un extraño e irracional impulso de gemir quedito y espolvorear besitos en sus mejillas para calmar sus ánimos. El instintivo pensamiento me hizo estremecer.

—Por todos los cielos Holmes. Teníamos un acuerdo —Me gruñó antes de soltarme.

Pestañee un par de veces, incapaz de comprender.

Luego me puse a enumerar las acciones que he tomado que pudieran ocasionarle molestia. Por ejemplo: pensé en el concierto de violín de la madrugada, pero aquello no podía ser, yo tenía permiso de tocar durante las madrugadas entre las tres y las cuatro que era cuando su sueño era tan profundo que no le perturbaría. Descarté aquello.

Había prometido comer un poco más si él lo ofrecía. Evitaba beber sustancias toxicas en su presencia para ahorrarle los discursos de doctor.

Volví a pestañear sin saber qué decirle.

—Ah…. —Parecí confundido y luego entrecerré los ojos tratando de deducirle sin aparente resultado.

—Por dios, ni siquiera lo recuerdas —Bufó en desgano.

Yo lo seguí observando.

—¿Esto es acerca de las prohibiciones de etiqueta donde me pides que use ropa decente? —Probé a decir.

Sus ojos azules se entrecerraron con algo de molestia.

—Cierra la boca, Holmes. Está claro que no te importa en lo más mínimo sostener tu palabra —Cuando abrí la boca para objetar él aumentó el volumen de su voz —Dijiste que nada de drogas dentro de esta casa por MI propia tranquilidad mental —Lo veía cerrando los ojos en clara muestra de estarse conteniendo de pegarme un puñetazo. En silencio lo agradecí —¿O vas a negarme que eso que te pasó no era intoxicación?

Qué listo….

—No he faltado a mi palabra…yo no he vuelto a consumir sustancias…tóxicas —Le aclaré.

Desencajó ligeramente la mandíbula, viéndome con esos fieros ojos de alfa que tenía. Me enrollé mejor en la sábana que saqué de su cama, tapando mí falta de prendas pesadas como si debiera aunque el pudor entre nosotros era más bien estrecho.

—Holmes. Sé que no poseo tu brillante cerebro o tu enorme inteligencia —Levanté ligeramente una ceja, gratamente alagado —pero no soy estúpido. Sé reconocer una intoxicación por sustancias químicas cuando la veo. ¡Te temblaban las manos y estabas pálido!

Mi omega ronroneó complacido por su observación.

—Sin embargo, querido Watson, creo que olvidó tomar en cuenta que ésta intoxicación pudiera deberse a sustancias con las que anteriormente me viera involucrado —Dije entonces, acurrucado en el mismo lugar —de modo tal que su conclusión es cierta pero también mi evidente abstinencia.

Me miró con dureza varios segundos.

—Ninguna sustancia que yo conozca causa intoxicación al cuerpo después de haberla usado hace más de tres meses y dejar de consumirla. ¿Haría el favor de explicar a qué se debe? —Espetó con ironía.

Yo sonreí. No tenía idea de cuando se había hecho mejor interrogando. Al parecer le llevaba por el buen camino.

—Supongo entonces que debo confesar que estuve experimentan-….

No terminé de hablar cuando le vi llevarse una mano al bolsillo derecho y extraer de él una conocida cajita de pastillas que yo debería tener guardadas en…en el saco que me quitó para dejarme dormir cómodo.

Maldije internamente.

—Aun no sé qué es —Confesó —no parecen pastillas de coca o alguna otra droga que yo conozca. Abría probado alguna pero no confiaba en que no fuera veneno, aunque considerando tu historial bien podría ser esto una forma retorcida de drogarte —Terminó diciendo, con los ojos moviéndose del estuche a mi rostro y viceversa.

No respiré por un segundo.

—Son…es —Titubee —Una reacción química que yo…que yo estuve haciendo —Le dije —no es para drogarse…son píldoras…que tienen otros fines —Aspiré —¿Quieres? —Tendí la mano pidiéndolas de regreso.

Hizo ademán de devolverlas retractándose a último minuto.

—Lo haré cuando me digas qué son…

Me quedé en blanco varios segundos. ¿Qué se supone que le diría? Siempre podría mentirle y continuar con mi farsa hasta que pudiera sostenerla pero luego estaba esa inquietud diciendo que era la oportunidad perfecta para decirle…, confesar eso que escondía jamás había estado en mis planes, aún para mí mejor…no, mi único amigo.

—De acuerdo, pero me las entregarás después —Condicioné.

Él bufó, sus párpados cayeron a la mitad de sus ojos como hacía cuando algo le molestaba.

—Cuando yo era menor…descubrí que poseía la peor de las condiciones biológicas que pueden existir en este mundo —Confesé quizás con aires dramáticos —así que sinteticé un medicamento que me ayudaste a contrarrestar sus efectos —A medida que explicaba sus ojos cobraban una nueva luz —llevo más de la mitad de mi vida consumiéndolos. Por eso le pido que…. —De nuevo le extendí la mano —me los devuelva

Me observó detenidamente, luego al medicamento, después su rostro pareció teñirse de algo incomprensible. Parecido al momento justo en que la rabia es combinada con la incredulidad.

—Por dios santo, Holmes. ¡Soy tú médico…! ¡No, olvida eso! Soy tú Amigo —Se corrigió. —tengo derecho a saber si estás enfermo.

Lo miré fijamente.

—¿Es al menos algo que no te ponga en riesgo durante uno de tus casos? Espera, déjame reformularlo, ¿Es algo que te ponga en peligro siempre? ¿Siquiera pensaste en informarme para que yo tomé medidas? —Gruñó.

Me encogí lentamente de hombros y restando importancia respondí.

—Mi querido Watson, su presencia es suficiente medida preventiva.

Nunca le mentí corrigiéndolo, yo sí veía mi condición como una enfermedad. Pareció relajarse un poco, aunque ello no aminoraba su expresión incrédula.

—Voy ahora a hacerte un chequeo médico, hombre necio —Escupió entre gruñidos.

Sus manos puestas sobre mis hombros me condujeron hasta su escritorio. Sin delicadeza alguna arrancó la sábana que tenía entre mis manos, dejándome completamente expuesto y en clara desventaja. Unos segundos me miró de arriba abajo, quizá evaluando el estado de mi físico.

Mi omega se sacudió con la vergüenza virginal de una señorita omega y aún así me instó a mostrar un poco más la parte derecha de mi cuello, para cuándo me percaté el también lo había hecho.

Rápidamente incliné la cabeza de lado aún en esa posición, fingiendo que observaba un nuevo detalle en la alfombra y solo porque podía dije:

—mm…un nuevo paciente —Recompuse la postura, mirándole como sin nada.

Pareció extrañado pero no dijo nada.

Me sentí aliviado. Mi adormilado omega sollozó por haber sido ignorado por el fuerte alfa después de haber realizado semejante muestra de confianza pero yo continúe estoico mientras esté me chequeaba toqueteando mis costillas.

—Estás perdiendo peso —Comentó.

Por alguna razón me incómodo, normalmente nunca me importaba lo que dijera en ese ámbito. Lo atribuí al omega que despertaba.

—Deberías dormir más, acortarás tu vida si sigues así.

Sacudí la mano.

—Por supuesto que no, son cosas inútiles.

—Hablo en serio, Holmes no puedes seguir así.

—Le doy el mantenimiento necesario a mi cuerpo como para que me sirva para atrapar criminales y resolver casos.

Bufó. Luego suspiró mientras me checaba el pulso.

—Tienes mucha suerte.

Lo miré extrañado.

—Ser un beta te permite tomarte este tipo de libertades —Resopló como si considerara mis decisiones estúpidas —si fueras un alfa te comerías la alacena entera después de tanta abstinencia alimenticia —murmuró continuando con mis ojos —es todavía peor para un omega, aunque no necesito decirte, tú ya lo sabes.

Inspiré antes de responder por inercia.

—Problemas para el correcto desarrollo y maduración de los óvulos lo que provocaría una gestación ligeramente complicada de conseguir. Apariencia menos brillante, una lastima para un omega. Cansancio que aumenta con forme a la edad con secuelas de patrones desordenados del sueño…

Me percaté entonces de que yo ya sufría de todo eso. Al menos las que podía notar. Fruncí las cejas.

—Claro —Dijo él ajeno a mí. —Y aunque no seas ninguno aún deberías cuidarte.

Su mano me sostenía ahora el rostro para comprobar mis reacciones de visión periférica pasando su mano libre al costado de mi cráneo.

En un momento su dedo resbaló hasta rozar una de mis glándulas odoríferas, me estremecí y las piernas me temblaron. Muy distinto a lo que sucedió durante la pelea de box con aquel sujeto. Tomé nota de eso pero aún así le sujeté la muñeca para sacarla de allí.

Me miró fijamente a los ojos, yo correspondí a su mirada.

De repente sentí arritmia cardíaca. Él estrechó los ojos, yo temblé.

—Holmes…

—¿Watson?

Un suspiro pesado se le escapó.

—Le pido que suelte mi camisa

Apenas dijo eso bajé la mirada para percatarme de que sostenía la manga de su camisa en un puño fuerte. Mis nudillos estaban blancos. Mi mano temblaba ligeramente.

Sentía las mejillas muy calientes. Le sonreí temblorosamente.

—¿Se siente usted bien? —Preguntó al ver que no le soltaba.

—N-no —Dije.

Luego me fui hacia adelante.

—¡Holmes! —Me atrapó con fuerza.

Yo no respondí. Había sensaciones, como el ser alcanzado por el peor de los cansancios, como ser sumergido en agua helada, como ser sostenido con fuerza.

—¿Tiene que ver con su condición? ¡Holmes, míreme!

Sentí sus dedos sujetándome el mentón y las mejillas. Mis ojos no enfocaban. Logré producir una especie de gemido extraño. Con manos temblorosas alcance las pastillas que sostenía. Al demonio el nuevo lote que tendría que esperar, ¡Esa sensación me estaba matando!

Mis manos temblaron antes de que pudiera abrir el estuche, solté un gemido de frustración cuando resbalaron de mis dedos. Watson conociendo lo que quería me afianzó por la cintura antes de arrodillarse conmigo en el piso y poder tomar las pastillas. Colocó una entre mis labios, yo la tragué con dificultad, luego le indiqué la otra con la mirada, la puso en mi boca.

Lentamente recuperé la visión, cuando lo hice me encontré frente a sus azules ojos, me veía con preocupación. Parecía realmente afectado. Agotado, recosté la cabeza sobre su hombro, así sentados en el piso como estábamos: nuestras piernas hechas un nudo, su brazo sujetándome de la cintura.

Una inmensa tranquilidad me embargó a pesar de mi estado vulnerable. No quise pensar, o sentir, solo quería quedarme, no moverme y por primera vez no deducir. Solo aspiré su aroma. Al paso de los segundos mi cuerpo se relajaba, pero yo no me moví.

H&W

Según yo éste capítulo estaba publicado, ahora regreso y sucede que no. Pues bien. Ni modo. Solo me resta disculparme con todos ustedes por este error. De verdad lo siento.

Espero que les gustará. Publicaré después la parte que iba a subir hoy. Un besote así, enorme, a las personitas que me dejan review, los amito, que sepan que este fic es para ustedes. Nos vemos!