Lentamente me soltó. Sus dedos dejaron de vagar por mis hombros prodigando ese cómodo masaje para ayudarme a llegar a la calma. En silencio reconocí el gesto como bastante efectivo. Mis piernas estaban trabadas con las suyas en una posición bastante extraña, mis rodillas dobladas rozando el interior de muslos mientras sus piernas se pasaban por encima de mis pantorrillas.

No realicé ademán alguno de moverme cuando levanté lentamente la vista, sus pupilas puestas sobre mí como si intentara analizarme con su eficaz ojo clínico. Internamente sonreí.

Quizás aún le faltaba visión, agilidad, pero era bastante listo. Lo que resultaba más beneficioso para él era que me conocía por la familiaridad de nuestra convivencia: varios años ya.

Con cuidado busqué en su rostro algo que me dijera cuál era su intriga para prepararme para ella con antelación.

–Tiene que darme detalles de su condición –Medio exigió –no podemos pasarnos todo el tiempo llegando a estos extremos en los que mi cordura se ve tentada, Holmes

Fruncí ligeramente el ceño.

–No debería usted preocuparse –Respondí.

Un gruñido incrédulo abandonó su boca mientras apartaba sus manos de mí como si el tacto le causara quemazón en la piel.

–Increíble. Por si no lo recuerdas, Holmes, soy yo quien tiene que velar por tu seguridad y lidiar con las secuelas de todas tus locuras y estupideces –Reprochó más en alto.

Le observé con detenimiento.

De ningún modo podía exponerme como a una figura frágil. Socialmente no podría. Imaginaba a todo el mundo apartándome de las escenas de crímenes por la ausencia de un alfa si él decidía marcharse. Cómo la sociedad completa se volvía contra mi trabajo, impidiéndome acercar, sancionándome si intentaba siquiera poner en su lugar a un alfa, por más criminal que fuera….

–Como yo veo las cosas, mi querido Doctor, pronto usted estará cuidando del bienestar y de los…estragos de las acciones de otra persona –Escupí en un gruñido.

Imaginarme ese tipo de escenarios siempre alteraba mi control emocional. Era inconcebible pensar en un futuro donde yo ya no pudiera ejercer nunca más mi profesión…. Sería más gloriosa la muerte.

Me miró con recelo.

–Creí que la etapa de desprecio hacia mi relación con Mary….

Con torpeza me puse de pie, sujetándome de donde pude hacerlo. En este caso su escritorio. Con sacudidas un tanto violentas me desenredé de sus piernas.

–Mi querido Doctor –Solté con despecho. –Siéntase en la libertad de corregirme si estoy en lo incorrecto, aunque por experiencia sabemos usted y yo que casi nunca me equivoco –Mascullé –pude ver que su enardecido amor se ha visto menguado por la presencia fantasmal de un omega al que ni siquiera ha usted visto frente a frente ¿Debo llamar a esto algo por lo que valga la pena dejarle ir? ¡¿Cuán iluso le gustaría parecer?! –Gruñí, viéndole hacia abajo.

Lentamente se puso de pie, con los ojos abiertos de par en par.

Vagamente fui consciente de que en ningún momento del pasado yo le había hablado así. Él conocía de sobra lo capaz que era de herir a otros con el uso de mis palabras, sin embargo jamás me había visto obligado a utilizar esa habilidad en contra suya.

–Por un momento tuve el pensamiento de que usted podría escaparse de la estupidez mundana de los alfa…el error ha de ser mío por poner en tan engrandecida altura mis expectativas –Continué.

Me incliné para recuperar la sábana que había perdido tras su deseo de revisar mi estado físico. Cuando la tuve me enrollé en ella, elevé el mentón para ver su rostro. La mandíbula tensa. En su mirada se pintaba el desconcierto.

–Permítame hacerle una deducción acertada, querido Doctor. –Mis dedos se apretaron en torno a la manta. –Y entonces podrá hacer lo que mejor le parezca. El nuevo Omega en su vida debe ser alguien involucrado constantemente con los problemas judiciales, por lo tanto o es un criminal, de cualquier índole que guste imaginar usted, o un colaborador de la justicia, me inclino ligeramente por lo primero…. –Pareció fruncir lentamente el ceño –me parece recordar escucharle haber mencionado que sintió su presencia cerca de la zona industrial, debe ser alguien de posición económica baja si se ve obligado a cometer delitos que le hagan terminar dentro de los separos de Scotland Yard….

Boqueó confundido.

–Le aconsejo entonces que busque a un Omega que frecuente Scotland Yard, quizás tenga más suerte si revisa los separos, a falta de datos es lo más que puedo decirle. Con esto dicho entonces podrá encontrarle y cuando lo haga confírmeme que se trata de una criatura virginal con el aroma intenso, una que nunca ha tenido contacto físico con otro alfa, más compatible con usted que su actual prometida, quizás más bella también….Entonces podrá darse cuenta de que lo suyo con su prometida es solo un encaprichamiento pasajero como los muchos que ya ha tenido y yo podré esperar otros tres meses hasta que su olfato capture el aroma de un omega que le guste más que este y como ya lo hice ahora le ayudaré también a buscarlo –Solté de repente como si esto fuera una ofensa.

En ningún momento había parado para respirar una sola bocanada de aire. Mi pecho subía y bajaba. Me percaté entonces de que había elevado un poco la voz.

Al notar lo que había hecho mi rostro se volvió inexpresivo. Acababa de mostrarme molesto por algo que no debería concernirme. Culpé entonces a mi estado a la defensiva provocado por la exigencia del doctor de que le confesara el estado real de mi condición, aunque realmente mi herido omega tuviera también algo que ver con eso.

Noté sus ojos ponerse turbios, pero también brillantes.

El tono azul de sus ojos volviéndose translúcido, permitiéndome ver a sí a un hombre inseguro y avergonzado de sí mismo que titubeaba sobre su lugar sin saber qué hacer consigo mismo. Aunque me arrepentí de mis palabras al darme cuenta de que mi opinión al parecer resultaba importante para él no hice nada por remediar la situación, realmente no sabría cómo hacerlo.

Cuando pasó a mi lado para marcharse le dejé ir.

Al final de cuentas él salió de la habitación con el rostro en alto y los hombros cuadrados, como todo un soldado.

Me recargué hasta casi sentarme en su escritorio, mi mirada fija sobre mis pies. Sin saber el por qué me sentí sumamente agotado. Mis hombros cayeron hacia adelante incapaces de imitar una postura erguida.

Tras unos momentos me percaté de que no podía seguir estando entre las cosas con aroma a Watson, salí de la estancia sin prisa pero sin calma solo para escuchar el sonido de la puerta principal cerrarse. Él se había marchado.

No intenté deducir a donde o más bien…no quise reconocer la respuesta. Continué con mi camino hasta mis habitaciones, donde me vestí para salir a buscar más pistas que hablaran para mí acerca del paradero del resucitado Blackwood.

SH&JW

Suspiré con cansancio cuando miré alrededor, todos mis compañeros dentro de los separos ya me esperaban rodeándome, listos para escucharme hacer una ronda nueva de chistes. La escena estaba repitiéndose muchas más veces de las que me gustaría.

–De acuerdo, caballeros. Para el siguiente necesito un poco más de especio, hagan el favor de dar dos pasos hacia atrás –Pedí.

Lo cierto es que el aroma a alfas, betas y omegas estaba mareándome. Nadie en todo el lugar sería capaz de distinguir su propio aroma del de otros, era una enorme revoltura de esencias que causaba confusión hasta a la más ágil de las mentes, o incluso al más ávido de los olfatos.

Cuando me dieron un poco de espacio abrí la boca para continuar, pero a mí no acudieron las palabras. No muy lejos de nosotros comenzó a quejarse un joven varón que minutos antes también me escuchaba hablar. Era un omega varón, caucásico, de ojos claros, alrededor de los veintiséis, no, veintidós; su estatura engañosa aumentaba años a su apariencia, el maltrato de las calles le había hecho perder brillo a su cabello y su piel, he ahí los años extras.

Lo contemplé con ojos casi tan vivaces como los de los alfas que estaban allí. Olfatee por encima, reconociendo un incremento notorio en sus feromonas de omega. Enseguida pensé que debido a su malestar físico estaba buscando llamar la atención de los alfa para pedir su favor.

Decidí no preocuparme demasiado por ello hasta que le vi sostenerse fuertemente la zona baja del cuerpo, mis ojos calculadores se deslizaron desde la mueca de dolor de sus labios y cejas hasta la palma extendida sobre su vientre: sudoración, coloración rojiza en la piel, aumento de secreción de hormonas, dolor fuerte en la zona abdominal….Oh, no.

Este hombre estaba teniendo un celo omega en el peor lugar posible.

Me puse de pie de un salto.

–¡Oficiales! –Llamé fuerte.

Fue como si mi voz fuera el detonante de una bomba que estalló justo cuando las palabras abandonaron mi boca. Los alfas que estaban allí saltaron hacia el chico que se retorcía fuertemente en el piso, gruñendo y jadeando.

Lo siguiente seguramente permaneció dentro de mi cabeza durante más segundos de los que debería.

El resto de escasos omegas que estaban allí se encogieron sobre sí mismos antes de empezar a gimotear, algunos incluso sentados sobre el suelo. Sus cabezas bajas pero sus ojos viendo a los alfas que levantaban estelas de feromonas.

Por primera vez no supe entender lo que pasaba hasta que noté a los alfa comenzando a entrar en celo. Entonces una cadena de desafortunados acontecimientos le siguió a eso: el resto de omegas también comenzó a hacerlo.

Yo parado en medio de todo el revoltijo de gruñidos, gemidos de dolor y pavor, hormonas que saltaban por el aire. Me dejé caer contra una de las bancas del lugar, buscando apartarme del camino de los cada vez más furiosos alfas a causa de la escasez omega. Aprecié como se gruñían entre ellos buscando la prevalencia del más fuerte.

Me habría resultado curioso de estudiar si no estuviera yo en medio de todo eso. Tantos aromas juntos me mareaban. Estaba aovillado sobre una banda, buscando encogerme para dejarle libre el paso a los furiosos alfas.

Jadee en busca de una bocanada de aire limpio. El ruido de las rejas siendo agitadas por los oficiales beta del lugar llenaron mis oídos. Los alfa de afuera revolviéndose también, afectados por el influjo de las feromonas de los omega que se retorcían en el piso pidiendo cosas de las que se avergonzarían al recobrar la razón.

A eso le temía yo tanto….

Esa pérdida de compostura, de pensamiento, de control sobre sí por instintos primitivos.

Todo parecía correr en cámara lenta: los omega tirados en el piso buscando deshacerse de sus prendas de vestir como si les quemasen la piel, sollozando y gimiendo.

Me encogí en mi sitio, procurando respirar lo menos posible ese pesado aire. No que tuviera miedo de entrar en celo, ese mismo día había tomado mis dos últimos supresores, pero aun así mi omega se sentía amenazado ante la presencia de los desconocidos alfa.

Me fue imposible continuar en mi lugar cuando fui pillado de sorpresa por un alfa que me tiraba de mi asiento en un empujón doloroso. Gruñí por el impacto contra el suelo cuando me percaté de la presencia del otro. Confundido, le miré fijamente durante unos segundos.

Su nariz se perdió en mi mejilla cuando abrí los ojos de par en par.

Me estaba olfateando.

Un golpe seco cayó sobre su mandíbula proferido por mí. Entre sacudidas violentas busqué sacármelo de encima, gimiendo de pavor.

¿Dónde está mi alfa?

Se alteró mi omega.

No comprendía el motivo de su ataque, yo no estaba sufriendo un celo repentino, había tomado mis supresores esa misma mañana, dos de ellos…no podía reconocerme, no había forma alguna.

Patee al aire cuando me apretó con fuerza los antebrazos, me estremecí de forma negativa cuando buscó acercar de nuevo su nariz a mi rostro: el alfa era nada más que un hombre que rondaba los cuarenta, cabello muy obscuro, piel requemada por el sol…no pude deducir algo más o ver detalles profundos porque en esos momentos estaba en blanco.

Un golpe de adrenalina me recorrió al completo, dejé de gemir de incomodidad acallando a mi omega, demasiado ocupado eliminando su cercanía con un golpe de mi frente a su nariz.

Aulló de dolor antes de levantarme por los antebrazos y hacerme rebotar contra el suelo en una secuencia de tres golpes seguidos.

Mi cabeza dio giros durante un momento antes de aclararse para ser consciente de que yo estaba siendo aplastado bajo el peso de un cuerpo bastante grande.

Me sacudí, mareado como estaba, revolviéndome furioso. Mis piernas temblaban a causa de la adrenalina mientras la fuerza de mis brazos parecía ceder. Sopesé el que ese alfa percibiera mi aroma…. Tuve pavor de que eso fuera lo que estaba pasando.

¿Dónde está mi alfa?

Cuando su nariz sangrante llegó a rozar mi garganta me fue imposible no proferir el tremendo grito que solté, horrorizado sin saber por qué.

–¡John!

El revuelo siguió alrededor, apreté fuerte los ojos, los puños y los dientes, preparándome para el irrefrenable mordisco a mi garganta o a mi cuello que por fortuna no llegó.

Tenía los talones clavados contra el piso, las piernas tensas y apretadas mientras el alfa continuaba olisqueando. Su nariz se deslizó por el costado derecho de mi cuello, fue cuando comencé a patear de nuevo de una forma instintiva y revuelta.

La sombra de otro cuerpo me cubrió la luz del escaso sol, solo entonces pude escuchar de nuevo.

–¡Déjale! –Un gruñido fuerte pero no tanto como el de un alfa.

Era un oficial beta de Scotland Yard, le reconocí como a Clarke. Nunca me había sentido tan contento de verle hasta que a empujones me sacó al otro de encima. En un ademán de rabia le patee al alfa el rostro antes de levantarme sobre mis temblorosas piernas.

No llegué a dar más de dos pasos cuando otro alfa golpeó al oficial y uno más me empujó la cabeza contra el metal de otra banca: mi cráneo rebotó sobre la superficie dura y helada en un sonido metálico que me nubló la vista.

–¡Suéltenme! –Escuché que alguien gritaba – ¡Tengo que entrar allí!

Vagamente sentí un líquido espeso que me corría la parte de arriba de la ceja izquierda. Mis sentidos embotados.

El nuevo alfa me sujetó los cabellos en un puño demasiado doloroso, yo manotee en busca de sacarme sus manos de encima pero el movimiento fue tan soso y débil en el estado en el que estaba que no pareció un movimiento defensivo en lo absoluto, al menos no uno que fuera a sacarme de ahí.

Mi omega me urgía a sollozar por ayuda mientras mi razón me gritaba que debía aclarar mi mente del miedo para poder pensar.

De un tirón me hizo voltear la cabeza contra la banca de modo que mi mejilla quedó aplastada contra el metal, el resto de mi cuerpo sujeto por una mano firme, doblado en una posición incómoda: mi cuello estaba expuesto, yo realmente mareado por el ambiente y por el golpe.

De nuevo otro alfa empujaba al que me sostenía, quizás para tomar su lugar. Los segundos que duró la refriega me bastaron para deslizarse de la banca y ponerme torpemente de pie.

–John –Titubee en un susurro torpe. Los ojos sin poder enfocar a causa del golpe.

Tantee al aire, buscando un lugar para salir de ese caos.

Nuevas manos me sujetaron, esta vez por la cintura y la espalda en un abrazo que me pareció de lo más reconfortante. Instintivamente supuse que mi omega se sintió a salvo porque mi frente cayó contra un hombro suave.

Yo no quería.

Por más a salvo que se sintiera mi omega en ese abrazo protector yo lo único que deseaba era salir del lugar y volver a casa con mi querido Doctor. Gemí de desasosiego, pero fui incapaz de moverme.

No fui consciente del momento en que fui arrastrado hacia el exterior de los separos, entendí con esfuerzo fragmentos de una conversación que se sostenía entre el alfa que me presionaba contra su cuerpo y otra persona…. ¿Un alfa no enloquecido…? Necesito más datos.

–¡Por favor! ¡Todo el tiempo ayuda a Scotland Yard!

No entendí más hasta que fui empujado sobre una superficie suave. Había demasiado movimiento, el espacio era reducido, entendí que era un coche. Oh.

Lentamente me acomodé solo para ver que el alfa se metía en el espacio conmigo. Gimotee de alivio cuando sus manos me apretaron las palmas de las manos en un tacto consolador.

Una vez fuera de todo el revoltijo de olores a mi nariz llegó el suave aroma familiar que tanto mi omega había estado clamando.

–Watson –Llamé solo por hacerlo.

Melocotón, té de hojas verdes, pólvora, detergente, John…

–Avisaron a la señora Hudson de tu estadía en Scotland Yard…esperé todavía un par de horas para pasar por aquí…de haber sabido –Siseó de coraje. Se removía como si buscara algo.

Negué con la cabeza. Mi mente apenas aclarándose.

–No sucedió mucho…aunque probablemente yo habría sido de más ayuda si no hubiera sido noqueado –Respondí con mucha más facilidad, dándome cuenta entonces del dolor de cabeza producido por el golpe y de que estaba temblando.

Él gruñó realmente molesto pero mi omega advirtió que su rabia no era contra mí.

–Nunca supe que un alfa atacara a un beta –Frunció el ceño. –No así…. –Masculló.

Me mordí los labios. Las mandíbulas me dolían, supuse que por mantener los dientes apretados entre sí.

–Watson….

Él se agitó ante mi llamado. El coche se movía apacible, pero era lo único tranquilo en ese lugar.

–Ya basta, Holmes, por favor. Acabe con mi miseria y dígame de una vez que le está pasando –Me encaró.

Sus manos aun sujetando las mías, que temblaban. Lentamente una de ellas subió hasta mi rostro, sisee cuando su pulgar rozó una herida abierta justo sobre mi ceja. Con su mano libre extrajo un pañuelo de su bolsillo y casi con cariño limpió la sangre de mi frente. Sus ojos azules diluidos, eran tan transparentes.

Mi alfa.

Me encogí de hombros despacio, temeroso de romper la calma momentánea.

Su aroma fuerte inundaba el lugar avisando que estaba molesto, sin embargo, mientras me atendía su olor se suavizó.

–Usted no vio lo que yo vi…. Un solo omega provocó todo lo que sucedió ahí adentro. No sé cómo, aún pero…. –Fui interrumpido.

–¿Qué dijiste? –Preguntó incrédulo, apartando brevemente sus mimos.

Lo miré fijamente unos segundos no comprendiendo qué parte de mi relato le habría causado curiosidad hasta que me percaté, entonces apreté los labios y no dije nada.

–Dijiste que no sabías algo….

Bufé.

–Por favor, Watson, yo tampoco lo sé todo –Renegué.

Eso debió haberle parecido gracioso porque soltó una pequeña risita que terminó por aligerar la tensión de sus hombros.

Se acomodó contra su asiento, pero sus dedos seguían enredados en los míos. Yo no hice ademán de soltarle. Mi aterrorizado omega suplicando que me acercara al brazo protector del alfa a pesar de saber que me había salvado de golpizas peores por mi propia cuenta. Entendí que nunca me había visto bajo un ataque similar. No de esa índole.

Me moví hasta rozar su hombro con el mío, luego dejé caer mi cabeza contra el respaldo. Mi descontento omega seguía inquieto, pidiendo el abrazo cariñoso del alfa.

–Tenía doce años cuando me di cuenta de mi condición –Susurré sin querer romper ese momento de comodidad que tenía conmigo.

Pareció realmente interesado ya que yo rara vez hablaba de mi pasado antes de conocerle.

–Estaba tan horrorizado que no encontré otra solución….

Cerré los ojos, escuchando sus latidos dentro de mi cabeza. Supe que él no entendía de lo que yo estaba hablando. Su aroma de rabia estaba cediendo junto con la adrenalina al saber que estábamos fuera de peligro.

–Usted no se vio afectado –Dije entonces cambiando bruscamente de tema. Mis ojos abriéndose con el brillo del descubrimiento.

Con el pensamiento más claro y las hormonas de un solo alfa llenando mis sentidos pude empezar a recapitular hechos muy a pesar de mi lloroso omega.

Él suspiró con algo parecido a la derrota. Pensé que era por tener que resignarse a que yo no diría más.

–Es curioso –Respondió.

Lentamente giré el rostro en su dirección.

–¿Me dirá el motivo? –Pregunté directamente.

Reconocí que no tenía por qué haber eliminado de mi cabeza datos como el funcionamiento más básico de los alfa y los omega, en esos momentos me habría resultado de lo más útil, pero tenía a un médico a mi lado que me facilitaría las cosas con sus conocimientos. Esa era una de las muchas ventajas de que un alfa tan excepcional fuese mi compañero.

Habló con aires derrotistas. Sus ojos cayeron al piso, su mano se soltó de la mía en un movimiento lento. Nunca le había visto tan afligido. Casi sentí arrepentimiento de preguntar, sin embargo mentiría si dijera que aun así no lo habría hecho.

–Estoy perdido –Suspiró –no espero que lo entienda Holmes, pero esto ya me ha pasado. –Continuó.

Lo miré fijamente intentando comprender. Mis pensamientos buscando datos que pudiera enlazar a esa afirmación.

–De unos años a la fecha me he vuelto incapaz de reconocer el aroma del celo de los omega. Sé por amigos y colegas míos que esto solo se presenta en alfas que ya están enlazados pero en mi caso…. –Se sonrojó ligeramente cuando lo dijo. Yo lo veía con confusión –pensé en Mary como la omega más compatible a mí hasta que pasó lo de…bueno

Su cabeza se hundió aún más en el piso.

Me removí en mi lugar.

Rápidamente hice conexiones en mi cabeza: por eso la búsqueda casi a ciegas. Nunca me pareció que tuviera un mal olfato, de hecho poseía uno muy bueno, entonces descarté esa opción de inmediato. Si el celo de un omega no le afectaba era porque su alfa debía estar considerando seriamente que el omega en cuestión no era compatible con él en lo más mínimo, o tal vez…tal vez su alfa ya estuviera con la atención puesta en otro. Supe que no se trataba de Morstan y el pensamiento casi me hizo saltar de alegría, pero entonces recordé al otro omega.

Mi omega protestó.

No quería que mi alfa se fuera….

SH&JW

Hola bombones. Pues yo creo que vamos a tener que meterle un poco de prisa a esto, verdad? No me juzguen si en el siguiente capítulo se nos mete un salto temporal medio chusco porque queda de perlas para el fic. Otra cosa que voy a decir es que sí, evidentemente mi Watson está siendo un poquitín despistadillo pero es porque no puedes encontrar algo que no estás buscando ¿O no? Pero no se preocupen, sé que el caballero es medio despierto también y veremos de eso en el futuro, hombre que de eso me encargo yo.

Un beso enorme para los comentarios. Me gusta un montón leer su opinión sobre el fic, hacen que se sienta no abandonado , gracias por eso. Les veo pronto.