Guerra por cupcakes

-¡Ay qué emoción! ¡Nuestros viejos amigos!- chilló alegre la madre de Bulma- ¡Querida, tanto tiempo! ¿Cuánto ha pasado desde que no nos vemos?

-Um… ¿más de 10 años? – respondió su marido.

-¡Oh! Eso es mucho tiempo- se sorprendió- Pero no importa, pasen, pasen. Vengan por aquí, pónganse todos cómodos. Siéntanse como en casa- guió a sus invitados al espacioso living- Les traeré unos deliciosos pastelillos y llamaré a mi hermosa hija. ¡Soy abuela! ¿Lo sabían?- contó encantada y un "¡Oh!" colectivo se oyó en la sala.

-¡He escuchado en la televisión que Bulmita tiene un hermoso bebote!- habló una señora pelirroja y de clase.

-¡Sí! ¡Y es tan guapo como su padre!- acotó para luego salir de aquella habitación e ir a la cocina a buscar los pastelillos, dejando a su marido con las visitas.

Tomó las bandejas y de a una fue llevando donde los invitados platicaban animados, dejando unas cuatro repletas de los sabrosos cupcakes de todos los sabores.


Aumentó aún más la gravedad de la cámara y concentró todo de él en aquel entrenamiento. Uno de los robots lanzó un rayo comenzando la pelea, Vegeta lo esquivó moviendo la cabeza hacia la izquierda y sonrió. En ese mismo instante escuchó una explosión detrás de él, donde se encontraban los controles, la cámara se apagó y los robots se desconectaron. Giró la cabeza y observó los destruidos botones y las pantallas hechas pedazos.

-¡Maldición!- murmuró. El campo electromagnético que cubría esa parte había fallado, y el estúpido robot lo destruyó todo con su ataque. Malhumorado se dio por vencido y salió de allí.

Comenzó a caminar hacia la casa. No llevaba recorrido ni la mitad del trayecto y una irritante voz lo detuvo.

-¡Vegeta!- llamó y este volteó- Mira pequeño, ahí está papá- le habló al pequeño que traía en sus brazos.

-¿Qué quieres?- cuestionó mirándolos con cara de pocos amigos.

-¿Ya acabaste tu entrenamiento?- preguntó recibiendo un gruñido como contestación- Bien, vayamos a la cocina, seguro estás hambriento, ¿verdad? Tal vez mi madre haya preparado algo delicioso y si no es así programaremos a los robots para que cocinen- tomó oxígeno mientras seguía a Vegeta - porque tu siempre comes mucho y ahora que tenemos otro sayiajin más en casa, hay que programarlos para que hagan más comida. ¿Te imaginas si algún día esos robots llegan a romperse? No sé qué diablos haríamos, con ustedes dos tendríamos que contratar a más de mil cocineros y entonces toda la…-se detuvieron frente a la puerta que da a la sala.

-¡Bulma! Cierra la boca- ordenó irritado y sin darle tiempo a contestar abrió la puerta y los tres entraron a la sala.

Vegeta se quedó helado al ver a todos los insectos invadiendo su casa, la mayoría eran mujeres, viejas mujeres pintarrajeadas que se creían aún de veinticinco años. ¡Cómo no se había dado cuenta de que estaban allí! Al parecer estaba tan sumido en sus pensamientos que no se percató de esos débiles ki. Todo estaba en silencio, todas las miradas estaban sobre él. Hasta que la madre de Bulma habló.

-¡Hija! ¿Te acuerdas de ellos? Hace mucho que no los vemos, ¿verdad?

- ¡Hola!- saludó Bulma alegre- ¿cómo han estado?

-¡Bulmita! ¡Pero mira cuanto has crecido, hermosa!- saludó una de las tantas señoras, seguidas por las demás.

-¡Y ese hermoso bebé!

-Tu siempre tan linda- siguieron los saludos.

Vegeta aprovechó el momento de distracción y huyó a la cocina. Entró y divisó todas las bandejas repletas de los clásicos pastelillos de la señora Brief, tomó una banqueta y se sentó para luego comenzar a ingerir. Cualquiera diría que era raro ver a un sayiajin comiendo lentamente, y lo era, pero esta no era cualquier comida, eran pastelillos. Los pastelillos de la señora Brief.
Abrió la boca y mordió uno sabor chocolate, masticó de manera lenta, tomándose su tiempo para saborear, disgustar aquella delicia. Terminó el último trozo y se relamió los labios. ¡Increíble! Más de diez segundos con el mismo bocado. Esta vez tomó uno decorado con frutillas, comió cada una de ellas y luego se lo llevó a la boca repitiendo el proceso de saboreo.

Bulma entró a la cocina con Trunks en brazos y se paró justo a su lado, sostuvieron miradas durante unos segundos, hasta que el hijo de ambos calló en la tentación.

-¡Má, má ese!- dijo señalando con un dedito a su perdición sabor vainilla bañada en chocolate.

-¡Ay pero que glotones son ustedes!- sentó a Trunks sobre la mesa a la izquierda de Vegeta y escogió un pastelillo. Caminó hasta un pequeño estante donde había dejado su libro, lo tomó y se recargó sobre la mesada de la cocina mientras lo leía, desconectándose del mundo.

Trunks miraba a su padre concentrado en comer y disfrutar, cuando tuvo su atención señaló su ansiado panquecito. Vegeta miró a su hijo y luego a lo que señalaba, volvió al pequeño y sin mirar tomó lo que Trunks señalaba y se lo entregó.

Estuvo unos minutos saboreando hasta que se lo terminó todo, miró a su madre y luego a su padre, cada uno en lo suyo, entonces sonrió y tomó otro entre sus dos manitos. Estaba decorado con crema color rosa y muchos confites. Lo acercó a su boca, sacó la lengua y lamió toda la dulce decoración hasta que quedó solo la masa del pastelillo. Lo dejó en un costado de la mesa.
Miró de nuevo para asegurarse de que sus padres estén distraídos, escogió uno con glaseado de fresas e hizo lo mismo que con el anterior. Lo dejó a un lado y tomó otro con un copo de crema y una frutilla en la punta. Volvió a repetir lo hecho con los anteriores y lo hizo a un lado.

Iba por el sexto cupcake, uno de chocolate con confites, aparentaba ser el más delicioso. Comió todo el decorado sin darse cuenta de que alguien lo observaba de reojo. Trunks dejó el resto al lados de los otros cinco que había comido y estiró su brazo hacia uno con unas flores de azúcar.

Y sin previo aviso se vio detenido por un grito autoritario de su padre.

-¡No!- lo detuvo del brazo Vegeta, enojado por la manera de comer del niño- Come bien, mocoso- dijo señalando los pastelillos baboseados.

Lo miró fijamente esperando a que él bajara la mirada para demostrarle quién mandaba allí, pero no sucedió. Trunks miró a su padre, luego a su brazo que tenía sujeto, y volvió los ojos hacia los de su padre, desafiándolo. Estaba furioso, puso su peor cara y sus ojos se encendieron de la ira. Entonces sin advertencia previa, levantó su brazo libre y con una rapidez impresionante -incluso para el príncipe – le dio un certero golpe en la mejilla.

¡Plaff!

Fue lo único que escuchó Vegeta y quedó boquiabierto, sorprendido. Mientras seguía en estado de shock, Bulma se acercó y tomó a su hijo rápidamente, tampoco sabiendo que decir.

¡Jamás! ¡Jamás, nunca! Nunca se imaginó que algo así le ocurriese a ÉL. Fue golpeado por SU hijo, su descendencia, un niño, un cachorro. Eso es INACEPTABLE, una falta de respeto hacia su persona, le faltó el respeto a su padre, al príncipe de su raza, a su superior. ¡UN CACHORRO! Y ni siquiera lo vio venir.

-Ve… Vegeta- llamó Bulma con voz suave, sacándolo del trance. Pero cuando tuvo su atención ya no supo que decirle- Eh... m…- pronunció haciendo gestos.

-Me... pegó- articuló y maldijo en su interior por quedar como un idiota blandito. Debía ubicar a ese niño y mostrarle quien manda. ¡Sí! Eso haría.

-Tampoco es como que te haya dolido, ¿no?- acotó nerviosa.

Vegeta se paró y apoyó las manos en la mesa, haciendo saltar del susto a su mujer e hijo. Los miró transmitiéndoles todo lo que les quería transmitir, y se acercaba a paso lento, dándoles tiempo de temblar.

-Vegeta tranquilízate- poniéndole una mano en el pecho para frenarlo. Pero no lo logró.

-¡Oh! Lo siento, interrumpo el momento familiar, ¡ya me voy, ya me voy!- chilló la Sra. Brief entrando a la cocina junto a su marido. Tomó una bandeja de delicias y salió.

¡Bendita interrupción!

-Bulma, hija- habló ahora su padre mientras se acercaba a ella y alzaba a su nieto- ven, necesito que le expliques algunas cosas de la empresa al Sr. Hare, está interesado y no viene bien un socio como él.

-Sí, claro. Solo dame a Trunks- exigió mirando de manera disimulada a Vegeta.

-Oh- dijo sonriendo- pero ve y no te preocupes, tomaré algo de la heladera y en seguida te alcanzo. Anda, ve –insistió y finalmente Bulma se marcho.

-¡Pero mira toda esta cantidad, Trunks!- habló a su nieto- ¡No creo cansarme de esto!- dijo mientras tomaba uno y Vegeta volvía a su asiento- Creo que me llaman. Vegeta, te dejo al niño cinco minutos, ya vuelvo. Y desapareció, no sin antes dejar al niño sentado en el mismo lugar en donde anteriormente estaba.

Al fin solos. Vegeta se recargó en la silla y cruzó los brazos observando fijo a cierto diablillo. Y Trunks, por su parte, lo miraba de reojo sin atreverse a tocar un solo pastelillo. Estuvieron así por unos minutos hasta que el pequeño bajó la mirada, y el príncipe sonrió satisfecho.

Retomó lo que había dejado. Comió siendo observado por el bebé, escogió uno al azar y amagó con llevárselo a la boca, verificando que Trunks siguiera todo el recorrido, y lo mordió. Vio como su hijo bajo la mirada hacia sus manitos y jugaba con ellas.

Tomó otro cupcake y lo empujó a través de la mesa hasta que quedara frente al pequeño, este lo observó con cara deseosa pero terminó por hacerse el indiferente y miró hacia otro lado. ¡Ahora le convida, luego de que no lo dejara comer! No, ahora no lo quería.

Vegeta alzó una ceja ante la actitud del mocoso, al instante frunció el ceño y extendió la mano para adueñarse de aquello que había ofrecido pero Trunks, al ver la intención del príncipe, lo tomó primero que él. Sus miradas se cruzaron y su hijo le sonrió divertido, no pronunció palabra, pero su mirada pícara lo decía todo.

-¡TRUNKS, TRUNKS! ¿ESTAS BIEN? – Entró Bulma haciendo escándalo- ¡Ay bebé!- lo abrazó y miró el pastelillo que había sobre la mesa, solo quedaba la masa.


Bueno, creo que tardé un poquito en actualizar:3 Perdón, es que estoy muy ataereada, estoy estresada, se me cae el pelo, ¡ya no tengo tiempo! Ni siquiera me pude bañar todavía(?) No mentira, si me bañe:w

Acá les traigo otro cap. recién salido del horno. Gracias por leer y por los reviews ¡No se olviden de los reviews!

Besis *3*